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21 Oct 2009

Pello Zabala, temporólogo mayor de Euskadi, augura hoy en la prensa que nos queda sólo un mes de otoño. "Estas témporas llegaron con las riadas que se produjeron en la costa de Bermeo. Fue una única tormenta. A pesar de aquellas lluvias, dije que la primera parte del otoño iba a ser buena, que iba a dominar el viento francés y que, de vez en cuando, soplaría del suroeste. Así ha sido. Sin embargo, a mediados de noviembre cambiará todo. Será allá por el 16 cuando empecemos a sentir el invierno. Sería lo normal. 'Por todos los Santos, nieve en los altos'", sentencia en la entrevista que publica hoy El Diario vasco.

El franciscano acaba de publicar un libro de meteorología en el que, dicen, conjuga el saber popular con el científico. Así que lo vamos a ver durante unos días en los medios hablando de las excelencias de las témporas, el sistema de predicción del tiempo basado en la observación del cielo en unos días mágicos. Las témporas son magia, pura superstición, pero los medios de comunicación vascos les dan publicidad constantemente. Si las témporas funcionan, ¿para qué nos gastamos millones de euros en sistemas científicos de predicción del tiempo? El impulso periódico que recibe la anticiencia temporológica en los medios de comunicación choca con que proporcionen a su público información meteorológica científica por considerarla la más fiable. ¿Para qué incluyen los periódicos, radios y televisiones que dan cancha a Zabala y sus colegas información sobre el tiempo basada en la meteorología científica? Podían dejar sólo la hecha por los temporólogos, que nunca han predicho ningún fenómeno catastrófico ni lo harán, o publicarla en paralelo a la de los meteorólogos y que la gente elija libremente con qué quedarse, y apechugue con las consecuencias.

Es el de las témporas un ejemplo más de la condescendencia de los medios con los charlatanes, que tiene su ejemplo más evidente en la astrología. La mayor parte de los diarios españoles seguimos publicando el horóscopo como si tuviera algún valor informativo, cuando todos sabemos que carece de él. Y, al no incluir una leyenda de advertencia en ese sentido -"Estos pronósticos astrológicos tienen únicamente un valor lúdico. Carecen de todo fundamento científico"-, el lector puede concluir legítimamente que tiene que dar al horóscopo la misma credibilidad que al resto de informaciones, artículos, columnas y editoriales del periódico, lo que en algunos casos es desgraciadamente cierto.

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04 Abr 2008

"Todo el mundo asistiría atónito a un informativo económico en el que recomendaran a los Piscis invertir en constructoras y a los Géminis vender eléctricas. Ningún locutor hablando sobre política diría que los resultados electorales del partido X han ido bien porque ha habido una conjunción astral. Un analista internacional no afirmaría que la invasión de Líbano o la de Irak ha sido inducida por extraterrestres. Sin embargo, en la información meteorológica es habitual contemplar imágenes el Meteosat de segunda generación junto a predicciones basadas en las témporas. Las predicciones temporológicas y las basadas en métodos internacionalmente aceptados comparten espacio y aspecto externo en muchos de los medios de comunicación de Euskadi. Pero no están al mismo nivel. La meteorología es una ciencia; las témporas son una superstición, aunque tengan arraigo y demanda populares", recuerdan los físicos Jon Sáenz, Agustín Sánchez Lavega, Gabriel Ibarra, Agustín Ezcurra, José Félix Rojas, Ricardo Hueso y Santiago Pérez Hoyos, hoy en El Correo y El Diario Vasco.

La reflexión de estos profesores e investigadores de la Universidad del País Vasco, titulada 'Sobre témporas y predicciones', viene a cuento de una reciente entrevista al franciscano Pello Zabala, publicada en ambos periódicos, en la que el clérigo decía todo tipo de tonterías impunemente. A saber: "el de Noé ha quedado como prototipo de todos los diluvios, pero ha habido muchos otros antes de Noé"; "las témporas de la Iglesia son del siglo IV, pero posiblemente vienen de antiguas celebraciones de gente del campo"; "las témporas no te predicen en concreto lo que va a hacer ni hoy ni mañana, pero te dan la tendencia de lo que puede pasar en 15 ó 30 días"; "cuando el invierno ha sido lluvioso, abril suele ser generalmente de poca agua"... Tan grave como esa propaganda gratuita a las irracionales ideas del clérigo del monasterio de Arantzatzu es el apoyo institucional que ha recibido, ya que la entrevista venía motivada porque el Centro Meteorológico del País Vasco había invitado miércoles a nuestro temporólogo de guardia a dar una conferencia sobre 'La observación meteorológica desde el Antiguo Testamento' para conmemorar el día mundial de la especialidad. Sería como si el Ministerio de Ciencia y Tecnología confiara la promoción de la cultura científica a Iker Jiménez (ya sé que es un riesgo dar ideas de este tipo).

Lo dije hace casi dos años y lo repito: "En un alarde de coherencia, los medios que jalean a estos augures deberían dejar de ofrecer al público la predicción meteorológica de la mano de científicos y contratar en plantilla o como colaboradores a pastores y frailes oteadores del cielo. Lo mismo tendrían hacer los aeropuertos, los servicios de vigilancia marítima, los de protección civil... Además, si hiciéramos caso a estos brujos de las nubes y el viento, nos ahorraríamos una pasta en satélites, globos, cohetes y dispositivos terrestres de vigilancia meteorológica y eso nunca viene mal". Hay quien cree que un tipo que sale a la puerta del caserío y mira al cielo tiene alguna posibilidad de hacer una predicción acertada a medio o largo plazo simplemente porque en los medios hablamos de vez en cuando de las témporas como si fueran algo serio, cuando no lo son. Lo que hay que tomarse en serio, y mucho, es la difusión de éstas y otras paparruchas por lo que implica de dar cancha al pensamiento mágico, el mismo en el que se basan las bobadas de ese otro Panoramix llamado Txumari Alfaro, que tanta publicidad gratuita ha recibido últimamente en prensa, radio y televisión por la publicación de su libro Un cuerpo para toda una vida.

'Naturtonterías'

"La mala alimentación nos hace ser más déspotas, agresivos, más tiranos, ser más racistas... Si una persona toma tres whiskys, su percepción cambia. En esa misma medida, el que come mucha carne, dulces, envasados, enlatados... está tomando alimentos que no tienen vida. Es una persona que tiene menos resistencia a la enfermedad y eso hace que su mente se altere", argumentaba en una reciente entrevista este defensor de beberse la orina porque es algo que hacen muchos chinos. Vamos a ver, lo de la percepción y el alcohol está claro, aunque eso no signifique que su uso moderado nos haga más de todo de lo que pontifica el bonachón de Alfaro. Respecto a que consumimos "alimentos que no tienen vida", ¿qué quiere que hagamos, que comamos el pescado vivito y coleando, la carne entre mugidos de la vaca y arranquemos los vegetales de la tierra a mordiscos? Pues parece que sí: "No tiene miopía, diabetes o hipertensión porque come y bebe cuando lo necesita y toma el alimento en su estado puro", declaraba hace poco respecto al animal salvaje, como si no existiera el antílope ese de los documentales de La 2 que hasta el más intelectualmente holgazán sabe que caza la leona porque está pachucho. Y qué decir de su colega Ana Moreno, quien mantiene sobre el consumo de carne: "La proteína es muy difícil de digerir y al no ir acompañada de fibra se queda en el intestino grueso y produce estreñimiento. El tener un alimento putrefacto en este órgano es uno de los principales motivos del cáncer de colon. Además el resto de males de nuestros días, como el colesterol, está directamente relacionado con la carne". Ya nos enseñó la Iglesia, siempre tan preocupada por el bienestar hasta de los que no queremos ir al Cielo, que todos los males se deben al mundo, el demonio y la carne. Y los naturópatas, que también nos quieren salvar a nuestro pesar, amplían la demonización del sexo a la del chuletón.

Estas disparatadas afirmaciones sobre nuestra alimentación, y otras muchas del mismo estilo, se publicitan con más o menos asiduidad en los medios sin que se repliquen desde la ciencia. Y ese silencio es peligroso, es una cesión a la mentira, a la anticiencia y a la ignorancia, que, ante el mutis científico, cobran verosimilitud para unos ciudadanos cuya principal fuente de (des)información somos los medios de comunicación. Los científicos, a la mayoría de los cuales pagamos con nuestros impuestos, deben mojarse en la educación de la ciudadanía y llamar a las cosas por su nombre. Por eso, desde las facultades de Farmacia y Medicina ha de responderse a las patrañas naturópatas con la misma claridad que los físicos antes citados en el caso de las témporas. Y, respecto a la actitud del Centro Meteorológico del País Vasco, ¿se imaginan a la Sociedad Española de Nutrición invitando al boticario de la abuela a dar una charla científica? Pues es el equivalente a lo que ha hecho la delegación en Euskadi de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

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12 Sep 2006

"En lo sustancial, son lo mismo los fundamentos del conocimiento científico y de la sociedad abierta. Ambos se basan en la duda, la libertad de expresión, la tolerancia y el optimismo, y ambos tienen como sus mayores enemigos a los prejuicios, la intolerancia, el dogmatismo y el pesimismo", dijo Juan Ignacio Pérez, rector de la Universidad del País Vasco (UPV), en una charla que dio en la jornada Ciencia y Sociedad, organizada por la Fundación Elhuyar, en Usurbil (Guipúzcoa) el 27 de junio. El responsable universitario mostró en esa intervención -titulada 'La importancia de la divulgación científica' y que hoy publica el Círculo Escéptico- su preocupación porque "las actitudes contrarias a la ciencia y a la evidencia son cada vez más fuertes en nuestra sociedad, a la vez que se imponen el dogmatismo y el fundamentalismo".

Pérez alerta en su disertación sobre el peligroso avance de la pseudociencia. "Si se otorga credibilidad a las supersticiones, en la misma medida se le quita al conocimiento basado en la evidencia, y eso puede ser muy perjudicial, porque de esa forma se alimentan la tendencia a la desconfianza y a la incredulidad ante la ciencia", explica, antes de advertir que "esas tendencias pueden traer consecuencias peligrosas para el futuro bienestar material e intelectual de nuestra sociedad". El rector de la UPV pone, como ejemplo de esa tendencia, la predicción del tiempo según las témporas que, al inicio de cada estación, hace Pello Zabala, fraile del santuario guipuzcoano de Arantzazu, en Euskal Telebista.

La injustificable presencia de un sistema de predicción del tiempo anticientífico en un espacio informativo de la televisión pública vasca sirve a Pérez como pretexto para ahondar en las consecuencias del pensamiento mágico. "El asunto de las témporas -apunta- puede tomarse como un hecho anecdótico de poca importancia, pero, si lo valoramos en el contexto de los ataques que en la actualidad se dirigen contra la racionalidad, debemos enfocar estas cuestiones de otra forma". El rector de la UPV cita, entre esos otros ataques, el intento de equiparar la teoría de la evolución y el creacionismo por parte de los fundamentalistas cristianos, sobre todo en Estados Unidos, y, en Europa, ese ecologismo que "rechaza con dureza avances científicos que pueden proporcionar beneficios innegables". Educación, información y divulgación son los tres componentes del fármaco que propone para curar una enfermedad con síntomas diferentes según la ocasión y el lugar, pero debidos siempre a un mismo agente patógeno: la equiparación del "conocimiento basado en la evidencia y el basado en el pensamiento mágico".

Resulta esperanzador que Juan Ignacio Pérez sea consciente del peligro de la pseudociencia y no tenga reparos a la hora de decirlo en público. Otro gallo cantaría si los responsables universitarios españoles pusiesen por sistema coto a las supercherías dentro las instituciones que dirigen y, al mismo tiempo, fomentaran la celebración de seminarios y encuentros dedicados al análisis crítico de la pseudociencia. La educación en el pensamiento crítico es una tarea en la que la comunidad universitaria puede prestar un gran servicio a una ciudadanía desorientada, por ejemplo, en lo que respecta a los transgénicos y a la energía nuclear, por citar dos asuntos del máximo interés sistemáticamente manipulados por ecologistas y políticos más deseosos de apoyos viscerales que de argumentaciones racionales.

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26 Jun 2006

Llega el verano y veo, con estupor, cómo las témporas nos invaden. Y me temo que en cualquier momento haya quien empiece en la tele a desentrañar aves para leer el futuro en sus vísceras, a clavar alfileres en un muñeco que represente a alguien a quien quiera hacer mal, a imponer las manos a un enfermo en medio de oraciones a los dioses, a exorcizar demonios o a hacer cualquier otra tontería por el estilo. No digo que alguien aparezca echando las cartas del tarot o pronosticando el porvenir según el signo del Zodiaco porque esas supercherías son comunes en la pantalla pequeña. ¿Pero las témporas en el siglo XXI?

La predicción según las témporas presupone que el tiempo que hace durante una serie de días antes de cada estación condiciona cómo va a ser ésta desde el punto de vista meteorológico. Creía que esta vieja superstición -se habla de tradición para darle una pátina de respetabilidad- había desaparecido hace tiempo, quizá porque huyo de los reportajes costumbristas de las televisiones y periódicos vascos como del agua un gato escaldado. Nunca me han interesado ni la historia de la seta o lechuga más grande, ni la de la familia de tontos del pueblo, ni, por supuesto, las predicciones temporológicas del famoso pastor del Gorbea.

Tampoco recuerdo que ningún medio se haya molestado jamás en comprobar la habilidad de los temporólogos. Así, el temporólogo de guardia en el País Vasco -ahora, es Pello Zabala, un fraile del santuario guipuzcoano de Arantzazu- hace sus vaticinios al comienzo de cada estación sin que nadie se moleste en averiguar si realmente acertó en algo en la que acaba de terminar. ¡Lo suyo es un auténtico chollo! Ya quisieran los meteorólogos de los informativos de televisión contar con la bula de estos depositarios del saber popular, y tener su buena imagen. En un alarde de coherencia, los medios que jalean a estos augures deberían dejar de ofrecer al público la predicción meteorológica de la mano de científicos y contratar en plantilla o como colaboradores a pastores y frailes oteadores del cielo. Lo mismo tendrían hacer los aeropuertos, los servicios de vigilancia marítima, los de protección civil... Además, si hiciéramos caso a estos brujos de las nubes y el viento, nos ahorraríamos una pasta en satélites, globos, cohetes y dispositivos terrestres de vigilancia meteorológica y eso nunca viene mal ¿O no?

De los temporólogos, se dice que son depositarios de la tradición, como si una tradición fuera cierta y respetable sólo por ser tradición. Que se lo pregunten, por ejemplo, a las mujeres que en algunas culturas son víctimas de la ablación del clítoris o a los negros esclavos de hace no tanto tiempo. Por de pronto, empecemos por comprobar quién predice el próximo temporal que pueda causar daños graves en el País Vasco, si el fraile de Arantzazu mirando a lo alto o el Instituto Nacional de Meteorología con sus isobaras, estaciones, globos y satélites artificiales. Yo no tengo la menor duda y supongo que la mayoría de mis colegas tampoco. Entonces, ¿por qué no dejan de una vez de dar publicidad a lo que es una bobada folclórica?

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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