Falso edén

Cuando el pasado verano leí su título creí que era una broma y cuando conocí su argumento pensé que no funcionaría. Ahora debo admitir que ‘Sin tetas no hay paraíso’ se ha convertido en una de las grandes revelaciones de la temporada. La serie cuenta el romance entre una Cenicienta cualquiera, con complejo de poco pecho, y un importante narcotraficante de los que lloran, aman y hasta estornudan cuando se resfrían. Vaya, el lado más humano de la delincuencia. Los dos jóvenes -inmersos en una espiral de crímenes, drogas y prostitución de lujo- parecen empeñados en demostrarnos que ellos sienten y padecen como cualquier otra persona. El resto de personajes vende, sin escrúpulos ni remordimientos, su cuerpo y su alma con tal de salir del barrio marginal donde se han criado. Alcanzar su sueño les obliga a pagar facturas demasiado caras y les permite jugar con asuntos muy serios que, desgraciadamente, logran convertir en banales y hasta normales. Seguiré buscando la moraleja.

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Una de zapeo

Bienvenidos al interesante y voluble mundo de la televisión. Un medio que entró en nuestras casas hace poco más de cincuenta años para convertirse en el inquilino que nunca se marchó. Medio siglo en el que se ha pasado del blanco y negro al color, de los teatrales 'Estudio 1' a los espacios rosiamarillos, de la familia Telerín a los grandes hermanos... Pasen y lean unas cuantas reflexiones sobre la pequeña gran pantalla.

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