29 Oct 2009
25 Oct 2009
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-¿En serio? Pónganos un ejemplo.
-Coja un vaso de agua y congélelo. Luego coloque a un grupo de personas alrededor del vaso, todas con pensamientos hermosos, puros, y verá que empiezan a formarse los más bellos cristales. -¿Lo dice en serio? -Completamente. -¿No ha perdido el juicio? -No he perdido el juicio. Haga el mismo experimento con personas que tengan pensamientos oscuros, malvados. El hielo se llenará de grietas y cristales horribles. He investigado el tema y he encontrado pruebas. La idea de que el ser humano pueda ejercer control sobre la materia me desconcierta. -¡A mí también! ¿Se ha convertido en un científico aficionado? - Sí, tengo que pensar, hasta cierto punto, como un científico. Si te concentras el tiempo suficiente mientras observas una célula cancerígena, puedes hacerla sanar. |
No me interesa Dan Brown como literato. El código Da Vinci me pareció una novela muy mala y previsible, al igual que La hermandad de la sábana santa, de la periodista Julia Navarro, por citar un éxito de ventas español tan flojo como el estadounidense. Lo que me preocupa es que porque Brown venda muchos libros haya quien tenga en consideración su opinión respecto a asuntos tan graves como el cáncer, de los cuales sabe tanto como del interior de la Giralda de Sevilla y del Priorato de Sión. Es posible que en el pasado el novelista estadounidense fuera escéptico -cosas más raras se han visto-, pero ahora está como un cencerro y nada justifica hacer publicidad gratuita a sus locuras. Dice que, en cinco años, mucha gente le dará la razón en que podemos "cambiar el mundo con la fuerza de tu pensamiento", "crear una nueva realidad si unimos nuestros pensamientos y nos concentramos en ello". Es el mismo tipo de augurio que llevan repitiendo todos los charlatanes esotéricos desde hace décadas, y pasan los años, y pasan los años, y pasan los años...
25 Sep 2009
La homeopatía se basa en la disolución de una pequeña cantidad de una sustancia en agua, alcohol o lactosa hasta que no queda ni una molécula, ya que, para sus practicantes, el medicamento es "energéticamente más potente" cuanto más diluido esté el principio activo. Los productos homeopáticos, ésos de venta en farmacias, no contienen principio activo alguno, así que no pueden tener ningún efecto farmacológico. Vamos, que su efectividad es equiparable a la de la pata de conejo, el agua de Lourdes, el cordón de san Blas... Sin embargo, los colegios de médicos y los poderes públicos españoles respaldan cada dos por tres esta práctica anticientífica.
El último ejemplo de irresponsabilidad pública y profesional lo darán la semana que viene el Gobierno Canario, el Parlamento de Canarias el Cabildo de Tenerife, Caja canarias y el Colegio de Médicos de Santa Cruz de Tenerife, al avalar las II Jornadas Científicas de Homeopatía. El encuentro cuenta con el interesado apoyo de los homéopatas Laboratorios Boiron, Laboratorios Biótica, Laboratorios IberHome, Laboratorios Heel, Laboratorios Lehning y Dr. Reckeweg & Co España. Se celebrará el 2 y 3 de octubre en el edificio de Tenerife de la Presidencia del Gobierno canario y, según el programa, "contará con la presencia de las primeras autoridades institucionales".
Suicidio homeopático
Sobra decir que será un acto a mayor gloria del negocio homeopático, que permite a esos laboratorios vender agua a precio de oro y a muchos médicos obtener unos ingresos que de otro modo igual nunca lograrían. "El objetivo de la jornadas es darles a conocer a los científicos de Canarias en general, a los docentes universitarios, la realidad científica de la homeopatía", ha declarado Rodolfo de la Torre, presidente de la Sociedad Canaria de Homeopatía, a El Día. Como si los científicos no supieran ya, gracias a revistas como The Lancet, que esta medicina alternativa ni es medicina ni es nada. ¿Expondrán los resultados del estudio publicado en The Lancet y de todos los demás que demuestran que la homeopatía es un timo? ¿Explicarán por qué los productos homeopáticos no han de demostrar su efectividad, sino sólo su inocuidad? ¿Admitirán que toda la historia de la memoria del agua es un cuento chino?
Resulta lamentable que las instituciones respalden actos anticientíficos como el de Tenerife, cuyo único objetivo es impulsar un negocio basado en el abuso de la credulidad y la ignorancia del público. Los partidarios de la ciencia y la razón no lo tienen fácil para que los medios se hagan eco de sus argumentos, por eso les propongo que recurran al efectismo, que el 2 de octubre organicen un suicidio homeopático colectivo ante la sede del encuentro. En 2002, una veintena de científicos belgas lo promovió como protesta por que las aseguradoras del país incluyeran la homeopatía entre sus servicios médicos. Ingirieron en grupo una dosis infinitesimal -y, por tanto, muy potente, según los principios homeopáticos- de un cóctel de venenos: belladona, arsénico, veneno de serpiente... No les pasó nada y, además, recibieron gran atención de los medios.
20 Abr 2009
19 Nov 2008
Los fraudes en ciencia acaban siempre saliendo a la luz por la propia naturaleza del método científico, que, para validar un avance, exige que otros investigadores lleguen de forma independiente a las mismas conclusiones que el autor del descubrimiento. Pero el engaño causa siempre daños colaterales: el proceder del biólogo Hwang Woo-Suk, quien falsificó datos en sus experimentos, salpicó en 2005 a toda la investigación honrada en el campo de la clonación terapéutica y el de Iruña-Veleia -que aquí ya predijimos hace dos años- vuelve a poner en la cuerda floja a la arqueología alavesa tras el fraude de las pinturas rupestres de Zubialde, que a principios de los años 90 recibieron el visto bueno de lo más granado de la antropología vasca. No es algo nuevo en la historia de la ciencia, pero el rigor la arqueología vasca queda en evidencia por segunda vez en menos de veinte años.
EL HOMBRE DE PILTDOWN
La falsificación más sonada
El fraude científico por antonomasia es el del hombre del Piltdown, que sobrevivió durante cuarenta años con el nombre científico de Eoanthropus dawsoni. El fósil, encontrado en Sussex, fue presentado en 1912 por el paleontólogo aficionado Charles Dawson a Arthur Smith Woodward, paleontólogo del Museo Británico, quien le otorgó carta de autenticidad. Los restos tenían unos 500.000 años y proporcionaban a los prehistoriadores ingleses un homínido propio y, además, no uno cualquiera. Porque el hombre de Piltdown era el deseado eslabón perdido: su bóveda craneal era humana, pero su mandíbula tenía aspecto simiesco.
El nuevo homínido -orgullo del nacionalismo inglés- sobrevivió cuatro décadas como antepasado del hombre moderno, hasta que en 1953 un grupo de investigadores del Museo Británico reveló que se trataba de una falsificación. La bóveda craneal era humana, aunque no tenía más de 50.000 años, y la mandíbula correspondía a un orangután y había sido teñida para que pareciera antigua y los colores encajaran. Lo que todavía no se sabe es quién perpetró un fraude alrededor del cual hubo personajes tan ilustres como el novelista Arthur Conan Doyle y el jesuita Pierre Teilhard de Chardin. Uno de los principales sospechosos es Martin A.C. Hinton, conservador del departamento de Zoología del Museo Británico, que odiaba a Woodward, quien acabó siendo la víctima científica del engaño.
LA PRIMERA AVE
Un dinosaurio con alas
La búsqueda de la conexión definitiva entre dinosaurios y aves dio lugar hace seis años a un fraude parecido al de Piltdown. En las últimas décadas, la paleontología ha reunido un número creciente de pruebas que demuestran que por nuestros cielos vuelan descendientes de los dinosaurios. Así que un fósil de un dinosaurio con alas sería un hallazgo impresionante. Fue la imagen de portada de la National Geographic Magazine en noviembre de 1999, "un auténtico eslabón perdido en la compleja cadena que conecta dinosaurios y aves". Se llamaba Archaeoraptor liaoningensis y había sido encontrado en China en los años 90.
El nuevo fósil duró poco en el cielo paleontológico. A finales de enero de 2000, la National Geographic Society admitió que el bicho con alas emplumadas y cola de dinosaurio era un engaño, una pieza fraudulenta. El escáner demostró que el dinosaurio original era un pequeño carnívoro, Microraptor zhaoianus, al que se habían trasplantado partes de un ave, Yanornis martini. ¿Lo bueno? Que ambas especies eran desconocidas antes del falso Archaeoraptor.
LA MEMORIA DEL AGUA
La homeopatía, demostrada
Un poder mágico del agua es la base de la homeopatía, práctica para la que se encontró en 1988 un fundamento científico. Hace diecisiete años, el biólogo francés Jacques Benveniste publicó en la revista Nature un trabajo en el que probaba aparentemente la capacidad del agua para recordar cualquier elemento que hubiera estado disuelto en ella. La homeopatía se basa en la disolución de una pequeña cantidad de una sustancia en agua, alcohol o lactosa hasta que no queda ni una molécula, ya que, para sus practicantes, el medicamento es "energéticamente más potente" cuanto más diluido esté el principio activo.
Esta idea, que choca contra la lógica y contra la química, tenía en el trabajo de Benveniste un soporte científico que se derrumbó en cuanto un grupo de expertos elegido por Nature viajó hasta el laboratorio del investigador y detectó graves fallos metodológicos que invalidaban los sorprendentes resultados. Por si eso fuera poco, varios colaboradores de Benveniste estaban a sueldo de los laboratorios Boiron, la multinacional francesa de la homeopatía. Nadie ha vuelto a conseguir los resultados de Benveniste, que se disolvieron ante investigadores imparciales sin dejar rastro.
LA FUSIÓN FRÍA
Energía barata y abundante
Dos químicos, Martin Fleischmann y Stanley Pons, anunciaron el 23 de marzo de 1989 en la Universidad de Utah, en Salt Lake City, el final de las penurias energéticas de la Humanidad. La panacea respondía al nombre de fusión fría y replicaba la fusión atómica que tiene lugar en el interior del Sol, en donde al unirse los núcleos de dos átomos se libera una gran cantidad de energía. "Teníamos una oportunidad sobre un millón de conseguirlo. Pero lo hicimos: hemos logrado aprisionar el Sol en una probeta", dijeron Pons y Fleischmann hace dieciséis años.
Iba a ser un momento histórico. Los científicos habían dado con la fuente de la energía eterna a temperatura ambiente, con un desembolso mínimo y con un instrumental que está al alcance de cualquier laboratorio. El combustible (hidrógeno) era barato y abundante y el proceso no generaba residuos radiactivos. ¿Demasiado bonito para ser cierto? Sí. El tiempo y otros científicos demostraron que la fusión fría de Pons y Fleischmann era un bluff. Ahora, un consorcio internacional persigue la fusión a altas temperaturas con el proyecto ITER, que exigirá inversiones de 4.500 millones de euros durante los próximos veinte años.
El físico Jan Hendrik Schön fue despedido de los laboratorios Bell en 2002, después de que un comité científico descubriera que quien era una estrella naciente de la física -con cinco artículos sobre nanotecnología en Nature y siete en Science entre 1998 y 2001- había amañado los resultados de sus trabajos. Lo mismo le ha ocurrido a Hwang Woo-Suk, cuya producción fue toda puesta en duda tras detectar sus trampas. Habrá más episodios de fraudes en ciencia, y serán destapados por colegas de los tramposos porque el avance del conocimiento científico exige poner siempre en duda los hallazgos, no hacer caso de lo que digan las celebridades y guiarse por lo que dicen las pruebas. Como en CSI.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
02 Feb 2007
Ya tienen los hechiceros sanitarios una bonita ley catalana que les ampara en sus desmanes, y sus colegas del resto de España una norma cuya aprobación exigir hasta en la última de las comunidades autónomas. Lo lógico en un país desarrollado y serio es que los poderes públicos velen por la salud de los ciudadanos, dejando la Sanidad en manos de profesionales debidamente cualificados, impidiendo la venta de pócimas milagrosas y limitando las prácticas sanitarias a aquéllas cuya validez haya sido demostrada.
Lamentablemente, este país ni es desarrollado ni serio, y el Consejo Ejecutivo de la Generalitat catalana acaba de aprobar un decreto que regula como práctica sanitaria lo que no lo es. Porque da igual lo que argumenten los espabilados -licenciados en Medicina o no- que practican las terapias alternativas, da igual lo que digan sus clientes y que sean muchos, da igual lo que sostenga el gremio médico, la homeopatía, la acupuntura, la iridología y todo el batiburrillo de saberes que forma la denominaba medicina alternativa no son ninguna alternativa a la medicina, porque no son medicina. Como la astrología no puede ser nunca alternativa a la astronomía; la brujería, a la física; la
criptozoología, a la zoología; y la astroarqueología, a la historia.
Los dos primeros párrafos del decreto son un auténtico disparate:
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"La existencia de diversas maneras de entender la persona, el diagnóstico, la enfermedad y el tratamiento, relacionadas con la tradición de las diferentes culturas, condiciona los criterios o las opciones médicas y terapéuticas distintas. Estas concepciones diversas se encuentran tanto en la medicina oficial, convencional o alopática, como en el resto de criterios llamados no convencionales, complementarios, alternativos, naturales u holísticos. Cada uno de estos criterios utiliza remedios o técnicas diferentes.
Los criterios en que se basan las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática y aplican procesos de diagnóstico y terapéuticos propios. |
La norma parte de un pernicioso relativismo -"la existencia de diversas maneras de entender la persona", "las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática"- que permite casi todo. Desde ese punto de vista, ¿acaso no es un tratamiento sanitario el del adivino que reconforta a su cliente, poner bolas de cristal bajo la almohada para curar el cáncer o tomarse la pócima que hace, según el curandero de turno, desaparecer el sida?, ¿por qué esos depositarios de un saber diferente tienen que demostrar que lo que hacen es más que estafar al personal y no se le exige lo mismo a un osteópata, reflexólogo o lo que sea, esté o no titulado en Medicina? La norma catalana libera a los terapeutas naturales de demostrar que lo que hacen es algo más que hechicería, algo más que echar agua bendita en unas instalaciones recién inauguradas. La superstición y el fraude reciben así cobertura legal y sus practicantes podrán exhibir en las consultas una acreditación oficial.
La Generalitat destaca, en el anuncio de su decisión, que Cataluña ha aprobado un decreto "pionero en Europa", como si hubiera un motivo para la alegría y no para la vergüenza. Mañana, esos sabios gobernantes podrían decidir -¡por qué no!- que a los astrólogos les hicieran sitio en el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña, por ejemplo, y sería igual de loable. Lo que ha hecho la Generalitat con las terapias naturales es una muestra de populismo alejado de cualquier criterio científico y racional, y de toda lógica. ¿Por qué hay que exigir efectividad a los tratamientos convencionales y no a la acupuntura o a la -¡agárrense!- liberación holística de estrés con técnicas de kinesiología?
La Organización Médica Colegial (OMC) considera que el decreto catalán "pone en riesgo la salud de los ciudadanos" y "puede representar un riesgo sanitario de primera magnitud". No se hagan ilusiones. No es que el gremio médico haya entrado en razón y decidido que no han de fomentarse prácticas sanitarias sin base científica. No. Lo que hace es recordar que "toda terapia, convencional o no, es en sí misma un acto sanitario que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y de una aplicación de la misma que debe ser realizada, necesaria y obligatoriamente por un profesional cualificado y legalmente autorizado". No estamos, por tanto, ante una defensa de los ciudadanos frente el avance de la pseudomedicina, sino del gremialismo más feroz, el que defiende que quienes practiquen la hechicería sanitaria sean titulados en Medicina.
El Gobierno catalán hace que esa comunidad retroceda a tiempos precientíficos y pone la salud de los ciudadanos en manos de hechiceros. Mal empieza 2007, el Año de la Ciencia.
20 Nov 2006

El arqueólogo Eliseo Gil y su equipo anunciaron en junio que habían encontrado, en el yacimiento de Iruña-Veleia, el primer Calvario y las primeros textos en euskera conocidos. Grabados sobre fragmentos de cerámica, databan de los siglos III y IV, e iban a obligar a reescribir los libros de texto. Cinco meses después, Joaquín Gorrochategui, catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad del País Vasco (UPV) y uno de los expertos que han estudiado las inscripciones en euskera, ha pedido a arqueólogos y lingüistas precaución. "Porque hay mucho en juego, tenemos que extremar todas las cautelas, cada uno en la disciplina cuyos métodos y contenidos mejor conoce, a fin de poder llegar, al final del proceso, a un convencimiento pleno sobre la autenticidad de los hallazgos y su aceptación por la comunidad científica. Pero aún estamos lejos de ello. Estas palabras quizá supongan un jarro de agua fría para el ardor de algunos y la ilusión de muchos, pero estimo que es lo correcto en estos momentos, en los que aún no tenemos todos los datos necesarios para llegar a la conclusión que se nos pide. Dicen que la fe es conveniente en la investigación científica, pero el método es imprescindible", escribía el sábado en El Correo.
Gorrochategui hace hincapié en su artículo en la abundancia de inscripciones en euskera en el yacimiento alavés. "El primer fenómeno sorprendente es la misma atestiguación de tantos textos escritos en lengua vasca, no porque ello fuera imposible en este territorio y en esa época -como algunos estudiosos piensan con argumentos no carentes de peso-, sino porque constituiría un fenómeno aislado sin paralelos en otras ciudades de habla vasca segura -como St-Bertrand-de-Comminges, capital aquitana donde el hábito de la escritura estaba mucho más arraigado que aquí- y, algo importante, sin continuidad histórica en los siglos sucesivos. Una cantidad tan abundante de textos en el ámbito privado sugiere que el hábito de la escritura, un fenómeno nada natural en sí mismo, sino eminentemente cultural, estaba ampliamente difundido entre los habitantes vascófonos de la zona, cuya pérdida total en los siglos altomedievales sería difícil de explicar", dice.
"Yo aún no estoy seguro de que eso sea auténtico. Pero, ojo, de la misma manera que reclamo que no se puede decir ahora que todo va a misa, por la recíproca no podemos decir que esto es falso. No creo que esto se vaya a dilatar, parece que de aquí al verano ya estará el informe definitivo", afirma Gorrochategui en una entrevista concedida a la periodista Rosa Cancho, que se publicó ayer. Y manifiesta su extrañeza por el hecho de que algunas palabras de esa lengua vasca de hace dos milenios sean comprensibles hoy en día hasta para el lego. "Le pongo un ejemplo -indica a la entrevistadora-. Digamos que eso es vasco del siglo IV. Esos textos, si se los damos a un estudiante de euskera, alguien que no lo sabe como legua materna, los entiende. No es complicado. La prueba es, si a un polaco que aprende español le diéramos un texto español del siglo IV, que es el latín, ¿lo entendería tan rápidamente?". A diferencia de otras lenguas, la vasca no habría prácticamente cambiado en 2.000 años.
Inseguridades
Las dudas de Gorrochategui son compartidas por Joseba Lakarra, catedrático de Filología Vasca de la UPV, y Juan José Larrea, profesor de Historia Medieval de la UPV, quienes firman hoy en El Correo un artículo en el que piden a los investigadores del yacimiento alavés que se atengan a las reglas de juego de la ciencia. "Sólo cuando el equipo de Veleia exponga en publicaciones especializadas y reuniones científicas los elementos de datación de que ha ido disponiendo para los graffiti; cuando publiquen el primer estudio y el primer corpus de inscripciones y de imágenes; cuando esto se someta a discusión por los especialista; entonces empezaremos a tener algunas seguridades", advierten. Los autores destacan que, si realmente, estamos ante un Calvario del siglo III, se trataría "de la primera representación conocida de la crucifixión de Cristo hecha por un cristiano", lo que situaría al País Vasco "en el corazón de la historia y de la investigación sobre la cultura, las ideas y las creencias de Occidente y del Mundo Antiguo". "El equipo de Veleia -escriben Lakarra y Larrea- sabe que la iconografía cristiana que han presentado produce perplejidades en cadena, cuando no estupefacción". Y añaden: "Si efectivamente hay escritas numerosas palabras, sintagmas y aun frases en la lengua que dará lugar al euskera -o en euskera-, y datan del Bajo Imperio (siglos III-V), de pronto se ha encendido una batería de focos en el campo de fútbol justo donde la oscuridad era absoluta".
Cabe esperar que, como apunta Gorrochategui, el asunto se aclare en unos meses. Antes, sería deseable que todos los expertos que quieran tengan acceso a las piezas para examinarlas directamente y eliminar cualquier género de duda sobre la conclusión final. Desde el primero momento, me sonó muy raro todo lo referente a los descubrimientos de junio y me recordó lo ocurrido hace diecisiete años con la fusión fría y, más aún, lo sucedido en 1990 con las pinturas rupestres de la cueva alavesa de Zubialde, presentadas como un extraordinario conjunto rupestre de hace 15.000 años y en las que el falsificador dejó restos de estropajo. En aquel entonces, la arqueología vasca salió malparada de la precipitación de algunos políticos por aparecer en los medios de comunicación; ahora, expertos como Gorrochategui, Lakarra y Larrea han roto el silencio académico para advertir de las irregularidades metodológicas e intrínsecas que han detectado en los extraordinarios hallazgos de Iruña-Veleia. Si las pruebas respaldan lo sostenido por Eliseo Gil y sus colaboradores, todo habrá quedado en un episodio de mala práctica científica por llevar a la prensa algo antes de haberlo presentado en las publicaciones especializadas. Si todo o parte es falso, Iruña-Veleia merecerá capítulo propio en la literatura sobre fraudes científicos, junto a la fusión fría, la memoria del agua, los rayos N y el hombre de Piltdown. Los descubrimientos del yacimiento alavés parecen demasiado buenos para ser ciertos, pero eso no quiere decir que no lo sean. Así pues, toca esperar.
01 May 2006
Massaru Emoto y Valentín Romero volvieron a aparecer en mi vida la semana pasada. El primero porque se estrenó en Bilbao la película La memoria del agua, según me alertó José María Bilbao, miembro de la Agrupación Astronómica Vizcaína. El segundo, en un teletipo de la agencia Efe en el que sostenía que hay un remedio homeópatico contra la gripe aviar, que "la sustancia se denomina Anas barbarie y figura en el protocolo de tratamiento elaborado por el sector médico homeopático en caso de una pandemia", mientras que "la medicina convencional no tiene ningún remedio para enfrentarse a ella". Romero no presentó ninguna prueba, ningún estudio clínico que respalde tan sensacional afirmación. Y me temó que nunca lo hará. Primero, porque la homeopatía no funciona, porque los productos homeopáticos no tienen más valor terapéutico que el placebo, según la revista The Lancet, y, segundo, porque no se trataba más que de una maniobra publicitaria para conseguir un hueco en los medios de comunicación. ¿De qué? Del II Congreso Nacional de Homeopatía, que se celebra desde el viernes en Puerto La Cruz (Tenerife).
La prestigiosa revista médica británica publicó el 27 de agosto un análisis que concluye la efectividad de esta práctica se basa únicamente en el efecto placebo, y sentenció que ha llegado el momento de dejar de perder tiempo y dinero en más trabajos para validar la homeopatía científicamente: "Ahora, los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del pacientes de atención personalizada". La ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha aceptado, sin embargo, figurar en el comité de honor del encuentro homeopático tinerfeño, lo que da un cierto halo de credibilidad a esta pseudomedicina.
Sería de agradecer que Elena Salgado presentara a los contribuyentes las pruebas en las que se basa para avalar con su presencia este congreso y la homeopatía. Porque no se trata de un encuentro científico, sino de un encuentro de personas que creen que el agua tiene memoria, que puede recordar las sustancias que se han disuelto en ella aún cuando no quede ni una molécula de las mismas. Como me decía hace unos meses el biólogo marino Vicente Prieto, "con la homeopatía, estamos hablando más de magia que de ciencia". Me recordaba este compañero del Círculo Escéptico (CE) que el agua tiene un ciclo en el que pasa por la atmósfera, se filtra por las rocas, entra en contacto con miles de sustancias... Los homeópatas sostienen que la memoria del agua se activa cuando la agitan después de cada una de las sucesivas diluciones del supuesto principio activo que ellos emplean en cada caso, y él se pregunta: "¿Es que sólo recuerda los buenos elementos que hemos echado en ella en un momento determinado? Pensar que el agua tiene memoria y que, además, puede seleccionar aquello que más le conviene al enfermo resulta alucinante. Es concederle al agua memoria, bondad, conocimientos médicos e inteligencia. Si al agitar un vaso se activasen los compuestos con los que ese agua ha tenido contacto -incluidos venenos y productos radiactivos-, caeríamos fulminados tras beberlo", advertía Prieto en El Correo y otros diarios de Vocento.
La duda que me queda es si la ministra de Sanidad cree de verdad en la homeopatía o si la han metido un gol y aceptó figurar en el comité de honor del congreso de Tenerife sin saber de lo que se trataba. En cualquiera de los casos, resultaría preocupante. En el primero, demostraría que Elena Salgado no sabe de ciencia; en el segundo, que cualquier listillo puede engañar a la máxima autoridad sanitaria española. Porque la homeopatía tiene de ciencia lo mismo que la ufología y el espiritismo: nada.
18 Oct 2005
Los científicos aplauden el estudio publicado el 27 de agosto por la revista The Lancet, que animaba a los médicos a "ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía", y anunciaba que no aceptará ningún artículo más sobre la materia. "Ya es hora de que los médicos y científicos digamos lo que pensamos de la homeopatía", sentencia el médico holandés Cees Renckens.
Fundamentos falsos
Los fundamentos de la homeopatía -las fuerzas vitales, la ley de la similitud y las diluciones infinitesimales- se han demostrado falsos en los últimos doscientos años, destacan los científicos europeos, quienes añaden que esta práctica no obtiene buenos resultados en ningún estudio bien hecho. "Resulta increíble que la homeopatía no haya sido reconocida en el siglo XXI como lo que es: curanderismo", ha indicado a este periódico Willem Betz, profesor de la Universidad Libre de Bruselas y experto en pseudomedicinas.
"Debemos dejar de tirar dinero público en un sinsentido, especialmente cuando se están haciendo recortes presupuestarios en áreas vitales", ha apuntado Amardeo Sarma, presidente del Consejo Europeo de Organizaciones Escépticas (ECSO), entidad organizadora del encuentro de Bruselas, al que asistieron expertos de Europa, América, Asia y África, y en el que España estuvo representada por el Círculo Escéptico. La ECSO tiene entre sus objetivos proteger al público de terapias cuya efectividad no ha sido demostrada y promover la buena práctica en ciencia y medicina.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
05 Sep 2005
"Cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece ser su popularidad", advertía el 27 de agosto en su editorial The Lancet. La prestigiosa revista médica publicaba un trabajo según el cual la efectividad de esta práctica se basa únicamente en el efecto placebo y sentenciaba que ha llegado el momento de dejar de perder tiempo y dinero en más estudios para validarla: "Ahora, los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada".
Dos siglos estancada
La homeopatía nació hace casi dos siglos. Propugna que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarla; que, cuanto más pequeña es la dosis, mayores son sus efectos; y que cada paciente precisa de un tratamiento propio. En el último siglo, la medicina ha incorporado multitud de nuevos métodos de diagnóstico y tratamiento; pero la homeopatía sigue como en el siglo XIX, sin recibir el visto bueno de la ciencia. El estudio publicado en The Lancet constata, después de comparar 110 ensayos clínicos de preparados homeopáticos con otros 110 de medicamentos convencionales, que los primeros curan sólo por el efecto placebo, la fe del paciente en el producto y en quien se lo ha prescrito.
El efecto placebo es una variable con la que se cuenta antes de sacar al mercado cualquier fármaco. En los ensayos clínicos, se administra a una parte de los sujetos el nuevo medicamento y a otra, una sustancia inocua con la misma presentación. Ni el experimentador que la da ni el individuo que la recibe saben si lo que tienen entre manos es el fármaco o el placebo; es lo que se conoce como doble ciego y persigue que las expectativas de los participantes no contaminen los resultados. Por norma, un medicamento tiene que ser más efectivo que un placebo, algo que el equipo de Matthias Egger, de la Universidad de Berna, afirma en The Lancet que no sucede con los productos homeopáticos.
"Hay mucho que decir", apunta Juan Martín-Ballestero. El secretario de la FEMH, que agrupa a más de doscientos médicos que practican esta disciplina, sostiene que el error es de partida. "La homeopatía no tiene nada que ver con la medicina convencional y por eso los estudios clínicos son un fracaso". Este médico saca a relucir el viejo dicho de que no hay enfermedades, sino enfermos, y justifica la aparecente contradicción de que se elaboren preparados en serie para una supuesta terapia individualizada. "No es que cada persona tenga un medicamento. Se trata de buscar el más próximo en su similitud. En el caso de cien pacientes con dolores de cabeza, puede haber quince tipos de medicamentos que cubran al 80%".
Martín-Ballestero admite que resulta difícil de creer que una sustancia sea "energéticamente más potente" cuanto más diluida esté en agua, alcohol o lactosa, y que los fundamentos químicos de la homeopatía contradicen lo que él y sus compañeros estudiaron en la Universidad, ya que emplean disoluciones en las que no queda nada de sustancia curativa. "A partir de 12CH, no hay más que una energía difícil de comprobar", coincide Romero. "No queda nada; pero es que el agua tiene memoria. Las moléculas desaparecen, pero el medicamento funciona", mantiene el secretario de la FEMH.
"No puede haber ningún efecto farmacológico", afirma Juan Carlos López Corbalán, médico y doctor en Farmacia para quien en esta práctica "sólo hay placebo. La forma más fácil de demostrar su inutilidad es el suicidio homeopático". El año pasado, una veintena de científicos belgas lo promovió como protesta por que las aseguradoras del país incluyeran la homeopatía entre sus servicios médicos. Ingirieron en grupo una dosis infinitesimal -y, por tanto, muy potente, según los principios homeopáticos- de un cóctel de venenos: belladona, arsénico, veneno de serpiente... No les pasó nada.
Un agua muy humana
El biólogo marino Vicente Prieto cree que, "con la homeopatía, estamos hablando más de magia que de ciencia". Este científico recuerda que el agua no surge de la nada, sino que tiene un ciclo en el que pasa por la atmósfera, se filtra por las rocas, entra en contacto con miles de sustancias... Los homeópatas sostienen que la memoria del agua se activa cuando la agitan después de cada una de las sucesivas diluciones, y él se pregunta: "¿Es que sólo recuerda los buenos elementos que hemos echado en ella en un momento determinado?".
"Pensar que el agua tiene memoria y que, además, puede seleccionar aquello que más le conviene al enfermo resulta alucinante. Es concederle al agua memoria, bondad, conocimientos médicos e inteligencia. Si al agitar un vaso se activasen los compuestos con los que ese agua ha tenido contacto -incluidos venenos y productos radiactivos-, caeríamos fulminados tras beberlo", sentencia Prieto. "Los homeópatas sólo venden agua", dice el abogado Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico, asociación dedicada al análisis de las pseudociencias de la que Prieto también es miembro.
De ser real la memoria del agua, todos los controles de calidad carecerían de sentido, tanto en lo que se refiere a la potable como al agua de mar en la que se crían moluscos y peces. El líquido conservaría el recuerdo de las sustancias tóxicas empleadas en su potabilización y de todo tipo de microorganismos y metales pesados: "No importaría que en el momento del análisis no sobrepasara el límite de bacterias fecales; bastaría con que lo hubiera rebasado una vez en su historia", alerta Prieto.
El físico Carlos Tellería ya llegó a las mismas conclusiones que The Lancet en un informe sobre la homeopatía que preparó, junto a un colega y un médico, para la Generalitat catalana en 1996. Por eso no le ha sorprendido el duro editorial de la prestigiosa revista. "Por mucho que los resultados sean inmejorables, la tendencia a la hipertecnificación de la medicina no acaba de cubrir todas las necesidades del paciente. Cuando va al médico, la gente quiere que la curen, pero también que la escuchen, que atiendan sus necesidades emocionales. El homeópata puede dedicar una hora o más a cada paciente; eso no puede hacerse en la Seguridad Social. Si la homeopatía se integrara en la Sanidad pública, perdería su efectividad, ya que con consultas de minutos perdería el efecto placebo".
López Corbalán coincide en que gran parte del éxito de la homeopatía radica en que sus practicantes "dedican mucho tiempo y mucho interés a cada enfermo. Hay un amplio grupo de personas que necesita información y mucho mimo, más que un producto complejo. Es lo que hacen los homeópatas". Este médico llama la atención sobre el hecho de que la homeopatía suela centrarse en enfermedades "que no son graves, pero sí muy molestas. Yo les reto a que traten paradas cardiorrespiratorias, arritmias y procesos infecciosos". No da mayor importancia al hecho de que los despachos de farmacia vendan productos cuya efectividad no está probada: "Las farmacias son establecimientos sanitarios y comerciales. Hay algunas que venden agua magnetizada, gemas, pulseras magnéticas...".
"Un gran problema"
Valentín Romero calcula que "en España puede haber unos 1.500 licenciados en Medicina que practican la homeopatía; pero hay otras 10.000 ó 12.000 personas que no son médicos". Son estimaciones, porque no hay ningún censo. La Organización Médica Colegial (OMC) quiere poner orden en las llamadas medicinas alternativas y, con ese objetivo, ha creado un comité que dirige Cosme Naveda, presidente del Colegio de Médicos de Vizcaya. "Vamos a intentar regular el sector. Partimos de la premisa de que, para hacer un diagnóstico y prescribir un tratamiento, hay que ser licenciado en Medicina". El grupo de trabajo establecerá los mínimos de formación para ser considerado un experto en la terapia correspondiente y se enfrentará por último a lo que Naveda reconoce que será "un gran problema".
"A pesar de la realidad social, de la popularidad de este tipo de prácticas, ¿qué pasa si no hay pruebas científicas de su efectividad? ¿Las proscribimos? Si no funcionan, no podremos defenderlas. De hecho, no están incluidas en la medicina pública porque no han demostrado ser efectivas", admite el responsable del Área de Relaciones con las Terapias Médicas No Convencionales de la OMC, para quien el estudio 'The Lancet' ha sido "un bombazo, pero es bueno porque va a abrir una línea de trabajo dentro de la comisión".
Similitud, infinitesimal y personalizada
La preparación de un producto homeopático empieza con 1 gota de principio activo que se disuelve en 99 gotas de agua, alcohol o lactosa (1CH). Luego, se toma 1 gota de esa primera dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente elegido (2CH); seguidamente, se toma 1 gota de esa segunda dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente (3CH); y así, sucesivamente. Cada vez que se hace una dilución, se tiene que sacudir vigorosamente el preparado para hacerlo activo; es lo que se conoce como dinamización. Los homeópatas prescriben medicamentos de hasta 5.000CH, muy por encima de los 12CH en los que, según las leyes de la química, ya no hay ni una molécula de la sustancia original en el preparado. Entonces, ¿en que basarían su presunta efectividad los medicamentos homeopáticos? Según sus practicantes, en la memoria del agua, un misterioso fenómeno que confiere al líquido propiedades cuasimágicas.
La mala memoria del agua
Benveniste anunció en Nature en junio de 1988 que el agua es capaz de recordar la presencia de una sustancia disuelta en ella después de que no exista ni una molécula de esa sustancia. El biólogo aseguraba que su descubrimiento explicaba el funcionamiento de los preparados homeopáticos, en muchos de los cuales no hay ni rastro de principio activo. La dirección de la revista publicó el artículo sumida en la incredulidad. Después, un equipo de expertos -encabezado por John Maddox, el director de Nature- viajó hasta el laboratorio del científico, en el Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (Inserm) francés, y detectó graves fallos metodológicos en las pruebas, que invalidaban los resultados y los hacían irrepetibles. Además, descubrieron que varios miembros del equipo estaban pagados por los Laboratorios Boiron, la multinacional francesa de la farmacopea homeopática. Desde 1988, muchos científicos han intentado replicar los experimentos de Benveniste sin éxito.
Fuera del Inserm, el biólogo continuó con sus investigaciones, cuyos resultados publicaba cada vez en revistas menos importantes, y creó la empresa Digital Biology Laboratory. La firma estaba llamada a liderar la nueva industria farmacéutica, basada en un principio complementario del de la memoria del agua y también descubierto por Benveniste: que los recuerdos del líquido puede transmitirse por teléfono. Ya las farmacias no tendrían que almacenar los medicamentos homeopáticos; bastaría con que agua con memoria de la sustancia deseada transmitiera por teléfono su información desde el laboratorio indicado. El artículo en el que explicaba al mundo tan impresionante hallazgo, publicado en el Journal of Allergy and Clinical Immunology en 1997, le valió a Benveniste su segundo Ig Nobel.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
Sobre este blog
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Luis Alfonso Gámez
Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.
Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com
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