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28 Oct 2009

No suelo ver televisión en abierto por su, en general, baja calidad. Es aburrida, sensacionalista, tendenciosa, vulgar... Se salva algún espacio de reportajes, algún documental y alguna serie o película, con la ventaja de que esos productos pueden verse en plataformas de pago sin aguantar toneladas de publicidad. Así que no vi el especial sobre ovnis de Callejeros cuando lo emitieron en Cuatro hace diez días. Lo grabé y lo he visto después sin anuncios y con estupor. Había oído hablar mucho -y bastante bien- de este programa y esperaba algo medianamente digno, que explorara -con las limitaciones propias del formato y el medio- la realidad de la creencia en los ovnis en nuestro país. El resultado ha sido, sin embargo, lamentable, un desfile de chiflados, de lo más freak de la ufología, en el que sólo se han colado un par de participantes con algo inteligente que decir. Y, por supuesto, el espectador no podrá sacar ninguna conclusión válida porque, si algo no se le da, es información. El reportaje es como uno de ésos de la prensa hechos exclusivamente a partir de testimonios: que hay que hablar del problema de la vivienda, se coge a cuatro parejas de diferentes edades y extracciones sociales y se cuenta la historia de cada una de ellas; que tocan las salidas universitarias, se llama a cuatro licenciados en diferentes carreras y situaciones laborales; que toca... Se cuentan anécdotas -que es muy fácil-, pero nunca se profundiza en el tema.

Algo parecido hizo Callejeros con los ovnis, decantándose desde el principio por la ufolatría más chiflada, limitándose a la anécdota chusca y obviando cualquier reflexión o posibilidad de ella. Desde el cura que cree que los visitantes son seres espirituales que pueden mantener hasta tres conversaciones a la vez hasta el gañán que sale a filmar luces en el cielo por la noche y lleva los brazos tatuados con platillos volantes, pasando por unos exopolíticos que sentencian que no hay pruebas de que no seamos producto de un experimento genético alienígena -ni tampoco de que no exista Thor- y un parapsicólogo cañí según el cual los intraterrestres están excavando un túnel hacia el centro de la Tierra en el fondo del mar cerca de Mallorca. Se coge todo, se agita y se arroja contra el público indefenso. Entre tanto desvarío, un par de apuntes interesantes -los del cineasta Óscar Aibar y el ufólogo Ángel Carretero, desmontando el caso Conil- se pierden por sensatos y alejados de la demencia marciana, como pueden comprobar ustedes mismos:


¿Refleja el Callejeros de los ovnis la realidad de la ufología española? Me temo que sí. Se da cancha a investigadores al borde del analfabetismo, chalados de todo pelaje y devotos -sobre todo, devotos-, y se reduce el sentido común a la mínima expresión. Faltan en el cuadro los oportunistas, los que convierten hombres-rana en seres de otros mundos y fábulas infantiles en encuentros en la tercera fase. Pero ésa es una ausencia menor para una cadena que cada domingo vende misterios de todo a cien como si fueran sesudos trabajos de investigación, a veces con la complicidad de científicos, divulgadores y profesores universitarios ávidos de gloria televisiva al precio que sea.

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17 Oct 2009

Medio siglo de silencio. Cincuenta años han pasado desde que los físicos Giuseppe Cocconi y Philip Morrison, entonces en la Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York), propusieron intentar captar mensajes de radio de otros mundos. "La probabilidad de éxito es difícil de calcular; pero, si no buscamos, es de cero", concluían en un artículo publicado en la revista Nature el 19 septiembre de 1959. Desde entonces, se han llevado a cabo más de cien intentos, todos fallidos, de detectar esas emisiones de civilizaciones extraterrestres. Las señales de radio y televisión viajan por el espacio a la velocidad de la luz, unos 300.000 kilómetros por segundo. Eso implica que en un año recorren 9,4 billones de kilómetros, lo que se conoce como año luz. Como llevamos casi cincuenta años escuchando al cielo sin oír nada, cabe pensar que en un radio de 50 años luz de la Tierra no existe ninguna civilización alienígena o, por lo menos, ninguna que haya alcanzado nuestro nivel de desarrollo. "En un universo infinito, tiene que haber vida en alguna parte. Pero no cerca de nuestro planeta, porque habríamos visto sus programas de televisión", indicaba Stephen Hawking en enero del año pasado.

La búsqueda científica de inteligencias alienígenas (SETI, por su denominación en inglés) nació en un momento en el que parecía difícil que alguien se la tomara en serio. Después del descubrimiento de los canales marcianos por parte de Percival Lowell a finales del siglo XIX , los contactos por radio con extraterrestres de Marconi y Tesla a principios del XX, y las visiones de platillos volantes en Estados Unidos nada más acabar la Segunda Mundial, unir ciencia y estraterrestres resultaba embarazoso. Cocconi y Morrison, quienes no creían en el origen alienígena de los ovnis, destacaban en su artículo las implicaciones "filosóficas y prácticas" que tendría la detección de mensajes de radio extraterrestres y sugerían buscarlos en la frecuencia del hidrógeno, el elemento más común del Universo. Lo que ignoraban es que, a 530 kilómetros al suroeste de Ithaca, un joven astrofísico llamado Frank Drake, que años antes había llegado a esa misma conclusión, estaba a punto de intentar escuchar por primera vez a seres de otros mundos desde Virginia Occidental.

Drake bautizó la primera búsqueda sistemática de señales alienígenas como Proyecto Ozma, en honor a la reina del imaginario país de Oz. Se puso en marcha el 8 de abril de 1960. La antena del observatorio de Green Bank apuntó hasta junio durante 200 horas hacia Tau Ceti y Epsilon Eridani, dos estrellas de la edad del Sol que Cocconi y Morrison habían citado en Nature. Nada más iniciarse el rastreo, saltó la primera falsa alarma en la historia de SETI: un avión.

Tres años después, los astrónomos soviéticos Nikolai Kardashev y Gennady Sholomitskii anunciaron que habían captado una señal procedente de CTA-102 que atribuían a una civilización alienígena. Al final, CTA-102 resultó ser un cuásar, una fuente emisora de grandes cantidades de energía que todavía intriga a los científicos. En 1967, investigadores británicos captaron otra extraña emisión de un objeto que bautizaron como LGM-1, de Little Green Men (pequeños hombres verdes). No se trataba de un mensaje alienígena, como en principio creyeron, sino de un pulsar, los restos de una estrella colapsada, un cuerpo tan denso que una cucharada de su materia pesa como una montaña. La más famosa de todas las emisiones misteriosas es la señal Wow!, detectada el 15 de agosto de 1977 por un radiotelescopio de la Universidad del Estado de Ohio. Duró 72 segundos, no ha vuelto a escucharse y sigue siendo un enigma. Los científicos de SETI han descubierto los cuásares y los pulsares, pero no han dado con extraterrestres.

Si difícil es dar con una aguja en un pajar, más lo es con alienígenas en un Cosmos de una inmensidad sobrecogedora. La Vía Láctea, nuestra galaxia, es un disco de 100.000 años luz de diámetro y 10.000 años luz de espesor, formado por unos 100.000 millones de estrellas. ¡Y la Vía Láctea es sólo una de las 100.000 millones de galaxias que se calcula que hay en el Universo! Que nos encontremos con extraterrestres puede ser cuestión de tiempo, o no: es posible que estemos solos, que seamos los primeros, que las distancias entre civilizaciones resulten insalvables, que la inteligencia esté condenada a la extinción... Cualquiera de éstas puede ser la solución a la paradoja formulada en 1950 por el físico Enrico Fermi, uno de los padres de la bomba atómica, al preguntarse cómo puede explicarse en un universo presuntamente repleto de seres inteligentes que no hayamos encontrado pruebas de su existencia.

Mensajes a otros mundos

¿Convendría responder a un mensaje alienígena, decir que estamos aquí? Es demasiado tarde para la cautela, para optar por el silencio ante el riesgo de que ahí fuera haya extraterrestres con malas intenciones. Llevamos más de siete décadas dando señales de vida, desde que se retransmitió por televisión en 1936 la inauguración de los Juegos Olímpicos de Berlín con Hitler en el palco. El escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke (1917-2008) descartaba hace diez años que hubiera alguna civilización extraterrestre en nuestro vecindario cósmico basándose en la calidad de nuestros programas de televisión, que llevan décadas viajando por el espacio a la velocidad de la luz. Decía que, si no había venido ya una patrulla policial alienígena a darnos un toque por llenar de basura el espacio, es que nadie había visto nuestros "programas de debate idiotas, informes de tráfico y meteorológicos interminables, entrevistas con víctimas de delitos menores, televangelistas vociferantes vendiendo diferentes marcas de salvación y desfiles de moda con modelos medio muertas de hambre con ropa horrible". Piense la próxima vez que se siente ante el televisor que cualquier programa de cotilleo o reality show puede ser nuestra tarjeta de visita ante seres de otros mundos.

El primer mensaje intencionado al espacio se mandó el 16 de noviembre de 1974 desde el radiotelescopio de Arecibo, construido en la selva de Puerto Rico y dependiente de la Fundación Nacional para la Ciencia de EE UU. El saludo tenía como destino M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz. Fue preparado por Frank Drake y el fallecido Carl Sagan, e incluía, entre otras cosas, un gráfico del Sistema Solar; los números del uno al diez; los números atómicos del hidrógeno, el carbono, el nitrógeno, el oxígeno y el fósforo -componentes del ADN-; y la figura de un ser humano y su altura. Casi nadie espera respuesta al mensaje de Arecibo porque, curiosamente, cuando la señal llegue a M13 dentro de 25.000 años, el cúmulo de estrellas no estará ahí, sino que habrá cambiado de lugar debido a la rotación de nuestra galaxia.

El radiotelescopio de Arecibo es desde el 17 de mayo de 1999 nuestra mejor opción para escuchar a los extraterrestres. Aquel día se puso en marcha el proyecto SETI@home, en el que participan más de 5 millones de internautas de 200 países. Uno de los problemas clásicos de SETI ha sido disponer de tiempo de ordenador suficiente para analizar la gran cantidad de información recogida por los radiotelescopios. SETI@home es la solución: divide los datos recibidos en Arecibo en pequeños paquetes de información que luego examinan computadoras domésticas conectadas a Internet cuando están en reposo. La imposibilidad de usar grandes ordenadores se suple con millones de equipos domésticos y la financiación pública, con la cesión gratuita de tiempo de proceso por parte de particulares entusiastas. Como apuntaba hace una semana Giovanni Bignami, astrónomo y ex director de la Agencia Espacial Italiana, en The New York Times, "descargue el software de SETI@home como su (fascinante) protector de pantalla y podría, algún día, ser el primero en detectar una señal extraterrestre, una perspectiva irresistible para muchos".


Marcianos muy humanos

"SETI no puede escapar a la asociación con los creyentes de los ovnis y otros chiflados", destacaba el editorial de la revista Nature publicado el pasado 17 de septiembre con motivo del 50º aniversario del artículo de Coconi y Morrison. La búsqueda científica de inteligecias extraterrestres carece de sentido para millones de personas, convencidas desde mediados del siglo pasado de que nos visitan seres de otros mundos a bordo de platillos volantes. Los ovnis empezaron a verse en nuestros cielos en junio de 1947 y, cinco años después, un cocinero de hamburguesas de Monte palomar protagonizó el primer encuentro cara a cara con un extraterrestre. El visitante le transmitió la preocupación de nuestros vecinos cósmicos por el uso bélico de la energía nuclear, lo mismo que un año antes había hecho en el cine el marciano Klaatu de Ultimátum a la Tierra.

El extraterrestre de la ciencia ficción suele tener apariencia humana por una razón lógica: la identificación del lector o espectador con el personaje es más fácil con alguien que se le parezca que con una ameba. Pueden tener escamas, cuernos o pelaje, pero los alienígenas de ficción son básicamente variaciones de un mismo tema, algo ilógico porque la evolución no tiene por qué seguir el mismo camino en mundos diferentes. Más bien, al contrario. La mejor prueba, precisamente, de que los tripulantes de los ovnis son producto de nuestra imaginación es lo humanos que son. No es sólo que sean muchas veces físicamente indistinguibles de nosotros, sino que, además, parecen tener nuestras mismas preocupaciones e inquietudes, y profesar similares creencias religiosas. Por no hablar de su imprudencia, de cómo en vez de recurrir a la hibridación en laboratorio la practican in vivo y de su tendencia a secuestrar seres humanos para someterles a torturas sacadas de una película de terror.

Los extraterrestres de la ufología se han alejado de nosotros según han avanzado la exploración espacial y la astrofísica. Primero, venían de Marte, después de las estrellas próximas, y ahora lo hacen de universos paralelos. Y, como los ángeles y los dioses, sólo los ven quienes creen en ellos.

Publicado originalmente en el suplemento Territorios del diario El Correo.

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20 Sep 2009

El astrobiólogo Daniel Fernández Mosquera; Mariano Fernández Cabarcos; Borja González Tosar, vicepresidente de la Agrupación Astronómica Ío; Fernando Losada; Dani Martín; Bea Ulalume; y yo hablamos el 2 de septiembre en El Detective, en Cuac FM, de los ovnis.

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07 Sep 2009

Quienes defendemos que la historia del misterio de Sirio y los dogones responde a un episodio de contaminación cultural, y no al contacto con seres de otros mundos, contamos desde hace años con otro ejemplo más próximo. Supe de él gracias al periodista Iván Orio, cuando lo contó en El Correo en 2003. Seis años después, me he vuelto a topar con 'El cuento errante' ordenando papeles y me ha sorprendido no haber contado la historia aquí. No me ha soprenddo no haberla visto publicada en ninguna revista esotérica porque son fieles a la máxima de Juan José Benítez según la cual "los enigmas no deben ser desvelados". Y es que, si no, de qué iban a vivir los recicladores de falsos misterios que ya lo eran cuando se publicaban en revistas como Planète y Mundo Desconocido, por citar dos publicaciones desaparecidas hace décadas.

Los antropólogos franceses Marcel Griaule y Germaine Dieterlen propusieron en 1950 que la mitología de los dogones, una primitiva tribu de Mali, giraba alrededor de Sirio B, una estrella invisible sin telescopio y que no se descubrió hasta mediados del siglo XIX. En 1976, Robert K.G. Temple aventuró en su libro El misterio de Sirio que hombres-peces de este sistema habían fundado la civilización dogon y transmitido el conocimiento de la existencia de Sirio B. La idea entusiasmó a autores como Erich von Däniken y Juan José Benítez, quien dedicó a esta historia uno de los capítulos de su serie Planeta encantado. Lo cierto es que lo que los dogones saben de Sirio no va más allá de lo que se sabía en la época en que Griaule convivió con ellos, incluidas falsas ideas como que Sirio B es la estrella más pesada del Universo. Los dogones contaron en 1991 al antropólogo Walter Van Beek que todo lo que sabían de Sirio B se lo había contado Griaule, con lo que el misterio quedó definitivamente resuelto, aunque algunos autores sin escrúpulos prefieran pasar por alto este detalle. Pero los dogones no sólo han absorbido de Occidente el conocimiento de la existencia Sirio B...

Pablo Zapata, escritor navarro y profesor de Secundaria, es un apasionado de los cuentos y, durante un viaje a Mali en 2003, escuchó una fábula que un anciano dogon contaba a su nieto que le dejó "a cuadros". Trataba de un niño rico que pedía ayuda a sus amigos también ricos para ocultar el cadáver de otro niño, pero era al final un amigo pobre el que se prestaba a ayudarle. En realidad, no existía el cadáver, no había ningún muerto, y era todo una estratagema para poner a prueba a los amigos. El experto identificó el relato como una versión de 'Lo que sucedió a uno que probaba a sus amigos', uno de los cuentos moralizantes de El conde Lucanor, la obra de Don Juan Manuel (1282-1348). La historia se había transmitido oralmente en Mali de generación en generación no se sabe desde cuándo. Dos años antes, Zapata había escuchado otra versión del mismo relato a un anciano en el Atlas, en Marruecos. ¿Cuando llegó esta fábula a los dogones? Ése es el auténtico misterio, cuándo se produjo el trasvase de este cuento del mismo modo que mucho después ocurriría con los conocimientos de la invisible a simple vista Sirio B, con la salvedad de que en este segundo caso los propios indígenas admiten que saben que saben lo que saben porque se lo contó Griaule.

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25 Ago 2009

Si cree que la serie de televisión V, en la que unos lagartos invadían nuestro planeta con aviesas intenciones, es ficción, es que no está al tanto de lo que ocurrió en Sitges a finales de julio. La localidad turística acogió la Cumbre Europea de Exopolítica 2009, un encuentro dedicado al planteamiento de "un nuevo enfoque social sobre un principio vital para la Humanidad y que durante tantos años ha sido relegado, ridiculizado y negado. No estamos solos en el Universo, y nunca lo hemos estado...". Definida por el abogado estadounidense Alfred L. Webre como "el estudio de los procesos políticos y de gobierno en la sociedad interestelar", la exopolítica es la última frontera de la ufología.

Más de mil personas asistieron al congreso. Previo pago de entre 100 y 150 euros, pudieron escuchar a lo más granado de la exopolítica mundial: desde el inventor del término hasta Steven Greer, un médico estadounidense que dice que "hay civilizaciones extraterrestres que están queriendo tomar contacto con nosotros de forma pacífica, pero aún no ha habido nadie que haya contestado. Los extraterrestres nos llaman, pero nadie contesta". Él cree que la brecha genética entre hombre y chimpancé se abrió en un laboratorio alienígena.

Greer y los suyos acusan a los Gobiernos de Estados Unidos y otros países no sólo de ocultar las pruebas de visitas extraterrestres, sino también de hurtar a la Humanidad una tecnología de origen alienígena que podría acabar con todos nuestros problemas energéticos, cambio climático incluido. Los poderes económicos y políticos boicotean un futuro de energía gratuita e ilimitada para que sigamos dependiendo del petróleo, dicen. Por eso no circulan por nuestras calles coches impulsados por aire comprimido. "Podríamos convertir la Tierra en un vergel en una sola generación", asegura Greer.

El lagarto Bush

El encuentro ufológico catalán vivió su momento tenso cuando uno de los asistentes acusó a Greer de ser un reptiliano, un visitante de los malos. El denunciante fue Rafael Palacios, autor de un panfleto, El Jaque Mate, en el que defiende que el 11-S fue un atentado israelí y que la teoría de la evolución es un fraude, entre otras improbabilidades. Era seguidor de Greer hasta que no le dejaron intervenir en la cumbre de Sitges; entonces, descubrió que su exopolítico de cabecera es uno de los malos.

Los reptilianos son los extraterrestres que nos gobiernan, según el ex futbolista y ex periodista deportivo británico David Icke, quien sostiene que las familias más poderosas -incluidas las de la realeza europea y los Bush- están formadas por reptiles humanoides bebedores de sangre que montaron el 11-S para esclavizarnos. Exopolítica España, organizadora del congreso de Sitges, incluye en su web una entrevista a una lagarta que puntualiza que ellos son los nativos de la Tierra y nosotros, los alienígenas. "Su creación es artificial y hecha por ingeniería genética, pero no por nosotros, sino por una especie extraterrestre", explica la reptiliana. Si a estas alturas se ha hecho un lío, puede apuntarse al Instituto de Exopolítica y hacer un curso a distancia de Diplomacia Galáctica por sólo 1.500 dólares. No es broma.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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21 Ago 2009

La Humanidad estaba hace 35 años en peligro. Lo descubrió Juan José Benítez, entonces reportero de La Gaceta del Norte, gracias a los miembros del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI), quienes mantenían contacto con seres de otros mundos. En concreto, con humanoides de tres metros de Apu, un planeta de la constelación del Centauro, y otros más bajos -aunque más altos que nosotros- procedentes de Ganímedes, una luna de Júpiter. Los extraterrestres formaban parte de la Confederación de Planetas de la Galaxia, donde estaban bastante preocupados por nuestro futuro.

"La Tierra está amenazada por una tremenda destrucción. Una catástrofe que provocará el propio hombre. Los seres del espacio lo saben y quieren evitar que la raza humana desaparezca del Universo", explicaron los integrantes del IPRI al periodista. Los visitantes habían puesto en marcha una operación de rescate, la Misión Rama, para sacar de nuestro planeta al máximo de gente posible y repoblarlo cuando volviera a ser habitable. "Miles de familias enteras salen cada año de nuestro mundo hacia astros de la galaxia o de nuestro propio Sistema Solar", decían los contactados peruanos.

Revelaron a Benítez que en Marte vivían dos especies de seres inteligentes, en Venus la temperatura superficial era "adecuada para el desenvolvimiento de la vida" y había colonias alienígenas en lunas como Calisto, Io, Europa y Ganímedes. Todo esto se lo habían contado los extraterrestres no por radio ni ningún otro sofisticado medio, sino a través de la escritura automática: uno del IPRI cogía papel y lápiz, se relajaba y un guía alienígena lo poseía para escribir el mensaje. Ése fue el método que usaron para anunciar la aparición de sus naves a la que asistió el periodista, quien guardó la hoja con el anuncio telepático de la cita "como un verdadero tesoro".

Y se hizo el ovni

Benítez vio varios platillos volantes en el desierto peruano en la noche del 7 de septiembre de 1974. No sacó fotos porque los contactados se lo prohibieron. Publicó la historia del IPRI en forma de serial en La Gaceta del Norte y después en Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), su estreno como ufólogo. Acto seguido, surgieron por toda España grupos que esperaban ser elegidos para sobrevivir en otros mundos a la guerra atómica que, según Sixto Paz, uno de los fundadores del IPRI, iba a destruir nuestra civilización en coincidencia con la siguiente visita del Halley.

El famoso cometa pasó cerca de la Tierra en 1986 y no ocurrió nada. Años después, Sixto Paz se sometió, previo cheque, a la máquina de la verdad de Julián Lago en Telecinco. El polígrafo, un ingenio en realidad inútil a la hora de cazar troleros, confirmó lo evidente para cualquiera con dos dedos de frente: que mentía cuando aseguraba haber visitado otros mundos. Lo mismo que sus guías salvadores, porque Calisto, Io, Europa y Ganímedes tienen condiciones infernales para la vida; Venus es un horno en el que se funde el plomo; y en Marte no habrá ni un bicho inteligente hasta que lleguemos nosotros.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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20 Ago 2009

Dudu Topaz, el presentador más popular de la televisión israelí, obtuvo el record absoluto de audiencia en su país en los años 90 cuando anunció en uno de sus programas que los extraterrestres iban a aterrizar ante las cámaras y presentarse al público. Tuvo aquella noche pendientes de su espacio al 51% de los telespectadores, según recuerda el diario Haaretz. "Miles de personas salieron a la calle para esperar a los extraterrestres, quienes se suponía que iban a aterrizara a los sones de la música de Expediente X", escribe el estudioso de la literatura popular israelí Eli Eshed. Los visitantes no dieron señales de vida, y el escritor Tamar Bornstein-Lazar publicó un libro en el que parodia el episodio. Topaz se ahorcó ayer en su celda de la cárcel de Nitzan, donde estaba recluido por ordenar palizas.

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20 Ago 2009

La mejor prueba de que, de momento, estamos solos en el Cosmos es la apariencia de los extraterrestres que, según los ufólogos, nos visitan. Los hay verdes, grises, negros, rosas, calvos, con barba, gigantes, enanos, peludos como Chewbacca, cabezones, con un ojo, con alas de mariposa, vestidos al estilo del conde Drácula... Tanta aparente variedad de seres desde que se vieron los primeros platillos volantes en Estados Unidos en 1947 no puede ocultar la uniformidad del bosque: prácticamente todos los tripulantes de los ovnis son homínidos, como nosotros. Y nosotros lo somos a consecuencia de la evolución biológica cuyos principios descubrieron Charles Darwin y Alfred Russel Wallace hace 150 años.

La vida surgió en la Tierra poco después de la formación de nuestro planeta hace unos 4.500 millones de años, mientras que los primeros homínidos aparecieron en África hace sólo entre 6 y 7 millones de años. Desde la primera célula hasta que un primate bajó de un árbol pasaron miles de millones de años de evolución en un mundo sin oxígeno, luego con él, con intenso vulcanismo, con grandes incendios sin que nadie los sofocara, con choques de asteroides y cometas que acabaron con la mayoría de las especies varias veces...

Estamos aquí, entre otras cosas, porque los dinosaurios se extinguieron a causa de un impacto catastrófico de un asteroide hace 65 millones de años. Los mamíferos -que habían sobrevivido como habían podido mientras los dinosaurios dominaban la Tierra y otros grandes reptiles, los cielos y las aguas- se encontraron de repente con terreno libre. Y, decenas de millones de años más tarde, llegaron los homínidos, de los cuales ha habido muchas especies. La nuestra, la única que queda, existe desde hace unos 200.000 años. Somos el producto de miles de millones de años de evolución de la vida en un planeta, la Tierra; somos una rama más de un árbol de familia que incluye a todas especies. Porque todas descendemos de aquella primera célula -desde el pino hasta el velocirraptor, pasando por el tiburón y el hombre- y todas estamos emparentadas más o menos estrechamente.

Universo humanoide

Por eso, la mera apariencia del venusiano con el que se topó George Adamski en el desierto de California en 1952, en el primer encuentro cara a cara con un tripulante de un platillo volante, demuestra que fue un embuste. El alienígena era un rubio con porte de galán de cine. Un tipo demasiado humano cuando la evolución en mundos distintos tendría que haberse plasmado en biologías muy diferentes. Pero Adamski hizo escuela y desde entonces los extraterrestres que nos visitan en sus platillos volantes son tan humanos, y tan falsos, como los del universo de Star trek.

En la ciencia ficción, no obstante, los visitantes humanoides tienen su razón de ser: la creación de tramas que atraigan al público. Un vulcano de orejas puntiagudas guiado por la lógica y que rechaza los sentimientos da mucho más juego a los guionistas que una entidad con aspecto de esponja ajena a los intereses y debilidades humanas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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17 Ago 2009

Para cuando Will Smith se puso en Men in black (1997) a vigilar a los extraterrestres que viven entre nosotros, los auténticos hombres de negro llevaban más de cuarenta años haciendo la vida imposible a ufólogos y testigos de apariciones de platillos volantes, silenciando a quienes tuvieran pruebas de la presencia alienígena en la Tierra y apropiándose de todas las evidencias. El MIB -siglas de su denominación en inglés- por antonomasia sería alguien como El Fumador, que en la serie Expediente X personifica la conspiración para ocultar a la Humanidad que seres de otros mundos quieren conquistar la Tierra.

La actividad de estos individuos fue un secreto hasta 1956, cuando el escritor estadounidense Gray Barker publicó They knew too much about flying saucers (Ellos sabían demasiado de los platillos volantes). Barker contaba cómo, tres años antes, el ufólogo Albert K. Bender había suspendido la publicación de la revista sobre ovnis que dirigía, Space Review, tras recibir la visita de tres hombres vestidos de negro después de haber anunciado que iba a hacer importantes revelaciones sobre la naturaleza de los platillos volantes.

Bender aseguró al despedirse de sus lectores que el origen de los ovnis ya no era para él un misterio, pero que la información había sido "retenida por órdenes procedentes de instancias superiores". Y aconsejó cautela a sus colegas. Aunque la comunidad ufológica achacó la muerte de Space Review a problemas económicos y las instancias superiores a la inventiva de su director, éste mantuvo que había sido amenazado de muerte por los hombres de negro si revelaba el secreto de los platillos volantes. Y el libro de Barker hizo que, desde finales de los años 50, todo investigador de ovnis que se preciara de tal dijera alguna vez haber recibido una visita de los MIB, que trabajan siempre en trío, ocultan sus ojos tras gafas de sol y viajan en grandes coches negros.

El origen de los MIB

A estos personajes se les ha culpado de las muertes de muchos ufólogos famosos, aunque hay autores que amplían su campo de acción considerablemente. Así, en su libro Hombres de negro (1980), el austriaco Peter Krassa atribuye a estos "oscuros fantasmas" las muertes de Mozart, Kennedy, Lincoln y Juan Pablo I, entre otros. No en vano, el actor y ufólogo uruguayo Fabio Zerpa cree que están detrás de "una guerra secreta, fría, que procede de la noche de los tiempos", lo que encajaría con la idea de Krassa de que -¡agárrense!- Melchor, Gaspar y Baltasar eran MIB.

Considerados al principio agentes de alguna organización secreta estadounidense, Bender propuso en 1962 que son extraterrestres. El libro en el que lo hizo, Flying saucers and the three men (Los platillos volantes y los tres hombres), lo publicó en colaboración con Barker, quien nunca creyó en los ovnis nada más que para ganar dinero y a quien se cree el padre de los MIB y de otros muchos montajes. Así, en 1957, participó en la falsificación de una carta a George Adamski, un individuo que decía estar en contacto con extraterrestres, en la cual el Departamento de Estado confirmaba la veracidad de todos los disparates del iluminado.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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11 Ago 2009

Mucho antes de que Chris Carter eligiera Scully como apellido de la agente escéptica de Expediente X en honor a su locutor deportivo favorito, hubo un Scully famoso en el mundillo de los ovnis. Se llamaba Frank, era columnista de la revista Variety y publicó en septiembre de 1950 Behind the flying saucers (Detrás de los platillos volantes). El libro, del que vendió en dos años 60.000 ejemplares en tapa dura, estaba dedicado a los ovnis estrellados.

Scully aseguraba que, desde que Kenneth Arnold había visto los primeros platillos volantes en junio de 1947, el Gobierno de Estados Unidos había recuperado tres de esos ingenios y 34 cadáveres de sus tripulantes. La primera nave, en la que viajaban dieciséis visitantes que habían muerto achicharrados en el espacio, había realizado un aterrizaje forzoso mediante el piloto automático cerca de Aztec (Nuevo México); otros dieciséis alienígenas fallecieron durante el aterrizaje de un segundo ovni cerca de una instalación militar en Arizona, y dos más murieron "cuando intentaban abandonar la cabina" de otra nave en Paradise Valley (Arizona).

El periodista había sabido de la historia a través del magnate del petróleo Silas M. Newton, a quien se la había contado un científico, de apellido Gee, que era "el mayor especialista en magnetismo de Estados Unidos". "Ha estado trabajando para el Gobierno en proyectos de defensa de alto secreto durante siete años y ha tomado parte en 35.000 experimentos en tierra, mar y aire, en los cuales han participado un total de 1.700 científicos", escribió el reportero. Cuando Scully habló con Gee, éste le dijo que había participado en el estudio de los platillos volantes accidentados. Los visitantes procedían, según él, de Venus y sólo se diferenciaban de nosotros en su pequeña estatura -alrededor de un metro- y en que sus dentaduras eran perfectas, sin caries ni empastes

Charla en la universidad

Frank Scully destacaba en su libro, como apoyo a la autenticidad de los hechos, que Newton había hablado del asunto en la Universidad de Denver ante cientos de estudiantes en marzo de 1950. Se le olvidaba añadir que la conferencia fue un experimento de un profesor de ciencias, Francis F. Broman, después de que un alumno propusiera que un experto en platillos volantes les diera una charla. Broman quería que sus estudiantes escucharan al especialista y evaluaran la verosimilitud de sus afirmaciones. Newton les habló de los ovnis estrellados, y los universitarios otorgaron a su discurso un cero en autenticidad, aunque lo consideraron muy divertido. Lo mismo que pasa con el libro de Scully.

Porque tanto Newton como Gee -en realidad Leo GeBauer- no eran sino unos consumados estafadores, según reveló el periodista J.P. Cahn en la revista True en 1952. Llevaban lustros haciendo de las suyas en el mercado de valores y vendiendo todo tipo máquinas inútiles a incautos que, por ejemplo, querían encontrar petróleo. Scully nunca se retractó: todavía no se sabe si fue engañado o cómplice del engaño.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Misterios a la luz de la ciencia
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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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