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27 Feb 2008

Peter Bowler ha dedicado gran parte de su vida profesional a la historia de la teoría de la evolución. Ayer, pronunció en Bilbao la conferencia inaugural de un ciclo sobre sus codescubridores, Charles Darwin y Alfred Russell Wallace. Organizado por la Fundación BBVA, el CIC bioGUNE, el British Council y la Unidad de Biofísica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad del País Vasco (UPV), conmemora la presentación de su teoría en la Sociedad Linneana de Londres hace 150 años.

–¿Es la intromisión de lo sobrenatural en la evolución humana la principal discrepancia entre Darwin y Wallace?

–Diez años después de la publicación de El origen de las especies en 1859, Darwin escribió El origen del hombre para explicar la evolución del mono al ser humano. Por aquel entonces, Wallace ya hablaba de lo sobrenatural. Para él, las facultades humanas tenían que ser fruto de algo más que la selección natural. Suele decirse que Wallace y Darwin propusieron una misma teoría, aunque hay diferencias sustanciales entre ellos.

–También puntos en común.

–El principal, la biogeografía. Los dos exploraron el mundo y se preguntaron por la distribución de las especies. ¿Por qué están donde están? En las Galápagos, Darwin se dio cuenta de que había especies diferentes de un animal en diferentes islas. Defender que Dios había ido plantando una especie diferente en cada isla era de un reduccionismo absurdo y, en cierta forma, un insulto al Creador. Concluyeron que la diferenciación se debía a animales que habían emigrado de un territorio a otro y luego habían quedado aislados por barreras naturales.

–Y se habían multiplicado y adaptado al entorno.

–Sí. La selección natural establece que sobreviven los mejor adaptados al medio. Explica por qué algunos individuos sobreviven y otros no. Wallace creía que la selección natural actuaba sobre grupos y subespecies, mientras que Darwin hablaba de la competencia entre individuos y presentaba como prueba la cría selectiva de animales por el hombre. Wallace nunca aceptó la analogía entre la selección natural y la cría de animales.

–Él creía que la evolución servía para otros animales, pero no para el hombre. ¿No es algo parecido a lo que sostienen los promotores del diseño inteligente, para quienes sólo la existencia de Dios puede explicar la complejidad humana?

–Wallace consideraba indispensable lo sobrenatural para explicar algunas facultades humanas. Creía que habilidades como las matemáticas, la música... eran inexplicables desde la selección natural. En ese sentido, sí existe un paralelismo con lo que sostienen los partidarios del ‘diseño inteligente’. Darwin era un materialista que abogaba por la explicación de todo por causas naturales, mientras que Wallace recurría a lo sobrenatural...

–Para explicar lo inexplicado.

–El trabajo de los científicos es buscar explicaciones naturalistas a lo que no sabemos. Cuando hay algo que no entiendes, puedes creer que nunca lo entenderás o que no lo entiendes ahora, pero posiblemente sí en el futuro. Para quien opta por la primera opción, seguir buscando una explicación no tiene sentido. Pero un científico nunca dirá: "¡Dejemos de buscar!". El gran problema de Wallace y de los modernos creacionistas es que ponen un límite, una frontera, a la ciencia y rechazan la posibilidad de dar respuesta naturalista a algunas preguntas.

–Buscan a Dios en lo que la ciencia aún desconoce.

–Sí, en algo que no entendamos ahora. Es el Dios de los huecos del conocimiento. Muchos teólogos intentan hoy conciliar ciencia y religión, y huyen del Dios de los huecos. Vienen a decir que Dios está en los orígenes, detrás de las Leyes de la Naturaleza, no de cada uno de los pequeños detalles.

–Parece que todavía no hemos digerido que Darwin, siguiendo los pasos de Copérnico, expulsara al hombre del centro del Universo.

–No. A mucha gente le cuesta aceptar que no somos algo especial, que no somos el objetivo de la evolución. No es fácil hacerlo. Incluso aquéllos que no son religiosos en el sentido convencional se resisten a creer que no somos especiales. Muchas personas aceptan la teoría de la evolución, pero sólo si nosotros somos el fin último. Sin embargo, para Darwin no somos el objetivo, sino que estamos en una de las ramas del árbol de la evolución. Darwin era un materialista. No era ateo. Era agnóstico, término que acuñó su amigo Thomas Henry Huxley. Wallace era teísta.

–Y creía en el espiritismo.

–Algunos científicos importantes creían entonces que la ciencia tenía que tomarse en serio al espiritismo e incluirlo entre los fenómenos a estudiar, pero la mayoría no estaba, ni está hoy en día, de acuerdo. Sabemos que el 99,99% de los fenómenos llamados paranormales se deben a engaños, a trucos. Tenemos razones para ser muy, muy escépticos. Además, si el fraude es la norma, el científico es el peor preparado para investigar lo paranormal.

–Es mejor el ilusionista, ¿no?

–Sí. Porque los científicos no acostumbran a engañar mientras que los ilusionistas se ganan así la vida.

–¿Cómo tienen que enfrentarse los científicos al creacionismo?

–Deben tener mucho cuidado. A menudo responden mal, como si fuera un desafío. Tienen que aprender a defender sus argumentos, explicar cuáles son los problemas, que la idea de la Creación es una excusa para no hacer ciencia, para no buscar respuestas a preguntas.


EL PERSONAJE

Peter Bowler es profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de la Reina, en Belfast. Es miembro de la Academia Británica, la Real Academia Irlandesa y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). Ha publicado un gran número de libros sobre historia de la biología y su obra Evolution: the history of an idea (1984) es clave para entender el origen y desarrollo de la teoría de la evolución por selección natural.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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23 Feb 2008

Almudena Cacho y yo hablamos el 6 de febrero en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, del espiritismo, en la decimoséptima entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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27 Feb 2005

John Edward en acción, en 'Cruzando al  Más Allá'.No se pierdan el show de John Edward. Se llama Cruzando al Más Allá y lo emite en español People+Arts, dentro de la oferta de Digital +. Topé con él por casualidad hace unas semanas y me quedé pegado al televisor. No pude evitarlo. Cada segundo que pasaba me parecía más increíble lo que veía y oía, y más sorprendente el éxito que tiene en Estados Unidos y que una productora se haya animado a doblarlo al español. ¿Cómo puede alguien ser tan ingenuo como para creer que hay individuos capaces de comunicarse con los muertos? Porque eso es lo que dice Edward que hace y lo que simula en un plató de televisión ante un público entregado que se emociona y hasta rompe a llorar cuando el médium transmite los mensajes de los difuntos.

El típico diálogo del dotado con sus seguidores es del siguiente estilo:

-"Hay una referencia en la familia a un payaso o a alguien vestido de payaso", dice Edward mirando al público, a la espera de que alguien se dé por aludido.

-"Tengo un sobrino que se vistió de payaso para Halloween y para su cumpleaños, y vino a enseñárselo a los niños", comenta una mujer.

-"¡Vale! ¿Aún está aquí? ¿Murió?"

-"Sí".

-"¡Vale! Creo que esto es para usted -concluye el médium en referencia al mensaje que presuntamente está recibiendo del Más Allá-. ¿Quién es la mujer que falleció por cáncer de pulmón o pecho?"

-"Mi hermana".

-"¡Vale! ¿El marido también está aquí?"

-"No; era soltera".

-"¿Su marido ha fallecido?"

-"Sí".

-"Porque me dice que está con el marido. ¡Bien! Hay una conexión con el marido. Tengo que identificar a Frank o Fran..."

Edward pregunta y pregunta, cubriendo todas las posibilidades -"¿Aún está aquí? ¿Murió?"-, pasa rápido sobre los errores -la soltería de la hermana-, se aprovecha de la información que le da su interlocutor cuando le pregunta directamente -"¿Su marido ha fallecido?"- y sigue sacando generalidades con las que cualquiera puede identificarse. Así, lanza al auditorio, compuesto por alrededor de un centenar de personas, cuestiones tan concretas como si alguien conoce a una Ellen o le pregunta a una mujer si le dice algo una A como inicial de un conocido. Conocido quiere decir desde el marido hasta el portero de la finca de un tío abuelo, y puede estar en el estudio o no, vivo o muerto hace tiempo. Así, ¿quién puede fallar? Basta ver uno de los episodios de Cruzando al Más Allá para detectar esas burdas trampas, las mismas que practican todos los adivinos, desde el prestigioso que consultan reyes y empresarios hasta el de medio pelo de un canal de televisión local.

La técnica se conoce como lectura fría y permite hacer creer a un individuo que uno sabe de él algo que en realidad no sabe, a partir de lo que el mismo sujeto dice, de su aspecto y de generalizaciones que encajan como anillo al dedo en el 99% de la gente. Esto último es lo que hacen todos los fabricantes de horóscopos, sea Leonor Alazraki en El País o Julio Antonio López en Más Allá. Siempre es la misma estafa, el mismo engaño, el mismo fraude. Se trata de prendas de talla universal que se adaptan a cualquiera gracias a frases como: hace todo lo posible por llevarse bien con los demás, pero no puede evitar algunos arrebatos cuando le sacan de sus cabales; sus parientes y amigos le tienen en alta consideración y suelen pedirle ayuda, algo a lo que únicamente se niega por fuerza mayor...

En su libro The skeptic's guide to the paranormal (2004), Lynne Kelly resume en qué consiste la técnica. "Para tener éxito con la lectura fría, todo lo que usted necesita hacer es dos cosas fundamentalmente: contar a la gente que es humana -todos somos más iguales que diferentes- e incorporar lo que ellos le cuentan, verbal o no verbalmente, a su discurso como si fuera parte de la revelación", explica la escéptica australiana. Si se fijan, es lo que hace Edward en el diálogo anterior, en el que formula un gran número de afirmaciones en muy poco tiempo. Michael Shermer ha llegado a contar casi una aseveración por segundo durante el primer minuto de emisión de un episodio del show. "Piensen en ello: en un minuto Edward dispara sesenta nombres, colores, fechas, enfermedades, condiciones, situaciones, parientes y otros. Va tan rápido que tienes que parar la cinta, rebobinar y volver a escucharlo para poder seguirle", indica el director de la Skeptic Magazine en un artículo sobre Cruzando al Más Allá. A la hora de ver los seis espacios que tengo grabados, he hecho lo que dice Shermer en muchas ocasiones. Es la mejor manera de comprobar que el dotado acierta muy poco y que la mayor parte de las veces es la gente la que le da una respuesta de la que luego él se apropia.

Parece, no obstante, que el éxito de Edward no se basa únicamente en la lectura fría y que no es cierta la sentencia con la que se abre cada una de las entregas del show: "Lo que están a punto de ver es real. John Edward no conoce ningún dato sobre las personas con las que va a conversar". Leon Jaroff, periodista y miembro del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), se hizo eco, en marzo de 2001 en un artículo en Time, del testimonio de un hombre, Michael O'Neill, que asistó al programa y comprobó que, durante la larga espera antes de entrar en el estudio, los ayudantes del médium se mezclaban con los invitados, conversaban con ellos y les hacían rellenar tarjetas con su nombre y arbol genealógico. Según O'Neill, en contra de lo que parece en la tele, el programa tiene detrás una concienzuda labor de montaje en la que se eliminan muchos fallos de Edward y se presentan como aciertos videncias que no lo son. Joe Nickell ha revelado, además, en The Skeptical Inquirer que el presunto dotado fue cazado en el programa Dateline cuando intentó colar como un mensaje de ultratumba lo que una persona le había contado antes.

John Edward es un tipo cachas bajo cuyo aspecto bonachón se oculta un desaprensivo, un sinvergüenza que juega con uno de los sentimientos más nobles del ser humano: el cariño por sus muertos. Ver Cruzando el Más Allá exige, por eso, tener un estómago a prueba de bomba. Lo bueno es que desmontarlo con el mando a distancia puede abrir a mucha gente los ojos sobre los manejos de los estafadores del futuro y del Más Allá, usen bola de cristal, cartas de tarot, ouija o cualquier otro artilugio de feria.

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Sobre este blog

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Una ventana crítica al mundo del misterio

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