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26 Oct 2009

El tarot protagoniza el último libro de la colección ¡Vaya Timo!, firmado por el periodista valenciano Javier Cavanilles, quien echa por tierra algunas de las creencias más extendidas sobre la popular baraja, incluido su origen egipcio. El del tarot es un asunto que nunca me ha interesado, ya que considero el mazo simple atrezo, lo mismo que la bola de cristal, los posos del café, las velas de colores, las pirámides de cristal y cualquier otro elemento decorativo tan del gusto de los brujos. A pesar de eso -o quizá por eso, por no saber casi nada de la baraja y su historia-, me he leído de un tirón el último título de la colección escéptica de Laetoli, un texto con el que me he reído no pocas veces.

La portada es genial, quizá la mejor de la serie. Se ve en ella a la típica bruja televisiva con sus tarifas, que van desde los 5 euros por malos presagios hasta los 30 por un futuro maravilloso. La ilustración, de Ricard Sobres, da la clave del éxito de los echadores de cartas y otros videntes: venden un futuro esperanzador a quien esté dispuesto a pagarlo, aunque el cliente se encuentre en el corredor de la muerte. Cavanilles, coautor del libro Los caras de Bélmez (2007), incide en ello a lo largo de un libro en el que hace un recorrido por la historia del tarot y cómo se convirtió en herramienta de videntes. Y va más allá: explica a sus lectores por qué puede parecer que algunas personas predicen el futuro gracias a ténicas al alcance de cualquiera, como la lectura fría.

Comparto con Cavanilles la preocupación por la indefensión de los consumidores ante el negocio paranormal y creo que la transposición de la Directiva 2009/25/CE podía servir para poner las cosas en su sitio. Por lo menos en parte, dado que obligaría a los brujos a tener que demostrar sus poderes si quieren cobrar por ellos. Lamentablemente, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas condenó en abril a España, por "no haber adoptado las disposiciones legales, reglamentarias y administrativas necesarias para dar cumplimiento a lo dispuesto en la citada directiva o, en cualquier caso, al no haberle comunicado estas disposiciones". Cierto es que videntes, sanadores espirituales y demás siempre podrán escaparse pidiendo a sus víctimas la voluntad, pero todo lo que sea poner trabas a quienes estafan a los demás es bienvenido, porque, como apunta el autor de El tarot ¡vaya timo!, "existe una total indefensión de los consumidores y víctimas del mercado de lo paranormal".

Javier Cavanilles [2009]: El tarot ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. "¡Vaya Timo!", Nº 11). Pamplona. 130 páginas.

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11 Oct 2009

Los brujos que participan en el 25º Foro Internacional de las Ciencias Ocultas y Espirituales, que ha reunido en la capital de España a quienes se venden como los mejores profesionales de la videncia, hicieron una vez más el ridículo con sus rituales para atraer la suerte a la candidatura olímpica de Madrid 2016. Uno de ellos, Manuel Aneiros, autocalificado druida, ofició el 1 de octubre una ceremonia de la buena suerte vestido como un Gandalf de rastrillo. Acompañado de un gaitero, un tamboril y unas bailarinas, danzó alrededor de una fogata e hizo un amuleto a base de laurel, ruda silvestre y helecho macho. "El laurel da el poder de ganar, la ruda evita la envidia y el helecho macho protege contra el maleficio", declaró a Efe. Después, aseguró que Madrid tenía un 70% de probabilidades de salir elegida. Ya saben lo que pasó al día siguiente: que los Juegos Olímpicos se fueron para Río de Janeiro. Un montón de medios hablaron del ritual celta de Aneiros, de lo que pronosticaba el tarot y otras bobadas, a mayor gloria publicitaria de los videntes que auguraron el, según ellos, más que probable éxito de la candidatura madrileña. ¿Publicó algún medio al día siguiente que, una vez más, los adivinos no dan una?

Ferias del engaño como la de Madrid se repiten en casi todas las ciudades españolas, sin que ni las autoridades de consumo ni las organizaciones de consumidores hagan nada. Si me venden leche desnatada que no es tal, al fabricante se le puede caer el pelo. Si alguien me predice un futuro inventado, me vende una inútil pócima del amor o me promete la cura de una grave enfermedad mediante la imposición de manos, no le pasa nada. ¿A qué espera el Gobierno español para trasponer de una vez a nuestra legislación la Directiva 2005/29/CE relativa a las prácticas comerciales desleales y que los brujos tengan que demostrar sus poderes para seguir vendiendo sus servicios? ¿Es qué el Ejecutivo de José Luis Rodriguez Zapatero no debe defender a los consumidores frente a quienes les engañan diciéndoles que ven el futuro o el aura, haciendo pócimas, echando las cartas o curando enfermedades milagrosamente?

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18 Abr 2009

No sé si cada minuto nace un tonto, pero me he acordado de la famosa frase -atribuida erróneamente al empresario circense estadounidense P.T. Barnum- al enterarme de que una mujer tiene que pagar una factura de 6.000 euros por habr estado conectada durante 72 horas a un servicio telefónico de videncia. La historia, de la que he sabido a través de Goloblog y que fue publicada originalmente por El Mundo, demuestra no sólo la sivergonzonería de ese tipo de empresas y la indefensión de los consumidores ante los abusos de un sector cuya existencia es ya de por sí un abuso, sino también que poco se puede hacer para proteger a quien carece del mínimo sentido común. Mientras no haya una ley que impida aprovecharse de los tontos, se darán casos como el de Mariflor (nombre supuesto). Recurrió a un tarot telefónico y la chica que la atendió le dijo que tenían que hacer un ritual para librarla de vaya usted a saber qué maleficio que tuviese el teléfono conectdo con el servicio. "El teléfono tenía que estar encendido siempre, pero a la media hora, por el sistema que ellas usan, se cortaba la llamada y yo tenía que volver a telefonear. Ella me llamaba constantemente, incluso por la noche, para decirme que qué hacía que no llamaba. Esta chica me decía que había llamado a otras compañeras para que siguieran el ritual, y que si no llamaba no podían seguir". Y así durante tres dias: 6.000 euros de teléfono en total. Situaciones como ésta se podían evitar si el Gobierno central traspusiera de una vez la Directiva 2005/29/CE relativa a las prácticas comerciales desleales, que obliga a los brujos a demostrar sus poderes ante los tribunales si alguien les demanda, tal como ha reclamado el Círculo Escéptico en el marco de una petición para el control del mercado de actividades esotéricas que hace hincapié en la persecución de "los fraudes perpetrados aprovechando las creencias religiosas o paranormales de las víctima".

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05 Mar 2009


Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico, habla en el programa Esta Mañana, de La Primera de TVE, del mercado de los brujos y su falta de regulación en España.

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21 Ene 2009


Debate entre el psicólogo y escritor Ignacio García Valiño, del Círculo Escéptico, y la vidente Paquita Berber en El Programa de Ana Rosa, en Telecinco, el 13 de enero.

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31 Ago 2008

Si está leyendo estas líneas, es que ha sobrevivido a varios fines del mundo. Pero no se confíe. El próximo está cerca. Ocurrirá, según algunos, cuando entre en funcionamiento en las próximas semanas un nuevo acelerador de partículas. La máquina del Juicio Final ha costado ya más de 4.000 millones de euros. Se llama Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y es el instrumento científico más grande del mundo: su principal elemento es un túnel circular de 27 kilómetros, excavado a entre 50 y 175 metros de profundidad cerca de Ginebra. Los físicos esperan recrear en él, en miniatura, las condiciones del Universo billonésimas de segundo después del Big Bang. Los agoreros de turno temen que se desencadenen fuerzas incontrolables -como un agujero negro-, y aquí paz y después nada.

El temor al fin del mundo resurge cada pocos años. La más reciente oleada apocalíptica la vivimos poco antes del cambio de centuria. Paco Rabanne anunció que la estación espacial rusa Mir iba a caer sobre París el 11 de agosto de 1999, en coincidencia con el último eclipse total de Sol del milenio, que -según una peculiar lectura de las Centurias de Nostradamus- iba a suponer la aparición del Gran Rey del Terror. La tragedia de la capital francesa -"ciertos barrios recordarán Hiroshima"- iba a marcar, dijo el diseñador, el principio del fin. "No podía guardar un secreto tan terrible. He cumplido mi deber. Estoy aquí para avisar a los humanos", advertía un mes antes. Pasó el 11 de agosto de 1999 sin que sucediera nada. Así que, cuando después alguien le ha preguntado por su profecía, Rabanne ha respondido que nunca habló del fin del mundo, sino del de una era, signifique eso lo que signifique y digan lo que digan las hemerotecas.

Clérigos y astrólogos

La historia se repite desde hace siglos. En la Edad Media se sucedieron las predicciones del fin del mundo a partir de la interpretación de los textos bíblicos. Julián de Toledo, el desconocido autor de la Crónica mozárabe, y el Beato de Liébana, en su Comentario al Apocalipsis, coincidieron en señalar el año 800 como el del fin de los tiempos. Pasó la fecha y también 992, año fatídico para el eremita Bernardo de Turingia. La noche del 31 de diciembre de 999 tampoco ocurrió nada, y, a partir de ese momento, los ocultistas se sumaron en masa a los intérpretes de la Biblia.

Una conjunción -coincidencia en una región del cielo- de los planetas entonces conocidos en la constelación de Libra llevó a algunos a temer lo peor en 1186. Los religiosos Arnaldo de Vilanova y Vicente Ferrer demostraron sus dotes profetizando el fin del mundo para 1370 y 1412, respectivamente. El astrólogo Johannes Stöfler lo vaticinó para el 20 de febrero de 1524, basándose en la cercanía en el cielo de Marte y Júpiter. Como falló, su discípulo Johann Carion rehizo los cálculos y apuntó al 15 de julio de 1525. Y así de éxito en éxito... hasta Paco Rabanne.

En el siglo XIX, se incorporaron al club de los visionarios apocalípticos los líderes de algunas recién nacidas confesiones cristianas. Demostraron que a los creyentes no les importa mucho que sus profetas fallen en sus predicciones una y otra vez. William Miller, fundador de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, calculó un primer fin del mundo, según la Biblia, para el 21 de marzo de 1843 y, como no llegó, un segundo para el 22 de octubre de 1844. Pero quienes se han llevado la palma apocalíptica son los Testigos de Jehová, organización nacida en 1870: Charles Russell, su fundador, predijo el fin de los tiempos para 1874 y 1914; su sucesor, Joseph Rutherford, para 1918, 1925 y la década de 1940; y el sucesor de Rutherford, Nathan Knorr, para 1975.

Del espacio exterior

Los nuevos dioses llegados del espacio a mediados del siglo pasado han aportado en las últimas décadas varias fechas al imaginario apocalíptico. Sixto Paz, un peruano que dice tener encuentros personales con extraterrestres, anunció en 1975 que los visitantes le habían revelado que "la constante amenaza de una guerra atómica pasará pronto a convertirse en un holocausto vertiginoso y sangriento. Todo ello, además, coincidirá con el paso del cometa Halley". En 1986, el cometa pasó cerca de la Tierra, y aquí estamos.

Tampoco ocurrió una catástrofe planetaria en septiembre de 1991, cuando, según el estigmatizado italiano Giorgio Bongiovanni, un meteorito iba a chocar contra nuestro planeta. Discípulo del contactado Eugenio Siragusa, decía que se lo habían confirmado nada menos que Jesucristo y la Virgen. Seis años después, 39 miembros la secta de La Puerta del Cielo se suicidaron en California para ser recogidos en espíritu por una nave extraterrestre y eludir las desgracias que se iban a abatir sobre la Humanidad, según sus guías alienígenas. "Una de las principales fuentes generadoras de profecías apocalípticas durante el siglo XX es la mitología de los platillos volantes", sentencia el filósofo canario Ricardo Campo, quien recuerda que el anuncio de desastres planetarios se remonta a los contactados de los años 50 y que grupos como los raelianos consideran que estamos viviendo "la edad del Apocalipsis" desde las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Los que ahora advierten del peligro del LHC también lo hicieron a finales de los 90 respecto al Colisionador Relativista de Iones Pesados del Laboratorio Nacional de Brookhaven (Nueva York), en funcionamiento desde 2000. Como ya ocurrió con el acelerador de partículas estadounidense, sus temores sobre el LHC han sido desmentidos en sesudos informes científicos. ¿Cuál será la próxima fecha apocalíptica? Vaya preparándose para el 21 de diciembre de 2012, cuando se acabará el mundo según predicciones mayas tan dignas de crédito como el resto de las citadas en estas líneas. Predecir el fin del mundo es, en el fondo, una estupidez: si fallas, vas a ser el hazmerreír por los siglos de los siglos; si aciertas, no va quedar nadie para reconocerte el mérito. Así que, una vez pasados los quince minutos de gloria warholianos, llevas todas las de perder.


La revista

Pensar: Revista cuyo objetivo es fomentar el pensamiento crítico respecto al mundo del misterio, desde la existencia del alma hasta las visitas extraterrestres y los poderes paranormales.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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29 Mar 2007


Intervención sobre los adivinos en el programa Bilbao la Nuit, de Bilbovisión, el 13 de marzo de 2007.

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20 Mar 2007

El titular de esta anotación es el resumen de lo que piensan los integrantes del Tribunal Supremo de la actividad de brujos, curanderos, videntes y demás personajes que viven de engañar al personal, de sacar los cuartos a la gente, muchas veces aprovechándose de la desesperación ante una enfermedad incurable. Con pocas víctimas de lo paranormal me siento tan solidario como con quienes recurren a brujos angustiados por una enfermedad. Tienen mi solidaridad porque la esperanza es algo muy humano, que puede cegar a cualquiera. Y el curandero, todo mi desprecio: merece que caiga sobre él todo el peso de la Ley. Por sinvergüenza.

Por eso, me ha indignado la sentencia del Supremo que absuelve una curandera que estafó 18.000 euros a dos hermanos, prometiéndoles que iba a sanar a su padre de un cáncer hepático incurable. Nuria Montero Gallardo, que así se llama la acusada, sacó a sus víctimas el dinero y sacrificó un pájaro como parte de un ritual de sanación que, como es lógico, resultó inútil. El enfermo murió a los seis meses, y sus hijos se sintieron engañados y denunciaron a la sanadora. Un tribunal la condenó a dos años y medio de cárcel y una multa, y ahora la Sala de lo Penal del Supremo la ha absuelto en una sentencia del 2 de febrero y deja a los demandantes la más costosa vía civil como única salida.

"El ciudadano medio de nuestra sociedad tiene un nivel de información sobre estas enfermedades y sus características que difícilmente puede alegar confianza racional en poderes paranormales. Se considera que no existe estafa cuando el sujeto pasivo acude a médiums, magos, poseedores de poderes ocultos, echadores de cartas o de buenaventura o falsos adivinos, cuyas actividades no puedan considerarse como generadors de un engaño socialmente admisible que origine o sea la base para una respuesta penal", dice la sentencia en uno de los fundamentos de derecho en el que se añade que, en estos casos, "se considera que el engaño es tan burdo e inadmisible que resulta inidóneo para erigirse en el fundamento de un delito de estafa". "La esperanza es humanamente entendida, pero la confianza en la magia no puede recabar la protección del derecho penal", concluyen los jueces.

Entiendo los argumentos de los magistrados -que, según cuenta en su blog el abogado Fernando L. Frías, son los mismos desde hace tiempo-, pero no puedo compartirlos. Dicen que cualquier españolito de a pie tiene que saber que hay enfermedades como el cáncer ante las que no caben hechizos, sino la medicina, y que la esperanza es comprensible, pero la confianza en la magia no. Estoy de acuerdo con esos dos presupuestos; pero me parecen alejados de la realidad. La sentencia, firmada por Joaquín Jiménez García, José Manuel maza Martín y José Antonio Martín Pallín, pasa por alto que en España hay mucha gente que cree en la magia, que la mayoría de los medios de comunicación alimenta ésa y otras creencias irracionales, y que el espíritu crítico no está lo suficientemente extendido ni siquiera entre el sector de población con estudios superiores. Argumentar que no es creíble que un administrativo y un auxiliar de clínica -profesiones de los demandantes- actúen bajo el error o el engaño en casos como el que nos ocupa es dar la espalda a la calle.

Si fuera de otro modo, vivir de engañar a la gente no sería el negocio que es para videntes, brujos, chamanes, ufólogos, astrólogos, periodistas esotéricos, médicos alternativos, sanadores y una interminable lista de caraduras. "Hasta donde me alcanza el entendimiento, y llevo años estudiando este hecho con profundidad y empleando a gente para que me ayude en la investigación, jamás nadie en este mundo ha perdido dinero al subestimar la inteligencia de las grandes masas. Tampoco nadie ha perdido por eso su cargo público", escribió el periodista estadounidense Henry Louis Mencken en 1926. En países como Estados Unidos y España, si uno sabe contar trolas sobre fantasmas, maldiciones y ovnis con aplomo, puede forrarse y convertirse en gurú de una comunidad creyentes. Ésa es la realidad social, no la defendida por el Supremo en esta sentencia. Claro que, si la Justicia tuviera que perseguir a todos los estafadores que se presentan en la tele, la radio y la prensa como poseedores de poderes paranormales o que venden como misterios lo que no lo son, no iba a dar abasto.

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16 Mar 2007

El abogado Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico, Almudena Cacho y yo hablamos el miércoles en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, De la estafa de los brujos. ¿El motivo? La reciente sentencia del Tribunal Supremo que absuelve a una curandera que timó 18.000 euros a dos hermanos que acudieron a ella para ver si acababa con el cáncer que estaba matando a su padre. Aunque voy a escribir sobre el caso -no quería hacerlo hasta no leer la sentencia-, pueden escuchar como adelanto la primera entrega del espacio que Punto Radio Bilbao dedica semanalmente al escepticismo.

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12 Abr 2006

Los anuncios de promoción turística suelen ser un derroche de lugares comunes: vistas áereas, cuerpos tostándose al sol, delicias gastronómicas... La originalidad brilla por su ausencia. Por eso me ha gustado el de Vizcaya de este año, ambientado en una tormentosa noche de 1550 en un ambiente muy propio de esta bitácora. Su protagonista es nada menos que Nostradamus, el vidente francés que no vio nada, al que se atribuyen tantas tonterías y al que un periódico madrileño achacó, en su primera página del 13 de septiembre de 2001, la predicción del ataque terrorista contra las Torres Gemelas, cuando en realidad la cuarteta que presentaba era falsa. Idem Producciones ha aprovechado la universalidad del personaje para darle una vuelta a la campaña de promoción turística de la Diputación de Vizcaya, institución que nos ha enviado el anuncio para que lo vean en el universo digital. ¡Ah!, si lo que quieren es saber toda la verdad sobre el famoso vidente, desempolven su inglés y leánse The mask of Nostradamus, del ilusionista James Randi. Mientras tanto, disfruten con Vizcaya. La revelación.
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Misterios a la luz de la ciencia
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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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