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11 Ago 2008


Cientos de españoles se despertaron el primer domingo de septiembre de 1975 con habilidades paranormales. Horas antes, habían doblado cucharas y arreglado relojes con el poder de la mente siguiendo las indicaciones de Uri Geller. "Estábamos viendo la televisión cuando mis hijos decidieron participar en el número de los cubiertos. Todos lo intentamos, pero sólo yo logré el propósito. Mis hijos se reían; yo también. He tratado otra vez de conseguir los mismos efectos y siempre con resultados positivos", explicaba días después una mujer. Otros espectadores pusieron en marcha viejos relojes que hacía tiempo habían dejado de funcionar.

Más de 10 millones de españoles siguieron en la única cadena de entonces (TVE) la entrevista que José María Íñigo hizo a Geller en el magacín sabatino Directísimo el 6 de septiembre de 1975. El joven decía tener poderes sobrenaturales que le permitían romper cubiertos y reparar relojes mágicamente. Por si a alguien le cupiera duda, demostró ambas habilidades en vivo ante un asombrado Íñigo. El lunes siguiente, 10.000 personas hicieron cola en unos grandes almacenes de Madrid para conseguir una copia firmada de la autobiografía del dotado.

Habilidades esquivas

Geller es hoy multimillonario. Vive en Reino Unido, publica libros y kits de autoayuda sobre cómo desarrollar el poder mental, y de vez en cuando aparece en programas de televisión. A los 62 años continúa alardeando de su capacidad de doblar cucharas, de arreglar relojes frotándolos entre las manos, de adivinar lo que alguien ha dibujado y guardado en un sobre opaco, mover la aguja de una brújula con el pensamiento... Su biografía incluye, además, contactos con extraterrestres –que son quienes le otorgaron sus superpoderes cuando tenía 3 años–, el haber trabajado como psíquico para la CIA y el haber usado sus poderes para descubrir, por encargo de multinacionales, importantes reservas minerales. Y sigue teniendo un éxito desigual a la hora de demostrar sus habilidades: le funcionan con los parapsicólogos, pero se esfuman delante de los magos.

El más famoso doblador de cucharas evita a los ilusionistas desde que en 1973 hizo una demostración de sus dotes en la redacción de Time> sin saber que actuaba ante James Randi, un mago azote de todo tipo de charlatanes que reprodujo sus poderes, "demostrando –según el periodista científico Leon Jaroff– que sólo eran necesarias unas manos rápidas y psicología". Pero ni eso, ni que Geller empezara su carrera como prestidigitador en salas de fiesta israelíes, ni que en 1974 confesara que recurría al ilusionismo a veces "con objeto de aumentar la fama y el dinero", ni que su agente reconociera en 1978 que empleaba trucos y cómplices en sus actuaciones, mina la fe de sus fieles, quienes sostienen que recurre a trucos sólo cuando le fallan sus poderes extraordinarios.

Dos años antes de su primera aparición en TVE, su debut en la estadounidense fue un fiasco, como puede comprobar cualquiera en YouTube para desgracia del dotado. "Fallé delante de 40 millones de personas", admite. Lo hizo en el Tonight Show de Johnny Carson, por una razón muy simple: el presentador le sometió a un estricto control para evitar trampas. Ayudado por Randi, dio el cambiazo a las cucharas y los otros objetos que Geller había llevado al estudio, y éste no pudo ejecutar ninguno de sus prodigios. Lo mismo le pasó en España en ETB en 1986 cuando se dejó su cubertería en el hotel de San Sebastián donde se alojaba. Tampoco arreglará nunca un reloj digital. Tiene que ser mecánico y no estar averiado, sólo parado. El calor de las manos hace que se licúe el aceite solidificado y la maquinaria vuelva a funcionar, aunque sólo durante unos minutos. Por eso el dotado puso en Directísimo los relojes boca abajo poco después de que echaron a andar.

Poder de autopromoción

"Puedo repetir todos los efectos de Uri Geller", asegura el mago Jorge Blass. Hace treinta años, su colega José Luis Ballesteros viajó por toda España demostrando que simular habilidades paranormales está al alcance de cualquier mago y se dedicó durante un tiempo a la caza de ilusionistas camuflados de tipos con superpoderes, como asesor de la Sociedad Española de Parapsicología. El presidente de la entidad, Ramos Perera, publicó en 1975 un libro, Uri Geller al descubierto, en el que prueba que el psíquico no es tal. Pese a ello, ninguno de quienes desde entonces han compartido en nuestro país plató con él ha tomado las mínimas precauciones para evitar ser engañado, así que han seguido produciéndose milagros.

La carrera de Geller como asesor de gobiernos y empresas es tan real como sus poderes. "Recuerdo que hizo algún tipo de maniobra mental que dio como resultado una cuchara doblada. Sin embargo, que me leyera la mente y otras cosas que él dice que tuvieron lugar, simplemente, no es verdad", sentenciaba hace años Henry Kissinger. Al igual que el ex secretario de Estado norteamericano, la CIA y directivos de Pemex y de la sudafricana Anglovaal Corporation han negado cualquier relación con el psíquico. "Nadie puede dudar de los poderes sobrenaturales de Geller para la autopromoción", admite el periodista Matti Friedman.

El efecto Geller, sin duda, existe, aunque no consiste en la habilidad de doblar cucharas mediante poderes sobrenaturales –algo nunca demostrado ante quien mejor está preparado para detectar trampas, un prestidigitador–, sino en otra mucho más sorprendente destacada por Arthur C. Clarke. Para el recientemente fallecido autor de ciencia ficción, "la habilidad de un ilusionista capaz, pero quizá no excepcional (aunque sólo sus colegas pueden juzgarlo), de tener un impacto mundial tan extraordinario y de convencer a miles de personas inteligentes de su autenticidad merece una seria consideración".


El libro

Uri Geller al descubierto (1975): El parapsicólogo Ramos Perera desenmascara al psíquico poco después de su presentación en España.

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22 Jun 2003

"Recuerdo que hizo algún tipo de maniobra mental que dio como resultado una cuchara doblada. Sin embargo, que me leyera la mente y otras cosas que él dice que tuvieron lugar, simplemente, no es verdad". Quien habla es Henry Kissinger; de quien habla es de Uri Geller. A mediados de los 80, el supuesto psíquico afirmaba haber puesto sus poderes al servicio de la CIA y haber hallado, contratado por multinacionales, importantes reservas minerales. Al igual que el ex secretario de Estado norteamericano, la CIA y directivos de Pemex y de la sudafricana Anglovaal Corporation negaron cualquier relación con el dotado. Su carrera como asesor psíquico era tan ficticia como sus poderes.

Geller tuvo en su desembarco en España en 1975 mejor suerte que en Estados Unidos y eso le ha rodeado en nuestro país de un halo de misterio. Mientras que ante José María Íñigo hizo alarde de todas sus habilidades -desde doblar cucharas hasta poner en marcha relojes-, cuando su anfitrión televisivo fue Johnny Carson no dio una. "Fallé delante de 40 millones de personas", admite. Se estrelló con todo el equipo en el Tonight Show de la NBC por la sencilla razón de que Carson, ilusionista aficionado, le sometió a un estricto control para evitar cualquier truco. Porque eso es lo que hace Geller: usa cucharas preparadas; lee el movimiento del extremo superior del lápiz con el que dibuja otra persona lo que va él a adivinar telepáticamente; mueve una brújula con un imán escondido; distrae a su interlocutor y dobla una llave contra la pata de una silla... Y la gente pica. No en vano, como indica el escéptico Martin Gardner, "Geller tiene una abrumadora ventaja sobre cualquier mago: actúa como psíquico".

De hecho, Geller huye de los ilusionistas desde que en 1973 hizo una demostración de sus dotes en la redacción de Time sin saber que actuaba ante James Randi. El mago duplicó sus poderes, "demostrando -según Leon Jaroff, redactor de la revista- que sólo eran necesarias unas manos rápidas y psicología". Pero ni eso, ni que empezara su carrera como ilusionista en salas de fiestas israelíes, ni que en 1974 confesara que recurría a la magia a veces "con objeto de aumentar la fama y el dinero", o que su agente Yasha Katz reconociera en 1978 que empleaba trucos y cómplices para sacar adelante sus actuaciones, mina la fe de quienes, como en 1976 Arthur Koestler, mantienen que "Uri presenta desde luego un 25% de fraude y otro 25% de showman, pero el 50% restante es auténtico".

Publicado originalmente en Muy Especial.

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