S.A.
El mundo está compuesto por personas. Personas diferentes. Algunas destilan más apariencia o dejan tras de sí un aroma de estrella suprema (que muchas veces deja a su vez miserias espirituales), mientras que otras son mundanas, y pasan por la vida, según algunos, sin pena ni gloria. Yo me quedo con los últimos citados.
A lo largo de los días, desde la mañana a la noche, o desde cuando uno es niño hasta que llega a la vejez, se conocen infinidad de caracteres, siendo muchas las personas que se quedan por el camino, y sólo la inmensa minoría la que queda al rescate de uno. No obstante, yo siempre he tenido curiosidad por las personas anónimas. Y que no se me entienda mal. No son aquellas que no tienen nombre o que aparecen en la crónica de sucesos de las televisiones. Son ésas que dan sin esperar nada a cambio, y no pensemos en una secta religiosa o en algo viciado, sino que ayudan con una intención de finalidad y no de medio. Además, no presumen de sus actos y en la mayoría de los casos, no reciben las felicitaciones merecidas. Son los ángeles del siglo XXI, antes no sé cómo se les llamaría. ¿Santos?. La religión lo contaminaba todo.
Los Anónimos no tienen porque ser grandes amigos, ni conocidos, ni familiares. Pueden serlo y también no serlo. La verdad que son muy fáciles de distinguir entre la muchedumbre, siempre que haya un problema, ya sea de alto grado o menor, saltan a la luz como las polillas, tienden su mano al instante y hacen lo que pueden en la medida de lo posible. Es decir, ante un problema humano dan un paso más que los demás.
Por ello, se pueden encontrar en la esquina de una calle, en un ascensor, en una estación de autobuses, en medio de una expedición a los Andes o en una tertulia de un café a medianoche. No hay lugar prohibido. Eso sí, no se les ve, andan ocultos entre la masa, pueden parecer extraños como cualquiera a primera vista, pero como las estrellas en el firmamento, relucen cuando a uno más le hace falta. Va por ellos. Por su desinterés en ayudar sin ningún miramiento prejuicioso y su interés para siempre hacerlo. En estos mundos que corren, miradas como las suyas escasean y no dejan a uno indiferente; no les conozco, pero hago lo posible por asemejarme. Quiero ser Anónimo con mayúsculas. ¿Y tú?.
Sobre este blog
AMANSANDO FIERAS
Iban Albizu RivasEste Blog tendrá en la música, sobre todo, el cine y la lectura sus herramientas indispensables para mostrar que no son mundos diferentes sino que su unión ayuda a contextualizar el sentir de las diferentes sociedades y, por consiguiente, de las diferentes culturas.
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