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31 Dic 2004

"Nada más casarse, Letizia quedará embarazada de una niña", auguraba en mayo Octavio Aceves. Ya en diciembre de 2003, el vidente argentino había adelantado que "la primogénita (de los Príncipes de Asturias) nacerá a los diez u once meses de la boda". Su colega Aramís Fuster decía, a principios de este año, que en el cuarto trimestre se anunciaría el embarazo de la Princesa. Han pasado siete meses desde el enlace y la figura de doña Letizia no ha sufrido cambios. No se puede decir que los brujos tengan mucha suerte con la vida amorosa real.

Aceves anunció hace cuatro años que don Felipe iba a dar pronto con su media naranja. "Este año el Príncipe conoce por fin a su novia, a la mujer de su vida. No sé si habrá boda en 2001, pero la cosa va en serio". En enero de 2002, indicó que la pareja del heredero no sería española, "sino más bien extranjera, probablemente centroeuropea, grandota y de cabello castaño, tirando a rubio". Y, en diciembre de ese mismo año, dijo que la boda se celebraría en 2004 y que la novia sería centroeuropea "o, por lo menos, noble". El año lo acertó -por fin-, pero con la Princesa no dio una: es asturiana, plebeya y divorciada.

"Yo dije que tendría aspecto centroeuropeo, no que lo fuera -se justificaba Aceves hace un año, sabedor de que las hemerotecas sólo acumulan polvo-. Y está claro que Letizia, por su físico, podría ser suiza". O italiana, o griega, o francesa, o inglesa, o estadounidense... Peor le fue, no obstante, a Fuster, quien a finales de 2002 también veía a don Felipe casado. "Eva Sannum nunca ha dejado de ser la novia del Príncipe, y la Casa Real no tardará en anunciar el compromiso de ambos", aseguraba la pitonisa, al tiempo que presagiaba otra boda: "Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles se casarán dentro de unos meses".

Ceguera política

Los adivinos españoles que hicieron predicciones para este año coincidieron en lo que parecía lógico hace doce meses: el PSOE seguiría en la oposición después del 14 de marzo. "El PP no renovará la mayoría absoluta en las próximas elecciones generales. Como no las tiene todas consigo, tendrá que hacer pactos con otras formaciones políticas", indicaba en enero el vidente vallisoletano Valentín Martínez después de consultar las cartas del tarot. "Volverá a ganar el PP -sentenciaba Aceves-. Gobernará Rajoy, pero será muy cuestionado". Los atentados del 11-M lo trastocaron todo, y cogieron a los augures con el paso cambiado: ninguno vio en la bola, las cartas o los posos del café el mayor atentado terrorista de la historia de España.

"Durante el año no habrá actuaciones terroristas espectaculares", vaticinaba hace un año Martínez, quien destacaba que "habrá mucho jaleo por el tema vasco, pero no se producirán acontecimientos dramáticos". "En España se llegará a acuerdos que propiciarán una mayor autonomía en el País Vasco y más estabilidad política en esa región del Norte", decía desde el otro lado del Atlántico el profesor Zellagro, un vidente cubano que se prodiga en la televisión en español en Estados Unidos. La captura en Francia de los jefes políticos de ETA no se intuyó en los astros.

El conflicto de Irak es otro cantar. "Continuará inestable, aunque mejorando sensiblemente su situación en comparación con los ataques terroristas del 2003", destacaba Zellagro, a quien los atentados desmienten un día sí y otro también. Y es que las guerras no suelen dárseles bien a los brujos. Aceves vaticinó, en diciembre de 2002, que la comunidad internacional, "después de lo sucedido en Afganistán, no consentirá que Bush declare la guerra a Irak". Terry y Linda Jamison, conocidos como los psíquicos gemelos, predijeron que soldados estadounidenses matarían a Sadam Hussein a principios de este año y que el Papa fallecería en junio.

La muerte de Juan Pablo II es un clásico de las predicciones, como la de Fidel Castro y, desde hace menos tiempo, las de Sadam Hussein y Osama bin Laden. Jean Charles de Fontbrune, el más famoso de los intérpretes de Nostradamus, anunció los funerales del Papa para 1986; Miguel Marín, el principio del fin del Pontífice para 1993; el mago tunecino Hassan Charni fechó su muerte en 1999, año en el que iba a abdicar, según Antonio Vázquez Alba, el brujo mayor de México... Aceves y Fuster anunciaron en 2002 "un cambio sucesorio inminente en el Vaticano". Algún año acertarán, como en el caso del compromiso del Príncipe, que el argentino ya veía claro en 1997.

Corazón, corazón...

El mundillo de la prensa rosa, del que algunos videntes son habituales, también les ha dado disgustos en 2004. Aceves no dudaba de cuál iba a ser una de las grandes noticias del año: "Asistiremos a la reconciliación de Fran (Rivera) y Eugenia (Martínez de Irujo). Y en la reconciliación tendrán otro hijo: un varón". Ni lo uno ni lo otro. Fuster vaticinó, además del reencuentro de la duquesa y el torero, la separación de los Beckham y la vuelta de Norma Duval con Marc Ostarcevic. Ningún augur alertó a Carmina Ordóñez del peligro que corría. Es lo habitual: no vieron lo que ha sucedido y lo que vieron no ha sucedido.

De ser ciertos sus poderes, los videntes podrían haber evitado decenas de miles de muertes previendo los atentados terroristas del 11-M en Madrid y el maremoto del Índico. ¿Pero cómo van a hacer algo así si fueron incapaces de adivinar que El castillo de las mentes prodigiosas -el reality show con brujos de Antena 3 TV- iba a ser un estrepitoso fracaso? Los adivinos aciertan aquello que parece evidente y aún así a veces fallan, como ocurrió con las elecciones generales o con el ascenso del Eibar a Primera División. Lo anunció la vidente donostiarra María José Abecens -"Leo la baraja gitana y me ha salido la mejor carta en las mejores posiciones"- cuando el Eibar estaba en el quinto puesto, a 4 puntos del líder de Segunda; acabó el campeonato el décimo, a 29 puntos.


"Son profesionales del embuste"

"Los adivinos hacen las predicciones anuales para atraer clientes a sus consultas", dice el divulgador científico Mauricio-José Schwarz. Este periodista, que sigue las hazañas de los brujos desde hace años, tiene claro por qué a veces aciertan cosas concretas: reescriben el pasado. "Anuncian que alguien de la realeza británica morirá en accidente. Pero no hace falta que sea así. Les basta con que haya un herido para que lo presenten como un acierto". Si no pasa nada, confían en que la gente no se acuerde.

El truco es hacer vaticinios vagos que puedan adaptarse después a la realidad. Decir que un equipo de fútbol hará una buena campaña, en vez de que ganará la Liga. Así, con que quede en un puesto digno, habrán atinado. "Son profesionales de la manipulación y del embuste. Si coges las predicciones de un año y las compruebas cuando acaba, verás que no aciertan más de lo esperable por azar", asegura Schwarz, quien tiene una web en la que disecciona los presuntos fenómenos paranormales.

La boda del Príncipe, la muerte del Papa o la de Fidel Castro son hechos que se profetizan repetidamente hasta que ocurren. "Lo importante es que la gente se dé cuenta de que los adivinos nunca prevén algo realmente importante. Lo que dicen nunca sirve para nada mientras que predecir el 11-M o el maremoto del Índico podía haber salvado muchas vidas". Pero el negocio continúa porque "a la gente le cuesta mucho creer que se pueda llegar a la desfachatez que tienen los profetillas".

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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05 Dic 2004

Está revuelto el mundo del misterio desde que se publicó el manifiesto Por el derecho a una información crítica, en el que se pide a los medios de comunicación rigor a la hora de tratar asuntos como el de las caras de Bélmez. Tanta rabia ha dado a los divulgadores de lo paranormal que hayan quedado en evidencia algunos de los suyos -la denuncia se centra en los integrantes de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP)- que han hecho piña y empezado a disparar contra los auténticos culpables, los cazadores de brujas, los inquisidores, los miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. En la madrugada del sábado y en replica a ésas y otras lindezas, llamé por teléfono al programa Enigmes i Misteris, que presenta Josep Guijarro en Radio 4, para indicar al presentador y a sus colaboradores que hasta en eso están confundidos.

ARP ha tenido muy poco que ver en la denuncia de un circo cuyos orígenes se hunden en la España profunda. El manifiesto fue una idea del periodista científico Mauricio-José Schwarz y el material que se adjuntaba -un número de El Escéptico Digital (EED) dedicado íntegramente a las caras de Bélmez-, una iniciativa personal de Vicente Prieto y Óscar David Sánchez. La verdad es ésta: Schwarz redactó un manifiesto, recogió firmas y las envió a los medios acompañadas del monográfico del boletín electrónico de ARP; pero ni Schwarz forma parte de la organización escéptica española ni Prieto ni Sánchez -directores del EED- hicieron lo que hicieron por indicación de alguien. Por eso resulta gracioso escuchar a Bruno Cardeñosa, Manuel Carballal, David Sentinella y otros decir que estamos ante una maniobra de ARP. No, no es así. El mérito es de los tres citados y de quienes han colaborado con sus artículos en ese número de EED; y así lo dije en el espacio radiofónico de Guijarro. Que ARP se haya beneficiado de ese trabajo con una presencia en los medios que no ha tenido en años no significa que haya hecho algo en este caso concreto.

Otra de las falsedades que soltaron en el programa me atañe personalmente: se me presentó como "peso pesado" de la organización escéptica española, cuando no soy socio de ARP desde el 31 de diciembre de 2002. Tampoco lo son Schwarz -me intentó convencer de ello Pedro Amorós, presidente de la SEIP, hace una semana- y Javier Cavanilles, el periodista que ha informado en El Mundo de las andanzas de los cazafantasmas. No ha habido ninguna conspiración de arpíos encubiertos; sólo una reacción de un colectivo harto de la falta de seriedad de los medios cuando abordan los llamados fenómenos paranormales. Más les vale a Carballal, Carceñosa, Guijarro y compañía informarse mejor sobre los asuntos terrenos ante de saltar a los de otros mundos.

Charlatanes al descubierto

La tormenta de Bélmez también ha sacado a la luz el nulo rigor de otros expertos en lo oculto. Acorralados por la falta de evidencia, Amorós e Iker Jiménez han dejado claro que las investigaciones de las que tanto alardean se limitan a ir al lugar de los hechos, hacerse fotos y luego escribir artículos y libros sensacionalistas. "No hay nada que pueda demostrar ni la paranormalidad del asunto ni la falsedad del asunto", admitió Amorós en Enigmes i Misteris, tras ser preguntado por Guijarro sobre la existencia de pruebas científicas a favor o en contra del misterio. Si no hay nada que pueda demostrar la paranormalidad, ¿qué tienen de extraordinario las caras de Bélmez para que él lleve dando la murga tanto tiempo?

Jiménez, quien está intentando por todos los medios que el descrédito del presidente de la SEIP no le salpique, pide ahora análisis científicios para saber si lo de Bélmez es una estafa o hay algo más. Hace falta cara dura. ¿Es que no fue él quien dictaminó, en Enigmas sin resolver (1999), sobre Bélmez que "ningún fenómeno paranormal tuvo ni tendría jamás tantas pruebas a su favor"? ¿Acaso no fueron él y Luis Mariano Fernández quienes compararon los rostros de cemento y los de cinco parientes de María Gómez Cámara muertos en la Guerra Civil y concluyeron que se correspondían? ¿Es que Jiménez no analizó la naturaleza de las figuras antes de ponerse a lucubrar sobre los allí retratados y vendernos su investigación en el libro Tumbas sin nombre (2003)? ¿Es que no fue él quien aprovechó el fallecimiento de la mujer para darse un baño de masas en Bélmez?

Es hora de desempolvar libros y revistas, de ver lo que dijeron y lo que dicen los fabricantes de paradojas que -como Jiménez, Amorós y otros- han vendido el de Bélmez durante años como el mayor misterio de la parapsicología española. Están en fuera de juego y ellos lo saben.

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29 Nov 2004

Las caras de Bélmez son un fraude, según un manifiesto suscrito por 250 científicos españoles. Los firmantes niegan el misterio y ponen en entredicho la credibilidad de Pedro Amorós, presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP). Amorós es el principal valedor del enigma desde la muerte en febrero de María Gómez Cámara, la dueña de la casa de Bélmez de la Moraleda (Jaén) en cuyo suelo de cemento aparecen figuras desde 1971."Nos parecía increíble que se considerase el mayor misterio de la historia de la parapsicología española", dice Vicente Prieto. Él y Óscar David Sánchez dirigen El Escéptico Digital, el boletín electrónico en el que una docena de autores desmonta el enigma. El escritor Mauricio-José Schwarz tuvo la idea de difundir el dossier, acompañado de un manifiesto en el que se pide a los medios que contrasten la información sobre sucesos paranormales.

Después de décadas arrinconado en la prensa esotérica, el misterio resucitó tras el fallecimiento de María Gómez Cámara. Oleadas de turistas llegaron a Bélmez al reclamo de programas de radio y televisión llenos de fantasmas, que se emitían desde la localidad. La alcaldesa, María Rodríguez, anunció que iba a convertir la casa en un centro de interpretación; pero el precio del inmueble se disparó.

Los miembros de la SEIP certificaron la persistencia de las caras y, en septiembre, la aparición de otras nuevas en la casa natal de la fallecida. Schwarz cree que las figuras simplemente se mudaron a una casa más barata, haciendo posibles los sueños de la regidora y dando una "válvula de escape a un pueblo económicamente deprimido" en el que el turismo paranormal es agua de mayo.

El parapsicólogo Francisco Máñez acusó entonces a la SEIP de fraude: "A Pedro Fernández y Pedro Amorós les enseñé un método para fabricar falsas teleplastias, lo usaron y obtuvieron lo que se esperaba". Se empapa el suelo de cemento con agua y aceite, se deja secar y después se remarcan los contornos que pueden semejar figuras. "Hay muchas maneras de hacerlas, pero esto garantiza su pervivencia", asegura Fernando L. Frías, uno de los autores del informe y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

Amorós admite que su grupo limpió el suelo de la nueva casa con un balde con 2 litros de aceite y 20 de agua. "Lo hidratamos para que destacara algo que estaba ahí, pero no dibujamos nada". La SEIP defiende la autenticidad de las viejas caras y afirma que la investigación de las nuevas está abierta. Frías y Schwarz sospechan que todo empezó como una broma entre vecinas a partir de una mancha de grasa y, con el paso del tiempo, se sumaron diferentes pintores. "Basta un suelo de cemento, agua y aceite", dicen.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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28 Nov 2004

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un producto escéptico made in Spain. El último número de El Escéptico Digital (EED), dedicado integramente al fenómeno de las caras de Bémez, es una demostración palpable de que sólo hacen falta ganas de hacer las cosas. Cuando Vicente Prieto y Óscar David Sánchez cogieron el relevo de Pedro Luis Gómez Barrondo al frente del boletín electrónico de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, no lo tenían fácil. Menos de un año después, han dejado claro que van a más y que cabe esperar de ellos grandes cosas. Porque, si bien es cierto que ninguno de los textos incluidos en este número especial del EED -el 19º de la nueva etapa- resulta magistral, no lo es menos que entre todos dibujan un escenario esclarecedor para el lector interesado seriamente en los sucesos que ocurren en Bélmez de la Moraleda y en el rentable circo paranormal que se ha montado después de la muerte de María Gómez Cámara, la dueña de la casa de las caras, con Pedro Amorós como jefe de pista. Y es otra cosa que hay que agradecer, que tantos autores tan diferentes se hayan unido para intentar ayudarnos a entender lo que sucede en el pueblo jienense, que Javier Armentia, Ricardo Campo, Fernando L. Frías, Gerardo García-Trío, Mauricio-José Schwarz y otros hayan dedicado parte de su valioso tiempo a explicarnos lo que pasa allí. Son 48 páginas que se leen de una sentada y dejan la misma agradable sensación que un buen libro. Tan bueno como eso es que el magnífico trabajo de Prieto, Sánchez y los colaboradores de EED -en especial, del inagotable y siempre recomendable Schwarz- ha supuesto la reaparición en un medio de comunicación de ámbito nacional de la organización escéptica española después de un año de inquietante letargo, a pesar de las numerosas oportunidades para saltar a la palestra que ha ofrecido el escenario paranormal ibérico. Ahora sólo hace falta que cunda el ejemplo y que la lección no caiga en saco roto.

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16 Mar 2004

La Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda estudian la apertura de un centro de interpretación de la denominada Casa de las Caras. Más de treinta años después de la aparición del primer rostro en la cocina de la recientemente fallecida María Gómez Cámara, la Administración va a tomar cartas en el misterio parapsicológico del tardofranquismo. ¡Ojalá no sea únicamente para la explotación turística del presunto fenómeno paranormal! ¡Qué magnífica oportunidad para que un grupo de investigadores estudie por fin las caras de Bélmez con todas las garantías científicas! Supongo que las instituciones andaluzas no se negarán a ello y, por fin, podremos saber la verdad.

Que nadie me entienda mal. Lo lógico es pensar que estamos ante unas caras pintadas; lo lógico, también, sería que contáramos desde hace tiempo con unos análisis que nos dijeran con qué se dibujaron. No he visto ni una prueba de que en Bélmez suceda algo remotamente enigmático -de ahí que el fenómeno nunca me haya interesado- y sí he leído muchas historias fantásticas, sobre todo en los últimos años. La última, la que cuentan, en Tumbas sin nombre (2003), Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández, quienes se apoyan en el hipnólogo de feria Ricard Bru para relacionar un trágico episodio de la Guerra Civil con el fenómeno del pueblo jienense. Estos dos reporteros del misterio mantienen que varias de las caras corresponden a familiares de María Gómez Cámara muertos en la contienda española. El problema es que el análisis comparativo que exponen de los rostros de cemento y de los de cinco parientes de la mujer sólo puede contentar a alguien muy ingenuo, dado que los autores admiten que en unos casos han manipulado las dimensiones de la cara dibujada en el cemento, en otros han invertido horizontalmente la imagen y en algunos han hecho ambas cosas. Para mí, han jugado con los datos hasta que han encajado con los resultados deseados, como hicieron los miembros del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP) en el estudio informático de la sábana santa que hicieron en los años 70 del siglo pasado. Pero estoy dispuesto a cambiar de opinión si un perito libre de los crédulos prejuicios del elegido por esos dos escritores llega a idénticas conclusiones a partir de un análisis comparativo de las mismas fotos.

Dar carpetazo al asunto de Bélmez está sólo al alcance de escépticos. Quienes apuestan económicamente por lo paranormal no lo van a hacer. Sería como tirar piedras a su propio tejado. Ya lo dijo Juan José Benítez en el último episodio de Planeta encantado: "Después de treinta años de investigación, he aprendido que los enigmas no deben ser desvelados. Sólo así podemos seguir soñando". ¿Cuántos enigmas han resuelto las firmas estrella de las revistas esotéricas en sus ya largos años de exclusivas mundiales? Ninguno. ¡Pero si hasta afirman creer en el misterio del Triángulo de las Bermudas y que Uri Geller tiene poderes paranormales! En Bélmez, hacen falta análisis rigurosos, serios, no pseudoinvestigaciones aptas sólo para publicarse en revistas como Más Allá y Enigmas, como la capitaneada hace unos años por el jesuita José María Pilón. La incógnita es si las autoridades andaluzas lo permitirán y si los escépticos interesados en este fenómeno agarrarán, de una vez, el toro por los cuernos.

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04 Feb 2004

María Gómez Cámara, vecina de Bélmez de la Moraleda, murió ayer en un hospital de Jaén. El fallecimiento de esta mujer de avanzada edad de un pequeño pueblo jienense es noticia porque era la propietaria de la casa en cuya cocina apareció el 23 de agosto de 1971 la primera de las famosas caras de Bélmez, rostros en el suelo de cemento que se consideran el mayor misterio de la parapsicología española. Nunca he estado en Bélmez y nunca he visto pruebas de que allí pasara algo sobrenatural, a no ser que consideremos pruebas las simples afirmaciones de los expertos en lo paranormal. Quienes sí visitaron la localidad fueron Gabriel Naranjo y Félix Ares, miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, el 26 de diciembre de 1986. El presunto misterio no les impresionó. "Estaba claro que se trataba de un fraude. Las caras eran muy simples. Las podía pintar un niño", me indicaba Naranjo por teléfono hace unas horas.

Seis meses después de aparecer la primera noticia en el diario Ideal, de Granada, se desmontaba el enigma en las páginas de Pueblo: unos químicos habían conseguido duplicar las caras con cloruro y nitrato de plata. La explicación no satisfizo a los parapsicólogos, quienes, capitaneados por Germán de Argumosa y el alemán Hans Bender, la ignoraron y se lanzaron a fantásticas teorías. Mientras tanto, Bélmez se convertía en una especie de Lourdes de lo paranormal adonde llegaban cientos de personas cada día y hasta 10.000 algún fin de semana. Naranjo no considera la posibilidad de que María Gómez Cámara -una mujer con problemas de movilidad - fuera la autora de las pinturas. "No creo que las hiciera ella, aunque se beneficiaba de ellas. Nunca cobró por enseñarlas; pero siempre se le daba la voluntad. Yo le di 400 pesetas".

La familia no se hizo rica, pero sí que sacó un dinero por las caras. Astrólogos, parapsicólogos, videntes y médiums tomaron al asalto la vivienda. A las propinas de los estudiosos y los curiosos, se sumó en los primeros meses un improvisado negocio montado por Juan Pereira, el marido de María Gómez Cámara. El hombre y un fotógrafo vendían imágenes de los rostros a 15 pesetas la unidad: 10 para Pereira y el resto para el profesional. En febrero de 1972, ya habían vendido 10.000 fotografías, según datos publicados por el diario El Alcázar y recogidos por Manuel Martín Serrano en su libro Sociología del milagro. Las caras de Bélmez (1972). En marzo, la revista Lecturas cifraba los ingresos de la familia en más de 250.000 pesetas. Súmese a eso el dinero que dejaban los visitantes en los comercios locales y se entenderá porque el fenómeno fue una bendición para un pueblo de unos 2.200 habitantes. Años después, cuando el temporal de las caras había amainado y únicamente se acordaban de ellas los autores esotéricos, la mujer -ya viuda- intentaba sacar dinero a los periodistas que visitaban su casa.

Dos de las caras que podían verse en casa de María Gómez Cámara en diciembre de 1986. Foto: Gabriel NaranjoGabriel Naranjo y Félix Ares vieron, en la cocina de la casa de María Gómez Cámara, el rostro de Francisco Franco, entre otras caras. Y en 1990 la ridiculez del fenómeno alcanzó cotas de revista del corazón cuando se identificó una de las figuras como Isabel Preysler. Los expertos del misterio seguían, mientras tanto, a lo suyo. Pedro J. Fernández, coordinador en Murcia de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), recordaba hace poco más de un año en Enigmas Express (Nº 31, Noviembre 2002) que "la historia certifica el desvanecimiento de las formaciones durante el internado de María en el hospital de Jaén" por siete días. Sin embargo, era incapaz de deducir lo obvio -que ella dibujaba las caras o colaboraba decisivamente en la tarea- y abogaba porque la mujer era el canal psíquico elegido por "una inteligencia desconocida" que estaba mandando mensajes a través de las caras.

Ahora, los aficionados al misterio se preguntan si, tras la muerte de María Gómez Cámara, el fenómeno desaparecerá para siempre. "Las caras son un negocio para el pueblo de Bélmez. Por eso creo que no van a desaparecer", argumenta Gabriel Naranjo, quien recuerda lo que decían en 1986 los habitantes de los pueblos vecinos: "En Jódar y Huelma, nos comentaron que Bélmez era el pueblo de los caras. Así, en masculino".

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25 Ene 2004

Los científicos que lo han examinado en los últimos años no han dado un veredicto definitivo sobre el mapa Vinland: para algunos, se trata de la única cartografía anterior a Cristóbal Colón en la que aparece América; para la mayoría, de una falsificación del siglo XX. Jacqueline S. Olin, de la Institución Smithsoniana, ha publicado un artículo en Analytical Chemistry, revista de la Sociedad Americana de Química, en el que defiende que la tinta del manuscrito es medieval, en oposición al trabajo de dos químicos de la Universidad de Londres que llegaron hace poco más de un año a la conclusión de que es posterior a 1923.

La polémica sobre la autenticidad del mapa Vinland se remonta a mediados de la década de 1950, cuando apareció en Europa de la noche a la mañana -nada se sabe de su historia anterior- y fue adquirido por un millón de dólares por el magnate estadounidense Paul A. Mellon, quien lo donó a la Universidad de Yale, su actual propietaria. El manuscrito está valorado, si no es una falsificación, en más de 20 millones de euros. En el mapa, están representadas Europa, África, Asia y lo que parece la península del Labrador o la isla de Baffin o la de Newfounland. El manuscrito incluye una leyenda en la que se dice que, hacia el año 1000, Leif Eriksson, hijo de Eric el Rojo, descubrió "una nueva tierra" a la que llamó Vinland en honor a su fertilidad y a sus vinos. De ser auténtico -algo que mantiene una minoría de expertos, supondría que los navegantes escandinavos cartografiaron América siglos antes de Colón, quien supuestamente habría conocido el manuscrito y se habría guiado por él en su búsqueda de las Indias Occidentales. ¿ANTERIOR A COLÓN? El mapa Vinland, con parte de la costa atlántica norteamericana en su extremo izquierdo. Foto: Universidad de Yale.

Investigadores de la Universidad de Arizona, el Laboratorio Nacional Brookhaven y la Institución Smithsoniana cortaron, en febrero de 1995, un pequeño trozo de un margen del pergamino para someterlo a la prueba del carbono 14. Este método de datación, inventado por Willard F. Libby (1908-1980), sirve para establecer la antigüedad de objetos arqueológicos de materia orgánica. Dado que el mapa Vinland -de 27,8 por 41 centímetros- tiene un valor de unos 20 millones de euros, el fragmento empleado en el estudio -una tira de 7,5 centímetros de longitud y 28,8 miligramos de peso- podría costar unos 40.000 euros.

De su análisis, los científicos concluyeron, en el artículo que publicó en agosto de 2002 la revista Radiocarbon, que el pergamino data de 1434 ±11 años, antes de la llegada de Colón a América. "A pesar de que estos resultados por sí mismos no demuestran que el mapa sea auténtico, sí son una importante nueva prueba que han de tener en cuenta aquéllos que mantienen que es un fraude y carece de valor cartográfico", indicaba entonces uno de los autores, el químico Garman Harbottle, para quien, si se trata de un engaño, quien lo perpetró fue sumamente hábil. "Muchos estudiosos están de acuerdo en que el mapa Vinland es auténtico, en que es la primera representación cartográfica de Norteamérica y su antigüedad, clave para determinar el conocimiento que tenían los europeos de la épocas de las tierras que bañaban el Atlántico occidental", añadía Olin, una de las coautoras del trabajo.

Si bien el pergamino puede datar de la primera mitad del siglo XV, los autores de otro estudio que vio la luz también en agosto de 2002, en Analytical Chemistry, sentenciaban que el mapa en sí no tiene ni siquiera un siglo. Las conclusiones de los químicos Robin Clark y Katherine Brown, de la Universidad de Londres, son las mismas a las que llegó en 1987 el prestigioso microanalista forense Walter McCrone, fallecido el 10 de julio de 2002: la tinta contiene anatasa, una forma de dióxido de titanio que no se sintetizó hasta 1917, que no se da en tintas anteriores a 1923 y que es muy rara en la naturaleza. "Es la prueba definitiva de que el mapa se dibujó después de 1923", dijo Clark. Olin afirma ahora, en Analytical Chemistry, que no, que la anatasa del mapa Vinland tiene un origen medieval, algo que sólo ella mantiene.

Una hipótesis que se baraja desde hace un par de años es que el autor de la cartografía fuera el jesuita alemán Josef Fischer. Promueve esta idea la historiadora noruega Kirtsen A. Seaver. "Parece muy plausible. Pudo ser arrogancia intelectual o simplemente un juego, pero él estaba en el lugar idóneo, en él momento idóneo y disponía de la información necesaria. Todo cuadra", decía Robert W. Karrow, conservador de colecciones especiales y mapas de la Biblioteca Newberry, de Chicago, en The New York Times el 14 septiembre de 2002. Fischer era un estudioso convencido de que los vikingos habían llegado a América antes que Colón -publicó un libro sobre el tema en 1902- y que llegó a escribir un artículo sobre mapas falsos del Renacimiento.

La apasionante historia del jesuita incluye a los nazis -Seaver mantiene que Fischer no pudo aguantar el uso propagandístico que hacían de la historia vikinga-, una subasta de principios de la década de 1930 en la que salieron a la venta dos libros del siglo XV -comprados por Mellon junto al mapa en 1957, uno de ellos ha llegado incompleto hasta nosotros y sería el origen del pergamino- y el texto de la esquina izquierda superior del manuscrito, en el que queda claro que el descubrimiento del Nuevo Mundo es cristiano: "Eric, legado del Observador Apostólico y obispo de Groenlandia y las regiones vecinas, llegó a esta verdaderamente inmensa y muy fértil tierra, en el nombre Dios Omnipotente...". Seaver sostiene que el jesuita consiguió los dos libros del siglo XV hace setenta años y desmontó parte de uno para conseguir la materia prima. "Si está en lo correcto, está cerca de la pistola humeante", ha sentenciado Peter Barber, responsable de la colección de mapas de la Biblioteca Británica.

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19 Ene 2004

"Después de treinta años de investigación, he aprendido que los enigmas no deben ser desvelados. Sólo así podemos seguir soñando", dice Juan José Benítez al final del último episodio de Planeta encantado. Después de trece documentales en los cuales ha dado sobradas muestras de sus conocimientos históricos y de su altura ética, el autor de Caballo de Troya cierra su aventura en Televisión Española (TVE) con una frase que resume a la perfección la filosofía que le mueve. Porque, si algo no puede hacer Benítez, es resolver enigmas. Y no por incapacidad, sino porque sería como matar la gallina de los huevos de oro: cuando uno come del misterio, investigar de verdad -no ponerse un chaleco de aventurero y posar para la foto en el sitio de rigor- es tirar piedras sobre el propio tejado. De ahí que las revistas esotéricas no se caractericen precisamente por responder preguntas, sino más bien por inventarse interrogantes sin sentido. Eso ha hecho Benítez en Las esferas de los dioses, la entrega que cierra por el momento su aventura en la TVE del PP, y eso hizo en los anteriores episodios de la serie producida por DeAPlaneta.

Planeta encantado se estrenó con un viejo misterio inexistente, el de las piedras de Ica, y se ha despedido con otro presunto puzle arqueológico que no es tal, el de las esferas de piedra de México y Costa Rica. Supe de este enigma por primera vez cuando protagonizó la portada del número 26 (agosto de 1978) de Mundo Desconocido, la primera revista esotérica que compré y que todavía conservo. Hace veintiséis años, la historia de las bolas de piedra la explotaba Erich von Däniken, quien mezclaba en el reportaje unas de origen natural con otras que parecían de manufactura humana. Lo mismo hace Benítez en Las esferas de los dioses, donde une, en el altar del misterio, las bolas de piedra mexicanas y las costarricenses.

El ufólogo aboga por la artificialidad de las esferas norteamericanas -"obras gigantescas más propias de dioses que de titanes"-, que se encuentran en la sierra de Ameca, en el Estado de Jalisco, y a las cuales los geólogos atribuyen un origen volcánico. Pero, como es habitual, él sabe más que los científicos: "Las explicaciones de geólogos y vulcanólogos no son consistentes", dice tras medir con un metro vulgar y corriente algunas de las bolas. Todo el documental -incluida la segunda parte, dedicada a las esferas de Costa Rica- raya en lo ridículo cuando muestra al novelador haciendo chapuceras mediciones y hablando de "milimétrica perfección", diciendo que se trata piedras de "perfecta esfericidad" y de "un pulido exquisito, casi imposible", muchas veces junto a ejemplos de todo lo contrario. "Los científicos, una vez más, han intentado descafeinar la realidad", sentencia respecto al origen natural de las esferas mexicanas. Él no lo hará jamás: él ha hecho pasar un montaje de estudio de animación por una película grabada por los astronautas en la Luna. Sin embargo, para su desgracia, las esferas de Jalisco son naturales, al igual que otras de menor tamaño que hay en Nuevo México, Estados Unidos. No ocurre lo mismo con las costarricenses; ahí, el problema es otro.

He dicho antes que el puzle arqueológico que presenta Benítez "no es tal" porque une las bolas naturales de México con las de Costa Rica, reconocidas como obra de los indígenas por los arqueólogos. John W. Hoopes, antropólogo de la Universidad de Kansas, mantiene un interesante sitio en el que desmonta el misterio que inventó en su día Von Däniken y que ahora Benítez ha revendido a TVE. Dice el científico que las bolas de Costa Rica están en peligro, que muchas han sido movidas de su emplazamiento original -lo que dificulta cualquier estudio arqueológico-, que sólo un puñado están en el sitio en el que las colocaron sus creadores y que algunas han sido voladas por los lugareños en la creencia de que escondían tesoros en su interior.

Benítez no cuenta, sobre las bolas de piedra de Costa Rica, nada que se ignore, como no lo ha hecho en ningún documental de la serie e intenta meter lo increíble de por medio, como siempre. "¿Se trata de mapas celestes? ¿Indican la posición de las estrellas? Hasta hoy, que yo sepa, nadie ha profundizado en esta sugerente posibilidad. Algunos nativos a quienes consulté me hablaron de algo mucho más fantástico. Según la tradición heredada de sus ancestros, estas esferas son poderosos centros de energía, una especie de focos que irradian fuerza y bienestar, y que afectan a la vitalidad y salud de personas, animales y plantas", indica el periodista. También apunta la verosimilitud de las ideas del atlantófilo Ivvar Zapp, quien mantiene que estamos ante una especie de mapas para navegantes, algo a lo que los historiadores conceden tanto crédito como a la presencia de Jesús en el Coliseo romano; aunque Benítez tiene una explicación mejor. Tras señalar que las esferas tuvieron que ser hechas por "una cultura con un alto grado de evolución mental y material, un pueblo con una especial sensibilidad y un notable sentido de la abstracción". Y se pregunta: "¿De dónde llegó esa sabiduría? ¿Por qué los nativos repiten una y otra vez que son creación de los dioses que bajaron del cielo?".

El director de Planeta encantado vuelve a preferir a los extraterrestres que a unos antepasados nuestros como autores de algo que le maravilla. La arqueología no sabe para qué se hicieron las bolas de piedra de Costa Rica, que datan de antes del Descubrimiento y de las que se han hallado muestras asociadas a restos materiales de las culturas locales. (Lean a Hoopes, que explica muy bien el estado de la cuestión y desmonta las tesis esotéricas, incluida la de la gran perfección que Benítez repite hasta la saciedad.) Pero que no se sepa algo no da carta blanca para decir sandeces, que es lo que hace el reportero de lo paranormal al hablar de los extraterrestres como origen del conocimiento para hacer estas piedras. El autor navarro vuelve a incurrir en ese pecado al que tan proclives son los amantes de la arqueología fantástica: otorgar la autoría de las grandes obras no europeas a seres de otros mundos o a inexistentes civilizaciones desaparecidas. Es una lástima que TVE haya seguido el juego a este inventor de misterios y haya sido, indirectamente, tan poco respetuosa hacia unos humanos que hoy son antiguos, pero nunca fueron tontos. La Historia demuestra, entre otras cosas, que el ingenio humano no es patrimonio del hombre actual.

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15 Ene 2004

Ni se grabó en el Mar de la Tranquilidad en julio de 1969, ni está protagonizada por Neil Armstrong y Buzz Aldrin, ni ha salido de ningún archivo secreto de la NASA. La película presentada en Televisión Española (TVE) por Juan José Benítez, como prueba de que los astronautas estadounidenses descubrieron una base extraterrestre en ruinas en la Luna, es obra de un estudio de animación vasco. Se rodó en Irún (Guipúzcoa) en 2001 en las instalaciones de Dibulitoon Studio SL, donde también se crearon los moais volantes y la nave y los extraterrestres de Los Villares (Jaén). Las imágenes de la falsa edificación lunar, al igual que las de las estatuas voladoras pascuenses y la de la aparición alienígena andaluza, fueron encargadas a Dibulitoon Studio SL por Benítez, según ha podido saber Magonia. La diferencia estriba en que, en el episodio titulado Mirlo rojo, el director de Planeta encantado encajó la animación lunar como si de un documento real se tratara, incluida la más que engañosa sobreimpresión de la leyenda "Imágenes inéditas". Dibulitoon Studio es la productora de El ladrón de sueños, nominada en 2001 al Goya a la Mejor Película de Animación.

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07 Oct 2003

Javier Cabrera Darquea fue el heredero de los Picapiedra, el guardián del "más revolucionario y antiquísimo mensaje de que tenemos noticia" [Benítez, 1975]. El texto está grabado en más de 15.000 piedras de diversos tamaños que el médico peruano tenía apiladas en tres habitaciones del centro-museo de Ica, como pomposamente llamaba a su casa. Los cantos rodados de Cabrera son el único vestigio de un pasado remoto en el que el hombre cazaba dinosaurios, realizaba complejas operaciones quirúrgicas, surcaba los cielos a bordo de aves antediluvianas y escrutaba el firmamento a través de telescopios. Las piedras de Ica son, para algunos, el "más importante descubrimiento de esta humanidad". Su propietario estaba convencido de que demuestran que la Tierra albergó una avanzada civilización en el Mesozoico.

Todo empezó en 1966, cuando el médico recibió de un amigo "una pequeña piedra de color, en la que aparecía un extraño pájaro". El pisapapeles atrajo la atención de Cabrera, quien llegó a la conclusión de que el ave era un pterosaurio, representante de un grupo de reptiles voladores extinguido hace 65 millones de años. Preguntó a su amigo dónde había conseguido el pedrusco y éste le dijo que los grababan los campesinos de Ocucaje, un poblado próximo a Ica. Intrigado, consiguió dar poco después con los indígenas que vendían los cantos grabados y empezó a comprar todas las piedras que ponían ante sus ojos. Descubrió que los guijarros que le proporcionaba masivamente Basilio Uchuya podían ordenarse en series.

Una civilización tecnológica en el Mesozoico

Nueve años después, la biblioteca lítica estaba compuesta por cerca de 11.000 ejemplares, que constituían "la más estremecedora, rotunda y completa prueba de la existencia de otra civilización que pobló el planeta" en la época de los dinosaurios [Benítez, 1975]. Entonces, apareció en escena Juan José Benítez, reportero del rotativo bilbaíno La Gaceta del Norte. El periodista se sintió cautivado por Cabrera y por unas piedras que demostraban unos conocimientos "que han hecho palidecer nuestra soberbia civilización". Así, aprendió que de los huevos de dinosaurio salían larvas, que luego sufrían una metamorfosis -cual gusano de seda- y se convertían en tiranosaurios, brontosaurios o triceratops. Así, se sintió maravillado por los conocimientos médicos de los terrestres antediluvianos, capaces de realizar trasplantes de corazón, riñón, pulmón, hígado... y hasta cerebro. Así, supo que la desaparición de los lagartos terribles había sido causada por los hombres gliptolíticos -como llamaba Cabrera a los productores de piedras- y el choque contra nuestro planeta de dos de sus tres satélites, que provocó a su vez el hundimiento de Atlántida. Así, se enteró de que aquella civilización no sólo conocía la aviación, sino también de que había abandonado la Tierra en dirección a las Pléyades poco antes del cataclismo. Y el intrépido reportero volvió a España dispuesto a difundir a los cuatro vientos lo que con el tiempo se convertiría en uno de sus misterios favoritos.

Los hombres gliptolíticos eran, según los grabados, pequeños seres cabezones de largas narices, que sólo vestían taparrabos y cubrían sus cráneos con tocados de plumas. A pesar de ser capaces de realizar complicadas intervenciones quirúrgicas, los cirujanos mesozoicos ni usaban guantes ni cubrían sus rostros con mascarillas. Exploraban el cielo con telescopios, volaban a bordo de pájaros mecánicos y viajaban a otros planetas; pero, cuando declararon la guerra a los dinosaurios, lo hicieron sólo armados con primitivas lanzas y cuchillos. Su civilización fue planetaria y construyó las pirámides de Egipto "para captar la energía electromagnética", explicaba Cabrera. Los egipcios, aseguraba el médico, "carecían de los necesarios medios técnicos para mover y levantar una gran obra como la pirámide de Keops" [Benítez, 1975]. Sin embargo, ni en las pirámides aparecen enanos con tocados de plumas ni se han encontrado piedras similares a las de Ica en ningún otro rincón del planeta.

Fernando Jiménez del Oso cree que "hasta lo aparentemente absurdo puede ser realidad, y las piedras de Ica son una buena prueba de ello" [Jiménez del Oso, 1989a]. El visionario psiquiatra es capaz de justificar lo injustificable, hasta el uso de hachas y puñales en la caza de dinosaurios. "Tal aparente incongruencia -dice- puede explicarse de varias formas; entre otras, la muy simple de que una cultura que evoluciona en lo técnico no ha de recorrer forzosamente el mismo camino que otra, en tanto que los descubrimientos más significativos suelen deberse a la casualidad. De igual manera, también podría estarse aludiendo a un deporte o a un rito, tan discrónico como pueda ser hoy matar toros con un estoque cuando se dispone de ametralladoras" [Jiménez del Oso, 1989b; 23]. El fabricante de misterios pasa por alto que Cabrera describe la masiva matanza de dinosaurios como una guerra a muerte entre humanos y reptiles, en la que lo lógico hubiera sido que el hombre gliptolítico hubiera utilizado potentes armas y no cuchillos, hachas y lanzas.

La Tierra mesozoica del médico peruano no tiene nada que ver con la de la geología. El mundo de Javier Cabrera incluye Atlántida y Lemuria, y la consiguiente catástrofe planetaria. En el caso de las piedras de Ica, el cataclismo se produce al chocar contra el planeta dos de sus tres lunas. Benítez ha reivindicado la figura de Cabrera como precursor de la teoría científica según la cual la caída de un meteorito provocó la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años [Benítez, 1994]. El escritor afirma que el coleccionista de piedras se anticipó en años a Luis y Walter Álvarez, pero eso es mentira (1). El novelista mezcla churras con merinas para confundir a sus lectores y dar credibilidad a los disparates de Cabrera, quien dice que la caída de dos lunas -nunca de un meteorito- "contribuyó a la anulación del mecanismo reproductor de los reptiles". En lo único en lo que es precursor el médico es en llevarse la leyenda de Atlántida hasta la época de los dinosaurios y en poblar la Tierra de enanos narigudos, cuya avanzada civilización tampoco lo debía de ser tanto cuando dejó su mensaje toscamente plasmado en piedras.

Curiosamente, los guijarros con grabados más realistas son los que hacen referencia a los logros médicos de la civilización mesozoica. "Tal realismo en el dibujo de órganos como el corazón -dice Javier Sierra, director de la revista Más Allá-, no volveremos a encontrarlo en ninguna de las demás piedras, lo que ha hecho que no pocos sospechen que, puesto que Cabrera es médico, fuera él mismo quien mandara tallar esa serie desconcertante volcando en ella sus propias ideas" [Sierra, 1994]. Según comprobó el ufólogo turolense en marzo de 1994, hace unos diez años comenzaron a aparecer cantos rodados en los que se advierte de la promiscuidad homosexual como factor de riesgo a la hora de contraer enfermedades, como el sida, que debilitan el sistema inmunológico.

Grabados por encargo

"Entre los huaqueros de los alrededores de Lima (2), se dice que si le informas de tu profesión al médico de Ica, se excusará durante quince minutos y podrás escuchar el ruido de su torno de dentista en una habitación trasera antes de que regrese de las profundidades de su museo con una piedra tallada, que, por una extraña y en cierto modo artificial coincidencia, presenta un dibujo de alguien de un distante pasado ejerciendo tu profesión" [Randi, 1982]. La ironía de James Randi refleja lo que los arqueólogos saben desde hace años, que los indígenas del poblado de Ocucaje se sacan un dinero vendiendo a Cabrera y a los turistas piedras grabadas por ellos mismos.

Basilio Uchuya, Pedro Huamán, Aparicio Aparcana e Irma Gutiérrez, entre otros, han reconocido en repetidas ocasiones ser los fabricantes de los guijarros. Uchuya confesó en 1975 que llevaba diez años grabando piedras para Cabrera y aseguró que copiaba los motivos de revistas ilustradas. En aquel entonces, ni siquiera suscitó suspicacias en Benítez el hecho de que el campesino tuviera en su choza más de una veintena de pedruscos "idénticos a muchos de los que había visto pocas horas antes en el museo de Javier Cabrera". Lo único que le sorprendió es que no hubiera ninguna piedra de gran volumen. El reportero estaba convencido de que los habitantes de Ocucaje no podían haber hecho las piedras y, una vez más, estaba equivocado.

Varios españoles viajaron hasta el desierto peruano a finales de los años 70 para estudiar las piedras de Ica. Uno de los que regresaron de Perú con guijarros entre su equipaje fue Félix Ares, informático y actual presidente de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. A cambio de unas cuantas monedas, Uchuya graba desde hace años en pedruscos los motivos -dinosaurios, incluidos- que le piden los turistas, como pudo comprobar el propio Erich von Däniken. Sin embargo, el imaginativo hostelero suizo prefirió creer a Cabrera porque "las revistas publican fotografías de cosas reales, que existen. Pero los complicados motivos que presentan las piedras auténticas de Cabrera no responden a ninguna realidad fotografiable de este mundo" [Däniken, 1977]. Lo que no explica Däniken es por qué el ciclo biológico de los dinosaurios del médico peruano no tiene nada que ver con la realidad, cuál es la razón de que la ausencia de reptiles "no repertoriados por la ciencia o típicamente sudamericanos" [Pereda, 1995], y por qué los mapas del mundo son aberrantes y no se ha encontrado ningún otro vestigio de la civilización mesozoica. Ares, por su parte, conoció en Perú a uno de los principales suministradores de piedras de Cabrera, quien le dijo que los motivos los copiaba de revistas y que el médico limeño lo sabía.

Los falsificadores del pasado cifran entre 25.000 y 50.000 el número de piedras grabadas, aunque las únicas que se conocen son las que forman parte de la colección de Cabrera. "Lo cierto -dice Javier Sierra- es que al visitante ocasional apenas se le muestran unos pocos cientos" de piezas y la mayoría es, "contrariamente a lo que muchos todavía creen, de pequeño tamaño, fácilmente manejable y con un labrado que apenas supone problema alguno para cualquiera de los artistas locales" [Sierra, 1994]. De hecho, la industria lítica de Ocucaje proporciona a los modestos campesinos un sobresueldo desde hace casi 40 años. Javier Cabrera y su ilusoria civilización mesozoica son una sustanciosa fuente de ingresos.

Piedras auténticas y piedras falsas

"Sólo conozco una piedra grabada que puede ser auténtica. El resto, todos esos miles y miles, son falsas", apuntaba en 1974 Roger Ravínez, portavoz entonces del Instituto Nacional de Cultura de Perú [Benítez, 1975]. Seguro de que la historia de los cantos rodados mesozoicos era un cuento chino y de que "Cabrera deliraba", el arqueólogo basaba su veredicto en un estudio del estilo de los grabados y en "microfotografías de las incisiones". Juan José Benítez achacaba la actitud del experto al dogmatismo de la ciencia oficial, ya que Santiago Agurto, ex-rector de la Universidad de Ingeniería de Lima, había encontrado en 1962 dos guijarros grabados en sendas tumbas precolombinas de Ocucaje. El sensacionalista autor presentaba estos hallazgos como revolucionarios -"un punto clave en pro de la autenticidad de las piedras de Ica"- y censuraba la "funesta costumbre" de la arqueología de asociar los útiles encontrados en una tumba a los restos humanos de la misma. Volvía a meter la pata.

Para el periodista navarro, los guijarros labrados de Agurto eran la prueba definitiva de la autenticidad de la biblioteca lítica. Nada más lejos de la verdad. Estos dos cantos rodados se encontraron en tumbas, no provienen de los campesinos de Ocucaje, y muy posiblemente son auténticos, pero eso no quiere decir nada. Los motivos reflejados en estas dos rocas se corresponden con los típicos de culturas prehispánicas. No hay dinosaurios ni intervenciones quirúrgicas ni viajes espaciales; hay una flor estilizada y un pájaro. Así pues, en Ica existen guijarros grabados auténticos, con motivos característicos de las culturas locales, y otros falsos, plagados de seres antediluvianos.

Cabrera asienta su espectacular colección sobre una primera piedra, la que le regaló Félix Llosa en 1966. El guijarro pudo haber sido obra de Basilio Uchuya o un auténtico resto arqueológico. En este último caso, la desbordante imaginación del médico se habría encargado de convertir al ave en pterosaurio. Convencido de un hallazgo histórico, Cabrera habría acudido a los campesinos de Ocucaje para dar con nuevas piedras que confirmaran sus sospechas. A cambio de dinero, Uchuya y compañía las habrían grabado y habrían hecho realidad los sueños del médico. La evidencia a favor del fraude es tal que la posibilidad de engaño ha sido apuntada hasta por los representantes de la ufología más crédula [Sierra, 1994]. Así se explica, además, que Cabrera nunca dijera dónde está el yacimiento en el que hay más de un millón de cantos labrados. La razón es muy simple, tal depósito no existe.

En la segunda mitad de los años 70, las piedras de Ica dieron fama a Javier Cabrera dentro del submundo de lo paranormal, pero acabaron con su credibilidad profesional y arruinaron su vida familiar. Sus disparates le hicieron objeto del desprecio de los científicos y de las chanzas de la prensa, lo que le acarreó "desprestigio, burlas y soledad. Ica -explica Fernando Jiménez del Oso- es una pequeña ciudad provinciana y no podía quedar sin castigo el que uno de sus hasta entonces más eminentes ciudadanos fuera tema de portada en los diarios nacionales por motivos tan poco dignos de encomio. [En 1978,] su esposa le había abandonado, sus pacientes buscaron otro médico menos famoso y los hijos habían iniciado su particular diáspora. Me habló de ello con los ojos húmedos de la impotencia, tan indignado por aquel trato injusto como pudiera estarlo en su día Galileo" [Jiménez del Oso, 1989b]. No podía faltar la referencia al físico y astrónomo italiano, "ya que -como decía el difunto Isaac Asimov- es el santo patrón (¡pobre hombre!) de todos los chiflados autocompasivos" [Asimov, 1979].

Incisiones de hace dos días

El médico peruano repitió hasta la saciedad hasta su muerte, en diciembre de 2001, que tenía un informe científico de la Universidad de Bonn, que ratifica la autenticidad de las piedras. Sin embargo, el único que lo ha visto es Juan José Benítez porque Cabrera "nunca lo enseña" [Sierra, 1994]. Según recoge el periodista en Existió otra humanidad (1975), los expertos alemanes descubrieron una pátina de oxidación natural que cubría "la totalidad de la piedra" y que los grabados no eran recientes. Naturalmente, no sólo se ignora si Cabrera envió a Bonn guijarros con dinosaurios o auténticos restos arqueológicos prehispánicos, sino que tampoco existe ninguna prueba de que tal análisis se haya efectuado alguna vez. Por si fuera poco, todos los exámenes científicos realizados a espaldas de Javier Cabrera han dado resultados negativos.

Cuando un equipo de la BBC visitó Ica con la intención de filmar algunas escenas para el documental The case of the ancient astronauts, el médico no les permitió rodar en el centro-museo ni quiso hablar sobre los controvertidos cantos rodados. Sin embargo, les regaló lo que él calificó de genuino guijarro de millones de años de antigüedad. Poco después, la roca era analizada en el Instituto de Ciencias Geológicas de Londres, cuyos técnicos llegaron a la conclusión de que "los aguzados y relativamente limpios bordes de las incisiones son notables, una característica que no puede preservarse durante mucho tiempo de la erosión en condiciones normales". Los expertos británicos añadieron que el labrado de la imagen se había realizado "con posterioridad" al proceso de oxidación que había vuelto la roca de color marrón [Story, 1980]. El pedrusco podía ser mesozoico; pero los grabados eran recientes. El equipo de televisión no se sorprendió ante el fiasco, ya que sabía de la actividad artística de Basilio Uchuya. En Ocucaje, el campesino había enseñado a los periodistas británicos una foto del almacén de piedras de Cabrera con una dedicatoria, en la que el médico le agradecía su condición de proveedor de piedras.

Más recientemente, "dos exámenes realizados en España en 1993 y 1994 sobre algunas muestras importadas desde Perú han dado resultados negativos, mostrando que [las piedras] fueron elaboradas con lijas, sierras y ácidos. Pero ¿por quién y para qué?", se preguntan todavía algunos [Sierra, 1994]. El propio Cabrera reconocía en 1974 que los campesinos de Ocucaje habían comenzado "a fabricar algunas de esas grabaciones. Pero puedo asegurarte -decía a Benítez- que no pasarán de 20 ó 40. Y todas ellas están en manos de personas conocidas. En todas, además, se adivina inmediatamente que el grabado es falso" [Benítez, 1975]. El método del médico para detectar las piedras auténticas era tan sencillo como destructivo: tiraba el guijarro al aire y, si se rompía en mil y un pedazos, es que era auténtico. Cómo había llegado a esa conclusión, nadie lo sabe.

No importa que los textos de la biblioteca lítica de Ica sean inconsistentes y disparatados, que no se hayan encontrado restos similares en ningún otro lugar del planeta, que los campesinos de Ocucaje fabriquen guijarros grabados a cambio de dinero, que los análisis científicos hayan sacado a la luz las falsificaciones... Para los vendedores de misterios, las piedras de Ica siguen siendo uno de sus enigmas favoritos; para los arqueólogos y paleontólogos, son "falsificaciones bastante evidentes", cuya errónea interpretación da lugar a "auténticas barbaridades", como convertir al hombre en coetáneo de los dinosaurios, cuando nos separan 60 millones de años.

El misterio de Acámbaro

Treinta años antes que Cabrera, un comerciante alemán cayó en las garras de los espabilados campesinos de la localidad mexicana de Acámbaro. Waldemar Julsrud reunió entre 1945 y 1952 más de 30.000 misteriosas figuras de arcilla. Aunque algunas correspondían a culturas prehispánicas, había otras con fantásticos y grotescos animales: cuadrúpedos con cuello y cabeza de pájaro, bípedos con cráneo de lagarto y cresta dorsal, serpientes con patas y cuernos, y un largo etcétera de seres imposibles.

No se sabe a ciencia cierta cómo llegaron las primeras figuras a manos del coleccionista. En uno de los escasos reportajes escritos sobre el tema, Jiménez del Oso advierte que existen dos versiones acerca del descubrimiento de las piezas de arcilla, ocurrido en 1945. Según una de ellas, Julsrud encontró varias figuras que habían quedado al descubierto por la lluvia en el cerro del Toro; según la otra, las halló cuando excavaba en las proximidades de su casa. Entonces -y aquí concuerdan las diferentes versiones-, pidió al albañil Odilón Tinajero y a otros vecinos de Acámbaro que, a cambio de uno o dos pesos por ejemplar, le facilitasen todas las piezas arqueológicas que encontraran. Y el comerciante se hizo con más de 30.000 estatuillas de barro, "amén de otro tipo de objetos, como puntas de flecha, figuras de la cultura chupicuaro, máscaras, piedras de jade, pipas de barro y algún que otro resto fósil" [Jiménez del Oso, 1993].

El arqueólogo Antonio Pompa sospecha que los campesinos "tomaron el pelo" a Julsrud, un ignorante en historia precolombina. Cree que las primeras figuras sí eran auténticas, pero "las demás las hicieron los alfareros". Jiménez del Oso, sin embargo, no es capaz de ver la diferencia entre los grotescos seres salidos de la imaginación de los campesinos y las obras de la cultura local; pero ¿qué rigor se le puede exigir a alguien que cree que un cuadrúpedo con cabeza de pájaro y un ser de largas patas que repta sobre su panza "parecen sacados de un libro de paleontología"? [Jiménez del Oso, 1993]. Cuando se mete a historiador, el psiquiatra se hace eco de todo tipo de disparates, desde las teorías del propietario de las figuras hasta las de un supuesto experto ruso. Para Julsrud, los autores de las imágenes fueron los atlantes; para el historiador ruso, "cabe la posibilidad de que en aquella parte de América los saurios del Mesozoico hubieran pervivido hasta el punto de que el hombre llegara a reconocerlos". Sólo hay dos inconvenientes: ni la mítica Atlántida existió, ni los primeros hombres americanos compartieron hace 13.000 años su espacio vital con dinosaurios.

Aunque es evidente que en Acámbaro no hay nada que pueda turbar a los historiadores, Jiménez del Oso y sus seguidores se han dedicado a dar crédito a "figuras de las más altas cotas de aberración paleontológica, monstruos de apariencia quimérica, construcciones irrealizables, referencias de visitas extraterrestres a nuestro planeta y hasta aparentes informes cósmicos" [Delgado, 1994]. Haciendo gala de una aparente seriedad, se presentan como honrados investigadores que no se explican quién moldeó las figuras, por qué y cuándo. El móvil del engaño perpetrado por los indígenas fue el mismo que en Ica, el dinero que también anima a los autores sin escrúpulos a dar crédito a todo tipo de disparates.

¿Paseó el hombre con los dinosaurios?

Tanto Benítez como Jiménez del Oso -los dos vendedores de fantasía más representativos del mundillo pseudocientífico español- apuntan en sus trabajos la existencia de vestigios paleontológicos que confirman que una Raquel Welch prehistórica, vestida con biquini de piel, pudo despertar el apetito de los dinosaurios hace 65 millones de años. El psiquiatra decía en 1989 haber encontrado restos humanos en estratos mesozoicos del desierto de Ocucaje. A pesar de que él mismo advertía que habían "pasado mucho años" desde su época universitaria como para ser tajante, no dudaba en anunciar a bombo y platillo que, "hombre o prehomínido, aquella criatura, situada en ese lugar y en ese tiempo, es tan desestabilizadora para la paleontología actual que obliga a escribir de nuevo la historia del pasado remoto del planeta" [Jiménez del Oso; 1989]. Tal alarde de inmodestia obliga a preguntarse cómo es que, años después, el barbudo estudioso sigue sin recibir el premio Nobel o pasar a los libros de paleontología. ¿No será que estamos ante otra mentira económicamente rentable?

Erich von Däniken afirma que la teoría de Darwin "ha cegado a generaciones enteras de paleontólogos y antropólogos" [Däniken, 1977]. El autor suizo coincide con Benítez en que existen huellas de pies humanos junto a rastros de dinosaurios en estratos de más de 70 millones de años de antigüedad. Así, el novelista navarro calificaba en 1975 de "trascendental" el descubrimiento, en la localidad soriana de Navalsaz, de una pisada humana petrificada junto a otras de lagartos terribles, "otro testimonio de la convivencia entre el hombre y los dinosaurios" [Benítez, 1975]. La ciencia, sin embargo, ha prestado poca atención a este tipo de aseveraciones. Los especialistas las consideran simples estupideces, confiesa Eustoquio Molina, paleontólogo de la Universidad de Zaragoza preocupado por el auge de la pseudociencia [Molina, 1995].

El lecho del río Paluxy, en Texas (EE UU), es punto de referencia obligado cuando se habla de una humanidad como la plasmada en los dibujos animados de Hanna y Barbera. Allí, "hay cientos de pisadas de saurios de diversas especies. Entre ellas y junto a ellas, aparecen siempre numerosas pisadas de pies humanos de gran tamaño" [Däniken, 1977]. El autor de Recuerdos del futuro (1968) asegura que para hallar la totalidad de las huellas sólo hubo que guiarse "por el sentido de la marcha del dinosaurio, así como la del hombre en seguimiento del mismo". Las pisadas humanas se corresponden, según el astroarqueólogo (3), con las huellas de seres gigantescos y echan por tierra la teoría de la evolución. Däniken añade, además, que existen vestigios similares en Kentucky, donde en monte Vernon las huellas reproducen "a la perfección unos pies humanos", y en Utah, donde la suela de un zapato aplasta un trilobites en un estrato de hace 500 millones de años.

Zapatillas de tenis precámbricas

Los hallazgos de Däniken son, sin embargo, bastante menos revolucionarios que los de la ciencia oficial. William F. Tanner, geólogo de la Universidad de Florida, anunció en un congreso de paleontología en 1984 que se habían encontrado dos huellas de zapatillas de tenis en estratos precámbricos, correspondientes a hace 2.700 millones de años, situados en la bahía del Hudson, en Canadá. El científico, lejos de proclamar a gritos el derribo de la teoría de la evolución, se molestó en estudiar las pruebas sobre el terreno. Se trata de dos huellas paralelas de apariencia humana, que distan 20 centímetros. En los alrededores, no existe ningún otro rastro y las punteras de los zapatos, curiosamente, apuntan en sentidos opuestos. Además, las imágenes son planas, están muy claramente delimitadas y sobresalen del suelo, igual que otras circulares, ovales y de diferentes formas que Tanner había encontrado en rocas del Pérmico de Nevada y Nuevo México. "Algunas son lo suficientemente grandes y tienen la forma precisa para parecer suelas de zapatos. Pero basta una inspección informal para ver que tienen que tener otro origen" [Tanner, 1984].

Estas siluetas son de un material más resistente que el circundante, lo que explica la menor erosión, que se adentra en la roca hasta una profundidad equivalente a la de su diámetro superficial. "Una explicación razonable -apunta Tanner- es que hayan sido hechas por una fuga de agua durante la compactación y cementación temprana". El experto estadounidense aboga por un origen geológico para los zapatos de tenis antediluvianos, así que no es nada extraño que pueda haber incrustado un trilobites en uno de ellos. Claro que siempre cabe la posibilidad de que el hombre de aquella época fuera descalzo por la vida y eso es lo que sostiene Däniken en el caso del lecho del Paluxy, un terreno cretácico de hace 100 millones de años.

El astroarqueólogo ve en el río seco de Texas -"estuve allí y tuve ocasión de contemplar ese extraordinario descubrimiento paleontológico" [Däniken, 1977]- un hombre tras un dinosaurio; pero es mentira. No hay un rastro humano, sino unas supuestas pisadas que no son tales ni responden a ningún orden, cosa que sí hacen las de los dinosaurios. Tanner las llama siluetas con forma de pie. Tienen entre 12 y 44 centímetros de largo y en algunos casos son consecuencia de la erosión en un terreno compuesto por materiales de diversa dureza. En el lecho del Paluxy, hay centenares de agujeros producto de la erosión, pero los buscadores de misterios sólo se quedan con los que parecen un pie humano. Aún así, explica el geólogo, entre las seleccionadas, hay huellas humanas de todos los tamaños y formas, pero no hay dedos ni empeines dibujados en la roca. Las pisadas que no se deben a procesos erosivos "fueron producidas por dinosaurios carnívoros que dejaron una gran impresión metatarsal" [Lockley, 1993]. El paleontólogo aficionado Glen Kuban demostró en 1989, cuando era un estudiante de biología de fe creacionista (4), que algunos de los pies del río Paluxy son en realidad parte de la planta de tres dedos de un dinosaurio. "Algunas pretendidas huellas humanas de Glen Rose -explica- no se distinguen de huellas metatarsales de dinosaurios, cuyas impresiones digitales han desaparecido rellenadas por el barro, a causa de la erosión o debido a otros factores. Otras depresiones alargadas de Glen Rose incluyen figuras producto de la erosión y posibles marcas de colas, algunas de las cuales también han sido confundidas con huellas humanas" [Kuban, 1989].

La paleontología y la arqueología han prestado escasa atención a los supuestos vestigios y pisadas humanas de hace más de 65 millones de años. No en vano, los primeros homínidos aparecieron en Africa oriental hace unos 3 millones de años. A pesar de eso, algunos científicos se han molestado en bucear en el proceloso mar de la charlatanería para poner las cosas en su sitio. Lamentablemente, también hay quien predica la estupidez en la propia universidad cuando intenta sentar cátedra en materias que no propias son de su especialidad. En 1981, el autor tuvo oportunidad de conocer a uno de estos últimos. Cuando estudiaba en la Universidad de Deusto, un profesor de Historia del Arte zanjó un debate sobre las piedras de Ica apelando a su amistad con Javier Cabrera. El educador, un jesuita de avanzada edad, hizo oídos sordos a los argumentos contrarios a la existencia del hombre gliptolítico y no se atrevió a desautorizar al médico peruano ante los alumnos, muchos de los cuales se dedican ahora a la enseñanza y puede que crean que el hombre convivió con los dinosaurios.


Notas

(1) En 1956, M.W. de Laubenfels propuso en el Journal of Paleontology la posibilidad de un impacto meteorítico como causa de la extinción de los dinosaurios. Como no hay extraterrestres de por medio, Benítez ignora al paleontólogo de la Universidad de Oregon y hace un encendido elogio del sacamuelas peruano.

(2) En Perú y Ecuador, se llama huaquero al individuo que excava en los cementerios precolombinos para extraer el contenido de las tumbas y venderlo a turistas o coleccionistas.

(3) La astroarqueología es la pseudociencia que propugna la existencia de visitas extraterrestres en la antigüedad. Las pruebas del encuentro entre alienígenas y seres humanos se hallarían diseminadas por todo el planeta en forma de libros sagrados, objetos enigmáticos y monumentos grandiosos. El más famoso de los astroarqueólogos es Erich von Däniken.

(4) Los creacionistas consideran que la historia del hombre está escrita en la Biblia y rechazan la teoría de la evolución. Durante más de 40 años, las huellas impresas en el lecho del río Paluxy a su paso por Glen Rose fueron uno de los argumentos favoritos de los fundamentalistas evangélicos estadounidenses hasta que Glen Kuban, también creacionista, investigó el fenómeno sin dejar que sus creencias influyeran en el trabajo científico.


Bibliografía

Asimov, Isaac [1979]: "El corolario de Asimov". En Asimov, Isaac: La estrella de Belén y otros ensayos científicos []. Trad. de César Terrón. Editorial Bruguera (Col. "Libro Blanco", Nº 11). Barcelona 1983. 167-184.

Benítez, Juan José [1975]: Existió otra humanidad. Editorial Plaza & Janés (Col. "Otros Mundos"). Barcelona. 250 páginas.

Benítez, Juan José [1994]: Mis enigmas favoritos. Editorial Plaza & Janés (Col. "Los Jet", Nº 238-8). Barcelona. 311 páginas.

Däniken, Erich von [1977]: La respuesta de los dioses [Beweise]. Trad. de J.A. Bravo. Ediciones Martínez Roca (Col. "Fontana Fantástica"). Barcelona 1978. 411 páginas.

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Jiménez del Oso, Fernando [1989a]: Ica. Producciones Culturales (Col. "El Imperio del Sol", Nº 1). Vídeo escrito, dirigido, producido y presentado por Fernando Jiménez del Oso. Duración: 30 minutos.

Jiménez del Oso, Fernando [1989b]: "El hombre del Mesozoico". Más Allá (Madrid), Nº 9 (Noviembre), 18-28.

Jiménez del Oso, Fernando [1993]: "El misterio de Acámbaro". Espacio y Tiempo (Madrid), Nº 33 (Noviembre), 10-20.

Kuban, Glen Jay [1989]: "Elongate dinosaur tracks". En Gillette, David D.; y Lockley, Martin G. (Eds.): Dinosaur tracks and traces. Cambridge University Press. Cambridge. XVIII + 454 páginas.

Lockley, Martin G. [1991]: Siguiendo las huellas de los dinosaurios [Tracking dinosaurs]. Trad. de Joaquín Moratalla. Prologado por José Luis Sanz. Editorial McGraw-Hill (Serie "Divulgación Científica"). Madrid 1993. XV + 342 páginas.

Molina, Eustoquio [1995]: Comunicación personal a Luis Alfonso Gámez. Zaragoza. 23 de Enero.

Pereda, Xabier [1995]: Comunicación personal a Luis Alfonso Gámez. París. 13 de Marzo.

Randi, James [1982]: Fraudes paranormales. Fenómenos ocultos, percepción extrasensorial y otros engaños [Flim-flam! Psychics, Esp, unicorns and other delusions]. Prologado por Isaac Asimov. Trad. de Alejandro G. Tiscornia. Tikal Ediciones (Col. "Eleusis"). Gerona 1994. XVI + 347.

Sierra, Javier [1994]: "Las piedras grabadas de Ica: un enigma a debate". Más Allá (Madrid), Monográfico Nº 10 (Septiembre), 102-104.

Story, Ronald D. [1980]: Guardians of the Universe? Book Club Associates. Londres. 207 páginas.

Tanner, William F. [1984]: "Human and not-so-human footprint images on the rocks". En Walker, Kenneth R. (Ed.): The evolution-creation controversy. Perspectives on religion, philosophy, science and education. Sociedad Paleontológica ("Publicación Especial", Nº 1). Tennessee. 117-133.

Publicado originalmente en La Alternativa Racional, revista editada por ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

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