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09 Nov 2009

Escribo estas líneas de espaldas a la puerta de la redacción digital de El Correo y estoy tan tranquilo, aunque leo en la edición de papel un reportaje en el que, según dos expertos belgas en feng shui, "si damos la espalda a una puerta, inconscientemente estaremos inquietos, porque no podemos ver quién entra y eso, al final, acaba repercutiendo en nuestra salud". Los sabios se llaman Micheline Siemsen y Ami Naides, y son indudablemente unos tipos listos: viven de aconsejar a la gente cómo tiene que organizar sus casas según los principios de una superchería milenaria. Porque eso es el feng shui, un cuento chino -en los dos sentidos de la expresión- equiparable a la acupuntura, el horóscopo, las fajas magnéticas de la teletienda y otras rentables engañifas. Pero vayamos por partes.

¿Qué es eso del feng shui? Se trata de una especie de acupuntura arquitectónica basada en que todas las cosas y personas tienen una energía vital y que en las casas hay que organizar las estancias y los muebles según unas energías positivas y negativas chiripitifláuticas que sólo detectan los expertos en feg shui. Por eso, sobrecoge enterarse de que una arquitecta como Beatriz San Torkuato cree que, a la hora de levantar un edificio, hay que saber si tenemos debajo una corriente de agua o una falla porque "generan energía negativa" que puede afectar, según ella, a nuestra salud. Y ustedes se preguntarán, ingenuos: ¿cómo se mide esa energía?, ¿qué aparato determina si es positiva o negativa?, ¿cómo se establece la relación entre esa energía indetectable y la salud de los habitantes de una casa? y, lo más importante, ¿cómo pueden dejar que construya casas alguien que cree en energías mágicas que pueden afectarlas?

Si el feng shui funciona, es porque hay personas que se dejan engañar por una jerga sinsentido y afirmaciones tontas del estilo de que, según la arquitecta citada, "es bueno que en la habitación de una pareja haya adornos por duplicado, como dos cajitas, dos jarrones...". ¿Por qué? Ya sé que la pregunta es incómoda, pero es que hay que hacerla. "Notaba que la energía se empezaba a enrarecer y llegaba a casa agotada de trabajar", dice que sentía Nuria González, dueña de un local de estética en Galdakao, antes de decorarlo según los dictados del feng shui. Y yo me pregunto: ¿desde cuándo la energía se enrarece? ¡Vaya, otra pregunta incómoda! Claro que todo se lo solucionó Aitor López, su geobiólogo de cabecera, quien, a pesar de lo que pueda parecer, ni es geólogo ni biólogo ni tiene ninguna formación científica, sino que es radiestesista, zahorí.

Dice López que la camilla del centro de estética estaba "colocada en un cruce de líneas Hartmann, lo que hace de esta zona muy debilitante". Lo de las líneas Hartmann queda muy bonito, suena a científico y todo; pero lo es tanto como una carta astral de Aramís Fuster. Porque nadie que no sea zahorí cree en esas líneas de emisiones energéticas, descubiertas a mediados del siglo pasado por el radiestesista alemán Ernst Hartmann, que conformarían una especie de red mundial por la que -San Torkuato, explica- "la Tierra saca la electricidad" y de cuya existencia no hay ninguna prueba científica. Si ahora la masajista de Galdakao dice sentirse mejor y cansarse menos, es por lo mismo por lo que a los niños se les pasa el malestar después de darse un golpe si les hacen mimos. Pura sugestión. Y si el feng shui es un buen negocio, es porque hay gente ingenua, que cree cualquier cosa -hasta en las fajas magnéticas-, se deja llevar y se fía más de los charlatanes que de los científicos. Pregúntenle a cualquier geólogo por las zahorísticas líneas Hartmann y ya verán lo que les dice. Yo, mientras tanto, sigo escribiendo de espaldas a la puerta.

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28 Abr 2009

El Cheung Kong Center de Hong Kong, una torre de 283 metros, ha rechazado acoger una exposición benéfica de zuecos holandeses basándose en el feng shui, según informaba anteayer The Sunday Morning Post. El feng shui es una especie de acupuntura arquitectónica basada en la creencia de que todas las cosas y personas tienen una energía vital y que en las casas hay que organizar las estancias y los muebles según unas indetectables energías positivas y negativas. La dirección del rascacielos ha argumentado, informa la Agencia France Presse, que los zapatos de madera podían ser portadores de la mala suerte, ya que la palabra cantonesa para zapatos (hai) suena parecido a un suspiro de exasperación. Me pregunto si en el edificio trabajan descalzos. Además, según un reportaje publicado recientemente en The Wall Street Journal, los maestros de feng shui no se limitan en Hong Kong a tomar decisiones sobre decoración, sino que también hacen pronósticos económicos y tienen entre sus clientes a la élite de los negocios. Una demostración más de que el dinero no sólo no da la felicidad, sino que tampoco da la inteligencia. En nuestro país, el departamento de Interior catalán decidió el año pasado decorar sus oficinas centrales de acuerdo con los principios de esta superstición.

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13 Ene 2008

Público regaló ayer a los engañabobos del feng shui una página gratuita de publicidad camuflada de información. Sólo así puede calificarse el texto que contaba que las oficinas centrales del Departamento de Interior de la Generalitat catalana se van a decorar según los principios de esta brujería china. La autora, Lea del Pozo, decía que "los empleados de la nueva sede de Interior deberían trabajar más y, encima, estar contentos. Allí, la energía fluye"; que "antes de empezar a construir el edificio se hizo el estudio de geobiología. Esto es, detectar las geopatías, energía negativa, y neutralizarlas"; que "el objetivo de Interior es que los trabajadores estén más a gusto y evitar tanto enfermedades como la baja productividad"; que "Interior ha tirado la casa por la ventana y se ha dejado aconsejar en todo por el estudio de feng shui"; y que "el feng shui tiene que ver con el equilibrio de las energías, no con los espejitos mágicos o los símbolos esotéricos". Habría estado bien que hubiera denunciado el derroche de dinero público en pseudociencia, en vez de arrojarse a los brazos del Estudio Feng Shui Marian Duran, beneficiario último de la ignorancia de los gestores públicos catalanes.

El periódico que dirige Nacho Escolar -¿está la redacción decorada siguiendo los principios del feng shui?- jalea al departamento de Interior catalán por malgastar el dinero público en aplicar está técnica milenaria a su nueva sede en vez de denunciar el disparate. Flaco favor hace al otorgar crédito a esta especie de acupuntura arquitectónica basada en que todas las cosas y personas tienen una energía vital y que en las casas hay que organizar las estancias y los muebles según unas energías positivas y negativas chiripitifláuticas que sólo detectan los expertos en feng shui, claro. Como suele decir Manuel Toharia, hay engañabobos porque hay bobos. ¿O acaso se creen ustedes que nadie compra las fajas magnéticas milagrosas de la teletienda de madrugada? Pues el feng shui tiene el mismo fundamento: ninguno. (No se pierdan la impagable infografía según la cual hay que orientar la mesa de trabajo de acuerdo con la fecha de nacimiento y hay que tener en el despacho ocho peces rojos y uno negro.)

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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