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07 Oct 2009

Panteras en los montes de Vizcaya, cocodrilos en los pantanos madrileños y ahora leones sueltos por Levante. Al episodio del gran felino fantasma que en los últimos días ha movilizado a los cuerpos de seguridad en Tarragona y Castellón le quedan un par de telediarios, como mucho. Porque ha sido un remake a la española de los casos de ABC (alien big cats o grandes gatos extraños) habituales en Reino Unido, un episodio similar al que vivimos en Vizcaya en octubre de 2005, protagonizado entonces por una supuesta pantera a la que un agente de la Ertzaintza llegó a disparar en un pinar de Gorliz.

Como en el caso levantino, la fiera vasca era muy tímida, tanto que salió espantada cuando estornudó un testigo de una de sus apariciones. Todo empezó también con dos personas que creyeron haber visto una pantera. A partir de ahí, y sin más pruebas, se montó la consiguiente operación de búsqueda y captura, con declaraciones de veterinarios y expertos en el comportamiento de grandes felinos para regocijo de los medios. No importaba que nadie detectara ni rastro de un bicho de ese tipo: ni huellas, ni heces, ni nada. Al final, la pantera vasca desapareció sin más, como va a pasar con la leona catalano-valenciana supuestamente escapada de un circo sin identificar.

Según las últimas informaciones, todo apunta a que se trata de un perro asilvestrado que ha sido visto rondando contenedores de basura buscando comida. "Lo que los agentes han podido ver ha sido un perro. Se trata de un animal de dimensiones importantes, posiblemente de raza dogo o parecido, y que tiene unas características, no sólo el tamaño, sino también el pelo corto, la cola larga y arqueada, la cabeza grande, posiblemente de un macho, que nos han hecho pensar y recordar la silueta de un león. Es como un Scooby Doo", ha declarado a los medios Miquel Ángel García, subinspector de los agentes rurales de Tarragona. Por no haber, esta vez no ha habido ni foto borrosa de la leona, mientras que en el caso vasco tuvimos, cerca de Lemoiz, a un gato filmado sin referencias que podía dar el pego de pantera.

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30 Ago 2009

"Si mi padre estuviera vivo y le preguntaras si cree en la existencia del yeti, probablemente te diría que sí", me explicaba hace unas semanas la antropóloga estadounidense Kelly Stewart, experta en los gorilas de montaña. Sus progenitores, el actor James Stewart y su esposa, Gloria McLean, participaron en un extraordinario episodio tras los pasos del abominable hombre de las nieves. La aventura, de película, ocurrió a finales de los años 50, en la edad dorada de las expediciones al Himalaya, cuando el Gobierno nepalí otorgaba licencias de caza a quienes quisieran capturar al homínido a un precio de 400 libras por ejemplar.

"Fue en esa época cuando los cuentos populares se apoderaron de la imaginación del público en Occidente y cuando, sospecho, el folclore empezó a degenerar en falso folclore", apunta el primatólogo John Napier en su libro Bigfoot, the yeti and sasquatch in myth and reality (Mito y realidad del bigfoot, el yeti y el sasquatch, 1973). Fueron los años en los que montañeros y exploradores fotografiaron huellas de enormes pies en la nieve del Himalaya y creyeron que los monjes budistas guardaban reliquias de un ser para ellos escurridizo. Uno de esos aventureros fue Tom Slick, un heredero texano obsesionado con el yeti.

Slick, cuyo padre había hecho fortuna con el petróleo, organizó en 1959 una expedición a Nepal para cazar al homínido y concluyó que la prueba definitiva de su existencia podía ser una mano que guardaban los monjes del monasterio de Pangboche. Pero los lamas no querían saber nada de ceder la reliquia para un estudio científico, ante lo cual Peter Byrne, su hombre de confianza, dio el cambiazo al pulgar y la falange proximal del índice por huesos humanos. Byrne pasó los restos de Nepal a India sin problemas; pero temía que los hubiera al sacarlos de este segundo país. Ahí entró en escena el matrimonio Stewart.

Encuentro en Calcuta

El actor estaba en India de viaje con su esposa y era amigo de Kirk Johnson, empresario petrolero y copatrocinador de la expedición de Slick. Byrne se encontró con él en el Grand Hotel de Calcuta y le dio los huesos para que los llevara a Reino Unido, ya que presumía que los agentes de aduanas no iban a molestar a una estrella de Hollywood. Acertó. Los restos del yeti volaron a Londres entre la ropa interior de la mujer del actor, según cuenta en el cazador de monstruos Loren Coleman, quien rescató esta historia del olvido en los años 80 mientras preparaba una biografía de Slick.

Los análisis de los restos de la mano de Pangboche realizados en 1960 y en 1991 por dos criptozoólogos -buscadores de seres legendarios- apuntan a que son parecidos a huesos humanos, pero no son humanos. Nada concluyente. Otras reliquias del yeti han resultado ser huesos de leopardo, piel de oso... Kelly Stewart carece de pruebas de que la historia ocurriera como han contado en sendos libros Byrne y Coleman, aunque añade que su "falta de información" no implica que no sucediera. "Me imagino a mi padre haciendo algo así", admite. Coleman asegura, por su parte, que tiene una carta del actor, fechada el 18 de junio de 1989, confirmando los hechos.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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11 Ago 2009

La ciudad israelí de Kiryat Yam, en la bahía de Haifa, ha ofrecido una recompensa de un millón de dólares a quien pruebe la presencia en sus aguas de una sirena que, dicen, ha sido vista varias veces en los últimos meses haciendo cabriolas cerca de la costa. Según los medios locales, suele verse al mítico ser al anochecer, y muchas personas se reúnen al borde del mar para intentar captar su imagen. "La gente dice que es mitad chica, mitad pez, y salta como un delfín. Hace todo tipo de cosas y luego desaparece", ha declarado a Sky News el portavoz municipal, Natti Zilberman, quien niega que detrás de la recompensa haya una maniobra publicitaria, aunque espera que la sirena atraiga a los turistas. Como Nessie, vamos.

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10 Ago 2009

Un extraño ser viajó congelado de feria en feria por el Medio Oeste norteamericano a finales de los 60. Era un homínido de 1,8 metros y largo pelaje marrón, que parecía haber muerto de un disparo en un ojo. Se exhibía dentro de un bloque de hielo en un ataúd de cristal refrigerado. Frank D. Hansen, el dueño de la barraca, cobraba 25 centavos a quien quisiera ver de cerca al "hombre de la Edad del Hielo", una atracción de feria más cuando el herpetólogo Terry Cullen se interesó por él en Milwaukee en otoño de 1967.

Cullen trató de llamar la atención de la comunidad científica sobre el primate. No lo consiguió y, en diciembre de 1968, contactó con Ivan T. Sanderson, un naturalista que había escrito un libro defendiendo la realidad del yeti. Dio la casualidad de que Sanderson tenía como invitado en su casa al zoólogo belga Bernard Heuvelmans, el padre de la criptozoología, la búsqueda de seres legendarios. Los dos viajaron inmediatamente a la granja de Hansen en Minnesota y, tras tres días de exámenes visuales y fotos, concluyeron que Bozo, como llamaron al espécimen congelado, era algo extraordinario.

Hansen no quería que el hallazgo trascendiera, pero los cazadores de monstruos sí. Heuvelmans defendió, en el boletín del Instituto Real de Ciencias Naturales de Bélgica, que Bozo era un ejemplar de una especie neandertaloide que sobrevivía en Vietnam. Sanderson explicó en la televisión y en la revista Argosy que se trataba de un eslabón perdido entre el mono y el hombre, y pidió al primatólogo John Napier, de la Institución Smithsoniana, que examinara el cuerpo; pero, cuando el científico consiguió la autorización de sus jefes para hacerlo, Hansen dio la espantada.

El cambiazo

El feriante anunció en abril de 1969 que ya no tenía en su poder al homínido, y que nunca más lo volvería a tener ni a exhibir, aunque lo que iba a llevar de gira durante el verano se le "asemejaría en muchos aspectos". "Parecía que una réplica había reemplazado al original, pero no había, por supuesto, garantía de que el original fuera real", indica Napier en su libro Bigfoot, the yeti and sasquatch in myth and reality (Mito y realidad del bigfoot, el yeti y el sasquatch, 1973). La copia difería en detalles del hombre de hielo de Minnesota que habían visto los criptozoólogos en casa de Hansen.

Napier calcula que el feriante invirtió en 1967 unos 50.000 euros en crear la criatura original. Dos años después, como su éxito comercial era moderado, Hansen filtró su existencia a los dos cazadores de monstruos. Lo que no esperaba es que, a raíz del entusiasmo de Sanderson y Heuvelmans, una institución científica se interesara por su homínido. Entonces, descongeló el muñeco, le hizo pequeñas modificaciones, lo volvió a congelar y se inventó el cuento de la réplica. Nadie podría acusarle nunca con pruebas de estafar al público, de que todo había sido un montaje.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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13 Jul 2009

Julio Arrieta, Javier San Martín y yo hablamos el 8 de julio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre John Keel, el fantasma de Michael Jackson y las conspiraciones alrededor de la muerte del Rey del Pop, en la trigésima quinta entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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07 Jul 2009

El escritor John A. Keel, creador del hombre polilla, falleció el viernes, a los 79 años, en el hospital Monte Sinaí de Nueva York. Vivía desde hace meses en una residencia próxima a su apartamento de Manhattan, según contaba ayer el criptozoólogo Loren Coleman, uno de sus amigos. Con la muerte de Keel, desaparece uno de los grandes autores de lo paranormal, un hombre que se movió en la frontera de la credulidad y el escepticismo.

"En posteriores desventuras [a las andanzas en Point Pleasant detrás del hombre polilla] tuve experiencias con numerosas fuerzas demoníacas y, aun en mi ignorancia, soy muy consciente de que nuestro planeta entero está ocupado por cosas que sólo vemos por casualidad y que parecen capaces de alucinar nuestras mentes e incluso de controlar nuestros pequeños y débiles cerebros", escribió en 2001 en un epílogo para la reedición de su clásico The mothman prophecies (1975). Parecía una firme declaración de credulidad, pero un párrafo después añadía: "Nosotros hemos embrujado este planeta; sus habitantes se limitan a combatir el aburrimiento llenando de monstruos nuestros mares y nuestros cielos". Y antes había escrito que "el resultado final [de las búsquedas de monstruos como el hombre de las nieves, Nessie y el chupacabras] fueron millones de dólares tirados por el retrete, mientras cientos de malas películas y programas de televisión aún peores se producían en serie, al tiempo que se publicaban enormes montones de libros malísimos que aún se utilizan para apuntalar mesas en las comunidades más pobres".

Dudo mucho de que el autor de ese epílogo se creyera al final de su vida la mayoría de las cosas que había escrito en sus libros. Más bien, pienso que John A. Keel jugaba a creérselo, a la ambigüedad como una manera de no mentir abiertamente, pero tampoco desentrañar el misterio. Para mí, el escritor que era aprovechaba el material en bruto que le proporcionaban los testigos de hechos aparentemente extraordinarios para recrear la realidad al gusto forteano; es decir, repleta de las anomalías que cautivaron en su día a Charles Fort. Supongo que alguna de las biografías que no tardarán en publicarse ahondará en las contradicciones que revela el epílogo de The mothman prophecies.

Paraufólogo

Nacido como Alva John Kiehle el 25 de marzo de 1930, John Keel comenzó su carrera literaria como guionista de radio y televisión. En su primer libro, Jadoo (1957), desmontó trucos de los faquires y santones indios como el de la cuerda trepadora, y persiguió al hombre de las nieves. Después de escribir una novela y artículos para la revista Flying Saucer Review, se volcó en lo paranormal. Escribió sobre ovnis y se convirtió en uno de los pioneros de la paraufología, que rechaza que los ovnis sean naves de otros mundos. "Abandoné la hipótesis extraterrestre en 1967 cuando mis propias investigaciones de campo desveló un sorprendente solapamiento entre los fenómenos psíquicos y los ovnis", puede leerse en su entrada de las diferentes ediciones de The ufo encyclopedia, de Ronald D. Story.

En su opinión, "los objetos [se refiere a los platillos volantes] y apariciones no necesariamente se originan en otro planeta y puede que ni siquiera existan como construcciones permanentes de la materia. Es más probable que veamos lo que queremos ver e interpretemos esas visiones de acuerdo a nuestras creencias contemporáneas". Los ovnis eran en su universo forteano una manifestación más de esas entidades que están en nuestro mundo sin estar en él y controlan nuestras mentes. otras manifestaciones serían las hadas, las apariciones religiosas, los milagros, los monstruos, las aeronaves misteriosas, los fenómenos psíquicos... Según su amigo Jerome Clark, era un radical del origen ultraterrestre de los platillos volantes, entendiendo como tal un fenómeno cambiante "procedente de otro orden de existencia".

El hombre polilla le hizo famoso fuera del mundillo paranormal gracias a Mothman, la última profecía, película en la que su personalidad de Keel se desdoblaba en la del personaje de Richard Gere, que daba vida a un periodista, y la del de Alan Bates, un profesor de Física de apellido Leek -Keel, al revés- que estaba al tanto de las andanzas del monstruo de ojos rojos. John A. Keel sufrió un infarto en octubre de 2006 y su estado de salud le obligó en los últimos meses a vivir en una residencia de ancianos de Nueva York. "Si ve un monstruo de ojos rojos, normalmente significa que va a morir en seis meses", advertía Keel hace siete años en el número 156 de la revista sobre fenómenos extraños Fortean Times.

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19 Mar 2009

La multinacional japonesa Sony ha lanzado una campaña publicitaria de su nueva cámara digital réflex DSLR-A900 -cuyo precio mínimo es de 2.799 euros- de la que me he enterado gracias a Luis R. González y que esta protagonizada por Nessie, el Bigfoot y un platillo volante. Captura la verdad es lo que extraordinaria resolución de la máquina promete al registrar hasta el más mínimo detalle y el lema de la campaña. La imagen del monstruo del lago Ness es una recreación de la famosa foto del cirujano de 1934, que corresponde en realidad a una figura modelada por un niño y colocada sobre una tabla, frente a lo que la multinacional japonesa ha incluido en los cuartos raseros del monstruo un tapón -la verdad- más propio de un juguete hinchable. La foto del hombre salvaje norteamericano es un calco del más conocido fotograma de la película tomada por los vaqueros Roger Patterson y Bob Gimli en 1967 de un Bigfoot paseando a orillas del bosque en California, en la cual podemos ver una cremallera en el pecho del disfraz que llevó puesto en la vida real el embotellador de Pepsi Bob Hieronimous. Y la nave extraterrestre no me suena tal cual de ningún avistamiento ovni famoso, aunque bien podría tratarse de un remake libre del montaje de Barra da Tijuca (Brasil) de 1952, donde el fraude fue descubierto por inconsistencias en las sombras; la verdad de Sony sería en este caso una antena que revelaría que la nave aliengena es un platillo teledirigido. Si pinchan en las imágenes, podrán ver los detalles más claramente.

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29 Ago 2008


La videocámara de un coche patrulla grabó hace tres semanas al chupacabras a la carrera por un camino de tierra de Texas. Ha sido, de momento, la última aparición de un monstruo desconocido para el ser humano hasta marzo de 1995, cuando debutó en Puerto Rico: mató a ocho ovejas, una vaca y un toro en Orocovis, en el centro de la isla. Los cuerpos de los animales presentaban mordeduras en cuello y patas. La Policía y las autoridades sospechaban que los ataques habían sido obra de perros asilvestrados; pero algunos lugareños decían haber visto algo raro. En agosto, la matanza de 150 animales de granja en Canóvanas, al nordeste de la isla, desató la histeria. Los cadáveres no tenían, según los ganaderos, ni gota de sangre: aparentemente, había sido extraída por unos pequeños orificios. Medio país se lanzó entonces a la caza de un animal que, por su inclinación por las cabras y sus tendencias vampíricas, fue bautizado como chupacabras.

El monstruo de origen portorriqueño sigue siendo hoy en día un enigma. Poco se sabe de él, más allá de sus gustos gastronómicos. No está claro si es bípedo o cuadrúpedo; si es un cánido o una mezcla de canguro y gris -el extraterrestre cabezón típico-; si tiene manos palmeadas o garras; si es peludo o de piel de reptil; si mide 60 centímetros o 1,5 metros; si chupa la sangre al estilo de Drácula o usa para ello una lengua aguijón... A pesar de las numerosas batidas organizadas tras los ataques de Canóvanas, nunca se ha capturado un ejemplar ni se ha dado con restos de él. Ni siquiera hay una foto decente del monstruo. Y eso que pronto traspasó los límites de la pequeña isla caribeña y se expuso abiertamente al mundo.

Salto trasatlántico

Jorge Martín era un ufólogo prácticamente desconocido fuera de Puerto Rico hasta que se cruzó en su camino el chupacabras en noviembre de 1995. Fue quien primero habló de él como de una mascota de los tripulantes de los platillos volantes o el producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres. Gracias a Martín, el monstruo dejó de ser una superstición campesina y se convirtió en un personaje que protagonizaba camisetas, llaveros y portadas de revistas. Menos de dos años después de su primer ataque, Fox Mulder y Dana Scully se enfrentaban al chupacabras en El mundo gira, episodio de Expediente X estrenado en Estados Unidos el 12 de enero de 1997. Para entonces, la bestia ya hacía de las suyas fuera de Puerto Rico.

El monstruo saltó a México, Costa Rica y Estados Unidos (Florida) a principios de 1996. Su primera víctima humana fue Teodora Ayala Reyes, una mujer de 25 años del Estado mexicano de Sinaloa que mostró a todo el país por televisión unas marcas en el rostro y el cuello que parecían quemaduras. Lo había predicho el alcalde de Canóvanas, José Soto, cuando organizó las primeras batidas en octubre de 1995: "Hoy ataca animales, pero mañana podría atacar a la gente". Los dictámenes científicos apuntaban en México a que los causantes de los ataques eran coyotes, felinos o perros asilvestrados; pero el terror se apoderó de las comunidades campesinas cuyo ganado aparecía muerto de la noche a la mañana.

La llegada del indeseado visitante a España no se demoró. Entró en la Península por el País Vasco durante el verano de 1996, según revelaron en las revistas Año Cero y Más Allá los periodistas esotéricos Bruno Cardeñosa y Javier Sierra. La prueba era medio centenar de ovejas muertas en la comarca vizcaína de Las Encartaciones. Año y medio después, su colega Iker Jiménez achacaba a la bestia la muerte de decenas de ovejas en Valle de Tabladillo, Segovia.

Un monstruo hispano

Con la excepción de los ataques registrados en Brasil, el chupacabras actúa sólo en comunidades donde se habla español, incluso en Estados Unidos. Es un monstruo genuinamente hispano, un producto de la superstición campesina portorriqueña. "Parece ser un fenómeno caribeño, especialmente de las islas hispanas. Es parte de nuestro folclore. Es interesante que no se encuentre en las islas angloparlantes, y que sólo migre a lugares donde la población hable español", dice Marvette Pérez, conservadora del Museo Nacional de Historia Americana de la Institución Smithsoniana, y de origen portorriqueño.

No se trata del primer ser misterioso que sale de las selvas de Puerto Rico. Al contrario. El chupacabras es el último de una larga estirpe. Todo comenzó con el vampiro de Moca, que en los años 70 chupaba la sangre a animales de granja y a quien salió un hijo vegetariano, el comecogollos, que devoraba plataneros. El tercer miembro del linaje fue conocido como comepanties, por ser un insaciable consumidor de las medias que las mujeres ponían a secar en los colgadores. Lo del comepanties parece demasiado hasta para quienes creen en los poderes de Rappel, ¿pero a qué se debe el éxito del chupacabras cuando, a fin de cuentas, hace lo mismo que su bisabuelo?

A que en su momento su existencia vino bien en unos países -Puerto Rico y México- a los políticos para desviar la atención sobre asuntos realmente graves. "Desde que apareció la fiebre del chupacabras, los sufridos mexicanos tuvieron otro tema de plática diaria, y luego, cuando se le restó gravedad, lo transformaron en un factor x, un recurso para el albur facilón y el chiste bobo, como representar a Carlos Salinas, que absorbe mucho del descontento popular", apuntaba en 1996 el sociólogo mexicano Roger Bartra. Quienes viven de escribir sobre fantasmas y hombrecillos verdes vieron en vulgares ataques de alimañas acciones de seres misteriosos. En España, por ejemplo, las muertes de ovejas registradas en Vizcaya y Segovia se debieron a perros asilvestrados o a lobos; pero llevaron al monstruo a la portada de las revistas esotéricas. Y en América ha pasado lo mismo. El chupacabras grabado por la Policía en Texas parece ser un ejemplar de un raro tipo de coyote que ya ha sido tomado otras veces por el monstruo de hábitos vampíricos.


La revista

Fortean Times: La más divertida revista sobre lo paranormal. Todo tiene cabida en ella, con el mérito de que acoge en sus páginas trabajos serios que desmontan presuntos misterios, algo a lo que son alérgicas las publicaciones esotéricas españolas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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17 Ago 2008

"No soy jugador; pero me apostaría 1.000 dólares a que estamos ante un anuncio falso más", le decía a primera hora del viernes por correo electrónico a Benjamin Radford, experto en lo paranormal y miembro de los consejos editoriales de las revistas The Skeptical Inquirer y Pensar. "Por supuesto", me respondía él. Un buscador de monstruos había convocado para horas después una rueda de prensa en Palo Alto, California. Prometía presentar pruebas concluyentes de la existencia del Bigfoot, el hombre salvaje norteamericano. Decía que Matt Whitton y Rick Dyer, dos cazadores de Georgia, habían encontrado un cuerpo del animal y que iban a presentar a los medios fotos y resultados del correspondiente análisis de ADN.

Antes de nuestro intercambio de mensajes, Radford había apuntado acertadamente en un artículo lo que, conocido el protagonista de la historia, cabía esperar de tan espectacular anuncio. El personaje en cuestión se llama Tom Biscardi, es un cazador de Bigfoots y ya hace tres años vendió como la prueba definitiva de la existencia del homínido la falsa captura de un ejemplar. Ahora, ha vuelto a hacer lo mismo. Whitton y Dyer -que son excursionistas y no cazadores- no enseñaron a los medios el viernes ningún cadáver, las fotos eran borrosas y los análisis de tres muestras de ADN correspondían a un animal sin identificar, un hombre y una zarigüeya. Sumen a eso que el cuerpo en el congelador parece corresponder a un disfraz de gorila y estamos ante la típica maniobra para conseguir publicidad gratuita para una web, la de Biscardi, dedicada a comercializar recuerdos vinculados al Bigfoot.

Lo que era de esperar para cualquiera que sepa cómo se las gastan por Paranormalia, como llama al mundo del misterio el filósofo Ricardo Campo. No hace falta salir de España ni remontarse mucho en el tiempo para comprobar que las pruebas definitivas tienen tendencia a desaparacer en el mundo del misterio. Recuerden cómo Iker Jiménez presentó en Cuatro la prueba de una conspiración para borrar de la historia a un cosmonauta soviético, cómo Juan José Benítez mostró en TVE una filmación para apoyar la idea de que ha habido ruinas extraterrestres en la Luna; cómo otra vez Jiménez dijo en 1997 en la revista Enigmas que tenía las pruebas del origen paranormal de las caras de Bélmez, cómo... Ahora bien, no se les ocurra ser tan maleducados como para rememorar que el cosmonauta desaparecido en realidad nunca existió, que la película con los edificios lunares habia sido rodada en un estudio de animación, que lo de Bélmez es un fraude como la copa de un pino... Y así podríamos seguir recuperando del olvido anuncios extraordinarios de los expertos en lo paranormal que se tornaron a la vuelta de la esquina en nada. Luego quieren que se les tome en serio.

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13 Ago 2008

La existencia de un hombre salvaje en los bosques de Norteamérica occidental era una leyenda hasta hace medio siglo. Fue en 1958 cuando la criatura conocida hasta entonces por los indios como Sasquatch se hizo carne. Ocurrió en California. Jerry Crew, operario de excavadoras en las obras de una carretera del condado de Humboldt, encontró una mañana de agosto unas huellas de grandes pies desnudos cerca de sus útiles de trabajo. Al día siguiente, la noticia estaba en la primera página del diario The Humboldt Times, que bautizó a la criatura que había dejado las huellas como Bigfoot (pie grande).

El monstruo se ha ganado desde entonces un lugar destacado en el panteón de la criptozoología -literalmente, el estudio de los animales ocultos- junto al inquilino del lago Ness y al Yeti. Esquivo como ellos, mide entre 2 y 3 metros, es cuellicorto y tiene el pelo oscuro, grandes ojos y una cresta en lo alto del cráneo. Rara vez ha agredido al hombre y, aunque tímido, ha sido capturado en fotos y hasta en alguna película, si bien no con la suficiente claridad como para que su existencia haya quedado demostrada fuera de toda duda. Ha tenido su serie de televisión -Bigfoot y los Henderson, con una película del mismo título-, y un joven ejemplar, Quatchi, es una de las mascotas de los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver 2010.

Grande y escurridizo

El Bigfoot es la variante norteamericana de una familia compuesta por el Yeti del Himalaya, el Orang Pendek indonesio, el Basajaun vasco y otros hombres salvajes. Estos seres serían, según algunos criptozoólogos, ancestros nuestros con los cuales todavía compartiríamos la Tierra. Una posibilidad apasionante. En ese escenario, el peludo habitante de los bosques americanos ha sido identificado como un posible Paranthropus -homínido que vivió en África entre hace 2,7 y 1,2 millones de años-, un Gigantopithecus -simio de 3 metros y 400 kilos que vivió en el Sudeste Asiático hasta hace 500.000 años- e incluso un Homo erectus, antepasado nuestro que se extinguió hace unos 400.000 años.

Las especulaciones de los criptozoólogos chocan, no obstante, con la ausencia de pruebas concluyentes de la existencia del Bigfoot. "Para que una población de estos animales resultara viable, debería haber un mínimo de de 500 individuos", explica Eduardo Angulo, biólogo de la Universidad del País Vasco y miembro del Círculo Escéptico. Mientras que una docena de grandes antropoides podría pasar desapercibida en el gran Oeste americano, una comunidad de medio millar dejaría tras de sí numerosos restos biológicos, desde heces hasta cadáveres, que delatarían su presencia. Es algo que no ocurre ni con el Bigfoot ni con sus criptoparientes.

Los cazadores de monstruos atesoran multitud de pruebas, pero con eso no basta. "Lo importante no es la cantidad, sino su calidad", destacaba recientemente Benjamin Radford, coautor del libro Hoaxes, myths, and manias: why we need critical thinking (Fraudes, mitos y manías: por qué necesitamos el pensamiento crítico. 2003). Los testimonios, las fotografías, los moldes de las huellas y las muestras de pelo y sangre del Bigfoot recogidas en los últimos cincuenta años son de una fragilidad tal que, paradójicamente, han servido a los críticos para poner al hombre mono americano contra las cuerdas.

Pies de barro

Fotograma de la famosa película de Patterson y Gimli.La mejor filmación de la bestia es la película de Patterson-Gimli. Fue rodada el 20 de octubre de 1967 en Bluff Creek (California) por los vaqueros Roger Patterson y Bob Gimli. Se ve en ella un homínido que, sorprendido en un claro, huye hacia el bosque a paso ligero al tiempo que vuelve la cabeza hacia la cámara. En su día, algunos criptozoólogos dedujeron de las imágenes que se trataba de una hembra; pero otros muchos sospecharon desde el principio que había hombre encerrado. La confirmación llegó en 2004 de la mano de Greg Long. Periodista y colaborador de Discovery Channel, averiguó que dentro del disfraz de Bigfoot estaba metido un tal Bob Heironimus, trabajador de Pepsi a quien Patterson había prometido por su interpretación mil dólares que nunca pagó a pesar del dinero que ganó con la película.

Ninguna de las muestras de pelo y fluidos atribuidas al misterioso morador de los bosques norteamericanos ha superado, por su parte, la prueba del laboratorio. Hace tres años, por ejemplo, David Coltman, genetista de la universidad canadiense de Alberta, analizó un mechón de pelo recogido en Yukon por testigos de una aparición de un Bigfoot que había dejado huellas dos veces más grandes que las de un ser humano. "El perfil de ADN de la muestra de pelo que recibimos de Yukon encaja con el de referencia del bisonte norteamericano", concluyó el biólogo. Cómo dejó un bóvido pisadas de apariencia humana es un misterio que, seguramente, podrían aclarar los testigos de la aparición.

El Bigfoot tiene los pies de barro. Sus primeras huellas, las de 1958 que le dieron el nombre, fueron hechas en realidad con unas plantillas de madera por el constructor Ray Wallace, responsable de las obras junto a cuya maquinaria se descubrieron. Lo reveló la familia del empresario después de su muerte hace seis años y lo confirmó John Auman, uno de sus empleados. Según el trabajador, Wallace creó al homínido americano por razones prácticas: como los vándalos se cebaban por las noches con las herramientas, se sacó de la manga un monstruo que les metiera el miedo en el cuerpo. Luego, durante años, bromista, se dedicó a fabricar grabaciones de vídeo y fotografías del monstruo con las que deleitar a los criptozoólogos. "La realidad es que el Bigfoot ha muerto", dijo Michael Wallace, su hijo, cuando el corazón del constructor dejó de latir el 26 de noviembre de 2002.


El libro

Monstruos. Una visión científica de la criptozoología (2007): El biólogo Eduardo Angulo ahonda en los orígenes de la creencia en Nessie, el Yeti, el Bigfoot y otros seres fantásticos, y examina las pruebas presentadas a favor de su existencia.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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