21 Sep 2009
Nadie duda de que vender misterios puede ser un buen negocio, pero considerarlo periodismo es un insulto a esta bella profesión. Porque lo que hacen éstos y otros autores sistemáticamente es disfrazar la realidad, a un muñeco de goma de extraterrestre, a una mariposa de platillo volante, a una silueta de cartón de fantasma, a una filmación encargada por ellos de pelicula secreta de la NASA en la Luna, a un joven arrollado por el tren de viajero del tiempo... Su máxima no es la de investigar los llamados misterios paranormales, porque eso desemboca en su explicación convencional, sino la de engordarlos. La organizacion de un acto como las I Jornadas de Periodismo de Misterio e Investigación por parte de la facultad de Periodismo de una universidad pública como la de Sevilla no sólo implica tirar dinero público por el retrete y convertir la Academia en difusora de la superstición y la incultura, sino además insultar a la profesión y a todos sus practicantes. Porque el periodismo del misterio no existe; es sólo charlatanería.
10 Feb 2008
Es difícil dar en tan poco tiempo tanta información tan poco fiable. No es cierto que estemos ante "calaveras para las que no se tiene una explicación" (Carmen Porter); que la descubierta por F.A Mitchell-Hedges proceda de Belice (José Luis Cardero) y fuera encontrada en una pirámide maya (Nacho Ares); que no se sepa con qué maquinaria se han tallado y pulido (Porter); que se haya demostrado que el cráneo del Museo Británico y otras dos piezas similares, a escala microscópica, "no tienen marcas de herramientas", "es como si la piedra hubiese cristalizado así" (Santiago Camacho)... Y no hablemos de las propiedades mágicas de los cráneos: ¿dónde están las pruebas, expertos de Cuarto Milenio? La verdad es que lo que los arqueólogos e historiadores saben de las calaveras de cristal es mucho: saben que son un fraude, que no hay constancia de que ninguna se haya descubierto jamás en un yacimiento arqueológico, que no tienen nada que ver con los mayas, que fueron talladas mecánicamente y que se hicieron en Europa en el siglo XIX. ¿A que no han escuchado nada de esto en los cinco minutos que el coleccionable de El País dedica al presunto enigma? Bienvenidos a la nave del misterio.
No esperaba, por otro lado, mucho de la aventura de Javier Sierra en TVE, pero aún así Enigmas me defraudó. Se limitó a ser que una sucesión de microrreportajes a los que el misteriólogo y novelista daba entrada desde un plató que parecía salido de la Noche de fiesta de Jose Luis Moreno. El potaje de enigmas tocó casi todos los palos, siempre de una forma tramposa, porque Sierra y su equipo han contado la verdad de los misterios expuestos, pero no toda la verdad. Por poner un ejemplo, en el reportaje dedicado a las hermanas Fox -inventoras del espiritismo en los Estados Unidos del siglo XIX- les faltó incluir un dato: la confesión pública de las protagonistas de que toda su carrera mediúmnica había sido un fraude. Ya saben, una minucia, aunque entonces el misterio inexplicado no lo sea tanto. Las historias de reencarnaciones -con una niña india hábilmente recolocada por sus padres como reencarnación de una pequeña de una familia con posibles y un Osel que ha renegado del budismo- resultaban de un cutre impresionante y la del cirujano psíquico de rigor, sin contar que ese tipo de curanderos hace tiempo que han sido desenmascarados, impresionante porque juega con la esperanza de personas con graves enfermedades. La recreación de las apariciones de la Virgen de Unbe -que ni siquiera acepta la Iglesia católica, así que imagínense cómo son- me recordaba a una hecha hace ya muchos años por la misma cadena pública que pasa de divulgar cultura, pero no falsos misterios.
Cuarto Milenio y Enigmas son dos ejemplos de productos televisivos cuyos responsables tienen alergia a la información veraz. Me ocurre con estos programas lo mismo que con los llamados del corazón, que no entiendo la pasividad de la gente. Respecto al chismorreo, creo que los afectados, los famosos por su trabajo -no los famosos porque sí-, podrían hacer mucho por acabar con ello: que la cadena X tiene un programa de esas características, pues no se conceden entrevistas a esa cadena ni se permite la entrada de sus profesionales -no del programa en cuestion, sino de toda la cadena- a los actos que uno organice. De ese modo, ya verían qué pronto las televisiones adecentarían la parrilla. Las organizaciones de espectadores también lo tendrían fácil: bastaría con que publicasen periódicamente una lista de las firmas que se anuncian antes, durante o después de esos espacios -o que colaboran en el vestuario, por ejemplo- para que la gente pudiera tomar nota de quienes financian y apoyan la telebasura y obrara en consecuencia.
"Me fascina que se tolere algo semejante [se refiere a la telebasura] y la sociedad civil no reaccione ante eso", dice Antonio Garrigues Walker en la interesante entrevista que le ha hecho César Coca, vecino de Divergencias, y que hoy publica El Correo. El abogado e intelectual madrileño recuerda que del auge de la bazofia televisiva "todos somos culpables" porque tenemos en nuestra mano luchar contra ello. "Si a alguien no le gustan, tendría que escribir sobre ellos o, como harían en EE UU, crear un lobby en su contra". ¿Acaso no podrían hacer algo en esa línea todos -científicos y no científicos- los que están contra la promoción de la pseudociencia y la superchería, contra la telebasura, radiobasura y prensabasura pseudocientífica, más allá de firmar cartas y manifiestos? ¿Qué piensan ustedes?
16 Oct 2007
-En su obra, hace la siguiente la pregunta: "¿Acaso la Historia -con su inmerecida H mayúscula- se ha ocupado alguna vez de los pequeños indicios?". ¿De verdad cree que la Historia no se ha ocupado de ellos?
-Bueno, considero que no ha profundizado en ellos o no les ha dado la relevancia que tienen. La tesis del libro es que la Historia es incomprensible sin el factor ocultista, sobrenatural... Muchos grandes personajes actuaron cómo lo hicieron porque profesaban creencias de ese tipo. El reinado de Felipe IV, por ejemplo, sería absolutamente incomprensible sin tener en cuenta la influencia de su correspondencia con sor María Jesús de Ágreda.
-Que él creía que se comunicaba con el Más Allá.
-Exactamente. Y la utilizó de médium para comunicarse con su mujer fallecida y con el príncipe Baltasar Carlos. Todo el mundo ha recurrido a estas cosas para justificar ciertos actos, pero la Historia, sobre todo la que enseñan en las universidades, ha metido el factor creencias debajo de la alfombra, cuando es muy importantes para entender muchas cosas.
-Los historiadores no lo pasan por alto. Otra cosa es que esa monja fuera un personaje clave del reinado de Felipe IV.
-Hombre, no fue el conde-duque de Olivares. Pero, sin embargo, que el rey decida en un momento prescindir de los servicios del conde-duque se entiende, en buena medida, gracias a la correspondencia con sor María Jesús de Ágreda.
-Quizá sea sólo un factor más, ¿no?
-Para mí, importante.
-Pero, por volver al principio, hay muchos pequeños indicios que han cambiado nuestra visión de momentos históricos determinados.
-No existe una Historia verdadera, ni objetiva. La Historia depende mucho del enfoque que le des. Para los biógrafos de Napoleón, que pasara una noche en la Gran pirámide no tiene importancia. Para mí, sí. Pasa la noche en la Gran Pirámide el 12 de agosto de 1799, tres días antes de huir para eludir a Nelson, y se presenta ante los franceses como una especie de héroe, a pesar de haber perdido la guerra en Egipto.
-Es una anécdota.
-Creo que es más importante de lo que parece, por la influencia de los masones, lo que significaba pasar una noche en la Gran Pirámide... Para mí, las creencias son el motor de la Historia. No puedes entender lo que ocurre entre EE UU e Irak si no tienes en cuenta el sistema de creencias de George W. Bush.
-De acuerdo. Pero usted habla de una Historia que, a su juicio, los historiadores ocultan.
-No digo que oculten. Digo que hay una Historia que se ha minusvalorado, que se ha arrinconado por una cuestión de creencias. La Historia de Occidente se ha construido sobre la visión de la Iglesia.
-Ahora, no.
-No. Me refiero a la Historia anterior a la Revolución Francesa, cuando ocurren la mayoría de los hechos de los que hablo en el libro.
EL DESCUBRIMIENTO
-No he encontrado en su libro nada que obligue a los historiadores a cambiar una fecha.
-¿Por ejemplo?
-La del Descubrimiento de América, que usted dice que habría que anticipar.
-Lo que mantengo es que habría que cambiar ese dogma de que América no se conocía hasta 1492.
-¿Se refiere a los vikingos?
-No. De hecho, en el capítulo que dedico al mapa de Vinlandia, que algunos consideran la demostración de que los vikingos descubrieron América hacia el año 1000, porque aparece cartografiada una zona que parece corresponder con la bahía del Hudson, lo pongo en jaque. Al hacer el análisis espectrográfico de la tinta, da que no tiene más de...
-Unos ochenta años.
-¡Como mucho! El mapa de Vinlandia es un falso histórico.
-Entonces, ¿quienes conocían América antes de Colón?
-Yo hablo del siglo XIII. ¿Quiénes tenían flota en esa época? Los templarios. Y doy una serie de indicios: la piedra de Westford, en Massachusetts, que contiene un graffiti de un caballero con una espada...
-¿Decir que es un caballero con una espada...?
-Es lo que parece.
-Pero las cosas no son siempre lo que parecen.
-Obviamente, pero tampoco al contrario.
-¿Dónde están las pruebas de que los templarios llegaron a América?
-Hay indicios, sólo indicios. No se han encontrado los restos de un barco templario; pero sí indicios, como el ídolo de Carabuco, en Colombia. Es una escultura precolombina de un señor con barba, cuando los indios del antiplano son lampiños.
-¡A algunos les parece barba!
-Sí, vale. Pero no está fuera de contexto. En Tiahuanaco, tienes también el monumento Kontiki con barba.
-...
-Vale, con lo que parece barba, pero es mucha barba.
-Son indicios, mientras que pruebas de que el Descubrimiento ocurrió en 1492 las hay a patadas.
-Sí.
-Sin embargo, usted dice que Colón llegó a América siete años antes.
-Son indicios. Uno piezas sueltas e intento vislumbrar una explicación. Yo las explicaciones contundentes me las guardo para las novelas.
-Entonces, ¿qué base de realidad hay en las afirmaciones que hace en La ruta prohibida?
-Es que yo no pretendo imponer un dogma sobre otro.
-No estamos hablando de dogmas. La Historia no es un dogma.
-No pretendo imponer un escenario histórico sobre otro. Digo que, dentro de la Historia que nos han contado, hay una serie de indicios que no encajan, de piezas incómodas de las que no se habla.
EL MAPA DE PIRI REIS
-¿Piezas incómodas? No creo que el mapa de Piri Reis lo sea.
-Es bastante incómodo. La cartografía de Los Andes en un mapa de 1513 es absolutamente impensable. Los Andes no se habían descubierto en 1513, y no se veían desde la costa.
-También incluye animales imaginarios.
-Hay que entender la mentalidad de la época. Piri Reis dibujó el mapa basándose en otras fuentes e intentó hacerlo lo más exacto y bello posible-porque se concibe como un regalo para el sultán de Egipto-, por lo que es lógico que lo embelleciera. Pero hay cosas que no se conocían todavía: están los Andes y las islas Maldivas, descubiertas en 1592. Aunque hasta eso puedo admitir que tenga una explicación convencional de un navegante perdido...
-Está el acierto por casualidad, lo mismo que en otras cosas, como los animales imaginarios, falla. Piri Reis pudo haber puesto ahí unos montes para cerrar el mapa por ese lado.
-De verdad, en este caso, no creo en la casualidad. Éste es un libro en el que no he partido de una visión preconcebida de los temas a los que me enfrento. Por ejemplo, cuando abordo el tema del hueso y el trozo de madera que Herbert Cole decía haber encontrado en la pirámide de Kefrén. Conseguí que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) los mandara a la Universidad de Arizona para que se dataran por carbono 14 y resulta que no pertenecen a la época de construcción de la pirámide. Y no pasa nada. Habló del manto de la Virgen de Guadalupe y me encuentro con que el profesor Garza Valdés, un creyente en la sábana santa, sostiene que es una pintura, y no una imagen milagrosa. A mí no me interesa mantener mitos clásicos del misterio por mantenerlos.
-En el caso de Cole...
-Perdona, volvamos al caso de Piri Reis. Ahí está lo que cuento de la inscripción de la lápida de Inocencio VIII, que dice: "Suya es la gloria del descubrimiento del nuevo mundo". Cuando este papa no fue el del Descubrimiento.
-Muere meses antes.
-Días antes de que Colón zarpara de Palos. Eso no me invento yo.
-No le estoy diciendo que se invente las cosas, sino que todo depende cómo se interpreten.
-Por supuesto. Esto son indicios. Yo soy un detective, malo o bueno, de los misterios de la Historia y llego a conclusiones que en ningún caso son dogmas.
-Los historiadores no tienen dogmas.
-Hay cierta historiografía, no la moderna, muy dogmática. Parte de lo que nos enseñaron a nosotros en el colegio se basa en esa historiografía.
-Volviendo a la lápida de Inocencio VIII. La interpreta como que América se descubrió antes de 1492, pero el monumento no se acabó hasta 1498. Así que caben otras dos posibilidades menos extraordinarias: que se le atribuyera falsamente ser el papa del Descubrimiento o que la frase se
refiriera a los descubrimientos portugueses de su época.
-Yo las he explorado todas. Hay una explicación que estuvo a punto de convencerme si no existieran el mapa de Piri Reis, las leyendas de los hombre barbudos en América... Sin esas piezas, me hubiera quedado con otra explicación: que nadie quisiera reconocer a Alejandro VI, papa Borgia y muy odiado en Roma, los méritos del Descubrimiento y la propaganda vaticana posterior prefirió dárselos a Inocencio VIII.
-Es una posible explicación.
-Pero a mí no me convence.
-Más complicado es cambiar la fecha del Descubrimiento, ¿no?
-No, no... Lo que prueba el mapa de Piri Reis es que el autor tenía unos conocimientos de América basados en mapas anteriores al Descubrimiento.
-Bueno...
-Si ya no queremos validar el testimonio de Piri reis como fuente histórica...
-El estudio más serio del mapa, el de Gregory McIntosh, publicado por la Universidad de Georgia, desestima todas esas afirmaciones.
-Lo hace por una razón admisible y es porque no se han encontrado esos mapas.
-Es una buena razón.
-Una excelente razón. Pero también sabemos que lo largo de la Historia se han perdido muchos documentos. Y, si hay un señor en 1513 que hace en un libro de navegación la descripción del Mediterráneo más completa de su tiempo y te dice en un mapa que ha consultado otros anteriores, no tengo por qué dudar.
-Pero también mete elementos míticos...
-Como decoración.
-Y dibuja cosas que no se parecen en nada a la realidad, como lo que algunos consideran el perfil de la Antártida.
-Yo no hablo del perfil de la Antártida.
-Lo sé. El mapa de Piri Reis tiene aciertos y errores. Si nos quedamos sólo con los aciertos...
-Decir que se ha basado en mapas anteriores es un indicio. Lo mío son indicios, no pruebas.
-Entonces, lo suyo son especulaciones.
-¡Como es la Historia en sí!
-La Historia se basa en datos.
-Se basa en textos como el mapa de Piri Reis.
-Pero hay que saber diferenciar entre ciertos, falsos y los que pueden contener verdades a medias.
-Por irnos fuera de lo que es el libro, cuando los Reyes Católicos y Colón se reparten el posible botín del Descubrimiento en las Capitulaciones de Santa Fe, ellos no hablan no hablan de presente botín, sino de "las tierras que hemos descubierto". Y las Capitulaciones son anteriores a la partida de Colón de Palos. Y es un documento como la copa de un pino, como lo es el Libro de profecías de Colón, el único texto de su puño y letra de cierta extensión que ha llegado hasta nosotros, que muestra un Colón completamente diferente del que nos han enseñado. Es un místico, un visionario, que lo que quiere es abrir rutas con nuevas tierras para capitalizarse y poder financiar una cruzada con la que reconquistar Tierra Santa. Cristóbal Colón se ve a sí mismo como un profeta, como el encargado por la Divina Providencia para conquistar Jerusalén. Y también es historia que el gran proyecto de Inocencio VIII era hacer una nueva cruzada. Ahí hay un punto de convergencia. Son dos indicios.
-Es una época en la que Occidente vive contra el turco.
-Todo el mundo pensaba en defenderse del avance turco. La gran potencia del momento son los otomanos, que llegan hata las puertas de Italia. Los únicos que piensan en Europa que puede organizarse una cruzada para reconquistar Tierra Santa con ese poderío otomano de por medio y lo manifiestan por escrito son Cristóbal Colón e Inocencio VIII, y los dos son genoveses, si aceptamos esa cuna para Colón.
LA SÁBANA SANTA
-Usted dice en el libro que el carbono 14 es el método "más fiable" para datar restos orgánicos, y ni siquiera le dedica una línea a la sábana santa.
-No. Pero le voy a dedicar un documental en Antena 3 que te va a sorprender mucho.
-Usted ha recurrido al carbono 14 para fechar un trozo de hueso y otro de madera que algunos creían de la época de Kefrén, y el resultado ha sido que no, que son muy recientes. Ese mismo método reveló en 1989 que la sábana santa fue confeccionada en el siglo XIV.
-Para mí, la sábana santa es un fraude medieval. Magistral, pero un fraude. Tras haber puesto a pruebas todas las teorías para ese documental, la conclusión es que la sábana santa es la primera fotografía de la Historia. La única que se corresponde punto por punto con la imagen de la sábana santa es la teoría fotográfica. De todo, lo que más me convenció es la no distorsión de la imagen. Si pones una tela sobre un cuerpo impregnado de una sustancia y luego la tensas, la imagen resultante está distorsionada. Por el contrario, a la imagen de la sábana no le ocurre eso.
-Habrá que ver el documental. ¿Qué piensa de que periódicamente haya quien dice que es auténtica y los resultados del carbono 14 no valen?
-Los sindonólogos han puesto en jaque la prueba del carbono 14 porque, de todos los análisis científicos que presentan, es el único que no encaja con su tesis. Hay que darle un margen de confianza a la ciencia mientras no se demuestre que el carbono 14 no es apto para datar una pieza como ésa. Lo que no he hecho hasta ahora, pero haré, es coger un lienzo, meterlo en un horno, echarle unas gotas de plata y ver si eso -que sería parecido a lo que ocurrió en el incendio de 1532- cambia los resultados de la datación.
-Los laboratorios que la fecharon, incluido al que recurrió usted para las piezas supuestamente de la época de Kefrén, no eran ningunos novatos, y cada uno descontaminó las muestras por su cuenta y los resultados coincidieron.
-Eran los mejores del mundo. Yo lo que me resisto a creer son las teorías más salvajes, como la de algunos sindonólogos que sostienen que hubo una sustitución de la tela auténtica por una falsa porque, entre otras cosas, quienes estaban detrás de las pruebas eran el cardenal Anastasio Ballestrero y toda la cúpula de la Iglesia. ¿Para qué iba el Vaticano a desacreditar una reliquia que después ha resultado ser tan atractiva y rentable, y ante la que se postró de rodillas Juan Pablo II en 1998 y 2000.
-Hay otras reliquias falsas, como la sangres de san Genaro y san Pantaleón, que se licúan milagrosamente en ciertas fechas y que la Iglesia no deja analizar porque de sangre tienen poco.
-Todo el mundo sospecha eso.
-Henri Broch, en su libro Fenómenos paranormales (1985) recuerda cómo, en 1799, durante la ocupación francesa de Nápoles, la sangre no se licuó el día previsto. El general francés comunicó entonces al clero que, si el milagro no se producía en cinco minutos, bombardearía la ciudad y la sangre se licuó de inmediato.
-Ja, ja, ja... No conocía ese episodio. Yo fabriqué una sangre que se licúa para mi programa de Telemadrid.
EL ENIGMA DE LAS CATEDRALES
-Y se licúa cuando se calienta, que es lo que pasa con esas reliquias líquidas.
-Esto hasta lo perdono. Creo que sirvió para estimular la piedad en un momento dado. Son ese tipo de crímenes que uno comete con buena intención. Yo admito en los capítulos que dedico a la catedral de Chartres que, cuando escribo Las puertas templarias, me equivoco con el milagro de la luz, según el cual el día del solsticio de verano un rayo de luz pasa por un agujero de un vitral del templo e incide sobre una loseta marcando el arranque de la nueva estación. Yo creía que eso había requerido en el siglo XII la puesta en práctica de un importante conocimiento astronómico. ¿Qué pasa? Que al final me encuentro con que ese milagro no es del XII, sino que es del XVIII.
-Es el milagro del que habla Louis Charpentier en El enigma de la catedral de Chartres, ¿no?
-Exacto. Yo soy un fan de Charpentier. Lo admito. Me parece un tipo...
-Vaya a saber quién fue...
-No se sabe quién es, es verdad. Yo llevo años buscando información sobre él.
-Conozco a otros que también lo han hecho.
-No hay nada. Cero. Para mí, es un pseudónimo como Fulcanelli. Es de esa época, de ese ambiente... Charpentier se equivocó al atribuir el milagro de Chartres al siglo XII, cuando es un reloj astronómico del XVIII.
-No es extraordinario que se equivoque. Usted dice en su libro, basándose en Charpentier, que las primeras catedrales francesas forman sobre el mapa la constelación de Virgo, y no es así. Charpentier elige una catedrales y no otras, no todas son en realidad catedrales, las mueve en el mapa no son las primeras... Como Carl Sagan decía, cualquier conjunto de puntos puede parecer una constelación si se eligen los adecuados
-Tienes razón. Pero Charpentier no elige una constelación cualquiera, sino Virgo, que encaja muy bien con las catedrales dedicadas a Nuestra Señora. Lo que me fascina de esa historia es que es paralela a lo que hacen otras civilizaciones de la Antigüedad imitando constelaciones con sus monumentos.
-Pero la ubicación de las primeras catedrales no se corresponde con la constelación de Virgo. Las que cita Charpentier no sólo no son las primeras catedrales, sino que algunas ni son catedrales. Además, las mueve de sitio... Es como si usted y yo nos ponemos ante un mapa y elegimos unas capitales de provincia determinadas para decir que representan en España la constelación de Tauro. Las encontraremos. Y eso es lo que hace Charpentier, según los historiadores.
-Ja, ja, ja... La teoría de Virgo no es aceptada por los historiadores; pero, sin embargo, los hay que se han encargado a buscar en laberintos la constelación de Teseo. ¿Qué pasa, que para unas cosas sí y para otras no?
-Depende de las pruebas.
-Trascendiendo el detalle, los antiguos tenían una obsesión por el cielo y por imitar en la Tierra lo que veían en los cielos.
'LAS MENINAS', UN TALISMÁN ASTROLÓGICO
-Desde que aparece la agricultura, el hombre necesita de la astronomía para controlar el tiempo, el paso de las estaciones.
-Yo hablo de algo más que usarla para el calendario. Me refiero a cosas como la interpretación de Las Meninas como un talismán astrológico, una teoría de Ángel del Campo Francés, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Este señor pone en relación la pintura y la astronomía.
-Dice que Las Meninas refleja...
-La constelación de Corona Borealis, siguiendo los corazones de los personajes principales, y Capricornio si se cierra el círculo y se extiende hacia los otros. La estrella más importante de Corona Borealis se llama Margarita, como la infanta protagonista del cuadro, y Capricornio era el signo de Mariana de Austria, la esposa de Felipe IV, que había sufrido dos abortos y tenía a toda la corte pendiente de que pariera un varón, un heredero.
-Pero Corona Borealis tiene seis estrellas y los personajes que aparecen unidos por una línea en su libro son cinco.
-Es que esta imagen -dice ante la de la constelación que aparece en su libro- procede de un catálogo moderno. A mí, Ángel del campo me dijo que en los catálogos de Diego Velázquez eran las mismas estrellas. Probablemente, la más pequeña tenga una magnitud que pasaba desaparecida en algunos catálogos de aquella época.
-Buscando y buscando, a todo se le puede encontrar una explicación ad hoc.
-Es que yo no las busco. Ángel del Campo da una explicación coherente a por qué Diego Velázquez pinta esa obra de tema menor en unas proporciones de lienzo tan importantes como el retrato ecuestre de Felipe IV. Él da una importancia impresionante a esta pintura, para que sólo sea exhibida en una estancia del Alcázar de Madrid.
-El que paga, manda.
-Es que en esa época, yo parto de ese concepto, hay una intencionalidad narrativa detrás de cada obra de arte. Quieren contar algo o quieren que sirva para algo. Yo no se la había encontrado a Las Meninas hasta que Ángel del Campo dice que es un talisman astrológico. En esa época se creía en eso.
-De acuerdo, pero, si esa idea tuviera una base sólida, la Historia del Arte la admitiría.
-No. Porque muy pocos historiadores tienen conocimientos de astronomía, astrología, magia talismánica... Desde mi punto de vista, esa explicación aclara todas las anomalías respecto a la obra. Diego Velázquez, un apasionado de las ciencias ocultas del que se descubre, cuando muere, que en su biblioteca hay un montón de libros sobre estos temas, decide proteger con un talismán a la reina Mariana de Austria en ese momento de la Historia, cuando se espera el nacimiento de un heredero.
-Es una interpretación.
-Dentro de la mentalidad mágica de la época.
-Pero, si fuera así, no veo por qué los historiadores iban a ocultarlo o ignorarlo.
-Ocultar, no. Lo ignoran. Yo he ido al Museo del Prado con Telemadrid para grabar a este señor junto a Las Meninas y no me han dejado. Me han dicho: "Nosotros no comulgamos con esa tesis".
-Eso pasa en todos lados.
-Pasa en España. Aquí tenemos una visión de la Historia muy cerrada, muy de no admitir la discusión.
-Los historiadores discuten todos los días.
-Pero no en las instituciones, no en el Museo del Prado...
-En las revistas especializadas, que es donde discuten los científicos.
-Pero hay poco interés divulgativo de confrontar ideas.
-Dependerá de la contundencia de las pruebas.
-Eso, de verdad, es una prueba contundente.
-¿Ha examinado el estudio algún otro historiador?
-No lo sé.
"Creo que nos han visitado extraterrestres en la Antigüedad"
-Sí.
-Ahora parece que se ha olvidado de los ovnis.
-No, sigo suscrito a todas las revistas.
-Quizá, por romanticismo.
-¡Puede ser!
-Ya no hay casi observaciones y los ovnis no salen en los medios de comunicación. ¿El fenómeno se ha muerto?
-No hay interés mediático. El de los ovnis es un fenómeno asociado a la atención mediática. Nace en un periódico de Oregon y, a partir de ahí, lo ovnis siempre han estado muy asociados a la atención que les han prestado los medios de comunicación. Los ovnis están muertos mediáticamente, pero creo que siguen apareciendo.
-En 1992...
-Eso es la Prehistoria...
-En su libro Técnicas del contacto extraterrestre, escribía entonces que personajes como Sócrates, Washington y Stevenson, entre otros, habían tenido comunicación con lo que hoy llamamos extraterrestres y a lo largo de la Historia, de otras maneras.
-Mediumnidad, éxtasis místico... Son cosas a las que ha habido gente que ha intentado encontrarles una explicación racional dentro de la mentalidad del siglo XXI. Yo necesariamente no se la busco. Creo que nuestra lente del siglo XXI está equivocada para examinar la Historia porque tenemos una visión muy materialista. Yo lo que defiendo es que hay algo, que esos accesos mediúmnicos y comunicaciones con los dioses del pasado y esos contactos con extraterrestres modernos esconden algo. No sé si es algo exterior o algo interior del hombre...
-Hace doce años, usted escribió un libro en el que afirmaba que en Roswell se estrelló una nave extraterrestre.
-Sí.
-¿Qué piensa ahora?
-Roswell: secreto de Estado es el único de mis libros que no se va a reeditar, porque entiendo que todavía no está dicha la última palabra.
-¿Se estrelló un platillo volante en Roswell en 1947?
-Se estrelló un objeto volante no identificado.
-Usted defendió, a mediados de los 90 en la revista Año Cero, la autenticidad de la película de la autopsia a un extraterrestre.
-No, no, no la defendí.
-Sus titulos fueron del estilo de: 'Jaque a la ciencia', '¡Estaban vivos!', '¡No son humanos!'...
-Los titulos los puso el redactor-jefe. Léete los reportajes y verás que los textos son más prudentes, que dicen que es algo raro, que la película no coincide con el caso Roswelll, que puede tratarse de anomalías genéticas... Yo no dije, en ningún momento que eran los marcianos de Roswell.
-Pero usted hizo más énfasis que nadie en España en la autenticidad de la película.
-Porque me entregue a esa historia más que ninguno.
-Ahora Ray Santilli, el productor de aquella película, dice que es una recreación que incluye algunos fotogramas de una filmación real de una autopsia a un extraterrestre. Suena a cachondeo.
-Sí, totalmente. Hasta que no aclare esa historia, yo no puedo llegar a esa conclusión. Yo cuento hasta donde puedo llegar y, si en algún momento reviso esa información y tengo que rectificar, no tengo ningún problema.
-¿Los ovnis son naves extraterrestres?
-Yo creo -y subrayo el creo- que nos han visitado extraterrestres en la Antigüedad.
-¿Ahora no?
-No lo sé.
"Para responder preguntas, he tenido que saltar a la ficción"
-¿Por qué todo fenómeno paranormal desaparece -o no se produce- cuando hay un escéptico delante?
-Porque hay algo que se llama el efecto experimentador, según el cual el propio experimentador condiciona el resultado de la investigación. Es algo que en psicología se estudia mucho.
-¿Por qué, cuando se enfrenta a algo aparentemente extraño, usted siempre se inclina por la explicación más rocambolesca o esotérica?
-No siempre lo hago. Ahí está el capítulo dedicado a la Virgen de Guadalupe, por ejemplo.
-¿Cuál fue su reacción cuando John Humphreys, el experto en efectos especiales que creo los de la autopsia del marciano de 1995, confesó en primavera que todo era un montaje?
-Que debía entrevistarle rápidamente. Todavía no he podido hacerlo.
-¿Por qué usted y muchos colegas del periodismo esotérico se dedican ahora a la novela histórica?
-Yo llevo diez años. Durante años, he estado investigando lo paranormal y lo único que he podido formular con honestidad son preguntas. Para responderlas, he tenido que saltar a la ficción.
-¿Cree a su amigo Juan José Benítez cuando dice que está en posesión de un anillo extraterrestre?
-¿Dice eso?
-Sí.
-Si él lo cree...
-Ésta es mía: ¿y cuando Benítez dice que los astronautas del Apollo 11 encontraron ruinas extraterrestres en la Luna y EE UU las destruyó con bombas atómicas?
-Yo no lo creo, pero estamos enfrentando creencia contra creencia.
Versión íntegra de la entrevista publicada originalmente en el diario El Correo.
05 Oct 2007
Imagínese que tiene la oportunidad de hacer una -sólo una- pregunta cara a cara a Javier Sierra, autor de libros como Roswell: secreto de Estado (1995) y La cena secreta (2004), y que interrogante y respuesta serán publicadas en un diario de gran tirada. ¿Cuál le haría? Dígalo en los comentarios de esta anotación y, si la suya es la mejor pregunta, recibirá como premio un ejemplar de La ruta prohibida, el último título del ufólogo ahora novelista. Las condiciones son las siguientes: la pregunta tiene que ser de interés general, estar formulada educadamente y no referirse a la vida privada de nadie. Todo aquél que quiera participar en el concurso deberá dejar en su comentario una dirección de correo electrónico para que me ponga en contacto con él en caso de que gane. El plazo para la formulación de preguntas acabará el próximo miércoles a mediodía, el juez único y absoluto del concurso seré yo y, ¡lo mejor!, se han hecho las gestiones oportunas para trasladar la pregunta al propio Sierra y que la responda.
06 May 2007
El periodista Luis Gómez destapó anteayer, en El Correo, que un centenar de buitres había atacado y matado una vaca y su ternero recién nacido en el Valle de Mena (Burgos), y que los cuerpos de las reses presentaban mutilaciones en zonas muy concretas. "Juan Antúnez, jefe del Servicio de Guardería Forestal de Espinosa de los Monteros, explicó que los buitres «la comieron primero la región anal» y luego siguieron con los «tejidos blandos: las ubres, la lengua y los ojos. La abrieron en canal y ya no pararon hasta comerla entera», remarcó. Antúnez mostró, en cambio, su extrañeza por cómo dejaron al ternero: «Le quitaron los ojos, pero es curioso que no se comiesen el cordón umbilical»", escribía Gómez. Muchos españoles se enteraron de la noticia a través de Informativos Telecinco, que se hizo eco de la primicia dada por El Correo.
No es la primera vez que se habla en la prensa de los ataques de buitres en comarcas ganaderas -también se suele hablar de los de lobos, perros asilvestrados y osos-, pero anteayer lo que llamaba la atención de algunos en la redacción del periódico era la similitud de los detalles de la noticia con los sucesos que algunos vendedores de misterios habían atribuido en el pasado a un monstruo de cuyo nombre mis colegas no se acordaban. "Estáis hablando del chupacabras", les dije, y añadí que entre quienes habían explotado el misterio en nuestro país había personajes hoy tan populares como Javier Sierra e Iker Jiménez. Creía haber contado ya la historia del chupacabras aquí, pero anteayer comprobé que no lo había hecho. Por eso, he recuperado y revisado el texto que preparé para una charla que di en noviembre de 1998 en el Instituto de América de Santa Fe (Granada) y lo he publicado hace unas horas para quienes quieran conocer los orígenes del mito.
Sierra y Bruno Cardeñosa fueron los primeros en atribuir, en 1996, el hallazgo en Vizcaya de ovejas muertas a la actividad del chupacabras en España -tal como explico en El viaje trasatlántico del chupacabras-, mientras que Jiménez se subió al carro en las páginas de Enigmas, la revista dirigida por Fernando Jiménez del Oso, dos años después. El ahora director de Cuarto Milenio dio primero con el chupacabras, en compañía de su entonces inseparable Lorenzo Fernández Bueno y con la teatralidad marca de la casa en forma de mascarillas, en Segovia a principios de 1998 y volvió a explotar el tema, ya en solitario, en la Ribera Navarra en el verano de 1999. Los ataques de alimañas al ganado vinieron hace unos años como anillo al dedo a los periodistas esotéricos ávidos de historias sensacionales con las que ganarse unos cuartos. Ahora, como los buitres del Valle de Mena han sido grabados en el acto, no hablarán del chupacabras. Si no, seguro que lo harían.
05 May 2007
Los reporteros de lo paranormal relacionan todavía hoy el episodio de Orocovis con el monstruo que en agosto del mismo año volvió a las andadas en la localidad portorriqueña de Canovanas, donde murieron 150 animales de granja. Una matanza cuyas peculiaridades y dimensiones traspasaron pronto los límites de la pequeña isla caribeña. No era para menos. Los cuerpos estaban, según sus propietarios, totalmente secos: no tenían ni una gota de sangre. Aparentemente, se había escapado por unos pequeños orificios practicados, a juicio de los campesinos, por un animal desconocido de comportamiento vampírico. Un ser esquivo que eludió el ojo humano hasta septiembre de 1995, cuando los lugareños lo bautizaron como chupacabras, vista su predilección por estos mamíferos, y empezaron a dar las primeras descripciones del predador que supuestamente diezmaba sus rebaños.
¿Cuál es la apariencia del chupacabras? A pesar de lo mucho que se ha escrito, de decenas de artículos en revistas esotéricas y miles de referencias en Internet, no existe un consenso sobre la fisonomía del monstruo: ha sido descrito como un ser de alrededor de un metro de altura, bípedo, "con la piel como de un dinosaurio", los ojos "del tamaño de huevos de gallina" y crestas espinosas en el cráneo y la espalda; como un monstruo "de apariencia extraterrestre" -ignoro qué apariencia tienen los extraterrestres, si es que existen- y canguroide, con poderosas patas traseras y que despide un "fuerte olor sulfuroso"; como una criatura con "cráneo de mono", grandes ojos rojos, boca sin labios, lengua de serpiente, manos palmeadas y terminadas en tres garras curvas, y con espinas dorsales iridiscentes; como un "murciélago gigante, peludo y de ojos muy brillantes"; como un humanoide de 60 centímetros de altura, sin un solo pelo en el cuerpo y de tacto gelatinoso. En fin, que, si hay algo claro, es que es un monstruo.
Pero la fisonomía del supuesto predadorera algo secundario, y así lo entendió el alcaldede Canovanas, José Soto Rivera, que organizó varias batidas en busca del animal, infructuosas, aunque en algunas llegaron a participar hasta doscientos cazadores. Todo hay que decirlo: al alcalde los ataques del chupacabras y la histeria latente le fueron de perlas para, a pocos meses de las elecciones locales, desviar la atención de la opinión pública de los graves problemas del municipio, con varias zonas sin agua desde semanas antes. Al igual que en Orocovis, los científicos achacaron los ataques de Canovanas a perros asilvestrados o animales exóticos, como panteras, introducidos ilegalmente en la isla. Y es que los exámenes de los cuerpos revelaron que las muertes de ganado no seguían un único patrón, sino que se debían a mordeduras, traumatismos, infecciones... Héctor García, director de la división de Veterinaria del Departamento de Agricultura de Puerto Rico, consideraba que no había nada extraordinario tras las muertes de los animales de granja [Carroll, fecha desconocida]; pero, una vez más, la realidad quedó relegada por la ficción gracias a Jorge Martín, hasta noviembre de 1995 un oscuro ufólogo portorriqueño y desde entonces el principal abanderado del chupacabras, la autoridad mundial sobre el misterioso ser.
Martín fue el primero en hablar del chupacabras como una mascota de los tripulantes de los ovnis o un producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres. Sus exóticas teorías -mantiene que los alienígenas visitan Puerto Rico atraídos por el radiotelescopio de Arecibo- incluyen, ¡cómo no!, una conspiración gubernamental, la captura de varios ejemplares de chupacabras y las consiguientes autopsias. Unos exámenes post mortem cuyos resultados serían secretos, pero, curiosamente, conoce Martín, que mantiene que los análisis de la sangre del misterioso animal arrojan unos resultados incompatibles con todo lo conocido. ¡Lástima que nadie más tenga constancia de lo que sostiene el ufólogo!
De monstruo a negocio
La entrada en escena de este imaginativo autor marcó un punto de inflexión en la historia del chupacabras: pasó de producto más del pensamiento supersticioso campesino a negocio para fabricantes de misterios, prensa, vendedores de camisetas y llaveros, y organizadores de visitas a los lugares donde la mascota de ET -como la llamaron en Miami- había perpetrado sus más sangrientos ataques. El chupacabras multiplicó su actividad a partir de noviembre de 1995, y sus fechorías ocuparon páginas enteras en los diarios portorriqueños y decenas de horas de radio y televisión. Un camino hacia el estrellato para el que la isla caribeña se quedó pronto pequeña, y así, a principios de 1996, el fenómeno saltó a México, Miami y Costa Rica. Y en agosto de ese año, tras entrar a España por el País Vasco, llegó hasta Yocavén, una pequeña localidad situada a 140 kilómetros al sudoeste de Santiago de Chile.
El alcalde de Canovanas había justificado sus batidas diciendo del chupacabras: "Hoy ataca animales, pero mañana podría atacar a la gente". Una vez en México, la fama del monstruo se disparó tras cumplirse el vaticinio de Soto Rivera. Teodora Ayala Reyes aseguró haber sido víctima de la criatura en el estado de Sinaloa y mostró a todo el país a través de la televisión unas marcas en la piel que parecían, más que mordiscos de un misterioso ser, desgarrones de la piel o quemaduras. Como otros campesinos de la región, la mujer creía que, tras las muertes de ganado que habían comenzado a registrarse, se ocultaba el chupacabras. Y la histeria se adueñó de México hasta tal punto que algunos autores han comparado las escenas vividas en el país con las de las masas enfervorecidas en busca del monstruo de películas como Frankenstein y Drácula. A pesar de que también en México el Departamento de Agricultura achacó los ataques a coyotes o felinos, la psicosis llegó a límites preocupantes y la Universidad Autónoma Metropolitana reunió a veterinarios, biólogos y antropólogos para que estudiaran el asunto. Los científicos, en un extenso informe de 113 páginas, quitaron todo el misterio a los ataques a ganado, al recordar que en las zonas rurales afectadas había muchos perros abandonados.

Veraneo en Euskadi
Pero eso no impidió la expansión del chupacabras, que llegó a España en el verano de 1996, según Bruno Cardeñosa y Javier Sierra, que escribieron sendos artículos sobre ataques del extraño ser registrados en el País Vasco en Año Cero y Más Allá, dos revistas que dan pábulo a todo tipo de disparates. Para que se hagan una idea, la segunda de ellas tuvo durante más de un año como colaborador a un presunto extraterrestre llamado Geenom, que, cual señorita Francis intergaláctica, respondía a las más delirantes consultas de los lectores. Cardeñosa publicó en Año Cero un artículo titulado 'El chupacabras ataca en el País Vasco'. Tres páginas dedicadas a la odisea vasca de un extraño ser que, según el autor, había acabado con "cien ovejas, desangradas a través de un orificio en el cuello". "Las primeras noticias sobre el caso llegaron a la redacción de Año Cero el 21 de agosto", explicaba el ufólogo antes de preguntarse si estábamos ante "un nuevo ataque" del monstruo surgido en lo más profundo de Puerto Rico a principios de 1995 [Cardeñosa, 1996].
Los periodistas esotéricos basaban sus reportajes en dos pilares: la información facilitada por la Policía autónoma vasca y los, para ellos, mucho más fiables testimonios de los afectados. "La Ertzaintza -escribía Cardeñosa- aseguró que, desde el pasado 13 de junio, se habían formalizado cinco denuncias en sus dependencias, confirmando oficialmente la muerte de 16 ovejas y la desaparición de otras 22. Sin embargo, las cifras reales rondan el centenar de reses". Seguidamente, advertía de que "éste no ha sido el único punto oscuro en las investigaciones orquestadas por el Departamento de Interior del Gobierno vasco. El informe que la Ertzaintza ha facilitado a esta revista está plagado de errores y, en algunos aspectos, falta a la verdad". ¿Qué llevaba a Cardeñosa a hacer tan graves acusaciones?
El propio autor desvelaba las causas de su despecho. El parte de la Ertzaintza no sólo hablaba de un número de ovejas muertas muy inferior al centenar, sino que apuntaba la presencia de "cánidos asilvestrados o no controlados", y de dos tipos de heridas en las ovejas, "mordeduras de cánidos en cuello y patas, y heridas punzantes en cuello, según las manifestaciones de los propietarios, ya que al presentar las denuncias los animales ya habían sido comidos por los buitres". El informe oficial añadía, asimismo, que un ganadero había visto "un perro grande y oscuro", y que los veterinarios que habían examinado algunos cuerpos no habían podido precisar las causas de las heridas.
Inquieto y desconfiado, Cardeñosa había viajado hasta Las Encartaciones para hablar con Ricardo Bárcena, uno de los ganaderos afectados. "Desde junio -apuntaba- ya ha perdido a una veintena de ovejas y a una yegua. Una mañana encontró a algunas de sus ovejas muertas y a otras heridas. Según las declaraciones del ganadero, las ovejas «tenían un pinchazo en el cuello, limpio y de unos cinco centímetros de profundidad, sin sangre apenas, pero las había destrozado por dentro»". Y, lo que es particularmente grave, "al contrario de lo que asegura la Ertzaintza, en ninguna de estas muertes se han detectado mordeduras de cánidos. Ni las heridas del cuello -siempre un orificio perfecto y profundo- ni las de las piernas -cortes limpios y superficiales- responden a las características de las producidas por ningún animal". Es decir, que de perros, nada.
Por si fuera poco, el misterioso escenario se completaba con la muerte de una yegua, hecho que el reportero esotérico calificaba de "inquietante". "En su vientre -señalaba- se distinguía un corte limpio, meticuloso y profundo, cuya trayectoria de entrada tenía forma triangular". Que la Policía autónoma hubiera considerado la muerte del caballo "un hecho aislado", un posible accidente, poco importaba al colaborador de Año Cero, que dedicaba la parte final de su reportaje a señalar que el análisis veterinario de uno de los cuerpos no había servido para precisar la causa de las heridas. Sin embargo, él había conseguido hablar con el veterinario que había examinado el cuerpo y descartaba el origen animal de la lesión, que, en su opinión, "tampoco tenía las características de un arma blanca".
"Estas declaraciones eliminaban cualquier atisbo de duda: las autoridades policiales habían mentido", concluía Cardeñosa, que anunciaba que el misterio continuaba. "El 5 de septiembre -decía-, una veintena de ovejas era atacada en la aldea portuguesa de Touloes, cerca de la frontera española por la zona de Beira Baja". Y hasta allí fue, ¡cómo no!, Javier Sierra por encargo de Más Allá, que también le costeó unos días en Las Encartaciones para que escribiera el reportaje de rigor.

La conspiración
Sierra habló con las mismas personas que Cardeñosa y llegó a diferentes conclusiones; aunque también misteriosas. "Según pude comprobar durante mi rastreo a lo largo de la sierra de Las Encartaciones -escenario natural entre Burgos y Vizcaya donde se ha concentrado el mayor número de agresiones-, durante estos meses se han mezclado al menos dos clases bien diferentes de agresiones: las ya tradicionales atribuibles a perros asilvestrados y las muertes con agujeros. En estas últimas -reconocía el enviado especial de la revista dirigida entonces por José Antonio Campoy-, y a diferencia de lo que sucede con el chupacabras caribeño, el agresor no desangra totalmente a sus víctimas" [Sierra, 1996]. Es decir, que la variante vasca del chupacabras no chupaba la sangre. Sierra añadía que un portavoz de la Ertzaintza le había informado que la mayoría de los casos se referían a "mordeduras de perros", que sólo uno de los animales había fallecido por un pinchazo en el cuello y que, en ningún caso, había aparecido el cuerpo seco, sin sangre. Lo más curioso no era esto, sino que este autor asumiera como propias las tesis policiales, las mismas que Cardeñosa tildaba de falsas. ¿A qué se debía?
No dudaba Sierra en su reportaje de que cien ovejas hubieran aparecido muertas en Las Encartaciones, pero llegaba a diferente puerto que su colega. "A diferencia del chupacabras
americano no hay testigos que describan ningún ser bípedo con características extrañas -concluía-, ni sus víctimas han sido desangradas por completo. El único nexo de unión sólido entre el chupacabras americano y el pretendido espécimen ibérico es el método empleado en sus agresiones... que, más que hacernos sospechar de alguna extraña clase de animal, nos obliga a pensar en actividades humanas que se desarrollan al margen de la ley y de la ciencia". Como siempre, este periodista -para quien el invento del transistor se basa en tecnología alienígena de un ovni estrellado en Roswell en 1947- rechazaba una fantasiosa hipótesis para asirse con sensacionalista desesperación a otra aún más rocambolesca.
Nada más leer ambos artículos, recordé haber visto en agosto una noticia acerca de muertes de ovejas en la zona de la que hablaban Cardeñosa y Sierra, así que llamé al delegado del periódico El Correo en Las Encartaciones para preguntarle por los hechos. "Me parece recordar que se dijo que las muertes podían deberse a rencillas entre ganaderos", me advirtió. Tras pedirle una copia de la información publicada en la edición de la comarca, telefoneé al gabinete de prensa del Departamento de Interior para que me dieran su versión de los hechos. El agente de la Ertzaintza que me atendió me prometió que tendría la información solicitada en unos días; pero mis sospechas se empezaron a hacer realidad en cuanto llegó a mis manos una copia de la noticia publicada en el periódico en el que trabajo el 25 de agosto.
El título hablaba de "medio centenar de ataques al ganado", la mitad que los censados por Sierra y Cardeñosa; el subtítulo llamaba la atención sobre un importante detalle: "Los afectados atribuyen las muertes a rencillas con ganaderos de otras provincias" [Domínguez, 1996]. José Antonio Bárcena, hermano del ganadero citado por Cardeñosa en Año Cero, decía haber perdido de mayo a agosto "más de 50 ejemplares", a los que sumaba 30 de su hermano y otras 12 de los demás vecinos. El autor de la información, José Domínguez, no tomaba el testimonio del campesino como palabra de Dios, sino que lo ponía en cuarentena y prefería llevar al titular no las especulaciones numéricas de uno de los afectados, sino los casos denunciados ante la Policía vasca. El afectado, por su parte, estaba convencido de que las muertes de ovejas tenían su origen en "rencillas con los ganaderos de Burgos". "El problema -apuntaba el periodista- radica en la ausencia de límites claros que marquen la frontera entre los pastizales de Burgos, Álava y Vizcaya".
Cosas de perros
Cada vez más seguro de que estaba persiguiendo fantasmas, aproveché un rato libre para rebuscar en la biblioteca, entre los periódicos de la segunda quincena de agosto, la noticia que había alertado a Cardeñosa y Sierra. Cuando di con la información de El Mundo que les había atraído hasta Vizcaya, lo entendí todo: "Cien ovejas aparecen muertas en Vizcaya con un pinchazo en el cuello". Allí estaba la mágica cifra, el número que ambos ufólogos habían dado por bueno, a pesar de que la Ertzaintza tenía constancia de menos de la mitad de casos, entre fallecimientos y desapariciones. "La gran parte de los pinchazos parecen ser de un animal con un solo colmillo, pero lo que está claro es que tiene que estar mandado por alguna persona que actúa por la noche", indicaba Ricardo Bárcena al rotativo madrileño [Zaballa, 1996]. En la información, los afectados achacaban los hechos a un psicópata acompañado de un animal, y se hablaba de que medio centenar de ovejas de José Antonio Bárcena habían "resultado muertas de un pinchazo en el cuello y una de ellas degollada con un cuchillo", y la yegua de su hermano -cuya muerte tanto había inquietado a Cardeñosa- "había aparecido muerta de un hachazo en el vientre".
Lo que parecía evidente, según iba completando el rompecabezas, es que las misteriosas muertes -que no eran cien- estaban causadas tanto por mordeduras de cánidos como por pinchazos en el cuello. ¿En qué proporción? Tuve que esperar al informe policial para saber si los ensacionalistas titulares de Más Allá y Año Cero se correspondían a la realidad. Y ocurrió lo previsible: toda la historia de Cardeñosa y Sierra se fue abajo. No había misterio por ningún lado. Las muertes se debían, en su mayoría, a la acción de perros incontrolados -algunos de los dueños de los canes habían reconocido su responsabilidad-; sólo una había sido causada por un pinchazo en el cuello, y los periodistas esotéricos la habían multiplicado por cien.
Ni Cardeñosa ni Sierra destacaban en sus reportajes el carácter eminentemente rural de la comarca de Las Encartaciones, que linda con Burgos, Cantabria y Alava, y el problema que suponen el lobo y los canes asilvestrados para los ganaderos de la zona. De hecho, a principios de octubre de 1996, el entonces diputado de Agricultura de Vizcaya, Patxi Sierra-Sesumaga anunció un plan especial para acabar con los ataques del lobo a los rebaños en la zona occidental de la provincia y, en el año y medio siguiente, los ataques del lobo en la comarca se cobraron más de una veintena de ovejas, tres carneros y varios potros. De todo esto, obviamente, no se dijo nada ni en Año Cero ni en Más Allá, revistas para las que el único problema de Las Encartaciones era el chupacabras, un ser del que los ganaderos no sabían nada hasta que los expertos de turno llegaron a la zona dispuestos a convertir la muerte de una oveja en un ataque con cien lanudas víctimas y del que nunca después han vuelto a hablar. ¡Pura filfa, vamos!
Sierra iba más allá en su artículo y, basándose en las especulaciones de un tal Ramón Oroz, a quien presenta como investigador -en realidad, se trata de un aficionado a lo paranormal-, extendía los supuestos ataques del chupacabras hasta la localidad navarra de Falces, aunque advertía de que "los casos de muertes por agujero no se han prodigado demasiado en Navarra, donde incluso han surgido testigos que creen haber visto merodear a lobos por sus tierras". Fíjense en la sutileza de la construcción sintáctica: el fenómeno extraordinario en Navarra es el lobo. Una tergiversación más, como puede comprobar cualquiera que esté al corriente de la realidad de la comunidad foral, donde el lobo dista de ser un desconocido. Pero es que, además, en abril de 1997 se constató la existencia de esporádicos ataques de buitres leonados a ganado vivo; un oso diezmó algunos rebaños en el Valle de Roncal durante la primavera de 1998; y los lobos multiplicaron meses después sus ataques a ovejas en la zona de Lerín. Algo que, cuando ocurrió en el Valle de Arán en 1997, se atribuyó a la osa Giva, reintroducida en el Pirineo por la Generalitat de Cataluña.
Un 'asesino' hispano
Lo que está claro, tras este somero recorrido por la vida y milagros del chupacabras, es que este ser existe en la imaginación popular y en las revistas pseudocientíficas, pero no en la realidad. "El chupacabras -según el veterinario Ramiro Ramírez, director del estudio realizado por la Universidad Autónoma Metropolitana de México- no es más que otro digno producto del pensamiento populachero [Bazán, 1996]. "Desde que apareció la fiebre del chupacabras -apuntó en 1996 el sociólogo Roger Bartra-, los sufridos mexicanos tuvieron otro tema de plática diaria, y luego, cuando se le restó gravedad, lo transformaron en un factor x, un recurso para el albur facilón y el chiste bobo, como representar a Carlos Salinas, que absorbe mucho del descontento popular". En la actualidad, el mito ha remitido en México hasta tal extremo que la mayor parte de la ciudadanía cree que el vampiro extraterrestre es un invento del Gobierno o de Televisa para desviar la atención de los graves problemas del país. Todo esto, obviamente, ha sido sistemáticamente silenciado por las revistas esotéricas españolas, que, sin embargo, importaron el chupacabras en cuanto tuvieron la mínima oportunidad.
Que el salto trasatlántico del chupacabras haya sido uno de tantos engaños urdidos por los espabilados de turno, a partir de hechos más o menos ciertos y más o menos tergiversados, es totalmente compatible con la corta historia de este ser indudablemente hispano. Porque el chupacabras es un monstruo muy singular: actúe en Puerto Rico, México, Estados Unidos o España, sólo ataca a animales de ganaderos hispanos. Curioso, ¿no? Marvette Pérez, conservadora del Museo de Historia Americana de la Institución Smithsoniana, y de origen portorriqueño, no duda de que el chupacabras "parece ser un fenómeno caribeño, especialmente de las islas hispanas. Es parte de nuestro folclore. Es interesante que el chupacabras no se encuentre en las islas angloparlantes, y que sólo migre a lugares donde la población hable español" [Friedman, 1996].
Sus preferencias idiomáticas. Ése es el verdadero atractivo de este ser de leyenda nacido en Puerto Rico y cuya expansión hay que atribuir a la superstición campesina, los intereses políticos por desviar la atención de asuntos realmente graves, los lucrativos de los negociantes de lo oculto e Internet. Por primera vez, nos encontramos con un monstruo hispanoparlante, aunque, paradójicamente, no haya entrado todavía en el diccionario de la Real Academia Española.
El chupacabras, no obstante, no es el primer ser que surge en lo más profundo de Puerto Rico, sino que es el último -y el más famoso gracias a Internet- eslabón de una ya larga dinastía, que comenzó con el vampiro de Moca, que en los años 70 hizo de las suyas en el extremo oriental de la isla. Años después, el abuelo del chupacabras -al que el pueblo bautizó como comecogollos- se dedicó a devorar y dejar totalmente agostados los plataneros, mientras que su hijo -comepanties, lo llamaron- fue conocido como un insaciable consumidor de las medias que las mujeres ponían a secar en los colgadores. Con el chupacabras ya en la España de la posmodernidad, sólo nos queda una esperanza, que la especie continúe su evolución hasta el chupacaraduras y se extienda rápidamente por todo el mundo hispano.
Referencias
Bazán, Mercedes G. [1996]: 'La fiebre del chupacabras'. El Correo (Bilbao), 8 de septiembre.
Cardeñosa, Bruno [1996]: 'El chupacabras ataca en el País Vasco'. Año Cero (Madrid), Nº 75 (octubre), 40-42.
Carroll, Robert Todd [Fecha desconocida]: 'Chupacabra'. En Carroll, Robert Todd: The skeptic's dictionary.
Domínguez, José [1996]: 'La Ertzaintza investiga medio centenar de ataques al ganado en Las Encartaciones'. El Correo (Bilbao), 25 de agosto.
Friedman, Robert [1996]: 'The chupacabra becomes a recurring legend'. The San Juan Star (San Juan), 6 de mayo.
Matos, Claudio [1995]: 'Descartan seres extraños sean autores muerte de ganado'. Efe (Puerto Rico), 31 de marzo.
Sierra, Javier [1996]: '¿Ha llegado el chupacabras a la Península Ibérica?'. Más Allá (Madrid), Nº 92 (octubre), 50-56.
Zaballa, Carlos [1996]: 'Cien ovejas aparecen muertas en Vizcaya con un pinchazo en el cuello'. El Mundo (Madrid), 21 de agosto.
Texto de la charla ofrecida en noviembre de 1998 en el Instituto de América de Santa Fe (Granada), dentro del ciclo La America irracional.
04 Ene 2007
"No me es difícil imaginarme la situación", comienza diciendo respecto a las circunstancias que rodearon el descubrimiento del aparato en un pecio en el Egeo en 1900. Y, seguidamente, narra dos inmersiones a cargo de pescadores de esponjas, el saqueo del barco naufragado, el traslado de las piezas supervivientes al Museo Arqueológico Nacional de Atenas y cómo, en esa institución, "en 1902, entre aquel batiburrillo de restos fechados en el siglo I aC, un estudiante de arqueología, Valerio Stais, se fijó en lo que parecía un mecanismo de relojería del tamaño de una caja de zapatos". El autor de Roswell, secreto de Estado explica que Stais concluyó que se encontraba ante "una calculadora astronómica" y que "la ciencia se burló del joven. Y sonrió cuando en las décadas siguientes otros pusieron sus ojos en aquellos restos. Sencillamente, era imposible que alguien hubiera creado un reloj tan perfecto antes del siglo XVII. Pero lo cierto es que allí estaba".
"A finales del pasado mes de noviembre el misterio comenzó a desvelarse -escribe Sierra-. Las revistas Science y Nature publicaron sendos informes confirmando lo que Valerio Stais supuso: que aquella caja de zapatos era una especie de PC del mundo antiguo. Con esas publicaciones se ha dado un paso de gigante a favor de algo que venimos sosteniendo desde hace lustros en estas páginas: que en la Antigüedad hubo tecnología. Incluso alta tecnología". En un pequeño recuadro, el consejero editorial de Más Allá recuerda que Maurice Chatelain, "uno de los ingenieros del programa Apollo", escribió en 1978 respecto a la máquina en Nuestros ascendientes llegados del cosmos: "Era un calculador, probablemente fabricado en Rodas por una astrónomo y matemático célebre llamado Geminos, alumno de Posidonio, que vivió entre los años 135 y 51 antes de nuestra era".
No me extraña que a Sierra le sea fácil imaginarse cómo fue el hallazgo que narra, ya que lo que hace es un resumen de lo que cuenta Chatelain en su libro, incluido algún revelador error. Porque, aunque quede muy bonito de cara a la galería, Valerios -no Valerio, como le llama el novelista español- Stais no era, a principios del siglo XX, un estudiante de Arqueología, ni tampoco joven, como apunta Sierra y escribió hace casi treinta años Chatelain, quien también se confundió en el nombre del protagonista de la historia. En 1902, Valerios Stais tenía 45 años y llevaba ya 15 como director del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Vamos, que no se trataba de ningún jovenzuelo intrépido que se enfrentara al establishment, como pudiera pensar cualquiera que leyera a Chatelain en 1978 y a Sierra ahora.
Tampoco "la ciencia se burló del joven" (que no lo era), como sostiene el editorialista de Más Allá, ni pasó del estudio de los restos del pecio. Como ya contamos aquí, los primeros resultados científicos que apuntan a la máquina de Antiquitera como una calculadora astronómica datan de los años 50 del siglo pasado, fueron obra de el físico e historiador de la ciencia Derek J. de Solla Price, se publicaron en la revista Scientific American y a ellos se refiere Chatelain en el libro del que bebe Sierra. Por tanto, no puede sorprender a nadie que, en 1978, el autor de Nuestros ascendientes llegados del cosmos se refiriera al aparato como a un "calculador astronómico": lo había dicho De Solla Price veinte años antes. Por cierto, Chatelain se presentaba como ex ingeniero de la NASA -Sierra le cita como ingeniero del programa Apollo- y figura en numerosos sitios de Internet como "jefe de comunicaciones" de la agencia espacial estadounidense durante el primer alunizaje, cuando en realidad fue un ingeniero de bajo nivel de una empresa de Los Ángeles subcontratada por la NASA y su historial como jefe de comunicaciones es tan cierto como que Valerios Stais era un estudiante cuando descubrió la máquina de Antiquitera. Tampoco es verdad que los recientes avances en el conocimiento de la máquina se hayan publicado en Science y Nature; sólo han aparecido en la segunda, lo que no es poco, pero demuestra cuán fiable es la información que maneja el novelista español.
Sierra cuenta la misma historia que Chatelain a finales de los años 70 -qué hay de cierto y de ficción en el relato original es difícil de saber- y la presenta como fruto de su imaginación, habla de un veterano arqueólogo como si fuera un pobre aprendiz y atribuye a un vendedor de misterios la resolución de un enigma que, en realidad, nunca solucionó y sobre el que se limitó a repetir lo que decían los científicos respecto a su finalidad y añadió luego tonterías de su propia cosecha. Porque Chatelain no veía en la máquina de Antiquitera un producto del ingenio griego, tal como sostenía De Solla Price y mantienen los científicos del Proyecto de Investigación del Mecanismo de Antiquitera (AMRP). Para el autor de Nuestros ascendientes llegados del cosmos -libro en el que se defiende que somos producto de experimentos genéticos de extraterrestres que nos civilizaron-, "el aparato de Rodas -como llamaba Chatelain a la máquina- y aquel que sirvió de modelo para el mismo son vestigios salvados por milagro de la destrucción de una civilización muy antigua", que vivió hace decenas de miles de años. Una de esas civilizaciones que los mercaderes de lo oculto se sacan de la manga para aderezar sus falsos misterios y llenar páginas de revistas como Más Allá.
16 Jul 2006
Para muestra, el último número de la revista británica Fortean Times, publicación que debe su nombre a Charles Fort (1874-1932). Periodista estadounidense, Fort dedicó treinta años a recopilar noticias de hechos extraños -desde lluvias de ranas hasta apariciones fantasmales- que reunió en 40.000 fichas guardadas en cajas de zapatos. Fortean Times se presenta este mes en su portada con una recreación de La Última Cena presidida por un Jesús al que acompañan a la mesa Pablo Picasso, Charles de Gaulle, Rudolf Hess, Orson Welles, Pierre Plantard de Saint-Clair -el inventor del Priorato de Sión- y un Leonardo que estrangula -y no me extraña- a Dan Brown. Además de defender a estas alturas la historicidad del Priorato de Sión, el reportaje de portada, obra de Lynn Picknett y Clive Prince, reivindica una de esas historias con la que el moderno esoterismo ha vinculado al genio de Vinci y que, de ser cierta, supondría un duro revés para la Iglesia católica y buena parte de la comunidad creyente.
Las fuentes de una 'teoría'
Picknett y Prince son dos escritores de libros esotéricos que están haciendo su agosto gracias al éxito de El Código da Vinci y que han protagonizado un cameo en la película homónima. De uno de sus libros -La revelación de los templarios (1997)-, Brown bebió hasta reventar, y eso les ha devuelto a la actualidad y ha hecho que se reediten sus obras. Una de las que aún no ha reaparecido en las librerías españolas es El enigma de la sábana santa. La revelación de una verdad escandalosa (1994), que acaba de reeditarse en el Reino Unido bajo el más comercial título de Turin Shroud: how Leonardo da Vinci fooled History. Como ya habrán adivinado, en este libro, los autores vinculan a Leonardo con la falsa reliquia más famosa de la cristiandad: sostienen no sólo que la fabricó, sino también que él es el retratado. Cómo surgió esta tesis -con perdón-, tiene su miga.
Los autores de El enigma de la sábana santa asumieron, a principios de los años 90, que todo lo contado en El enigma sagrado (1982) es cierto. Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln decían en su libro, un bestseller esotérico de la época que ha sido la principal fuente de Brown, que Leonardo fue uno de los grandes maestres del Priorato de Sión, guardianes del secreto de la estirpe de Jesús y María Magdalena. Picknett y Prince se apoyaron sobre esos cimientos para levantar su edificio argumental, que cobró vuelo gracias a un comunicante misterioso, un tal Giovanni que seguramente nunca ha existido y que en una serie de cartas les habría informado de la participación del genio en el montaje del sudario de Turín.
Pero la auténtica revelación no fue la de Giovanni, sino que se produjo de una manera mucho más acorde con los tiempos actuales, en los que una modelo o un futbolista pueden ser líderes de opinión y un país paralizarse por la agonía y muerte de una folclórica. Picknett se sorprendió en una tienda de Londres al darse de bruces con una postal con un retrato de Leonardo que al final no era tal, sino una reproducción del rostro del hombre de la sábana santa. ¡Y se hizo la luz! La escritora corrió a ver a su socio, quien inmediatamente comprendió la trascendencia del hallazgo. Ambos fueron conscientes de que precisaban de una confirmación independiente y autorizada. "Necesitábamos alguna corroboración por parte de alguna persona desconectada por completo y sin ninguna preocupación por el mundo del sudario", dicen en el libro.
La fortuna quiso que, por aquella época, Picknett colaborara en una revista femenina. No, no sean mal pensados: no fue a la redacción a preguntar a las periodistas quién era el hombre de la postal. Lo que hizo fue mucho más inteligente. ¿Que por qué digo que fue más inteligente? Porque muy posiblemente ninguna redactora -ni redactor, que en la ineptitud tampoco somos distintos un sexo de otro- de una revista femenina hubiera identificado a principios de los años 90 a Leonardo da Vinci en uno de sus autorretratos. Picknett cogió la postal del hombre de la sábana y un retrato de Leonardo, y se metió ¡en el vestuario de las modelos que preparaban una sesión fotográfica! "La respuesta fue instantánea y gratificante en extremo", recuerda en El enigma de la sábana santa. De las quince interrogadas, trece respondieron que las dos imágenes correspondían al mismo hombre, una pasaba del tema y otra reconocía al personaje de la sábana porque era católica.
Picknett y Prince ya tenían la prueba definitiva: ¡el dictamen de un grupo de modelos confirmaba que el hombre de la sábana santa es en realidad Leonardo da Vinci! Coincidirán con ellos y conmigo en que, si algún gremio sabe de trapos, es el de las modelos. A partir de ese momento, intentaron explicar cómo y por qué fabricó Leonardo la reliquia. Y demostraron, a su manera, que el artista pudo hacerla recurriendo a algo que hoy nos es muy familiar y en lo que es un maestro Mauricio-José Schwarz, coordinador de esta mesa redonda. Sí; me refiero a la fotografía. Leonardo, argumentan, describió algo muy parecido a la cámara oscura en uno de sus escritos reunidos en el Codex Atlanticus y pudo identificar y aprender a usar las sustancias químicas sensibles a la luz necesarias para fijar imágenes en un soporte. Pudo o no pudo.
Los motivos del genio
¿Y por qué hizo la sábana? "Puede haber una razón sencilla: Giovanni dijo que Leonardo había sido encargado por el propio papa para que preparase otro santo sudario mejor, con el que atraer a las multitudes. También dijo, sin embargo, que no fue Leonardo el primer elegido para ello y que otros, como Miguel Ángel (1575-1564), habían declinado el encargo. No sabemos si esa historia es o no cierta; pero por aquel tiempo las historias de corrupción de la Iglesia eran un lugar común", argumentan los autores. Falazmente, porque la existencia de corrupción en el Vaticano no confirma en sí misma la historia del santo sudario. De todo esto, concluyen que Leonardo hizo la sábana y que, encima, al autorretratarse consiguió que millones de personas -incluido el papa Juan Pablo II- acabaran venerando su imagen como la de un dios durante siglos. Picknett y Prince presentan en su libro una réplica de la sábana santa hecha a partir de material de la época de Leonardo y mediante la impresión fotográfica, pero eso no demuestra nada. También podían haber construido un planeador de madera, hacerlo volar y decir que Leonado consiguió tal logro, cuando los primeros que lo hicieron fueron los hermanos Wilbur y Orville Wright hace poco más de cien años.
El descubrimiento de Picknett y Prince se basa en pruebas circunstanciales, tal como ellos mismos admiten en el último número de Fortean Times, donde, sin embargo, se mantienen en sus trece. Siguen sosteniendo que Leonardo fabricó la sábana santa y, para ello, presentan una nueva prueba: se trata de la comparación del rostro del hombre de la sábana con el del Salvator Mundi, un Jesús pintado por el artista en 1513. Casan perfectamente, sostienen. Y añaden que eso, unido a que el Jesús de Leonardo también encaja con otro pintado en 1935 por Ariel Aggemian inspirándose en el rostro de la sábana, confirma que el genio del Renacimiento está detrás del sudario de Turín. Ustedes seguro que sospechan ya otra cosa, que es posible que Leonardo -como Aggemian- se inspirara en la falsa reliquia, ya famosa en su época, a la hora de pintar un retrato de Jesús. Nuestros agudos investigadores dan carpetazo a esa posibilidad diciendo que, si Leonardo hubiera visitado la sábana, habría constancia de ello. ¿Desde cuándo la ausencia de prueba es prueba de ausencia?
El análisis del carbono 14 dejó claro, hace dieciocho años, que la sábana de Turín data en del siglo XIV, así que no pudo envolver el cuerpo de Jesús. Las pruebas hechas en tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza dataron "el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%". Ese resultado se publicó en la revista Nature, en febrero de 1989 y hasta hoy nadie ha demostrado que sea erróneo. Pero eso da igual a los sindonólogos y a los vendedores de misterios. Los primeros han llegado a inventarse declaraciones de un premio Nobel para desacreditar las pruebas de 1988; las afirmaciones de los segundos se cuentan por mentiras. Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología (CES) en 1989, dijo entonces que la prueba del radiocarbono no se había hecho bien, "como más tarde ratificó el propio inventor del sistema".
Willard F. Libby, Nobel de Química en 1960 por el descubrimiento de este sistema de fechación, quería -según Cano y sus colegas- comprobar la metodología seguida por los laboratorios que realizaron la medición, lamentaba que toda la tela a analizar procediera de un mismo lugar y sospechaba que la muestra podía estar contaminada. El problema, ay, es que Libby había muerto nueve años antes, cuando nadie contemplaba la posibilidad de que la Iglesia permitiera ese tipo de prueba destructiva. A no ser, claro, que los miembros del CES supieran de la opinión del científico en una sesión de espiritismo.
Picknett y Prince admiten que no hay ninguna prueba histórica de la existencia de la sábana santa antes de 1350, cuando aparece en la localidad francesa de Lirey, y que el veredicto del carbono 14 deja claro que la reliquia fue fabricada en la Edad Media. Que Leonardo no naciera hasta 1452 es un problema menor para su tesis porque los tres laboratorios implicados en el análisis del radiocarbono apuntaron que, con un 99,9% de fiabilidad, la sábana fue confeccionada entre 1000 y 1500. Esa ampliación del paraguas temporal cubre la hipótesis Leonardo, aunque de forma insuficiente, ya que se trata sólo de una posibilidad, apunta a un posible cambiazo de la tela no documentado y a un complot vaticano del que tampoco hay ninguna prueba. Así pues, ¿qué tenemos para defender la idea de que Leonardo es el artífice del sudario de Turín? Un montón de pruebas circunstanciales; nada.
La tontería cátara
No quiero acabar sin dedicar atención a otro reciente gran éxito editorial basado en la tergiversación de la figura de Leonardo: La cena secreta, obra del ufólogo -ahora metido a novelista- Javier Sierra. No les voy a reventar la novela. Allá ustedes si quieren leerla. Les voy a demostrar sólo cómo Sierra es tan fiable cuando habla de Leonardo como cuando defiende que en Roswell se estrelló un platillo volante en 1947, cuando da crédito a una fraudulenta autopsia a un extraterrestre y cuando sostiene que el transistor es un invento basado en tecnología alienígena.

Afirma el novelista que nuestro protagonista fue el último cátaro. Los cátaros creían el universo estaba compuesto por dos mundos en conflicto, uno espiritual creado por Dios y otro material obra del Diablo, y no creían en Jesús como la divinidad encarnada. "Los cátaros, por ejemplo, pensaban que Jesús era un hombre, no un Dios y aquí aparece como hombre -dice Sierra refiriéndose a La Última Cena-; los cátaros no comían carne y en el cuadro no aparece el típico cordero; ellos no tenían sacramentos y por eso no aparece el Cáliz; a Leonardo en tres cuartas partes de su vida nunca se le conoció pareja y los cátaros rechazaban las relaciones sexuales; los cátaros, al igual que Da Vinci, siempre vestían de blanco; los cátaros rechazaban la cruz como símbolo del cristianismo y el artista nunca pintó una cruz, una cosa muy rara en la época. Hay muchas pistas de que Leonardo perteneció a esta herejía y de que la obra que pintó en la sede de los dominicos en Milán fue la burla pictórica más gigantesca de todos los tiempos".
Vayamos por partes. Cuando Sierra dice que, en La Última Cena, Jesús aparece como hombre y no como Dios da como principal argumento la carencia de halo, elemento que está ausente en muchas obras de Leonardo. ¡A ver si va a tener razón y va a ser el de Vinci un hereje...! "¿Es sorprendente que en el cuadro no existan los típicos halos de santidad? Pues, si es así, hay un montón de misterios en el mundo de la pintura porque, por ejemplo, en La Última Cena de Lovaina, obra de Bouts -anterior en algunos años a la pintura de Leonardo-, ya no aparecen. Sencillamente, en este momento se asiste a un intento de aproximar las representaciones de escenas religiosas al espectador y Leonardo se suma a esta corriente", explica José Luis Calvo. El historiador palentino indica en un interesantísimo texto que hay halos en la segunda versión de La Virgen de las rocas porque en este cuadro intervino otra mano; pero que, para encontrarlos en Leonardo, "tendríamos que retrotraernos a las obras juveniles".
No es éste el único detalle que pasa por alto Sierra, quien rivaliza en rigor con Dan Brown. Que no aparezca carne en La Última Cena es algo circunstancial; pero que no se vean restos del sacramento de la eucaristía no. No hay cáliz, no hay Santo Grial, porque el cuadro pretende captar no el momento de la instauración de la eucaristía, sino el del Evangelio de Juan en el que Jesús anuncia a los apóstoles que uno de ellos le va a traicionar. En ese evangelio, no hay ninguna referencia a la eucaristía, a diferencia de los otros tres canónicos. Que a Leonardo no se le conociera pareja y vistiera de blanco significa bien poco, y es mentira que nunca en su vida pintó una cruz. Sin ir más lejos, en una de sus últimas obras, el San Juan Bautista, el profeta lleva una cruz.
Cuando son reales, las pruebas de Sierra son tan circunstanciales como las de Picknett y Prince. Si éstos olvidan cuando les conviene que la sábana santa era ya famosa a mediados del siglo XIV, cien años antes del nacimiento de Leonardo, aquél pasa por alto que el último prefecto cátaro, Guillaume Bélibaste, murió a principios del siglo XIV, dos siglos y medio antes del natalicio del autor de La Última Cena. Son detalles que podrían fastidiar un negocio que precisa de montones de pruebas circunstanciales para ocultar que no hay ninguna que realmente merezca ser considerada como tal.
Leonardo fue un genio con sus luces y sus sombras, como todo ser humano. Y su personalidad y obra tuvieron tan poco que ver con lo que venden los traficantes de misterios como Nostradamus con la caída de las Torres Gemelas y con una profetizada victoria de la selección española de fútbol en el Mundial de Alemania.
Intervención en la mesa redonda Recuperando a Da Vinci, una perspectiva escéptica, celebrada el 12 de julio de 2006 dentro de la XIX Semana Negra de Gijón.
31 May 2006
"Fue la divulgación de una filmación que supuestamente mostraba la autopsia a un extraterrestre accidentado en Roswell en 1947 la que casi enterró el misterio, desacreditándolo mortalmente", argumenta el novelista y ufólogo, quien añade que, "ahora, las viejas excusas militares (se refiere a la conclusión de que nada extraterrestre se oculta tras los ovnis) y la película de las autopsias vuelven. Lo hacen a la vez y en un mismo escenario, el Reino Unido. Y ni qué decir tiene que tan extraña sincronicidad ha desatado ya algunas alarmas". No especifica qué alarmas son las que se han disparado ni entre quiénes, porque lo único que persigue es echar balones fuera.
Que el consejero editorial de Más Allá se lamente del flaco favor que hizo a la ufología la publicidad dada a la película de la autopsia de 1995 demuestra que tiene una cara más dura que la de los moais de la isla de Pascua. Quien hace once años se dedicó en cuerpo y alma a publicitar la falsa filmación fue él. Tanto en los artículos de la revista en la que entonces trabajaba, Año Cero, como en el libro Roswell: secreto de Estado, Sierra defendió que la cinta era auténtica, que los extraterrestres estaban vivos cuando los rescataron de entre los restos del platillo accidentado y que el caso Roswell suponía un auténtico "jaque a la ciencia". Ahora, cuando ha quedado claro lo que algunos decíamos entonces -que todo fue un fraude perpetrado por Ray Santilli con premeditación y alevosía-, el ufólogo alicantino se saca conspiraciones de la manga para desviar la atención de sus lectores sobre la realidad: él fue uno de los promotores del montaje, él fue uno de los beneficiados del engaño, él fue uno de los que vendieron al público gato por liebre.
La ufología no necesita nadie de fuera que la desacredite. Se bastan y se sobran para la tarea ufólogos de feria como Sierra, proclives a convertir en marciano un muñeco y a agarrarse luego a conspiraciones inventadas para esconder lo que está en las hemerotecas. Qué paradoja que el novelista titule su editorial "Nos quieren distraer", que culpe a terceros de lo que él trata de hacer respecto a su verdadero papel en el negocio de la película de la autopsia de Roswell.
24 May 2006
Una de las aficiones favoritas de los comerciantes de misterios es sacarse fotos que luego incluyen en sus reportajes y libros. Hubo una época en la que la pose típica consistía en retratarse junto a la indicación de carretera del lugar de turno (solía tratarse de pueblecitos en los que alguien había visto platillos volantes o algo parecido). Tan repetida fue la escenografía que acabó quemada y entonces los periodistas esotéricos empezaron a hacerse visibles junto a los entrevistados o como intrépidos investigadores con mascarilla examinando los cuerpos de unas ovejas víctimas del chupacabras (Iker Jiménez y Lorenzo Fernández), sumergiéndose en aguas de Canarias en busca de la Atlántida (Manuel Carballal) y delante de un hangar en Roswell (Javier Sierra), entre otras escenas memorables. Querían dejar claro que habían estado en el lugar de los hechos y que eso les imbuía de una autoridad especial frente a quien no había hecho el viaje. Sin embargo, a las ovejas de Jiménez y Fernández las habían matado en realidad perros asilvestrados o lobos, las Canarias atlantes de Carballal habían emergido de las aguas y no eran los testigos de un continente hundido, y en el Roswell de Sierra se había estrellado un globo espía, y no una nave de otro mundo.
Ahora, vemos en Cuarto milenio a equipos de televisión que van de noche a rodar a pueblos malditos y cementerios, cuando podían hacerlo de día. Se trata de una puesta en escena similar a la de los forenses de CSI cuando entran con sus linternas en una habitación que ya han inspeccionado antes porque las persianas siguen echadas y las luces apagadas. ¿Por qué no encienden las luces? Porque el misterio no sería el mismo, como no lo sería si se visita el camposanto en un día luminoso. Lo que se persigue con las fotos de los periodistas esotéricos ataviados con el chaleco de fotógrafo y, a veces, hasta el sombrero estilo Indiana Jones es que la credibilidad entre por los ojos irracionalmente y la gente no se pare a pensar en lo absurdo de la pose. Retratarse dentro de la Gran Pirámide, tras haber pagado la correspondiente entrada, no convierte a nadie en egiptólogo, algo que sólo se consigue después de años de estudio y para lo que no es necesario visitar el país de los faraones, aunque siempre sea recomendable. Tampoco es necesario ver en directo la sábana santa para hacerse a la idea de que es tan auténtica como el mantel de Coria -supuestamente, el de la Última Cena-, las gotas de leche de la Virgen y otras reliquias que pueblan las iglesias de la cristiandad.
Ir de turismo es ir de turismo, se vaya a Teotihuacán o a Tassili. Investigar es algo más serio, que nunca ha hecho ninguno de los citados y que exige horas de estudio sin garantía de resultados. Por eso, si alguien dice que hay que ir a Egipto, Pascua, Nazca, Malta, Stonehenge, el lago Ness o donde sea para saber la verdad de los presuntos misterios, desconfíen de él. Visitar cualquiera de esos sitios es una gozada, pero no otorga una sabiduría especial. Si no, que se lo pregunten al parapsicólogo Ricard Bru, que visitó la Gran Pirámide y descubrió en su interior teleplastias, es decir, algo similar a las caras de Bélmez, según nos contó en la revista Más Allá. Y se quedó tan ancho.
Sobre este blog
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Luis Alfonso Gámez
Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.
Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com
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