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30 Oct 2008

El mismo día en que he leído en la prensa que la Reina está en contra del matrimonio homosexual -un derecho civil básico- y el aborto, y de que es partidaria de que se enseñe en las escuelas la religión -sobra decir que la católica, apostólica y romana- porque "los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida", me entero gracias al periodista Sergio Eguia de que el Rey ha aceptado la presidencia de honor de un congreso sobre el grial que se celebrará en Valencia del 7 al 9 de noviembre. El encuentro está promovido del Arzobispado de Valencia, el Cabildo Metropolitano Santa Iglesia Catedral de Valencia, la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, la Real Hermandad del Santo Cáliz, la Cofradía del Santo Cáliz y el Centro Español de Sindonología, organizaciones imparciales donde las haya cuando se trata de cuestionar afirmaciones extraordinarias vinculadas a la religión.

Lo que más me ha llamado la atención es, no obstante, la participación de un tal Michael Hesemann que la organización presenta como un "antropólogo e historiador" que sostiene que el grial valenciano es el origen de las leyendas artúricas y del que yo sabía hasta ahora sólo por sus desvaríos ufológicos. Porque Hesemann es un autor de bestsellers paranormales y, entre otras cosas, en los años 90 defendió a capa y espada la autenticidad de la película de la autopsia de Roswell de Ray Santilli, la muñecopsia que sólo se tragó quien quiso hacer negocio con ella. Ignoro en qué medida el resto de los participantes en el congreso valenciano son serios o merecen tanto crédito como Hesemann, pero la presencia de este último ya es suficiente para considerar el encuentro poco serio. De lo que no me cabe ninguna duda es de que los participantes -si no todos, la mayoría- defenderán la autenticidad de la falsa reliquia valenciana. Inexplicablemente, el Jefe del Estado da marchamo de seriedad con su presidencia honoraria a un encuentro en el que van a primar la pseudohistoria y la superstición sobre la historia.

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19 May 2008

Arrebató a los nazis el Arca de la Alianza, bebió agua del Santo Grial y en su última aventura parece que andan los extraterrestres de por medio. Henry Walton Jones Jr. (Princeton, 1 de julio de 1899) no es un arqueólogo al uso. El estudio del pasado es para él lo mismo que el periodismo para Superman, un pretexto para vivir al límite y hacernos disfrutar con una sucesión de persecuciones, mamporros y sorpresas mientras intenta dar con algún objeto extraordinario.

"Indiana Jones es el riesgo, la aventura y el conocimiento; por ese orden", indica Eudald Carbonell, arqueólogo de la Universidad Rovira i Virgili cuya escala de principios "es la inversa". El codirector de las excavaciones de Atapuerca recuerda cómo el protagonista queda definido en las primeras escenas de En busca del Arca perdida: después de salir de un templo peruano con un ídolo de oro, a la carrera delante de una inmensa bola de piedra, le vemos en clase en la Universidad de Marshall. "Es el sabio que viaja, que se mueve".

No todos los académicos son tan generosos con el héroe. "La arqueología de la trilogía de Indy es pseudoarqueología", afirma Bettina Arnold, antropóloga de la Universidad de Wisconsin, en su ensayo Pseudoarchaeology and nationalism. Destaca que la docencia apenas absorbe tiempo al doctor Jones: su actividad principal es saquear antigüedades a diestro y siniestro al margen de la legislación internacional y siempre entre puñetazos, disparos, latigazos y duelos. Es arqueológicamente incorrecto, pero funciona desde un punto de vista cinematográfico.

Cazador de reliquias

El día a día en un yacimiento consiste en rascar pacientemente el suelo con un cuchillo a la busca de piezas que, antes de trasladar al laboratorio, hay que situar milimétricamente en un plano y catalogar. Sobre el terreno, un trozo de cerámica o una concha perforada pueden causar entre los especialistas un revuelo inexplicable para el lego. "Una pieza humilde que nunca se expondrá en un museo puede darnos la solución a un problema histórico. Buscamos respuestas, no tesoros", explica el asiriólogo Juan Luis Montero Fenollós, profesor de la Universidad de La Coruña.

El trabajo de campo es el más conocido de los arqueólogos, pero es mucho más el que se hace antes entre libros, piezas y documentos, y después, cuando hay que ir más allá de la pieza propiamente dicha. Montero Fenollós anda desde hace cuatro años en Siria tras los restos de la ciudad de Dur-Yahdum-Lim. "Sabemos por textos cuneiformes que existía hacia 1800 antes de Cristo y que fue destruida por Hammurabi alrededor de 1700 aC". Los arqueólogos siguen el rastro del asentamiento desde hace 70 años y, ahora, Montero Fenollós cree haber dado con su posible emplazamiento en el valle del Éufrates. El área a excavar tiene 10 hectáreas y sólo podrá confirmar que los restos corresponden a Dur-Yahdum-Lim si topa con un texto alusivo. Puede que pasen años o que la respuesta no llegue nunca.

Frente a eso, Indiana Jones resuelve enigmas milenarios en segundos y recupera artefactos portentosos. Persigue el Arca de la Alianza, el cofre que habría guardado las Tablas de la Ley entregadas por Yahvé a Moisés, y el Santo Grial. Ningún arqueólogo de carne y hueso busca esas piezas, porque hay tantas pruebas de su existencia como de la del martillo de Thor, la espada Excalibur del rey Arturo y la caja de Pandora que ansía Lara Croft en Tomb raider: la cuna de la vida. Sin embargo, la existencia de esas reliquias en el universo de Indy favorece la creación de tramas trepidantes y la presencia de unos malos temibles y unánimemente despreciados.

"¡Nazis! ¡Odio a esos tipos!", admite el héroe en la aventura que compartió con su padre. Se enfrentó por primera vez a ellos en 1936, durante la búsqueda del Arca de la Alianza. Heinrich Himmler, comandante en jefe de las temibles SS, creó en el mundo real en 1935 una institución para, además de experimentar con humanos, desenterrar la superioridad histórica de la raza aria y darla a conocer. Se llamaba la Ahnenerbe y se dice que intentó dar con el Santo Grial y otras reliquias bíblicas, aunque hay historiadores que consideran esto último una ficción. Entre los aficionados españoles al esoterismo, corre la leyenda de que Himmler visitó Montserrat en busca de la copa de la Última Cena, pero es algo que no dan por cierto ni los monjes del monasterio catalán. Como tampoco ningún estudioso cree que el cajón de los Diez Mandamientos fuera una arma terrorífica, como comprueban, para su desgracia, los odiados enemigos de Indiana Jones.

"Soñador universal"

Fue el antisemita francés Robert Charroux quien, en su libro Cien mil años de historia desconocida (1963), habló del Arca de la Alianza como "un condensador eléctrico", citando una obra de 1948 en la cual Maurice Denis-Papin decía que se trataba de "una especie de cofre eléctrico capaz de producir poderosas descargas, del orden de los 500 a 700 voltios". Sin embargo, suele atribuirse el descubrimiento a Erich von Däniken, el hostelero suizo metido a perseguidor de extraterrestres que saltó a la fama con el libro Recuerdos del futuro (1968), en el cual se apropia de muchos de los postulados de Charroux y otros visionarios anteriores para llenar el pasado de extraterrestres. El pasado de los salvajes no europeos, claro.

Indiana Jones es un arqueólogo académico en un mundo de ficción en el que los delirios de Charroux, Däniken y su larga lista de imitadores se entremezclan con la realidad. Pero eso no impide a expertos de carne y hueso simpatizar con el personaje. "Es el arqueólogo más famoso del mundo, aunque nunca haya existido", dice Montero Fenollós. Como millones de espectadores, considera las aventuras de Indy "muy seductoras. Te atrapan del primer al último minuto". "Representa a un tipo de soñador universal. Persigue quimeras", puntualiza Carbonell, para quien estas películas "pueden haber influido en algunas personas para que se inclinen por la arqueología, pero la gente que luego continúa tiene algo más". Nadie sabe cuántos arqueólogos se han criado a los sones de la marcha de John Williams.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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09 Jul 2006

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09 Jul 2006

Ratzinger observa el cáliz que se venera en Valencia como el Santo Grial. Foto:Efe.
Benedicto XVI vio ayer, en la catedral de Valencia, la copa que, según la tradición local, utilizó Jesús en la Última Cena. El Santo Cáliz valenciano, que está en la capital del Turia desde 1414, fue examinado en 1960 por el arqueólogo Antonio Beltrán (1916-2006). El experto concluyó que está formado por tres piezas diferentes: la copa superior, de piedra ágata cornalina, está datada entre el siglo II antes de Cristo (aC) y el I de nuestra era, y fue labrada en Egipto, Siria o Palestina; el pie es un vaso egipcio o califal del siglo X u XI, que tiene con una inscripción en árabe; y las asas, la unión, las piedras preciosas y las perlas se habrían añadido en el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca), de donde salió la pieza en 1399 hacia Zaragoza.

Beltrán aseguró hace 46 años que la ciencia no podía pronunciarse en contra de la autenticidad de la reliquia; no dijo que tampoco podría hacerlo a favor. Que la copa superior se hiciera entre el siglo II aC y el I de nuestra era no prueba que esa pieza del Santo Cáliz sea el Santo Grial, al igual que el hallazgo de una barca de hace dos milenios en el mar de Galilea no demuestra que Jesús navegara en ella. La mayoría de los historiadores considera en la actualidad el Santo Grial una leyenda de origen celta, vinculada a los míticos recipientes que proporcionaban alimentos en abundancia y asimilada por el cristianismo en la Edad Media.

El Santo Cáliz que se venera en Valencia. Foto: Efe.El recipiente sagrado apareció por primera vez en el siglo XII en el poema de Perceval, de Chretién de Troyes, donde no queda claro qué es el Grial. Posiblemente poco después, el cuerno de la abundancia se transmutó en el cáliz de la Última Cena y el recipiente en el que José de Arimatea habría recogido la sangre de Jesús de la herida abierta por el lanzazo del soldado romano. Así habría empezado la actual leyenda, la que vincula la copa a Jesús de Nazaret y dio lugar a la multiplicación de griales en una Edad Media en la que la fabricación de reliquias fue una muy rentable industria.

Más allá de la cortesía, Ratzinger no prestó ayer especial atención a la falsa reliquia, que le fue presentada con todo el boato posible en la catedral de Valencia, delante de la Conferencia Episcopal en pleno. Quienes sí se entusiasmaron con el Santo Cáliz fueron los comentaristas y periodistas televisivos -tanto durante la retransmisión en directo como en los informativos-, dejando claro una vez más que el espíritu crítico permanece enjaulado cuando anda de por medio el Espíritu Santo. Hay, ciertamente, una historia de la copa desde la muerte de Jesús hasta su llegada a Valencia; pero, al igual que en el caso de otras reliquias famosas -como la sábana santa-, estamos ante un relato de ficción creado con el fin de proporcionar un pedigrí a la pieza.

Está por ver si el Papa usa hoy el Santo Cáliz en la eucaristía que cierra el V Encuentro Mundial de las Familias. "Benedicto XVI podría utilizar el Santo Grial en la misa del domingo", anunciaba ayer El Mundo, diario para el que tampoco parece haber dudas sobre la autenticidad de la pieza. Juan Pablo II ya tomó en sus manos la falsa reliquia para la consagración en Valencia 1982; pero es que también se postró ante la sábana santa años después del análisis del carbono 14, que dictaminó que fue fabricada en el siglo XIV.

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26 Feb 2006

Audrey Tatu y Tom Hanks, en una escena de 'El código Da Vinci'.Que El código Da Vinci es un éxito editorial que no tiene casi nada de original y que Dan Brown tomó prestadas de otros autores las principales revelaciones de su novela, es algo de sobra conocido. Porque el escritor estadounidense no ha sido el primero en especular sobre la posibilidad de que Jesús sobreviviera a la crucifixión, se casara con María Magdalena, y el matrimonio se estableciera en lo que hoy es Francia para iniciar una dinastía que ha llegado hasta nuestros días y cuya existencia explica la de los templarios, una orden secreta denominada el Priorato de Sión y el misterio de Rennes-le-Château. Estos ingredientes fueron ya el eje de El enigma sagrado (Holy blood, holy grail), obra pseudohistórica publicada en 1982 por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln.

Quien primero me habló de esa fuente de la que Brown se habría hartado de beber fue el historiador y periodista Julio Arrieta, que, a finales de 2004, consideraba la novela superventas una mezcla de La revelación de los templarios (1997), de Lynn Picknett y Clive Prince, y El enigma sagrado. Posteriormente, el también historiador José Luis Calvo dedicó un amplio trabajo a demostrar cuáles habían sido, a su vez, las fuentes bibliográficas utilizadas por los autores de El enigma sagrado, y escribió una pormenorizada crítica de El código Da Vinci, en la que deja claro que Brown sacó bastantes de su disparatadas ideas de La revelación de los templarios.

Pues bien, tanto beber de fuentes ajenas sin citarlas y arrogándose la autoría de los hallazgos debió de hartar a dos de los autores de El enigma sagrado, Baigent y Leigh, quienes denunciaron a Brown en el Reino Unido por plagio y ahora podrían impedir a los británicos disfrutar del taquillazo cinematográfico del año, informaba ayer The Times. Porque, cuando Brown -cuya fortuna se calcula en 290 millones de euros- comparezca ante la Justicia en Londres la próxima semana, estará en juego no sólo una millonaria indemnización a los autores de El enigma sagrado, sino también el estreno en el Reino Unido de la película El código Da Vinci, protagonizada por Tom Hanks y presupuestada en 104 millones de euros.

La cinta va a estrenarse el 19 de mayo en todo el mundo, pero los jueces británicos podrían posponer su proyección en el país e incluso prohibirla si consideran que Brown ha violado las leyes de derechos de autor. Además, si dan la razón a los demandantes, éstos podrían recibir una indemnización de 14,5 millones de euros, según el rotativo londinense. Y es que el plagio es una cosa muy seria. Por ahí fuera, claro. Porque en España es algo muy rentable. Aquí a los plagiarios les dan programas estelares de televisión y no les pasa nada, aunque sus editores reconozcan que han copiado a otros.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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