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23 Feb 2009

Lo contaba el viernes el diario sensacionalista británico The Sun: gracias a Google Earth, Bernie Bamford, un ingeniero aeronáutico, había localizado la Atlántida en la llamada llanura abisal de Maderia, situada a unos 5,5 kilómetros de profundidad entre las Canarias y la Dorsal Mesoatlántica, Según los autores del reportaje, Charles Orser, arqueólogo del Museo del Estado de Nueva York, había calificado de "fascinante" el hallazgo de lo que parece un enrejado urbano en el fondo del mar. El descubridor no tenía, por su parte, ninguna duda de lo que era: "Parece un mapa aéreo de Milton Keynes (una ciudad inglesa). Debe ser algo hecho por el hombre". Pues, no. Google desmintió poco después las pretensiones de los atlantólogos: "Es verdad que muchos grandes descubrimientos fueron realizados con Google Earth, como, por ejemplo, una selva virgen en Mozambique, que alberga especies desconocidas, o una antigua villa romana. Pero, en este caso, en verdad, lo que se ve es el resultado de la recolección de datos", dijo una portavoz de la comopañía, quien añadió que "los datos batimétricos, es decir del fondo marino, son a menudo recogidos por naves que usan el sonar para medir los fondos marinos. Estas líneas son el recorrido de la nave, hecho para recoger los datos captados por satélite. La presencia de puntos vacíos entre estas líneas señala qué poco sabemos sobre los océanos". La Atlántida sigue perdida, como no puede ser de otro modo en un continente inventado por Platón.

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09 Ago 2008

Una multitud de desharrapados dejó en ridículo hace más de 3.000 años al imperio más poderoso de la Tierra. Su dios, Yahvé, les liberó de la esclavitud a la que les sometía la gran potencia; aunque con ocasionales arrebatos de ira, les protegió y alimentó mágicamente durante la larga huida por el desierto; y les condujo hasta la Tierra Prometida. La epopeya de Moisés y los israelitas rebosa de prodigios, desde la supervivencia del bebé llamado a liderar al pueblo elegido hasta la caída de los muros de Jericó, pasando por las diez plagas con que el dios de los hebreos castiga a los egipcios, la apertura del mar Rojo, la zarza ardiente, el maná y el Arca de la Alianza.

"Esta historia de la liberación de los israelitas de la servidumbre es tan importante que los libros bíblicos del Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio -nada menos que cuatro quintas partes de las escrituras fundamentales de Israel- están dedicados a los trascendentales acontecimientos vividos por una sola generación en poco más de cuarenta años", apuntan los arqueólogos Israel Finkelstein y Neil A. Silberman en La Biblia desenterrada (2001). Milenios después, la autenticidad del relato es incuestionable para el nacionalismo hebreo, que ve en él el pilar de sus derechos históricos sobre el terreno que ocupa el actual Israel. ¿Pero ocurrió en algún momento lo que cuenta la Biblia?

Un bebé en una cesta

La historia de los israelitas en Egipto arranca con José. Hijo de Jacob, nieto de Isaac y biznieto de Abraham, llega a la tierra de los faraones como esclavo, después de haber sido vendido por sus hermanos. Acaba, sin embargo, siendo un personaje influyente en la corte -llega a ser visir- y ofreciendo asilo a sus hermanos cuando el hambre castiga Canaán. Los descendientes de Jacob se asientan entonces en Egipto y se multiplican durante más de 400 años hasta que un faraón los esclaviza por miedo a que le traicionen. El monarca ordena ejecutar a todos los niños hebreos; pero uno se salva milagrosamente en una cesta que recoge del Nilo una de las hijas del faraón: se llama Moisés, se educará en la corte y liderará la revuelta de los israelitas, a los que, como intermediario con Yahvé, guiará hasta la Tierra Prometida.

Al igual que sucede con el relato del Diluvio, los orígenes del liberador de los hebreos son una copia de una leyenda mesopotámica anterior, de finales del tercer milenio antes de Cristo (aC). A Sargón de Akad, el creador del primer imperio de la Historia, su madre lo tuvo en secreto y lo puso en una cesta que depositó en el río Éufrates. Recogido de las aguas y criado por un jardinero, con el tiempo se ganó el favor del rey Ur-Zababa, a quien se cree que usurpó el trono. Las similitudes entre los orígenes de Moisés, cuyas peripecias se sitúan hacia 1300 aC, y el rey de Akad no invalidan, no obstante, la posible existencia histórica del primero. Son muchos los personajes de carne y hueso, como el propio Sargón, cuyos orígenes se han embellecido con leyendas increíbles; Moisés podía ser simplemente uno más.

La estancia de los israelitas en Egipto está documentada sólo en la Biblia, donde se dice que eran más de 600.000 cuando emprendieron el Éxodo. La huida suele situarse cronológicamente en tiempos de Ramsés II, el más poderoso de los faraones. Sin embargo, a pesar de que los egipcios lo documentaban todo, no hay ni una referencia en sus textos a la presencia masiva de hebreos en el país, lo que resulta tan extraño como que Moisés y los suyos consiguieran dar esquinazo al ejército más poderoso del mundo. ¿Podría un grupo de desheredados huir hoy en día de las tropas estadounidense a través de un desierto plagado, además, de instalaciones militares?

Historia y milagros

Los autores bíblicos recurren a prodigios para que el pueblo elegido se imponga a la superpotencia. Primero, las diez plagas obligan al faraón a prometer que los dejara marchar; luego, cuando el rey incumple su palabra, el mar Rojo se abre para facilitar la huida de los fugitivos y cerrarse sobre las tropas egipcias. La Historia no entiende de milagros -son cosa de la religión- y, aunque ha habido quienes han intentado encontrar explicaciones naturales a estos prodigios vinculándolos, por ejemplo, con la erupción de Santorini, la opinión más extendida es que estamos ante hechos inventados. Y no sólo en el caso de las plagas y la apertura de las aguas del mar Rojo.

A la ausencia de documentos escritos que confirmen el cautiverio en Egipto y la improbabilidad de que las huestes de Moisés eludieran al ejército del faraón, se suma la carencia de restos materiales. Durante los cuarenta años que, según el relato, los descendientes de Jacob vagaron por la península del Sinaí, no sólo evitaron todas y cada una de las fortificaciones egipcias que salpicaban el territorio, sino que además consiguieron no dejar huellas para la posteridad. La misma arqueología que ha encontrado vestigios de nuestros antepasados en Atapuerca ha sido incapaz de dar con el menor resto del calvario de décadas que sufrió la multitud que seguía a Moisés.

La conclusión es evidente: el Éxodo no sucedió. Es una invención de los redactores del Antiguo Testamento que responde a la necesidad de dotar de un pasado glorioso a los israelitas. No hay constancia histórica de la existencia de Moisés, como tampoco la hay de las de Abraham, Isaac, Jacob y otros personajes bíblicos. Los encuentros de Moisés con Yahvé en lo alto del monte Sinaí, donde recibe las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos, la caída de los muros de Jericó a los sones de las trompetas y la prodigiosa Arca de la Alianza forman parte de una narración mítica, salpicada de elementos históricos reales como hacen desde siempre los novelistas para dar verosimilitud a sus tramas.


El libro

La Biblia desenterrada (2001): Israel Finkelstein y Neil A. Silberman examinan el Antiguo Testamento desde el punto de vista de la arqueología.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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01 Abr 2008

Un asteroide arrasó Sodoma y Gomorra, leo en varios medios impresos y de Internet. Y alucino. ¿Cómo puede un asteroide haber destruido algo que nunca ha existido? Porque, que yo sepa, Sodoma y Gomorra sólo existen en el Génesis como ciudades del pecado sobre las que Yahvé lanza una lluvia "azufre y fuego" que mata a todos sus habitantes, menos a Lot y su familia. Nunca se ha encontrado ni rastro de ellas y la mayoría de los arqueólogos cree que nunca se encontraá, porque estamos ante otra leyenda bíblica como el Jardín del Edén, el Diluvio Universal y el Éxodo. Sin embargo, The Times, la BBC y El Mundo, entre otros medios, dicen que un asteroide acabó con ellas. Impresionante.

Para empezar, no estamos ante una broma del April Fools Day, el equivalente anglosajón de nuestro Día de los Inocentes, que se celebra el 1 de abril. La historia tiene su origen en una nota de prensa de la Universidad de Bristol por la publicación de un libro, A sumerian observation of the Köfels' impact event. Los autores son Alan Bond, ingeniero mecánico y director de la firma Reaction Engines Limited, y Mark Hempsell, físico y astrónomo de la Universidad de Bristol. Sostienen que han traducido la tablilla cuneiforme conocida como El planisferio, datada hacia 700 aC y descubierta en las ruinas de Ninivé, y que contiene una copia asiria de las anotaciones de la observación de un asteroide por un astrónomo sumerio hace 5.000 años. Añaden que, según una simulación informática que han hecho, el planetoide habría caído luego en Köfels, en los Alpes austriacos, provocando un gigantesco deslizamiento de tierras.

Hempsell ha ido más lejos en la, ya sorprendente, interpretación de la inscripción. No sólo está convencido de que la tablilla describe la caída de un asteroiode hacia 3123 aC, sino que también sostiene que el impacto podría haber causado la desaparición de las bíblicas Sodoma y Gomorra. ¿Qué pruebas ha presentado de todo ello? Por ahora ninguna, pero eso no importa para que los periodistas nos lancemos a fantasear, algo que, además, viene bien a las ventas del libro recién publicado.

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24 Dic 2007

La Navidad gira alrededor de cinco o seis páginas de la Biblia. 1.900 millones de personas celebrarán en las próximas dos semanas la gran fiesta cristiana: el nacimiento de un bebé en la Palestina ocupada por los romanos hace dos milenios. Jesús, según narran Mateo y Lucas, nació de madre virgen, se salvó milagrosamente de ser asesinado por Herodes I el Grande y fue adorado por peregrinos de lejanas tierras que llegaron hasta él guiados por una estrella. ¿Esta historia responde a hechos reales o es una fábula?

Orígenes idealizados

"Jesús existió", afirma Mario Saban, historiador experto en los orígenes del cristianismo y el judaísmo. El primer problema al que se enfrenta una aproximación histórica a la Natividad es que los evangelios se redactaron mucho después de haber sucedido los hechos que narran. El de Mateo, se calcula que entre los años 70 y 80; el de Lucas, entre 80 y 90. "Lo más antiguo de los evangelios es el relato de la Pasión. Son los primeros recuerdos que se ponen por escrito. Los últimos, los de la infancia", explica Rafael Aguirre, profesor de Teología de la Universidad de Deusto.

Para este historiador, los textos sobre la infancia son una especie de "prólogos teológicos elaborados de acuerdo con la hermenéutica judía, que recurre al Antiguo Testamento, a técnicas midrásicas, a leyendas.... No estamos ante relatos históricos, lo que no quiere decir que no incluyan datos históricos". Aguirre destaca que las dos versiones de la Natividad, contradictorias entre sí, carecen de intención histórica. "Todo grupo social llega un momento en el que da una interpretación idealizada de sus orígenes y de los de su fundador. Eso es lo que hace la comunidad cristiana".

Hijo de virgen

Es décadas después de la muerte de Jesús cuando sus seguidores recrean su nacimiento, "teniendo en cuenta el curso de su vida, elaborando el relato a partir de tradiciones judías y utilizando una serie de motivos muy frecuentes en el mundo mediterráneo a la hora de presentar a los grandes personajes", dice Aguirre. Uno de esos motivos es el imposible nacimiento de madre virgen, que conecta éste con otros alumbramientos milagrosos de grandes figuras de la Historia y sirve para diferenciar a Jesús del resto de los profetas.

"¿Para qué incluye Mateo al principio de su evangelio la genealogía de José si luego aparece el Espíritu Santo y José no es el padre biológico de Jesús?", se pregunta Saban, quien recuerda que, en la versión de Lucas, María va después del alumbramiento al templo a purificarse: "¿Para qué lo hace si ya es pura?". Aguirre señala que la inclusión de la genealogía de José enraiza a Jesús en el linaje de David, en cumplimiento de las profecías.

Fecha y lugar de nacimiento

El día que Jesús vino al mundo no fue el 25 de diciembre del año 1 antes de Cristo (aC). A partir de lo que escribe Mateo, se deduce, no obstante, que Jesús nació antes de 4 aC, año en el que muere Herodes. "Pudo ser entre 6 aC y 4 aC", apunta Saban. El censo romano del que habla Lucas -"tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino"- hay que descartarlo como fecha de referencia porque se hizo en el año 6, según Flavio Josefo, diez años después de la muerte de Herodes.

Los cristianos -excepto los ortodoxos- conmemoran el natalicio el 25 de diciembre desde que en 350 el papa Julio I lo declaró fecha oficial de la Navidad. Era el día en que los romanos celebraban la festividad del "nacimiento del sol invicto", Mithras, el alargamiento del día frente a la noche invernal, la victoria de la luz sobre las tinieblas. La Iglesia se apropió así de una fiesta pagana. Sin embargo, la época del año del episodio bíblico no está clara, aunque los pastores a los que el ángel anuncia el nacimiento del Salvador dan una pista.

"Dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño", escribe Lucas. En Judea, los pastores y el ganado no podían pasar la noche al aire libre entre noviembre y febrero. Hacía demasiado frío. Mario Saban cree que Jesús pudo nacer a principios de otoño. Este historiador cree que el establo bíblico puede ser una deformación de la cabaña que cada familia judía debía construir y en la que tenía que pasar ocho días durante la festividad de Sukot, en recuerdo -según la Torá- de las cabañas que Dios hizo para su pueblo cuando salió de Egipto.

Los dos evangelistas sitúan los hechos en Belén. Mateo coloca a María y José en la aldea desde el principio, pero Lucas recurre al censo inexistente para justificar su mudanza desde Nazaret. La elección de Belén para el nacimiento de Jesús puede responder no a la realidad, sino a la necesidad de cumplir la profecía de Miqueas (5, 1-3): "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel". Es la explicación que dan los sacerdotes a Herodes cuando éste les pregunta dónde va a nacer Jesús.

Circuncisión y año nuevo

Cuenta Lucas (2, 21) que, "cuando se cumplieron ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús". Hasta entonces, el bebé careció de nombre. "¿Por qué el nuevo año no empieza el día del nacimiento de Jesús? ¿Qué se festeja en Año Nuevo? En la tradición judía, el bebé no recibe el nombre hasta que es circuncidado. Jesús se llama Jesús el 1 de enero, cuando se festeja la circuncisión de Nuestro Señor", indica Mario Saban.

Visita de los magos

La Navidad acaba con la festividad de Reyes, que conmemora la visita a Jesús en Belén de "unos magos que venían del Oriente" con oro, incienso y mirra. La narra sólo Mateo, que ni dice cuántos eran ni los identifica. Que los peregrinos fueron tres y sus nombres es algo de siglos posteriores. Los Reyes Magos fueron muy posiblemente un invento del evangelista para otorgar universalidad al Mesías, adorado por extranjeros mientras su paisano Herodes le quiere matar. Entregar regalos el 6 de enero entronca, según Saban, con la costumbre judía de hacérselos al recién nacido después de su circuncisión.

La estrella de Belén, que los astrónomos llevan siglos intentando identificar, sería también un añadido simbólico, en opinión de los historiadores. Como en el nacimiento de otros grandes personajes, en el de Jesús era necesario un signo en el cielo. "La estrella es un símbolo del Mesías", señala Rafael Aguirre. Además, en el libro de los Números (24,17), el vidente Balaam pronostica el esplendor de Israel de la mano de un caudillo que tendrá una estrella como símbolo. La estrella con estela, ahora tan común en los belenes, es un invento de Giotto en su Adoración de los magos, de 1304, tres años después de una visita del cometa Halley.

La matanza de los menores de dos años ordenada por Herodes, y narrada por Mateo, es un reflejo de la ordenada por el faraón en tiempos de Moisés. Según Aguirre, junto con la posterior huida a Egipto, responde a la intención del evangelista de presentar a Jesús como el nuevo Moisés, como el nuevo Israel. Así acaba la recreación de los orígenes de Jesús, en los que prevalece lo simbólico sobre lo histórico.


"La lectura histórica no tiene sentido", dice Rafael Aguirre

"La lectura histórica no tiene sentido", dice Rafael Aguirre sobre los textos del nacimiento y la infancia de Jesús de los evangelios de Mateo y Lucas. En opinión de este experto, hay en esos escritos una intención por parte de los autores de engrandecer los orígenes del Jesús ya muerto. Su concepción y nacimiento milagrosos conectan con los prodigios que rodean le llegada al mundo de otros grandes personajes bíblicos como Sansón y Juan Bautista, éste último hijo de madre estéril y de avanzada edad.

Los evangelistas mezclan datos históricos con símbolos, mitos y tradiciones judías, lo que hace que los textos resulten a veces contradictorios. ¿Por qué los Magos aparecen en Mateo y Lucas los ignora? ¿Por qué José y María están en una versión en Belén y en la otra tienen que viajar a la aldea desde Nazaret? ¿Fue Jesús a Egipto, como dice Mateo, o estuvo siempre en su tierra, como se desprende de Lucas? "Buscar una concordancia entre los dos textos no tiene sentido. No estamos ante libros de historia en el sentico moderno de la palabra", indica Aguirre. Este teólogo destaca el valor de estas narraciones para los creyentes, pero también para quienes no lo son. Para estos últimos, la Natividad sería una de las grandes historias míticas de la cultura occidental.

¿Divino o humano?

Mario Saban mantiene que "la Biblia es todo un gran problema de intepretación". Para él, en consonancia con la tradición judía, Jesús no fue Dios hecho hombre, sino un rabino cuya figura sus seguidores ensalzan en sus crónicas de los hechos. "Es un rabino brillante divinizado en el siglo IV". ¿Qué es lo que ocurrió en el siglo IV? Que Constantino convierte el cristianismo en la religión del Imperio romano.

La institucionalización de la Iglesia se plasma en una serie de concilios. El de Nicea establece en 325 como dogma la divinidad de Jesús; el de Constantinopla de 381 sienta las bases de la Trinidad; y el de Éfeso de 431 proclama que María, al ser madre de Jesús, es madre de Dios. "Jesús existió en el siglo I y Cristo apareció en el IV", sentencia Saban.

Para este historiador, el personaje evangélico se corresponde con un rabino fariseo de la corriente más aperturista -de ahí su enfrentamiento con los otros fariseos que santifican el sábado en detrimento del hombre- al que los romanos ejecutan por temor a que encabece una rebelión contra el Imperio. Antes de crucificar a Jesús, Roma había ejecutado a veinticuatro pretendientes a mesías que habían liderado otras tantas insurrecciones.

Publicado originalmente en El Correo.

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22 Dic 2007

Almudena Cacho y yo hablamos el 19 de diciembre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de los enigmas de la Navidad, en la undécima entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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22 Dic 2006

Es habitual que los negociantes del misterio se centren, en determinadas épocas del año, en ciertos asuntos. En Semana Santa, lo lógico es que resuciten el falso enigma del sudario de Turín: si escriben sábana santa en el buscador de la derecha, comprobarán que le hemos dedicado unas cuantas entradas en los últimos años. En Navidad, toca hablar de todo lo que rodea al nacimiento de Jesús, tal como lo narran los Evangelios, destacando el episodio de los Reyes Magos. Son los misterios navideños por excelencia. Si quieren estar vacunados frente a cuentos chinos y platillos volantes sobre el portal de Belén, aquí tienen lo que escribí en su día sobre los enigmas de la Navidad y la estrella de Belén. ¡Ah!, se me olvidaba: ¡feliz solsticio de Invierno!

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11 Nov 2006

Artur Mas lee la declaración patriótica delante del monasterio de Santa María de Ripoll. Foto: Efe.
Cuando la Historia se mezcla con la política, las tonterías parecen no tener límite. Recuerden, si no, a Artur Mas rindiendo homenaje a Wifredo el Velloso el 30 de octubre, dos días antes de las elecciones catalanas. El candidato de Convergència y Unió (CiU) a la Presidencia de la Generalitat soltó entonces una de esas perlas que deberían entrar en la antología del disparate automáticamente. "La inexactitud histórica (de lo que se atribuye a ese personaje) no los hace (a los hechos que se le achacan) menos valiosos o menos ciertos; todo lo contrario", dice la declaración solemne de catalanidad que leyó Mas ante el monasterio de Santa María de Ripoll, donde está la tumba de tan ilustre personaje. Soprendentemente, al margen de un breve comentario cachondo en La Vanguardia, por parte de Oriol Ponsatí-Murlà, y de un acertado artículo del historiador Manuel Montero en El País, nos encontramos con que la gloriosa sentencia no ha sido objeto de las carcajadas que se merece y corre el peligro de quedar en el olvido. Hagámosle, pues, justicia.

Dijo Mas, junto a la tumba del padre de Cataluña, que la "inexactitud histórica" de los sucesos que se atribuyen a Wifredo el Velloso -incluido el dibujo de la senyera con su sangre durante la agonía tras ser herido por los musulmanes- "no los hace (a los hechos) menos valiosos o ciertos". Para el candidato de CiU, si algo es falso, no deja de ser cierto. Impresionante lección de lógica. "Mas empezó su campaña comprometiéndose ante notario y la ha terminado comprometiéndose delante de un peludo muerto hace 1.109 años. Ni uno ni otro puede decirse que sean compromisos para tomarlos muy en serio, que digamos. O quizá sí", ironizaba Ponsatí-Murlà al día siguiente. Yo me tomo lo de El Velloso tan en serio como lo del Santiago Matamoros. Son ese tipo de personajes de leyenda a los que se agarran los nacionalismos para dar lustre de veracidad a unos orígenes ficticios. "Como estamos en el año de la Memoria Histórica, Mas y los suyos deben de pensar que vale todo si al pasado se refiere uno, más si es asunto remotísimo", ha apuntado Montero, quien ha advertido de que es una "lástima que lo que atribuyen a Wifredo el Velloso sea falso en sí mismo".

Cristóbal Colón, vecino de Barcelona

No pensaba hablar de Mas y su debilidad por Wilfredo el Velloso, pero me acordé del episodio hace una semana después de ver, por casualidad, el final de un documental dedicado a Cristóbal Colón en Mundo.Hoy, el programa que dirige y presenta Mirentxu Purroy en ETB-2. El documental se titulaba El código Colón y defendía el origen catalán del descubridor de América. El reportaje daba más importancia a la opinión de aficionados que a la de historiadores solventes, y llegaba al despropósito de presentar sin contrapuntos la conclusión sobre Colón del filólogo e historiador Jordi Bilbeny, quien sostiene que ha habido una conspiración secular españolista para ocultar el origen barcelonés del personaje. Vamos, que España se ha apropiado torticeramente de una gloria de la que era merecedora Cataluña.

Bilbeny afirma, entre otras cosas, que Colón puso el pie en América con 78 años, algo que ningún otro historiador refrenda, y que la expedición de las tres carabelas no partió del puerto de Palos, en Huelva, sino del de Pals, en Gerona. Lo divertido es que este estudioso ha ido más allá en la investigación de esa conspiración españolista por los siglos de los siglos y ha averiguado que hay otro ilustre -éste de las letras- que también ha sido robado a los catalanes. El individuo en cuestión vivió entre los siglos XVI y XVII, se apellidaba originalmente Servent y ha pasado a la Historia oficial -que diría Bilbeny- como Miguel de Cervantes. Es más, este experto mantiene que El Quijote -la obra cumbre de las letras castellanas- fue originalmente escrito en catalán. Ahí queda eso.

Me pregunto cuánto tardará Bilbeny en descubrir que Adán y Eva eran catalanes y que el Paraíso estaba en el Ampurdán, porque seguro que fue así. Cuando lo haga, seguro que Purroy se hace eco jubilosa del hallazgo. Porque hace una semana, ante el despropósito de El código Colón, sentenció en su comentario final que los catalanes tienen su propia versión de los orígenes del Almirante, "guste o no guste a los cortesanos de la oficialidad". Una cosa es la Historia y otra los cuentos sobre Wifredo el Velloso, Santiago Matamoros, el Colón y el Cervantes catalán, el Pueblo Elegido y un País de los Vascos -formado por Navarra, Euskadi y el País Vasco francés- independiente en el pasado. Estos últimos no son más que mitos creados y utilizados por los nacionalismos a su gusto. Y, de verdad, no tienen nada. Un periodista debería saber eso.

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31 Dic 2005

"Es muy pertinente recuperar el verdadero sentido de los relatos navideños de los evangelios, contra lecturas historizantes y fundamentalistas, insostenibles en nuestra cultura y sus exigencias críticas; contra lecturas manipuladas por una religión que funciona como lubrificante de una sociedad injusta; contra lecturas sensibleras e infantiloides que alientan la superficialidad de una cultura intermitentemente seudocristiana", escribe hoy en El Correo el historiador y teólogo Rafael Aguirre. El artículo ahonda en las ideas que apuntó en "Los enigmas de la Navidad" este experto, que defiende que en los pasajes del nacimiento de Jesús de los evangelios de Mateo y Lucas nos encontramos, ante todo, con una mistificación de los orígenes del cristianismo, aunque los autores introdujeran también elementos históricos. Aguirre, profesor de Teología de la Universidad de Deusto, aboga por una "lectura seria y crítica de los textos que hablan de los orígenes de Jesús"."Cuando un niño descubre que los Reyes Magos son los padres parece que se acaba con su inocencia, pero cuando muchos padres se entera de que los Magos mencionados nunca existieron se tambalea su fe, si la tienen, o se confirma su escepticismo religioso. Sin embargo, eso no es nada", dice en el arranque de un artículo que se hace corto y que sorprenderá a muchos.
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14 Sep 2005

Hubo una gran ciudad griega que se hundió en las aguas de un día a otro.Se llamaba Helike y estaba en el golfo de Corinto. Fue en 373 antes de Cristo (aC), pocas décadas antes de que Platón (429-347 aC) narrase la historia de la Atlántida en sus diálogos Timeo y Critias, cuando un terremoto y un tsunami acabaron con Helike. Era la capital de la Liga Aquea, compuesta entonces por doce ciudades griegas. Su santuario a Poseidón únicamente era superado en popularidad por el de Delfos, y tenía colonias en Asia Menor y el sur de Italia. En su día, la catástrofe se achacó -como en el caso de la Atlántida- a la ira de Poseidón por que los habitantes de Helike no habían regalado la estatua de bronce del dios a los colonos de Asia Menor o no les habían dejado usarla como molde para una propia. Al desastre de Helike hicieron referencia, entre otros, Pausanias y Ptolomeo, y, aunque los arqueólogos la han buscado durante décadas, no se encontró hasta hace poco. Lo hicieron Dora Katsonopoulou, de la Sociedad Helike, y Steven Soter, del Museo Americano de Historia Natural, en el verano de 2001.

Después de años de rastreo del subsuelo marino en el golfo de Corinto, el proyecto Helike acabó dando frutos gracias a que Katsonopoulou releyó los textos clásicos y concluyó que el poros en el que los autores decían que se había hundido la ciudad no sólo podía ser el mar, sino también una laguna interior; aunque hoy no existe en la región nada parecido a una laguna. A un kilómetro tierra adentro y a tres metros bajo tierra cerca de la población de Rizomylos, los investigadores hallaron los restos de una ciudad del siglo IV aC, debajo de una fina capa de arcilla con conchas de moluscos acuáticos. Lo más sorprendente es que, a 150 metros de la Helike clásica, los arqueólogos descubrieron una mucho más antigua -de entre 2600 y 2300 aC- que ya era una ciudad importante y mantenía contactos con la Troya de la época. Esta Helike de la Edad del Bronce, desconocida hasta ahora, también tuvo un final trágico y fue sepultada en el agua por un terremoto y un tsunami, como su sucesora.

¿Se inspiró Platón en la Helike clásica a la hora de destruir la Atlántida? Es posible que sí, que la proximidad temporal del hecho -ocurrió en 373 aC, en plena vida del filósofo- y el recuerdo de una gran ciudad griega castigada por Poseidón, y borrada del mapa de la noche a la mañana, le sirvieran de materia prima para un bello relato legendario. Pero nunca lo sabremos con certeza.

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16 Ago 2005

¿Fueron un gran terremoto y un tsunami ocurridos hace 12.000 años en el Estrecho de Gibraltar la inspiración de Platón (429-347 antes de Cristo) a la hora de destruir la Atlántida? El geólogo francés Marc-André Gutscher, de la Universidad de Bretaña Occidental, cree que sí. Argumenta, en el último número de la revista Geology, que la catástrofe descrita por el filósofo griego puede corresponder al hundimiento de una isla situada frente a Tánger, "aunque eso no implica que la Atlántida haya existido".

La leyenda del continente perdido nace a mediados del siglo IV aC, cuando Platón la recoge en dos de sus diálogos, Timeo y Critias. Cuenta el sabio que, hace unos 11.000 años, se desarrolló en la gran isla de la Atlántida, más allá del Estrecho de Gibraltar, una rica civilización que revestía las fachadas de los edificios de su capital con metales preciosos y cuya flota navegaba por todos los mares. Cegados por la ambición, los reyes atlantes se lanzaron a la conquista del Mediterráneo oriental y fueron derrotados por Atenas. Zeus los castigó por su corrupción y la isla se hundió en el océano en un día y una noche.

Gutscher cree que la catástrofe literaria pudo tener su origen en uno de los terremotos y tsunamis que se dan en el Estrecho cada 1.500 ó 2.000 años, según los registros geológicos. En el último, ocurrido en 1755 y que destruyó Lisboa, las olas alcanzaron los diez metros de altura. El investigador ha encontrado en el lecho marino -en lo que se conoce como el banco de Espartel, frente a Tánger- un depósito de sedimentos sacudidos por un seísmo submarino hace 12.000 años. La idea de que la isla de Espartel, ahora a 60 metros bajo el mar, pudo ser la Atlántida la propuso en septiembre de 2001 el geólogo francés Jacques Collina-Girard. Según él, la masa de tierra emergida habría tenido 14 kilómetros de longitud. Los sondeos en los que se basa Gutscher achican la isla hasta los 5 kilómetros de largo y no han detectado rastro de estructuras hechas por el hombre. "La cuestión sigue abierta: ¿estuvo la paleoisla de Espartel habitada hace 12.000 años?", se pregunta al final del artículo.

Si nos referimos a una civilización como la de la Atlántida platónica, no. Hace 12.000 años, no había en el mundo ningún imperio; sólo tribus de cazadores recolectores. No existía nada remotamente parecido a la Atlántida ni a Atenas porque no había ninguna ciudad. Por eso la mayoría de los historiadores considera el relato del filósofo una ficción, con fines moralizantes, en la que la corrupción humana desemboca en un castigo divino.

Platón habría confeccionado la fábula con una mezcla de elementos míticos e históricos. Así, parte de la descripción de la Atlántida -el núcleo urbano ordenado en anillos y la riqueza de minerales- puede corresponder con Tartessos, la cultura que se desarrolló en el sur de la Península entre VIII y VI aC. El conflicto armado sería una reedición de las guerras médicas (498-479 ac), en las que los griegos derrotaron a los invasores persas. ¿Y el catastrófico final?

Hubo una gran ciudad en el golfo de Corinto, en Grecia, que desapareció bajo las aguas en un día y una noche después de un terremoto y un tsunami en 373 aC, en tiempos de Platón. Se llamaba Helike, fue capital de la liga aquea y su catastrófico final consternó al mundo griego: sus restos se descubrieron en 2001.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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