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10 Jun 2009

Estructuras del Parque Etnográfico de las Pirámides de Guímar. Foto: Luisa Idoate

Miguel Seguí da cuenta en el último número de Año Cero, la revista que dirige Enrique de Vicente, del descubrimiento en isla Mauricio de siete pequeñas estructuras como las pirámides de Güímar y dice que el hallazgo "ha vuelto a abrir el debate sobre la posible existencia de una antigua civilización marítima, que se extendió entre el Atlántico y el Índico hace miles de años". Mete la pata hasta el fondo Seguí, quien ya descubrió hace dos años que la Tierra no pertenece a la Vía Láctea, sino a otra galaxia, y, a pesar de ser biólogo, sostiene que puede haber dinosaurios vivos en África. Las pirámides de isla Mauricio son conocidas desde hace muchos años, hasta el punto de que en las guías turísticas se explica que se trata de cuidados amontonamientos de piedras hechos por los campesinos para liberar tierra cultivable de roca volcánica, tal como indican los astrofísicos Antonio Aparicio y César Esteban en su libro Las pirámides de Güímar. Mito y realidad (2005). En vez de deducir de eso que las estructuras canarias tienen un origen similar, Seguí da la vuelta a la tortilla, ignora las explicaciones de los historiadores y se lanza a especular con que, "en el pasado, tal vez existió un pueblo que sobresalió por su dominip increíble de las rutas marítimas, que construyó templos alineados con los puntos cardinales y los fenómenos solates, y que, probablemente, contacto con la civilización egipcia". Lo suyo, definitivamente, es la historia ficción.

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03 Ago 2008

Estructuras del Parque Etnográfico de las Pirámides de Guímar. Foto: Luisa Idoate

El explorador noruego Thor Heyerdahl descubrió en 1990 el nexo entre las pirámides egipcias y las americanas. Estaba en Güímar, un pueblo de la costa oriental de Tenerife. Era un conjunto de seis estructuras escalonadas, hechas con roca volcánica, que habían pasado desapercibidas para la ciencia hasta poco tiempo antes. Las habían descubierto en 1987 los miembros de la Confederación Internacional Atlántida, un grupo canario de aficionados a lo paranormal, y enseguida habían llamado la atención de los medios de comunicación. Fue así, por la prensa, como Heyerdahl se enteró de la existencia de las pirámides de Güímar.

"Siempre he mantenido que la civilización viajó de Oriente a Occidente, transportada por las corrientes marinas y los vientos alisios", explicaba el aventurero en 1999, tres años antes de su muerte. Heyerdahl era difusionista: creía que cada cosa se ha inventado sólo una vez en la Historia y después el conocimiento se ha irradiado desde el lugar del hallazgo al resto del mundo. Eso supone que, si hay pirámides a una y otra orilla del Atlántico, es porque la idea y la tecnología para levantarlas se le ocurrió a alguien en uno de los dos sitios y luego viajó hasta el otro. Las pirámides de Güímar, a medio camino, confirmaban, para el aventurero nórdico, esa visión de la evolución de las culturas.

Guanches en América

Heyerdahl organizó durante el siglo pasado varias expediciones para demostrar la posibilidad de contactos transoceánicos en la Antigüedad. Veía los mares como las autopistas por las cuales se había difundido el conocimiento a bordo de embarcaciones como la Kon-Tiki, una balsa de juncos con la que cubrió en 1947 los 7.000 kilómetros que separan Perú del archipiélago polinesio de Tuamotu. Cincuenta años después, las estructuras de Tenerife -que para los lugareños son majanos, meros montones de piedras- le llevaron a pensar que los navegantes que habían cruzado el Atlántico desde Eurasia con el conocimiento necesario para construir ese tipo de edificios pudieron no ser egipcios, sino guanches.

En su aventura canaria, tuvo el apoyo de su amigo el naviero Fred Olsen, cuyos ferries conectan el archipiélago. El multimillonario noruego financió en 1991 unas excavaciones en la plaza central del complejo, que ocupa en total unos 3.000 metros cuadrados. Las dirigieron los arqueólogos María de la Cruz Jiménez y Juan Francisco Navarro, de la Universidad de La Laguna, y no encontraron restos anteriores al siglo XIX. "La excavación arqueológica es contundente en el sentido de ubicarlas (las pirámides) en el siglo pasado", concluyeron. Los científicos creían que las estructuras eran simples amontonamientos de piedras hechos por los campesinos para liberar suelo cultivable.

Heyerdahl, sin embargo, sostuvo hasta su muerte otra cosa: "Seguramente, bajo ellas se encuentran tumbas guanches". El ingeniero egipcio Robert Bauval, quien visitó Tenerife en 2001, creía también que las edificaciones habían sido antiguos lugares de culto con conexiones astronómicas. Esta última explicación se agarraba, seguramente, a los estudios de Antonio Aparicio, Juan Antonio Belmonte y César Esteban. Estos tres investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias y la Universidad de La Laguna habían constatado a principios de los años 90 que el conjunto arquitectónico está orientado astronómicamente; aunque en ningún momento habían achacado las edificaciones ni a guanches, ni a atlantes, ni a nada parecido.

Orientación masónica

Bauval y otros autores sostienen que las pirámides de la meseta de Giza se construyeron hace 10.500 años. La misma edad se atribuye a las estructuras canarias en el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, que abrió sus puertas en 1998 por iniciativa de Olsen y Heyerdahl. Un vídeo explica al visitante que la pirámide surgió como estructura hace 10.000 años, simultáneamente, en Egipto, América y otros lugares, lo que demostraría una conexión transoceánica en la Prehistoria. Pero es que las pirámides egipcias, que eran tumbas, se remontan a hace sólo unos 4.500 años y las más antiguas americanas, que eran templos, a poco más de 2.000.

Quien únicamente las conoce de oídas puede pensar, además, en las estructuras de Güímar como equiparables a las levantadas por egipcios y mayas. La palabra pirámide evoca imágenes de construcciones gigantescas en el desierto y en mitad de la selva mesoamericana, colosales edificaciones de decenas de metros de alto formadas por grandes bloques de piedra. Frente a eso, el majano más grande de Tenerife mide 50 metros de largo por 16 de ancho, 5 metros de altura y está hecho de roca volcánica sin trabajar. Estructuras similares existen en isla Mauricio, otro archipiélago volcánico, y no se han achacado nunca a desconocidos contactos culturales en la Antigüedad, entre otras cosas porque ningún ser humano vivió allí antes de 1598.

No hacen falta ni atlantes, ni alienígenas, ni egipcios de viaje a América para explicar el origen de las pirámides de Güímar. Son amontonamientos de piedras hechos en el siglo XIX para limpiar un terreno y dedicarlo al cultivo de cochinilla, algo parecido a lo que han hecho los campesinos de isla Mauricio para la caña de azúcar, tal como explican los astrofísicos Antonio Aparicio y César Esteban en su libro Las pirámides de Güímar. Mito y realidad (2005), la única aproximación seria a la historia de los majanos. Lo que no está claro es el por qué de la orientación astronómica del complejo. Aparicio y Esteban sostienen que se debe a que en el siglo XIX el propietario de la finca, el masón Antonio Díaz Flores, habría orientado las estructuras para dotarlas de un significado simbólico ligado a la masonería.


El libro

Las pirámides de Güímar. Mito y realidad (2005): Los astrofísicos Antonio aparicio y César Esteban sacan a la luz la verdadera historia de este presunto misterio canario.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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27 Jun 2008

Almudena Cacho y yo hablamos el 18 de junio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de las piramides De Güímar, en la trigésimo cuarta entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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17 Dic 2006

Da igual lo que digan los arqueólogos, los astrónomos y todos los científicos que han estudiado el misterio de las falsas -y muy rentables- pirámides de Güímar. Ayer, el suplemento El Viajero, del diario El País, presentaba las estructuras de Tenerife como restos de la cultura guanche, asumiendo así la tesis de los promotores del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, el naviero noruego Fred Olsen y su fallecido amigo el explorador Thor Heyerdahl (1914-2002). El autor del reportaje, Carlos Pascual, afirma que el complejo turístico "relaciona unas pirámides guanches allí encontradas con estructuras similares de México o Perú, e incluso con los marae (tan increíblemente parejos) de Polinesia", asegura que "la existencia de este tipo de estructuras en la sociedad prehispánica de las islas era un hecho documentado", da a entender que los arqueólogos han confirmado lo extraordinario de las edificaciones en trabajos realizados desde 1991 y aporta como prueba de la guanchidad de las estructuras el descubrimiento de restos aborígenes en una cueva existente bajo una de las pirámides. El texto, lleno de errores y falsas interpretaciones, llegará lamentablemente a mucha más gente que trabajos como el publicado en 2003 por Historia 16 y libros como Las pirámides de Güímar: mito y realidad (2005), que ponen el enigma en su justo término.

En contra de lo que sostiene Pascual, el origen de las estructuras no se remonta en el tiempo más allá del siglo XIX, ni tiene que ver con los guanches. Otra cosa, claro, es lo que venden en el parque temático, "uno de los reclamos más atractivos y visitados de la isla", como bien recuerda el periodista. El negocio de Güímar, alimentado durante años por las revistas esotéricas, tiene tan poco fundamento como el de Roswell y se basa en lo mismo: mentiras, fantasías y tergiversaciones. La arqueología, sea isleña o internacional, no ha confirmado que estemos ante vestigios guanches; al contrario. Y que se hayan encontrado restos aborígenes bajo una de las estructuras no significa que éstas lo sean. ¿O es que el hallazgo de huesos prehistóricos bajo una iglesia confirma que esa iglesia es prehistórica? Tampoco hay documentos que avalen la existencia de las pirámides antes de la llegada de los españoles y su circunstancial vinculación con edificios similares de otras partes del mundo fue auspiciada por un Heyerdahl para quien la pirámide es un invento egipcio que el pueblo del país del Nilo difundió por todo el mundo, algo que rechaza cualquier estudioso de la Historia mínimamente informado.

Es una pena que Pascual se haya fiado más de la publicidad del complejo turístico que de lo que mantienen todos los científicos que se han aproximado al misterio de las pirámides de Güímar, un enigma prefabricado en los años 80 por un grupo de aficionados a lo paranormal, la Confederación Internacional Atlántida, y lanzado a la fama por el contactado con extraterrestres Francisco Padrón. No hacen falta ni atlantes, ni alienígenas, ni egipcios de viaje a América para explicar el origen de estas estructuras, que son amontonamientos de piedras hechos en el siglo XIX para limpiar un terreno que luego se dedicaría al cultivo de cochinilla. Lo explican los astrofísicos Antonio Aparicio y César Esteban en su libro Las pirámides de Güímar: mito y realidad, y lo hizo también hace tres años Cornel M.A. Van Strijp en Historia 16: el parque temático de Güímar es una fraude. Y promocionarlo es lo contrario a impulsar la cultura de un pueblo, por mucho dinero que mueva.

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11 Dic 2003

Las pirámides tal y como se presentan en los folletos del parque temático de Güímar.

Mientras Nacho Ares, director de Revista de Arqueología, plantea en serio en su último libro, La historia perdida II, que en la estela de Naramsin puede aparecer un platillo volante, la veterana Historia 16 (Nº 332, diciembre 2003) da el golpe de gracia a las denominadas pirámides de Güímar. Cornel M.A. van Strijp desmonta el cuento elaborado por los fabricantes de misterios desde 1989 alrededor de unas construcciones, levantadas en Tenerife, que no son más que amontonamientos de piedras hechos por los lugareños en los siglos XVIII y XIX para liberar suelo cultivable. El fraude de Güímar contó en su época con el apoyo del fallecido explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), quien, animado por el naviero Fred Olsen, apadrinó un parque temático en el que se defiende que las pirámides canarias son el eslabón geográfico entre las egipcias y las centroamericanas. Hace unos años, visité el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar -abrió sus puertas en 1998- y comprobé in situ hasta qué punto se tergiversa la Historia en ese centro. Sus impulsores mantienen, por ejemplo, que las construcciones pirámidales surgieron hace 10.000 años, de la noche a la mañana y simultáneamente en Egipto y América Central, entre otros lugares. La realidad es que las más antiguas piramides americanas tienen poco más de 2.000 años y las egipcias unos 4.500. Pero ésa es la realidad, como lo es que Güímar se ha convertido en punto de reunión habitual de charlatanes y que desde las instituciones locales se ha animado a los centros escolares a organizar excursiones al parque. Van Strijp deja todo claro en "La verdad sobre las pirámides canarias", un texto ordenado y sólidamente cimentado en documentos y hechos perfectamente datados. Otros autores llevan años denunciando el engaño, pero nunca se había hecho en las páginas de una revista de historia. Y eso es algo que celebrar en una época en la que reputados especialistas siguen integrando el comité científico de Revista de Arqueología -da igual que en sus páginas se incluya un elogioso reportaje sobre las pirámides de Güímar y se busquen la Atlántida y el Arca de Noé- y los historiadores mantienen un vergonzoso silencio sobre la emisión en Televisión Española (TVE) de la serie Planeta encantado, en la que Juan José Benítez tergiversa el pasado una semana tras otra.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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