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Misterios en el Teatro Arriaga

No sé a ustedes pero a mí me encanta este Teatro. Me parece totalmente romántico y que, si sus paredes hablaran, revelarían secretos alucinantes de personajes singulares e incluso históricos. Este post está dedicado a la historia de este edificio y algunas anécdotas curiosas que personas cercanas al Teatro han podido rescatar.

Entre muchos de los misterios que guarda el Teatro Arriaga en sus entrañas, destaca la sala secreta llamada Orient Express. Un palco para autoridades que raras veces abre sus puertas. Su decoración recuerda al famoso tren de la novela de Agatha Christie. Pudiera parecer que Hércules Poirot va a entrar al vagón para interrogar a sus ocupantes y descubrir que también éstos están relacionados con el “caso Armstrong” y el asesinato acontecido.

El Teatro Arriga fue construído por Joaquín Rucoba y Octavio de Toledo, y adquirió este nombre por la plaza sobre la que se elevaba que llevaba el nombre del compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga. Abrió sus puertas por primera vez el 31 de mayo de 1890, a las ocho de la tarde, con la ópera Gioconda de Amilcare Ponchielli. 25 años después de la inauguración del Teatro, la noche del 22 de diciembre de 1914, un incendio reduce a cenizas el edificio. Federico Ugalde fue el arquitecto encargado de su reconstrucción. El 5 de junio de 1919 el Arriaga abría sus puertas de nuevo, pero esta vez con la ópera Don Carlo de Giuseppe Verdi.

En la actualidad, existen dos balcones en el escenario que se construyeron para un público muy especial. Si los guías del Teatro no advierten de su presencia, pasan desapercibidos. Por otra parte, era lo que se pretendía. Son de color negro, sin adornos y disponen de una entrada propia. Eran para la viudas de la época que querían disfrutar de un poco de arte sin ser expuestas a críticas ajenas.

La guerra civil, el paso de los años y los avatares de la época dejaron al edificio en mal estado. El riesgo que su situación suponía para artístas y público provocaron su cierre temporal hasta que en 1980, se inician los trabajos de reforma que se alargarían seis años. Las inundaciones de 1983 y la ampliación de los trabajos de reconstrucción a medida que avanzaba la obra, obstaculizaron su apertura temprana pero propiciaron una reforma intergral que hizo del Teatro lo que conocemos hoy. Las puertas del Arriaga se reabren el 5 de diciembre de 1986.

Supersticiones, secretos y misterios rodean al edificio. Los artistas no se desean suerte para el éxito de una actuación sino “mucha mierda” y nunca llevan amarillo en el estreno de una función. Tal es la superstición que hubo que cambiar el alicatado de los baños del pasillo (para uso exclusivo de los artistas) ya que habían puesto las baldosas de color amarillo.

La afombra roja que cubre la impresionante escalera imperial es una pieza única realizada artesanalmente por la Real Fábrica Nacional de Tapices. Se cuenta que uno de los directores del Teatro prohibió pisar dicha alfombra hasta que su sucesor permitió su paso sobre la misma. ¿Para qué sierve una alfombra si no?

El Arriga ha sido testigo de la presencia de personajes ilustres como la reina Doña Sofía o Federico García Lorca. De este último se dice que fue precisamente en este Teatro donde se le pudo ver por última vez con Margarita Xirbu (amiga y actriz favorita de Lorca), antes de que ella volara a Estados Unidos para seguir con su profesión.

Testigo de momentos de gloria, de recesión, de éxito, de fracaso, bienvenidas, despedidas, encuentros inesperados y mucho más, el Teatro Arriaga guardará por siempre esos secretos y misterios de los que, una vez, alguien le hizo conocedor. Espero algún día, darle a este Teatro una historia que guardar entre sus piedras. ¿No son los sueños los que hacen de la vida algo interesante?, ¡pues permítanme soñar!

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Mi Rincón del Arte

Desde que puedo recordar me han gustado las artes, y con ello me refiero a todo tipo de arte: música, teatro, danza, poesía, pintura ... y nunca me ha importado que la representación de ese arte sea brillante, o muy grande, o realizada por un artista de renombre. Tanto me gusta ver, escuchar u observar una gran obra conocida por todos como una desconocida y representada con menos medios, en teatros pequeños, escenarios de escuelas de artes escénicas así como salas teatrales de compañias menos conocidas.

El hecho de que me guste el arte no me convierte en una erudita del tema. Más bien la situación es la contraria. No tengo mucha idea de los nombres de actores o actrices de más actualidad, o de los directores que dirigeron aquellas obras tan buenas el año pasado, o la biografía del bailarín ruso que visitó Bilbao hace un mes... Ni mi memoria de pez ni el poco tiempo que me queda para dedicar a mi gran afición ayudan. Lo que sí sé es que me encanta ver teatro, escuchar música, poesía, ópera, conciertos de pop, rock... en definitiva que aprecio todo tipo de arte de aquellos que intentan transmitir algo y hacer que el público pase un rato agradable, que aprenda, que reflexione, que disfrute.

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