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11 Ago 2009

Mucho antes de que Chris Carter eligiera Scully como apellido de la agente escéptica de Expediente X en honor a su locutor deportivo favorito, hubo un Scully famoso en el mundillo de los ovnis. Se llamaba Frank, era columnista de la revista Variety y publicó en septiembre de 1950 Behind the flying saucers (Detrás de los platillos volantes). El libro, del que vendió en dos años 60.000 ejemplares en tapa dura, estaba dedicado a los ovnis estrellados.

Scully aseguraba que, desde que Kenneth Arnold había visto los primeros platillos volantes en junio de 1947, el Gobierno de Estados Unidos había recuperado tres de esos ingenios y 34 cadáveres de sus tripulantes. La primera nave, en la que viajaban dieciséis visitantes que habían muerto achicharrados en el espacio, había realizado un aterrizaje forzoso mediante el piloto automático cerca de Aztec (Nuevo México); otros dieciséis alienígenas fallecieron durante el aterrizaje de un segundo ovni cerca de una instalación militar en Arizona, y dos más murieron "cuando intentaban abandonar la cabina" de otra nave en Paradise Valley (Arizona).

El periodista había sabido de la historia a través del magnate del petróleo Silas M. Newton, a quien se la había contado un científico, de apellido Gee, que era "el mayor especialista en magnetismo de Estados Unidos". "Ha estado trabajando para el Gobierno en proyectos de defensa de alto secreto durante siete años y ha tomado parte en 35.000 experimentos en tierra, mar y aire, en los cuales han participado un total de 1.700 científicos", escribió el reportero. Cuando Scully habló con Gee, éste le dijo que había participado en el estudio de los platillos volantes accidentados. Los visitantes procedían, según él, de Venus y sólo se diferenciaban de nosotros en su pequeña estatura -alrededor de un metro- y en que sus dentaduras eran perfectas, sin caries ni empastes

Charla en la universidad

Frank Scully destacaba en su libro, como apoyo a la autenticidad de los hechos, que Newton había hablado del asunto en la Universidad de Denver ante cientos de estudiantes en marzo de 1950. Se le olvidaba añadir que la conferencia fue un experimento de un profesor de ciencias, Francis F. Broman, después de que un alumno propusiera que un experto en platillos volantes les diera una charla. Broman quería que sus estudiantes escucharan al especialista y evaluaran la verosimilitud de sus afirmaciones. Newton les habló de los ovnis estrellados, y los universitarios otorgaron a su discurso un cero en autenticidad, aunque lo consideraron muy divertido. Lo mismo que pasa con el libro de Scully.

Porque tanto Newton como Gee -en realidad Leo GeBauer- no eran sino unos consumados estafadores, según reveló el periodista J.P. Cahn en la revista True en 1952. Llevaban lustros haciendo de las suyas en el mercado de valores y vendiendo todo tipo máquinas inútiles a incautos que, por ejemplo, querían encontrar petróleo. Scully nunca se retractó: todavía no se sabe si fue engañado o cómplice del engaño.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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10 Abr 2009

Cinco antiguos trabajadores del Área 51 han hecho trizas en Los Angeles Times el montaje levantado durante las últimas décadas por ufólogos de medio mundo en torno a las actividades secretas de Estados Unidos en esa base de Nevada, donde algunos sostienen que fueron a parar los restos de un ovni estrellado en Roswell y se conservan cuerpos de sus tripulantes. Se trata de un comandante del complejo, un radarista, un piloto de pruebas de la CIA, un ingeniero de proyectos especiales y un encargado del suministro de combustible que han accedido ahora a hablar con la periodista Annie Jacobsen de sus actividades en las instalaciones del lago Groom porque la CIA ha empezado a levantar el secreto sobre algunos programas desarrollados cuando trabajaban allí.

"La agencia localizaba a los mejores expertos en cada campo y los reunía para los proyectos del Área 51", explica el ingeniero Thornton Barnes. Recuerdan los protagonistas que sí practicaron la ingeniería inversa, pero no de naves extraterrestres -como sostienen algunos ufólogos-, sino de ingenios militares soviéticos. Y aseguran que la Fuerza Aérea puso en marcha en 1952 el Proyecto Libro Azul, un programa de investigación sistemática de avistamientos de ovnis, por el revuelo que en Nevada y sus alrededores estaban provocando las visiones de los aviones secretos con base en el Área 51. Esta afirmación choca con el hecho de que, según constaba hasta ahora, las instalaciones no entraron en servicio hasta mediados de los años 50, por lo que o se trata de una confusión o hubo algún tipo de actividad en la base antes de lo que se creía hasta ahora. Posteriormente, sólo una de las aeronaves, el A-12 Oxcart -precursor del SR-71-, hizo 2.850 vuelos de prueba desde el complejo en los años 60. "¡Son muchos avistamentos de ovnis!", ironiza Hugh Slater, comandante de las instalaciones en aquella época.

Ya en 1997, un informe titulado El papel de la CIA en el estudio de los ovnis 1947-1990, obra del historiador Gerald K. Haines, desveló que en los años 50 y 60 "cerca de la mitad" de los avistamientos de ovnis en EE UU correspondieron a vuelos de aviones espía. La CIA prefería que el público creyera en visitantes extraterrestres a destapar la existencia de sus más sofisticadas herramientas y, durante décadas, los conspiranoicos han colaborado en ese encubrimiento al intentar convencer a la opinión pública de que en las instalaciones de Nevada, cuya existencia Washington no admitió hasta 2000, se guardaban los restos de naves de otros mundos.

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03 Dic 2008

Bill Richardson, flamante nuevo secretario de Comercio de Barack Obama, es la esperanza blanca de los aficionados a los platillos volantes. Desde que fue elegido gobernador de Nuevo México en 2002, ha propiciado la explotación turística del incidente de Roswell, el presunto accidente de una nave extraterrestre en el desierto en 1947. Mantiene una postura ambigua ante los ovnis: sostiene públicamente que no cree en ellos, pero al mismo tiempo que el Gobierno estadounidense no ha dicho toda la verdad sobre el caso Roswell. Cuando se postuló como posible candidato a la Presidencia, anunció que, si llegaba al Despacho Oval, desclasificaría toda la información secreta sobre Roswell. No ha sido elegido presidente, pero sí es uno de los miembros del Gobierno, a pesar de lo cual no va a avanzar en la línea de transparencia roswelliana anunciada, por una sencilla razón, porque el caso está cerrado desde hace más de diez años.

La información desclasificada por la Fuerza Aérea en 1994 deja claro que un globo del proyecto ultrasecreto Mogul, lanzado desde Alamogordo, fue lo que se estrelló en Roswell. Su objetivo era detectar las ondas sonoras provocadas por pruebas nucleares soviéticas y, por eso, la información permaneció clasificada durante décadas. "Nos ha decepcionado Richardson al perpetuar un mito", decía hace cuatro años Dave Thomas, miembro del grupo Nuevo Mexicanos por la Ciencia y la Razón, ante los coqueteos ufológicos del entonces gobernador. ¿Cuánto se apuestan a que ahora Richardson también decepciona a los fanáticos de los ovnis? ¿O es que ya no se acuerdan de cómo fue secretario de energía de Clinton entre 1998 y 2001 y no consiguió hacer público ningún sobrecogedor secreto, ni siquiera que a John F. Kennedy lo mataron porque iba a revelar al mundo la existencia de una alianza de Estados Unidos, la Unión Soviética y visitantes extraterrestres?

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14 Jul 2008

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10 Jul 2008

Almudena Cacho y yo hablamos el 2 de julio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, del misterio de Tunguska, en la trigésima sexta entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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29 May 2008

Un objeto volante no identificado explotó el martes sobre la isla vietnamita de Phu Quoc, en el golfo de Tailandia cerca de la costa de Camboya. "La explosión se produjo a unos 8 kilómetros de la superficie y quizá era un avión, pero las autoridades aún no han podido decir si se trataba de una aeronave civil o militar", informó la agencia de noticias de Vietnam, según Reuters. Las aerolíneas que operan en la región no han denunciado la desaparición de ningún avión, así que es posible que estemos ante un accidente de una aeronave militar y que los países afectados opten por el viejo truco de recurrir a los extraterrestres como tapadera, como comenté en Telecinco ese mismo día que han hecho en otras ocasiones Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética. Los restos de ovni recuperados por un pescador camboyano no parecen, precisamente, muy alienígenas.

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03 Oct 2007

Ray Santilli vuelve a las andadas. Hace doce años, algunos ufólogos -entre ellos, el español Javier Sierra- dieron crédito a su falsa película de la autopsia de un marciano accidentado en Roswell, que reportó enormes cantidades de dinero al productor televisivo y más modestas a los expertos en ovnis que le siguieron el juego. Ahora, asegura que la filmación que comercializó en 1995 era una recreación de una cinta muy deteriorada, rodada en 1947, que obra en su poder y de la que están insertados en el metraje varios fotogramas.

El especialista en efectos especiales John Humphreys confesó en abril pasado que había creado el extraterrestre de la película de la autopsia y había interpretado a uno de los cirujanos. A Santilli, productor de televisión, no le quedó entonces más remedio que admitir que todo era un montaje, aunque argumentó en su defensa que la cinta era una recreación de otra real, rodada en instalaciones militares con alienígenas de carne y hueso. Lo mismo que dijo Juan José Benítez cuando se descubrió que, en su serie Planeta encantado, había presentado una película de animación como si fuera una cinta grabada en la Luna. En la película del autor de Caballo de Troya, se veía a dos astronautas explorando las ruinas de unos edificios extraterrestres en el Mar de la Tranquilidad. Benítez había encargado la filmación al estudio de animación vasco Dibulitoon Studio y, cuando eso salió a la luz, dijo que la cinta estaba basada en una película real rodada en la Luna. Santilli ha seguido el mismo guión, pero ha ido más allá.

En el ejemplar de otoño de Paranoia, revista a la que uno se imagina suscrito a Fox Mulder y de la que me da la impresión de que beben hasta embriagarse los conspiranoicos ibéricos, el productor explica a Philip Mantle, uno de los ufólogos que le avalaron en 1995, que intercaló fotogramas de una película real de 1947 en la famosa cinta de la autopsia. Y le promete enseñarle algunos la próxima vez que se vean. "Concerté una cita en Londres con Ray Santilli para comer el 22 de junio", indica Mantle en el último número de la revista británica Paranormal. El encuentro tuvo lugar en un oscuro pub donde Santilli y su socio, Gary Shoefiled, le enseñaron una veintena de fotogramas. En el reportaje, titulado 'Alien autopsy re-visited', el ufólogo dice que no puede determinar si eran auténticos o no. ¿De verdad es tan crédulo? No lo creo. Lo que pasa es que así se hace más caja y se venden libros como el que anuncia al final del reportaje, que se puede comprar directamente en su web.

Si Santilli tuviera en su poder una película tan sorprendente como la de una autopsia a un extraterrestre, bastaría con que la falicitara para los análisis pertinentes para que se hiciera multimillonario y pasara a la historia como el desvelador de la Gran Conspiración. Como no lo ha hecho -ni lo hará-, podemos concluir que la filmación no existe, como no existe la lunar de Benítez. Con su nueva argucia, lo que Santilli hace es volver a confirmar que nunca hemos estado con la película de marras ante el "jaque a la ciencia" que Sierra vendió en octubre de 1995 a los lectores de la revista Año Cero.

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24 Jul 2007

Lo mismo que la Virgen en Lourdes y Fátima han hecho los extraterrestres en Roswell. Era un pueblo perdido de Nuevo México (Estados Unidos) conocido por cuatro gatos hasta que en 1980 Charles Berlitz y William Moore publicaron El incidente. Recuperaban del olvido en ese libro un accidente de una nave alienígena en el desierto en julio de 1947. En su día, ni siquiera se tragó la historia Raymond A. Palmer, el editor de ciencia ficción que primero vio el potencial de explotar mediáticamente las creencias paranormales. Sin embargo, hace veintisiete años, Berlitz, que ya había demostrado sus dotes para la ficción en El triángulo de las Bermudas, El misterio de Filadelfiay otras obras por el estilo, enmendó la plana al fundador de Fate.

El incidente fue un éxito de ventas no sólo en EE UU, sino también en otros países. Y los ufólogos profesionales volvieron la mirada hacia Nuevo México para dar el nuevo y definitivo salto hacia el absurdo. A principios de los años 80, la sobrevalorada revista británica Flying Saucer Review dedicó un largo serial a sacar a la luz historias de los platillos volantes estrellados y recuperados, de la mano de Leo Stringfield. Fue el principio de una fiebre. Con los accidentes de naves extraterrestres pasó lo mismo entonces que a mediados de los 70 con las abducciones tras la emisión en la NBC de The ufo incident, la película basada en el secuestro de Betty y Barney Hill.

Mientras en Roswell salían nuevos testigos hasta debajo de las piedras y los vendedores de misterios rentabilizaban la historia, los lugareños empezaron a dar pasos para convertir el pueblo en un parque temático alienígena. Eso es lo que es hoy Roswell, donde los extraterrestres son tan reales como las apariciones de la Virgen en Fátima, Lourdes, El Escorial, Garabandal... El gran beneficiado de todo ha sido el pueblo y por eso se entiende que sus habitantes se hayan volcado en la celebración del 60º aniversario del no-accidente, posen alegres para los fotógrafos rodeados de parafernalia alienígena y tengan las calles rebosantes de motivos ufológicos.

Las estampas que ilustran estas líneas han sido tomadas por fotógrafos de la agencia Associated Press en Roswell en las últimas semanas. En ellas, se ve cómo los marcianos se han convertido hasta en un gancho publicitario para restaurantes de comida rápida en un pueblo cuyo principal atractivo es el Centro de Investigación y Museo Internacional Ovni. Dirigido por Julie Shuster, ha recibido más de 2,5 millones de visitantes desde su inauguración en 1992 y puede verse en él, entre otras cosas, una recreación de la presunta autopsia practicadas a un infortunado alienígena. Aunque el museo es la principal atracción para los fanáticos de los platillos volantes, otros comerciantes locales han creado sus negocios, como Sharon y Larry Welz, los dueños del rimbombante Centro Espacial de Roswell, en realidad, una tienda de recuerdos. Porque Roswell no es nada más que una Lourdes ufológica, así que no le busquen sentido a lo que digan sus habitantes sobre el caso de 1947 que la mayoría de ellos ignoraba hasta hace cuatro días y gracias al que ahora muchos de ellos comen.

Tampoco crean lo que cuentan los ufólogos más populares. Esta pseudociencia, como todas, está liderada por incompetentes. Los ufólogos rigurosos -los hay- investigan honradamente cada caso, suelen darse en las narices con las explicaciones y, por consiguiente, con que no hay casi nada asombroso que publicar. Los malos investigadores son los que triunfan porque son incapaces de explicar nada y tienen, así, muchas historias sorprendentes con las que llenar páginas y páginas, como apuntó en su día Philip J. Klass. Junto a ellos, alcanzan también el éxito los caraduras, los que no se creen nada, pero han hecho de la mentira, el engaño y la tergiversación una forma de vida. Los que han vendido en sus libros casos como el de Roswell como algo inexplicado cuando la verdad es que debe su origen a la recuperación de un globo espía secreto. El resto es simplemente un negocio como el hotel y centro de conferencias con forma de platillo volante que quiere construir en el pueblo el arquitecto Gene Frazier.

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13 Ene 2007

La ciudad estadounidense de Roswell estudia la posibilidad de abrir un parque temático extraterrestre que aproveche del tirón de la localidad como centro de peregrinación de los aficionados a los platillos volantes, me contaba ayer Ricardo Manzanaro, responsable de Noticias de Ciencia-Ficción y destacado miembro de la Tertulia Literaria Fantástica de Bilbao (TerBi), que se celebra el primer viernes de cada mes en la capital vizcaína. La noticia salió publicada el 29 de diciembre en The Roswell Daily Record, el mismo periódico que hace sesenta años informó en su primera página de la caída de un platillo volante que, al final, resultó ser un globo espía para todo el mundo excepto para los ufólogos que lo resucitaron como negocio en 1980: Charles Berlitz y William Moore, en su libro El incidente. La recuperación del olvido del falso accidente ovni revitalizó durante unos años -fraudulenta autopsia del marciano, incluida- la popularidad de la ufología y otorgó a Roswell fama mundial.

ALIENÍGENAS EN ROSWELL. Roswell es una pequeña localidad floreciente gracias a los extraterrestres. Acoge ya un museo dedicado a los ovnis."Este proyecto ampliará enormemente las cosas que puedan hacer aquellos que visitan nuestra gran ciudad en busca de respuestas sobre los extraterrestres y los ovnis, y los impuestos y beneficios que generará una iniciativa de esta magnitud son tremendos", ha dicho Zach Montgomery, director de planificación urbana de Roswell. El Centro Arrowhead de negocios de la Universidad del Estado de Nuevo México ha confirmado la viabilidad económica del proyecto y, ahora, los responsables locales van a pedir a la Secretaría de Turismo estatal que financie la siguiente fase de estudios, presupuestada en 250.000 dólares. "Este proyecto -explica Montgomery en la página de su área municipal- atraerá más turistas a Roswell y a nuestros negocios relacionados con los ovnis, y creará cientos de nuevos puestos de trabajo".

El parque alienígena ocuparía entre 300.000 y 600.000 metros cuadrados, estaría dentro de los límites de la ciudad y ya hay cuatro grandes compañías interesadas en su construcción: Madame Tussauds, Paramount, Six Flags y Walt Disney World.

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31 May 2006

Adelantaba hace un par de semanas aquí que, a raíz de la confesión de uno de los autores de la falsa película de la autopsia de Roswell, su principal promotor en España, Javier Sierra, seguramente reescribiría de algún modo el pasado para camuflar su papel en el montaje. ¡Ya lo ha hecho! En el editorial del número de junio de Más Allá, que escribe en calidad de consejero editorial de la revista, advierte a los lectores de que "nos quieren distraer" y de que, detrás de la coincidencia temporal entre confesión del fraude de la película de 1996 y las conclusiones del último estudio oficial del Gobierno británico, hay una conspiración.

"Fue la divulgación de una filmación que supuestamente mostraba la autopsia a un extraterrestre accidentado en Roswell en 1947 la que casi enterró el misterio, desacreditándolo mortalmente", argumenta el novelista y ufólogo, quien añade que, "ahora, las viejas excusas militares (se refiere a la conclusión de que nada extraterrestre se oculta tras los ovnis) y la película de las autopsias vuelven. Lo hacen a la vez y en un mismo escenario, el Reino Unido. Y ni qué decir tiene que tan extraña sincronicidad ha desatado ya algunas alarmas". No especifica qué alarmas son las que se han disparado ni entre quiénes, porque lo único que persigue es echar balones fuera.

Javier Sierra defendió en 1995 la autenticidad de la película de la autopsia, que, según él, suponía un reto para los científicos.Que el consejero editorial de Más Allá se lamente del flaco favor que hizo a la ufología la publicidad dada a la película de la autopsia de 1995 demuestra que tiene una cara más dura que la de los moais de la isla de Pascua. Quien hace once años se dedicó en cuerpo y alma a publicitar la falsa filmación fue él. Tanto en los artículos de la revista en la que entonces trabajaba, Año Cero, como en el libro Roswell: secreto de Estado, Sierra defendió que la cinta era auténtica, que los extraterrestres estaban vivos cuando los rescataron de entre los restos del platillo accidentado y que el caso Roswell suponía un auténtico "jaque a la ciencia". Ahora, cuando ha quedado claro lo que algunos decíamos entonces -que todo fue un fraude perpetrado por Ray Santilli con premeditación y alevosía-, el ufólogo alicantino se saca conspiraciones de la manga para desviar la atención de sus lectores sobre la realidad: él fue uno de los promotores del montaje, él fue uno de los beneficiados del engaño, él fue uno de los que vendieron al público gato por liebre.

La ufología no necesita nadie de fuera que la desacredite. Se bastan y se sobran para la tarea ufólogos de feria como Sierra, proclives a convertir en marciano un muñeco y a agarrarse luego a conspiraciones inventadas para esconder lo que está en las hemerotecas. Qué paradoja que el novelista titule su editorial "Nos quieren distraer", que culpe a terceros de lo que él trata de hacer respecto a su verdadero papel en el negocio de la película de la autopsia de Roswell.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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