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    <body>&lt;big&gt;La Chasse-Galerie&lt;/big&gt; - &lt;span style="color: rgb(0, 102, 0);"&gt;&lt;big&gt;La cazer&#237;a infernal&lt;/big&gt;&lt;/span&gt;


&lt;img class="imgcen" id="img_2" src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/montreal/image003.jpg"&gt;Una &lt;em&gt;chasse&lt;/em&gt; ser&#237;a algo as&#237; como la versi&#243;n quebecense de la santa compa&#241;a, y es una invenci&#243;n del diablo (s&#237;, otra vez &#233;l!) Era una especie de canoa voladora que permit&#237;a a sus ocupantes ir al lugar de su elecci&#243;n salvando todos los obst&#225;culos posibles. Por supuesto, los ocupantes deb&#237;an vender su alma al diablo para usarlo.


&lt;img class="imgcen" id="img_6" src="../blogfiles/montreal/ros2.PNG"&gt;
Un d&#237;a de Nochevieja, los le&#241;adores de un campamento maderero del Gran norte, se mueren de aburrimiento, unos a&#241;oran su familia, otros su novia...

Hay que decir que aquellos tiempos los le&#241;adores part&#237;an a los campamentos en cuanto llegaba el oto&#241;o, antes de las primeras heladas, ya te ten&#237;an que remontar los r&#237;os en canoa. Y, como era el &#250;nico medio de transporte, no pod&#237;an regresar antes del deshielo primaveral.

&#161;No debe sorprer que los le&#241;adores encontrasen sus noches largas y aburridas!. Cuando llegaba la Navidad, a menudo era insoportable. Estos pobres hombres sol&#237;an entretenerse gracias a sus talentos de m&#250;sicos, cantantes o improvisando juegos. Pero llegado este momento del a&#241;o, el aburrido llegaba a su apogeo.

Bueno pues, esta Nochevieja, el cocinero del campamento, despu&#233;s de haber escuchado las quejas de los hombres, les sugiri&#243; llevarlos a su aldea para bailar y divertirse ... "S&#243;lo tenemos que ir en Chasse-galerie", les dijo.

Al principio los le&#241;adores se mostraron indignados: "&#161;Est&#225; prohibido! &#161;Es m&#225;gia negra! &#161;No tenemos derecho !...&#187;.

Sin embargo, el "cocinero" se muestra convincente: "Hay, por supuesto, condiciones: nada de juramentos, nada de bebidas, no llevar ning&#250;bn s&#237;mbolo religioso (medallas, cruces, escapularios...), evitar tocar la cruz de los campanarios de las iglesias y regresar antes del amanecer." F&#225;cil se dicen, despu&#233;s de todo, somos hombre y no ni&#241;os. Para ir a ver a su "novia", a besar a su esposa y sus hijos una noche de Nochevieja, estaban dispuestos a cualquier cosa.



Por lo tanto, se instalan en una canoa con el cocinero como una gu&#237;a. Pronunciaron la f&#243;rmula m&#225;gica: "Acabri, Acabra, Acabragne, canoa volador, haznos viajar poe encima de las monta&#241;as".

Viajaron a la velocidad del rayo, pasando m&#225;s all&#225; de las monta&#241;as, saltando por encima de las aldeas, los bosques, los r&#237;os. Pronto comenzaron a ver el claro, y a continuaci&#243;n, las peque&#241;as luces en su aldea. En menos que nada llegaron a la casa del tendero, donde se celebraba el rebell&#243;n de Nochevieja.

&lt;img class="imgcen" id="img_0" src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/montreal/PageAccueil.gif"&gt;
La noche pas&#243; demasiado r&#225;pido. La gente se divirti&#243;, bail&#243;, se toc&#243; el viol&#237;n... Sin embargo, recordando las condiciones de su viaje y antes del amanecer, volvieron a su canoa en silencio, y despu&#233;s de pronunciar la f&#243;rmula m&#225;gica, volvieron a tomar vuelo hacia su campamento.

Todos hab&#237;an sido prudentes salvo... el cocinero, que sin hacerse mucho de rogar, se peg&#243; un pelotazo de orujo, y otro, y otro y... Los hombres tuvieron que atarlo al fondo de la canoa, ya que amenazaba con tirase por la borda: estaba m&#225;s borracho que una cuba. Pero ninguno de ellos hab&#237;an pilotado un Chasse-galerie. La canoa vuela zig-agueando a toda velocidad. Y llega lo que ten&#237;a que suceder: la conoa choca de lleno contra contra un gran abeto y los hombres salen disparados en todas la direcciones.

Afortunadamente, la nieve suaviz&#243; la ca&#237;da y quitando algunos rasgu&#241;os, todos salieron ilesos del accidente. No estaban muy lejos del campamento, e hizieron el resto del recorrido a pie. Pero con el fr&#237;o del invierno, finalmente llegaron al campamento en un estado lamentable. Juraron no volverse a meter en tales.

 &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;big&gt;Y es problamente verdad porque es raro oir decir a alguien que vi&#243; pasar una canoa voladora por el cielo.&lt;/big&gt;&lt;/div&gt;</body>
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    <title>Una leyenda del bajo canad&#225;: "La chasse-galerie"   </title>
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