<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<posts>
  <post>
    <IP type="integer">0.0.0.0</IP>
    <author-id type="integer">53044797</author-id>
    <blog-id type="integer">53000637</blog-id>
    <body>Dicho y hecho. No hab&#237;a pasado ni una hora y ya and&#225;bamos en camiseta. Miguel y To&#241;o, su habitual compa&#241;ero de monta&#241;a, hab&#237;an dividido el ascenso en cuatro &#8220;portillos&#8221;, cuatro descansos numerados para que psicol&#243;gicamente fuera m&#225;s ameno. Esos cuatro puntos coinciden con los pasos en los que el sendero cambia de vertiente, bien discurre del lado del DF o bien del lado de Puebla.

A 4.000 metros ya no hay &#225;rboles. El primer tramo de la caminata transcurri&#243; pues entre flora de alta monta&#241;a que tristemente no es aut&#243;ctona. Predomina un arbusto de grandes hojas y flores p&#250;rpuras que ha ido colonizando las altas laderas, debido a que las condiciones clim&#225;ticas se han suavizado en la &#250;ltima d&#233;cada. Despu&#233;s, en el segundo sector, comenz&#243; una zona de lascas en fuerte pendiente donde cada paso firme pod&#237;a ocasionar la ca&#237;da de decenas de peque&#241;os fragmentos. La niebla nos hab&#237;a engullido, pero la temperatura no era como para ponerse siquiera el su&#233;ter (opini&#243;n muy personal, porque los mexicanos tienen el termostato bastante m&#225;s alto y ya estaban abrigados). El tercer tramo discurri&#243; por un camino de pendiente similar, pero extra&#241;amente las lascas se enterraban ahora entre bancos de arena. Est&#225;bamos bordeando uno de los antiguos cr&#225;teres, tan erosionado que quedaba apenas un curioso y agreste valle en la altura. Y el cuarto trecho, tras superar una zona resbaladiza a la que llaman El Jabonero, lo superamos como cabras entre rocas.

Despu&#233;s de un repecho la niebla se disip&#243; levemente y nos vimos en una peque&#241;a vaguada ante un refugio de chapa, de esos que parecen cajas de anchoas verticales. Detr&#225;s de &#233;l, de pronto, todo era blanco. Comenzaba un aguda pendiente, &#250;nicamente se ve&#237;a en ella piedra en forma de islotes rocosos antes de confundirse con la niebla.

A 4.800 metros, una docena de monta&#241;eros se ajustaban los crampones, o bien soltaban sus bastones -los que bajaban- y se volteaban mirando lo ascendido mientras describ&#237;an la vista contemplada desde la cima. Los que cargaban adrenalina, los que descansaban con una satisfacci&#243;n dif&#237;cil de explicar, todos eran motivo de envidia al tiempo que una gran raz&#243;n para volver de nuevo a darle al Izta la estocada final.

Sin embargo, para una de las chicas mexicanas haber llegado ya all&#237; significaba su primer contacto con la nieve. Cada cual tuvo su peque&#241;a recompensa, para m&#237; fue sentir un poquito del fr&#237;o de casa despu&#233;s de mucho tiempo. Adem&#225;s, result&#243; para todos un gran ejercicio mental, porque saber aceptar las cosas cuando no se pueden alcanzar es una lecci&#243;n nada desde&#241;able. Y m&#225;s a&#250;n en la monta&#241;a.

</body>
    <closed-comments type="boolean"></closed-comments>
    <closed-trackbacks type="boolean"></closed-trackbacks>
    <comments-count type="integer">0</comments-count>
    <created-at type="datetime">2008-09-22T01:12:28+02:00</created-at>
    <date type="datetime">2008-09-22T01:12:28+02:00</date>
    <id type="integer">53043081</id>
    <last-comment-date type="datetime"></last-comment-date>
    <myfile-id type="integer"></myfile-id>
    <nicetitle>la-nieve-mexico-iii-iii-</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2008-09-22T01:12:28+02:00</published-at>
    <site-id type="integer">3</site-id>
    <status type="integer">1</status>
    <title>La nieve de M&#233;xico (III/III)</title>
    <updated-at type="datetime">2008-09-23T01:26:15+02:00</updated-at>
  </post>
  <post>
    <IP type="integer">0.0.0.0</IP>
    <author-id type="integer">53044797</author-id>
    <blog-id type="integer">53000637</blog-id>
    <body>A las 6am sonaba la alarma, justo al tiempo que Miguel abr&#237;a la puerta. A&#250;n era de noche y el fr&#237;o, el silencio y la quietud absoluta, que eran s&#243;lo uno, daban la sensaci&#243;n de que el tiempo se hab&#237;a parado y parec&#237;a absurdamente innecesario levantarse tan temprano. Tras unos instantes me incorporo, me enfundo las botas sin atar y salgo a la negrura de la galer&#237;a acristalada. La manija met&#225;lica de la ventana era implacable. Afuera, el Popo segu&#237;a en su sitio, ninguna perogrullada para quien a&#250;n anda entre sue&#241;os y en semejante paraje. Apenas se intu&#237;a como una mancha entre la bruma con un cielo casi de azabache, s&#243;lo ligeramente azulado por le primer resplandor del alba.

El madrug&#243;n no era tan ansiado por el ascenso como por ver la salida del sol. Reunidos afuera, salimos al llano, rodeamos las antenas hasta llegar a la vuelta del camino y all&#237; encontramos una magn&#237;fica vista al este. Entre el Izta, y el Popo, el vasto horizonte que empezaba a siluetearse. La escena, con todos erguidos manos en los bolsillos, me record&#243; a un anuncio de Ray Ban donde los vampiros esperaban religiosamente al sol. Tal era nuestra emoci&#243;n. Al ver mi c&#225;mara, con un gesto, Miguel me indic&#243; que lo siguiera y ambos descendimos unos metros por el terrapl&#233;n, hasta un tronco de pino partido por un rayo que se presentaba muy fotog&#233;nico. Me enorgullec&#237;a la buena relaci&#243;n que se hab&#237;a forjado entre Miguel y yo en apenas dos horas de anoche. Miguel vive all&#237;, a 4.050 metros, casi permanentemente. S&#243;lo a veces baja al DF, su residencia oficial. Est&#225; reci&#233;n divorciado pero se lo ve feliz, dice que ahora tiene tiempo para sus cosas: las excursiones guiadas y la fauna y flora del monte, que documenta con su c&#225;mara y reporta a la direcci&#243;n del parque. En rigor est&#225; como voluntario del parque, pero es el encargado del refugio y pienso que lo poco que gasta lo saca de la m&#243;dica cantidad que cobra por acompa&#241;ar a los nuevos monta&#241;eros. Un alma solitaria y natural, limpia de las poluci&#243;n y de las mamadas del d&#237;a a d&#237;a ciudadano, feliz sobre todo porque es consciente de donde vive, y otro no. Quiz&#225;s encontr&#243; en m&#237; un car&#225;cter m&#225;s latino que el norirland&#233;s, el franc&#233;s y el jud&#237;o-brit&#225;nico que me acompa&#241;aban, algo de complicidad monta&#241;era euskadin egina y gusto por la foto y capacidad de sorpresa.

&#8220;Mira, el disco solar est&#225; a punto de verse, entre la nube y la monta&#241;a&#8221;. La monta&#241;a es nada m&#225;s y nada menos que La Malinche, la cuarta altura de M&#233;xico, que parece cercana pero se levanta en el horizonte veracruzano. Poco m&#225;s all&#225;, enmarcando el alba, se yergue el pico Orizaba, el techo del pa&#237;s. A las siete en punto de la ma&#241;ana, el cielo es una paleta de tonos rojos desde el rosa m&#225;s suave, amoratado por el cielo raso, hasta el m&#225;s intenso, puro fuego, sobre la nube negra que eclipsa el sol. Cuando la bola aparece Miguel nos hace mirar al Popo. De s&#250;bito, su cono negro se ha convertido en un perfecto cono rosa coronado por una fumarola casi fucsia milim&#233;tricamente vertical. Wow.

Cinco minutos m&#225;s de wow, y echamos a andar. En un abrir y cerrar de ojos el sol implacable se cernir&#225; con violencia, dejaremos de tiritar y nos colgaremos la ropa de las cuerdas de la mochila mientras resoplamos cada pisada.


</body>
    <closed-comments type="boolean"></closed-comments>
    <closed-trackbacks type="boolean"></closed-trackbacks>
    <comments-count type="integer">0</comments-count>
    <created-at type="datetime">2008-09-13T00:53:19+02:00</created-at>
    <date type="datetime">2008-09-13T00:53:19+02:00</date>
    <id type="integer">53040661</id>
    <last-comment-date type="datetime"></last-comment-date>
    <myfile-id type="integer"></myfile-id>
    <nicetitle>el-sol-sale-4000-metros-ii-iii-</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2008-09-13T00:53:19+02:00</published-at>
    <site-id type="integer">3</site-id>
    <status type="integer">1</status>
    <title>El sol sale a 4000 metros (II/III)</title>
    <updated-at type="datetime">2008-09-13T00:53:19+02:00</updated-at>
  </post>
  <post>
    <IP type="integer">0.0.0.0</IP>
    <author-id type="integer">53044797</author-id>
    <blog-id type="integer">53000637</blog-id>
    <body>Hace un par de semanas me un&#237; a un grupo de amigos que hab&#237;an organizado una subida al Iztacc&#237;huatl, pens&#233; que por fin llegaba mi oportunidad de acercarme al viejo volc&#225;n tras dejar ir a Rafa, un madrile&#241;o naturalizado irundarra que era un verdadero experto del Izta. El volc&#225;n hace de l&#237;mite El grupo, siete personas, result&#243; muy heterog&#233;neo, con cinco nacionalidades, gente que ama la monta&#241;a y gente de la que va en playeras y con bolso y que para m&#225;s inri llega hora y media tarde. Pero si quer&#237;a salvar el finde, todo estaba en la mente y en mi capacidad de adaptaci&#243;n, m&#225;s que a la altura, al grupo. Algunos asumimos de inicio que no har&#237;amos cumbre y que simplemente &#237;bamos a disfrutar del campo, y as&#237; las cosas, tuvimos un buen finde.

Por la carretera de Amecameca subimos al Paso de Cort&#233;s, lim&#237;trofe entre los estados de M&#233;xico y Puebla y a escasos cien kil&#243;metros de la capital, el punto desde el que lo exploradores espa&#241;oles descubrieron el Valle de M&#233;xico y lo que despu&#233;s vendr&#237;a. Hay que tener en cuenta que hablar del Valle de M&#233;xico es como hablar del Valle del Ebro, en la m&#225;s amplia acepci&#243;n de la palabra, algo m&#225;s parecido a una cuenca. El paraje al que dio nombre el explorador, a 3.000 metros de altura, es hoy una amplia campa rodeada de pinares que hace de puente entre las faldas del famoso Popocat&#233;petl (5700m.), su legendario amante, y el propio Iztacc&#237;huatl (5300m.).

Desde la caba&#241;a del Paso tomamos un camino de terracer&#237;a que nos llev&#243; al refugio Altzimoni, situado a 4.050 metros. El refugio era un caso extra&#241;o, pues lo presiden tres grandes antenas de Televisa que mandan la se&#241;al a todo el valle, y eso, sumado a que a&#250;n no nos hab&#237;amos bajado del carro, daba una sensaci&#243;n inc&#243;moda de dominguerismo muy poco propia para una excursi&#243;n de altura y para un esperado finde cat&#225;rtico. Sin embargo, junto a las antenas y el edificio adyacente, una cornisa sobre la roca daba acceso a una galer&#237;a alargada de espaldas al valle, pero que mostraba ante la barandilla el majestuoso Popo. Las tres habitaciones eran un aut&#233;ntico refugio monta&#241;ero con los mapas de ascenso a la cumbre pintados en la pared, con chimenea, mesa r&#250;stica y literas de tres pisos.

Y la ventana. Un cono casi perfecto se recortaba en el atardecer, a trav&#233;s suyo, entre las nubes que nos embargaban, humeante en su copa a diferencia del Izta, que son cinco volcanes extintos uno sobre el otro dibujando toda la forma curva de una mujer dormida, como se la conoce.

Una hoguera que cost&#243; prender, por el fr&#237;o y el ox&#237;geno, un frotar de palmas despu&#233;s en torno al fuego y a dormir bajo las gruesas mantas. Al otro d&#237;a, un paseo por las nubes.

</body>
    <closed-comments type="boolean"></closed-comments>
    <closed-trackbacks type="boolean"></closed-trackbacks>
    <comments-count type="integer">7</comments-count>
    <created-at type="datetime">2008-09-10T08:33:56+02:00</created-at>
    <date type="datetime">2008-09-10T08:33:56+02:00</date>
    <id type="integer">53039890</id>
    <last-comment-date type="datetime">2008-09-23T02:12:31+02:00</last-comment-date>
    <myfile-id type="integer"></myfile-id>
    <nicetitle>que-pasa-4000-metros</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2008-09-10T08:33:56+02:00</published-at>
    <site-id type="integer">3</site-id>
    <status type="integer">1</status>
    <title>Una casa a 4000 metros</title>
    <updated-at type="datetime">2008-09-23T02:12:31+02:00</updated-at>
  </post>
  <post>
    <IP type="integer">0.0.0.0</IP>
    <author-id type="integer">53044797</author-id>
    <blog-id type="integer">53000637</blog-id>
    <body>En los a&#241;os ochenta y noventa se desarroll&#243; en Europa una nueva corriente fotogr&#225;fica que consist&#237;a en demostrar mediante accidentes topogr&#225;ficos las incoherencias del mundo moderno. Se la llam&#243; la &#8220;Nueva Topograf&#237;a&#8221;. El fot&#243;grafo era testigo mudo de numerosos resultados del pensamiento humano a menudo intervenidos por circunstancias imprevistas, por la burocracia o por la desidia. En M&#233;xico, aparte de las estructuras inertes de concreto y lo que puedan ense&#241;arnos, prevalecen muchas costumbres con una l&#243;gica propia que siguen vigentes en las formas de actuar, ya sean en instituciones o en los propios individuos, quiz&#225;s m&#225;s que en otros sitios. Estas manifestaciones junto con la improvisaci&#243;n, que en mi opini&#243;n es un pilar b&#225;sico de la mexicanidad, hacen que un trayecto de regreso a casa, como el de ayer, pueda ser todo un viaje en s&#237; mismo.

Hab&#237;amos disfrutado de un fin de semana de alta monta&#241;a, pero no todo hab&#237;a acabado a las cuatro de la tarde del domingo. Con la satisfacci&#243;n del que ha dejado atr&#225;s muchos d&#237;as de oficina, la cota de los 4800 metros a nuestras espaldas y bien limpios los pulmones, comenzamos el regreso a la ciudad. Itoiz sonando en el reproductor, montamos en los coches y bajamos desde el refugio al Paso de Cort&#233;s, punto clave de la conquista espa&#241;ola en el XVI, por dem&#225;s un paraje de campi&#241;a y pinitos muy ajeno a aquellos acontecimientos donde lo &#250;nico que se escucha ahora es el piar de los p&#225;jaros.

Ya en el mero Paso no encontramos la primera &#8216;espontaneidad&#8217;. La caseta de interpretaci&#243;n, puerta de entrada del parque, se emplaza ante una barrera mal colocada y dos vallas de obra que interrumpen la carretera de la forma m&#225;s abrupta, como si del lugar de un crimen se tratara. No hay nada que explique por qu&#233; y tras ellas el asfalto se pierde solitario en una curva entre los pinos. Por lo tanto, s&#243;lo queda un camino, que es la carretera que baja a Amecameca, desde donde se enlaza con la autopista M&#233;xico-Puebla. Dejamos pues atr&#225;s el cartel y el m&#237;nimo monumento conmemorativo -que pasa de lo m&#225;s desapercibido- y enfilamos la enredosa carretera que serpentea a trav&#233;s de un frondoso bosque, tan espectacular como aquella entre los pinares de Albina.

Al rato salimos a un llano y nos sumimos entre altos maizales que s&#243;lo el asfalto atraviesa. Peque&#241;as casas espor&#225;dicas de feo ladrillo nada disimulado, siempre de un s&#243;lo piso, tenderetes ambulantes y los odiosos topes en la carretera nos anticipan Amecameca, la capital de la comarca y &#8220;el lugar donde los hombres se visten con pa&#241;os blancos&#8221;, tal y como traduce el cartel de bienvenida. El n&#250;cleo del pueblo se alinea a ambos lados de la ruta con la tradicional anarqu&#237;a de provincia, que alterna edificios precarios repletos de abarrotes y tienditas con otras construcciones m&#225;s s&#243;lidas, como un elegante banco cuya fachada era m&#225;s propia de un western de Lucky Luke. Entre unos y otros, grandes muros producto de qui&#233;n sabe qu&#233; coyunturas sirven como enormes anuncios pintados majestuosamente a mano. Desde sus posici&#243;n privilegiada promocionan concesionarios locales a base de grandes logotipos bastante aproximados a Pintumex, Pirelli o Movistar.

Lo atravesamos, pero para nuestra sorpresa es saliendo del poblado cuando nos embutimos en un atasco. El tr&#225;fico avanza lento, excepto para alg&#250;n oportunista que aprovecha el arc&#233;n para rebasar a riesgo del copioso tr&#225;fico humano, canino y gallin&#225;ceo que frecuenta las veredas. Pasan no menos de quince minutos hasta que, a paso de burra, llegamos al siguiente pueblo. Advertidos por las numerosas lonas del camino, llev&#225;bamos tiempo sospechando que en el lugar se ofrec&#237;an diversas comidas a base de conejo. Flan de conejo, esquites de conejo, conejo asado, tacos de conejo. La gente deambula y, frente a la carretera, come conejo. En dado punto, del otro lado de la carretera hay un restaurant con gran terraza atestada, y frente a &#233;l un grupo de mariachis. Est&#225;n festejando bajo unas banderolas multicolores lo que el local comunica, lona mediante: &#8220;Hoy hay conejo&#8221;.

Los conductores que nos preceden, algunos de ellos temerarios okupas del arc&#233;n, se vuelven de pronto corteses y ceden el paso a los paisanos que cruzan sin se&#241;al alguna, todo con tal de aminorar y disfrutar la escena. Hay que ver el poder de los mariachis. Y del conejo. Rebasados los m&#250;sicos, los autos retoman sus carreras y en breve se pierden en el horizonte haciendo gala de sus modelos. At&#243;nitos dentro del coche, pero a&#250;n bajo los efectos de la catarsis monta&#241;era, suspiramos hondo y esbozamos sonrisas resignadas.

Ahora nos aproximamos a la autopista, que discurre a lo lejos al fondo del valle. De hecho, en una recta que enfilamos, se ve c&#243;mo la carretera se levanta en un puente reciente que ya es de doble calzada. El terreno es plano, por lo que parece hecho para superar alguna otra v&#237;a o curso de agua, pero seg&#250;n nos vamos acercando, no vemos movimiento y empezamos a sospechar que a&#250;n no est&#225; inaugurado, ya que se ve demasiado limpio y no hay marcas en su asfalto. S&#250;bitamente realizamos un giro brusco para evitar empotrarnos contra los dos bloques de hormig&#243;n que, junto a una flecha de lat&#243;n que apunta a la derecha, nos dan la raz&#243;n. Discurrimos ahora paralelos al flamante puente, que se empina progresivamente. En su altura m&#225;xima, unos diez metros, ya no tiene base de concreto sino que se sustenta sobre grupos de cuatro columnas entre las cuales hay vanos desiertos, como si fueran amplios estacionamientos resguardados en medio de nada. Lo &#250;nico que hay son carteles que anuncian verbenas de pueblo y tocadas folkl&#243;ricas, no hay carros, no hay fardos, ninguna v&#237;a surge entre los maizales para justificarlo. Continuamos en paralelo. Ahora la pendiente desciende del otro lado del puente hasta que suavemente se iguala con la carretera regular a la altura de otras dos moles de hormig&#243;n y un cartel mal puesto. No hay necesidad de aportar respuestas. Nos miramos. Se nos ocurre que igual el espacio era para la feria del conejo, por si llueve. Re&#237;mos. Seguramente sucede que les sobraba presupuesto y no supieron qu&#233; hacer, hasta que les ocurri&#243; armar un peligroso obst&#225;culo que parece m&#225;s una lanzadera para aviones en mitad del campo. &#8220;M&#233;xico DF a 26&#8221;, reza ahora un cartel.

Enseguida, la carretera se desdobla por aproximadamente un kil&#243;metro y vuelve a reducirse sin rastro alguno de obras. En metros, sale a dar a un conflictivo cruce con una vuelta inc&#243;gnita que, tras recular un poco y corregir la marcha, nos saca por fin a la autopista. S&#243;lo nos falta sufrir el peque&#241;o atasco de entrada de dos horas, preceptivo de domingo por la tarde, y ya. Otro cartel anuncia &#8220;M&#233;xico DF a 36&#8221;. De dos horas y subiendo, se entiende.
</body>
    <closed-comments type="boolean"></closed-comments>
    <closed-trackbacks type="boolean"></closed-trackbacks>
    <comments-count type="integer">7</comments-count>
    <created-at type="datetime">2008-08-25T20:12:12+02:00</created-at>
    <date type="datetime">2008-08-25T20:12:12+02:00</date>
    <id type="integer">53035916</id>
    <last-comment-date type="datetime">2008-10-12T03:46:19+02:00</last-comment-date>
    <myfile-id type="integer"></myfile-id>
    <nicetitle>la-nueva-topografia-version-mexicana-</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2008-08-25T20:12:12+02:00</published-at>
    <site-id type="integer">3</site-id>
    <status type="integer">1</status>
    <title>La Nueva Topograf&#237;a, versi&#243;n mexicana.</title>
    <updated-at type="datetime">2008-10-12T03:46:19+02:00</updated-at>
  </post>
</posts>
