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30 Sep 2009

Hoy, 30 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Blasfemia, una jornada en la que los defensores de la libertad de expresión queremos reivindicar el derecho a las crítica de las religiones en un mundo donde los diferentes credos intentan imponer sus dictados y eludir toda crítica mediante presiones, legislaciones ad hoc y la fuerza. Blasfemia es, según el Diccionario de la RAE, la "palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos". Una definición un tanto limitada, ya que para cada religión es blasfemia la "palabra injurosa" contra su dios o dioses, pero no contra los del prójimo. Por eso, lo que para un creyente es una blasfemia -una Virgen enseñando un pecho- para otro no lo es y, para un ateo, no lo es la "palabra injuriosa" contra ningún dios. ¿Qué derecho tiene alguien a condenarme por blasfemo porque me ría de un ser para mí tan imaginario como Papa Pitufo y de quienes creen en él? Blasfemo será, en todo caso, quien crea en un dios y lo ponga a caer de un burro, pero nunca un no-creyente.

El Día Internacional de la Blasfemia se celebra hoy en conmemoración de uno de los episodios más vergonzosos que hemos vivido recientemente en Occidente de sumisión al fanatismo religioso, que está en el origen, no lo olvidemos, de ataques terroristas como el 11-S y el 11-M. Me refiero a la publicación el 30 de septiembre de 2005 de unas caricaturas de Mahoma por parte del periódico danés Jyllands-Posten, que se tradujo en una salvaje campaña represora por parte del mundo islámico y el sometimiento de algunos políticos occidentales a los dictados de Alá. José Luis Rodríguez Zapatero firmó, por ejemplo, una carta con el primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan, censurando la publicación las caricaturas y diciendo que su aparición en un medio de comunicación "puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político". Así respondió nuestro presidente del Gobierno a las amenazas de muerte contra Kurt Westergaard, autor del dibujo de Mahoma con un turbante-bomba, y a las manifestaciones violentas de los islamistas. Lamentablemente, no hay nada que nos lleve a pensar que el inquilino de La Moncloa haya cambiado de opinión, y la Europa de la Ilustración no se acabe al norte de los Pirineos.

Más recientemente, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó el 26 de marzo, por iniciativa de Pakistán, la resolución 62/154 contra la difamación religiosa, que compara ésta con la incitación al odio y "subraya la necesidad de combatirla", en especial cuando el blanco es el Islam y los musulmanes. Javier Solana, jefe de Exteriores de la Unión Europea, apoyó expresamente en su día que los países islámicos presentaran una propuesta en este sentido ante la ONU. Algo chocante por lo estúpido del asunto, ya que, como ha subrayado recientemente el filósofo Massimo Pigliucci, "todos los creyentes religiosos incurren constantemente en blasfemia hacia todos los dioses en los que no creen. Podría pensarse que esta simple observación pone término a cualquier cháchara estúpida a cerca de legislar la blasfemia, pero estaríamos en un error espectacular. Una reciente lista de leyes sobre la blasfemia deja claro que no se encuentra sólo en los lugares obvios, Irán, Pakistán, Arabia Saudí y otras naciones igualmente poco ilustradas, sino también en la mayor parte de los países europeos, Canadá, y varios estados de EE UU".

Rechazo unánime

La resolución 62/154 ha sido objeto de críticas por organismos nacionales e internacionales. "El concepto de difamación de religiones es incompatible con los estándares internacionales relativos a la difamación, los cuales se refieren a la protección de la reputación de las personas individuales y no de las religiones que, como cualquier otra creencia, no tienen un derecho a la reputación", destacan en una declaración conjunta el relator especial de la ONU para la Libertad de Opinión y Expresión, el representante de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa para la Libertad de los Medios de Comunicación, la relatora especial de la Organización de Estados Americanos para la Libertad de Expresión y la relatora especial de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos para la Libertad de Expresión y el Acceso a la Información. Para estos vigías de la libertad de expresión, las restricciones a ésta "deben limitarse a la protección de intereses sociales y derechos individuales imperativos, y no deben usarse nunca para proteger instituciones particulares ni nociones, conceptos o creencias abstractas, incluidas las de índole religioso". "La religión es un tema sujeto legítimamente a la crítica, la sátira y el debate. El concepto de difamación de la religión puede reprimir gravemente el debate. Nos preocupa seriamente que esta resolución pueda ser invocada por Gobiernos autoritarios para suprimir la libertad de expresión", ha dictaminado, por su parte, la Asociación Mundial de Periódicos (WAN).

Lo he dicho varias veces aquí y lo vuelvo a repetir: nuestros políticos quizás estén dispuestos a traficar con la libertad de expresión en un mundo políticamente correcto en el que ya pocos llaman a las cosas por su nombre. Enfadarse, molestarse, por una caricatura entra dentro de lo normal; matar es salvajismo. No tiene justificación alguna. Volviendo a Pigliucci, "lo que necesita ser protegido no son los discursos que incitan al odio, por supuesto, sino las acciones de odio: quemar iglesias, asesinar a médicos abortistas o atacar las embajadas de los paises cuyos ciudadanos publican viñetas satíricas debe ser condenado fuertemente y perseguirse mediante la ley. Sólo hay una excepción razonable a la protección ilimitada del discurso: cuando alguien incita directamente a los crímenes de odio. Pero en este punto las religiones tienen un historial realmente malo. ¿No deberíamos limpiar el odio y la violencia reales en nuestras propias casas antes de lanzarnos contra los imaginarios que nuestra paranoia atribuye a otras personas?".

El Consejo de Europa, integrado por 46 países y 800 millones de europeos, se pronunció en junio de 2006 contra la creación de legislaciones antiblasfemia. "Las leyes contra la blasfemia y la crítica de las prácticas y dogmas religiosos han tenido a menudo un impacto negativo sobre el progreso social y científico. Esta situación empezó a cambiar con la Ilustración", se explicaba en una resolución, aprobada por su Asamblea Parlamentaria, que destacaba que la libertad de expresión "no debe restringirse más para responder a la creciente sensibilidad de algunos grupos religiosos". Como se explica en el grupo de Facebook del Día Internacional de la Blasfemia, "a diferencia de la afiliación política o deportiva, la religión demanda -y se la han concedido [en la ONU]- inmunidad contra toda crítica. Al etiquetar cualquier crítica como blasfemia, las religiones definen de manera efectiva los límites de lo que puede y no se puede decir acerca de ellas". Lo que tiene quererse llevar bien con todos, incluidos aquéllos que lapidan mujeres y cortan las manos a los ladrones, es que uno puede acabar renunciando a sus derechos para que no se enfaden y lo hagan volar por los aires.

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19 Jun 2009

Un hombre ha sido asesinado hace hora y media en Arrigorriaga (Vizcaya) por ETA, en un intento más de la banda terrorista de someternos a su dictadura: la de las pistolas y el pensamiento único. ¿Qué pasa por la mente de estos criminales?, ¿qué principios les han inculcado en las escuelas y en sus familias a los asesinos de Eduardo Puelles García?, ¿cómo se entiende que un porcentaje significativo de la sociedad vasca les respalde, que esté tan enfermo como para dar su voto a formaciones que apoyan asesinatos como el de hoy?, ¿qué hemos hecho mal durante los treinta años de democracia para que persista el fanatismo criminal entre muchos de nuestros vecinos?

No hablo de política; hablo de principios básicos, el primero de los cuales es el respeto a la vida. ¿A qué esperan nuestros gobernantes para meter de una vez en la formación de las nuevas generaciones el pensamiento humanista, limpio de residuos políticos y religiosos, y sacar de las aulas sin miramientos a quienes contaminan las mentes infantiles de fanatismo? Los terroristas, todos, no quieren que seamos libres, nos quieren hacer esclavos de sus mitos, algunos de los cuales son alimentados por políticos sin escrúpulos que no se manchan las manos de sangre, pero disparan las palabras.

Nada diferencia en esencia a los asesinos de Eduardo Puelles García y sus cómplices de sus correspondientes del 11-S, del 11-M, del franquismo, del nazismo y de tantos episodios vergonzosos de la Historia. Para quienes creemos que el ser humano es la medida de todo, cada vida es sagrada por irrepetible y única. Hoy es otro día triste por obra y gracia -¡maldita!- del fanatismo nacionalista de ETA.

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06 Abr 2009

Almudena Cacho y yo hablamos el 1 de abril en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre el fantasma del castillo de Tantallon, la gran idea de Darwin y el el Vaticano, el condón y el sida, en la vigesimatercera entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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27 Mar 2009

La revista médica The Lancet acusa esta semana a Benedicto XVI de "distorsionar públicamente la realidad científica para promover la doctrina católica", al decir que la distribución masiva de condones no sólo no ayuda a luchar contra el sida, sino que además “aumenta el problema".

La peligrosa tontería papal provocó una inmediata declaración conjunta de ONUSIDA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que comienza diciendo que "la utilización del preservativo es un elemento crucial para un enfoque integral, eficaz y sostenible de la prevención del virus de inmudeficiencia humana (VIH), y conviene acelerar su promoción". Las tres prestigiosas instituciones destacan que "el preservativo masculino de látex es la tecnología individual disponible más eficaz para reducir la transmisión sexual del VIH y otras infecciones de transmisión sexual", tal como se ha demostrado tanto en el laboratorio como "allí donde el sida ya se ha extendido con fuerza".

"No está claro si el error del Papa se debe a la ignorancia o a un intento deliberado de manipular la ciencia para apoyar la ideología católica", apunta generosamente el editorial de The Lancet dedicado a las polémicas declaraciones del pontífice. El autor del texto, titulado '¿Redención para el Papa?', destaca que "sus comentarios están ahí y los intentos del Vaticano de retorcer las palabras del Papa, manipulando una vez más la verdad, no son el mejor camino a seguir. Cuando una persona influyente, sea un líder religioso o político, hace una declaración científica falsa que puede tener efectos devastadores para la salud de millones de personas, debe retractarse o rectificar. Cualquier otra cosa que hiciera el papa Benedicto sería un flaco favor al público y a quienes trabajan en defensa de la salud, incluidos muchos miles de católicos que trabajan incasablemente en todo el mundo para impedir la propagación del VIH/sida".

La Iglesia tardó más de 400 años en admitir que Galileo tenía razón al decir que la Tierra gira alrededor del Sol y perdonarle. ¿Cuánto tardará en retractarse de las falsedades sobre el condón y el sida?, ¿cuánta gente morirá en África por creer las mentiras sobre el preservativo predicadas por Benedicto XVI?

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26 Ene 2009

Estamos de enhoramala: la escuela pública vasca se abrirá en septiembre no sólo en la fe católica, sino también en la evangelista, islámica y judía. Dentro de poco, las paredes de los centros educativos de Euskadi estarán tan llenas de símbolos religiosos que no habrá hueco para la pizarra. Es lo que tiene haber hecho de la escuela durante décadas un centro de adoctrinamiento religioso, no haber preservado en la Transición la educación pública de la catequesis obligatoria tan del gusto de la Dictadura. No se hizo entonces y ahora, ante el crecimiento de fieles de otras confesiones, nuestros gobernantes meten a más dioses en las aulas, en vez de echar a todos de ese espacio reservado a la formación y educación de los futuros ciudadanos.

Bastan unos pocos escolares -80, según la información que ha trascendido- para que la Administración vasca considere que ha de garantizar el adoctrinamiento en una religión determinada en la escuela. Así que dentro de poco tendremos a niños adorando a Tom Cruise que estás en los Cielos, porque para eso la cienciología ha sido reconocida como religión en este país de nuestros dolores. Claro que también podemos animarnos otros y dar sendos empujoncitos legales a la religión Jedi y a la del Monstruo de Espagueti Volador. ¿Qué no les parecen serias? ¿Por qué? Únicamente porque son más recientes, me temo, ya que los principios de estos dos credos son tan creíbles como los que ahora se van a enseñar en las escuelas vascas y, encima, no se han cobrado miles de vidas en evangelizaciones masivas ni guerras santas.

Hay una solución mejor, mucho mejor que la divina inflación educativa: separar de una vez Iglesia y Estado. Que cada uno crea en lo que sea, pero que ninguna creencia invada la escuela pública, la casa de todos… Que los centros religiosos adoctrinen a los escolares en el credo que quieran, siempre y cuando esté dentro de la ley, y que la catequesis se imparta fuera del horario lectivo. Que cada uno tenga en su casa el dios que quiera, pero que no haya ninguno en la de todos. Posiblemente, esto disguste a parte de la jerarquía católica aún más que la pérdida del monopolio espiritual ejercido durante décadas y finiquitado con la muerte de Franco. Es su problema. No hay que impedir a nadie que crea en lo que quiera, pero la escuela es de todos y ahí no han de tener cabida doctrinas partidistas, ni políticas ni religiosas.

Iglesia por un lado; Estado, por otro

Sacar la religión de la escuela, como primer paso en la separación real de Iglesia y Estado, debería ser una prioridad para los colectivos ateos y laicos, un porcentaje nada desdeñable de la población: el Estudio Fundación BBVA sobre Actitudes Sociales de los Españoles reveló en 2007 que un 23,4% dice no pertenecer a ninguna religión. Aunque desacertada en el enfoque y mal planificada, la campaña atea en los autobuses de varias ciudades españolas está teniendo el efecto previsible: el cabreo generalizado de la jerarquía católica y nuestros paisanos más integristas ante la demostración de que se puede vivir sin dios tan ricamente. Se han quitado la careta.

Durante las últimas semanas, se han leído en la prensa tonterías como que “el bus ateo contamina el aire antes de circular”, pero la mayor la ha dicho hoy Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal, para quien la libertad de expresión “ha de ser tutelada” y “los medios públicos no deberían ser utilizados para socavar derechos fundamentales, tampoco el de los creyentes a no ser heridos y ofendidos en sus convicciones”. La tutela de la libertad de expresión que reclama el jefe de los obispos es propia de los regímenes totalitarios y las convicciones religiosas no han de gozar de inmunidad crítica.

En una sociedad democrática, nada debe estar libre de crítica, ni ésta ha de supeditarse a una posible reacción violenta por parte del criticado. "Abogamos por la universalidad de la libertad de expresión, de tal modo que el espíritu crítico pueda ejercerse en todos los continentes, contra todos los abusos y todos los dogmas", decían los autores del manifiesto Juntos contra el nuevo totalitarismo. Rouco Varela puede tutelar la libertad de expresión de sus feligreses, si éstos le dejan; pero que no se meta con la del resto. Porque un clérigo, por muy alto que esté en el escalafón vaticano, no tiene ningún derecho a inmiscuirse en las decisiones de quienes no reconocemos en él ninguna autoridad, ni celestial ni terrenal. Y que recuerde, cuando aboga por las mordazas, que, según una resolución de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, “no puede haber una sociedad democrática sin el derecho fundamental a la libertad de expresión" y ésta incluye "el debate abierto sobre la religión y las creencias". Todas.

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06 Oct 2008

El abogado Alan Shore, al que da vida James Spader en la serie Boston Legal, suele defender causas aparentemente perdidas con argumentos políticamente muy incorrectos. Acostumbra a decir las cosas con toda su crudeza. Así, cuando en el episodio 'Whose god is it anyway?' (¿De quién es ese dios?) representa a un colega que ha despedido de su firma a un abogado por ser cienciólogo, Shore deja a las claras lo ridículo de los principios del credo inventado por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard.


Reducidos a la literalidad, los principios de cualquier religión son tan poco defendibles desde la razón como los de la cienciología, ya se trate de reencarnaciones, inundaciones planetarias, concepciones virginales, gigantescos harenes en el Más Allá... En el alegato final del caso citado, Shore aboga por la desacralización de la religión en Estados Unidos, por defender que cada uno sea libre de creer en lo que quiera, de adorar al dios que le dé la gana; pero que nadie tenga derecho ni a imponer a los demás su divinidad ni a causarles daño alguno en su nombre.


Mientras tanto, en nuestro querido país, los funerales de Estado siguen imponiendo el dios cristiano a todos -recuerden el accidente de aviación de Barajas y el 11-M- y en algunos tanatorios -no sé si en todos- la sala para despedir públicamente al difunto no sólo se llama capilla, sino que además los símbolos cristianos forman parte de su decoración permanente, aunque la ceremonia sea laica. ¡Viva la imposición religiosa!

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01 Abr 2007

El Gobierno vasco acordó el 27 de febrero declarar Euskadi zona libre de transgénicos. El Ejecutivo de Juan José Ibarretxe dijo hace casi dos meses que las plantas genéticamente modificadas amenazan "gravemente" al sector agroalimentario vasco porque su existencia supone un riesgo para "los métodos de cultivo tradicionales y ecológicos". Ahí queda eso. A nuestros políticos les da igual lo que digan los científicos. Da la impresión de que les preocupa más lo que vociferan quienes ocultan a la gente que llevamos jugando con genes desde hace milenios, que los productos de la agricultura tradicional ¡son transgénicos! Y da igual que el Gobierno sea autonómico o central.

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, al que hay que agradecer que haya dado luz verde a la experimentación con embriones y la clonación terapéutica abominadas por el Gobierno de José María Aznar, prefiere a los ecólatras antes que a los científicos cuando se trata de transgénicos. Los transgénicos tienen mala prensa, aunque estén todos los días en nuestra mesa, estuvieran en la de nuestros abuelos y vayan a estar en la de nuestros hijos por mucha declaración buenrrollista que se haga. Parece que es más seguro jugar con genes al azar, como han hecho desde siempre los agricultores, que realizar sólo los cambios necesarios y ninguno más, como hacen los biotecnólogos.

La Prensa apenas se ha hecho eco -en El Correo publicamos la noticia el martes- de que 120 científicos españoles han suscrito un manifiesto, cuya firma ha coordinado la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), a favor del uso de los transgénicos. En contra del alarmismo del Gobierno vasco -me apostaría lo que fuera a que ni un biólogo de prestigio respalda su postura-, los expertos destacan que, "tras once años de empleo extensivo en países desarrollados (y nueve años en España), sin un solo efecto adverso sobre las personas o el medio ambiente que sea achacable a la moderna modificación genética, la Unión Europea ha establecido un riguroso proceso de autorizaciones paso a paso y caso por caso, basado en el principio de precaución, y aplicado con criterios científicos, transparencia y trazabilidad".

Miedo a la innovación

Los firmantes -Margarita Salas, Pilar Carbonero, Juan Carlos Izpisua y Santiago Grisolía, entre otros- recuerdan que "la modificación genética de plantas es una realidad tan antigua como la agricultura" y advierten de que nos estamos jugando "el derecho a progresar" de nuestra agricultura. "A pesar de que las autoridades españolas reconocen en nuestro país importantes problemas medioambientales como falta de agua, erosión del suelo, o aumentos en las emisiones de CO2 muy superiores a los comprometidos en el Protocolo de Kioto, no están favoreciendo con sus decisiones la aprobación y empleo de las variedades mejoradas con la tecnología más moderna. Lo cual no solamente envía una señal de alarma a las entidades que invierten en I+D+i en este campo, sino que contribuye a aumentar el impacto sobre el medio ambiente de cada unidad de alimento o biocombustible producido", dicen.

La incógnita es si el Gobierno central, al que va dirigido el mensaje, hará algo pronto o continuará atemorizado por los ecólatras, como el Ejecutivo de Aznar lo estuvo por los integristas cristianos respecto a la experimentación con embriones, en un país en el que siempre hay en algún sitio elecciones a la vuelta de la esquina. Aunque autocitarse sea feo, les invito a que relean la entrevista que hice en junio del año pasado a la ingeniera agrónoma y bioquímica Pilar Carbonero. Ya dije entonces en esta página que "hablar a favor de los transgénicos es políticamente incorrecto en una sociedad con doble personalidad respecto a la tecnología: es incapaz de renunciar a ella, pero teme casi toda innovación". Y recordé como "lo de los transgénicos no es nada nuevo en ningún sentido: como reacción popular, entra dentro de lo visto con otros avances recientes; como avance, es tan antiguo como la agricultura, a pesar de que los que se oponen a los transgénicos prefieran ocultárselo a sus seguidores, porque hemos estado mezclando genes de plantas desde que empezamos a cultivar la tierra".

El problema no sólo es que nuestros políticos no sepan de historia ni de biología, es que además no quieren saberlo. Estaría bien que en el publicitado Año de la Ciencia empezaran a dejarse guiar por pruebas, en vez de por miedos infundados. Por cierto, ¿están también contra la insulina transgénica que se inyectan desde hace años sin problemas los diabéticos de medio mundo, toda España incluida?

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08 Dic 2006


En cuanto Mauricio-José Schwarz, periodista y miembro del Círculo Escéptico, me avisó de que estaban en Internet los documentales Root of all evil? The God delusion (¿La raíz de todo mal? La ilusión Dios) y Root of all evil? The virus of faith (¿La raíz de todo mal? El virus de la fe), del biólogo Richard Dawkins, decidí verlos y enlazarlos desde Magonia. Merecen la pena. Son una muestra de televisión valiente, comprometida, humanista. Todo lo contrario a lo habitual. (Quizá por eso, ojalá me confunda, tardaremos en verlos en España; si es que los vemos.) Ya la primera frase de Dawkins es una declaración de principios: "Hay asesinos en todo el mundo que quieren matarnos a usted y a mí, y a sí mismos, motivados por lo que ellos consideran el más alto de los ideales". El biólogo reconoce, seguidamente, la importancia en la situación mundial actual de conflictos políticos como los de Palestina e Irak, y empieza su disección de la religión, cuya conclusión resume la sentencia de Steven Weinberg, pronunciada en una conferencia sobre el diseño inteligente en 1999, que recuerda al final del segundo documental: "Con o sin religión, la gente buena seguirá haciendo el bien y la gente mala seguirá haciendo el mal; pero para que la gente buena haga el mal hace falta la religión".

Quien no domine el inglés que no se asuste, la pronunciación de Dawkins es envidiable y ayuda mucho a los que mantenemos una relación de amor-odio con la lengua de Shakespeare. Estoy de acuerdo con prácticamente todo lo que dice el biólogo y escéptico en este documental. Es verdad que pienso que las versiones más moderadas de religiosidad reportan tranquilidad psicológica a mucha gente, para la que la fe es la muleta necesaria para aguantar el sinsentido trascendental de nuestra existencia; pero no creo que esa razón justifique el fomento de la religión entre las nuevas generaciones. El título de los documentales -Root of all evil? (¿La raíz de todo mal?)- fue una imposición de Channel 4 para crear polémica, al que Dawkins consiguió añadirle la interrogación, ya que considera ridículo achacar todo mal a una cosa concreta. Así es. Hay otras causas del mal, pero que la religión no sea la única no significa que tengamos que olvidarnos de ella.

El adoctrinamiento religioso a que se somete a niños de todos los credos es, para mí, uno de los grandes lastres de nuestra sociedad. Crea individuos educados en el terror, como bien sabe la mayoría de quienes han padecido una educación religiosa. Por eso me ha encantado que Dawkins dedique una parte importante de su exposición a la expansión del virus de la fe entre los más pequeños, algo que en nuestro país cuenta con el visto bueno casi general. En España, los dirigentes políticos de todos los partidos que han gobernado en el todo y las partes han dejado, en los últimos treinta años, el sistema educativo en manos de la Iglesia católica. No han tenido el coraje de crear una auténtica escuela laica y romper con la herencia de la dictadura bajo palio. Al contrario, la oferta religiosa en la escuela pública del todo y las partes se va a ver completada poco a poco con la de otros credos con demanda social para, se dice, garantizar la libertad de culto.

Libertad religiosa y catequesis

Nuestros políticos confunden la libertad religiosa y de culto -consagrada, y nunca mejor dicho, en el artículo 16 de la Constitución española- con una presunta obligación del Estado de atender las necesidades formativas de los diferentes credos. Papá Estado ha convertido así las aulas de la escuela pública en sacristías a tiempo parcial y que a nadie se le ocurra cuestionarlo porque será automáticamente tildado de intolerante. Y el descaro de la jerarquía eclesiática española llega al extremo de pretender imponer qué se debe enseñar a los niños para educarlos como ciudadanos libres en una sociedad democrática y tolerante.

La cesión más reciente del Estado laico español hacia la religión ha consistido en meter el islam en clase, cuando no había que haber introducido el Corán en la escuela pública, sino sacado la Biblia de ella. Porque la enseñanza pública no ha de servir a ningún credo, como ocurre en España. El adoctrinamiento en la fe y los crucifijos no tenemos que pagarlos todos, ni tampoco ha de sustraerse dinero público del fondo común para financiar organizaciones de cualquier confesión, como pasa con la declaración de la renta. La religión -sea la católica, la musulmana o cualquier otra- debe financiarla quien la profesa y su enseñanza también. Es tan injusto que se utilice la educación pública para el adoctrinamiento religioso como que se emplee para el partidista. La escuela tiene que formar personas libres y tolerantes, no creyentes infectados por el virus de la fe. Si los padres quieren inyectar a sus hijos una creencia, que lo hagan con su dinero y con sus medios; pero que no nos obliguen a los demás a ser cómplices de ese adoctrinamiento en lo irracional.

Por todo esto, me parece necesario y muy sano que alguien diga las cosas como lo hace Richard Dawkins en estos documentales, olvidándose del aborrecible lenguaje políticamente correcto tan del gusto del progresismo de pacotilla. Es hora y media de televisión de la mejor dividida en dos piezas -empiecen por la de arriba-, así que, si quieren, siéntense cómodamente a disfrutar. Están en su casa.

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29 Jun 2006

El filósofo ilustrado François Marie Arouet, Voltaire (1694-1778).La libertad de expresión "no debe restringirse más para responder a la creciente sensibilidad de algunos grupos religiosos", dice una resolución aprobada ayer por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. El texto -aprobado por 98 votos a favor, 7 en contra y 3 abstenciones- "reafirma que no puede haber una sociedad democrática sin el derecho fundamental a la libertad de expresión" y que ésta incluye "el debate abierto sobre la religión y las creencias". Después de la reacción fanática que siguió en el mundo islámico a la publicación de unas caricaturas sobre Mahoma por el diario danés Jyllands-Posten y del intento de censura vaticana a la película El código Da Vinci, el Consejo de Europa sentencia que "el debate, la sátira, el humor y la expresión artística deben disfrutar de un alto grado de libertad de expresión y el recurso a la exageración no ha de ser visto como una provocación".

El texto, titulado Libertad de expresión y respeto de las creencias religiosas, se alinea con las tesis de quienes mantuvimos desde el principio que el derecho a la libertad de expresión es irrenunciable y que incluye el derecho a equivocarse y ofender. "En una sociedad democrática, las comunidades religiosas pueden defenderse contra la crítica y el ridículo según la legislación y las normas de los derechos humanos", dice. No hay lugar, por tanto, ni siquiera para la censura que tan deseosas están de imponer algunas confesiones en Occidente.

El Consejo de Europa, integrado por 46 países y 800 millones de europeos, se pronuncia, además, contra la creación de legislaciones antiblasfemia como las que todavía existen en muchos países. "Las leyes contra la blasfemia y la crítica de las prácticas y dogmas religiosos han tenido a menudo un impacto negativo sobre el progreso social y científico. Esta situación empezó a cambiar con la Ilustración", recuerdan los autores, en lo que es una reivindicación de los valores de la civilización occidental frente al fanatismo religioso. La resolución recuerda que la libertad religiosa es un derecho fundamental -que por cierto se respeta en las sociedades laicas y no en las teocráticas-, y que el fomento del odio hacia cualquier grupo religioso es intolerable y debe ser perseguido por los Estados.

Frente a los políticos que, tras el escándalo de las caricaturas, actuaron como unos cobardes y estaban dispuestos a traficar con un derecho fundamental para calmar a los islamistas incendiarios, ha vencido la Europa ilustrada, la que se encuentra en la raíz de nuestra civilización: no hay nada, creencias incluidas, que esté libre de crítica ni de mofa. Europa ha apostado por la libertad y contra la teocracia. Hoy hay motivos en el Viejo Continente para un brindis.

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02 Mar 2006

Mientras nuestros gobernantes trafican con la libertad de expresión, con la libertad, a cambio de que los fanáticos musulmanes no sean tan malos, un grupo de intelectuales diagnostica cuál es el problema real en un manifiesto que ha publicado el Jyllands-Posten, el periódico danés en el que aparecieron las caricaturas de Mahoma. "No estamos ante un choque de civilizaciones ni ante una muestra del antagonismo entre Occidente y Oriente, sino ante una guerra global entre demócratas y teócratas", dicen Salman Rushdie, Bernard-Henry Levy y otros diez pensadores.

Nuestros políticos prefieren, sin embargo, ceder al chantaje de los violentos que pararse a pensar en que hoy son los islamistas, pero mañana pueden sentirse molestos por la libertad de expresión los seguidores más radicales de otro credo, ideología política o club de fútbol, los fans de un artista o el colectivo que sea. Entonces, ¿qué haremos?, ¿seguiremos recortando poco a poco libertades para no molestar al grupo que toque? Porque aquí también tenemos aprendices de quemaembajadas, como demostró en Madrid ayer un hombre que intentó hacer estallar en el teatro Alfil un artefacto explosivo casero junto al camerino de Leo Bassi, cómico al que los ultracatólicos tienen en el punto de mira desde hace tiempo.

En una sociedad democrática, nada debe estar libre de crítica, ni ésta ha de supeditarse a una posible reacción violenta por parte del criticado. "Abogamos por la universalidad de la libertad de expresión, de tal modo que el espíritu crítico pueda ejercerse en todos los continentes, contra todos los abusos y todos los dogmas", dicen los autores del manifiesto Juntos contra el nuevo totalitarismo. Sin embargo, el buenismo de algunos líderes políticos occidentales les está llevando a una intolerable corrección política que les hace incapaces de defender los fundamentos del Estado de Derecho al que representan, darse cuenta de que las caricaturas de Mahoma son sólo la justificación a la que se agarran quienes quieren imponer en el mundo una dictadura religiosa.


Manifiesto: Juntos contra el nuevo totalitarismo

Tras haber vencido al fascismo, el nazismo y el estalinismo, el mundo se enfrenta ahora a una nueva amenaza totalitaria global: el islamismo.

Nosotros, escritores, periodistas, intelectuales, hacemos un llamamiento a la resistencia al totalitarismo religioso y por la promoción de luchar "de la libertad, la igualdad de oportunidades y los valores laicos para todos.

Los sucesos ocurridos recientemente, después de la publicación de unas viñetas de Mahoma en varios periódicos europeos, han revelado la necesidad de luchar por estos valores universales. Esta lucha no se ganará con armas, sino en el campo ideológico. No estamos ante un choque de civilizaciones ni ante una muestra del antagonismo entre Occidente y Oriente, sino ante una guerra global entre demócratas y teócratas.

Como todos los totalitarismos, el islamismo se nutre de miedos y frustraciones. Los predicadores del odio apuestan por estos sentimientos para formar batallones destinados a imponer en el mundo el liberticidio y la desigualdad. Pero nosotros decimos clara y firmemente que nada, ni la desesperación, justifica la elección del oscurantismo, el totalitarismo y el odio. El islamismo es una ideología reaccionaria que, allí donde está presente, acaba con la libertad, la igualdad y el laicismo. Su victoria sólo puede llevar a un mundo de dominación: dominación de la mujer por el hombre, dominación de los islamistas sobre el resto. Para evitarlo, tenemos que asegurar los derechos universales a los oprimidos o discriminados.

Rechazamos el relativismo cultural, que consiste en aceptar que los hombres y mujeres de la cultura musulmana han de ser privados del derecho a la igualdad, la libertad y los valores laicos en nombre del respeto a la cultura y la tradición. Rechazamos renunciar a nuestro espíritu crítico por miedo a ser acusados de islamofobia, un concepto desafortunado que confunde la crítica al Islam como religión con la estigmatización de sus creyentes.

Abogamos por la universalidad de la libertad de expresión, de tal modo que el espíritu crítico pueda ejercerse en todos los continentes, contra todos los abusos y todos los dogmas.

Hacemos un llamamiento a los demócratas y espíritus libres de todos los países para que este siglo sea el de la Ilustración, no el del oscurantismo.

Firmantes: Ayaan Hirsi Ali, Chahla Chafiq, Caroline Fourest, Bernard-Henri Lévy, Irshad Manji, Mehdi Mozaffari, Maryam Namazie, Taslima Nasreen, Salman Rushdie, Antoine Sfeir, Philippe Val e Ibn Warraq.

Traducción de Luis Alfonso Gámez.

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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