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    <body>&lt;img src="../blogfiles/basabide/3190.jpg" id="img_2" class="imgcen"&gt;Alberto Zerain y todos sus compa&#241;eros de expedici&#243;n est&#225;n ya a salvo en Katmand&#250;. A salvo, aunque no sanos, ya que varios de ellos, incluido Alberto, sufren algunos problemas f&#237;sicos, que van desde congelaciones leves hasta un edema pulmonar en el caso de Koke Lasa que lleg&#243; a poner en peligro su vida. El grupo ha vivido momentos muy duros durante la &#250;ltima semana en el campo base del Kangchenjunga, en el que han estado bloqueados por culpa del mal tiempo. 

A continuaci&#243;n reproducimos el &#250;ltimo post del diario de Alberto Zerain que ha venido publicando en &lt;a href="http://blog.albertozerain.com/" title="http://blog.albertozerain.com/ " id="link_0"&gt;su blog personal&lt;/a&gt;  y en el que relata las vicisitudes vividas por elgrupo desde el d&#237;a de cumbre de sus primeros miembros, un ya lejano 18 de mayo. El texto es mucho m&#225;s que un mero relato de lo sucedido. El alpinista alav&#233;s ofrece tambi&#233;n sus reflexiones sobre todo los sucedido en la monta&#241;a durante los &#250;ltimos diez d&#237;as.

&#201;ste es su relato:

"Resumir todas las vivencias que he pasado el d&#237;a antes de cumbre y despu&#233;s de coronarla y bajar al campo base, me resulta algo complejo pero digno de hacer el esfuerzo para contarlo y compartir penas y glorias con los que siguen esta p&#225;gina cargada de sentimientos que afloran sin ataduras, cuando uno se pasea por los espacios que anulan la condici&#243;n humana. 

Por eso, desde esta cama del hotel de Katmand&#250; donde estoy postrado, con Koke Lasa adormecido en la cama de al lado, las im&#225;genes de d&#237;as pasados brotan en mi mente y no queda otra que intentar hacer diana con los dardos de la palabra para expresar semejantes d&#237;as que iban revistiendo una situaci&#243;n que nadie se imaginaba. 

En primer lugar, c&#243;mo no, &#8220;el d&#237;a de cumbre&#8221;. En una monta&#241;a tan alta como el Kangchenjunga, tan compleja como ella misma y tan selecta como para que s&#243;lo, unos pocos elegidos puedan mirar desde lo alto, me resultaba sospechoso que no pasara nada en el ataque a cumbre que se realiz&#243; el d&#237;a 18 de Mayo y en el que tomaron parte todos los que estaban en el campo 4, a excepci&#243;n de Miguel Fern&#225;ndez y yo, que lo quisimos dejar para el d&#237;a siguiente. 

A pesar de que la monta&#241;a estaba completamente domesticada, ya que los m&#225;s de tres mil metros de cuerda colocados por sherpas coreanos, hab&#237;an amansado a la fiera, algunos de los que iban llegando a la cumbre no midieron las consecuencias que podr&#237;a tener llegar a la cima, demasiado cansados y sin respetar las reglas b&#225;sicas de cualquier ochomil. 

En este caso hubo suerte. Se activ&#243; la alarma y llegaba a nuestro walki desde el campo base. Nos ped&#237;an que sali&#233;ramos a ayudar al equipo de &#8220;al filo&#8221; porque algunos estaban en serias dificultades y se tem&#237;an lo peor. Justo cuando salimos a las siete de la tarde hacia arriba, Koke y Patxi, de nuestra expedici&#243;n, llegaban agotados al campo 4, habiendo renunciado a la cumbre a unos cien metros.

En fin, como he dicho, hubo suerte. Los fuimos encontrando descendiendo por la cuerda fija por s&#237; mismos y vernos llegar y ofrecerles bebida y ayuda, les sorprend&#237;a. Todos pensaron que est&#225;bamos atacando la cima. 

Lo normal hubiera sido que este tipo de imprudencias de los del campo base que dan el aviso o de los que vienen de cumbre, me hubieran hecho desistir a la cima. Finalmente, como persona de recursos, continu&#233; hacia la cumbre. Para ello, le pas&#233; a Miguel la botella de ox&#237;geno que nos hab&#237;amos agenciado de una expedici&#243;n americana que esa misma noche atacar&#237;a la cumbre, y sin bebida, sin la c&#225;mara de video y con la c&#225;mara de fotos congel&#225;ndose en la tapa de la mochila sin saberlo, continu&#233; a las diez de la noche, lo que en estos momentos, es dif&#237;cil arrepentirse por las consecuencias que me ha tra&#237;do. Miguel fue m&#225;s listo y no decidi&#243; acompa&#241;arme. La cumbre ya la hab&#237;a conseguido por el gesto de salir sin pens&#225;rselo a socorrer a la gente. &lt;img src="../blogfiles/basabide/152485_zeras.jpg" id="img_3" class="imgdcha"&gt;

Pas&#233; la peor noche que os pod&#233;is imaginar por el fr&#237;o. No pod&#237;a satisfacer los deseos de ir m&#225;s deprisa para que el cuerpo se calentara. Ten&#237;a que ir tranquilo y par&#225;ndome muchas veces para no llegar de noche a la cumbre. Hubo algunos momentos en los que quise darme la vuelta porque la mordedura del fr&#237;o iba m&#225;s que en serio. Si me daba por pararme un poco m&#225;s de cualquier l&#237;mite, notaba que los ojos se me cerraban y que el cuerpo se mec&#237;a en una especie de sue&#241;o, que de seguir su antojo, ahora estar&#237;a como un gendarme helado saludando a los que pasasen por ah&#237;. 

Finalmente, consegu&#237; llegar a la cima poco despu&#233;s del amanecer. Reci&#233;n me enter&#233; que la c&#225;mara de fotos, de tenerla, estar&#237;a en la capota y de aquella manera. Como no me funcionaba en la cima llam&#233; a Aitor para que quedara constancia de la llamada. Tras un cuarto de hora metida la c&#225;mara en las partes calientes empez&#243; a funcionar.

--&amp;gt; El americano que estaba ascendiendo con ox&#237;geno y sus tres serpas, se cruzaron conmigo cuando bajaba de la arista cimera. A partir de ese momento, escap&#233; de ese tormento de pisar cumbre al amanecer y corr&#237; despavorido hasta el calor del campo base. Antes, tuve que rellenar la mochila con todo lo que cab&#237;a y que estaba por los diferentes campos de altura, 20 kilos pasados. 

Atr&#225;s quedaba la mole ri&#233;ndose de todos los que hab&#237;amos osado conquistarla como si fuera una simple monta&#241;a m&#225;s. En un acto de generosidad, mantuvo en calma sus vientos, siempre tan inquietos, y obsequi&#243; a todos un sol espl&#233;ndido que permit&#237;a a la gente que transportada su pesado cansancio, largas sentadas en la nieve, en definitiva, seguir el ritmo que la monta&#241;a hab&#237;a dejado a cada uno en el cuerpo. 

Al campo base no lleg&#243; nadie de los que hab&#237;an hecho cima el d&#237;a anterior o lo hab&#237;an intentado, hasta dos o tres d&#237;as despu&#233;s. El agotamiento y la enfermedad se hab&#237;an cebado con los que iban descendiendo, bien de nuestra expedici&#243;n, o de otras diferentes. El Kangchenjunga, la cumbre no pisada, hab&#237;a pisado a la mayor&#237;a, entre ellos a m&#237; mismo. Cuando me quit&#233; las botas descubr&#237; mis pies doloridos y las marcas que la noche anterior hab&#237;an causado en los dedos. Nada como para alarmarse demasiado pero que desde ese mismo momento hab&#237;a que empezar a tratar e incluso sopesar la posibilidad de ser evacuado en Helic&#243;ptero.

VOLAR TAN ALTO Y QUEDARSE EN TIERRA

 La monta&#241;a sigui&#243; port&#225;ndose bien y permiti&#243; que nuestra expedici&#243;n al completo estuviera a salvo en el campo base. Sin embargo, las heridas que la monta&#241;a nos hab&#237;a causado a algunos, nos obligaban a valernos de nuestro seguro e intentar ser evacuados del campo base. Koke y yo activamos la emergencia y al parecer al d&#237;a siguiente mismo vendr&#237;an a recogernos en helic&#243;ptero. 

A las seis de la ma&#241;ana apareci&#243; del cielo un helic&#243;ptero que se llev&#243; a Kinga y a Oriol. El nuestro, nos hab&#237;an dicho que antes de las ocho estar&#237;a para llevarnos. Tras tres horas de ilusionada espera, las nubes que entraron nos conminaron a subir de nuevo los doscientos metros de altitud que separan este punto de nuestro campo base. La ampolla de uno de mis pies con este paseo acab&#243; revent&#225;ndose. Koke subi&#243; como pudo acompa&#241;ado de sus pies doloridos y el poco garbo que la monta&#241;a le hab&#237;a dejado. Mala suerte, pensamos, mientras hablamos con los compa&#241;eros que hab&#237;an volado a la ma&#241;ana y que estaban ya en el hotel de Katmand&#250;. Al d&#237;a siguiente repetimos la operaci&#243;n de bajar y tras dos horas de ansiada espera tuvimos que volver sobre nuestros pies. &#8220;Paciencia, ma&#241;ana, lo conseguiremos&#8221;, me dije para m&#237;. Sin embargo, Koke a partir de esta bajada y posterior subida fue cambiando hasta volverse irreconocible. Su expresi&#243;n, hablaba por s&#237; misma, ya que mostraba que algo en su interior no marchaba bien, a parte de estar tocado por congelaci&#243;n y dolores en general. Su car&#225;cter se volvi&#243; irritable hasta decir basta y empez&#243; a quejarse de que apenas pod&#237;a respirar por unos dolores en el costado. Una vez que se instal&#243; en el saco, nos pidi&#243; algo que hiciera de coj&#237;n porque no pod&#237;a estar tumbado. Le llevamos una maleta y as&#237;, en esa postura, sin levantarse para cenar pero atendido por cualquiera de nosotros a lo que necesitara, pas&#243; la noche entera. 

A la ma&#241;ana siguiente el d&#237;a se presentaba prometedor, por lo que me volv&#237; a levantar antes de las cinco y despert&#233; a Koke. Esta vez, bajamos con la ayuda de cuatro, todos atentos para cuidar en la bajada al maltrecho Koke. Adem&#225;s, la bajada ten&#237;a una capa de unos ocho cent&#237;metros de nieve. Aqu&#237; se nos cay&#243; el alma al suelo cuando o&#237;amos helic&#243;pteros por el valle abajo y Antonio, de la compa&#241;&#237;a de seguros, insist&#237;a en que la m&#225;quina estaba a punto de llegar.

--&amp;gt; Cuando parec&#237;a que ya lo ve&#237;amos, la niebla se ech&#243; al completo y nos agu&#243; la fiesta de nuevo. Una vez llegamos a nuestro campo, - el &#250;nico que quedaba dando la nota en todo el espacio donde d&#237;as antes reluc&#237;a un surtido colorido de tiendas -, comenzamos a indagar lo que Koke pudiera tener. Llamamos a Ram&#243;n G&#225;rate y por los s&#237;ntomas podr&#237;a tratarse de un neumotorax. Al momento comenzamos a medicarle y as&#237; esperamos resultados de mejora que sutilmente fueron apareciendo. Koke, comenzar&#237;a a ser tratado como una m&#225;quina cuando se le va parcheando para que vaya tirando hacia delante. 

El cuarto d&#237;a no nos planteamos ni tan siquiera bajar puesto que la climatolog&#237;a hablaba por s&#237; misma. Adem&#225;s, en la ma&#241;ana Koke, luc&#237;a su peor rostro que invitaba al nerviosismo y a actuar con contundencia para frenar lo que pudiera estar padeciendo.
 Tras hablar con los m&#233;dicos de la compa&#241;&#237;a de seguros y comentarles que probablemente Koke estuviera sufriendo un edema pulmonar, y deb&#237;amos meterlo en la c&#225;mara hiperb&#225;tica pero no pod&#237;amos hacer que estuviera echado, nos fueron indicando qu&#233; tipo de medicina hab&#237;a que suministrarle para conseguir tumbarlo dentro.
 Tras varias sesiones dentro de la c&#225;mara, koke fue resucitando a pesar de las fugas que el viejo aparato de Oscar Cadiach, ten&#237;a. Entre parches de chicle y pegotes de cinta americana, la vida abraz&#243; al pobre Koke. 

Esa noche, por fin, nos metimos m&#225;s tranquilos al saco olvid&#225;ndonos del helic&#243;ptero. Esa noche misma, comenc&#233; a sentir que los ganglios de ambas piernas se me hinchaban y que una infecci&#243;n me iba dejando fuera de combate. Volv&#237; a hablar con el m&#233;dico de la compa&#241;&#237;a y me sugiri&#243; qu&#233; medicina pod&#237;a tomar, tanto para el dolor como para la infecci&#243;n. 

Esa noche, para qu&#233; dejarlo para otra ocasi&#243;n, comenz&#243; un cicl&#243;n que se originaba en el Golfo de Bengala y de paso nos visitaba para no sentirnos solos en el campo base. Las r&#225;fagas de viento sacud&#237;an una y otra vez la tienda y d&#225;bamos gracias a Dios por no salir volando, cosa que por otra parte, tanto ansi&#225;bamos. 

Esa noche nuestro compa&#241;ero, Oscar Cadiach, estaba aislado en el campo 3. No quiero ni pensar qu&#233; sensaciones recorr&#237;an su cuerpo. Oscar, el cicl&#243;n y el Kangchenjunga: una compa&#241;&#237;a perfecta para marcar un antes y un despu&#233;s en la vida de cualquier persona. Y amaneci&#243;. El viento llamaba una y otra vez a la puerta. A pesar de su insistencia, s&#243;lo le hice caso a las doce del mediod&#237;a, y al salir, el metro y medio de nieve que hab&#237;a ca&#237;do y la ventisca que todo lo envolv&#237;a, me hicieron retroceder sin lograr llegar a la tienda-comedor, donde el equipo. A las cuatro de la tarde pude conseguirlo, el viento hab&#237;a amainado y s&#243;lo segu&#237;a cayendo copos ordenados e inofensivos de nieve.
 Cuando ya todo se nos pon&#237;a en contra y comenz&#225;bamos a revelarnos contra nuestro destino cruel, un nuevo d&#237;a nos trajo todo lo que hab&#237;amos necesitado: Oscar, el helic&#243;ptero y hasta la sonrisa. 

Ya en la cl&#237;nica, nos han examinado, primero el m&#233;dico nepal&#237; y despu&#233;s, por suerte, una pareja de m&#233;dicos espa&#241;oles que Oriol hab&#237;a conocido: Jos&#233; Ram&#243;n Morandeira y Mar&#237;a Antonia Ner&#237;n. Ambos expertos en congelaciones y que han tomado parte como m&#233;dicos en la expedici&#243;n al Manaslu de Carlos Pauner. Lo primero que me ofrece el m&#233;dico nepal&#237; es quedarme unos d&#237;as para someterme a cirug&#237;a quit&#225;ndome la ampolla que envuelve la congelaci&#243;n. El doctor Morandeira me explica lo que yo ya s&#233;, precisamente ese envoltorio del dedo que es la ampolla, es la verdadera protecci&#243;n. As&#237; que los doctores espa&#241;oles convencen al nepal&#237; para que haga las curas en el hotel y que ellos me observar&#225;n la evoluci&#243;n. 

Con respecto a Koke, despu&#233;s de la revisi&#243;n y placas de las v&#237;as respiratorias, el edema y un pinzamiento en la zona aparecen bien visibles. No obstante, los m&#233;dicos recomiendan reposo en el hotel. 

Por la tarde, nos visitan para ver sobre todo la evoluci&#243;n de Koke. Al ver que padece fiebre y que est&#225; pachucho, le someten a un an&#225;lisis exhaustivo y viendo los datos que va dando en las diferentes pruebas, le van suministrando inyecciones y medicamentos. Ahora, un d&#237;a despu&#233;s, reci&#233;n empieza a cambiarle la cara y en esas nos encontramos ahora".

 &lt;strong&gt;Alberto Zerain&lt;/strong&gt;
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    <body>&lt;div class="text"&gt;&lt;div class="barhead"&gt; &lt;div class="ln" id="story-entradilla"&gt; &lt;/div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div class="p"&gt;Juanito Oiarzabal ha alcanzado hacia las seis y media de esta ma&#241;ana, hora espa&#241;ola, la cima de la quinta monta&#241;a m&#225;s alta de la tierra, el Makalu (8.463 metros), por lo que suma vig&#233;simo segundo ochomil.&lt;/div&gt; &lt;div class="p"&gt;As&#237; lo ha confirmado hoy su mujer, Araceli, quien hablado brevemente por tel&#233;fono con su marido desde la cumbre del del Makalu. Oiarzabal estaba "muy emocionado" y ha contado que la ascensi&#243;n ha ido "muy bien" y que hac&#237;a "mucho fr&#237;o".&lt;img src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/basabide/juanito--253x190.jpg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div class="p"&gt;El alpinista vitoriano ha hecho cima acompa&#241;ado por el tambi&#233;n alav&#233;s Roberto Rojo y el sherpa Pasan Nuru. Con esta ascensi&#243;n, Juanito ampl&#237;a a 22 su r&#233;cord de ochomiles ascendidos. En el mundo s&#243;lo hay catorce cumbres de m&#225;s de ocho mil metros, de las que Oiarzabal ha repetido varias, hasta las veintid&#243;s.&lt;/div&gt; &lt;div class="p"&gt;Tras sufrir congelaciones en su &#250;ltima ascensi&#243;n, en el K2 en 2004 que le llevaron a la amputaci&#243;n de todos los dedos de sus pies, Oiarzabal ha vuelto con esta haza&#241;a a reanudar su carrera como "ochomilista".&lt;/div&gt; &lt;div class="p"&gt;Los tres monta&#241;eros iniciaron la ascensi&#243;n desde el campo base el mi&#233;rcoles, y ayer llegaron, como estaba previsto, al &#250;ltimo campo situado a 7.850 metros, aproximadamente, desde donde comenzaron la ascensi&#243;n hasta la cumbre que han coronado esta ma&#241;ana.
Un campo por detr&#225;s de Juanito y Gorri ven&#237;an, seg&#250;n explic&#237; ayer el Alav&#233;s, el 'sector' guipizcoano de la expedici&#243;n, comandado por Koke Lasa y Pedro Garcia, que decidieron salir un d&#237;a m&#225;s tarde hacia la cima para asegurarse las condiciones metrorol&#243;gicas. Asi que si no hsy cpntratiempo ma&#241;ana intentar&#225;n alcanzar la cumbre.

&lt;strong&gt;Ochoa de Olza se da la vuelta en el Annapurna

&lt;/strong&gt;Quien ha tenido que darse la vuelta ha sido I&#241;aki Ochoa de Olza en el Annapurna. Hab&#237;an salido tambi&#233;n para la cumbre y estaban ya en el campo 2, pero unas fuertes nevadas que han dejado la ruta muy peligrosa recomendaban prudencia. I&#241;aki explicaba ayer en su &lt;a href="www.navarra8000.com" title="www.navarra8000.com" id="link_0"&gt;web &lt;/a&gt; que las dudas sobre continuar o no quedaron definitivamente resueltas cuando dos aludes lpasaron muy cerca de ellos.

&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;</body>
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