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02 Nov 2009

Unos 10.000 católicos irlandeses esperaron infructuosamente a la Virgen el sábado en el santuario de Nuestra Señora de Knock, según Irish Central. El vidente y sanador espiritual dublinés Joe Coleman había predicho que iba a aparecerse a las 15 horas ante las personas de buen corazón. No debía de haber ninguna entre la fervorosa multitud que llenó la basílica del Lourdes irlandés, que recibe 1,5 millones de peregrinos al año. A principios de octubre, el vidente ya había reunido con el mismo cuento a 5.000 fieles, algunos de las cuales dijeron después haber visto bailar el Sol, un clásico de las apariciones marianas.

"Estos acontecimientos son más para lamentar que para alentar", comentó hace una semana el arzobispo de Tuam, Michael Neary, quien añadió que "no es sano" buscar "fenómenos extraordinarios" en unas concentraciones que "corren el riesgo de inducir a error al pueblo de Dios y debilitar su fe". Está bien que la Iglesia reconozca que las peregrinaciones milagreras son una tomadura de pelo. Podía hacerlo también con las de Lourdes y otros santuarios marianos que movilizan cada año a decenas de miles de personas tan desesperadas como rebosantes de fe, gente que viaja en busca de curaciones milagrosas como, si de existir y meterse en los asuntos humanos, la Virgen no hubiera mostrado ya su infinita crueldad haciendo enfermar a los peregrinos o sus seres queridos.

Por si el plantón de la Virgen de Knock no fuera bastante, el periodista irlandés Eoghan Harris ha dicho que la aparición original de 1879 fue un fraude. Ha contado que su abuelo, un granjero de la región, creía, como otros lugareños, que todo fue una creación de dos policías equipados con una linterna mágica, un aparato que permite proyectar imágenes sobre paredes y era muy popular entonces. De hecho, las quince personas que presenciaron el fenómeno el 21 de agosto de 1879 vieron las imágenes de la Virgen, san José y san Juan Evangelista en la fachada sur de la iglesia parroquial, que recordaban bañada por una extraña luz.

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12 Oct 2009

Los creyentes en la sábana santa esgrimen desde hace años a favor de la autenticidad de la falsa reliquia que nadie ha conseguido replicarla. Es una manera como otra cualquiera de desviar la atención de los resultados del nunca científicamente cuestionado análisis del carbono 14, que en 1988 determinó que el lienzo se había confeccionado "entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%"; de que no existan pruebas de la existencia de la tela anteriores a mediados del siglo XIV; de la admisión en 1390 de Clemente VII, papa de Avignon, de que "la figura o representación no es el verdadero Sudario de Nuestro Señor, sino que se trata de una pintura o un cuadro de la Sábana Santa"; y de las imposibilidades físicas de la figura, como que las piernas estén estiradas en la imagen frontal, pero se vea la planta del pie izquierdo en la dorsal. A todo esto, los creyentes en la autenticidad del lienzo responden que nadie ha conseguido replicarlo, como si ignorar cómo se formó la imagen invalidara todas las demas pruebas. Que la sábana santa es de origen medieval se sabe desde hace décadas y que no sepamos cómo se hizo no cambia su antigüedad: ignorar cómo hicieron algo nuestros antepasados no es una carta blanca para atribuirlo a extraterrestres o resurrecciones de muertos.

Todo esto viene a cuento de la réplica del sudario de Turín que ha presentado el químico italiano Luigi Garlaschelli, quien ya publicó en 1991 en Nature una posible receta de la famosa sangre de san Genaro. Por ahora, toda la información que tenemos es la que se ha hecho pública con motivo del XI Congreso del Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones de lo Paranormal (CICAP), entidad de la cual el científico es miembro destacado. Lo que ha trascendido es que la imagen se realizó a partir del cuerpo de un voluntario y el rostro de un bajorrelieve, que se tardó una semana en hacerla y que el proyecto costó "varios miles de euros". Supongo que Garlaschelli ofrecerá pronto todos los detalles técnicos del proceso que ha seguido para, con medios al alcance de un artistas del sglo XIV, confeccionar una imagen que se parece extraordinariamente a la de la sábana santa. Entonces, los expertos tendrán la información necesaria para pronunciarse sobre la viabilidad de que su procedimiento diera como resultado, a mediados del siglo XIV, una reliquia como la de Turín. Si es así, será un avance más en el desvelamiento de este engaño religioso; si no, no supondrá ningún cambio en la consideración que merece la tela turinesa: seguirá siendo una obra medieval, aunque no sepamos cómo se hizo. Lo mismo que la Gran Pirámide data de mediados del tercer milenio antes de Cristo, al margen de cómo la construyeran los egipcios.

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28 Ago 2009

"¿Te das cuenta de lo que es el Arca? ¡Es un transmisor! ¡Una radio para hablar con Dios! ¡Y ahora está a mi alcance!", dice Emile Belloq, el arqueólogo francés al servicio de los nazis, a Indiana Jones en En busca del Arca perdida (1981). La idea de que el cofre en el cual Moisés y los suyos guardaban las Tablas de la Ley era una especie de radio es, sin embargo, muy posterior a 1936, año en el que está ambientada la primera aventura cinematográfica del arqueólogo más famoso. La propuso Erich von Däniken en Recuerdos del futuro (1968), libro en el cual defiende que los dioses del pasado eran extraterrestres.

El autor suizo interpretaba literalmente lo dicho por Yahvé a Moisés en el Éxodo sobre el Arca: "Allí me encontraré contigo; desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el Arca del Testimonio, te comunicaré todo lo que haya de sordenarte para los israelitas". Antes, Yahvé ha precisado que el cofre ha de medir dos codos y medio (130 centímetros) de largo y un codo y medio (78 centímetros) de ancho y alto, ser de madera de acacia, estar revestido de oro y tener cuatro anillas de oro para los dos varales de madera, forrados también en oro, que servirán para transportarla. La tapa estará coronada por dos querubines de oro macizo cuyas alas se desplegarán sobre la caja.

Fue el antisemita Robert Charroux quien, en su libro Cien mil años de historia desconocida (1963), popularizó la idea del Arca como "un condensador eléctrico", formulada por primera vez por Maurice Denis-Papin en 1948. Estos autores y otros incluyen en su relato del Éxodo palabras que no existen en el original, como chisporroteos, pero ayudan a ver la reliquia como algo más que un cajón de madera. El Arca del Antiguo Testamento es un objeto mágico, símbolo de la alianza entre el pueblo de Israel y su dios; pero de ahí a considerarla un aparato eléctrico, un equipo de radio o un arma de destrucción masiva -como hace el ufólogo Juan José Benítez- va más que un trecho.

De Jerusalén a Etiopía

Que el Arca de la Alianza fuera un condensador eléctrico choca con su diseño. El artefacto carece de polos positivo y negativo, y, en vez de estar aislado, está recubierto de oro, con lo que dejaría fritos a sus portadores, de los que el meticuloso dios de los judíos no dice en ningún momento que tengan que llevar una vestimenta especial protectora. Que Yahvé necesite una radio para hablar con Moisés, y viceversa, carece de sentido cuando ya han conversado varias veces antes de que se construya el artefacto. Y la caída de las murallas de Jericó, que Benítez atribuye al Arca y cuyas víctimas mortales cifra en más de un millón, es una ficción romántica: Jericó en la época era una pobre aldea sin fortificar.

Según una leyenda -no según la Biblia-, la reliquia habría sido sacada de Jerusalén por un hijo de Salomón y la reina de Saba que la habría llevado a Etiopía. El patriarca de la Iglesia ortodoxa etíope dice que el artefacto está en su país desde hace siglos y que él lo ha visto, pero no está dispuesto a mostrarlo al mundo. En realidad, como todo el libro del Éxodo es ficción, la búsqueda del Arca de la Alianza está condenada al fracaso. Es la búsqueda de una ilusión.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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24 Ago 2009

Bernice Manicoff sufría cáncer de útero y llevaba dos años en silla de ruedas cuando en 1986 asistió en Detroit a una de las sesiones de sanación del reverendo evangelista Peter Popoff. Le curó el tumor, y ella se levantó de la silla de ruedas entre aleluyas del público. Semanas antes, el predicador había dado en San Francisco un giro a la vida de Tom Hendry, rota por el alcohol, y había conseguido en Anaheim (California) que un artrítico, Vergil Jorgenson, dijera adiós a los dolores.

Estas sanaciones son sólo tres de las miles que se vieron en la televisión estadounidense de la mano de Popoff a principios de los años 80. Aseguraba que era capaz de curar cualquier mal gracias al poder de Dios y lo demostraba en grandes salas de conferencias con gente rebosante de enfermedades y de fe. De repente, inspiración divina de por medio, decía el nombre de alguien del público a quien no había visto antes, dónde vivía y qué le pasaba. El enfermo, sorprendido, se acercaba hasta él, o viceversa, y le curaba entre gritos.

El espectáculo se retransmitía a todo el país a través de 51 emisoras de televisión. "El efecto de Popoff sobre sus seguidores era tal que en varias ocasiones pidió al público que se librara del Diablo tirando sus medicinas al escenario. Docenas de personas se acercaban y lanzaban sus botes al estrado. Digitalis -un fármaco para el corazón-, tabletas de nitroglicerina, medicamentos contra la diabetes y muchas píldoras no identificadas eran despreciadas por personas que podrían necesitarlas para seguir con vida", recuerda el neurocientífico Al Seckel. El show continuó hasta que el ilusionista James Randi, que años antes había desenmascarado a Uri Geller, se metió de por medio.

'Dios' habla por radio

Después de asistir entre el público a una sesión de sanación, el mago concluyó que el predicador usaba un pequeño auricular por el cuál le chivaban los datos de sus víctimas. Montó un dispositivo para captar la señal durante el siguiente espectáculo y ese día oyó la palabra de Dios. "¡Hola, Pete! ¡Te quiero! Estoy hablando contigo. ¿Me oyes?", decía Elizabeth, la esposa del sanador. Ella le daba por radio toda la información que antes había recopilado de los invitados y gracias a la cual él sabía, por ejemplo, que alguien podía caminar a pesar de estar en silla de ruedas. Que una persona así anduviera un poco era un prodigio a su alcance, no como hacer crecer miembros amputados, algo que, por cierto, tampoco ocurre en los más milagreros santuarios marianos.

Randi destapó el fraude en el Tonight Show de Johnny Carson de la NBC. También se supo entonces que Bernice Manicoff, Tom Hendry, Vergil Jorgenson y otros dos pacientes sanados por Popoff en diferentes ciudades eran la misma persona: Don Henvick. El predicador había curado al hombre de varias enfermedades que no tenía y de una que nunca podría tener, cáncer de útero. Poco después, Popoff se declaró en bancarrota, pero recientemente ha vuelto a las andadas. Y le va muy bien. Tiene, entre otras cosas, una lujosa mansión y un caro deportivo gracias a los millones de dólares -más de 23, sólo en 2005- que recibe en donativos de gente que espera sus inexistentes milagros.


Publicado originalmente en el diario El Correo.

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18 Ago 2009

Todos los años se repite un milagro en fechas fijas en Madrid y Nápoles: la sangre coagulada de dos santos se licúa. En España, es la de san Pantaleón el 26 de julio; en Italia, la de san Genaro lo hace tres veces al año: el primer sábado de mayo, el 19 de septiembre -festividad del santo- y el 16 de diciembre. "A veces la sustancia se licúa como consecuencia de las plegarias... o se licúa muy rápidamente aún antes de que los fieles hayan empezado sus invocaciones", indicaba en los años 70 el parapsicólogo alemán Hans Bender respecto a la reliquia napolitana.

San Genaro y san Pantaleón vivieron a caballo entre los siglos III y IV, y siguieron trayectorias tan parecidas que da la impresión de que se trata de un único individuo dividido en dos santos. De familia patricia, san Genaro fue obispo de Benevento, al noroeste de Nápoles. Durante la persecución a los cristianos de Diocleciano, en 305 fue torturado y echado a las fieras, pero éstas se volvieron mansas ante él, por lo que fue decapitado. San Pantaleón nació en lo que ahora es Turquía a finales del siglo III, fue médico del procónsul Galerio Máximo, sufrió persecución y su martirio es calcado al de san Genaro, con sumisión de fieras y decapitación incluidas en 305.

La primera noticia escrita del milagro del mártir italiano data de 1389, y el español dicen que se repite desde hace unos 400 años. La no licuefacción de la sangre, contenida en ampollas en la catedral de Nápoles y el monasterio de La Encarnación de Madrid, en las fechas señaladas es señal de desgracia. La Iglesia católica, que no ha reconocido estos milagros, tampoco ha autorizado análisis científicos con las mismas garantías que el que se hizo de la sábana santa y dictaminó su falsedad.

Milagro a pedido

Hay pistas que apuntan a que la sangre de san Genaro y san Pantaleón es más que sangre: tiende a licuarse bien cuando aumenta la temperatura ambiental, bien cuando se agita el relicario, por lo que cabe pensar que existe alguna relación entre calor o movimiento y milagro. El físico francés Henri Broch consiguió hace veinte años duplicar el efecto con una receta para la sangre de san Genaro, basada en esperma de ballena, que ofrece Henri Larousse en su Gran Diccionario Universal del siglo XIX: la sustancia resultante, sólida a -10º C, se fundía y hervía a 20º C. Luigi Garlaschelli, químico de la Universidad de Pavia, presentó en 1991 en la revista Nature un compuesto gelatinoso hecho a partir de cloruro férrico -abundante en la región de Nápoles- que se licúa al agitarse.

La razón real de ambos milagros no se conocerá hasta que la ciencia examine esas sangres coaguladas que se licúan, eso está claro, a voluntad de sus custodios. Larousse recuerda en su enciclopedia que en 1799, durante la ocupación napoleónica, el milagro no se produjo cuando debía. Ante el temor de que el retraso fuera una maniobra del clero para provocar una revuelta, el general francés Championnet amenazó al oficiante con bombardear la ciudad. La sangre del santo se licuó inmediatamente y el sacerdote salvó el pellejo.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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27 Jul 2009

La sangre de san Pantaleón volvió a licuarse ayer en la iglesia de La Encarnación de Madrid. Los fieles que se acercaron al templo del monasterio de las agustinas recoletas pudieron contemplar el prodigio directamente o en dos pantallas de televisión colocadas junto al altar. Ya puestos a hacer milagros, digo yo, las religiosas podían haber pedido al santo que intercediese para que se proyectase la imagen de su sangre líquida en el cielo de Madrid -o, por qué no, en todo el mundo- y nos convirtiésemos los infieles en masa. A diferencia de la de san Genaro, que parece licuarse a sacudidas, la del santo español lo hace con la ampolla metida en una vitrina que se expone en el templo sólo un par de días días -los que la sangre permanece en estado líquido- mientras que el resto del año la reliquia se guarda en el convento. A bote pronto, y partiendo del supuesto de que no hay cambiazo de por medio, lo lógico es que sean las condiciones bajo las que se expone las que propicien la licuefacción de la presunta sangre y las que soporte el resto del año las que hagan que permanezca sólida. ¿Nadie se anima a pedir a la Iglesia que permita un análisis de la sustancia y determinar si el milagro se debe simplemente a un cambio de temperatura?

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01 May 2009


Un cocinero del restaurante Las Palmas, en la localidad californiana de Calexico -pegada a la frontera mexicana-, creyó ver la figura de Nuestra Señora de Guadalupe en la parrilla cuando la limpiaba, dejó de hacerlo y ahora se ha convertido en objeto de veneración. Según la directora del establecimiento, Brenda Martínez, decenas de personas han visitado el local atraídos por la grasienta imagen de la patrona de México, incluido un grupo de luchadores de wrestling. “¡Es sorprendente! ¡Un auténtico milagro!”, declaró el jueves Mr. Tempest, uno de los deportistas enmascarados. No, no se llama milagro; se llama pareidolia.

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20 Abr 2009

Javier San Martín y yo hablamos el 15 de abril en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre los templarios y la sábana santa, y la predicción maya del fin del mundo para 2012, en la vigesimatercera entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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09 Abr 2009


El análisis del radiocarbono fechó hace veintiún años la sábana santa "entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%". Demostró, por tanto, que la pieza no pudo envolver el cuerpo de Jesús de Nazaret en el siglo I. Sin embargo, Barbara Frale, historiadora que trabaja en los Archivos Secretos Vaticanos, aseguraba el domingo en L'Osservatore Romano que los templarios se hicieron con la tela de lino durante el saqueo de Constantinopla, en 1204, y luego la mantuvieron oculta y veneraron en secreto durante más de cien años hasta su reaparición en Lirey (Francia) a mediados del siglo XIV.

El anuncio de Frale, bendecido por el órgano oficial de la Santa Sede y convenientemente hecho en Semana Santa, va a ser seguramente aprovechado para reabrir la polémica en torno a la datación científica del sudario de Turín, ya que la fecha que da la estudiosa para su obtención por los templarios es anterior a la calculada mediante el carbono 14 por tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza en 1988. Es muy posible que en las próximas semanas asistamos a la resurrección mediática de la autenticidad de la sábana santa, aunque nada haya cambiado desde que hace veintiún años el Vaticano admitió que la tela databa de la Edad Media. No ha trascendido qué pruebas tiene Frale para decir lo que dice; pero lo que está claro es que la reliquia que se exhibe en Turín data de mediados del siglo XIII, como muy pronto, así que en principio no pudo estar en Constantinopla en 1204.

En contra de lo que suelen afirmar los partidarios de la autenticidad de la sábana, ningún estudio posterior ha invalidado los resultados publicados en la revista Nature en 1988. El año pasado, por ejemplo, se dio cancha por estas fechas a la afirmación de Christopher Ramsey, actual director del Laboratorio de Datación por Radiocarbono de Oxford, de que la sábana santa podía más antigua que lo determinado por el carbono 14. Decía eso basándose, entre otras cosas, en la pretensión del sindonólogo John Jackson de que la contaminación de la tela con monóxido de carbono la había rejuvenecido para el test del radiocarbono. El 25 de marzo de 2008, la Universidad de Oxford concluyó que las pruebas hechas "por un equipo internacional de investigadores", del que formó parte Ramsey, para comprobar la hipótesis de Jackson "confirmaron que el sudario de Turín es una falsificación medieval". Siempre queda argumentar, claro, que lo que se analizó en 1988 no fueron trozos recortados de la reliquia -¡viva la conspiración!- o, como todavía sostiene Ramsey, que algunos tienen pruebas que apuntan a una antigüedad mayor, aunque nunca presenten ninguna.

Respecto a lo anunciado por Frale en lo que parece ser una maniobra publicitaria de un libro que está a punto de sacar a la venta, presupongamos su buena fe, algo que no siempre ha de hacerse con los sindonólogos. Recuerden cómo Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología, destacó en 1989 que el físico Willard Libby, quien ganó el Nobel en 1960 por la invención de ese método de datación, decía que la prueba no se había hecho bien en el caso de tela de Turín, cuando Libby llevaba muerto nueve años. Presupongamos que existe el documento de Frale dice que existe en el cual Arnault Sabbatier, que ingresó en el temple en 1287, declara que en su iniciación le llevaron a un lugar secreto, le enseñaron una larga tela de lino en la que estaba impresa la figura de un hombre y le pidieron que besara sus pies tres veces. Dada la profusión de sábanas santas en la Europa medieval y lo vago de la descripción, ese testimonio no demuestra por sí mismo que la tela en cuestión fuera la conocida como sudario de Turín, aunque uno siempre puede arrimar el ascua a su sardina y olvidarse del jamás cuestionado científicamente test del radiocarbono de 1988.

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27 Ago 2008

La reliquia más estudiada volverá a exhibirse dentro de dos años, pero no es previsible que se someta a nuevos exámenes científicos en mucho tiempo. Y es que la última vez que el Vaticano autorizó un análisis de la sábana santa, lienzo que supuestamente envolvió el cuerpo de Jesús, los resultados distaron de ser satisfactorios para la Iglesia. Hace veinte años, tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza concluyeron que la tela de lino había sido confeccionada entre mediados del siglo XIII y finales del XIV, así que difícilmente podía ser el sudario de Jesús. El 13 de octubre de 1988, el cardenal Anastasio Ballestrero anunció el resultado del análisis del carbono 14 -que luego se publicó en la revista Nature-, pero la polémica sigue abierta por parte de quienes defienden que es más que una obra de arte.

En la tela -de 4,32 metros de largo y 1,10 de ancho- se ven las improntas frontal y dorsal del cuerpo de un hombre barbado que parece presentar las heridas que, según los Evangelios, sufrió Jesús durante su martirio. Conocida desde hace más de seis siglos, fue presentada a finales de los años 70 como la prueba del principal dogma católico. "Científicos y técnicos de la NASA -después de tres años de estudio- han aportado datos suficientes como para deducir que Cristo resucitó", escribió Juan José Benítez en la revista Mundo Desconocido en 1978. Era un notición: la misma agencia espacial que había puesto al hombre en la Luna avalaba una de las verdades fundamentales del cristianismo.

La verdadera historia

La sábana santa apareció a mediados del siglo XIV en la localidad francesa de Lirey. Se exhibía en una colegiata fundada por un caballero, Geoffroy de Charny, que supuestamente había donado la reliquia al templo, aunque lo más probable es que fuera una donación de su viuda. Era un objeto sagrado más en una Europa rebosante de ellos desde que el Segundo Concilio de Nicea decretó, en 787, que no podía consagrarse un templo sin reliquias. Tres décadas después de la aparición de la tela, Pierre d'Arcis, obispo de Troyes, alerta a Clemente VII, papa de Avignon, del origen fraudulento del sudario. D'Arcis escribe en 1389 al antipapa una carta en la que le explica que su antecesor, el obispo Henri de Poitiers, había descubierto quién había pintado la sábana, además de cómo los canónigos de Lirey simulaban milagros de lo que presentaban como la mortaja de Cristo.

Una bula de Clemente VII autoriza en enero de 1390 la exhibición de la tela con, entre otras condiciones, la de que se advierta de que "la figura o representación no es el verdadero Sudario de Nuestro Señor, sino que se trata de una pintura o un cuadro de la Sábana Santa". A mediados del siglo XV, Marguerite de Charny, nieta de Geoffroy de Charny, vuelve a hacer circular el rumor de que el lienzo envolvió el cuerpo de Jesús. La jugada le acabará saliendo bien. Arruinada, dona la sábana a los Saboya, quienes se lo agradecen regalándole dos castillos y solucionándole la vida.

Los Saboya rodean la tela de un halo milagroso -la llevan en sus viajes a modo de protección contra los ataques de bandidos- y la acaban depositando en la catedral de San Juan Bautista de Turín en 1578. Allí es donde el abogado Secondo Pía la fotografía en 1898: dirá que se trata de un negativo fotográfico. Pía fue incapaz de darse cuenta de que las manchas de sangre de la imagen son rojas -¿desde cuándo lo son en un negativo?- y la barba del personaje negra, lo que implicaría que el cuerpo original era de un anciano de barba blanca. La idea del negativo ganó, sin embargo, adeptos durante el siglo XX y se convirtió, para muchos, en una verdad científica cuando un ordenador utilizado en la exploración espacial determinó que la imagen es tridimensional.

Auténticos milagros

Los exámenes de la sábana santa hechos por la NASA en los años 70 sólo tienen un problema: nunca se realizaron. En contra de lo que se sostiene en la mayoría de los libros dedicados al sudario, éste jamás ha merecido la mínima atención por parte de la agencia espacial estadounidense. Quienes la estudiaron hace treinta años fueron miembros de la Hermandad del Santo Sudario, un grupo de creyentes entre los que había dos que habían trabajado para la NASA y que emplearon equipo informático de la agencia en su estudio. Partían del presupuesto de que la imagen se había imprimido durante la Resurrección y tenía que ser tridimensional. Lógicamente, ésa fue la conclusión a la que llegaron. Pasaron por alto, entre otras cosas, que las manchas de sangre son de pintura, según determinó el microanalista forense Walter McCrone antes de que le expulsaran del equipo. Y optaron por una explicación milagrosa nunca confirmada por la ciencia.

McCrone, científico de prestigio mundial, auguró en 1980 que, si se realizaba, la prueba del carbono 14 -que permite conocer la edad de restos orgánicos de menos de 60.000 años- dataría la tela "el 14 de agosto de 1356, diez años más o menos". Cuando ocho años después se hizo el análisis, se fechó "entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%". Era lo previsible. La estética de la imagen se corresponde con la iconografía de la época y, además, no hay ninguna prueba de que la tela existiera antes de su aparición en Lirey. Que es de manufactura humana no sólo lo admitieron en su época obispos y altos mandatarios de la Iglesia, sino que también resulta evidente: los genitales están convenientemente tapados por las manos -imposible en un cadáver estirado-; la melena no cae hacia la nuca como en cualquiera tumbado, sino que flota mágicamente; las piernas están estiradas en la imagen frontal, pero se ve la planta del pie izquierdo en la dorsal...

Las críticas y los trabajos de los sindonólogos -como se autodenominan los expertos en la reliquia- nunca han superado el filtro de la ciencia, a pesar de que el sudario hace auténticos milagros. Poco después de la publicación de los resultados del carbono 14, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología, destacó en 1989 que el físico Willard Libby, que ganó el Nobel en 1960 por la invención de ese método de datación, decía que la prueba no se había hecho bien en el caso de tela de Turín. Libby llevaba muerto nueve años: la sábana santa lo había resucitado.


El libro

Inquest on the shroud of Turin (1987): El libro de Joe Nickell sigue siendo, veinte años después, el mejor sobre este enigma.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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