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    <body>&lt;big&gt;Hoy siento gran tristeza y decepci&#243;n. Ha ocurrido algo en horario laboral que me ha descorazonado. Como bien sab&#233;is, trabajo en la conservaci&#243;n de carreteras. Ha sido un d&#237;a, meteorol&#243;gicamente hablando, gris y lluvioso. El post de hoy no ser&#225; extenso, mas bien &lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;&lt;strong&gt;se trata de una reflexi&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; que quiero plantearos. 

Mi compa&#241;era y yo hab&#237;amos terminado un trabajo, y nos dirig&#237;amos hacia el siguiente. Cuando est&#225;bamos de camino por la autov&#237;a, nos hemos encontrado un perrito raza &lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;&lt;strong&gt;yorkshire por el arc&#233;n&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;. Se encontraba totalmente empapado, corriendo en direcci&#243;n contraria al tr&#225;fico y con carita asustada. Inmediatamente hemos parado la furgoneta, para ver si pod&#237;amos recogerlo.

&lt;img src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/ungranitodearena/179215_125Yorkshire.jpg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;Dando un salto he bajado al arc&#233;n y mi compa&#241;era, que conduc&#237;a, daba marcha atr&#225;s. El perrito se nos alejaba, y despu&#233;s de un rato corriendo, ha regresado hacia donde nos encontr&#225;bamos. Por un momento he tenido la esperanza de alcanzarlo, pero el miedo que ten&#237;a en el cuerpo, le ha hecho salir hacia la carretera, &lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;&lt;strong&gt;poniendo en peligro su propia vida y la de los conductores&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;, que han aminorado la marcha. 

Por fin, y gracias a la fortuna, ha conseguido salir de la carretera, y ha escapado. No he podido hacer nada. Despu&#233;s de una carrera monte arriba que me he pegado tras &#233;l, exhausto, he sentido una mezcla de &lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;&lt;strong&gt;impotencia y rabia&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;. Como amante de los animales que soy, me han surgido una serie de preguntas a las que no consigo dar explicaci&#243;n, y que a continuaci&#243;n os traslado.

&#191;C&#243;mo ha llegado ese yorkshire a la autov&#237;a? &lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&#191;C&#243;mo se puede abandonar a una mascota de esa forma tan cruel?&lt;/span&gt;

En el mejor de los casos, &lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;&lt;strong&gt;ese perrito ser&#225; carne de rueda y morir&#225; atropellado&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;. Y en el peor... tambi&#233;n lo atropellar&#225;n y quiz&#225;s se provoque un accidente mas grave.

Lo siento mucho, pero por mas que lo intento... no lo puedo entender.

Un saludo.&lt;/big&gt;</body>
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    <title>* * * NO LO PUEDO ENTENDER</title>
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    <body>&lt;p align="justify"&gt;&lt;font size="3" face="Times New Roman"&gt;&lt;strong&gt;5&#186;  d&#237;a.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; 


 &lt;p align="justify"&gt;&lt;font size="3" face="Times New Roman"&gt;Y as&#237;, despu&#233;s  de comer, tras inquirir a Daniela en un chat online sobre posibles novedades,  obtuve un enigm&#225;tico &#8220;es  &#233;l, es &#233;l&#8221;. Aguard&#233; para no molestar  y al poco tuve la explicaci&#243;n. Alguien se hab&#237;a reportado desde el  sur de la ciudad asegurando que ten&#237;a un perro acorde a la descripci&#243;n  y preguntando por los $8,000 de recompensa.&lt;/span&gt; 


 &lt;p align="justify"&gt;&lt;font size="3" face="Times New Roman"&gt;En media hora,  cinco amigos, m&#225;s Mau y Daniela, nos hab&#237;amos personado a una cuadra  del lugar de la p&#233;rdida. Cuando yo llegu&#233;, el jefe de polic&#237;a me  reconoci&#243; y se&#241;al&#243; al otro lado de Insurgentes. Estaban sobre aviso  e incluso un agente encubierto vigilaba de cerca. Fue buena idea comunicarlo,  pues pod&#237;a tratarse perfectamente de una estafa. Ven&#237;an padre e hijo,  de unos sesenta y veinte a&#241;os respectivamente. Me perd&#237; el momento  en que L&#225;zaro saltaba a manos de Mau, pero hemos sabido que la emoci&#243;n  del hijo se adelant&#243; al cinismo y a las sospechas del padre y en el  desconcierto el animal cambi&#243; de manos.&lt;/span&gt; 


 &lt;p align="justify"&gt;&lt;font size="3" face="Times New Roman"&gt;Mau tra&#237;a  1,500, una gran dosis de agradecimiento verbal y un argumento a priori  s&#243;lido: el perro es m&#237;o. Pero el padre no las tra&#237;a todas consigo  y luego supe que en cierto momento, una de las dos patrullas presentes  hab&#237;a cerrado el paso del veh&#237;culo familiar, lo que los hab&#237;a asustado  y molestado sobremanera. Hubo que calmarlos de nuevo. Pero el padre  ya estaba resuelto a plantear una denuncia formal contra nosotros y  la ley por sentirse vejados como delincuentes, y los agentes se los  llevaban para comenzar los procedimientos formales.&lt;/span&gt; 
 

 &lt;p align="justify"&gt;&lt;font size="3" face="Times New Roman"&gt;Entonces juntamos  $3,000 pesos entre todos y se los ofrecimos por su buena voluntad. El  padre clam&#243; estafa y arguy&#243; iracundo que por esa cantidad no hubiera  devuelto al perro, a lo que nosotros, esforz&#225;ndonos en mantener la  compostura ante la atenta mirada de unos cinco agentes, respondimos  que al leer $3,000, &#233;l, tal como dijo, no nos lo hubiera tra&#237;do. As&#237;  pues, volteamos la tortilla, le dimos la raz&#243;n y justificamos por qu&#233;  hab&#237;amos escrito $8,000. El hijo abog&#243; por que hubiera paz y consigui&#243;  con buen temple que su padre, al ver la que se le ve&#237;a encima, se metiera  el dinero en el bolsillo.&lt;/span&gt; 


 &lt;p align="justify"&gt;&lt;font size="3" face="Times New Roman"&gt;Una vez calmadas  las aguas, el coraje se convirti&#243; en iron&#237;a y la iron&#237;a, a los pocos  minutos, en agradecimiento y condescendencia mutua. El hijo, por su  parte, se conformaba con poder decirle a su novia que en alg&#250;n momento  podr&#237;a visitar al perro. Fue el momento en que el joven nos relat&#243;  c&#243;mo fue la vida de L&#225;zaro en los cinco d&#237;as anteriores:&lt;/span&gt; 
 

 &lt;p align="justify"&gt;&lt;font size="3" face="Times New Roman"&gt;No deb&#237;an  de haber pasado ni cinco minutos cuando padre e hijo, que volv&#237;an de  hacer unos repartos al filo de la medianoche, entraron a repostar en  una gasolinera de Insurgentes. L&#225;zaro recorri&#243; la media cuadra de  acera que separaba el lugar del concierto de las luces y los surtidores,  y mientras el hijo esperaba a bordo se percat&#243; de su presencia. Lo  vieron descuidado y, tras qui&#233;n sabe cu&#225;ntas d&#233;cimas de paciencia  averiguando de d&#243;nde sali&#243; el perro, decidieron llev&#225;rselo rumbo  al sur. A Colinas del Sur, exactamente, unos tres kil&#243;metros al suroeste  del lugar. All&#237; lo ba&#241;aron, le pusieron un paliacate al cuello y lo  bautizaron como Luca. Luca vivi&#243; a papo de rey, le compraron juguetes  y croquetas, jug&#243; con otros perros, incluso os&#243; subirse a las camas,  pues no acostumbra a dormir debajo. La suerte quiso que el domingo fuera  el cumplea&#241;os de la novia del hijo y que su casa se llenara de amigas.  Y que, con las amigas, llegara la madre de una de ellas. Esa madre,  empleada de alg&#250;n negocio de Insurgentes, mencion&#243; una lona que hab&#237;a  visto reclamando un perro similar. No debieron de darle mucha importancia,  qui&#233;n sabe cu&#225;ntos yorkshires deben de extraviarse al d&#237;a, hasta  que hallaron un cartel en un &#225;rbol. Lo arrancaron y compararon con  L&#225;zaro hasta que no les cupo duda. Ahora tendr&#237;an que tomar una decisi&#243;n.  Al parecer, la novia no se lo puso f&#225;cil. Ni $8,000 parec&#237;an convencerla  para desprenderse de Luca, que se mostraba algo confuso, pero que deb&#237;a  de confiar en sus poderes de madre.&lt;/span&gt; 


 &lt;p align="justify"&gt;&lt;font size="3" face="Times New Roman"&gt;Nunca sabremos  qu&#233; los movi&#243; a subir al perro a su camioneta; si los travestis estaban  en lo cierto &#8211;parece que cerca andaban-; qu&#233; tan cerca estuvo novia  zo&#243;fila de llevarse el perro a casa; o en qu&#233; porcentaje fue un robo  ni en cuando buena fe. Pero s&#237; hemos aprendido mucho de reacciones  colectivas y de sociolog&#237;a a pie de calle; tambi&#233;n, que a un perro  se lo saca siempre con collar grabado; que cuando uno quiere, muchas  veces puede, sea cual sea el tama&#241;o de la empresa; que con poco m&#225;s  de $1,500 se puede armar una supercampa&#241;a publicitaria y que una recompensa  puede negociarse, porque, al fin y al cabo, ni ellos ni nosotros sabemos  qui&#233;n tiene la raz&#243;n. Casos m&#225;s raros se han visto.&lt;/span&gt;

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    <title>C&#243;mo encontrar un perro en la Ciudad de M&#233;xico (III/III)</title>
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    <body>&lt;em&gt;Es sabido que no hay mejor situaci&#243;n que un contratiempo para hacer ver el verdadero alcance de las convicciones o cualidades que guardan las personas. Cualquiera que sea su naturaleza, todas estas situaciones tienen en com&#250;n la posibilidad de ser perfectos detonantes de una demostraci&#243;n de fortaleza y son excelentes momentos para aprender valores tales como la constancia, la capacidad de comprender a los dem&#225;s o la templanza en los momentos clave.&lt;/em&gt;

Se hab&#237;a perdido L&#225;zaro. Un perro que era el concepto, la inspiraci&#243;n y la imagen de una banda de m&#250;sica, una banda unipersonal y unicanina. As&#237; pues, no se hab&#237;a extraviado cualquier perro, pero claro que detr&#225;s tampoco hab&#237;a cualquier amo.

Mauricio, que por extensi&#243;n tambi&#233;n responde a L&#225;zaro, puso en marcha toda su maquinaria de recursos relacionales. El mero viernes a medianoche, tras salir de la sala donde tocaba y constatar que, esta vez, L&#225;zaro no volv&#237;a, su Nextel empez&#243; a echar humo, a hablar con la ciudad.

1er d&#237;a.

Todo sucedi&#243; en Condesa. Debido a lo c&#233;ntrico del lugar, a la media hora su novia y m&#225;s de una decena de amigos cercanos ya pein&#225;bamos las calles, a&#250;n sin mucho orden; las patrullas de la colonia estaban enteradas e incluso ellas nos preguntaban a nosotros si tambi&#233;n lo est&#225;bamos buscando. Alertados unos amigos vecinos de la zona, se hizo en su casa &lt;strong&gt;un cartel r&#225;pido con Word y fotos de Facebook&lt;/strong&gt; y dos compa&#241;eros fueron a &lt;strong&gt;sacar las primeras doscientas copias&lt;/strong&gt;. Unos iban en coche, otros cuantos circul&#225;bamos en bicicleta y otros caminando, todos a pegar carteles. A eso de las dos, m&#225;s gente se hab&#237;a unido y ya hab&#237;amos revisado y empapelado media Condesa y Roma, la colonia aleda&#241;a.

Por ese entonces Mau se afanaba en &lt;strong&gt;recoger testimonios&lt;/strong&gt; de los cuidadores del vallet-parking, los vendedores de los OXXO -las tiendas de conveniencia-, los gasolineras de guardia, los escasos peatones trasnochados. Su camioneta pinch&#243; un neum&#225;tico al estacionar y para sacarle partido al imprevisto se la convirti&#243; en &lt;strong&gt;soporte para una s&#225;bana gigante que rezaba &#8220;Yorki perdido&#8221; y el Nextel de contacto&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt; En una de estas, incluso preguntamos a una pareja de travestis que hac&#237;an turno en una esquina. Nos dieron la primera pista: seg&#250;n ellos, una se&#241;ora hab&#237;a metido un perrito a una camioneta y se hab&#237;a seguido adelante por la avenida Insurgentes. La poca seriedad con que lo dec&#237;an nos hizo vacilar, quer&#237;an ayudar pero ofrec&#237;an dudas, aunque se reafirmaban en su versi&#243;n. Nadie m&#225;s hab&#237;a visto al perro y sab&#237;amos que &#233;ste, por su manera de ser, nunca se iba lejos. As&#237; que con o sin travestis, tendr&#237;an que hab&#233;rselo llevado en un veh&#237;culo. Seguimos buscando hasta que pasadas las cuatro de la ma&#241;ana algunos nos retir&#225;bamos a descansar.

2&#186; d&#237;a.

El s&#225;bado no hubo tregua. Se abrieron necesarios momentos de calma para &lt;strong&gt;coordinar una estrategia&lt;/strong&gt; entre los que estim&#225;bamos que la b&#250;squeda merec&#237;a la pena. El &#225;rea se extendi&#243; a las &lt;strong&gt;colonias adyacentes&lt;/strong&gt;, Ju&#225;rez y Cuauht&#233;moc &#8211;la nuestra-, al Centro Hist&#243;rico y a Reforma. Primeramente, Mau contact&#243; a las &lt;strong&gt;tiendas de perros, a gente que hab&#237;a perdido a sus mascotas o a la delegaci&#243;n Cuauht&#233;moc.&lt;/strong&gt; Tambi&#233;n llam&#243; presto a varias perreras municipales, ya que si en tres d&#237;as no encuentran al due&#241;o del animal, suelen sacrificarlos. Estas llamadas sirvieron para constatar que no todo el mundo est&#225; naturalmente dispuesto a ayudar. La perreras fueron uno de los ejemplos m&#225;s deplorables de la falta de ecolog&#237;a y de conciencia de todo un sistema: a tal punto son funcionarios desmotivados sus responsables, que, m&#225;s all&#225; de no escuchar la descripci&#243;n de L&#225;zaro por si apareciera por all&#237;, y lejos de tranquilizar, se jactaban de haber sacrificado incluso &#8220;a perros muy finos&#8221;. 

Pero, contagiados de la energ&#237;a del due&#241;o, m&#225;s gente se uni&#243; en la b&#250;squeda: amigos, familiares o asiduos de sus conciertos. Cualquier principio que obligara al uso exclusivo de la l&#243;gica qued&#243; derogado y &lt;strong&gt;la naturaleza de los m&#233;todos se diversific&#243;: hubo quien rez&#243; a sus dioses, encendi&#243; veladoras, hizo ritos en su casa o rez&#243; mantras.&lt;/strong&gt; Aparecieron tambi&#233;n los primeros ayudantes a los que nadie parec&#237;a conocer. Para los incr&#233;dulos parec&#237;a que todo se hubiera descarriado, pero las dimensiones que estaba tomando el asunto hac&#237;an que renunciar a esa extra&#241;a fe colectiva, ecl&#233;ctica y pagan&#237;sima se sintiera feo, muy feo. Algo as&#237; como salirse una pel&#237;cula de culto sin hacer el esfuerzo de entenderla.

Se volvieron a &lt;strong&gt;copiar carteles y se hicieron otros nuevos&lt;/strong&gt;, con recompensas de $8,000 y otras m&#225;s razonadas de $3,000 pesos, siguiendo los consejos de algunos tipos m&#225;s duchos en esta clase de b&#250;squedas. El fin: &lt;strong&gt;evitar, en las colonias m&#225;s desfavorecidas, la tentaci&#243;n de una extorsi&#243;n ante bot&#237;n tan suculento.&lt;/strong&gt; No descuidamos nuestra zona, pues dicen que &lt;strong&gt;los perros suelen volver por instinto hacia su hogar.&lt;/strong&gt; As&#237;, cerca de casa, en una lavander&#237;a que frecuentamos nos describieron a un perro similar a L&#225;zaro vagando, aparentemente perdido, esa misma ma&#241;ana y sin atreverse a cruzar la acera de Reforma.

La tranquilidad de que L&#225;zaro pod&#237;a estar a salvo en alguna casa se quebr&#243; al imagin&#225;rnoslo a&#250;n por las calles. Hubo que detenerse y seguir pensando. Quien nunca ha tenido un perro, como es mi caso, no puede figurarse de manera muy precisa lo que pasa por la cabeza y las entra&#241;as de los due&#241;os, pero sus miradas, m&#225;s ausentes, y su determinaci&#243;n inquebrantable nos indicaban que hab&#237;a que seguir buscando.

Las reacciones de los peatones eran bien diversas, como cabe esperar de personas cuyo azar s&#243;lo queda determinado por el &#225;rea com&#250;n en que transitan. Pero las caras de los desconocidos mostraban mayoritariamente l&#225;stima, compasi&#243;n e incluso una aflicci&#243;n inusitada para ser desconocidos. Muchos promet&#237;an comunicarse en cuanto supieran algo o &lt;strong&gt;incluso&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;tomaban hojas para repartir en sus ambientes. &lt;/strong&gt;No s&#243;lo los due&#241;os de perros. Hubo, por el contrario, alg&#250;n borracho o poco l&#250;cido que se atrevi&#243; a hacer bromas varias, unas m&#225;s crudas que otras. Y tambi&#233;n hubo indiferentes. Un peat&#243;n de color, ataviado con un delantal blanco, gir&#243; la cara antes siquiera de haber terminado mi pregunta -bien pulida y resumida al cabo de las horas- que acompa&#241;aba a la foto del can. Me imagin&#233; la vida dif&#237;cil de un centroamericano que apenas logr&#243; llegar a M&#233;xico, o el extra&#241;o caso de un antillano no hispanohablante y pese a que mir&#243; y vio mi foto, lo disculp&#233;. Cu&#225;n fue mi sorpresa al entrar a una veterinario y encontr&#225;rmelo, no lejos de quien esquilaba pl&#225;cidamente a un caniche, detr&#225;s del pupitre de las facturas y los cobros. Fue aquel el &#250;nico negocio donde no se me permiti&#243; colocar el anuncio. A cambio, un brazo azabache se me tendi&#243; abisagrado y, cual pinza sujetapapeles, lo asi&#243;, se retrajo sobre su mesa y pos&#243; el papel entre la monta&#241;a que hab&#237;a a un lado.

Para muchos, el s&#225;bado termin&#243; de madrugada. Al retirarse, &lt;strong&gt;cada voluntario reportaba a Mau o Daniela qu&#233; zonas hab&#237;a cubierto&lt;/strong&gt; y preguntaba qu&#233; m&#225;s se pod&#237;a hacer. Quiz&#225;s, lo mejor era prepararse para el domingo.


Continuar&#225;.
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