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29 Ago 2009

Antes que Superman, hubo un noble español con visión de rayos X. Se llamaba Joaquín María Argamasilla de la Cerda y Elio, y viajó a Nueva York en los años 20 del siglo pasado para demostrar sus poderes ante el ilusionista Harry Houdini. "Ha venido a este país a convencer a los científicos de que puede ver a través del oro, la plata, el cobre y otros metales, e hizo su primera demostración antes de una reunión ayer en el hotel Pennsylvania", decía el 7 de mayo de 1924 The New York Times en su tercera página. Houdini no creía que el español, de 19 años, tuviera "visión supranormal".

Joaquín Argamasilla nació en Madrid el 4 de abril de 1905 y murió en 1985. Cuando se revelaron sus habilidades sobrenaturales, su padre, el décimo marqués de Santa Cara, presidía la Sociedad Española de Estudios Metapsíquicos, que era como se llamaba entonces a la parapsicología. Según Houdini, el joven llegó a Estados Unidos con cartas de presentación del Nobel de Medicina francés Charles Richet -quien había acuñado el término metapsíquica-, del investigador psíquico galo Gustav Geley y de destacados científicos españoles que aseguraban que Argamasilla "había superado todas las pruebas y había demostrado concluyentemente a su satisfacción que podía leer a través de metal".

Tras la muerte de su madre en 1913, el mago estadounidense se había volcado en el desenmascaramiento de mediums y dotados de poderes paranormales. Acudía a sesiones espiritistas y a actuaciones de psíquicos para descubrir los trucos con los que engañaban a la gente. Houdini narra sus peripecias en ese mundillo en libros como Miracle mongers and their methods (Los traficantes de milagros y sus métodos, 1920) y A magician among the spirits (Un mago entre los espíritus, 1924). Esa afición, que luego han seguido otros ilusionistas, acabó con la amistad que le unía a Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes y devoto del espiritismo.

Mirando por la rendija

Las habilidades de Argamasilla, quien con el tiempo se convertiría en undécimo marqués de Santa Cara y director general de Cinematografía y Teatro (1952-1955), se limitaban a acertar con los ojos vendados la hora que marcaban las manecillas de un reloj de bolsillo con tapa y lo escrito en un papel metido en una caja de metal. Decía que su visión de rayos X funcionaba siempre que el metal no estuviera pintado.

El joven salía de la habitación, los experimentadores metían un papel en la caja o movían las agujas del reloj, el psíquico regresaba, se vendaba los ojos, tomaba la caja o el reloj entre las manos y adivinaba lo escrito o la hora. Fue un fenómeno hasta que Houdini se puso manos a la obra. Sabía que uno puede vendarse los ojos de tal modo que siga viendo -es un arte que dominan los magos- y pilló a Argamasilla abriendo subrepticiamente la tapa de un reloj y echando una mirada dentro sin que nadie se enterara. Comprobó, además, que el truco de la caja sólo le salía si lo hacía con dos de su propiedad que le permitían echar un vistazo al interior por la holgura del cierre. Houdini explicó las artimañas del noble psíquico español en un librito y acabó con su carrera paranormal.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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05 Ago 2009

James S. McDonnell, fundador y presidente de la compañía aeronáutica McDonnell Douglas, donó hace treinta años 500.000 dólares -unos 33 millones de pesetas de entonces, el cuádruple de lo que costaba un piso de 200 metros en la Gran Vía bilbaína- a la Universidad de Washington para que investigara los fenómenos paranormales. El físico Peter Phillips asumió la dirección del llamado Laboratorio McDonnell para la Investigación Psíquica, que reclutó a los sujetos a estudiar mediante anuncios en la prensa. Dos fueron los elegidos entre trescientos candidatos que decían tener poderes psíquicos: Michael Edwards y Steve Shaw, de 17 y 18 años, respectivamente.

Phillips estaba particularmente interesado en el doblamiento psicoquinético de metal -lo que hacía Uri Geller con cucharas y llaves-, y disfrutó de eso y mucho más. Durante veintiún meses, Edwards y Shaw realizaron ante los ojos de los investigadores y las cámaras del proyecto un sinfín de maravillas: doblaron cubiertos, adivinaron dibujos metidos en sobres, fundieron fusibles, hicieron girar molinillos de papel dentro de recipientes estancos... Parecía que, por fin, la parapsicología iba a entrar a formar parte de las disciplinas científicas cuando empezaron a circular inquietantes rumores.

Los lanzó el ilusionista James Randi en un congreso de magos celebrado en Pittsburgh en julio de 1981. Se jactó de que Edwards y Shaw eran discípulos suyos, y de que lo que Phillips y su equipo consideraban fenómenos paranormales eran sencillos trucos de prestidigitación. "Once días después, me enteré de que los rumores habían llegado hasta el Laboratorio McDonnell. Era un intento de alertar a los parapsicólogos. En vez de eso, se los contaron a Banachek (nombre artístico de Shaw) y Edwards como bromas. No les preguntaron si había algo de verdad en ellos", recordaba Randi en 1983.

Adiós a los prodigios

Si en algún momento los parapsicólogos hubieran preguntado a los jóvenes si recurrían a trucos, éstos habrían respondido: "Sí, y nos ha enviado James Randi". Era una de las premisas con las que el ilusionista había puesto en marcha tan peculiar iniciativa, llamada Proyecto Alfa, después de que Phillips desoyera sus consejos previos para evitar engaños. El ilusionista había recomendado a los parapsicólogos adoptar protocolos experimentales estrictos e inmutables, no admitir sugerencias de los sujetos que dieran pie a trampas y, sobre todo, que hubiera siempre un mago alerta ante posibles trucos.

Phillips empezó a sospechar del engaño después de que Randi le mandó un vídeo con explicaciones de algunos trucos paranormales. Se estrecharon los controles, como había pedido desde el principio el ilusionista, y se acabaron los prodigios. Edwards y Shaw ya no podían, por ejemplo, adivinar los dibujos dentro de sobres cerrados con grapas por el simple procedimiento de quitar algunas con las uñas, echar una ojeada y luego volver a meter las grapas por los mismos agujeros.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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09 Nov 2007

Carlos J. Álvarez y Javier San Martín hablaron de los misterios del cerebro el 6 de noviembre en Área de Bizkaia, en Punto Radio Bilbao.

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19 Ago 2007

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19 May 2007

Uno de los hijos de María Gómez Cámara, junto a 'La Pava'. Foto: Ramón L. Pérez.

Una mancha de grasa fue el origen de todo. Apareció en el suelo de una cocina, y una mujer vio en ella un rostro. Así nacieron las caras de Bélmez en agosto de 1971. Medio año después, convertido el pueblo en el Roswell de la parapsicología española -con voces de ultratumba y todo-, la Prensa dictaminó que aquello era un fraude. Y el fenómeno cayó en el olvido hasta que Iker Jiménez se fijó en él. "¡Las caras de Bélmez son auténticas!", sentenciaba en un artículo que firmaba con su colega Lorenzo Fernández en la revista Enigmas en septiembre de 1997. El fallecido Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, aseguraba en el editorial que los dos periodistas aportaban "pruebas definitivas del carácter paranormal de las caras de Bélmez".

María Gómez Cámara, la descubridora de las caras, murió el 3 de febrero de 2004. El Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda quiso entonces hacer de su casa un museo para aprovechar el tirón turístico, pero los descendientes de la mujer pidieron por ella una millonada. Los parapsicólogos invadieron el pueblo y, a su paso, los rostros se multiplicaron convenientemente por inmuebles más asequibles. Un libro que relacionaba las teleplastias -así las llaman los parapsicólogos- originales con muertos de la Guerra Civil se convirtió en un bestseller y se extendió la idea, defendida por Jiménez y Fernández en su reportaje, de que el régimen franquista había montado una operación para echar tierra sobre el asunto. ¡Las caras de Bélmez habían resucitado!

"Una trola de colegio"

Primer reportaje de 'Ideal' de Granada, en el que se ve a María Gómez Cámara vendiendo fotos de las caras.¿Pero qué hay de cierto en toda la historia del que ha sido considerado el mayor misterio de la parapsicología española? Casi nada, según el periodista Javier Cavanilles y el parapsicólogo Francisco Máñez, autores de Los caras de Bélmez (Ediciones Redactors i Editors), que la próxima semana llega a las librerías. "Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre... Es todo muy loco. Son 36 años de tonterías", dice Cavanilles. "Es una típica trola de colegio", remacha Máñez. Ellos lo tienen claro: "Si se hubiera descartado la explicación sobrenatural (milagrosa o parapsicológica) desde el primer momento, todo hubiera quedado en una broma. Por eso hay que preguntarse cómo es que una anécdota tan absurda ha durado tanto".

Al principio, fue una pareidolia. El 23 de agosto de 1971, María Gómez Cámara creyó ver una cara en una mancha del suelo de su cocina, como se ven formas en las nubes, en las mesas de mármol y en tantos otros sitios. Aquello montó tal revuelo en el pueblo que uno de sus hijos destruyó la imagen con una piqueta. De nada sirvió. A principios de septiembre, apareció en el mismo lugar otra -la conocida como La Pava-, que fue recortada y protegida tras un cristal. Y, en enero de 1972, surgió en el mismo sitio una tercera cara, más tosca, que fue recortada y tirada a la basura. El fenómeno era ya imparable.

Una información periodística, publicada en el diario granadino Ideal el 16 de septiembre, hizo que el fenómeno sobrepasara los límites de Bélmez. "Un rostro que aparece y desaparece en un fogón", decía el título. Habían pasado tres semanas desde el descubrimiento de la primera cara en la casa de Juan Pereira y María Gómez Cámara y ya florecían varios negocios en torno al misterio: la familia cobraba la voluntad por entrar en la casa, se montaban viajes organizados y la mujer vendía fotos de La Pava a 10 pesetas la unidad (el periódico costaba 5 pesetas entre semana y 6 los domingos). "Nadie ha sacado mucha pasta con las caras de Bélmez. Nadie se ha llevado todo lo que esperaba", dice Cavanilles.

'Pueblo' llega al pueblo

"Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo). Sin Emilio Romero, ahora no estaríamos hablando de este asunto", mantiene Ramos Perera, en la época presidente de la Sociedad Española de Parapsicología, en una entrevista reciente concedida a Cavanilles y Máñez. Tras dedicar a las caras tres informaciones a finales de enero y principios de febrero de 1972, Pueblo envió a Bélmez a Antonio Casado. Su serie de reportajes 'Las caras hablan', publicados entre el 14 y el 24 de febrero, elevó las caras a la categoría de misterio nacional. "Yo no me inventé nada, pero sí puede decirse que todo el revuelo que acabó montándose fue por mis reportajes", recuerda el comentarista político, entonces un reportero de 24 años, "lo que hoy llamamos un becario".

El parapsicólogo Germán de Argumosa recorre las calles de Bélmez. Foto: Antonio casado.Casi al mismo tiempo que él, hizo su entrada triunfal en el pueblo Germán de Argumosa, un parapsicólogo al que siempre ha gustado que le llamen profesor, aunque carece de estudios superiores y nunca ha dado clase en una universidad. Argumosa creía que las caras eran un fenómeno originado en el Más Allá y se puso a grabar voces de ultratumba, psicofonías. Dijo que lo había conseguido y Pueblo se hizo eco de ello. Sin embargo, casi nadie creía en Bélmez en las voces de los espíritus porque Argumosa las grababa en habitaciones llenas de gente que no paraba de hablar. Otro parapsicólogo, Joaquín Grau, achacaba el fenómeno de las caras a una concentración de energía que canalizaría la dueña de la casa. "Cualquier afirmación, por estrafalaria que pareciera, merecía ser publicada", escriben Cavanilles y Máñez.

La tirada de Pueblo creció en 50.000 ejemplares gracias a las caras, y pronto acudieron a Bélmez otros diarios a hacerse con su parte del botín. Sin embargo, el 21 de febrero, la historia dio un giro radical: un artículo de Julio Camarero apuntó al fraude en el diario de Emilio Romero y El Alcázar publicó un reportaje en la misma línea. A partir de ahí, el misterio se fue abajo. "Me llamó Emilio Romero al despacho y me dijo: «Antonio, me ha llamado el ministro y esto hay que pararlo»", recuerda Casado, quien cree que la creciente histeria puso nerviosos a algunos dirigentes.

La Operación Tridente

Javier Cavanilles y Francisco Máñez.El joven periodista desempolvó entonces las teorías del químico que le asesoraba, se hicieron análisis y se concluyó que las caras habían sido pintadas con sales de plata. Otros diarios siguieron defendiendo la autenticidad del fenómeno, pero el declive fue imparable. Las caras de Bélmez acabaron arrinconadas en las revistas esotéricas. Cuando Iker Jiménez y Lorenzo Fernández resucitaron el enigma en 1997 argumentaron que su final se debió a "una operación oculta que tuvo como único objetivo aniquilar el misterio", que ellos bautizaron como Operación Tridente. Cavanilles y Máñez afirman que esa conspiración, de la que no hay ninguna prueba documental, es un invento de Jiménez del Oso, director de la revista Enigmas, y Casado tampoco cree en ella: "Lo de la Operación Tridente es una chorrada".

Todos los análisis químicos hechos a restos de las caras de Bélmez a lo largo de los años han confirmado el fraude. "Son manchas retocadas", explica Máñez, quien añade que al principio lo fueron con sales de plata y luego con carbón, lápiz y otros medios. Los actores también variaron con el paso del tiempo. Casado señaló en Pueblo a dos culpables: Miguel Rodríguez, el fotógrafo que tenía a medias con los Pereira el negocio de venta de fotos, y su hijo Jesús Miguel, pintor. Después, vendrían otros. ¿Y María Gómez Cámara?

"Ella tuvo que saber en todo momento lo que estaba pasando", coinciden los autores de Los caras de Bélmez. Están convencidos de que su libro no pondrá el punto final a esta historia. "Dentro de unos años, una nueva generación caerá en la trampa, como pasa con el monstruo del lago Ness, Roswell...", augura Mañez.

Miguel Chamorro, en una foto familiar, el guardia civil con el bigote retocado en 'Tumbas sin nombre' y 'La Pava', la más famosa de las caras de Bélmez.

¿Muertos de la Guerra Civil?


El libro sobre las caras de Bélmez que mejor ha funcionado es Tumbas sin nombre (2003). Obra de Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández, vincula el fenómeno con la Guerra Civil. Los autores defienden que algunos rostros corresponden a familiares de María Gómez Cámara muertos durante el asedio al santuario de la Virgen de la Cabeza.

Los periodistas admiten en el libro que, para dar con el parecido, en unos casos manipularon las dimensiones de la cara de cemento de turno, en otros la invirtieron horizontalmente y en algunos hicieron ambas cosas. Es decir, jugaron con un programa tratamiento de imágenes hasta conseguir que los rostros encajaran con lo que querían. Gerardo García-Trío, miembro del Círculo Escéptico, organización que ha colaborado con Cavanilles y Máñez, recabó la opinión de un forense que quitó cualquier valor al estudio: "Esto es muy fácil de hacer. Sólo hay que tener caradura y muy poca vergüenza. Es gente sin escrúpulos que se inventa un cuento y lo adorna con un poco de pseudociencia". "Esas caras no son mi familia. ¡No pueden ser! Es como si mi cara la ponen comparándola con otra. Con esto de los ordenadores igual todo es posible", dijo María Gómez Cámara cuando Jiménez y Fernández le presentaron la comparativa.

El dictador Francisco Franco, uno de los protagonistas del fenómeno de Bélmez.El episodio más grotesco del estudio es el que se refiere a la semejanza entre la más famosa de las caras, La Pava, y el guardia civil Miguel Chamorro, cuñado de la mujer. Se basa en una foto del militar que fue manipulada para ponerle un bigote y una boca que no eran los del original. Las pruebas están en Tumbas sin nombre, donde en una foto familiar aparece el guardia con el bigote engominado con las puntas hacia arriba. Para la comparativa con La Pava, se cogió esa imagen y se le puso un bigote con las puntas hacia abajo. Así, los dos rostros tenían un aire

Cavanilles y Máñez afirman que ese trabajo se basa en un programa de televisión protagonizado en febrero de 2003 por el Ricard Bru, en el que el showman relacionó las caras con la Guerra Civil. Los analistas de Bru hicieron lo mismo que los de Tumbas sin nombre, incluido el cambio del bigote. "Bru aclaró arbitrariamente que aquello era para imitar cómo tendría los bigotes en el momento de la muerte (...). Por lo que se ve, no le había crecido la barba, ni las patillas, ni el pelo en general, sólo un bigote bien cuidado, aunque sin gomina", escriben los autores de Los caras de Bélmez. Jiménez -con quien este periódico ha intentado hablar sin éxito- y Fernández no advirtieron de la jugada a sus lectores.

Tampoco suele ser habitual recordar que en la cocina de Bélmez han aparecido los rostros de Francisco Franco e Isabel Preysler, entre otros personajes cuya presencia resulta difícil de justificar para los partidarios de lo sobrenatural.


Método casero para fabricar 'teleplastias'

'Gnomo de Bélmez', creado por Francisco Máñez con su método de fabricación de 'teleplastias'. Foto: Francisco Máñez.Cualquiera puede hacer caras de Bélmez. "Sólo hacen falta un suelo de cemento y agua, aceite y vinagre. Así, en los posibles análisis no saldrá ni rastro de pintura, como pasa en algunas caras de Bélmez de los años 90", explica Francisco Máñez.

Se moja el suelo y, antes de que se seque, se buscan caras en las manchas de agua y se remarcan sus rasgos con agua, aceite y vinagre. Si se hace con agua, la imagen tendrá menos fuerza. Si se hace con otra sustancia, resaltará más. "En el fondo, de lo que estamos hablando en Bélmez es de un intento de aprovechar unas manchas en el suelo para hacer caja", dicen Cavanilles y Máñez.

Los periodistas esotéricos han defendido que la existencia de un nexo sobrenatural entre María Gómez Cámara, que haría aparecer las caras, y los rostros se demostraba en que, cuando ella estaba enferma, las imágenes se debilitaban. Los autores de Los caras de Bélmez creen que existe conexión, pero mundana: cuando la mujer estaba mala, no podía cuidar -remarcar y repintar- las figuras y, por eso, éstas se iban desvaneciendo.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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04 May 2007

Portada del libro de Javier Cavanilles y Francisco Máñez.Javier Cavanilles y Francisco Máñez presentan hoy en Valencia su libro Los caras de Bélmez (Ediciones RIE), producto de más de dos años de trabajo y del que ya sólo la portada va a escocer en el mundo del misterio español. De izquierda a derecha y de arriba abajo, aparecen en ella los periodistas esotéricos Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández, María Gómez Cámara -dueña de la casa en la que aparecieron las caras en 1971-, el parapsicólogo Germán de Argumosa, Fernando Jiménez del Oso, el periodista y ufólogo Bruno Cardeñosa, el parapsicólogo alemán Hans Bender, el parapsicólogo Pedro Amorós y La Pava, el más famoso de los rostros pintados en Bélmez de la Moraleda (Jaén). Por lo que sé del contenido, intuyo que podemos estar ante el libro definitivo sobre el misterio más cutre de la parapsicología española, una obra a cuyos autores ya va descalificando por ahí un vendedor de misterios y criminólogo de pacotillla que no aparece en la portada.
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19 Abr 2007

Uri Geller, en Cannes. Foto: Efe.Parece mentira, pero Uri Geller sigue de moda. Su última aparición pública ha tenido lugar en Cannes, en el mercado audiovisual más grande del mundo. Ha visitado esta semana la ciudad francesa para promocionar The successor, el reality show paranormal en el que busca heredero y que ha emitido la televisión israelí. Sorprende que este pícaro continúe en el candelero con sus cucharas dobladas cuando fue desenmascarado hace décadas por el ilusionista como James Randi y en programas de televisión como el Tonight Show, de Johnny Carson. En España, no, claro. Aquí se tragaron su cuento, entre otros, José María Íñigo en los años 70 del siglo pasado y Javier Sardá en sus más recientes Crónicas Marcianas. El primero todavía asegura de vez en cuando estar impresionado por los trucos -él no los llama así, obviamente- que hizo Geller ante sus ojos y da la impresión su fe no se resentirá por muchas pruebas que se le presenten.

Randi ha concedido este año al israelí su premio Pigasus 2006 -consistente en una placa con un cerdo volador-, en la categoría correspondientes al psíquico que ha engañado a más de gente con la menor cantidad de talento, por el truco de escuela en el que vuelve loca una brújula con un imán. Hace unos años, lo hizo ante Manuel Carballal, vendedor de misterios al que encandiló también con sus trucos de telepatía y que cree en los poderes Geller. Abraham Lincoln dijo: "Puedes engañar a algunas personas todo el tiempo y durante un tiempo a todo el mundo, pero no puedes engañar todo el tiempo a todo el mundo". Hace tiempo que Geller sólo engaña a los periodistas ávidos de espectáculo fácil y a los misteriólogos necesitados de mercancía que vender. Porque todo el mundo sabe que basta que le pongan un ilusionista delante para que se le fundan los poderes.

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12 Feb 2007

Lo comentaba ayer por la noche Antonio Lazcano, biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, en una cena familiar. "¿Ya sabéis que se cierra el laboratorio universitario de parapsicología más importante?", dijo. "¿El de Princeton?", le pregunté. "Sí", respondió. A ninguno de los comensales nos sorprendió. Y ahí quedó la cosa, porque había asuntos más interesantes de los que hablar, como la situación política internacional, la divulgación de la ciencia y los orígenes de la vida, entre otras cosas. Hoy, he recurrido a esa maravillosa herramienta que es Google News y he visto que la noticia la dio The New York Times el sábado. El laboratorio de Investigación de Anomalías en Ingeniería de Princeton (PEAR) cierra sus puertas a fin de mes porque su fundador, Robert G. Jahn, asegura que, después de 28 años y más de 10 millones de dólares gastados, han hecho todo lo que podían hacer. "Si la gente no nos cree ya, después de los resultados que hemos producido, nunca nos creerá", ha dicho el que fue decano de la Escuela de Ingenieros de Princeton.

La prestigiosa universidad no ha emitido ningún comunicado, aunque sabido es que sus gestores han vivido con sonrojo la existencia del centro desde su puesta en marcha en 1979. Algunos científicos sí han dicho, ahora y antes, lo que piensan del laboratorio parapsicológico. "Ha sido una vergüenza para la ciencia, y creo que una vergüenza para Princeton", ha declarado Robert L. Park, físico de la Universidad de Maryland y autor del libro Ciencia o vudú (2000), a The New York Times. Los trabajos sobre la percepción extrasensorial de Jahn y su equipo no han superado en todos estos años los filtros de ninguna revista científica, nadie ha podido replicarlos y no han supuesto ningún avance en el conocimiento. Es la misma historia parapsicológica de siempre.

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05 Feb 2007

¿Por qué Albert Einstein o Carl Jung creían en fenómenos como la telepatía, y hoy universidades tan prestigiosas como Princeton los investigan desde un punto científico?". Me encontré está pregunta hace unos días en el dossier de prensa de 666. Todo es Infierno (Plaza & Janés), el nuevo libro de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, autores de Sindonem (2000), rebautizado después como El último secreto de Da Vinci (2004) para aprovechar el tirón de la obra de Dan Brown. La interrogante da por hecho que Einstein creía, al menos, en la telepatía. No sé si es uno de los hechos reales en los que se apoya la novela de Zurdo y Gutiérrez; lo que sé es que es falso.
La idea de que Einstein creía en la telepatía se basa en el prólogo que escribió para el libro Mental radio, de su amigo Upton Sinclair. El texto de Einstein, tomado de la obra de Martin Gardner La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso (1981), dice:


He leído el libro de Upton Sinclair con gran interés y estoy convencido de que merece la más atenta consideración no sólo por parte de los legos, sino también de los psicólogos profesionales. Los resultados de los experimentos telepáticos minuciosa y exhaustivamente expuestos en este libro, desde luego van mucho más allá de lo que considera imaginable un investigador de la naturaleza. Por otra parte, en el caso de un observador y escritor tan meticuloso como Upton Sinclair, está absolutamente descartada la posibilidad del ejercicio de fraude consciente del mundo sometido a estudio; su buena fe y confiabilidad no admiten ninguna duda. así pues, si de alguna manera los hechos que aquí se exponen carecen de base telepática, pero tienen su origen en cierta influencia hipnótica inconsciente entre dos personas, eso también sería de un gran interés psicológico. En ningún caso, los círculos interesados en materia de psicología deben ignorar este libro.

Esta cita suele ser usada por los partidarios de lo paranormal para destacar el apoyo de Einstein a la parapsicología. Sin embargo, ignoran otra carta posterior en la que explica por qué dice >en esas líneas >lo que dice. La misiva se la escribió al psicoanalista Jan Ehrenwald -que falleció el 5 de febrero-, tras haber recibido de él un ejemplar de su libro Telepathy and medical psychology (1946) para ver si se lo prologaba, está tomada de la misma obra de Gardner y dice así:

13 mayo 1946

Estimado Dr. Ehrenwald:

He leído con gran interés la introducción a su libro, así como el relato de todas las experiencias desagradables que ha padecido, como tantos otros de los nuestros. me alegra mucho que haya conseguido emigrar a este país, y espero que encuentre aquí las posibilidades de realizar una labor fructífera. Hace varios años leí el libro del D. Rhine. No he conseguido encontrar explicaicón a los hechos que él enumeraba. Considero muy extraño que la distancia espacial entre dos sujetos (telepáticos) carezca de relevancia de cara al éxito de los experimentos estadísticos. Esto me sugiere un indicio muy firme de la posibilidad de implicación de una fuente nol identificada de errores sistemáticos.

Elaboré la introducción al libro de Upton Sinclair debido a mi amistad personal con el autor, y lo hice sin revelar mi falta de convicción, pero también sin ser deshonesto. Admito francamente mi escepticismo con respecto a todas estas creencias y teorías, escepticismo que nos es producto de un conocimiento adecuado de los hechos experimentales relevantes, sino más bien de toda una vida dedicada a la física. Más aún, debo admitir que jamás he tenido una experiencia que arroje luz alguna sobre la posibilidad de comunicación entre dos seres humanos que no estuviera basada en procesos mentales normales. Me gustaría añadir que, dado que el público tiende a conceder más peso a mis afirmaciones de lo que está justificado, debido a mi ignorancia en tantas y tantas áreas de conocimiento, me siento en la necesidad de prácticar la máxima cautela y limitación en el campo que nos ocupa. Sin embargo, me alegraría mucho recibir un ejemplar de su publicación.

Un amistoso saludo,

Albert Einstein

Einstein lo deja claro: "Admito francamente mi escepticismo con respecto a todas estas creencias y teorías, escepticismo que nos es producto de un conocimiento adecuado de los hechos experimentales relevantes, sino más bien de toda una vida dedicada a la física". En otra carta posterior, del 8 de julio, explica que ha leído el libro de >Ehrenwald "con gran interés" y que no puede llegar, como lego, a ninguna posición respecto al tema. Reconoce que negar a priori la telepatía no sería lógico, pero añade que sigue encontrando "sospechoso" que los efectos de los poderes paranormales no disminuyan con la distancia. Al final, rehúsa escribir el prólogo porque no se siente "lo suficientemente competente para hacerlo". No sé a ustedes, pero a mí la publicidad del nuevo libro de Zurdo y Gutiérrez me parece en lo que se refiere a Einstein, como poco, engañosa.

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28 Oct 2005

Hay un activo grupo de psicólogos anglosajones especializado en lo paranormal. Son expertos que estudian la psicología de las creencias de las que se ocupa Magonia. Conozco en persona a cuatro y, con tres de ellos -James Alcock, Barry Beyerstein y Christopher French-, compartí hace un par de semanas un par de cenas y las consiguientes tertulias durante el duodécimo Congreso Escéptico Europeo. French acaba de adelantar en Londres los resultados de un estudio sobre la psicología de los abducidos, las personas que dicen haber sido secuestradas por extraterrestres, y nos contó a puerta cerrada en Bruselas los de otro trabajo centrado en las casas encantadas, del que espero poder hablar muy pronto. En ambos casos, las conclusiones resultan reveladoras de lo que en realidad se oculta detrás de esos dos aparentes misterios y de cómo la ciencia puede ayudarnos a comprender lo aparentemente inexplicable.

Supe del estudio de French sobre los abducidos hace meses a través de la revista Fortean Times, en cuyo número de agosto David Clarke se hacía eco de una conferencia dada por el psicólogo en la Universidad Hope de Liverpool. Clarke es un ufólogo crítico que publicó en 1990, con su colega Andy Roberts, un magnífico libro sobre el mito ovni titulado Phantoms of the Sky. Gracias a él, me enteré de que el trabajo de French había sido financiado por la Fundación Bial portuguesa y había exigido dieciocho meses de trabajo después de los cuales la conclusión era que los secuestros extraterrestres no ocurren ahí fuera, sino en los cerebros de los abducidos. French deduce, después de haber trabajado con diecinueve supuestos abducidos y otros diecinueve sujetos elegidos al alzar, que los primeros tienen una mayor tendencia a alucinar y fantasear, a creer en lo paranormal, a sufrir parálisis del sueño, a experimentar episodios de falsas memorias... ¿Qué quiere decir esto? Que parece que los abducidos, aunque muchos sean personas normales, responden a un determinado perfil psicológico. Habrá que estar atentos a la publicación de este interesante trabajo en una revista científica para conocer la metodología utilizada y los interrogantes que aún quedan sin respuesta, que seguro que los hay. Por cierto, ¿cuándo se animará algún psicólogo español a adentrarse con seriedad en la experimentación vinculada a los fenómenos paranormales?

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Misterios a la luz de la ciencia
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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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