10 Feb 2008
Es difícil dar en tan poco tiempo tanta información tan poco fiable. No es cierto que estemos ante "calaveras para las que no se tiene una explicación" (Carmen Porter); que la descubierta por F.A Mitchell-Hedges proceda de Belice (José Luis Cardero) y fuera encontrada en una pirámide maya (Nacho Ares); que no se sepa con qué maquinaria se han tallado y pulido (Porter); que se haya demostrado que el cráneo del Museo Británico y otras dos piezas similares, a escala microscópica, "no tienen marcas de herramientas", "es como si la piedra hubiese cristalizado así" (Santiago Camacho)... Y no hablemos de las propiedades mágicas de los cráneos: ¿dónde están las pruebas, expertos de Cuarto Milenio? La verdad es que lo que los arqueólogos e historiadores saben de las calaveras de cristal es mucho: saben que son un fraude, que no hay constancia de que ninguna se haya descubierto jamás en un yacimiento arqueológico, que no tienen nada que ver con los mayas, que fueron talladas mecánicamente y que se hicieron en Europa en el siglo XIX. ¿A que no han escuchado nada de esto en los cinco minutos que el coleccionable de El País dedica al presunto enigma? Bienvenidos a la nave del misterio.
No esperaba, por otro lado, mucho de la aventura de Javier Sierra en TVE, pero aún así Enigmas me defraudó. Se limitó a ser que una sucesión de microrreportajes a los que el misteriólogo y novelista daba entrada desde un plató que parecía salido de la Noche de fiesta de Jose Luis Moreno. El potaje de enigmas tocó casi todos los palos, siempre de una forma tramposa, porque Sierra y su equipo han contado la verdad de los misterios expuestos, pero no toda la verdad. Por poner un ejemplo, en el reportaje dedicado a las hermanas Fox -inventoras del espiritismo en los Estados Unidos del siglo XIX- les faltó incluir un dato: la confesión pública de las protagonistas de que toda su carrera mediúmnica había sido un fraude. Ya saben, una minucia, aunque entonces el misterio inexplicado no lo sea tanto. Las historias de reencarnaciones -con una niña india hábilmente recolocada por sus padres como reencarnación de una pequeña de una familia con posibles y un Osel que ha renegado del budismo- resultaban de un cutre impresionante y la del cirujano psíquico de rigor, sin contar que ese tipo de curanderos hace tiempo que han sido desenmascarados, impresionante porque juega con la esperanza de personas con graves enfermedades. La recreación de las apariciones de la Virgen de Unbe -que ni siquiera acepta la Iglesia católica, así que imagínense cómo son- me recordaba a una hecha hace ya muchos años por la misma cadena pública que pasa de divulgar cultura, pero no falsos misterios.
Cuarto Milenio y Enigmas son dos ejemplos de productos televisivos cuyos responsables tienen alergia a la información veraz. Me ocurre con estos programas lo mismo que con los llamados del corazón, que no entiendo la pasividad de la gente. Respecto al chismorreo, creo que los afectados, los famosos por su trabajo -no los famosos porque sí-, podrían hacer mucho por acabar con ello: que la cadena X tiene un programa de esas características, pues no se conceden entrevistas a esa cadena ni se permite la entrada de sus profesionales -no del programa en cuestion, sino de toda la cadena- a los actos que uno organice. De ese modo, ya verían qué pronto las televisiones adecentarían la parrilla. Las organizaciones de espectadores también lo tendrían fácil: bastaría con que publicasen periódicamente una lista de las firmas que se anuncian antes, durante o después de esos espacios -o que colaboran en el vestuario, por ejemplo- para que la gente pudiera tomar nota de quienes financian y apoyan la telebasura y obrara en consecuencia.
"Me fascina que se tolere algo semejante [se refiere a la telebasura] y la sociedad civil no reaccione ante eso", dice Antonio Garrigues Walker en la interesante entrevista que le ha hecho César Coca, vecino de Divergencias, y que hoy publica El Correo. El abogado e intelectual madrileño recuerda que del auge de la bazofia televisiva "todos somos culpables" porque tenemos en nuestra mano luchar contra ello. "Si a alguien no le gustan, tendría que escribir sobre ellos o, como harían en EE UU, crear un lobby en su contra". ¿Acaso no podrían hacer algo en esa línea todos -científicos y no científicos- los que están contra la promoción de la pseudociencia y la superchería, contra la telebasura, radiobasura y prensabasura pseudocientífica, más allá de firmar cartas y manifiestos? ¿Qué piensan ustedes?
26 Ene 2008
El País entrega a partir de mañana una colección de veinticinco libros-DVD de Cuarto Milenio. Como lector del diario, me pregunto si a partir de ahora las informaciones de éste van a acomodarse al patrón de rigor de Iker Jiménez, que tan condescendientemente fue entrevistado en El País Semanal nada más arrancar 2008. Patrañas presentadas como hechos comprobados -acuérdense del cosmonauta fantasma, la leyenda de Ochate y la conexión Lincoln-Kennedy, por citar sólo tres ejemplos- son la esencia del programa que dirige y presenta Jiménez en Cuatro. No ha pasado ni un mes desde el final de Año de la Ciencia y el diario más vendido de España se vuelca en la promoción la superstición y la pseudociencia. Es lo que hay.
06 Ene 2005
La nueva publicación del CSICOP nació en un momento en el que la hasta hace poco única revista escéptica en español atravesaba una crisis sin precedentes. Los problemas de edición que ha sufrido en los últimos años El Escéptico han convertido su periodicidad en un misterio. El último número de la revista de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico data de marzo de 2004, hacía referencia en su sección de noticias a hechos sucedidos un año antes y, como apuntó en su día José Luis Calvo, es "un borrón en la buena marcha de esta publicación". Lo mejor de ese ejemplar de El Escéptico es que llegó acompañado de un CD con los dieciséis números anteriores en formato PDF, un regalo de primera que ha permitido a muchos suscriptores y socios de ARP tener todos los números de la revista -muchos de ellos, agotados- y que quien quiera puede adquirir por sólo 5,97 euros. El desastre del número 17 se ha plasmado en un cambio de diseño -únicamente puede ir a mejor- en el 18, a punto de salir. La revista mantiene en la portada una periodicidad cuatrimestral que es otra de sus asignaturas pendientes.
El Escéptico Digital, el boletín electrónico de ARP, vivió también un año agitado. Pedro Luis Gómez Barrondo dejó su dirección por problemas de salud y más de un grave quebranto informático, y se hicieron cargo de ella en enero Vicente Prieto y Óscar David Sánchez. Después de diecinueve números, Prieto y Sánchez dimitieron hace unas semanas tras la publicación del número especial dedicado a las caras de Bélmez, el mismo que el periodista mexicano Mauricio-José Schwarz adjuntó a un manifiesto en el que se reclamaba a los periodistas españoles rigor a la hora de hablar de los llamados fenómenos paranormales, y en particular de las caras de Bélmez. La iniciativa de Schwarz y el número extraordinario del boletín preparado por Prieto y Sánchez recibieron bastante atención de los medios de comunicación, pero sorprendentemente se generó una polémica interna en ARP que conllevó la dimisión de los directores de El Escéptico Digital, a quienes ha sustituido el abogado tinerfeño Luis Javier Capote Pérez.
Oasis en la Red
No fue 2004 un mal año para la presencia escéptica en Internet. A las organizaciones que llevan tiempo en la Red, como ARP, se sumó un creciente número de individuos que usa las modernas herramientas de publicación para exponer sus ideas al mundo y estar a la que salta, con una agilidad impensable hasta hace poco. Pronto será necesario un directorio para navegar por las bitácoras racionalistas en español, muchas de las cuales actualizan su información varias veces por semana. La incorporación más llamativa a esta comunidad ha sido la de El retorno de los charlatanes, donde Schwarz se ha convertido en el catalizador de un grupo de activos incrédulos que promete. Este divulgador científico botó su proyecto en enero y, menos de un año después, ha sido uno de los artífices del golpe más fuerte que se ha dado en España a la irracionalidad desde hace mucho tiempo, la denuncia del fraude de las caras de Bélmez. El periodista mexicano mantiene además la lista de correo Charlatanes, un "espacio de diálogo sobre lo paranormal, el ocultismo y el pensamiento crítico, sin ninguna censura, sin moderación y libre".
Otros impulsores de la iniciativa escéptica sobre el enigma de Bélmez fueron Fernando L. Frías, un veterano de la lucha contra la sinrazón; Gerardo García-Trío, que se estrenó en Bajo el volcán en junio y es el padre del Kit de Teleplastias ACME, con el que ha puesto las caras del pueblo jienense al alcance de cualquiera; el parapsicólogo Francisco J. Máñez, el primero en descubrir el método por el que seguramente se consiguieron los últimos rostros; y Ricardo Campo, filósofo de la Universidad de La Laguna que dio a luz en julio la bitácora Mihterioh de la Siensia y vio publicado su libro Luces en los cielos (Editorial Benchomo), la primera obra escéptica sobre los ovnis escrita en España con afán divulgador. La denuncia del montaje de Bélmez fue también un plato fuerte en Paranormalidades, de Josué Belda, y Uno por Uno, Uno; Uno por Uno, Dos; Uno por Uno..., la web de Lola Cárdenas, quien viajó hasta el pueblo andaluz para ver con sus propios ojos el milagro de las caras.
Pero no sólo de Bélmez vivieron los escépticos hispanos en Internet. La Historia tiene ahora tres vigilantes muy activos en En las Estancias de Clío, de Luis Torres; Mítica, de Toni M. Jover; y la nueva bitácora de José Luis Calvo, que cerró El triunfo de Clío, pero abrió Escritos desde el Páramo. Además, Luis Ruiz Noguez (México), Diego Zúñiga (Chile) y Kentaro Mori (Brasil) abrieron el 10 de octubre el sitio escéptico Perspectivas, haciéndose rápidamente merecedores de una fantasmal denuncia de Bruno Cardeñosa.
Los engañabobos, al ataque
En el mundo real, además de la denuncia del engaño de Bélmez, hubo otros momentos destacados: la conclusión y reemisión de Planeta encantado, la serie televisiva de Juan José Benítez; la llegada a la televisión española del primer reality show paranormal, El castillo de las mentes prodigiosas, y la celebración de una Alerta ovni el 25 de junio. Planeta encantado fue emitida primero por la Televisión Española (TVE) popular y luego por la socialista, y en ambos casos quedó claro que el reino de los escépticos organizados no parece ser de este mundo. ARP tardó en pronunciarse sobre los continuos disparates vertidos por Benítez en la televisión pública nada menos que tres meses. Reaccionó el 15 de enero, justo después del episodio titulado Mirlo rojo, cuando faltaban sólo cuatro días para el final de la serie, cuando ya no servía para nada. Aunque más grave fue lo que hizo cuando volvió a emitirse durante el verano, ya con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa: nada.
Algo parecido hicieron los museos de la ciencia y planetarios cuando el equipo de Milenio 3, el programa de la Cadena SER dirigido por Iker Jiménez, intentó engañar a varios de ellos para que participaran en una Alerta ovni que se les presentó como una noche de observación astronómica. ¿Por qué los planetarios y museos de ciencia no emitieron un comunicado denunciando las artimañas de los engañabobos? La respuesta sigue en su tejado medio año después, pero los ciudadanos tenemos derecho a pedírsela a unas instituciones que dicen defender el pensamiento crítico. Otro enigma para el cual no tengo respuesta es el que rodeó a la participación de Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, en El castillo de las mentes prodigiosas, una muestra de telebasura en la que el ex presidente de ARP aguantó cuatro semanas.
Nosotros convocamos el Proyecto Magonia para la noche de la Alerta ovni de la SER. Queríamos "poner a prueba la fiabilidad como testigos de los aficionados a los platillos volantes y la sagacidad como investigadores de los ufólogos" y, para ello, animamos a todo aquél que quisiera a crear estímulos que pudieran pasar por algo misterioso. Al final, no participó nadie, pero los ufólogos anduvieron con pies de plomo, no llenaron los cielos de naves nodriza porque temían que cualquiera de ellas fuera obra de un bromista. Además, la Fundación Anomalía concedió a esta web el premio Cuadernos de Ufología y viajé al Véneto (Italia) para asistir en octubre en el Quinto Congreso Escéptico Mundial, celebrado en Abano Terme, donde a petición de Paul Kurtz tuve una breve intervención.
23 Nov 2004
29 Mar 2004
El último invento de la productora Gestmusic para Antena 3 -una de las tres cadenas de televisión privadas que abarcan todo el territorio español- lleva el título de El castillo de las mentes prodigiosas. La acción se desarrolla en unos estudios y los protagonistas son un grupo de pícaros de lo paranormal que, cuando no dan risa, dan pena. A falta de castillo y de mentes prodigiosas, hay morbo y zafiedad a raudales, una presentadora que luce escote y un jurado -formado por una aristócrata, un astrofísico, un cura, un periodista y una vidente- que en la primera entrega se limitó a seguir las evoluciones de los monstruos desde la barrera. Telebasura en estado puro.
El declarado objetivo de esta especie de Operación Triunfo esotérica es anecdótico: que los concursantes demuestren, "día a día, experimento a experimento, reto a reto, que realmente poseen esos dones prodigiosos que algunos incrédulos les niegan". Lo cierto es que estamos ante una muestra más de la inmundicia que anega la programación de las televisiones españolas, ya sea en forma de programas de cotilleo o de reality shows. Por eso, había prestado tanta atención a El castillo de las mentes prodigiosas como a cualquiera de los bodrios con que nos viene regalando la pequeña pantalla hasta que, cuando intentaba el 23 de marzo entender los últimos hallazgos del todoterreno Opportunity en Marte, me llegó un mensaje al teléfono móvil: "Empezó el circo. Armentia y D'Arbó junto a Aramís y Apeles en el jurado". Como un resorte, abandoné mi mesa de trabajo para ver unos minutos del engendro, cosa que no consiguieron ni con Gran hermano ni con ninguna de sus secuelas hoteleras, musicales o del tipo que sean. Todavía no me he recuperado.
Lo que me ha sorprendido de El castillo... es la presencia de Javier Armentia entre quienes han de juzgar las habilidades de los brujos, que han sido seleccionados entre lo más cutre del escenario paranormal iberoamericano. Durante las últimas semanas, me habían llegado rumores de que a varios escépticos les habían ofrecido formar parte del tribunal, pero había descartado que alguno de ellos se prestara a tal juego. Me precipité. El más popular de los escépticos españoles ha dicho que sí a los cantos de sirena de la productora de Toni Cruz y Josep Maria Mainat. Armentia, el mismo que tantas veces ha plantado cara valientemente a la pseudociencia y que sacó al movimiento escéptico de las cavernas en los años 90, hace un flaco favor a la causa racionalista al acudir al programa que presenta Alicia Senovilla. Porque sus hechos contradicen las duras críticas a la telebasura que ha escrito en los últimos años, le equiparan indirectamente a personajes como Aramís Fuster y el padre Apeles -son sus colegas de tribunal- y permiten a Gestmusic utilizar su imagen para intentar dignificar un producto vomitivo. Y me da rabia porque es mi amigo.
Sin el director del Planetario de Pamplona, El castillo... hubiera sido lo mismo que con él, una simple feria de monstruos. Dudo que alguien con una neurona activa se tome en serio a la insultante bruja Lola, al verdulero Paco Porras, a la siliconada Leevon Kennedy y al resto de la troupe. El grupo de concursantes representa lo peor de lo peor. "¿Mentes prodigiosas? En todo caso, egos desmesurados, sombreros y túnicas estrafalarios y, sobre todo, muchas ansias por chupar cámara y ganar dinero", ha escrito en El Mundo el crítico Javier Lorenzo, para quien calificar de mente prodigiosa la de "cualquiera de los analfabetos funcionales que ahí se encuentran es, además de un terrible sarcasmo, un insulto a la inteligencia de los españoles; los cuales, por cierto, ya han emitido su inapelable veredicto al concederles un exiguo 14% de audiencia". Ése fue el porcentaje de espectadores que siguió las andanzas de los brujos en una noche inaugural en la que el público del estudio no podía contener la risa ante la continua bufonada.
No sé qué ha llevado a Armentia a poner en la picota una imagen y una credibilidad ganadas a pulso. El texto que a título de explicación ha colgado en su web dice mucho menos de lo que parece. Se explaya en disquisiciones sobre lo que es la telebasura y recuerda que ha participado en programas de televisión serios y menos serios, como Moros y cristianos, Toma y daca, Rifi-Rafe y otros. Conozco algunos de los espacios que cita Armentia por haber intervenido en ellos. No estamos hablando de debates al estilo de La clave; pero tampoco de nada remotamente parecido a El castillo.... La diferencia fundamental es que en aquellos programas se podía discutir y que, a pesar de que el productor de turno casi siempre trataba de colar a algún freak, éste solía salir escaldado; no era el protagonista alrededor del cual se organizaba la acción. Lo contrario que en el nuevo reality show de Antena 3, donde todo gira en torno a una decena de estrafalarios personajes, algunos de más que dudosa catadura. Por si eso fuera poco, antes, ciencia y superchería no solían compartir bando, sino que estaban claramente enfrentadas. Ahora, esa situación da un vuelco: la aristócrata Beatriz de Orleans, el astrofísico Javier Armentia, el cura José Apeles, el periodista Sebastiá D'Arbó y la vidente Aramís Fuster están en el mismo palco, el de los jueces. Los cinco han sido investidos con la misma autoridad, una simbólica capa roja.
Aunque el más hábil de los escépticos hiciera un papel digno en un programa de estas características, ¿serviría para algo? Pienso que no. Al espectador de El castillo... no le interesa ni lo paranormal ni los argumentos de Armentia, sino mirar por el ojo de la cerradura de esa mansión en la que viven los concursantes para ver quién se acuesta con quién, quién insulta a quién, quién corteja a quién, quién golpea a quién, quién está más loco, quién es más iracundo, quién es el más odiado... Es la misma mierda que Gran hermano, un formato que ha demostrado lo barato que venden algunas personas su dignidad y su intimidad. De los habitantes de la fortaleza de los magos, no han trascendido cantidades, pero este tipo de productos mueve mucho dinero. No lo duden. Valga un ejemplo: en una llamada telefónica de contacto a un posible miembro del tribunal, la productora ofreció unos 1.000 euros por programa, más gastos. Era el punto de partida de la negociación para un juez con bastante menos nombre que cualquiera de los cinco finalmente elegidos.
Las diferentes posturas dentro de la comunidad escéptica frente al paso dado por Armentia -hay quienes no dudan en felicitarle, quienes están a la espera de lo que haga y somos una minoría, al parecer, quienes creemos que ha metido la pata- parten de la respuesta a una pregunta: ¿deben los escépticos ir a todos los sitios de los que les llamen? Yo creo que no. Y a esa conclusión parece que también llegaron los directivos de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico cuando descartaron enviar a alguien a El castillo... en representación de la entidad, a pesar del interés manifestado por Gestmusic, que podría haberse materializado en forma de un buen fajo de euros. Quienes mantienen que hay que participar en este tipo de programas harían bien en preguntarse por qué destacados representantes del esoterismo español se han negado a hacerlo, por qué los creyentes en lo paranormal consideran lamentable el último proyecto de Cruz y Mainat, y por qué la inclusión de un escéptico entre el elenco ha sido recibida con alborozo por los fabricantes de misterios. Es lógico: la decisión de Armentia salpica no sólo a él, sino también a la organización que presidió durante tantos años y de la que sigue siendo el rostro más conocido, y de rebote al resto de los escépticos españoles. Nadie lo puede evitar y únicamente cabe desear que el portón de esa guarida freak caiga para siempre cuanto antes. Ya sabemos que los encerrados no tienen ningún poder: en su debut, les vieron cuatro gatos.
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Luis Alfonso Gámez
Una ventana crítica al mundo del misterio
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