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12 Jun 2009

"La historia del pueblo vasco es, sin duda, la más antigua que se conoce, pues tiene sus raíces en el Paleolítico y ha proseguido hasta nuestros días sin solución de continuidad", escribe Louis Charpentier en El misterio vasco (1975), reeditado ahora como El linaje cromagnon (Robinbook, 2009). El libro se publicó originalmente en España en 1976 dentro de Otros Mundos, colección de Plaza & Janés dedicada al esoterismo donde vieron la luz títulos de Erich von Däniken, Peter Kolosimo, Louis Pawels, Jacques Bergier y Juan José Benítez, entre otros. La obra de Charpentier se enmarca dentro de ese universo de ficción repleto de extraterrestres, continentes perdidos, monstruos, poderes extraordinarios, catástrofes y conspiraciones, con la única diferencia de que sus protagonistas son los vascos, cuyo origen sitúa el autor en la Atlántida y a quienes considera una raza pura. "El pueblo vasco ha conseguido, a lo largo de los siglos, conservar y desarrollar su cultura de origen cromagnonoide", sentencia. Y es que, según Charpentier, nadie consiguió en la Antigüedad someter a los vascos: los celtas no cruzaron sus tierras porque eran "territorio sagrado para los descendientes de la raza cromagnon" y, luego, los romanos firmaron tratados con los indígenas, quienes "aceptaron la instalación de factorías y establecimientos [romanos], que en nada perjudicaron su soberanía".

Este bonito cuento de los Astérix y Obélix peninsulares habría llevado al éxtasis a Sabino Arana, el padre del nacionalismo vasco, y asoma tras las reiteradas declaraciones del ex lehendakari Ibarretxe sobre los 7.000 años de antigüedad del pueblo vasco. Pero choca, ay, con unos accidentes topográficos de origen indoeuropeo -Nervión, Deba…- y una ocupación romana equiparable a la de cualquier otro territorio del Imperio, entre otras realidades históricas. La obra de Charpentier vuelve a las librerías y lo hace como en su día, sin explicaciones, sin un prólogo o un epílogo de un historiador que ponga las cosas en su sitio y deje claro que la tesis de El misterio vasco está tan probada como la humorada de que los vascos somos de otro mundo. Porque los vascos venimos de donde el resto de los europeos; no somos especiales, ni superiores, ni el euskera -de cuya presencia no hay constancia en el actual territorio vasco hasta el siglo II- es la más antigua de las lenguas, como sostienen algunos iluminados. Únicamente desde la ignorancia, el sensacionalismo -como es el caso de Charpentier- o una visión histórica deformada por la ideología puede venderse lo contrario.

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22 Ene 2009


Cinco figuras de las líneas de Nazca, en Perú, han resultado dañadas por lluvias torrenciales que cayeron el domingo en la región, donde prácticamente no llueve. Entre los geoglifos que han sufrido los efectos del agua, están la garza y las manos (en las imágenes, antes y despues de las precipitaciones). Emma Susana Arce, responsable del Instituto Nacional de Cultura (INC) en Ica, ha asegurado a Efe que los daños son "reparables o reversibles", no como los que el hombre ha provocado en las últimas décadas.

Las figuras de Nazca fueron hechas entre 200 antes de Cristo (aC) y 600 por los habitantes de la región, mediante la traslación de modelos realizados a escala a grandes cuadrículas hechas con estacas y cordeles. Son Patrimonio de la Humanidad desde 1994, y parte de ellas ya ha sido mutilada por la autopista panamericana y las rodadas de todoterrenos.

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02 Dic 2008

Julio Arrieta, periodista y arqueólogo, Almudena Cacho y yo hablamos el 26 de noviembre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, del fraude de Iruña-Veleia, en la octava entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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24 Nov 2008

Supe de los hallazgos de Iruña-Veleia una tarde a mi llegada a la redacción de El Correo. Y pregunté: "¿Dónde se han publicado?, ¿en qué revista aparecen?". Me respondieron que en ninguna, que de los descubrimientos -que iban "a cambiar los libros de Historia", en palabras de Eliseo Gil, director de las excavaciones- se había informado a la de prensa. Mi reacción inmediata fue de escepticismo. Hice algunas llamadas a expertos y comprobé que no estaba sólo en mi incredulidad, suscitada en aquellos momentos más por la forma en que se habían dado a conocer los hallazgos que por el fondo. Porque en ciencia los avances se comunican en las revistas con revisión por pares, y no como las exclusivas de la prensa del corazón. Las revistas científicas únicamente aceptan un artículo después de que ha sido examinado con lupa por expertos en la materia (los pares del autor). Ese principio básico se incumplió respecto a los descubrimientos de Iruña-Veleia, lo que ya era suficiente para poner los espectaculares hallazgos en cuarentena.

Los mismos medios que siempre acogen con cautela descubrimientos médicos no contrastados, se lanzaron, sin embargo, desde el primer momento a especular sobre los orígenes del euskera, cómo en Álava se había desenterrado el primer Calvario, la presencia en el lugar de un preceptor egipcio... Que no se hubiera hecho eco de ello ninguna revista científica era lo de menos: los periodistas validábamos los hallazgos. Yo siempre decía lo mismo a quien me hablaba del asunto: que me olía mal por el modo en que se había anunciado y la ausencia de publicaciones. Así se lo comenté a los historiadores con quienes hablé del tema antes de que salieran en los medios los primeros expertos pidiendo cautela. Dos años y medio después, queda claro que los medios metimos la pata hasta el fondo al dar por bueno algo que no lo era. Lo hicimos llevados seguramente por el entusiasmo de los titulares extraordinarios, una montaña rusa de la que es muy difícil bajarse una vez en marcha. Ahora, todos -yo, el primero- pedimos responsabilidades a las instituciones implicadas en este vergonzoso episodio, y nos olvidamos de que también nosotros tenemos nuestra parte de culpa. Porque lo que hicimos fue comprar mercancía defectuosa -un descarado fraude- y venderla como buena; porque lo que hicimos fue ignorar los principios que aplicamos a otras afirmaciones extraordinarias no fuera a ser que tuviéramos que rebajar el tono de los titulares. Podíamos haber hecho muchas cosas y muy fáciles, desde recordar al público que las cosas en ciencia no se hacen así hasta pedir a Gil y sus colaboradores los informes de unos presuntos análisis científicos de los que siempre han hablado, pero que nunca han mostrado. Preferimos callar y seguir el juego a quien ahora ha quedado en evidencia.

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30 Oct 2008

El mismo día en que he leído en la prensa que la Reina está en contra del matrimonio homosexual -un derecho civil básico- y el aborto, y de que es partidaria de que se enseñe en las escuelas la religión -sobra decir que la católica, apostólica y romana- porque "los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida", me entero gracias al periodista Sergio Eguia de que el Rey ha aceptado la presidencia de honor de un congreso sobre el grial que se celebrará en Valencia del 7 al 9 de noviembre. El encuentro está promovido del Arzobispado de Valencia, el Cabildo Metropolitano Santa Iglesia Catedral de Valencia, la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, la Real Hermandad del Santo Cáliz, la Cofradía del Santo Cáliz y el Centro Español de Sindonología, organizaciones imparciales donde las haya cuando se trata de cuestionar afirmaciones extraordinarias vinculadas a la religión.

Lo que más me ha llamado la atención es, no obstante, la participación de un tal Michael Hesemann que la organización presenta como un "antropólogo e historiador" que sostiene que el grial valenciano es el origen de las leyendas artúricas y del que yo sabía hasta ahora sólo por sus desvaríos ufológicos. Porque Hesemann es un autor de bestsellers paranormales y, entre otras cosas, en los años 90 defendió a capa y espada la autenticidad de la película de la autopsia de Roswell de Ray Santilli, la muñecopsia que sólo se tragó quien quiso hacer negocio con ella. Ignoro en qué medida el resto de los participantes en el congreso valenciano son serios o merecen tanto crédito como Hesemann, pero la presencia de este último ya es suficiente para considerar el encuentro poco serio. De lo que no me cabe ninguna duda es de que los participantes -si no todos, la mayoría- defenderán la autenticidad de la falsa reliquia valenciana. Inexplicablemente, el Jefe del Estado da marchamo de seriedad con su presidencia honoraria a un encuentro en el que van a primar la pseudohistoria y la superstición sobre la historia.

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29 Oct 2008

Almudena Cacho y yo hablamos el 29 de octubre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la las minas del rey Salomón y la Calavera del Destino, en la cuarta entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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27 Oct 2008

Indiana Jones estaría pletórico: un equipo internacional de arqueólogos anuncia hoy en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU, el hallazgo de lo que podrían ser las minas del rey Salomón. Se trata de un complejo de producción de cobre de casi diez hectáreas en el desierto jordano al sur del mar Muerto. Se llama Khirbat en-Nahas -ruinas de cobre, en árabe-, comprende un centenar de edificios y data del siglo X antes de Cristo, según los últimos análisis mediante el carbono 14. "No podemos creer todo lo que nos cuentan los textos antiguos; pero esta investigación supone una confluencia de la arqueología, los datos científicos y la Biblia", ha dicho Thomas Levy, de la Universidad de California y director del grupo que excava el yacimiento desde 2002.

La Biblia y la arqueología son una extraña pareja. Como recuerdan Levy y sus colaboradores en Proceedings, el maridaje entre ambas vivió su Edad de Oro entre las dos guerras mundiales. Parecía entonces que los hallazgos arqueológicos respaldaban el Antiguo Testamento, que la ciencia confirmaba la validez histórica del libro sagrado. Su máxima expresión popular fue Y la Biblia tenía razón, libro de Werner Keller del que se han vendido desde 1955 más de 10 millones de ejemplares. El feliz emparejamiento de ciencia y tradición fue un espejismo. Desde los años 80, destacados historiadores han probado que casi todos los episodios históricos del Antiguo Testamento son fantasías y establecido que estas minas eran del siglo VII a C.

Levy y sus colegas plantean ahora que son del siglo X aC y, por tanto, habrían suministrado cobre al rey Salomón, quien vivió en esa época según la tradición. ¿Qué pruebas presentan? "No veo ninguna conexión entre Khirbat en-Nahas y Salomón", indicó ayer a este periódico Israel Finkelstein, arqueólogo de la Universidad de Tel Aviv y autor -junto con Neil Silberman- de La Biblia desenterrada (2001), obra que desmonta la historicidad del libro santo a la luz de la ciencia histórica. "Creer literalmente la descripción bíblica de Salomón es ignorar dos siglos de investigación bíblica", añade. Finkelstein y otros historiadores han concluido que, de haber existido y no ser una creación de los sacerdotes del siglo VII aC que inventaron en el Antiguo Testamento un pasado común glorioso para todos los hebreos, David y Salomón fueron, como mucho, líderes tribales y su Jerusalén, una pequeña ciudad. Quién controló la explotación minera de Khirbat en-Nahas es una incógnita, pero el equipo de Levy ha encontrado en el lugar escarabajos egipcios, la gran potencia regional.

No es la primera vez, ni será la última vez, que la arqueología se vincula a la Biblia con más fe que pruebas: en mayo pasado, arqueólogos alemanes anunciaron que habían encontrado en Etiopía el palacio de la reina de Saba, personaje legendario conectado con el rey Salomón; en agosto de 2004, un historiador británico presentó a la prensa la cueva donde Juan Bautista habría celebrado ritos iniciáticos; y en un museo israelí se expone una barca como en la que navegó por Jesús, simplemente porque fue descubierta en el mar de Galilea y data del siglo I. Siguiendo esa misma lógica, una capa roja de mediados del siglo XX en una granja de Kansas podría ser de Superman.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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26 Oct 2008

El mas famoso de los cráneos de cristal, el de Mitchell-Hedges, fue tallado a finales del siglo XIX o principios del XX, según revela un análisis hecho recientemente en la Institución Smithsoniana. Los resultados de la primera investigación científica de la llamada Calavera del Destino, la reliquia en la que se inspiró George Lucas para la última aventura de Indiana Jones, se presentan en un documental que National Geographic Channel (NGC) estrena esta noche en España. La leyenda de la calavera de cristal es el más serio de los trabajos de divulgación hechos sobre estas piezas a las cuales los aficionados a lo paranormal han atribuido todo tipo de poderes mágicos.

Los análisis con microscopio de última generación realizados para el reportaje de NGC confirman otros anteriores que descartaron hace años que las piezas del Museo Británico, el Museo de Quai Branly y la Institución Smithsoniana fueran precolombinas. Demuestran que estos tres cráneos presentan marcas de herramientas modernas, que los dos europeos fueron tallados en el siglo XIX y el nortamericano, después de 1950. El estudio de la Calavera del Destino revela, igualmente, que se labró con herramientas que no existían hasta finales del siglo XIX. Los autores del documental concluyen, además, que es mentira que Anna Mitchell-Hedges encontrara la pieza entre las ruinas de Lubaantun en los años 20 de siglo pasado, cuando su padrastro, el aventurero Frederick Albert Mitchell-Hedges, excavaba allí. Sostienen que todo el episodio del hallazgo de la joya de cuarzo fue una invención muy posterior de la mujer, quien acabó creyéndose su fantasía de tanto repetirla en saraos paranormales y a los periodistas.


El reportaje deja claro una vez más que es falso que, como se dijo hace unos meses en Cuarto Milenio, se trate de "calaveras para las que no se tiene una explicación" (Carmen Porter); que la de Mitchell-Hedges proceda de Belice (José Luis Cardero) y fuera encontrada en una pirámide maya (Nacho Ares); que no se sepa con qué maquinaria se han tallado y pulido estas piezas (Porter); que se haya demostrado que el cráneo del Museo Británico y otros dos similares, a escala microscópica, "no tienen marcas de herramientas", "es como si la piedra hubiese cristalizado así" (Santiago Camacho)...

No se pierdan los 46 minutos de La leyenda de la calavera de cristal. Merecen la pena: ponen a los fabricantes de misterios en su sitio.

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28 Ago 2008

"Una astronave sobrevuela El Cairo y orienta el objetivo de su cámara hacia abajo, verticalmente. Una vez revelado el negativo, se nos ofrece el siguiente cuadro: todo cuanto se encuentra en un radio de 8.000 kilómetros, más o menos, bajo el objetivo fotográfico aparece reproducido correctamente, pues se halla en los planos verticales de la lente. Cuanto más se aleja nuestra mirada del punto central, tanto más desfigurados vemos los países y continentes". La escena, descrita por Erich von Däniken en su libro Recuerdos del futuro (1968), habría sucedido hace miles o millones de años. La prueba de ello sería el mapa del almirante turco Piri Ibn Haji Mehmed, una cartografía del siglo XVI en la cual se ven la Península Ibérica, la Bretaña francesa, el abombamiento de África Occidental, el océano Atlántico, la costa oriental americana y numerosas islas.

El documento fue descubierto en el palacio de Topkapi de Estambul en 1929, cuando estaba siendo convertido en museo. Es parte de un mapamundi desaparecido en dos terceras partes. El fragmento que queda es lo que se conoce como mapa de Piri Reis (reis significa almirante). Está dibujado sobre piel de gacela, mide 90 centímetros de largo y 65 de ancho, y esta centrado en el Atlántico. Lo más llamativo es que la costa americana se conecta al Sur con unas tierras que parecen corresponder a la Antártida, continente que no fue descubierto hasta 1819. Las inscripciones informan de que el autor es el almirante Piri y lo hizo en el año 919 después de la Hégira, nuestro 1513, a partir de cartografías anteriores.

Conocimiento imposible

El mapa de Piri Reis es uno de los primeros en incluir América. Su fama actual se debe al cartógrafo Arlington H. Mallery y al historiador estadounidense Charles H. Hapgood, quienes se interesaron por él a mediados de los años 50 del siglo pasado. Mallery dictaminó que la posición de África y Sudamérica eran extraordinariamente precisas para la época y creía que las tierras del Sur eran la Antártida antes de que se cubriera de hielo hace 14 millones de años. Casi al mismo tiempo, Hapgood, profesor de la Universidad Estatal de Keene (New Hampshire), llegó a las mismas conclusiones después de un examen del mapa "sin ideas preconcebidas" y llamó la atención sobre una cordillera que identificó como los Andes. ¿Pero cómo podían figurar los Andes en una cartografía de 1513, cuando Pizarro no los avistó hasta 1527?

Para Hapgood, la respuesta a esa pregunta y a la presencia de la costa antártica libre de hielo era que Piri Reis había bebido para su mapa de otros muy anteriores, levantados por alguien capaz de volar. La idea fue popularizada por Louis Pauwels y Jacques Bergier en su libro El retorno de los brujos (1960). "¿Será copia de mapas todavía más antiguos? ¿Habrá sido trazado partiendo de observaciones hechas a bordo de una nave volante o espacial? ¿O serán notas tomadas por visitantes venidos de Fuera?", se preguntaban hace casi cincuenta años quienes pusieron de moda la búsqueda de visitantes de otros mundos en el pasado.

Los defensores de su origen extraordinario argumentan que el mapa de Piri Reis es de una exactitud increíble. Von Däniken dice que para su elaboración se usó tecnología espacial, las máquinas voladoras de los extraterrestres que, según él, se ocultan tras los dioses de las antiguas tradiciones. Sólo eso explica, a su juicio, la inclusión de la Antártida y que tanto las costas como el interior de los continentes estén reflejados con "singular precisión; las cadenas de montañas, los picos, ríos, lagos y altiplanicies están diseñados con absoluta exactitud".

El continente perdido

Los historiadores ven en el documento algo muy distinto, detalles que pasan desapercibidos a los lectores de obras en las que nuestro pasado no se entiende sin la benéfica intervención de alienígenas. "No es necesario apelar a los astronautas o navegantes de una civilización desconocida anterior a la era glaciar para explicar el mapa de Piri Reis", indica en su libro Astronautas en la Antigüedad (1984) el historiador William Stiebing. Para este experto, la cartografía del navegante turco es lo que dice su autor en una nota al margen, una recopilación basada en mapas anteriores. De la misma opinión es el cartógrafo Gregory C. McIntosh en su libro The Piri Reis map of 1513 (2000). ¿Y la Antártida sin hielo, los Andes, la extraordinaria precisión geográfica...?

Una mirada desapasionada, que no busque extraterrestres ni avanzadísimas civilizaciones desaparecidas -como propuso Hapgood en su libro Maps of the ancient sea kings (Los mapas de los antiguos reyes del mar, 1966)-, ve muchas cosas que no casan con la exactitud atribuida al mapa de Piri Reis: faltan el estrecho de Magallanes y el océano Pacífico; no hay nada parecido al istmo de Panamá, el golfo de México y la península de Florida; el Caribe no existe y las islas de la región están desplazadas; los Andes discurren por mitad de Amazonas y llegan hasta el Sur no más allá de la latitud de La Paz; faltan casi 1.500 kilómetros de la costa sudamericana...

Tampoco la Antártida se ve en el mapa. La costa que Hapgood identifica con la del continente helado es la de Sudamérica doblaba por el dibujante hacia el Este por debajo del Río de la Plata. Y los Andes mal colocados no son los Andes: corresponden a las montañas que dibujan a veces los cartógrafos medievales y del Renacimiento en el interior de los continentes al tuntún. Si se suma a eso la presencia de animales imaginarios, queda claro que el mapa de Piri Reis -cuyo autor atribuye a Colón el descubrimiento de América- presenta errores propios del siglo XVI y de las cartografías anteriores en las que se inspiró el dibujante. O eso o los tripulantes de la astronave que, según Von Däniken, sobrevoló El Cairo en un pasado remoto para hacer un mapa de la Tierra eran unos chapuceros de tomo y lomo.


El libro

The Piri Reis map of 1513 (2000): El cartógrafo estadounidense Gregory C. McIntosh firma una monografía que responde a todas las preguntas sobre la cartografía del almirante turco.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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15 Ago 2008

Cristóbal Colón no descubrió América. Ni siquiera fue el primer europeo en pisarla. El continente fue descubierto por los cazadores recolectores siberianos que cruzaron el estrecho de Bering hace 22.000 años. Por eso había indios en América en 1492. Y un grupo de vikingos fueron los primeros en llegar desde Europa cinco siglos antes que el Almirante, aunque su logro no tuvo ninguna repercusión histórica. Al contrario de lo que ocurrió con la llegada de Colón y sus naves, a partir de la cual se vivió un choque de culturas, España creó un imperio en el cual no se ponía el Sol y las potencias europeas se lanzaron a la conquista del Nuevo Mundo.

La presencia vikinga en América desde el siglo X está documentada por la arqueología y por la Saga de Groenlandia y la Saga de Erik el Rojo. Cuentan estas obras literarias que Erik Thorvaldson, llamado El Rojo, fue desterrado de Islandia en 982 por el asesinato de dos hombres, la misma razón por la que su padre había sido expulsado años antes de Noruega. Erik el Rojo navegó entonces hacia el oeste y llegó a un territorio que, para atraer a sus compatriotas, bautizó como Groenlandia (tierra verde). Una exageración, ya que la isla estaba helada y sólo había un par de valles verdes al sur. "Constituye el primer caso de propaganda engañosa", ironiza el arqueólogo Kenneth Feder, de la Universidad Central del Estado de Connecticut, en su libro Fraudes, mitos y misterios (1990).

La tierra del vino

Los vikingos desembarcaron en Groenlandia en una época de temperaturas superiores a las actuales, conocida como Óptimo Climático Medieval. La colonia prosperó hasta contar con 5.000 habitantes repartidos en 250 granjas. "La de la Groenlandia noruega era una población con un marcado carácter comunitario en la que una persona no podía marcharse y vivir apartado con esperanza de sobrevivir", indica el geógrafo Jared Diamond en su libro Colapso (2005). La aventura acabó cuando, hacia 1300, un cambio climático marcó el inicio de la Pequeña Edad del Hielo, un periodo frío que duró hasta el siglo XIX. Los vikingos groenlandeses fueron incapaces de adaptarse a las nuevas y duras condiciones ambientales y se extinguieron. Pero antes pisaron más territorios desconocidos.

Poco después de llegar a Groenlandia, Leif Erikson, hijo de Erik el Rojo , se perdió cuando navegaba hacia el oeste. Fue así a parar a un lugar que llamó Vinlandia (tierra del vino), donde los vikingos establecieron un asentamiento hacia 1022. Vinlandia era rica en recursos inexistentes en Groenlandia; pero los indígenas hicieron que nórdicos duraran poco allí. "La expedición descubrió entonces que, a pesar de todo lo que aquella tierra podía ofrecerles, sufrirían la constante amenaza de los ataques de sus antiguos habitantes", cuenta la Saga de Erik el Rojo. Y los colonos volvieron a Groenlandia desde una Vinlandia que debía de encontrarse entre la isla de Terranova, al norte, y Cape Cod, al sur. Siglos después, los arqueólogos han excavado restos de un campamento vikingo de la época en la costa septentrional de Terranova, demasiado al norte para el vino y las nueces de Vinlandia, cuya búsqueda continúa.

¿ANTERIOR A COLÓN? El mapa de Vinlandia, con parte de la costa atlántica norteamericana en su extremo izquierdo. Foto: Universidad de Yale.La Universidad de Yale anunció el 12 de octubre de 1965, aniversario del Descubrimiento, la existencia de un mapa fechado en 1440 en el que aparecía una isla llamada Vinlandia al oeste de Groenlandia. Se presentó como la primera cartografía del Nuevo Mundo, un documento al que habría tenido acceso Colón. Era una donación del magnate Paul Mellon, quien lo había comprado en Génova en 1957. El mapa incluía una leyenda según la cual, hacia el año 1000, Leif Erikson había descubierto "una nueva tierra", Vinlandia. Encajaba con las sagas nórdicas, y el documento pasó a formar parte de la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de Yale a pesar de que muchos expertos dudaban de su autenticidad.

Venganza de un jesuita

El carbono 14 dictaminó en 2002 que el pergamino sobre el que está dibujado el mapa de Yale data de 1434 ±11 años. La prueba no zanjó, sin embargo, la polémica sobre la antigüedad del manuscrito por una razón obvia: el soporte puede ser anterior a Colón, pero la inscripción no tiene por qué. Es lo que indica otro estudio publicado el mismo año por los químicos Robin Clark y Katherine Brown, de la Universidad de Londres, que confirma lo que el microanalista forense Walter McCrone ya dijo en 1973. Según sus análisis, la tinta contiene anatasa, sustancia que no se sintetizó hasta 1917 y que no se da en tintas anteriores a 1923. "Es la prueba definitiva de que el mapa se dibujó después de 1923", sentencia Clark, y coinciden la mayoría de los expertos.

Una hipótesis plausible es la de la historiadora noruega Kirsten A. Seaver, para quien el autor de la falsificación fue el jesuita y cartógrafo alemán Josef Fischer. El clérigo era un estudioso convencido de que los vikingos habían llegado a América antes que Colón -publicó un libro sobre el tema en 1902- y llegó a escribir un artículo sobre mapas falsos del Renacimiento. Seaver mantiene que el mapa de Vinlandia se debe a que Fischer no pudo aguantar el uso propagandístico que hacían los nazis de la historia vikinga y decidió vengarse de ellos.

Para ello, explica la historiadora, el jesuita compró en una subasta a principios de la década de 1930 dos libros del siglo XV y desmontó parte de uno. Así consiguió el lienzo, el pergamino antiguo sobre el que dibujar un mapa que dejaría claro que el descubrimiento de América había sido, en última instancia, una empresa cristiana. Porque en el texto del mapa de Vinlandia se lee: "Eric, legado del Observador Apostólico y obispo de Groenlandia y las regiones vecinas, llegó a esta verdaderamente inmensa y muy fértil tierra, en el nombre de Dios Omnipotente...". "Parece muy plausible. Pudo ser arrogancia intelectual o simplemente un juego, pero él (Fischer) estaba en el lugar idóneo, en el momento idóneo y disponía de la información necesaria. Todo cuadra", piensa Robert W. Karrow, conservador de colecciones especiales y mapas de la Biblioteca Newberry, de Chicago.


El libro

Maps, myths, and men: the story of the Vinland map (2004): La historiadora Kirsten A. Seaver examina las pruebas existentes a favor de la autenticidad del mapa de Vinlandia y, tras concluir que es un fraude, apunta a un posible autor y a las motivaciones que le pudieron llevar a hacerlo.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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