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20 Abr 2008


Telecinco dedicó ayer casi tres minutos de su informativo de las 21 horas a la brujería, seguramente porque no hay nada más importante en el mundo de lo que informar. Dos equipos de la casa elaboraron sendos reportajes sobre las rogativas en Murcia a la Virgen de la Esperanza para que llueva y el Foro Internacional de Ciencias Ocultas y Espirituales que se celebra estos días en Madrid. El tono fue muy diferente: respetuoso para la invocación a la lluvia oficiada por el obispo de Cartagena, Juan Antonio Reig Pla, y humorístico para los tarotistas, lectores del aura y demás. Tanto en el estudio como sobre el terreno, los periodistas se cachondearon de los brujos y clientes reunidos en la capital de España, ¿por qué no hicieron lo mismo con los de Calasparra?

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14 Abr 2008

Flaco favor hace la agencia espacial rusa al mundo al haber decidido numerar como 14 la próxima misión Soyuz con destino a la Estación Espacial Internacional (ISS). Se pasará así de la Soyuz TMA-12, que despegó el 8 de abril del cosmódromo de Baikonur (Kazajstán), a la Soyuz TMA-14, y el argumento no puede ser más estúpido. "En Rusia, mucha gente tiene creencias supersticiosas: los gatos negros, los lunes, el número 13. Por eso pienso que es una buena idea cambiar el número de la próxima misión espacial", ha declarado Anatoly Perminov, director de Roskosmos, a la Agencia France-Presse. ¡Manda narices! Resulta que como hay mucho ignorante en Rusia, hay que seguirles el juego y no habrá misión Soyuz TMA-13. "Apoyo la idea de que (la próxima misión) sea la Soyuz TMA-14", dice Perminov. La ciencia espacial se pliega a la tontería -seamos generosos con quienes tienen cerebro no se sabe para qué- de que hacen gala quienes evitan que haya decimotercer piso en algunos edificios, decimotercera fila en algunos aviones... Y si muchos rusos creyeran que la ley de la gravedad no existe o que es conveniente disolver cianuro en el agua potable, ¿qué haría el genial Perminov?

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04 Abr 2008

"Todo el mundo asistiría atónito a un informativo económico en el que recomendaran a los Piscis invertir en constructoras y a los Géminis vender eléctricas. Ningún locutor hablando sobre política diría que los resultados electorales del partido X han ido bien porque ha habido una conjunción astral. Un analista internacional no afirmaría que la invasión de Líbano o la de Irak ha sido inducida por extraterrestres. Sin embargo, en la información meteorológica es habitual contemplar imágenes el Meteosat de segunda generación junto a predicciones basadas en las témporas. Las predicciones temporológicas y las basadas en métodos internacionalmente aceptados comparten espacio y aspecto externo en muchos de los medios de comunicación de Euskadi. Pero no están al mismo nivel. La meteorología es una ciencia; las témporas son una superstición, aunque tengan arraigo y demanda populares", recuerdan los físicos Jon Sáenz, Agustín Sánchez Lavega, Gabriel Ibarra, Agustín Ezcurra, José Félix Rojas, Ricardo Hueso y Santiago Pérez Hoyos, hoy en El Correo y El Diario Vasco.

La reflexión de estos profesores e investigadores de la Universidad del País Vasco, titulada 'Sobre témporas y predicciones', viene a cuento de una reciente entrevista al franciscano Pello Zabala, publicada en ambos periódicos, en la que el clérigo decía todo tipo de tonterías impunemente. A saber: "el de Noé ha quedado como prototipo de todos los diluvios, pero ha habido muchos otros antes de Noé"; "las témporas de la Iglesia son del siglo IV, pero posiblemente vienen de antiguas celebraciones de gente del campo"; "las témporas no te predicen en concreto lo que va a hacer ni hoy ni mañana, pero te dan la tendencia de lo que puede pasar en 15 ó 30 días"; "cuando el invierno ha sido lluvioso, abril suele ser generalmente de poca agua"... Tan grave como esa propaganda gratuita a las irracionales ideas del clérigo del monasterio de Arantzatzu es el apoyo institucional que ha recibido, ya que la entrevista venía motivada porque el Centro Meteorológico del País Vasco había invitado miércoles a nuestro temporólogo de guardia a dar una conferencia sobre 'La observación meteorológica desde el Antiguo Testamento' para conmemorar el día mundial de la especialidad. Sería como si el Ministerio de Ciencia y Tecnología confiara la promoción de la cultura científica a Iker Jiménez (ya sé que es un riesgo dar ideas de este tipo).

Lo dije hace casi dos años y lo repito: "En un alarde de coherencia, los medios que jalean a estos augures deberían dejar de ofrecer al público la predicción meteorológica de la mano de científicos y contratar en plantilla o como colaboradores a pastores y frailes oteadores del cielo. Lo mismo tendrían hacer los aeropuertos, los servicios de vigilancia marítima, los de protección civil... Además, si hiciéramos caso a estos brujos de las nubes y el viento, nos ahorraríamos una pasta en satélites, globos, cohetes y dispositivos terrestres de vigilancia meteorológica y eso nunca viene mal". Hay quien cree que un tipo que sale a la puerta del caserío y mira al cielo tiene alguna posibilidad de hacer una predicción acertada a medio o largo plazo simplemente porque en los medios hablamos de vez en cuando de las témporas como si fueran algo serio, cuando no lo son. Lo que hay que tomarse en serio, y mucho, es la difusión de éstas y otras paparruchas por lo que implica de dar cancha al pensamiento mágico, el mismo en el que se basan las bobadas de ese otro Panoramix llamado Txumari Alfaro, que tanta publicidad gratuita ha recibido últimamente en prensa, radio y televisión por la publicación de su libro Un cuerpo para toda una vida.

'Naturtonterías'

"La mala alimentación nos hace ser más déspotas, agresivos, más tiranos, ser más racistas... Si una persona toma tres whiskys, su percepción cambia. En esa misma medida, el que come mucha carne, dulces, envasados, enlatados... está tomando alimentos que no tienen vida. Es una persona que tiene menos resistencia a la enfermedad y eso hace que su mente se altere", argumentaba en una reciente entrevista este defensor de beberse la orina porque es algo que hacen muchos chinos. Vamos a ver, lo de la percepción y el alcohol está claro, aunque eso no signifique que su uso moderado nos haga más de todo de lo que pontifica el bonachón de Alfaro. Respecto a que consumimos "alimentos que no tienen vida", ¿qué quiere que hagamos, que comamos el pescado vivito y coleando, la carne entre mugidos de la vaca y arranquemos los vegetales de la tierra a mordiscos? Pues parece que sí: "No tiene miopía, diabetes o hipertensión porque come y bebe cuando lo necesita y toma el alimento en su estado puro", declaraba hace poco respecto al animal salvaje, como si no existiera el antílope ese de los documentales de La 2 que hasta el más intelectualmente holgazán sabe que caza la leona porque está pachucho. Y qué decir de su colega Ana Moreno, quien mantiene sobre el consumo de carne: "La proteína es muy difícil de digerir y al no ir acompañada de fibra se queda en el intestino grueso y produce estreñimiento. El tener un alimento putrefacto en este órgano es uno de los principales motivos del cáncer de colon. Además el resto de males de nuestros días, como el colesterol, está directamente relacionado con la carne". Ya nos enseñó la Iglesia, siempre tan preocupada por el bienestar hasta de los que no queremos ir al Cielo, que todos los males se deben al mundo, el demonio y la carne. Y los naturópatas, que también nos quieren salvar a nuestro pesar, amplían la demonización del sexo a la del chuletón.

Estas disparatadas afirmaciones sobre nuestra alimentación, y otras muchas del mismo estilo, se publicitan con más o menos asiduidad en los medios sin que se repliquen desde la ciencia. Y ese silencio es peligroso, es una cesión a la mentira, a la anticiencia y a la ignorancia, que, ante el mutis científico, cobran verosimilitud para unos ciudadanos cuya principal fuente de (des)información somos los medios de comunicación. Los científicos, a la mayoría de los cuales pagamos con nuestros impuestos, deben mojarse en la educación de la ciudadanía y llamar a las cosas por su nombre. Por eso, desde las facultades de Farmacia y Medicina ha de responderse a las patrañas naturópatas con la misma claridad que los físicos antes citados en el caso de las témporas. Y, respecto a la actitud del Centro Meteorológico del País Vasco, ¿se imaginan a la Sociedad Española de Nutrición invitando al boticario de la abuela a dar una charla científica? Pues es el equivalente a lo que ha hecho la delegación en Euskadi de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

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30 Oct 2003

Al hombre-lobo le saca de sus cabales y al toro de la canción lo enamora, pero ni lleva a las embarazadas al paritorio ni hace que unas noches sean más peligrosas que otras. El influjo de la Luna ha protagonizado recientemente en España dos estudios científicos a los que no se ha dado excesivo eco, si exceptuamos un magnífico artículo del periodista Fermín Apezteguia en las páginas del diario El Correo. Uno, del hospital universitario de La Candelaria, en Tenerife, confirma que la fase en la que esté el satélite terrestre da lo mismo a la hora de que haya más o menos actos violentos; otro, del hospital vizcaíno de Cruces, en Barakaldo, demuestra que el mayor o menor brillo lunar tampoco provoca fluctuaciones en el número de nacimientos. El estudio sobre la violencia se basó en el análisis de 1.100 casos de víctimas de agresiones atendidas durante un año en el servicio de Urgencias del centro sanitario canario, los resultados han sido publicados en el European Journal of Emergency Medicine y ratifican el carácter mítico de la idea que augura noches de guardia de duro trabajo en los hospitales cuando la luna llena cuelga del cielo. El trabajo sobre los nacimientos ha requerido del análisis de los alumbramientos -unos 79.830- registrados en el hospital vizcaíno en los últimos quince años y concluye que éstos se reparten por igual entre las diferentes fases lunares. Ambas creencias tienen un arraigo popular tal que hasta profesionales de los sectores directamente implicados -el de la seguridad y el de la salud- suelen profesarlas. Y tienen tanto fundamento como la de que sólo usamos el 10% del cerebro que predican los cienciólogos, a quienes no me atrevo a negar que en su caso pueda suceder. Desde hace décadas, se sabe que la luna llena ni trae más niños al mundo ni hace que se derrame más sangre. Para muestra, unos cuantos botones.

Alex Pokorny y Joseph Jachimczyk, de la Escuela de Medicina Baylor de Houston, hicieron a principios de los años 70 del siglo pasado un análisis de 2.494 homicidios ocurridos en el condado de Harris, en Texas, durante catorce años. Su conclusión fue que la distribución de asesinatos no era "estadísticamente diferente en cuanto al periodo lunar de lo esperado por azar", indican Roger Culver y Philip Ianna en su libro El secreto de las estrellas. Astrología: ¿mito o realidad? (1979). Un lunático es un individuo que padece locura a intervalos que algunos aseguran que coinciden con las fases lunares. Sin embargo, una investigación realizada durante dos años por Stephen Bauer y Edward Hornick en el Centro Hospitalario Municipal del Bronx reveló que no había relación alguna entre el número de pacientes que acudía a las Urgencias de Psiquiatría y el ciclo lunar. Los enfermos recurrían al servicio de emergencias en cantidades parecidas todos los días, independientemente de que coincidieran con luna llena, menguante, nueva o creciente. Exactamente lo mismo que se ha visto en Tenerife.

D.I. Templer, D.M. Veleber y R.K. Brooner aseguraron en 1982 haber detectado un incremento desproporcionado de accidentes de tráfico en Estados Unidos en las noches de luna llena o nueva. Tras publicarse el trabajo, James Rotton, de la Universidad Internacional de Florida, e Ivan Kelly, de la Universidad de Saskatchewan, llamaron la atención sobre el hecho de que la mayoría de las trágicas noches incluidas caía en fin de semana, cuando siempre ocurren más siniestros que en días laborables por razones que nada tienen que ver con el satélite terrestre. D.I. Templer, M. Corgiat y R.K. Brooner reanalizaron los datos y aplicaron índices correctores para fines de semana y periodos vacacionales: el misterioso influjo de la Luna se desvaneció. John Smyrk y Roslyn Fekitoa pusieron a finales de los años 80 a prueba la afirmación según la cual, "durante la luna llena, los accidentes tienden a ocurrir con mayor frecuencia o los pacientes sometidos a intervenciones quirúrgicas tienden a sangrar". Escogieron el hospital Hornsby Kuring-gai, uno de los mayores de la región metropolitana de Sydney, y controlaron durante un año los niveles de consumo de sangre. No encontraron pruebas que respaldasen la idea de que, durante el plenilunio, los accidentes de tráfico sean más frecuentes y quienes se someten a operaciones sangren más.

Una creencia muy extendida entre las gentes del campo es que, dependiendo de la fase lunar en que se siembre, se recogerá una cosecha más o menos abundante. Un grupo escéptico de Canberra, Australia, se interesó por el asunto cuando un periódico local informó en su sección de jardinería sobre las mejores épocas para plantar verduras de acuerdo con el ciclo lunar. A partir de la información proporcionada por la Sociedad de Cultivadores Orgánicos de Canberra, que facilitó las semillas, se hicieron veintidós plantaciones en días buenos y malos. Un mes después, se recogió la cosecha y se pesaron las plantas. No se detectó "una diferencia significativa en el peso de los productos, aunque las semillas fueron plantadas en buenos y malos momentos, de acuerdo con la supuesta influencia astrológica".

Eduardo Giménez, miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, comprobó en 1993 si los fetos tienen especial debilidad por abandonar el seno materno en días de luna llena. Tras analizar los nacimientos registrados en Zaragoza en 1990, llegó a la conclusión de que el número de alumbramientos "no depende para nada de la fase lunar. Así, durante la fase de luna llena, únicamente se produjeron máximos en tres ciclos lunares de los doce anuales. Por contra, hubo cuatro mínimos; es decir, se dieron más nacimientos en creciente, menguante y nueva que durante luna llena". El estudioso encontró, eso sí, un ciclo semanal, ya que los médicos tienden a controlar las fechas de partos para que éstos ocurran en días laborables y no en festivos.

La creencia popular, según la cual la Luna influye en la conducta humana, carece de fundamento. Sólo hay un grupo de seres racionales sobre el que tiene una clara y demostrada influencia -las parejas de enamorados- y no puede descartarse que ocurra porque estos individuos sufran algún trastorno temporal de la personalidad que nada tiene que ver con el satélite.

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magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

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