12 Jun 2008
09 Dic 2007

"Nessie ha sido visto miles de veces", asegura Eduardo Angulo. Biólogo de la Universidad del País Vasco y miembro del Círculo Escéptico, acaba de publicar Monstruos (451 Editores), una aproximación científica a la criptozoología. Esta disciplina, definida por el zoólogo Bernard Heuvelmans en 1955, estudia los animales desconocidos para la ciencia, pero presentes en las tradiciones populares. "Los criptozoólogos buscan algo que no existe basándose en algo que existe: las leyendas. Intentan demostrar que las leyendas son reales. Hasta hay un pequeño grupo de ellos que busca dragones". Muy viejo y solitario La leyenda de Nessie se remonta al siglo VI. Tras haber matado la bestia a un hombre, san Columba, introductor del cristianismo en la región, habría navegado por el lago al encuentro del monstruo para exigirle que cesara en sus ataques. Le salió bien: no se tienen noticias de ningún otro percance similar. La primera aparición de Nessie debidamente documentada data de 1871, pero los avistamientos sólo se multiplican a partir de los años 30 del siglo pasado, tras la construcción de la carretera que discurre por la orilla oeste del lago. En 1934, se tomó la más famosa de las imágenes, una foto en blanco y negro en la que se ve un largo cuello, coronado por una cabeza de serpiente, que emerge de las aguas. Fue una de las mejores pruebas de la existencia de Nessie durante sesenta años, pero en 1993 Chris Spurling confesó que, a petición de su padrastro, él -entonces un niño- modeló la figura y la puso sobre una base de madera para que el conjunto fuera fotografiado. Ninguna de las posteriores imágenes de la bestia ha sido concluyente. Es imposible que Nessie tenga miles de años. Así que hay que pensar en que lo que vive en Escocia es una familia de monstruos. "Para que una población de animales de ese tipo resulte viable, debe haber un mínimo de treinta individuos", explica Angulo. Treinta carnívoros de entre 15 y 20 metros de longitud comen lo suyo. Sin embargo, en el lago Ness no hay alimento suficiente. "Es una masa de agua estrecha y muy profunda. Tiene poca superficie que reciba la luz solar suficiente para el desarrollo del fitoplancton, las algas microscópicas que están en la base de la pirámide alimenticia. Así que también hay poco zooplancton, animales microscópicos que se alimentan del fitoplancton y que son a su vez comidos por otros más grandes. Los pocos animales grandes que hay son, a su vez, insuficientes para sostener a Nessie y su familia". Extensa parentela Nessie es escocés, pero tiene parientes por todo el mundo. "Su familia está extendida por los cinco continentes. Hay más de 200 lagos con monstruo", señala Angulo. El más famoso es Nahuelito, habitante del lago Nahuel Huapi, en Argentina; pero también están Champi, el monstruo del lago Champlain (EEUU-Canadá) y Ogopogo, en la Columbia Británica (Canadá). Aunque la palma se la llevan en Suecia, donde hay casi una treintena de lagos con monstruo. En todos esos sitios se repite la misma historia: hay pocas fotos y borrosas, y ninguna prueba física. Lo contrario de lo que pasa con el otro gran icono de la criptozoología, el hombre salvaje que habita el Himalaya. Las pruebas del Yeti se reducen a rastros de huellas y fragmentos de piel guardados en monasterios tibetanos. El más famoso de los primeros es el descubierto por Eric Shipton y Michael Ward en 1951, una de cuyas fotos fue subastada recientemente en Christie's por casi 5.000 euros. "En 1977 y tras años de decepcionante búsqueda, Ward dijo que seguramente las huellas correspondían a un nativo del Himalaya, descalzo y resistente al frío, con alguna deformación congénita o adquirida en los dedos de los pies", explica el biólogo bilbaíno, que recuerda que en los años 50 un experto del Museo Británico las achacó al mono langur, típico de la región. El alpinista Reinhold Messner, que vio al Yeti en 1986, cree que el abominable hombre de las nieves no es tal. "Todas las pruebas apuntan a una especie de oso pardo de hábitos nocturnos", sostiene. Los cueros cabelludos atesorados en lamaserías no corresponden, sin embargo, a plantígrados. Edmund Hillary, el escalador británico que conquistó el Everest, consiguió en 1960 que le dejaran una de esas piezas durante seis semanas. Un análisis hecho en Bélgica concluyó que se trataba de piel del cuello de una cabra del Himalaya. Últimamente, los criptozoólogos recurren a los estudios genéticos de los restos biológicos de los hombres salvajes y, aunque muchos análisis de ADN han sido anunciados, de pocos se han publicado los resultados. "No se suelen dar a conocer porque prueban que no hay nada extraordinario", apunta Angulo. Bosques de Norteamérica Hace cinco años, John Aumann, uno de los obreros, reveló que su jefe, Ray Wallace, había creado las huellas para meter el miedo en el cuerpo a los gamberros que de noche destrozaban sus útiles de trabajo. Un sobrino del empresario guarda todavía las plantillas de madera que ató su tío a la suela de las botas para dar vida al Bigfoot. Poco después, en 2004, se supo quién se había disfrazado de hombre-mono para la famosa película rodada por los vaqueros Roger Patterson y Bob Gimli en 1967 en Bluff Creek, California. La piel del monstruo ocultaba a Bob Hieronimus, un trabajador de Pepsi. Para colmo, un análisis de ADN de un mechón atribuido al homínido, hecho por científicos de la Universidad de Alberta (Canadá), demostró en julio de 2005 que el Bigfoot tiene cuernos: el pelo era en realidad a un bisonte americano. La pantera fantasma. Fue vista en Vizcaya en 2003, y un ertzaina disparó contra ella en Gorliz en 2005. Los alien big cats (grandes gatos extraños) son un fenómeno británico de cuya realidad hay tantas pruebas como de la de Nessie. La foto del cirujano. Sacada en 1934, es la más famosa de las fotos de Nessie. Ha sido utilizada frecuentemente como prueba de su existencia. Se trata, en realidad, de una figura modelada por un niño y colocada sobre una tabla. La película del Bigfoot. Los vaqueros Roger Patterson y Bob Gimli grabaron en 1967 una película en la que se ve a un homínido huir de la cámara en California. A finales de los años 60, las sospechas apuntaban a John Chambers, ganador de un Oscar de maquillaje por El planeta de los simios. Expertos estudiaron un caminar que parecía demasido humano y vieron cremalleras en la piel, pero no fue hasta 2004 cuando se supo quién era el Bigfoot: Bob Hieronimous, un embotellador de Pepsi al que los autores de la cinta prometieron 1.000 dólares que nunca pagaron. Publicado originalmente en el diario El Correo.
Estaríamos, de ser cierta la leyenda, ante un monstruo de longevidad matusalénica, ya que muchos criptozoólogos lo presentan como un plesiosaurio. Con cuatro aletas, cuello largo y cabeza pequeña, este reptil acuático pesaba de 10 a 20 toneladas, fue contemporáneo de los dinosaurios y se extinguió con ellos hace 65 millones de años. "Pero el lago Ness estuvo congelado durante un largo periodo de tiempo hasta hace 12.000 años", indica Angulo. ¿Dónde vivió el monstruo hasta entonces? Admitamos que, cuando los hielos retrocedieron al final de la última glaciación, entró al lago desde el mar, pero ¿qué come?, ¿es sólo un animal muy, muy viejo?, ¿hay una población de Nessies en la masa de agua dulce más grande de las islas Británicas?
Una población continuada de plesiosaurios durante milenios habría producido, además, gran número de rastros y restos en forma de osamentas. Nada de eso se ha encontrado nunca en el lago Ness, cuyo tímido inquilino se aparece cada vez menos precisamente ahora que las cámaras fotográficas abundan. Los criptozoólogos no cejan, sin embargo, en su empeño y periódicamente organizan proyectos de rastreo del lago por sonar, en los que cualquier cosa es interpretada como la bestia. Robert Rines, un cazador de monstruos, es famoso por una serie de fotografías subacuáticas tomadas en 1972 y 1975 en las cuales se intuía una especie de plesiosaurio. Las imágenes habían sido retocadas y, además, en 1987 la cámara de vídeo de un minisubmarino comprobó que una de ellas era de un tronco caído al fondo del lago.
Monstruos cercanos
De Nessie hay fotos malas y ninguna prueba física. Todo lo contrario ocurre con el más famoso de los homínidos con los que, según algunos, compartimos la Tierra: el Yeti. "Las leyendas de hombres salvajes -como la del Basajaun vasco- son propias de regiones boscosas. La gente del Himalaya sitúa al Yeti en los bosques. Hemos sido los occidentales los que lo hemos llevado a las cumbres nevadas", asegura Eduardo Angulo.
El pariente norteamericano del Yeti, conocido como Bigfoot -para el hombre blanco- o Sasquatch -para los indígenas-, no ha corrido mejor suerte. Los criptozoólogos han visto en los últimos años cómo las pruebas más sólidas a favor de su existencia se desmoronaban. Al igual que con el Yeti, los restos atribuibles al hombre salvaje de Norteamérica son escasos, cuando tenían que abundar si existiera una población de homínidos. Se reducen casi siempre a huellas, la primera de las cuales fue encontrada en agosto de 1958 en el condado californiano de Humboldt, cerca de la maquinaria utilizada para las obras de una carretera.
Pruebas monstruosas
La masa gelatinosa. Apareció en junio de 2003 en una playa cercana a Puerto Montt, en Chile. Se dijo que se trataba de restos del imaginario pulpo gigante. Las pruebas de ADN demostraron que eran restos de un cachalote. 
05 Dic 2007

La presunta pisada mide 33 centímetros, corresponde -aparentemente- a un pie de cinco dedos y fue descubierta el miércoles pasado en un valle rocoso a 2.800 metros de altitud. Según el presentador televisivo, era una huella fresca, dejada menos de 24 horas antes. Por lo visto en las fotos, la han encontrado en un terreno pedregoso y la han extraído de él. Desgraciadamente, no se ha hecho pública ninguna imagen de la pisada sobre el terreno, algo que ayudaría a determinar si se trata de una huella real o sólo de algo que lo parece, una pareidolia. "No creo que sea de un oso. Para nosotros, es un misterio", ha dicho Gates, quien descarta que estemos ante un fraude. No todos lo tienen tan claro. Ang Tshering Sherpa, presidente de la asociación nepalí de alpinistas, cree las pisadas "pueden ser de un oso himalayo", según un despacho de Efe. En cualquier caso, a Gates le viene mejor que sean del yeti. Y ya sólo eso hace que el providencial hallazgo huela a chamusquina.
04 Dic 2007
26 Feb 2004
El teletipo que llegó ayer a las redacciones de toda España y América estaba datado en Budapest, se titulaba "Astrólogos descubren un planeta a 650 años luz del Sistema Solar" y decía: "Un equipo de astrólogos húngaros ha descubierto un nuevo planeta a 650 años luz del sistema solar, en la constelación de Géminis, informó hoy el director del Instituto de Investigación de Astrología de la Academia Húngara de Ciencias, Lajos Balázs. El planeta descubierto gira alrededor de una estrella semejante al sol, realiza su recorrido en 1,56 días, y tiene una masa ocho veces más grande que la de Júpiter, según los primeros cálculos. Johanna Jurcsik, astróloga que encabezó al grupo de investigación, explicó que descubrieron el planeta por casualidad el pasado día 20. Balázs consideró que este hallazgo representa un "jalón importante en la investigación espacial".
Efe parece dispuesta a superarse. Hace dos años presentaba a bombo y platillo al celacanto como un animal que acababa de ser redescubierto, cuando en realidad lo fue en 1938. Ahora que Antena 3 va a encerrar a un grupo de freaks paranormales en un castillo para el típico programa al estilo de Gran hermano, la agencia de noticias española saca a los astrólogos del inframundo y les atribuye un hallazgo científico. Si no fueron capaces de 'ver' la influencia de Plutón en la personalidad de sus clientes antes de 1930 -año en el que Clyde Tombaugh descubrió el planeta-, ¿cómo van a haber detectado un mundo situado a 650 años luz? No lo han hecho, evidentemente. Los astrólogos del texto son en realidad astrónomos, disciplina a la que se dedica el organismo de la Academia Húngara de Ciencias al que pertenecen, y no a la astrología. ¡Hay que ser un analfabeto de tomo y lomo para confundir astronomía con astrología a estas alturas! ¿Quién dio el visto bueno a la emisión de ese despacho? ¿Es que nadie en la "primera agencia de noticias en español" revisa los originales antes de enviarlos a medio mundo?
Otro teletipo de Efe de los que confunden astrología con astronomía puso en su sitio hace dos años a los vendedores de misterios y en solfa el rigor de la agencia. Fechado el 19 de abril de 2002, decía, que "el coelacanth, un predador marino que se pensaba había desaparecido hace 70 millones de años, ha emergido "vivo y coleando" de aguas de la costa este de Sudáfrica, cuyo Gobierno ha lanzado una campaña para su conservación", y añadía que "una colonia de la especie fue localizada a cien metros de profundidad en Sodwana Bay, al norte de Zululandia (una región de Sudáfrica)". Esto último era la noticia. Cuando el despacho llegó a mis manos, no fui capaz de sospechar que pudiera llevar a confusión a nadie medianamente informado, y menos a quienes se pasan la vida hablando de la búsqueda de seres exóticos como el yeti y el bigfoot. Me confundí.
02 Feb 2004
La noticia de que en una playa chilena se había encontrado una gran masa informe dio el pasado verano la vuelta al mundo y pie a fantásticas especulaciones. De aspecto grumoso y gris, medía unos 12 metros de largo y 6 de ancho, pesaba 13 toneladas y, antes de que llegaran al lugar los científicos, se hablaba de que podía tratarse de restos de un pulpo o un calamar gigantes. Cuando lo examinaron investigadores del Centro de Conservación Cetácea (CCC) de Chile, dirigidos por la bióloga Elsa Cabrera, dictaminaron que eran restos de un cachalote. "No ha sido necesario un análisis de ADN para la identificación. Fue suficiente con descubrir las glándulas dérmicas que pertenecen sólo a este grupo", indicaron el 12 de julio los científicos, quienes explicaron que, cuando uno de estos animales muere, "el esqueleto se desprende y hunde, quedando el cuerpo con la grasa flotando". Los restos, añadieron, suelen ser "una bolsa de pura grasa, por lo cual su descomposición es muy lenta".
El trabajo de Skip Pierce confirma ahora la identificación de los científicos chilenos sobre el terreno. El ADN obtenido en el laboratorio de la USF es "100% idéntico al del cachalote (Physeter catodon)", similar al del presunto pulpo gigante varado en St. Agustine (Florida) en 1896 y al monstruo de la costa occidental de Tasmania de 1960. "Está claro que la mayoría de las masas gelatinosas de interés popular y criptozoológico son en realidad restos descompuestos de grandes cetáceos", concluyó el biólogo estadounidense en la reunión de la SICB.
12 Dic 2003
"Si ve un monstruo de ojos rojos, normalmente significa que va a morir en seis meses", advierte John A. Keel en el número 156 de la revista sobre fenómenos extraños Fortean Times. El ominoso ser al que se refiere es el hombre polilla, una entidad alada con la que se topó en Point Pleasant en 1966 cuando preparaba el reportaje "definitivo" sobre platillos volantes para Playboy. Un cuarto de siglo después de la publicación de su libro dedicado a la criatura, el reportero de lo paranormal vio cómo ésta traspasaba las fronteras estadounidenses gracias a una película de Richard Gere.
Brillantes ojos rojos
El hombre polilla debutó en la noche del 15 de noviembre de 1966. Dos jóvenes matrimonios pasaban en un coche por el área TNT, situada a unos 11 kilómetros de Point Pleasant y denominada así por haber albergado una fábrica de munición durante la Segunda Guerra Mundial, cuando vislumbraron, entre las sombras, una "figura de apariencia humana, pero más grande", alada y con brillantes ojos rojos. El conductor puso tierra de por medio y, camino del pueblo, vieron otro ser similar que, a su paso, levantó el vuelo y siguió por el aire a su Chevrolet de 1957 a más de 160 kilómetros por hora, sin batir las alas.
"¿Qué mide seis pies de alto, tiene alas, dos grandes ojos rojos distantes entre sí seis pulgadas y planea tras un automóvil a 100 millas por hora?", se preguntaba Mary Hyre, corresponsal en Point Pleasant de un diario de Ohio, al inicio de la crónica que difundió la agencia AP el 16 de noviembre. Era la época en la que Adam West daba vida a un Batman que se enfrentaba a villanos encarnados por Burgess Meredith, César Romero, Anne Baxter y Vincent Price, entre otros. Inspirado por las andanzas televisivas del hombre murciélago, un periodista bautizó al nuevo habitante del área TNT como el hombre polilla, y el nombre hizo fortuna.
Keel llegó a Point Pleasant el 7 de diciembre. Pronto descubrió, tras la "pequeña tranquila ciudad de 6.300 habitantes, docenas de iglesias y ningún bar", una Disneylandia de lo paranormal. A las apariciones del monstruo de color gris, se sumaban observaciones de ovnis, mutilaciones de ganado, casas encantadas, llamadas telefónicas de personas que hablaban idiomas desconocidos y la siempre inquietante presencia de los hombres de negro, los individuos enlutados que, según el folclore ufológico, amenazan a quienes saben demasiado sobre los platillos volantes. El escritor tenía ante sí un filón. Así que acabó haciendo varios viajes desde Nueva York hasta Point Pleasant para entrevistar a todo aquél que asegurara haber vivido una experiencia extraña.
Durante el año que siguió a la primera observación, decenas de habitantes de Virginia Occidental dijeron haber visto al humanoide alado de dos metros de altura y ojos rojos deambular entre los edificios en ruinas y los búnkeres del área TNT, un entorno antes reservado a encuentros nocturnos de enamorados. Hasta el 15 de diciembre de 1967, día en el que la tragedia del Silver Bridge, que la investigación oficial achacó a fatiga de materiales, hizo que todas las miradas de EE UU se giraran hacia Point Pleasant, y el hombre polilla, con sus más de tres metros de envergadura, desapareció para siempre.
Profecías a posteriori
Hollywood ha magnificado la catástrofe con una escena rodada "a lo 'Titanic', con aparentemente cientos de conductores precipitándose hacia la muerte", señala Joe Baltake, crítico de The Nando Times. Sin embargo, en la película, las víctimas mortales se reducen a 36, diez menos que en la realidad. El estudio "no quería matar a tanta gente", se ha justificado el director del filme, Mark Pellington. Cuando, en su apartamento de Manhattan, Keel supo del desastre por la televisión -en la cinta, Gere asiste a él en vivo y en directo-, los hechos de Point Pleasant ganaron en trascendencia.
Tras la tragedia, el reportero publicó en 1975 The mothman prophecies, libro que ahora ha vuelto a la lista de superventas. Para él, Point Pleasant había sido entre 1966 y 1967 una ventana a otra realidad y todos los fenómenos acaecidos, presagios de la catástrofe. Todavía en la actualidad, Keel sostiene que su correo fue controlado y que, además de tener el teléfono intervenido, recibió en Nueva York llamadas en las que extraterrestres y personas que decían estar en contacto con ellos anunciaban tanto la tragedia del río Ohio como el asesinato de Martin Luther King. Lástima que, al igual que los augures que posteriormente 'vieron' la muerte de Lady Di o el ataque a las Torres Gemelas, Keel no dijera nada antes del desastre.
¿Pero existió el hombre polilla? Tres días después del debut de la criatura, dos bomberos vieron en el área TNT un ser de gran tamaño y ojos rojos. "Era, clarísimamente, un ave", sentenciaron. De hecho, Keel recopiló observaciones de "pájaros gigantescos" a unos 100 kilómetros al norte. Ornitólogos de las universidades de Ohio y Virginia Occidental mantienen hoy en día que el monstruo fue en realidad una grulla arenera, ave de color gris, que puede alcanzar el metro y medio de altura y dos de envergadura. Para Joe Nickell, experto en desenmascarar fraudes, se trató de un búho. El resto de las atracciones sobrenaturales de Point Pleasant hay que atribuirlas a la histeria de masas, y a la inventiva de Keel y de su colega local Mary Hyre, quienes metieron en el ajo hasta a los hombres de negro, unos siniestros individuos creados en 1953 por el ufólogo Albert K. Bender para vender revistas.
The mothman prophecies se estrenó en marzo de 2002 en los cines españoles como Mothman, la última profecía. Cuestión de mercadotecnia. El original en inglés y la traducción a medias suenan inquietantes si se desconoce la lengua de Shakespeare. El literal Las profecías del hombre polilla tiene ecos, por el contrario, de amenaza de guardarropa, solventable con insecticida e indigna de inquietar a una megaestrella como Gere. Plantarle cara al mothman -así, en inglés- parece, sin embargo, algo serio y más si la historia reúne los ingredientes típicos de Expediente X y se presenta como "basada en hechos reales", aunque no lo sean tanto.
Realidad y ficción
Periodista: John A. Keel trabajaba en un reportaje para Playboy cuando se topó con el monstruo, mientras que John Klein, encarnado por Richard Gere, es un redactor del respetado The Washington Post.
Tragedia: 46 personas murieron en el derrumbamiento del puente de Point Pleasant. En la película, la cifra se reduce a 36 porque, según el director, el estudio "no quería matar a tanta gente".
Testigo (in)directo: Keel estaba en su apartamento de Manhattan cuando ocurrió la tragedia. En la película, Klein (Richard Gere) asiste al desastre en vivo.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
03 Oct 2003
"El experto en animales misteriosos Richard Freeman, del centro de Zoología de Fortean, en Exeter (suroeste de Inglaterra), afirmó que el supuesto monstruo del lago Ness es "una anguila de entre ocho y nueve metros" y que el hecho de que haya podido alargar su tiempo de vida se debe a "un capricho de la naturaleza"", dice el despacho de agencia de cuya existencia me informó el periodista y arqueólogo Julio Arrieta. El redactor del texto destaca que "el científico" había indicado al diario The Sun que "habría en realidad varios y no uno solo de estos ejemplares, una conclusión que apoya en su estudio de unas imágenes tomadas en el lago escocés". Freeman dijo que "las anguilas suelen vivir unos diez años antes de nadar al mar de Sargaso, cerca de la costa de Florida, adonde se dirigen para reproducirse y morir. Pero hay un condicionante -explicó- que afecta a una especie de anguilas dejándolas estériles. Dado que no pueden reproducirse, no nadan hasta el Atlántico para reproducirse y, por tanto, no mueren sino que siguen creciendo y pueden llegar a alcanzar tamaños increíbles, como las del lago Ness".
Sobrecoge comprobar hasta dónde ha caído, cuando se trata de temas de ciencia, el rigor de Efe, que en junio de 2002 anunció el redescubrimiento del celacanto -pez de cuya existencia contemporánea se sabe nada menos que desde 1938- y en agosto pasado dio como noticia que un asteroide acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años. Lo de Freeman y la anguila de lago Ness es otra muestra más de la fiabilidad de la agencia de noticias española. Para empezar, el despacho está mal traducido y así el Centro de Zoología Forteana se convierte en un más respetable Centro de Zoología de Fortean, como si lo último fuera el nombre de una población. Pues, no. No lo es. Ese Forteana se refiere a Charles Fort (1874-1932), un escritor estadounidense que dedicó gran parte de su vida a la recopilación de sucesos extraños y cuyo apellido da nombre a Fortean Times, una recomendable revista sobre lo paranormal.
En esa línea, el Centro de Zoología Forteana de Exeter no es una institución científica, sino que se dedica a la búsqueda de animales misteriosos, a la llamada criptozoología, cuyos cultivadores persiguen al Yeti por la cordillera del Himalaya y buscan dinosaurios en los lagos africanos. Claro que nadie en Efe se molestó en comprobar nada. Ni siquiera les extraño que el origen de la noticia fuera The Sun, el diario sensacionalista más famoso por su chica desnuda de la tercera página que por otra cosa. ¿Qué hicieron los periódicos españoles? Algunos no cayeron en la trampa, pero otros, deslumbrados por la otoñal anguila de verano, incumplieron la norma básica de la profesión de comprobar los hechos y publicaron la noticia tal cual, como hizo la versión digital de El Mundo. Ni siquiera corrigieron el disparatado mar de Sargaso por el correcto mar de los Sargazos.
18 Jul 2003
La bestia cuyos restos ha hallado McSorley es un gigantesco reptil carnívoro marino. De cuello alargado, cabeza pequeña, más de ocho metros de longitud y ocho toneladas de peso, el plesiosaurio nadó en los mares entre hace 200 y 65 millones de años. "Nada de esta naturaleza había sido descubierto antes en las orillas del lago", ha indicado Lyall Anderson, conservador del Museo Nacional. Para el autor del hallazgo, el interés trasciende lo paleontológico. "Siempre he creído en el monstruo del lago Ness y, para mí, esto prueba su existencia", sentencia.
La leyenda de Nessie -cuya imagen popular se asemeja a la de un plesiosaurio- se remonta al siglo VI, cuando san Columba, introductor del cristianismo en la región, invocó a Dios para rescatar a un hombre de las fauces de un monstruo. Sin embargo, la bestia no cruzó las fronteras escocesas hasta los años 30 del siglo XX. De esa época data la más famosa foto del esquivo animal, en la que puede verse, recortado sobre las aguas, un cuello largo terminado en una diminuta cabeza. Hace diez años, Christian Spurling, uno de los implicados en la obtención de la imagen, confesó que lo retratado era una figura moldeada por él y puesta sobre una base de madera. La mejor prueba de la existencia de Nessie se diluía.
Desde entonces, ni las batidas organizadas por los cazadores de monstruos ni las webcams colocadas en la ribera del lago han capturado a Nessie. McSorley cree que sus vértebras demuestran que existe el animal que atrae cada año hasta Escocia a medio millón de turistas que se dejan unos 36 millones de euros. El hallazgo no llega a tanto. Simplemente, constata que un plesiosaurio murió en la región hace 150 millones, pero es que entonces la Tierra era un mundo de gigantes, poblado por hervíboros que pesaban lo que veinte elefantes y depredadores de doce metros de longitud. Además, el lago Ness ni existía. Se formó hace sólo 12.000 años, tras la última Edad del Hielo.
Publicado originalmente en El Correo.
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Luis Alfonso GámezUna ventana crítica al mundo del misterio
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