Hay 2 artículos con el tag reliquias en el blog magonia. Otros artículos en Blogs El Correo Digital clasificados con reliquias

03 Jun 2008

La reliquia más famosa de la cristiandad volverá a exhibirse en la primavera de 2010. Lo autorizó ayer Benedicto XVI, quien expresó el deseo de seguir los pasos de su predecesor. Karol Wojtyla visitó Turín durante la penúltima ostensión de la sábana santa, en mayo de 1998. Hace diez años, Juan Pablo II se postró a orar ante el lienzo en el que se ve una figura con las heridas que, según la tradición, sufrió Jesús durante su martirio en la Cruz. "Si el Señor me da vida y salud, espero ir yo también a Turín", anunció ayer el Papa en el Vaticano.

La sábana santa es una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,10 de anchura. Se ven en ella la parte frontal y dorsal del cuerpo de un hombre barbado, que cubre púdicamente sus genitales con las manos a pesar de estar estirado. Apareció en la localidad francesa de Lirey hacia 1350. Era propiedad del caballero Geoffroy de Charny, quien nunca aclaró cómo se había hecho con ella. El noble levantó una iglesia, Nuestra Señora de Lirey, para su adoración y los monjes encargados de su custodia pronto convirtieron la sábana, presentada como la auténtica mortaja de Cristo, en un negocio redondo.

El sudario de Turín era en su época una reliquia más de las muchas que se habían multiplicado por Europa con la bendición de la Iglesia. En el Segundo Concilio de Nicea, celebrado en 787, se había decretado que , si un obispo consagraba un templo sin reliquias, sería depuesto. Los prelados fueron disciplinados, gracias a lo cual existen medio centenar de sábanas santas, tres lanzas que atravesaron el costado de Jesús, varios santos prepucios, suficientes restos de la Cruz como para construir un barco, frascos con leche de la Virgen, pelos de la barba de Noé, plumas de las alas del arcángel Gabriel... No es extraño que dentro de la propia Iglesia hubiera desde el principio quien desconfiara de la autenticidad de joyas como la de los Charny.

Pierre d’Arcis, obispo de Troyes, alertó en 1389 a Clemente VII, papa de Avignon, de que su antecesor había descubierto "el fraude y cómo dicho lienzo había sido astutamente pintado, ya de esa verdad testimonió el artista que lo había pintado, o sea que era una obra debida al talento de un hombre y en absoluto milagrosamente lograda u otorgada por gracia divina". Al antipapa no le quedó otro remedio que admitir la falsedad de la reliquia, que los Charny guardaron a buen recaudo hasta que amainó el temporal a mediados del siglo XV. Después de llegar a manos de los Saboya, que la utilizaron como talisman, la tela quedó depositado en 1578 en la catedral de Turín, donde se encuentra en la actualidad.

La NASA y la reliquia

La reliquia ganó notoriedad a finales de los años 70 del siglo pasado, cuando se vinculó a la tecnología espacial. La prensa se hizo eco en 1978 de que científicos de la NASA la habían estudiado un año antes y demostrado que Jesús había resucitado. La realidad fue, no obstante, que la NASA nunca examinó la tela; lo hizo un grupo de cuarenta creyentes de los cuales dos habían trabajado para la agencia espacial. El colectivo había concluido que la imagen se había impreso milagrosamente, por la energía del momento de la Resurrección, tras desechar las pruebas contrarias a la fe.

Como parte del estudio de 1977, el microanalista forense Walter McCrone, el más reputado del mundo hasta su muerte en 2002, analizó las manchas de sangre de la presunta mortaja, y fue tajante: "Tengo buenas y malas noticias -dijo en el congreso en el que presentó su trabajo-. Las malas son que el sudario es una pintura. Las buenas, que nadie me cree". Tampoco le creyeron los partidarios de la autenticidad de la sábana cuando en 1980 auguró que, de realizarse, la prueba del carbono 14 iba a datarla "el 14 de agosto de 1356, diez años más o menos". Sin embargo, así fue.

La datación de la pieza, realizada en 1988 por tres laboratorios de Arizona, Zurich y Oxford, fechó "el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%". Los resultados se publicaron en la prestigiosa revista Nature y chocaron de inmediato con la oposición de los sindonólogos, como se autodenominan los estudiosos de la tela de Turín. Así, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología, adujo en 1989 que la prueba no se había hecho bien, "como -según él- más tarde ratificó el propio inventor del sistema", el físico Willard Libby. El problema era que Libby había muerto nueve años antes, y no era vidente.


Pistas de engaño

La sangre es roja y no negra, como se vuelve con el tiempo, porque está pintada con bermellón y rojo de rubia, como descubrió el forense Water McCrone.

La larga melena no cae hacia la nuca, como en cualquiera tumbado, sino que el pelo se mantiene suspendido en el aire como por arte de magia.

La dos piernas están estiradas en la imagen frontal; pero en la dorsal está impresa la planta del pie derecho, lo que exigiría que hubiera doblado la rodilla.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

461 comentarios | Enlace permanente

17 Nov 2003

Desacreditar a toda costa los resultados de la prueba del carbono 14 que estableció que el sudario de Turín data del siglo XIV, y, por consiguiente, no pudo envolver a Jesús sin viaje temporal de por medio, ha sido el objetivo de los sindonólogos desde que en 1988 se sometió a ese análisis un trozo de la presunta reliquia. La más burda de las jugadas corrió a cargo, en nuestro país, del Centro Español de Sindonología (CES): su presidente, Celestino Cano, dijo en 1989 que la prueba del radiocarbono no se había hecho bien, "como más tarde ratificó el propio inventor del sistema". Willard F. Libby, Nobel de Química en 1960 por el descubrimiento de este sistema de fechación, quería -según Cano y sus colegas- comprobar la metodología seguida por los laboratorios que hicieron la medición, lamentaba que toda la tela a analizar procediera de un mismo lugar y sospechaba que la muestra podía estar contaminada.

Recientemente, la periodista madrileña Carmen Porter ha recordado, en su libro La sábana santa. ¿Fotografía de Jesucristo? (Edaf, 2003), que "algunos medios de comunicación" aseguraron que Libby había hecho esas declaraciones antes de morir en 1980 y las ha presentado como prueba de que el del radiocarbono no fue el examen definitivo. La estrategia de Cano, de resucitar a un muerto -el laureado científico falleció en 1980-, puede resultar hasta divertida; la de Porter, de dar por buenas las afirmaciones del Nobel, pero por si acaso atribuirlas a la prensa, es una muestra, en el mejor de los casos, de ignorancia. Porque la autora reproduce las presuntas declaraciones de Libby, tan imposibles -¿cómo podía pronunciarse de algo que iba a ocurrir mucho después de su muerte?- como un lamento de Albert Einstein por el accidente del transbordador Columbia, sin advertir al lector de que todo es mentira, de que Libby nunca dijo eso y que se lo inventaron los mismos sindonólogos a los que ella recurre para respaldar la autenticidad de la sábana santa. El libro de Porter es, al margen de esta anécdota, una obra alejada del mínimo escepticismo recomendable en todo periodista y cargada de esas ansias de los misteriólogos más jóvenes por convertir un viaje en avión de línea o un rutinario trayecto en tren en una aventura que para sí quisiera Indiana Jones, aunque no haya pasado nada. (Si desean ahondar en lo que piensa esta autora de la sábana santa, lean "Una fotografía desenfocada (I)", "Una fotografía desenfocada (II)" y "Una fotografía desenfocada (III)" y "Una fotografía desenfocada (IV)", artículos publicados por José Luis Calvo.)

No esperaba sorpresas del episodio de Planeta encantado dedicado al sudario de Turín, y no las ha habido. Un as en la manga de Dios, la sexta entrega de la serie dirigida por Juan José Benítez que emite Televisión Española (TVE), vuelve a recordarnos que el análisis del radiocarbono es la china en el zapato de los fabricantes de enigmas cuando de la sábana santa se trata. Al igual que Celestino Cano y Carmen Porter, el autor de Caballo de Troya hace trampas a la hora de contar la historia, no ya porque se invente un pasado premedieval de la pieza -cosa que han hecho otros-, sino porque tergiversa los hechos claves más recientes. Así, presenta el test del radiocarbono no como la prueba que al final -después de los análisis de la imagen por ordenador, de los granos de polen, de las manchas de sangre...- reveló que la reliquia no es tal, sino como un análisis más al que han seguido en el tiempo otros que han superado sus resultados.

¿Cuáles son esos otros estudios que, según Benítez, contradicen lo publicado en su día en la revista Nature? Los hechos en los años 70 del siglo pasado por el Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP), los mismos sobre cuya fiabilidad existen dudas desde siempre, que se hicieron al margen de toda la metodología científica, que la prueba del radiocarbono deslegitimó, que se realizaron antes que ésta -y no después, como quiere dar a entender el ufólogo- y que hemos comentado aquí somera y extensamente. Ayer, podía leerse en las páginas de Televisión del diario El País que el documental de Benítez "sostiene que los últimos experimentos sobre la autenticidad de la sábana santa cuestionan la validez de las pruebas de datación que afirman que su origen es medieval. Si el lienzo es auténtico, se abrirían posibilidades inquietantes, puesto que, en un futuro no muy lejano, la ciencia podría extraer el ADN de los restos de sangre que están depositados en él". No merece la pena detenerse a contar cuántos disparates hay en esas dos frases. Resulta triste, no obstante, comprobar cómo, a pesar de que generaciones de niños españoles aprendieron con Barrio Sésamo que lo que ocurrió en 1978 pasó antes que lo que sucedió en 1988, algún redactor del diario madrileño no entendió esa lección y sigue la senda marcada por el novelista, quien mantiene, por ejemplo, que el trabajo de John Jackson y Eric Jumper, dos destacados miembros del STURP, fue un "nuevo mazazo al carbono 14", aunque lo hicieron más de diez años antes de la prueba del radiocarbono.

Benítez no descubre nada nuevo en Un as en la manga de Dios. Se limita a repetir lo que ha dicho desde hace un cuarto de siglo, a hacer una morbosa descripción de las lesiones que presenta el hombre de la sában, a vincular engañosamente a la NASA con el STURP, a dar crédito a afirmaciones como las de Francis Filas -que ve monedas romanas donde nadie las encuentra- y Max Frei -que, tras autentificar los falsos diarios de Hitler, encontró polen de plantas de Oriente Próximo en el sudario-, y a prometernos, al final, la resurrección. El momento cumbre de la producción se da al inicio, cuando el novelista fecha al minuto la hora de la Resurrección -ocurrió a las 3.10 horas del 9 de abril del año 30- y asistimos a la recreación de lo que, en opinión del quinto evangelista, ocurrió en el sepulcro de Jerusalén donde se depositó el cadáver del rey de los judíos.

163 comentarios | Enlace permanente

Sobre este blog

magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

ver otros blogs »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):