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07 May 2009

Mientras los miembros del Gobierno central siguen prometiendo el cargo ante un crucifijo y la Biblia -una falta de respeto hacia quienes no profesamos la fe católica-, Patxi López acaba de tomar posesión como lehendakari sobre un ejemplar del Estatuto de Gernika, sin símbolos religiosos y sin humillarse ante Dios. Se rompe así con una tradición que casaba muy mal con la sociedad en la que vivimos, además de que sonaría falsa en un no creyente como López. Habrá quien se rasgue las vestiduras desde el nacionalismo confesional, pero es que los dirigentes políticos -lehendakaris, incluidos- bajo palio hace tiempo que tenían que haber quedado como una triste curiosidad histórica. Bienvenido sea un Gobierno vasco laico que defienda la pluralidad de credos y el no credo, en el fondo y en las formas. Quien crea que crea en lo que quiera, pero que no pretenda imponer sus símbolos y principios al resto de la ciudadanía.

Siempre he pensado que la caricatura es la mejor manera de entender lo que nos parecen a algunos las promesas de cargos públicos con símbolos religiosos de por medio. Imagínense a alguien jurando un cargo por La Fuerza, y ante el casco y la sable láser de Darth Vader, para que, si incumple sus deberes, le castigue esa energía misteriosa que impregna todo lo vivo. ¿A que no suena serio? Pues eso…

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17 Abr 2009

Sobrecoge leer el último artículo de opinión de Iñaki Anasagasti publicado en El Correo, titulado 'Presidente o lehendakari' y que tiene como objetivo, ¡cómo no!, deslegitimar a Patxi López como futuro jefe del Ejecutivo vasco. Sobrecoge por las razones que da el senador nacionalista para atacar al todavía no lehendakari. A Anasagasti le molesta que el candidato socialista vaya a modificar la fórmula utilizada por José Antonio Aguirre en 1936 y que, desde entonces, han empleado en su toma de posesión los lehendakaris, con una modificación introducida por Karlos Garaikoetxea. Dice: "Ante Dios humillado, en pie sobre la tierra vasca, en recuerdo de los antepasados, bajo el árbol de Gernika, ante vosotros, representantes del pueblo, juro desempeñar fielmente mi cargo". López ha decidido eliminar la humillación ante Dios, introducir referencias a la Constitución y el Estatuto de Gernika, y prometer y no jurar.

Para Anasagasti eso es pecado mortal, claro. "Romper con tradiciones es fácil, pero quizás quita solvencia a quien ejerce de iconoclasta aficionado por desconocer la realidad, ya que aquella fórmula que utilizó el primer lehendakari de la historia, José Antonio de Aguirre, además de, para mí, bellísima y solemne, surge en un momento en el que aquel Gobierno tenía al enemigo levantado en armas a veinte kilómetros de la Casa de Juntas, y se hizo asimismo ante aquel primer Gobierno de la historia vasca que lo era de concentración, y tenía un programa común y tres consejeros socialistas en su Gabinete, los tres, por cierto, enterrados en el exilio", escribe. Y añade: "La fórmula tiene 73 años y hay que cambiarla, laicizarla, hacerla irreconocible. Que se note, como se notará el dichoso cambio del mapa del tiempo en ETB. Entiendo que lo que aprobaron en octubre de 1936 tres consejeros socialistas sobre el himno que fue ratificado en el Congreso Mundial Vasco de 1956 celebrado en París haya que modificarlo y tratar de apostar por la magnífica canción foral-carlista del bardo Iparraguirre, Gernikako Arbola. Lo entiendo. Muera el pasado político. Pero, siguiendo este razonamiento, lo lógico sería que Patxi López sea el presidente del Gobierno vasco, como lo fue Ramón Rubial del Consejo General Vasco, y no su lehendakari, en el caso de ser elegido".

Como digno representante de la derecha confesional -el lema del PNV es "Dios y leyes viejas", no lo olvidemos-, Anasagasti considera intocables las tradiciones. Por fortuna, la sociedad vasca -y la española, en general- hace tiempo que optó, con lamentables excepciones, por no demonizar a las madres solteras, perseguir a quienes maltratan a mujeres, no considerar inferiores a otros seres humanos... Esas tradiciones sí que son viejas y no la que quiere cambiar López, que tiene sólo 73 años. Aún así, desde 1936 el mundo ha cambiado mucho y la presencia de cualquier divinidad como legitimadora del poder terrenal resulta tremendamente anacrónica, una de esas incursiones de la religión en la vida pública que tanto agradan a quienes quieren hacernos comulgar a todos con su dios. El lehendakari lo es no por la gracia de ningún dios, sino por decisión de los representantes de la soberanía popular, de acuerdo con la Constitución y el Estatuto. Que la fórmula de Aguirre sea más o menos bonita, no importa. Además, si ya la cambió Garaikoetxea -introduciendo el "ante vosotros, representantes del pueblo"-, ¿por qué no lo puede hacer López?

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07 Abr 2009

Los nuevos miembros del Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero acaban de prometer sus cargos ante un crucifijo y una Biblia. Otra vez, la presencia de símbolos cristianos en una toma de posesión ministerial viola el derecho a la libertad de conciencia de muchos españoles con la complicidad del presidente del Gobierno y del Jefe del Estado. ¿Llegará algún día el cambio de verdad? ¿Se cumplirá algún día el principio constitucional de aconfesionalidad del Estado?

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22 Jun 2008

Ahora más que nunca, tal como vienen dadas en el País Vasco y en España en general, les recomiendo el último libro del filósofo Fernando Savater. Se titula Saliendo al paso y reúne cuatro años de artículos en El País, en El Correo e Interviú, desde el atentado del 11-M hasta diciembre del año pasado. Fácil de leer, como todo lo que escribe el pensador vasco, da que pensar y tiene la virtud de demostrar la independencia respecto del poder político de un autor que critica a todas las siglas e ideologías sin distinción cuando cree que se lo merecen. Por eso, no es raro que, como apunta en el prólogo, esté cada vez más solo. "Durante los cuatro años en que se han ido publicando estos artículos me he quedado bastante más solo que antes. Amigos y conocidos que celebraban mucho los primeros de la serie, más tarde -y sobre todo ahora- han pasado a evitar la menor mención de los posteriores". Curiosamente, cuanto más leo a Savater, más próximo me siento a él. Todo lo contrario que lo que me pasa con nuestros políticos, de Vitoria y de Madrid, de antes y de ahora.

Me hubiera gustado que Juan José Ibarretxe hubiera jugado limpio con su ansiado referéndum. No lo ha hecho. Ha propuesto dos retorcidas preguntas para que la sociedad le responda que y luego hacer lo que le dé la gana, cuando tenía que haber lanzado un interrogante clarito como el agua, capaz de entenderlo hasta el más tierno de los infantes. Algo del estilo de: ¿quiere usted que el País Vasco se independice de España de una puñetera vez? Lo digo porque ése es el quid de la cuestión. No hay vasco bien nacido que no desee la paz y condene a los pistoleros, y llevamos, por fortuna, decidiendo cosas en las urnas por nuestra cuenta desde hace treinta años. Por eso las dos preguntas de Ibarretxe, a mi juicio, sobran. Encima, la consulta se salta la legalidad vigente, la misma que le hace a él lehendakari. Así que puede que al final tanto derroche de dinero y esfuerzo haya sido para nada. La verdad es que, si su intención es dar la palabra al pueblo, el lehendakari lo tiene fácil. Estamos a las puertas de unas elecciones autonómicas. Si quiere saber si los vascos apoyamos mayoritariamente su sueño de salirse de España, que incluya en esos comicios como primer y único punto de su programa electoral ése: "Hacer todo lo posible para que los vascos nos vayamos de España cuanto antes". No se necesita más. La consulta sería legal y el electorado podría -indirecta, pero claramente- responder conscientemente a una pregunta sin dobles, triples o cuádruples interpretaciones, no a dos interrogantes dirigidos más a confundir al personal que otra cosa, que parecen salidos del mejor marxismo.


Incumpliendo la Constitución

Otros que se creen que somos tontos son los socialistas. Dicen que son progresistas y a veces actúan como tales; pero, cuando topan con la Iglesia, se arrugan y les sale el conservadurismo más rancio. Lo hecho y dicho por el PSOE a finales de mayo sobre la retirada del crucifijo y la Biblia de las tomas de posesión del presidente del Ejecutivo y sus ministros es una tomadura de pelo a los españoles y una perpetuación de la perversa herencia del franquismo, un legado que, aún en democracia, otorgó a la católica el caracter de religión oficial de facto, a pesar de la constitucional aconfesionalidad del Estado. "En la toma de posesión de los ministros el crucifijo está de más, pero no haremos una ley para prohibirlo", dijo el secretario general del grupo socialista, Ramón Jáuregui, después de que su partido se aliara en el Congreso con el PP contra la retirada de los símbolos cristianos de ese acto. Jáuregui añadió que es necesario "avanzar en la aconfesionalidad", pero sin generar "tensiones innecesarias", y que "la laicidad avanza al ritmo de la convicción colectiva y, sobre todo, sin imposiciones ni prohibiciones".

"Cuando el Gobierno español se constituye públicamente bajo el símbolo del crucifijo cristiano se está violando el derecho a la libertad de conciencia de muchos españoles. Y también se viola flagrantemente la de algún vasco cuando el lehendakari jura en Gernika ante la misma cruz, o cuando proclama (en una fórmula de rancio medievalismo que parece imaginada por Walter Scott) que «se humilla ante Dios»", ha escrito el abogado José María Ruiz Soroa. El letrado ha recordado en El Correo que "es sorprendente que pueda utilizarse la ley para imponer hábitos saludables como dejar de fumar, o para que se beba menos alcohol, y en cambio no resulte la ley el cauce adecuado para terminar con una costumbre pública heredada del nacional catolicismo más rancio. La ley no puede ser usada o cumplida a voluntad, según convenga en cada momento, como parecen creer algunos: quitar estatuas sí, pero retirar cruces no". Y no nos olvidemos de que la ley a favor de cuya violación se han inclinado el PSOE, el PP y CiU es la Constitución, precisamente lo único que nos une a todos y que no sobra en la mesa de la toma de posesión gubernamental. Porque a mí me ofende la imposición de los símbolos propios de una religión en un acto público contra lo que dice la ley ahí presente, y sólo pido que mis gobernantes cumplan de una vez esa ley que prometen cumplir y hacer cumplir. "Nuestros conservadores (y en este caso hay que incluir entre ellos a los socialistas) suelen alegar que se trata de símbolos o fórmulas históricas cargados de tradición, desprovistos ya de su contenido fuerte religioso, de algo que se habría vuelto algo así como inocuo. Incluso simpático. Es la excusa recurrente de quienes toman sus propias creencias o costumbres como algo poco menos que natural, que no podría ofender a nadie que tenga otras distintas. En el fondo, es la excusa de quienes se resisten a tomarse en serio los derechos fundamentales de las personas", destaca acertadamente Ruiz Soroa.

Algunos católicos quieren seguir imponiendo al resto de los españoles sus símbolos, como pasaba en tiempos del dictador. Siguiendo con esa sumisión a la religión, si mañana un ministro musulmán pide que se incluya en la mesa el Corán, ¿qué se la a responder?, ¿por qué no se va a hacer? ¿Y si reclama lo propio un seguidor de la Cienciología o uno -mucho más serio sin duda- de la religión Jedi? ¿Acaso no tienen que tener todos los creyentes los mismos derechos que los cristianos? Sí, todos tienen derecho a creer en lo que quieran, pero no a imponernos al resto sus credos, como pasa hoy en las tomas de posesión gubernamentales. "El laicismo -como recuerda Savater en Saliendo al paso- no persigue a los creyentes (esas persecuciones siempre se hacen por motivos religiosos, incluido un ateísmo elevado a dogma inquisitorial), sino que da campo abierto a todas las creencias por igual, pero en la conciencia de cada cual. Naturalmente no reprime que esa conciencia se manifieste de modo público, pero exige que sea a título privado y no con respaldo gubernamental".

Fernando Savater: Saliendo al paso. Espejo de Tinta. Madrid 2008. 350 páginas.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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