07 Ago 2008
25 Jul 2008
El más famoso de los cráneos de cuarzo es el de Mitchell-Hedges, también conocido como la Calavera del Destino. Mide 13 centímetros de alto y 18 de largo, pesa unos 5 kilos y está hecha con dos bloques de cuarzo, uno para el cráneo y otro para la mandíbula. Frederick Albert Mitchell-Hedges, un aventurero y escritor inglés, sostenía que su hija adoptiva la había encontrado entre las ruinas de la ciudad maya de Lubaantum, en Honduras Británica -hoy, Belice-, el 1 enero de 1924, día en el que la chica cumplía 17 años. En la literatura esotérica, la joya es depositaria de poderes extraordinarios, como el de propiciar las habilidades telepáticas.
Origen atlante
Mitchell-Hedges fue quien primero llamó la atención sobre las calaveras de cristal. Dejó escrito en su autobiografía, Danger my ally (El peligro, mi aliado. 1954), que los científicos habían concluido que la de Lubaantun tenía 3.600 años y había exigido a sus creadores 150 años de trabajo, "frotando con arena un inmenso bloque de cristal de roca hasta que finalmente emergió el cráneo perfecto". En 1970, el restaurador de arte Frank Dorland aseguró, tras un análisis en los laboratorios de Hewlett-Packard, que la pieza había sido tallada en contra del eje natural del cuarzo y que no presentaba huellas de herramientas metálicas. Creía, como el explorador, que era de origen atlante y que se habían tardado 300 años en tallarla.
Mitchell-Hedges y su hija mantuvieron hasta el final -Anna falleció el año pasado cumplidos los 100- que el cráneo tenía poderes sobrenaturales. En su web se cuentan hechos sorprendentes, como lo que le sucedió a un periodista cuando entrevistaba al aventurero en su castillo. En un momento de la conversación, el reportero se excusó para ir al baño. Tardaba tanto en volver que Anna y su padre fueron en su busca. Se lo encontraron en otra habitación, con la calavera de cristal en las manos, paralizado. Cuando Mitchell-Hedges le quitó la reliquia, el hombre se derrumbó. En otra ocasión, Dennis Conan Doyle, hijo del creador de Sherlock Holmes, cenaba en el castillo cuando dijo que sentía un gran poder procedente de la pieza. Anna y su padre le retaron a demostrarlo. Escondieron el cráneo en un cuarto y le animaron a encontrarla guiado por la energía que decía captar. Conan Doyle acertó a la primera dónde estaba la joya.
Los aficionados a lo paranormal han achacado a la calavera cambios de color vinculados a las posiciones de los planetas, poderes curativos, la visión de imágenes en las cuencas de sus ojos, la captación de sonidos y de olores extraños... Todo ha apuntado desde su descubrimiento a un origen misterioso de la reliquia, que no sólo tendría poderes sobrenaturales, sino que, además, no sería única, como advierte la leyenda maya. Hay varias calaveras parecidas repartidas por el mundo, entre las que destacan la del Museo Británico, la del Museo de Quai Branly de París, la de ET -llamada así por sus grandes cuencas oculares-, Max -que está en una colección privada en Texas- y la de la Institución Smithsoniana, que pesa 14 kilos.
Análisis científicos
La ciencia ha aprendido en los últimos años mucho de los cráneos de cuarzo. El del Museo Británico ya no está catalogado como "probablemente azteca, de entre 1300 y 1500", como ocurría hasta mediados de los años 90. El microscopio electrónico vio en él en 1996 huellas de torno de joyero, una herramienta desconocida en la América precolombina. Así que ahora la pieza está etiquetada como "probablemente europea, del siglo XIX". Se cree que fue tallada en Alemania. A la calavera de la Institución Smithsoniana también se atribuyó en 1992 un origen reciente y un estudio publicado en mayo pasado ha revelado que para hacerla se usó como abrasivo carburo de silicio, compuesto químico que no se sintetizó hasta la década de 1890. Los arqueólogos siempre han pensado que ninguna de estas joyas es de factura precolombina.
A día de hoy no hay constancia siquiera de que la Calavera del Destino fuera descubierta en Lubaantun. Durante años, se sospechó que Mitchell-Hedges la enterró en la ciudad maya para que la encontrara su hija como regalo de cumpleaños. Sin embargo, tampoco hay ninguna certeza de que Anna estuviera alguna vez en Honduras Británica. Al contrario. Ni la joven ni la calavera aparecen en ninguna de las fotos tomadas por Lilian Mabel Alice, fotógrafa que inmortalizaba los hallazgos del aventurero, lo que ha llevado a los expertos a concluir que todo el episodio es una ficción.
Las pruebas documentales apuntan a que Mitchell-Hedges pagó por la joya 400 libras en 1944 a un tal Sydney Burney, que ya en 1936 era su propietario y que en 1943 la había intentado subastar en Sotheby's, en Londres. El análisis de Hewlett Packard demostró que el cráneo y la mandíbula procedían del mismo trozo de cuarzo; pero nada más. Y la leyenda maya de los trece cráneos de cristal, historia en la que se basó George Lucas para la última aventura del arqueólogo más famoso, es una de tantas invenciones de la literatura paranormal, equiparable a las historias sobre máquinas voladoras que han difundido algunos autores como traducción de inscripciones antiguas que en realidad nadie ha descifrado.
La película
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008): Ninguna otra película resume tan acertadamente la disparatada visión de quienes abogan por visitas alienígenas en el pasado. Está salpicada de referencias a la pseudoarqueología y es muy divertida.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
25 May 2008
24 May 2008
22 May 2008
La última aventura de Indiana Jones arranca donde acabó la búsqueda del Arca perdida, en un almacén lleno de cajas. Estamos en 1957 en Nevada, en la base secreta conocida como Área 51. Según la subcultura ufológica, Estados Unidos esconde en esas instalaciones los restos de los alienígenas que en julio de 1947 se estrellaron con su nave en Roswell, Nuevo México. Hacerse con uno de los cuerpos es el objetivo de la agente soviética Irina Spalko, quien a las puertas del hangar -en cuyo interior está pintado un revelador 51, por si hubiera dudas- intenta leer la mente al héroe, que se ríe de sus facultades sobrenaturales.
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, que se estrena hoy, trasplanta al universo del arqueólogo del látigo la fantasía en la que viven quienes creen en las visitas extraterrestres y los poderes paranormales. No sólo el Arca de la Alianza -que volvemos a ver fugazmente dentro una caja medio rota en el Área 51- es un arma de destrucción masiva, sino que, además, seres de otros mundos enseñaron a nuestros antepasados desde la agricultura hasta la construcción de pirámides, la telepatía existe y en Roswell cayó un platillo volante.
Cráneos de cristal
La acción gira alrededor de un cráneo de cuarzo. Queda claro desde las primeras escenas que no es el descubierto en Belice en 1924 por el aventurero británico F.A. Mitchell-Hedges. Esa calavera se presenta en la literatura esotérica como un objeto mágico de origen maya, aunque en realidad fue tallada en Alemania en el siglo XIX. Aun así, inspiró a George Lucas y Jeff Nathanson a la hora de idear una trama a la altura de Indiana Jones y, por eso, Mitchell-Hedges es citado varias veces por el arqueólogo preferido de medio mundo, quien reconoce que su famosa reliquia le obsesionaba ya en la universidad.
El cráneo de cristal cinematográfico es otra cosa: es parte del esqueleto de un extraterrestre, como los de Roswell, y habría sido encontrado por Francisco de Orellana en la mítica ciudad de El Dorado. Según Spalko, "potencia los poderes mentales". Claro que la agente soviética no parece muy en sus cabales. "Es la científica favorita de Stalin. Científica... si consideras ciencia la parapsicología", cuentan a Indy. "Nos encontramos en plena Guerra Fría, con la amenaza de una guerra nuclear y la Amenaza Roja. A la hora de escoger a los malos para esta aventura, no quedaba duda de que debían ser los rusos", ha explicado Steven Spielberg.
La incredulidad sobre la parapsicología es hoy en día compartida por las grandes potencias, pero hubo un tiempo en el que pensaban lo contrario en los pasillos de la Casa Blanca y el Kremlin. Desde los años 50 y durante décadas, Estados Unidos y la Unión Soviética invirtieron dinero en experimentos parapsicológicos. Soñaban, entre otras cosas, con la posibilidad de la mente de viajar hasta posiciones enemigas y ver lo que allí pasaba, lo que se denomina espionaje psíquico. La malvada Irina Spalko cree que el cráneo de cristal es el arma definitiva, una fuente de saber y de poder.
Indy sospecha que el cráneo está en la tumba de Orellana y, en su búsqueda de los restos del conquistador español, sobrevolará las figuras de Nazca, uno de los enclaves mágicos para los fanáticos de lo oculto. El doctor Jones no presenta los geoglifos del altiplano peruano como pistas de aterrizaje para naves de otros mundos, como hizo el suizo Erich von Däniken en su libro Recuerdos del futuro (1968), aunque sí apunta a un posible origen alienígena. "Sólo los dioses pueden ver las líneas de Nazca", dice. No séra la última vez que aparezcan en escena los dioses-astronautas, los extraterrestres que según algunos influyeron en todas las grandes culturas del pasado y que resultan omnipresentes en la película del año.
Spielberg y Lucas mezclan en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal elementos de la moderna conspiranoia con otros propios de la pseudohistoria y, como El Dorado, de la leyenda sin más. Y modifican el único elemento real del cóctel -el Área 51 como base secreta- para hacer casar la Historia con la ficción. Las instalaciones militares de Nevada entraron en servicio en 1950, y desde entonces han sido el lugar en el que Estados Unidos ha probado sus ingenios miltares más avanzados. Sin embargo, el cofre de los Diez Mandamientos está allí desde 1936 -cuando transcurre la acción de En busca del Arca perdida- y, once años después, van a parar a ella los restos de Roswell, del "fiasco de las Fuerzas Aéreas del 47", como lo llama el arqueólogo antes de descubrir la verdad. Porque Indy formó parte del equipo que examinó los restos de Roswell. Pero ésa es otra historia...
Publicado originalmente en el diario El Correo.
19 May 2008
"Indiana Jones es el riesgo, la aventura y el conocimiento; por ese orden", indica Eudald Carbonell, arqueólogo de la Universidad Rovira i Virgili cuya escala de principios "es la inversa". El codirector de las excavaciones de Atapuerca recuerda cómo el protagonista queda definido en las primeras escenas de En busca del Arca perdida: después de salir de un templo peruano con un ídolo de oro, a la carrera delante de una inmensa bola de piedra, le vemos en clase en la Universidad de Marshall. "Es el sabio que viaja, que se mueve".
No todos los académicos son tan generosos con el héroe. "La arqueología de la trilogía de Indy es pseudoarqueología", afirma Bettina Arnold, antropóloga de la Universidad de Wisconsin, en su ensayo Pseudoarchaeology and nationalism. Destaca que la docencia apenas absorbe tiempo al doctor Jones: su actividad principal es saquear antigüedades a diestro y siniestro al margen de la legislación internacional y siempre entre puñetazos, disparos, latigazos y duelos. Es arqueológicamente incorrecto, pero funciona desde un punto de vista cinematográfico.
Cazador de reliquias
El día a día en un yacimiento consiste en rascar pacientemente el suelo con un cuchillo a la busca de piezas que, antes de trasladar al laboratorio, hay que situar milimétricamente en un plano y catalogar. Sobre el terreno, un trozo de cerámica o una concha perforada pueden causar entre los especialistas un revuelo inexplicable para el lego. "Una pieza humilde que nunca se expondrá en un museo puede darnos la solución a un problema histórico. Buscamos respuestas, no tesoros", explica el asiriólogo Juan Luis Montero Fenollós, profesor de la Universidad de La Coruña.
El trabajo de campo es el más conocido de los arqueólogos, pero es mucho más el que se hace antes entre libros, piezas y documentos, y después, cuando hay que ir más allá de la pieza propiamente dicha. Montero Fenollós anda desde hace cuatro años en Siria tras los restos de la ciudad de Dur-Yahdum-Lim. "Sabemos por textos cuneiformes que existía hacia 1800 antes de Cristo y que fue destruida por Hammurabi alrededor de 1700 aC". Los arqueólogos siguen el rastro del asentamiento desde hace 70 años y, ahora, Montero Fenollós cree haber dado con su posible emplazamiento en el valle del Éufrates. El área a excavar tiene 10 hectáreas y sólo podrá confirmar que los restos corresponden a Dur-Yahdum-Lim si topa con un texto alusivo. Puede que pasen años o que la respuesta no llegue nunca.
Frente a eso, Indiana Jones resuelve enigmas milenarios en segundos y recupera artefactos portentosos. Persigue el Arca de la Alianza, el cofre que habría guardado las Tablas de la Ley entregadas por Yahvé a Moisés, y el Santo Grial. Ningún arqueólogo de carne y hueso busca esas piezas, porque hay tantas pruebas de su existencia como de la del martillo de Thor, la espada Excalibur del rey Arturo y la caja de Pandora que ansía Lara Croft en Tomb raider: la cuna de la vida. Sin embargo, la existencia de esas reliquias en el universo de Indy favorece la creación de tramas trepidantes y la presencia de unos malos temibles y unánimemente despreciados.
"¡Nazis! ¡Odio a esos tipos!", admite el héroe en la aventura que compartió con su padre. Se enfrentó por primera vez a ellos en 1936, durante la búsqueda del Arca de la Alianza. Heinrich Himmler, comandante en jefe de las temibles SS, creó en el mundo real en 1935 una institución para, además de experimentar con humanos, desenterrar la superioridad histórica de la raza aria y darla a conocer. Se llamaba la Ahnenerbe y se dice que intentó dar con el Santo Grial y otras reliquias bíblicas, aunque hay historiadores que consideran esto último una ficción. Entre los aficionados españoles al esoterismo, corre la leyenda de que Himmler visitó Montserrat en busca de la copa de la Última Cena, pero es algo que no dan por cierto ni los monjes del monasterio catalán. Como tampoco ningún estudioso cree que el cajón de los Diez Mandamientos fuera una arma terrorífica, como comprueban, para su desgracia, los odiados enemigos de Indiana Jones.
"Soñador universal"
Fue el antisemita francés Robert Charroux quien, en su libro Cien mil años de historia desconocida (1963), habló del Arca de la Alianza como "un condensador eléctrico", citando una obra de 1948 en la cual Maurice Denis-Papin decía que se trataba de "una especie de cofre eléctrico capaz de producir poderosas descargas, del orden de los 500 a 700 voltios". Sin embargo, suele atribuirse el descubrimiento a Erich von Däniken, el hostelero suizo metido a perseguidor de extraterrestres que saltó a la fama con el libro Recuerdos del futuro (1968), en el cual se apropia de muchos de los postulados de Charroux y otros visionarios anteriores para llenar el pasado de extraterrestres. El pasado de los salvajes no europeos, claro.
Indiana Jones es un arqueólogo académico en un mundo de ficción en el que los delirios de Charroux, Däniken y su larga lista de imitadores se entremezclan con la realidad. Pero eso no impide a expertos de carne y hueso simpatizar con el personaje. "Es el arqueólogo más famoso del mundo, aunque nunca haya existido", dice Montero Fenollós. Como millones de espectadores, considera las aventuras de Indy "muy seductoras. Te atrapan del primer al último minuto". "Representa a un tipo de soñador universal. Persigue quimeras", puntualiza Carbonell, para quien estas películas "pueden haber influido en algunas personas para que se inclinen por la arqueología, pero la gente que luego continúa tiene algo más". Nadie sabe cuántos arqueólogos se han criado a los sones de la marcha de John Williams.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
14 Mar 2008
11 Mar 2008
Ya no es sólo que en el primer trailer de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal figure en una caja metálica la leyenda: "Roswell, New Mexico. 1947". Es que lo que se intuía respecto a la calavera de cristal en el primer cartel se confirma en el último colgado de la web oficial: el cráneo de cuarzo no corresponde a un ser humano, sino a un gris, el prototipo de aliníegena cabezón de grandes ojos almendrados que nació en los años 60 del siglo pasado y universalizó otra película de Steven Spielberg, Encuentros en la tercera fase (1977). La aparición de extraterrestres sería un buen punto final a una saga que ha bebido en sus mejores entregas de la pseudoarqueología y ha convertido en apasionantes historias de ficción las búsquedas del Arca de la Alianza y el santo Grial. Lo peor es que todavía hay que esperar hasta el 22 de mayo para saber lo que le pasa al arqueólogo más famoso en la cuarta de sus aventuras.17 Feb 2008
"Roswell, New Mexico. 1947". Tres palabras y una fecha en lo que parece una caja de metal han llamado mi atención del recién estrenado primer trailer de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. ¿Con qué nos sorprenderán Steven Spielberg y George Lucas el 22 de mayo? ¿Habrá alguna referencia directa en la película al mito del platillo estrellado en Roswell en el verano de 1947? Hubiera apostado al principio por una conexión calavera de cristal-Atlántida, pero ya no lo tengo tan claro. Parece que el caso Roswell tiene las de ganar, aunque también puede que estemos un simple guiño como el del club Obi Wan del inicio de la segunda entrega y el cajón de Roswell sea sólo uno más de los muchos guardados en el mismo gran hangar -¿del Área 51?- que el Arca de la Alianza.
10 Oct 2007
"La Calavera del Destino es de cristal de roca puro y, según los científicos, hacerla debió llevar unos 150 años, generación tras generación, trabajando todos los días de sus vidas, frotando con arena una inmenso bloque de cristal de roca hasta que finalmente emergió el cráneo perfecto. Tiene al menos 3.600 años y, de acuerdo con la leyenda, el gran sacerdote de los mayas la utilizaba en la celebración de ritos esotéricos. Dicen que, cuando invocaba a la muerte con la ayuda de la calavera, la muerte siempre acudía. Se la considera la encarnación de todo mal", escribió F.A. Mitchell-Hedges en 1954 en Danger my ally (El peligro, mi aliado), su autobiografía.
Formada por dos bloques de cuarzo -el cráneo y la mandíbula-, la joya mide 13,3 centímetros de alto y de largo, y pesa unos 5 kilos. Su origen nunca ha estado claro. La hija del aventurero mantuvo hasta su muerte, el 7 de abril pasado, que la había encontrado el día de su decimoséptimo cumpleaños en las ruinas de Lubaantun, versión que encaja perfectamente en la vida de quien, a principios del siglo XX, se vendió como una especie de Indiana Jones. Durante muchos años, algunos sospecharon, no obstante, que el hombre había mandado tallar la pieza y luego la había enterrado para que su hija la encontrara a modo de regalo de cumpleaños. Ninguna de las dos versiones se sostiene en la actualidad.
Una vida de película
Nacido en 1882, de niño, F.A. Mitchell-Hedges "leyó a los grandes novelistas de aventuras de la época y fantaseó con el descubrimiento de ciudades perdidas, el encuentro con fieras tribus y sobrevivir a enfrentamientos con bestias salvajes", según se lee en su web, donde se explica que cumplió sus sueños y, con los años, fue agente de bolsa, comerciante de antigüedades, explorador, arqueólogo, pescador deportivo, escritor... Personaje al estilo del creado por George Lucas y Steven Spielberg, protagonizó episodios muy cinematográficos, según su biografía oficial. Así, cuando fue capturado en México por las tropas de Pancho Villa en 1913, le salvó de morir a tiros probar que era inglés, y no estadounidense, cantar el Dios salve a la reina. Después, Mitchell-Hedges se unió al bandolero y luchó a su lado en la batalla de Laredo.
Tanto ajetreo se plasmó en los años 30 en un programa de radio semanal en Nueva York, en el cual contaba las múltiples ocasiones en las que había escapado de morir a manos de salvajes o entre las fauces de alguna fiera. Escribió cinco libros -incluido uno sobre sus recuerdos como prisionero de Pancho Villa- y, a pesar de ser famoso por el hallazgo de la calavera de cristal, nunca la mencionó antes de 1944 y sólo le dedicó en su autobiografía el párrafo antes citado, al que precedían las siguientes líneas: "Llevamos con nosotros [a África en 1948] la siniestra Calavera del Destino de la que tanto se ha escrito. Tengo razones para no revelar cómo llegó a mis manos". F.A. Mitchell-Hedges murió en 1959 sin aclarar cómo se había hecho con la joya.
Supercherías
Joe Nickell, del Centro para la Investigación Escéptica (CSI), y el forense John Fisher indagaron en los orígenes de la calavera de cristal a principios de los años 80, con sorprendentes resultados. Comprobaron, para empezar, que Thomas Gann, arqueólogo aficionado, y T.A. Joyce, del Museo Británico, que excavaron en Lubaantun en los años 20, no mencionan la pieza en ninguno de sus libros. "Este objeto no tiene nada que ver con el lugar ni con la arqueología maya (realidad, hasta donde sé, ni con la América precolombina)", explicó el arqueólogo Norman Hammond, experto en la cultura maya de la Universidad de Boston, cuando le preguntaron por qué no la citaba en su monografía sobre el enclave, publicada en 1975.
En su libro Secrets of the supernatural (1988), Nickell y Fisher destacan que en ninguna foto tomada por Lilian Mabel Alice -más conocida como Lady Richmond-Brown y que solía inmortalizar los descubrimientos del explorador- se ve la joya o a la presunta autora del hallazgo en la ciudad maya. "Anna Mitchell-Hedges nunca estuvo en Lubaantun, a tenor de las pruebas", sentencia Hammond. Existen documentos, sin embargo, que prueban que la pieza fue subastada por un tal Sydney Burney en Sotheby's, en Londres, en 1943 con un precio de salida de 340 libras. Nadie la compró y, al año siguiente, F.A Mitchell-Hedges pagó a su propietario 400 libras por ella. Un artículo publicado en 1936 por la revista Man revela, además, que la joya era ya entonces propiedad de Burney. Pero ¿de dónde había salido?
La Calavera del Destino no es única en su género. Hay varias más de tamaño casi real, de las que la más famosa es propiedad del Museo Británico. Hasta mediados de los años 90, estaba catalogada como "probablemente azteca, de entre 1300 y 1500". La institución la adquirió en 1898 en Tiffany's, Nueva York, por 120 libras. Su propietario hasta entonces había sido el comerciante de antigüedades francés Eugène Boban. "Un análisis de varias calaveras de cristal realizado por el Museo Británico en 1996, utilizando microscopía electrónica de barrido, encontró surcos regulares que sólo pudieron hacerse mediante pulimentado mecánico, y el análisis del cuarzo reveló que se trataba de cristal brasileño, que nunca se había empleado en Mesoamérica y sí en Alemania en el siglo XIX", explica el historiador José Luis Calvo, miembro del Círculo Escéptico.
De azteca a europea
Cuatro años antes, en 1992, la Institución Smithsoniana examinó una joya similar adquirida en México en 1960 y que se presumía azteca. El estudio concluyó que había sido fabricada recientemente y que procedía de Boban, el marchante de antigüedades francés, quien aseguraba haberla adquirido en Alemania. Tanto la pieza británica, como otra similar que hay en el Museo del Hombre, de París, fueron adquiridas igualmente a Boban, quien comerció con antigüedades precolombinas auténticas y falsas en México entre 1860 y 1890, y sobre el que recaen todas las sospechas de la autoría de estas falsificaciones. El Museo Británico tiene ahora su calavera catalogada como "probablemente europea, del siglo XIX". Es lo que piensan los historiadores de las culturas precolombinas sobre todos los cráneos de cristal, incluido el de Mitchell-Hedges, por mucho que éste se haya rodeado de leyenda.
El aventurero y su hija hicieron de su cráneo de cristal un símbolo del esoterismo, atribuyéndole él un poder maléfico y ella, todo lo contrario. "La calavera ha sido utilizada varias veces para curar y espero que algún día esté en alguna institución donde la usen matemáticos, meteorólogos, cirujanos...", escribió a Nickell en 1983 Anna Mitchell-Hedges, quien se negó a ceder la pieza para que fuera examinada en un laboratorio. Las palabras de la mujer hay que ponerlas en cuarentena, como en su momento se hizo con la falsa historia del hallazgo y las hazañas autobiográficas de su padre.
El de la calavera de cristal es sólo un episodio más en una trayectoria vital trufada de elementos ficticios. Porque F.A. Mitchell-Hedges nunca fue arqueólogo y, cuando visitó Lubaantun, lo hizo enviado por la revista The Illustrated London News; tampoco hay constancia de que fuera apresado por Pancho Villa y es imposible que luchara junto al bandolero en la batalla de Laredo, porque ese encuentro armado nunca tuvo lugar... Él decía que la calavera de cristal procedía de la Atlántida, un continente perdido tan imaginario como muchas de sus proezas y que habrá que esperar hasta el 22 de mayo para saber si es el reino al que se refiere el título de la última aventura de Indiana Jones.
El arqueólogo más famoso vuelve a sus orígenes
El arqueólogo más famoso vuelve a sus orígenes en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Veintisiete años más tarde de arrebatar el Arca de la Alianza a los nazis y diecinueve después de beber agua del Grial, regresa a un escenario idóneo para sus aventuras y el espectáculo. Porque, al igual que en En busca del Arca perdida (1981) e Indiana Jones y la Última Cruzada (1989), la historia girará alrededor de uno de los mitos del esoterismo actual, ésos alimentados por autores como Erich von Däniken, Louis Charpentier, Robert Charroux...
El doctor Jones sacó hace casi treinta años el Arca de la Alianza de los libros de pseudohistora. Según la tradición bíblica, era el receptáculo en el que Moisés guardaba las Tablas de la Ley, que contenían los Diez Mandamientos. Sin embargo, en 1963 Robert Charroux, en Cien mil años de historia desconocida (1963), habló del Arca por primera vez como de "un condensador eléctrico", citando una obra de 1948 en la que Maurice Denis-Papin decía que se trataba de "una especie de cofre eléctrico capaz de producir poderosas descargas, del orden de los 500 a 700 voltios". Con esa base y ninguna prueba, los pseudoarqueólogos -individuos que han llenado el pasado humano de extraterrestres- han convertido con los años el Arca en una especie de arma de destrucción masiva gracias a la cual los israelitas derribaron, por ejemplo, los muros de Jericó. En su primera aventura, Indiana Jones se hacía eco de esa tradición y el Arca acababa guardada en un gran hangar, cabe suponer que junto a otros objetos históricos turbadores.
La realidad es que no hay ninguna prueba de que sucediera algo parecido a lo que relata la Biblia y, mucho menos, de que el Arca de al Alianza fuera, de existir, remotamente parecido a lo que sostienen los vendedores de misterios. Como tampoco la hay de la existencia del Grial, la copa que habría utilizado Jesús en la Última Cena y en la que José de Arimatea recogió su sangre durante la crucifixión.
Como en el caso de la sábana santa, la leyenda del Grial es de origen medieval. Nace en el siglo XII y se nutre de tradiciones culturales paganas, como la del cuerno de la abundancia. Fue una época en la que aparecieron reliquias por todos lados, porque proporcionaban riqueza a los monasterios e iglesias en forma de visitas masivas de peregrinos. Así se multiplicaron dedos y cabezas, prepucios, sábanas santas y griales, de los cuales ha llegado a haber varios sólo en España. Uno de ellos, el de la catedral de Valencia, fue utilizado por Benedicto XVI para oficiar misa en su visita a España en 2006. Es tan auténtico como el de Indiana Jones.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
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Luis Alfonso Gámez
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