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31 Oct 2008

Recreación de la emisión de La guerra de los mundos de Orson Welles dirigida ayer por Gregorio Parra en el Teatro Mira de Pozuelo de Alarcón (Madrid), para Radio Nacional de España.

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30 Oct 2008

Un hombre desenroscaba lentamente la tapa de un tarro dentro de un inodoro en los estudios de radio de la CBS en Nueva York a las 20.15 horas del domingo 30 de octubre de 1938. Otro captaba el sonido con un micrófono. "Señoras y señores: ¡es asombroso! ¡El extremo de la cosa ha empezado a moverse! ¡La parte superior está girando como un tornillo! ¡El objeto parece estar hueco!", contaba el reportero Carl Phillips desde Grovers Mill (Nueva Jersey), donde poco antes había aterrizado un ingenio extraterrestre. Pegadas a sus receptores de radio, miles de personas escuchaban cómo se abría la nave. "¡Dios mío, algo acaba de salir reptando de la sombra! ¡Es como una serpiente gris! Ahora aparece otra, y otra...", informaba el reportero entre gritos de terror de la multitud. Había empezado la invasión.

Quien quiera meterse en la piel de los millones de personas que vivieron en directo, hace setenta años, la invasión marciana urdida por Orson Welles y el Mercury Theatre podrá hacerlo esta noche en Radio 3. A partir de las 21 horas, un grupo de profesionales de las principales cadenas recreará, en los estudios de Radio Nacional de España en Prado del Rey, un montaje que no acababa de convencer a un Welles de 23 años en los días previos a su emisión. Creía que los oyentes de sus dramatizaciones radiofónicas dominicales iban a encontrar aburrida una "historia tan improbable". Se confundió. Por eso, los extraterrestres volverán a atacar la Tierra hoy y sólo los microbios nos salvarán de seguir los pasos de los dinosaurios.

La guerra de los mundos de Welles trasladó a Estados Unidos de 1938 un ataque extraterrestre situado en la Inglaterra victoriana por Herbert George Wells, uno de los padres de la ciencia ficción. Decidir el lugar del desembarco fue sencillo. Howard Koch -que años después fue guionista de Casablanca- cogió el martes anterior un mapa de Nueva Jersey, cerró los ojos y marcó un punto con un lápiz. Los problemas llegaron cuando hubo que dar forma a la historia como una sucesión de boletines informativos y conexiones telefónicas que interrumpían un concierto de una big band. Fueron seis días de pesadilla, en los que no paraban de reescribirse escenas y cundió el desánimo en el equipo. "Estos marcianos son un sinsentido. ¡Es todo demasiado estúpido! ¡Vamos a quedar como idiotas, absolutamente idiotas!", sentenció en un momento determinado la secretaria del grupo.

Terror en las calles

Todo cambió a partir de las 20 horas del domingo, cuando Orson Welles se puso ante el micrófono y dijo: "Hoy sabemos que en los primeros años del siglo XX nuestro mundo estaba siendo observado por unos seres más inteligentes que el hombre y, sin embargo, igual de letales". Durante la siguiente hora, un concierto de Ramón Raquello y su orquesta fue interrumpido por conexiones en directo con periodistas, militares, científicos y hasta el secretario de Estado, apesadumbrado por la imposibilidad de detener al invasor. Los marcianos desintegraban con su rayo de la muerte a todo aquél que se cruzaba en su camino. "Una llamarada ha brotado del espejo y se dirige a los hombres que avanzan. ¡Los ha alcanzado! ¡Dios mío, los ha fulminado!", había contado el reportero Carl Phillips antes de morir en el frente de batalla.


De nada sirvieron a muchos oyentes los anuncios que antes, durante y después del relato advirtieron de que se trataba de una dramatización. "Radioyentes aterrorizados toman una obra de teatro bélica como algo real", decía al día siguiente el titular principal de la primera página de The New York Times. Ni Welles ni su equipo habían intentado engañar a nadie. Sólo habían hecho una recreación realista de una obra de ciencia ficción. Eso salvó a la CBS de una sanción por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones. Dos años después, el psicólogo Hadley Cantril, de la Universidad de Princeton, publicaba un trabajo en el que calculaba que 1,2 millones de personas habían vivido la invasión como real. Él y su equipo habían recogido testimonios sobrecogedores: "Me asomé por la ventana y vi una luz verdosa que creí que procedía del monstruo"; "Saqué la cabeza por la ventana. Creí sentir olor a gas y oleadas de calor"; "Estaba seguro de que mucha gente rezaba mientras esperaba la muerte". Y así se convirtió La guerra de los mundos de Orson Welles en un ejemplo del pánico generalizado, aunque no fue para tanto.

Sociólogos que han examinado en los últimos años el trabajo de Cantril consideran sus cifras muy exageradas. La guerra de los mundos no aterrorizó a más de un millón de oyentes, aunque sí a decenas de miles. Un estudio metodológicamente cuestionable y la reacción entusiasta de los medios crearon el mito de la gente huyendo en masa de los marcianos y colapsando los servicios de urgencias y las comisarias, algo que no ocurrió. Aún así, Welles y el Mercury Theatre demostraron, nueve años antes de la aparición de los primeros platillos volantes, que no hacía falta que los extraterrestres existieran para que mucha gente los viera aquel otoño en que la amenaza nazi crecía en Europa y parecía que EE UU empezaba a salir del túnel de la Gran Depresión.


Alarma de ataque con asteroides

La CBS volvió a sembrar la alarma 56 años después de la recreación radiofónica de La guerra de los mundos con un programa que simulaba una apocalíptica lluvia de asteroides, a consecuencia de un fallido primer contacto con visitantes extraterrestres. Without warning (Sin previo aviso) se emitió a las 21 horas del 30 de octubre de 1994, también domingo, como el día en que los marcianos invadieron la Tierra.

Estaba presentado por Sander Vanocur -una de las estrellas del periodismo televisivo estadounidense-, quien se interpretaba a sí mismo. Simulaba ser un especial informativo que interrumpía la programación habitual para dar cuenta de choques de grandes meteoritos en Wyoming (EE UU), Francia y China. Poco después, aviones estadounidenses destruían una nave extraterrestre que se dirigía al Polo Norte y los visitantes -¡que habían enviado las tres rocas contra la Tierra a modo de saludo!- declaraban la guerra a la Humanidad y lanzaban una lluvia de cientos de asteroides contra nuestro planeta. Dos horas más tarde, el fin del mundo llegaba con la pantalla fundiéndose en negro.

Without warning fue un éxito. Dos días después, se hablaba del telefilme en todo el mundo. "Broma de la CBS provoca el pánico", tituló este periódico una información el 1 de noviembre. Y es que, a pesar de las advertencias que intercaló la emisora -en las cuales se decía que se trataba de una representación realista de una ficción" y que nada de lo que se veía en pantalla estaba sucediendo "en realidad"-, miles de personas bloquearon las centralitas de sus estaciones afiliadas en ciudades como Los Ángeles y Las Vegas. Además, en otros medios de comunicación algunos periodistas creyeron en un principio que se estaba transmitiendo en directo el Juicio Final.

En septiembre de 1996, Telecinco insertó en su programación un anuncio de la película Independence day que también simulaba ser un especial informativo. En este caso, una locutora informaba de la aparición de gigantescas naves extraterrestres sobre varias grandes ciudades de EE UU, relato que apoyaba con espectaculares imágenes del filme. Muchos españoles pasaron por alto la sobreimpresión de la palabra telepromoción y llamaron a periódicos, emisoras de radio y televisión para preguntar si la invasión era real. Como en los tiempos de Orson Welles.


PARA DISFRUTAR DE LA INVASIÓN

El primer ataque de otros mundos
Con uno de esos inicios memorables -"a través de los abismos del espacio, espíritus que son a los nuestros lo que nuestros espíritus son a los de las bestias de alma perecedera; inteligencias vastas, frías e implacables, contemplaban esta tierra con ojos envidiosos y trazaban con lentitud y seguridad sus planes de conquista"-, la novela de H.G. Wells es una de las obras maestras de la ciencia ficción.

Un estudio sobre la psicología del pánico
Esta investigación del psicólogo Hadley Cantril, de la Universidad de Princeton, está detrás de la extendida creencia de que Orson Welles aterrorizó a Estados Unidos. Publicado originalmente en 1940, La invasión desde Marte llegó a España en 1942 de la mano de Revista de Occidente y fue recuperado por Abada Editores en 2005, con motivo del estreno de la versión protagonizada por Tom Cruise.

Las mantas volantes atacan Estados Unidos
Dirigida por Byron Haskin y producida por George Pal, La guerra de los mundos se convirtió en 1953 en la primera gran producción cinematográfica de ciencia ficción. La acción se sitúa en California después de la Segunda Guerra Mundial y las máquinas marcianas son una especie de mantas volantes. A pesar de su antigüedad, es muy superior a la película de Steven Spielberg.

Un ataque extraterrestre a ritmo de ópera rock
La versión a ritmo de ópera rock de Jeff Wayne siguió en 1978 el original de H.G. Wells y contó con Richard Burton como narrador. Fue un gran éxito de crítica y público allí donde salió a la venta. Existen dos versiones en español, sólo disponibles en el mercado de segunda mano, la mejor de ellas una en la cual la narración corre a cargo de Teófilo Martínez.

El patrón de la invasión alienígena
La invasión es un clásico de la ciencia ficción, como el viaje en el tiempo, la nave generacional y el escenario postapocalíptico. El periodista argentino Carlos Scolari hace en No pasarán (Páginas de Espuma, 2005) un recorrido por la historia de los ataques extraterrestres. "Todas las invasiones alienígenas conducen a H.G. Wells", advierte.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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12 Nov 2007

Almudena Cacho y yo hablamos el 7 de noviembre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la maldición de Tutankamon y La guerra de los mundos de Orson Welles, en la quinta entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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31 Oct 2007

Siempre es un buen momento para escuchar la sesión de radioteatro de La guerra de los mundos realizada por Orson Welles y el Mercury Theatre para la CBS hace ahora 69 años. Aunque en inglés, puede seguirla sin problemas cualquiera que sepa un poco de esa lengua y, además, hacerlo leyendo simultáneamente el guión en español. Hadley Cantril y sus colaboradores de la Universidad de Princeton analizaron el alcance del pánico marciano en su obra La invasión desde Marte. Estudio de la psicología del pánico (1940), reeditada en 2002 en España por Abada Editores. El impacto social de la dramatización fue rebajado a finales de los años 90 por el sociólogo Robert E. Bartholomew.

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10 Jun 2007


Intervención sobre los misterios de Marte en el programa Bilbao la Nuit, de Bilbovisión, el 22 de mayo de 2007.

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29 Jun 2005

GUERRA INTERPLANETARIA. Orson Welles, en un momento de la histórica emisión de octubre de 1938.Los marcianos invadieron la Tierra el 30 de octubre de 1938 con un éxito desigual. Alrededor de 1,7 millones de estadounidenses creyeron en el desembarco alienígena y, de ellos, 1,2 millones "se asustaron o fueron perturbados", según el equipo de la Universidad de Princeton, dirigido por Hadley Cantril, que analizó meses después el impacto de la emisión radiofónica de La guerra de los mundos. Sin embargo, a finales de los años 90, Robert E. Bartholomew, sociólogo de la Universidad James Cook, concluyó que el pánico no tuvo tanta extensión.

La dramatización de La guerra de los mundos escenificada por Orson Welles y el Mercury Theatre para la CBS se ha considerado tradicionalmente uno de los hitos de la historia de la comunicación de masas, la demostración del gran poder que en 1938 tenía la radio. La habilidad de un director y unos guionistas, unas convincentes interpretaciones y unos -hoy, primitivos- efectos especiales habrían hecho que centenares de miles de norteamericanos tomaran una sesión de radioteatro por la transmisión en directo de una invasión extraterrestre.

La guerra de los mundos de Orson Welles era una adaptación de la novela homónima de Herbert G. Wells publicada en 1898, en la que también se basa la película de Steven Spielberg que se estrena hoy en todo el mundo. El original cuenta la historia de un ataque marciano en la Inglaterra victoriana y describe a los invasores como unos seres de "extraño aspecto", con "boca en forma de V" y babeante, tentáculos que no paran de moverse, respiración dificultosa, movimientos lentos y "ojos inmensos". "Todo esto me produjo una sensación parecida a la náusea", advierte el personaje del narrador. Los alienígenas avanzan por la campiña sembrando la destrucción con su rayo ardiente.

Edición española del estudio de Hadley Cantril.La versión radiofónica trasladó la acción a Grovers Mill (Nueva Jersey, Estados Unidos). Allí aterrizaba la primera nave marciana y se abría ante los ojos de Carl Phillips, cuya intervención interrumpía un concierto de Ramón Raquello y su orquesta en el hotel Park Plaza de Nueva York. "Un cuerpo con una giba sale fuera del pozo. Puedo ver un pequeño rayo de luz reflejado en un espejo -indicaba el reportero-. ¿Qué es esto? Algo así como un chorro de fuego sale de ese espejo dirigiéndose hacia los hombres que avanzan. ¿Los golpea! ¿Dios mío, los convierte en llamas!". Poco después, en medio de explosiones, el micrófono del periodista enmudecía y, desde el estudio, un locutor decía: "No nos es posible continuar nuestra radiotransmisión desde Grovers Mill".

"Un enemigo formidable"

Durante el programa, entraron en antena militares, científicos y hasta el secretario de Estado, quien reconocía "la gravedad de la situación" y pedía a los ciudadanos que conservaran la calma y colaboraran con las autoridades para hacer frente a "un enemigo formidable". "Mientras tanto, conservando nuestra fe en Dios, cada uno de nosotros debe continuar cumpliendo con sus deberes, de suerte que nos sea posible oponer a ese enemigo destructor una nación unida, valiente y consagrada a conservar la supremacía humana en esta tierra".

Al final, Orson Welles se despedía recordando que todo había sido una broma de la noche de Halloween. "Hasta la vista a todo el mundo y recuerden, por favor, durante un día o algo así, la lección terrible que aprendieron esta noche. Ese invasor globular, reluciente, que apareció haciendo muecas en las salas de sus casas, es sólo un habitante de la imaginación; y, si llega a sonar el timbre de su puerta y no ven a nadie allí, no crean que fue un marciano... fue el genio travieso que aparece la víspera de Todos los Santos", decía antes de que se anunciara para el domingo siguiente la dramatización de tres novelas cortas.

Primera página de 'The New York Times' del 31 de octubre de 1938."Radioyentes aterrorizados toman una obra de teatro bélica como algo real", rezaba el 31 de octubre el titular principal de The New York Times, que destacaba que muchas personas habían intentado huir del gas marciano, y que la emisora de radio y la Policía habían resultado desbordadas por las llamadas telefónicas. Un escenario apocalíptico que confirmó el estudio de los expertos de la Universidad de Princeton, a cuyos autores hubo gente que declaró haber visto las llamas del campo de la batalla, olido el gas y oído el ruido de los disparos.

Los sociólogos apuntan hoy al poder de los medios no como el causante de la histeria de masas por la retransmisión del ataque, sino como el creador del mito de que una gran parte de la población se tomó en serio la invasión alienígena. Al eco de los medios, se unió en la creación de la leyenda un trabajo científico cuyas conclusiones se antojan ahora alejadas de la realidad. "Existe un creciente consenso entre los sociólogos acerca de que la extensión del pánico, tal como la describió Cantril, fue enormemente exagerada", señala Bartholomew, quien admite, no obstante, que "hay pocas dudas de que muchos americanos resultaron verdaderamente asustados", hasta el punto de emprender la huida del peligro, especialmente en Nueva Jersey y Nueva York.

Los marcianos aterrorizaron a muchos oyentes; pero no a 1,2 millones, sino posiblemente a miles. El equipo de Cantril sólo entrevistó para su trabajo -publicado en forma de libro como The invasion from Mars (1940)- a 135 personas, pocas para extrapolar la cifra apuntada, y escogió los testimonios más coloristas. Y las llamadas a la Policía fueron numerosas, pero muchos telefonearon únicamente para preguntar si lo que escuchaban por la radio era real. Aún así, Welles y el Mercury Theatre demostraron en 1938 que no hace falta que los marcianos existan para que la gente los vea.


Una historia que Welles consideraba aburrida

Mucha gente creyó en La guerra de los mundos por cómo fue presentada. A pesar de los cuatro anuncios que se emitieron durante la obra diciendo que se trataba de un relato de ficción, el formato de programa de variedades interrumpido por conexiones en directo otorgó al relato una gran credibilidad.

Orson Welles temía días antes que la audiencia de la CBS se aburriera ante una "historia tan improbable", que encima sucedía en la lejana Inglaterra. Así que lo primero que hicieron fue cambiar de escenario: los marcianos invadirían Estados Unidos. Faltaban seis días. Howard Koch, que luego fue uno de los guionistas de Casablanca, decidió el lugar del aterrizaje extraterrestre dejando caer a ciegas un lápiz sobre un mapa de Nueva Jersey. Y los nombres reales de poblaciones, calles y edificios -unidos a los ficticios de militares, miembros del Gobierno y científicos- acabaron de hacer creíble la narración. El equipo preparó los efectos especiales e hicieron historia aquella noche de Halloween.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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24 Dic 2003

Millones de españoles vieron, el 13 de febrero de 1983, cómo algo se movía bajo las arenas de Marte junto a una de las naves Viking en verano de 1976. Eran los tiempos de la televisión única y, en el segundo canal de Televisión Española (TVE), Fernando Jiménez del Oso emitía aquel domingo un extraño documental dentro de La Puerta del Misterio. Se titulaba Alternativa 3. Con formato de reportaje de investigación, contaba una historia inquietante, salpimentada con declaraciones de científicos y astronautas. Ante una inminente catástrofe medioambiental, Estados Unidos y la Unión Soviética planeaban evacuar a un grupo de elegidos a Marte, mundo que el hombre había pisado en 1962 y en el cual se había encontrado vida. Los miles de personas que desaparecían cada año en la Tierra eran secuestradas para trabajar como esclavas en la cara oculta de la Luna.

Alternativa 3 ha sido uno de los últimos síntomas de una pasión marciana que se desató cuando Percival Lowell creyó ver en el mundo vecino una red de canales. De una acomodada familia de Nueva Inglaterra (EE UU), el astrónomo aficionado levantó en 1894 un observatorio en Flagstaff (Arizona) y dedicó quince años a cartografiar el planeta. Creía que sus habitantes luchaban por la supervivencia en un Marte que agonizaba -como la Tierra de Alternativa 3- y habían construido las acequias para transportar el agua de los polos al resto de su mundo. Lowell popularizó la idea de la moribunda civilización alienígena en tres libros: Mars (1895), Mars and its canals (1906) y Mars as the abode of life (1908).

La civilización

LOS CANALES. Percival Lowell, en 1900, mirando por su telescopio de 24 pulgadas."La obsesión por Marte nace con las primeras observaciones telescópicas del siglo XIX, cuando se ven nubes amarillas, casquetes polares y manchas que sufren cambios estacionales", explica Agustín Sánchez Lavega, planetólogo de la Universidad del País Vasco. Las manchas cambiantes se interpretaron como vegetación -"en realidad, se trataba de movimientos de arena"- y el planeta rojo fue tomando la apariencia de un hermano pequeño de la Tierra, con un periodo rotacional similar -el día tiene 37 minutos más que el terrestre- y una inclinación del eje muy parecida. "Ahí se empezó a cimentar la mitología marciana", indica el astrofísico vasco.

El público de finales del siglo XIX sabía de las maravillas de la ingeniería. El canal de Suez se había inaugurado en 1869, el de Corinto en 1893 y las obras del de Panamá habían empezado en 1880, y le resultaba verosímil que una cultura más avanzada acometiera un proyecto de dimensiones planetarias. Sin embargo, la mayoría de los astrónomos rechazaba la existencia de los canales marcianos. No los veía. Ahora, sabemos que nacieron de la búsqueda, por parte del cerebro humano, de patrones donde no los hay. En este caso, en las manchas estacionales de Marte.

Lowell estaba convencido de que había gigantescas conducciones de agua a cielo abierto y, por eso, las veía. Como apunta Carl Sagan en Cosmos (1980), las acequias marcianas fueron obra de una inteligencia, pero estaba a este lado del telescopio de 24 pulgadas. "De la historia de los canales -imposibles de fotografiar con el instrumental de entonces-, lo que parece que se llegó a ver es Valles Marineris, una fractura geológica de 4.000 kilómetros de longitud y hasta 7 de profundidad", puntualiza Sánchez Lavega. Valles Marineris es un accidente geográfico del tamaño de Estados Unidos.

La invasión

Los marcianos llegaron a la Tierra en La guerra de los mundos (1897), de Herbert G. Wells. Los trípodes alienígenas del novelista inglés no tenían nada que ver con los pacíficos ingenieros de Percival Lowell: protagonizaron la primera invasión extraterrestre de la Historia, que Hollywood recientemente ha recreado en Independence day (1996) y Señales (2002). "Wells estaba al día de las noticias sobre Marte y los canales", señala el crítico y escritor de ciencia ficción Miquel Barceló. Cuarenta años más tarde, millones de norteamericanos sobrevivieron a la invasión cuando Orson Welles y el Mercury Theatre radiaron, el 30 de octubre de 1938, una dramatización de La guerra de los mundos.

GUERRA INTERPLANETARIA. Orson Welles, en un momento de la histórica emisión de octubre de 1938.Marte era, a principios del siglo pasado, el hogar de una civilización con la que se intentaba establecer contacto. El físico serbio Nikola Tesla anunció en 1901 que su detector de Colorado Springs había captado señales de radio cuyo origen podía estar en Venus o Marte y, en los años 20, el italiano Guglielmo Marconi, inventor de la radio, dijo haber recibido emisiones del planeta rojo. El convencimiento era tal que el Ejército de EE UU montó una operación de escucha durante el verano de 1924 en coincidencia con el momento de mayor proximidad de Marte desde 1804. No se pretendía mandar un mensaje -los emisores de la época no eran lo suficientemente potentes-, sino captarlo. No hubo éxito.

La primera sonda que sobrevoló el planeta, la Mariner 4 de la NASA, descubrió en 1965 un mundo muerto. Las veintiún fotografías que transmitió a la Tierra retrataban un Marte desértico, repleto de cráteres y de lo que parecían cauces secos. No fluía el agua, ni parecía que hubiera canales ni vida inteligente, y los seguidores de los platillos volantes -que habían irrumpido en escena en 1947 y a los que algunos atribuían origen marciano- tuvieron que llevar la base de los visitantes más lejos. "Es la Mariner 9, en 1971, la que manda por fin imágenes que borran los canales de Lowell", recuerda Sánchez Lavega. La información enviada por las naves robot acaba con unos mitos, pero surgen otros.

Las ruinas

VISTA... La cara de piedra de Cydonia tal como la vio el orbitador del 'Viking1' en 1976. Foto: NASA.Una fotografía hecha por el orbitador de la Viking 1 ha sido, durante más de un cuarto de siglo, esgrimida como la mejor prueba de la existencia de una antigua civilización marciana. Tomada desde 1.873 kilómetros de altura el 25 de julio de 1976, en la imagen se ve lo que parece un rostro humano en Cydonia. Está en una región en la que parece que también hay pirámides y otras ruinas. La esfinge fue fotografiada el 8 de abril de 2001 por la Mars Global Surveyor', cuya cámara es más potente que la del Viking 1, y el misterio se esfumó: allí no hay más que una meseta. "Lo de la cara y las pirámides es lo mismo que lo de los canales", concluye Sánchez Lavega.

Y NO VISTA.... La cara de piedra de Cydonia tal como no la vio el la 'Mars Global Surveyor' en 2001. Foto: NASA.Hay quienes hoy en día identifican, en las imágenes tomadas en 1997 por la Mars Pathfinder en Ares Vallis, animales, columnas, grabados, máscaras... La NASA estaría ocultando información. El principal promotor de esta idea es el escritor Richard Hoagland, quien considera la cara de Cydonia parte de un gran complejo arquitectónico. Curiosamente, la agencia espacial estadounidense ha puesto todas esas fotos en Internet -nunca las ha escondido- y únicamente Hoagland y sus seguidores ven en ellas cosas raras.

"Por supuesto, Alternativa 3 -el documental de televisión y el libro- fue una broma, una farsa", admitió Nick Austin, responsable de Sphere Books que contrató en 1977 la edición del libro, en la revista Fortean Times hace cuatro años. En un extenso reportaje, desvelaba cómo el espacio iba a emitirse el 1 de abril de 1977 -Día de los Inocentes en el mundo anglosajón-, pero tuvo que posponerse, identificaba a los actores y se sorprendía de que haya quien crea que en la historia hay algo cierto, como mantienen algunos ufólogos. "La idea de una conspiración podía haberme atraído a los 15 años, pero no ahora. ¿Cómo se consigue que tanta gente guarde silencio? Las conspiraciones de ese tipo se deben a las visiones de cuatro iluminados y de cuatro aprovechados", sentencia Barceló.


Ufólogos en el planeta rojo

Kenneth Arnold, un hombre de negocios estadounidense, vio en junio de 1947 nueve objetos que no supo identificar cuando volaba en su avioneta en el estado de Washington. Habían aparecido los platillos volantes y Marte fue pronto señalado como su origen. El primer humano que aseguró haber hablado con un tripulante de esas naves fue George Adamski, un cocinero de un puesto de hamburguesas de monte Palomar. Ocurrió en 1952 y su interlocutor se llamaba Orthon. Las fotos de tapas de aspiradora hechas por Adamski todavía se incluyen en los libros sobre ovnis como correspondientes a naves alienígenas.

El ufólogo gallego Óscar Rey Brea dijo en 1954 que había descubierto una correlación entre las apariciones de platillos volantes y las épocas de mayor proximidad de Marte y la Tierra. Esta teoría fue asumida por el catalán Antonio Ribera y otros aficionados a los ovnis para los cuales los marcianos viajaban a nuestro planeta cuando ambos mundos se encontraban cercanos, una vez cada veintiséis meses. Tras la llegada a Marte de las primeras sondas, los extraterrestres se trasladaron hasta donde nadie ha llegado jamás.

LOS MÁS GAMBERROS. Los marcianos de Tim Burton no dejaron títere con cabeza.

Pequeños hombres verdes

Los violentos invasores de Herbert. G. Wells se transmutaron a mediados del siglo XX en las víctimas de las Crónicas marcianas (1950), de Ray Bradbury, en las cuales los habitantes del planeta rojo sucumben ante la llegada del hombre. "La de Bradbury es una obra poética sobre el trato con el diferente", indica Miquel Barceló, experto en ciencia ficción y catedrático de Informática de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

Edgar Rice Burroughs, el padre de Tarzán, escribió varias novelas ambientadas en el planeta rojo. En Una princesa de Marte (1911), habla de "los hombres verdes de Marte". Se asume habitualmente que ése es el origen de los pequeños hombres verdes que, en la cultura popular, se identifican con los extraterrestres por excelencia y, en la ciencia ficción, con los más molestos alienígenas.

En Marciano, vete a casa (1955), una novela de Fredric Brown, mil millones de chismosos y gamberros visitantes aparecen de repente en nuestro planeta para hacer judiadas a todo aquél que se cruza en su camino. Son pequeños hombres verdes, como los protagonistas de Mars attacks (1996), película que sirve a Tim Burton para hacer una despiadada crítica de la sociedad estadounidense, ridiculizando como pocas veces a los inquilinos de la Casa Blanca.

Marte humano

El hombre se ha adaptado a Marte con diferentes estrategias: en Homo plus (1977), de Frederik Pohl, transforma su cuerpo para sobrevivir; en la trilogía Marte rojo (1993), Marte verde (1994) y Marte azul (1996), Kim Stanley Robinson cambia el planeta; y, en Marte se mueve (1993), máquinas moleculares ayudan al ser humano a sobrevivir en un entorno hostil. "Mucha gente ha puesto historias en Marte en estos últimos años", dice Barceló, para quien Misión a Marte (2000), de Brian de Palma, es una película "muy digna".

El planetólogo Agustín Sánchez Lavega cree que la exploración intensiva de Marte llevará décadas. Sin embargo, algunos de los enigmas científicos puede que empiecen a resolverse pronto gracias a misiones como la europea Mars Express, que llega al mundo vecino mañana. "La ciencia ficción tendrá que llevarse la frontera a otra parte", advierte Barceló. Habrá otros planetas, pero no serán Marte.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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