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05 Nov 2009

Les dejo una serie de fotos de 2012, la película de Roland Emmerich sobre el fin del mundo y el calendario maya que se estrena dentro de una semana. Los efectos especiales parecen tan espectaculares como falsa es la idea de que los mayas señalaran el 21 de diciembre de 2012 como el día en el que todo se acabará. Sólo acabará un ciclo de la llamada Cuenta Larga -que abarca 5.125 años- como cada 31 de diciembre acaba el ciclo llamado año.

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21 Oct 2009

Richard Heene, el padre del niño del globo, cree que los seres humanos descendemos de extraterrestres y quería alcanzar la fama antes de que se acabara el mundo en 2012 para poder sobrevivir al apocalipsis. Ésta última fue la razón por la que el jueves hizo creer a medio mundo que su hijo Falcon, de 6 años, había salido volando en un globo de helio a la deriva. La historia, según la cual la aeronave había despegado accidentalmente del patio trasero del domicilio familiar de Fort Collins (Colorado) con el menor dentro, mantuvo a millones de estadounidenses pegados a la televisión durante cuatro horas hasta que el ingenio -con forma de platillo volante- cayó al suelo y no había ni rastro del pequeño, que en realidad estaba jugando en un parque.

"Heene cree que el mundo va a terminar en 2012. Por eso quería hacer dinero rápidamente, ser lo suficientemente rico como para construir un búnker o un refugio subterráneo donde poder refugiarse de la explosión del Sol", ha declarado Linda Lee, abogada de Robert Thomas, conocido de Heene que estaba al corriente de la intención del padre de familia de hacer un montaje para hacerse famoso. El fin del mundo de 2012 es un invento basado en el calendario maya, cuyo actual ciclo de la Cuenta Larga -que abarca 5.125 años- acabará dentro de tres años. Vendedores de misterios y videntes anuncian para dentro de tres años variadas catástrofes inventadas, desde la explosión del Sol hasta la emisión de un rayo de la muerte desde el centro de la galaxia, sin importarles que los propios mayas rechacen que el 21 de diciembre vaya a suponer el fin de algo más allá que un ciclo temporal.

Meses antes del suceso del globo, Heene declaró en Wife Swap, un reality de la ABC, que los seres humanos descendemos de extraterrestres y que una vez había oído en su cabeza la voz de uno de los visitantes cuando estaba en un restaurante de comida rápida. Además, se jactó ante las cámaras de sus planes de construir un platillo volante de papel de aluminio y enviarlo a un tornado, y de haber llevado a sus hijos a expediciones de caza de ovnis.

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31 Ago 2009

Quedan tres años y medio para el próximo fin del mundo. "Según el calendario maya, el fin de los tiempos tendrá lugar el 21 de diciembre del 2012", puede leerse en cientos de sitios de Internet. "El Sol está enfermo. Los científicos calculan que la radiación del astro rey alcanzará su punto máximo en el año 2012, afectando al clima y la atmósfera. Asombrosamente, el calendario de la antigua civilización maya ya citaba el 21 de diciembre de 2012 como el día del fin del mundo", coincide Lawrence Joseph, autor del libro Apocalipsis 2012. En el peor de los casos, la Tierra quedará frita por una gigantesca llamarada solar o un fuerte rayo procedente del centro de la galaxia. En el mejor, viviremos "un gran salto de conciencia o incluso una mutación de nuestra especie".

La clave de todo es el calendario de los mayas, cultura que surgió en Mesoamérica hacia 2000 antes de Cristo (aC) y entró en declive antes de la llegada de los conquistadores españoles. Los mayas tenían tres calendarios: uno solar, de 365 días; otro ceremonial, de 260; y un tercero, de 1.872.000 días -5.125 años-, que es el que inquieta a astrólogos y demás supersticiosos. El actual ciclo de la Cuenta Larga, como se conoce ese tercer calendario, acabará el 21 de diciembre de 2012.

Los augures del Apocalipsis no se ponen de acuerdo en qué ocurrirá ese día, sólo en que pasará algo catastrófico. Hay quienes sostienen que el desencadenante será el supervolcán de Yellowstone, un gigante dormido cuya erupción provocaría el equivalente a un invierno nuclear. Otros hablan de un máximo de la actividad del Sol que achicharrará la Tierra. Los hay que apuntan más lejos, a un alineamiento del Sol o el Sistema Solar con el centro de la Galaxia, desde donde nos llegará una especie de rayo de la muerte. Y no falta el clásico planeta X en rumbo de colisión.

Nochevieja maya

¿Cómo afrontó usted el 31 de diciembre de 2000? ¿Cómo afronta cada Nochevieja? ¿Lo hace con miedo a que con las campanadas se acabe el mundo? Pues es tan irracional temer al Apocalipsis cada Nochevieja como al fin del mundo el 21 de diciembre de 2012. Ese día acabará un ciclo maya de 5.125 años y al siguiente comenzará otro, al igual que pasa con cada año, siglo y milenio en nuestro calendario el 31 de diciembre correspondiente. "El famoso calendario maya de la Cuenta Larga se inicia el 11 de agosto de 3114 aC; exactamente igual que nuestro calendario empieza el 1 de enero del primer año de la era cristiana", explica el geógrafo Jared Diamond en Colapso (2005).

Yellowstone es un supervolcán, pero no hay indicios de un próximo estallido. El Sol tiene ciclos de actividad conocidos, con sus máximos y mínimos, pero los científicos no han detectado en él nada anormal. Y el 21 de diciembre de 2012 el Sol estará, respecto al centro galáctico, casi en el mismo sitio donde ha estado ese día durante los últimos veinticinco años. El miedo al Apocalipsis maya es un invento de quienes viven de explotar la credulidad ajena. Porque, además, los mayas, que fueron incapaces de predecir su propio declive, nunca vincularon el fin de la Cuenta Larga con el del mundo, como nosotros tampoco hacemos con la Nochevieja.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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01 Jul 2009

Me enteré hace un par de semanas, gracias a Joseba Martín, de que Roland Emmerich va a volver a destruir el mundo. Todavía me duelen Independence Day y El día de mañana, tan malas películas como espectaculares sus efectos especiales. Me duelen porque me gustan la fantasía y la ciencia ficción, y ambas cintas son sendos despropósitos envueltos en destrucciones masivas, además de tratarse en el segundo caso de una muestra de pseudociencia climática. Ahora, Emmerich toma en su nueva producción como pretexto para acabar con la civilización la manida profecía maya del fin del mundo para 2012, que en realidad ni es profecía ni es nada.

"El famoso calendario maya de la Cuenta Larga se inicia el 11 de agosto de 3114 aC; exactamente igual que nuestro calendario empieza el 1 de enero del primer año de la era cristiana. Nosotros conocemos el significado que tiene para nosotros ese día cero de nuestro calendario: es el supuesto comienzo del año en el que nació cristo. Supuestamente, los mayas también atribuían algun significado a su día cero, pero no sabemos cuál era", explica Jared Diamond en Colapso (2005). El ciclo largo del calendario maya, que dura 1.872.000 días, acabará y volverá a ponerse a cero el 21 de diciembre de 2012. Más o menos, lo que pasa cada 31 de diciembre; pero en versión maya. 2012 se ha convertido, sin embargo, en un año talismán para los vendedores de misterios, que no dudan en inventarse todo tipo de conexiones para amedrentar a los más crédulos con variadas catástrofes.

Estén tranquilos. Nuestro futuro no está escrito ni en el calendario maya, ni en los templos de Angkor, ni en la Biblia, ni en las cuartetas de Nostradamus, ni en ningún otro sitio. El calendario maya tiene tanto que ver con el fin del mundo como el nuestro 365 días. Piénselo un poco: los mayas no predijeron ni siquiera su final como civilización, así que ¿cómo iban a prever el fin del mundo? Es lo mismo que pasa con videntes como Octavio Aceves y compañía, que son incapaces de ver su futuro particular y quieren convencernos de que pueden ver el nuestro. Aquí tienen el trailer en español de 2012, película que se estrenará en noviembre y en la cual Roland Emmerich destruye el mundo por obra y gracia del calendario maya. Recuerden: hay que verla como si fuera Independence Day.

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13 May 2009

El bosón de Higgs es, según Iker Jiménez, "el punto de inicio de todo lo que conocemos. Muchos dicen que es Dios. Y me estoy imaginando la fotografía, si es que se consigue ver esa partícula, en las portadas de libros y periódicos diciendo: «Éste es Dios»". Ésta y otras chorradas trufaron el domingo el primer segmento de Cuarto milenio, dedicado al Gran Colisionador de Hadrones (LHC), donde los físicos quieren recrear las condiciones del Universo poco después del Big Bang y detectar el bosón de Higgs, que se conoce como la partícula de Dios y cuya existencia ha sido predicha teóricamente por el modelo estándar de la física de partículas. El bosón de Higgs no se ha visto todavía y de no existir obligaría a reformular ese área de conocimiento.

La divina presentación de Jiménez dio inicio a un sinfín de estupideces, por parte de su reportero Luis Álvarez y del novelista Javier Sierra, que José Manuel Nieves, asesor científico del programa, no corrigió en ningún momento. Y eso que los disparates fueron de los de hacer época. Así, Álvarez dijo, desde el LHC, que "la cuestión es si el Vaticano va a opinar" sobre los experimentos que se van a hacer allí "y, sobre todo, si la Humanidad está preparada para contemplar el rostro de Dios por primera vez". El pobre no entiende que llamar al bosón de Higgs la partícula de Dios es sólo una forma de hablar, se lo toma literalmente y empieza a desbarrar.

Ya en el estudio, Álvarez seguía en la montaña rusa del delirio: "Es un privilegio estar ahí, en Ginebra, en esta llamada catedral de la ciencia del siglo XXI ante el nacimiento de una nueva religión". Amén. Sierra apostillaba: "Estaríamos hablando casi de la célula madre del Universo. A partir de ese bosón de Higgs, de esa partícula, aparecería la materia del Universo. Es decir, todo saldría de ahí. No solamente la materia que vemos, sino también la materia que no vemos. Hay un gran misterio al que también se enfrentan todas estas investigaciones, que es la materia oscura y la energía oscura…". Y Jiménez, que sacó a colación al LHC como la máquina del Juicio Final, sentenciaba: "Todo lo fundamental es casi desconocido".

Se lo confieso: no lo vi en directo, sino que me alertó del espectáculo el periodista Julio Arrieta. "No sé qué causaba más estupefacción, que Cuarto milenio tenga acceso al LHC -se ve que allí dejan entrar a cualquiera- o comprobar que un grupo personas puede hablar en televisión sobre algo de lo que no tiene ni la más remota idea con un desparpajo alucinante. Daban por hecho que bosón de Higgs es igual a la partícula de Dios es igual a Dios, sin que nadie ni remotamente sugiriera que el nombre es metafórico y no muy acertado", me dijo. Tras ver esa parte del programa, entiendo y comparto la estupefacción de Arrieta. ¿Y ustedes? Vean y juzguen.


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20 Abr 2009

Javier San Martín y yo hablamos el 15 de abril en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre los templarios y la sábana santa, y la predicción maya del fin del mundo para 2012, en la vigesimatercera entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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16 Abr 2009

"Los profetas del desastre se han multiplicado notablemente en los últimos años. Solía haber individuos que desfilaban por las calles de la ciudad con carteles en que se proclamaba: ¡El fin del mundo está próximo! Ahora han sido reemplazados por una legión de personas serias, de científicos, filósofos y políticos, que proclaman que hay calamidades más sutiles esperándonos a la vuelta de la esquina. La Humanidad, dicen, está en peligro de estrangularse a sí misma con el aumento de la población, de envenenarse con la contaminación, de socavar su naturaleza humana esencial manipulando la herencia genética y de destruir las bases mismas de la sociedad por el exceso de prosperidad", dejó escrito John Maddox (1925-2009) en su libro El síndrome del fin del mundo (1972). A pesar de que admitía que esas profecías se fundaban en la ciencia, añadía que eran "a lo más pseudocientíficas. Su error más común es suponer que va a suceder siempre lo peor".

¡Parece mentira que Maddox escribiera estas líneas hace casi cuarenta años! Que suenen tan actuales no demuestra sino la validez de su pensamiento. El fallecido divulgador científico destaca en ese mismo libro, entre otras cosas, que "uno de los aspectos más inquietantes de la polémica actual en torno al medio ambiente es la forma en que se plantea como un enfrentamiento entre unos individuos que miran con visión amplia hacia el futuro en pro de los interesas de la Humanidad y otros que no se preocupan en absoluto de este futuro. Se considera que los que no defienden ardientemente una política de preservación del medio están a favor de su destrucción". A Maddox le molestaba ya entonces el perverso uso de la palabra ecología por parte de quienes profesan la ecolatría y, sobre todo, el alarmismo. "Los interrogantes que estos modernos profetas del fin del mundo han planteado son sutiles e interesantes; el tono en que se plantean contiene demasiados prejuicios para la tranquilidad intelectual", decía. Y añadía que, por su simplificación de la realidad, las ideas de los catastrofistas, "en vez de atraer la atención hacia problemas importantes, pueden socavar gravemente la capacidad del género humano para luchar por su superviviencia. El síndrome de la destrucción del mundo puede constituir por sí sólo una amenaza mucho más grave que cualquiera de los problemas que la sopciedad se ha creado".

John Maddox [1972]: El síndrome del fin del mundo [The doomsday syndrome]. Traducción de J.M. Alvarez Flórez. Barral Editores (Col. "Breve Biblioteca de Respuesta", Nº 111). Barcelona 1974. 285 páginas.

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10 Abr 2009

En el diario El Mundo se acaban de enterar, por lo que se ve, de que hay una serie de profecías y de augures para los que en 2012 puede acabarse el mundo; no el periódico, sino el que hay que tomarse en serio. Y han dado tanta importancia a la emisión de un documental sobre el asunto por Canal de Historia que hace un par de horas el tema estaba en la portada de su versión digital justo encima de la huelga de hambre de Evo Morales para intentar perpetuarse en el poder, cuando ni siquiera se trata de un estreno televisivo. Pero vayamos al grano. El mundo, el que importa, no se va a acabar dentro de tres años por ninguna profecía, ni maya, ni de Nostradamus, ni de la vidente cutre de la tele local de turno. Los mayas no fueron capaces de predecir ni su declive como civilización, así que ¿cómo iban a ver el fin del mundo? Entonces, ¿a qué viene tanto revuelo? A que el ciclo largo del calendario maya, que dura 1.872.000 días -5.125 de nuestros años- y empezó el 11 de agosto de 3114 antes de Cristo, acabará y volverá a ponerse a cero el 21 de diciembre de 2012. Eso no significaba para los mayas el final del mundo, sino que se terminaba un ciclo y había que volver a empezar, una especie de Nochevieja a la que sigue su correspondiente día de Año Nuevo. 2012, no obstante, se ha convertido en un año fetiche para todo tipo de sacacuartos, que luego, cuando no pase nada, dirán que en realidad hablaban del cambio de una era, sin precisar nunca a qué narices se refieren con lo de era, como hizo Paco Rabanne cuando la estación espacial rusa Mir no cayó sobre París el 11 de agosto de 1999 se desató el fin del mundo en coincidencia con el último eclipse total de Sol del segundo milenio, tal como él había predicho. Respecto a Nostradamus, le atribuyen tantas predicciones y ha fallado tantas veces que tiene menos credibilidad como adivino que Octavio Aceves, que ya es decir.

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31 Ago 2008

Si está leyendo estas líneas, es que ha sobrevivido a varios fines del mundo. Pero no se confíe. El próximo está cerca. Ocurrirá, según algunos, cuando entre en funcionamiento en las próximas semanas un nuevo acelerador de partículas. La máquina del Juicio Final ha costado ya más de 4.000 millones de euros. Se llama Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y es el instrumento científico más grande del mundo: su principal elemento es un túnel circular de 27 kilómetros, excavado a entre 50 y 175 metros de profundidad cerca de Ginebra. Los físicos esperan recrear en él, en miniatura, las condiciones del Universo billonésimas de segundo después del Big Bang. Los agoreros de turno temen que se desencadenen fuerzas incontrolables -como un agujero negro-, y aquí paz y después nada.

El temor al fin del mundo resurge cada pocos años. La más reciente oleada apocalíptica la vivimos poco antes del cambio de centuria. Paco Rabanne anunció que la estación espacial rusa Mir iba a caer sobre París el 11 de agosto de 1999, en coincidencia con el último eclipse total de Sol del milenio, que -según una peculiar lectura de las Centurias de Nostradamus- iba a suponer la aparición del Gran Rey del Terror. La tragedia de la capital francesa -"ciertos barrios recordarán Hiroshima"- iba a marcar, dijo el diseñador, el principio del fin. "No podía guardar un secreto tan terrible. He cumplido mi deber. Estoy aquí para avisar a los humanos", advertía un mes antes. Pasó el 11 de agosto de 1999 sin que sucediera nada. Así que, cuando después alguien le ha preguntado por su profecía, Rabanne ha respondido que nunca habló del fin del mundo, sino del de una era, signifique eso lo que signifique y digan lo que digan las hemerotecas.

Clérigos y astrólogos

La historia se repite desde hace siglos. En la Edad Media se sucedieron las predicciones del fin del mundo a partir de la interpretación de los textos bíblicos. Julián de Toledo, el desconocido autor de la Crónica mozárabe, y el Beato de Liébana, en su Comentario al Apocalipsis, coincidieron en señalar el año 800 como el del fin de los tiempos. Pasó la fecha y también 992, año fatídico para el eremita Bernardo de Turingia. La noche del 31 de diciembre de 999 tampoco ocurrió nada, y, a partir de ese momento, los ocultistas se sumaron en masa a los intérpretes de la Biblia.

Una conjunción -coincidencia en una región del cielo- de los planetas entonces conocidos en la constelación de Libra llevó a algunos a temer lo peor en 1186. Los religiosos Arnaldo de Vilanova y Vicente Ferrer demostraron sus dotes profetizando el fin del mundo para 1370 y 1412, respectivamente. El astrólogo Johannes Stöfler lo vaticinó para el 20 de febrero de 1524, basándose en la cercanía en el cielo de Marte y Júpiter. Como falló, su discípulo Johann Carion rehizo los cálculos y apuntó al 15 de julio de 1525. Y así de éxito en éxito... hasta Paco Rabanne.

En el siglo XIX, se incorporaron al club de los visionarios apocalípticos los líderes de algunas recién nacidas confesiones cristianas. Demostraron que a los creyentes no les importa mucho que sus profetas fallen en sus predicciones una y otra vez. William Miller, fundador de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, calculó un primer fin del mundo, según la Biblia, para el 21 de marzo de 1843 y, como no llegó, un segundo para el 22 de octubre de 1844. Pero quienes se han llevado la palma apocalíptica son los Testigos de Jehová, organización nacida en 1870: Charles Russell, su fundador, predijo el fin de los tiempos para 1874 y 1914; su sucesor, Joseph Rutherford, para 1918, 1925 y la década de 1940; y el sucesor de Rutherford, Nathan Knorr, para 1975.

Del espacio exterior

Los nuevos dioses llegados del espacio a mediados del siglo pasado han aportado en las últimas décadas varias fechas al imaginario apocalíptico. Sixto Paz, un peruano que dice tener encuentros personales con extraterrestres, anunció en 1975 que los visitantes le habían revelado que "la constante amenaza de una guerra atómica pasará pronto a convertirse en un holocausto vertiginoso y sangriento. Todo ello, además, coincidirá con el paso del cometa Halley". En 1986, el cometa pasó cerca de la Tierra, y aquí estamos.

Tampoco ocurrió una catástrofe planetaria en septiembre de 1991, cuando, según el estigmatizado italiano Giorgio Bongiovanni, un meteorito iba a chocar contra nuestro planeta. Discípulo del contactado Eugenio Siragusa, decía que se lo habían confirmado nada menos que Jesucristo y la Virgen. Seis años después, 39 miembros la secta de La Puerta del Cielo se suicidaron en California para ser recogidos en espíritu por una nave extraterrestre y eludir las desgracias que se iban a abatir sobre la Humanidad, según sus guías alienígenas. "Una de las principales fuentes generadoras de profecías apocalípticas durante el siglo XX es la mitología de los platillos volantes", sentencia el filósofo canario Ricardo Campo, quien recuerda que el anuncio de desastres planetarios se remonta a los contactados de los años 50 y que grupos como los raelianos consideran que estamos viviendo "la edad del Apocalipsis" desde las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Los que ahora advierten del peligro del LHC también lo hicieron a finales de los 90 respecto al Colisionador Relativista de Iones Pesados del Laboratorio Nacional de Brookhaven (Nueva York), en funcionamiento desde 2000. Como ya ocurrió con el acelerador de partículas estadounidense, sus temores sobre el LHC han sido desmentidos en sesudos informes científicos. ¿Cuál será la próxima fecha apocalíptica? Vaya preparándose para el 21 de diciembre de 2012, cuando se acabará el mundo según predicciones mayas tan dignas de crédito como el resto de las citadas en estas líneas. Predecir el fin del mundo es, en el fondo, una estupidez: si fallas, vas a ser el hazmerreír por los siglos de los siglos; si aciertas, no va quedar nadie para reconocerte el mérito. Así que, una vez pasados los quince minutos de gloria warholianos, llevas todas las de perder.


La revista

Pensar: Revista cuyo objetivo es fomentar el pensamiento crítico respecto al mundo del misterio, desde la existencia del alma hasta las visitas extraterrestres y los poderes paranormales.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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