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Sueño de una noche en 'Los Serrano'

El jueves me acosté con cierto desasosiego. Tal vez me costó conciliar el sueño porque estaba pensando en la llegada del viernes o quizá fue el último capítulo de ‘Los Serrano’ (Telecinco) el que me obligó a contar más ovejitas de las habituales.

La despedida de la serie fue, cuanto menos, extraña. Desde el comienzo del episodio final las cosas parecían no encajar con un Currito reconvertido en conductor temerario dado a la fuga, un tío Santi inculpado por el atropello y un padre que asumía los actos de su hijo con tal de no ver al pequeño ¿inocente? entre rejas. Con el caso resuelto y el niño en manos de los servicios de menores, mediante la intervención-cameo del comisario Castilla, el argumento no parecía mejorar. Diego Serrano, perdido y sin rumbo, no podía con tanta culpa y tan sufrido él -dos veces viudo, con su hijo menor en la cárcel y con los medianos huidos por amor- decidió subirse a un puente y acabar con sus días. ¿Se mataría?, ¿se quedaría inválido?, ¿lo estaba soñando?, me preguntaba. La realidad es que todo había sido producto de su imaginación y ahí que se despertó el hombre en su primera mañana de recién casado, con Lucía (Belén Rueda) a su lado y con la prole rejuvenecida a la fuerza para simular que el tiempo no había pasado por ellos.

No sé si habrá sido el mejor ‘the end’ para la serie pero, visto que con tantos cambios en la trama el final feliz era más que imposible, ha sido una forma digna de terminar la historia.

Adiós a 'Los Serrano'

Llegó la hora de cambiar de bar. Después de cinco años comiendo jamoncito pata negra y tomando vinos en la taberna de los hermanos Serrano, sus dueños han decidido echar la persiana al local. Hace unos meses ya comentaba que la trama de la serie nada tenía que ver con su historia inicial y ni siquiera sus personajes eran una sombra de su papel original. 'Los Serrano' (Telecinco) parecían encerrados en un círculo vicioso del que no sabían cómo salir. Así que con este desolador panorama, en el que la audiencia tampoco daba muchas alegrías, la cadena ha decidido cortar por lo sano y poner punto final a la peculiar familia. Y para que el final de la relación con sus espectadores no resulte traumático, los guionistas están preparando ya una tanda de siete capítulos especiales a modo despedida. Se trata de un adiós necesario, aunque no esperado, porque, como ocurre en otros muchos aspectos de la vida, es mejor quedarse con un buen sabor de boca de lo que fue que seguir estirando algo que no funciona.

Enamorados de los Alcántara

Una llamada telefónica bastó para amargar la fiesta de cumpleaños de Antonio. El patriarca de los Alcántara recibió, el día que cumplía cincuenta años, la triste noticia de que su hija mayor se había separado. Éste es tan sólo el penúltimo sobresalto en la peculiar familia de ‘Cuéntame cómo pasó’ (TVE), y con el que la serie cerró su novena temporada el pasado jueves. El capítulo, tal vez porque se emitía en el día de San Valentín, no pudo evitar hablar del amor y del desamor.


Los vecinos de San Genaro se vieron invadidos por miles de flechas del amigo Cupido que, en algunos casos, no tuvo muy buen ojo a la hora de lanzarlas. Toni, el hijo periodista de profesión pero revolucionario de vocación, reflotó su relación con Juana, la fotógrafa que hace algún episodio le puso tras las cuerdas. La muchacha tan sólo quería que se fueran a vivir juntos, pero él salió despavorido demostrando una clara ‘compromisofobia’. Su hermano pequeño, sin embargo, no hace más que perseguir a su nueva novia. El joven Carlitos, en plena adolescencia pero con un curriculum amoroso de lo más extenso, bebe los vientos por Julia y es capaz de intentar sobornar al padre de ésta, para que le deje verla, regalándole una moderna yogurtera. No hay que decir que el regalo le ‘emocionó’ profundamente… Paquita, la sobrina del pueblo que les llegó a los Alcántara hace varias temporadas, vive su mejor momento con Miguel, hermano de Antonio, y hasta se han comprado el último modelo de colchón para cama de matrimonio. La pizpireta Pili, amiga de cualquier otra chica joven que se instale en el barrio, vuelve también con Jordi, después de que éste le esperara durante todo un día delante de la peluquería donde trabaja. Eso mismo hoy se llamaría acoso.

Sin embargo, no todo puede ser perfecto y los guionistas decidieron intercalar, entre tanto beso y comentario almibarado, unas dosis de cruda realidad. Para ello comenzaron rompiendo el matrimonio de Inés y Eugenio, que desde hacía dos temporadas vivía en París. El que fuera en un principio cura de la parroquia del barrio regresa a Madrid con la mala noticia, que tampoco parece afectarle mucho pues enseguida se echa a los brazos de una ex compañera del trabajo. Se avecinan capítulos moviditos para el ‘pater’. Quien tampoco va a poder estar tranquila próximamente es Clara, la vecina de los Alcántara, ya que su marido, que parecía tan inocente, ha decidido serle infiel con su sobrina. Esto se pone muy interesante.

La pareja que parece indisoluble es la de la serie con la audiencia, que ayer superó los 3.700.000 espectadores. Su despedida se dijo coincidiría con la muerte de Franco, que ya sucedió en esta temporada, pero por ahora la producción continúa adelante vistos los buenos resultados que obtiene entrega tras entrega. La próxima, la décima, seguro que tampoco defrauda.

Adiós Tomate II

Y llegó el final. Hace apenas dos horas 'Aquí hay tomate' (Telecinco) se ha despedido para siempre de sus televidentes. Los presentadores del programa, vestidos de luto y con expresión compungida, han agradecido a la audiencia el cariño recibido y las manifestaciones en favor del espacio celebradas durante estos tres últimos días. Ninguna mención para todos aquellos que se alegran de su desaparición porque, aún a punto de ingresar en la lista del paro, no hay que confesar los errores.

Un reloj en la parte superior de la pantalla indicaba el tiempo que quedaba. Como si del acontecimiento televisivo del año se tratara, no dudo en que para más de uno lo sea, se iban descontando los minutos que faltaban para dar el último adiós a la polémica hortaliza. Ni siquiera en su último programa ha cumplido con lo prometido. El martes, el mismo día en que se anunciaba su final, se aseguraba que durante esta semana se desvelarían jugosos secretos sobre los famosos. Pues nada de eso. El espacio se ha limitado a emitir vídeos antiguos y a vanagloriarse de los múltiples escándalos destapados por sus 'investigadores', es decir, más de lo mismo. Los reporteros 'tomateros' no se han olvidado tampoco de su musa Isabel Pantoja en este recordatorio, pues nadie duda de que será una de las personas que más se alegre de la desaparición de 'Aquí hay tomate'. Una decena de sus periodistas habituales se ha desplazado hasta la puerta de una de sus fincas donde ha tenido lugar la traca final, con petardos y champán incluidos.

Jorge Javier Vázquez ha sido el último en dirigirse a la cámara y ha cerrado el programa dando las gracias a su familia, amigos y “a ti que me has mostrado que la felicidad es algo más que unos datos de audiencia”. ¿Una declaración de amor tal vez? ¿Un simple agradecimiento? ¿Un comentario intrigante para que los periodistas del corazón se interesen ahora por su vida privada? Quien sabe. Las palabras del presentador han dado paso a las ya habituales imágenes de cualquier espacio televisivo que se despide: una redacción con ordenadores, mesas llenas de papeles, cajas con cintas de vídeo y mucha sonrisa fingida. Ya saben, la típica cara que todos ponemos cuando nos van a tomar una fotografía. Y tras el empalago, un pequeño tomate caminando cabizbajo con la mirada perdida mientras se sucedían frases como 'el más odiado', 'el más imitado', 'el más criticado', 'el más divertido'... y de fondo el célebre 'The show must go on' (Queen). Para aquéllos que quieren que el 'show' continúe existen ya dos blogs donde el apenado televidente puede dejar su testimonio y hacer fuerza para que 'Aquí hay tomate' regrese. Otra cosa es que sirvan para algo.

Así han acabado cinco años del espacio que puso patas arriba la crónica social de un país. “Sólo era un programa más”, ha apuntado uno de sus presentadores inocentemente, aunque pocos compartan esta opinión. The end.

Fue su prima

Hace apenas un mes los seguidores de 'Desaparecida' (TVE) conocían el desenlace del caso Patricia Marcos. Se trataba de un falso final. Al tiempo que el tío de la joven era detenido y encarcelado como su asesino, su hija Cristina era secuestrada. Este nuevo suceso aseguraba la continuidad de la serie que, tras el éxito de audiencia obtenido desde que se estrenara en octubre, pedía a gritos una nueva temporada. Dicho y hecho. El lunes 21 de enero regresaba con una segunda entrega compuesta de tan sólo tres capítulos.

La vuelta de 'Desaparecida' a la pequeña pantalla vino precedida de un episodio para refrescar la memoria sobre lo que había ocurrido semanas atrás. Las cadenas acostumbran a emitir un resumen o a repetir el último capítulo para recordar a los telespectadores el punto en que quedó la historia. Sin embargo, TVE apostó por realizar un viaje en el tiempo e imaginar que habían pasado ya cinco años desde que el caso Marcos se cerrara. El Teniente Sierra, al frente de la investigación, aparece entonces en un aula con un grupo de jóvenes de la Guardia Civil a los que explica el desarrollo de los hechos. Así arrancó esta segunda temporada. Una original forma de volver al lugar del crimen sin tener la sensación de que se daba material caducado al televidente. Tras esta introducción la cadena ofreció los dos episodios finales: el primero para buscar y encontrar a la prima supuestamente secuestrada, y el segundo para descubrir que ella era la asesina. Ahora sí que sí, caso resuelto.

El Teniente Sierra y la Sargento Andrún, que seguramente acabarán juntos, poco tienen que hacer ya en Blancaró. La pareja, tras resolver la complicada trama de los Marcos, volverá a la Unidad Central Operativa donde habitualmente trabaja. En este emplazamiento surge 'UCO', el segundo 'spin off' de la televisión española que espera seguir la exitosa estela de su antecesora. El nuevo producto ofrecerá diferentes casos (atracos, secuestros...) que quedarán solucionados en uno o dos capítulos y mostrarán el trabajo diario de un centro cualquiera de la Guardia Civil. Se prevé por ahora la emisión de un par de episodios para presentar la serie, cuyo estreno definitivo está preparado para más adelante. Veremos si a TVE le funciona tan bien este 'spin off' como 'Aída', hija directa de 'Siete Vidas', a Telecinco.

Los miembros del Grupo Ganga, productora de 'Desaparecida', deberán devanarse ahora los sesos para crear nuevas y atractivas intrigas. Se echará de menos a la familia Marcos pero, al menos, los guionistas la despidieron en el momento adecuado. Un digno final para tan crudo relato.

Hermana gótica

La audiencia ha decidido que la ganadora de 'Gran Hermano 9' sea... Judit. Con la contundente y habitual frase pronunciada por Mercedes Milá finalizó anoche el 'reality show' por excelencia de nuestra televisión. 109 días de convivencia, 19 concursantes y miles de minutos dedicados al programa en otros espacios de la cadena son los datos que avalan la última edición del controvertido formato. Su fórmula parece inagotable y Telecinco, que posee el discutible honor de ser la única cadena mundial en haber emitido más de seis ediciones de 'GH', está dispuesta a celebrar la próxima temporada el décimo aniversario del desembarco de la telerrealidad en España.

Cuando 'Gran Hermano' llegó a la pequeña pantalla en el año 2000 se hablaba de investigación sociológica: diez personas, cinco mujeres y cinco hombres, encerrados tres meses en una casa sin ningún contacto con el exterior y rodeados de cámaras y micrófonos. ¿Una versión televisiva de la novela '1984' de Orwell? Eso decían. Sin embargo, una escasa hora delante del televisor demostraba que el programa no era más que una ventana abierta a la intimidad de un grupo que intentaba convivir sin tirarse los trastos a la cabeza. El éxito fue rotundo. Las primeras ediciones funcionaron muy bien, pero el paso de los años no perdona a los 'reality shows' y llega un punto en que parece que todo está visto. Es por ello que Telecinco se ha esforzado cada temporada por introducir elementos novedosos o sorprendentes para atrapar telespectadores y dar que hablar. 'GH 9' se ha llevado la palma en lo que a polémicas se refiere. La primera expulsada se convirtió desde que puso su pie en la casa en el centro de atención, generando críticas y rumores que su madre, desde el exterior, se apresuró a confirmar: su hija Amor era en realidad un hombre y había entrado en el concurso para poder pagarse la operación de cambio de sexo.

El resto de concursantes llegó con historias menos truculentas. Un ex marine del ejército estadounidense, unas gemelas haciéndose pasar por una sola persona, un joven senegalés en pleno Ramadán, una invidente, una ex miss Tenerife y un ex mister Bizkaia... Para todos los gustos. El público se decantó entre tanta fauna por la última que había llegado, una coruñesa de 31 años con vestimenta gótica y trabajadora en un centro de salud sexual. Judit no aparecía como vencedora en ninguna quiniela pero su paso tranquilo por el programa, con las excentricidades justas de cualquier gran hermano, le convirtió en la primera reserva que gana este 'reality show'. La exagerada Mercedes Milá se mostraba encantada de que una ferviente seguidora de 'GH' fuera su novena ganadora, y correspondiente poseedora de los 300.000 euros de premio. Una vez más, la objetividad de la periodista dejaba bastante que desear.

Tras la gala de ayer la casa de cristal cerró sus puertas hasta la próxima edición. Ansiosos por obtener su minuto de gloria, jóvenes aburridos de la monotonía, extraños seres que venderían su alma al diablo por aparecer en televisión o personas con ganas de conseguir un dinero fácil volverán a llenar esas cuatro paredes en menos de un año. Hasta entonces, cuidado, el gran hermano nos vigila.

Sobre este blog

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Una de zapeo

Bienvenidos al interesante y voluble mundo de la televisión. Un medio que entró en nuestras casas hace poco más de cincuenta años para convertirse en el inquilino que nunca se marchó. Medio siglo en el que se ha pasado del blanco y negro al color, de los teatrales 'Estudio 1' a los espacios rosiamarillos, de la familia Telerín a los grandes hermanos... Pasen y lean unas cuantas reflexiones sobre la pequeña gran pantalla.

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