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26 Ago 2008

Llovió a mares durante cuarenta días y cuarenta noches. "Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo" (Génesis 7, 19). No se recuerda una tragedia igual; las aguas tardaron 150 días en retirarse. "Yahvé exterminó todo ser que había sobre la faz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta los reptiles y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca" (Gén. 7, 23). El dios del Antiguo Testamento inundó el mundo para castigar al ser humano por su maldad, pero antes avisó a un hombre con la antelación necesaria para que pusiera a salvo a su familia y gran número de animales. Para quienes creen en la literalidad de la Biblia, el Diluvio Universal es un suceso histórico.

Según el Génesis, poco después de la Creación, la corrupción se generalizó entre los hombres hasta tal punto que Yahvé se arrepintió de su obra y decidió acabar con todos los seres vivos. Sin embargo, mostró piedad hacia Noé -"el varón más justo y cabal de su tiempo" (Gén. 6, 9)- y le dio instrucciones para que construyera una embarcación de tres cubiertas en la que encontraran refugio él, su mujer, sus tres hijos y las esposas de éstos. Además, le pidió que metiera en ella una pareja "de todo ser viviente" (Gén. 6, 19) -posteriormente, le dijo que fueran siete parejas de cada ave y animal puro, y una de cada impuro-, después de lo cual empezó a diluviar. Cuando bajaron las aguas, el arca encalló "sobre los montes de Ararat" (Gén. 8, 4), desde donde los supervivientes -animales y seres humanos- partieron para repoblar la Tierra. Hasta aquí, el relato bíblico; pero ¿hubo un Diluvio Universal?

Un barco inmenso

Quienes consideran la Biblia un libro de historia dicen que sí. Son millones de personas en Occidente. Otros muchos millones creen que la narración del Antiguo Testamento se refiere a lo ocurrido durante una inundación en Mesopotamia, la región del Tigris y el Éufrates, y también hay quien piensa que todo es un mito: que nunca hubo un arca, ni un Noé, ni nada parecido. La idea de una inundación universal se ve aparentemente respaldada porque existen en el mundo más de 250 relatos de esta naturaleza, desde Mesopotamia hasta los pueblos indígenas americanos, pasando por India y China. Así, pues, examinemos si fue posible.

No se conoce ningún mecanismo natural por el cual pueda quedar sumergido todo el planeta, hasta las montañas más altas. Además, ¿dónde fue a parar después toda esa agua? Cabe aducir que cayó de la nada y fue a parar a la nada gracias a sendos milagros divinos; pero la historia y la ciencia no entienden de milagros, fenómenos que, por cierto, han ido desapareciendo según ha ido avanzando el conocimiento humano. Desde el punto de vista logístico, tampoco resulta factible que Noé y los suyos -cuatro hombres y cuatro mujeres- afrontaran con éxito la tarea que Yahvé encargó al primero.

El dios del Antiguo Testamento pide a Noé que construya un arca de madera de 140 metros de largo, 23 de ancho y 14 de alto. Un navío grande; pero no lo suficiente como para meter en él a una pareja de cada especie viviente. Porque, en 2005, había identificadas en la Tierra 1.085.000 especies de insectos, 400.000 de bacterias, 270.000 de plantas, 72.000 de hongos, 19.000 de peces, 9.700 de aves, 6.300 de reptiles, 5.000 de virus, 4.300 de mamíferos, 4.200 de anfibios, según el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas. Y se cree que hay muchas más que no conocemos.

Los problemas de Noé

"Noé contaba 600 años cuando acaeció el diluvio" (Gén. 7, 6) y, aun ayudado por su mujer, sus hijos y sus nueras, nunca pudo construir una embarcación capaz de acoger una pareja de todo bicho viviente. Nadie podría hacerlo. Además, había que disponer a los animales estratégicamente -el león lejos de la gacela o cualquier otra sabrosa presa; las aves, de los insectos...- y disponer de miles de metros cúbicos para almacenar el alimento para que subsistieran todos hasta la retirada de las aguas. Eso por no hablar de cómo llegaron hasta el arca los pingüinos, los dragones de Komodo, los canguros, los pandas...; y de cómo repoblaron luego el mundo de tal manera que, nada más salir, el lobo no se merendara al conejo o éste no se comiera la zanahoria recién brotada.

Los geólogos no han encontrado ni rastro de una inundación planetaria hace miles o millones de años. Las pruebas contra la veracidad histórica del relato bíblico son tan sólidas, que mucha gente se inclina por un fenómeno local ocurrido en Mesopotamia para explicar lo vivido por Noé. ¿Pero cómo va a acabar Yahvé con todos los seres vivos de la Tierra inundando sólo una región? ¿Por qué Noé construye un arca cuando podía, simplemente, haberse ido con los suyos caminando a otra parte? ¿Por qué tiene que coger una pareja de cada especie, incluidas aves que podían salir volando más allá de la zona anegada?... Demasiadas preguntas sin respuesta. La que lo tiene es la de por qué existen múltiples tradiciones diluviales.

La narración más antigua del un Diluvio Universal está en el Poema de Gilgamesh, un relato mítico mesopotámico -posiblemente inspirado en una gran inundación- que adaptaron los autores del Génesis a sus necesidades. Con el paso de los siglos, como apunta el geólogo Xabier Pereda Suberbiola, el relato de Upnapishtim, el Noé sumerio, pasó de pueblo en pueblo y, ya transformado en su versión bíblica, fue divulgado por los misioneros cristianos, hasta que acabó siendo asimilado y adaptado a su realidad por distantes culturas. Así pudo universalizarse una historia poco ejemplarizante, en la cual un padre omnipotente decide ahogar a todos sus hijos porque uno de ellos -el hombre- no se porta como es debido.


El libro

Ararat. Tras el arca de Noé, un viaje entre el mito y la ciencia (2007): El periodista Frank Westerman protagoniza un viaje con la historia bíblica del Diluvio como leitmotif.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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21 May 2007

Voluntarios de Greenpeace construyen la réplica del Arca de Noé en el monte Ararat. Foto: Reuters

"Nos encontramos al borde de un segundo Diluvio Universal; pero todavía no es demasiado tarde", ha dicho Andree Böhling, experto en energía de Greenpeace que identifica esa hipotética segunda tromba de agua planetaria con la que se nos vendrá encima con el cambio climático. "Los políticos deben asumir su responsabilidad y no pueden seguir mirando como el mundo amenaza con verse sumergido en mareas, tormentas e inundaciones, mientras cientos de miles de personas pierden sus hogares, plantas y animales de extinguen, y se extienden las enfermedades y las sequías", advierte. Para llamar la atención sobre este riesgo, la organización ecologista está construyendo una réplica de 10 metros de eslora del Arca de Noé en lo alto del monte Ararat, en Turquía.

El cambio climático es un asunto serio. Pero la última ocurrencia de Greenpeace resulta desafortunada no por el símbolo elegido, sino por vender la idea de "un segundo Diluvio Universal" cuando no hubo un primero -sólo creen en él los literalistas bíblicos- y, además, ningún escenario científico apunta en esa dirección. Todo parece indicar que estamos empezando a vivir un calentamiento global cuyas últimas consecuencias dependerán de las decisiones que tomemos en los próximos años respecto a la quema de combustibles fósiles y la emisión de gases de efecto invernadero, pero hablar de un Diluvio Universal es una estupidez. Además, a mí me lleva a pensar que en la cúpula de esa organización ecologista creen en la historicidad del relato bíblico. Si no, ¿cómo se explica que Böhling haya destacado que "el cambio climático es la mayor amenaza para nuestro planeta desde tiempos de Noé"?

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15 May 2007

Almudena Cacho y yo hablamos el 2 de mayo en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la nueva Arca de Noé y del triángulo de las Bermudas, en la octava entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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02 May 2007

Imágenes del exterior e interior del Arca, en las que se ve a Huibers -con bigote- hablando con algunos visitantes. Fotos: AP.Johan Huibers soñó en febrero de 1992 que Holanda se inundaba. "Al día siguiente, encontré en una librería un libro sobre el Arca de Noé y, desde entonces, mi sueño ha sido construirla", ha declarado a varios medios de comunicación. Se puso manos a la obra en mayo de 2005 y, un millón de euros después, el barco abrió sus puertas al público el sábado en los muelles de Schagen, a 45 kilómetros al norte de Amsterdam.

El nuevo Noé es un contratista de 48 años que cree en la verdad literal de la Biblia. Ha construido el barco con ayuda de su mujer -que fue la que lo diseñó-, su hijo adolescente y algunos amigos. Para él, la historia del Diluvio Universal ocurrió tal cual se narra en el Génesis. Sucedió que los hombres decepcionaron a Dios con su maldad y éste decidió acabar con ellos; pero encontró a uno justo, Noé, en el que confió la pervivencia de la especie. El elegido y los suyos construyeron un barco el doble de largo que el de Huibers, y metieron en él siete parejas de cada animal puro y una de cada especie impura. Después, jarreó durante cuarenta días y sus noches, hasta que las aguas cubrieron las cimas más altas. Cuando se retiraron, la familia de Noé y los animales que les acompañaban repoblaron el mundo.

No importa que nadie sepa dónde ha ido a parar tanta agua, que sea imposible meter a dos ejemplares de cada especie en el barco más grande conocido y que un relato mesopotámico anterior contara la misma historia, aunque sin el Dios de los judíos y protagonizada por Utnapishtim, en vez de Noé. Como buen creacionista, Huibers cree que, si estamos aquí, es gracias a Noé, quien, según el Génesis, había cumplido ya 600 años cuando empezó a caer agua a mares, y quiere difundir su credo.

Con animales de granja a bordo y réplicas de otros poco manejables -como elefantes, leones y jirafas-, el Arca de Huibers llevará su mensaje creacionista a puertos de Bélgica, Alemania y Holanda. Por de pronto, está atracada en Schagen, donde los curiosos pueden visitarla y documentarse gracias a folletos y al fragmento de la película Fantasía, de Walt Disney, sobre la historia de Noé que se proyecta en un auditorio con capacidad para cincuenta espectadores.

El contratista dice que no corremos el riesgo de enfrentarnos a un nuevo Diluvio porque sigue apareciendo en el cielo el arco iris, la señal del pacto postdiluviano de Dios con el hombre. Pero Lois Poppema, una turista estadounidense que ha visitado la nueva Arca, teme próximas inundaciones catastróficas. "Hace unas semanas, vimos a Al Gore en televisión diciendo que toda Holanda quedará inundada (a consecuencia del cambio climático)", ha declarado a AP.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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30 Mar 2006

El Arca de Johan Huibers, anclada en Schagen, a 45 kilómetros al norte de Amsterdam. Foitos AP.Johan Huibers, un contratista holandés de 47 años, está construyendo una réplica del Arca de Noé, la embarcación en la que, según la leyenda, el Patriarca bíblico metió una pareja de cada especie animal para salvarla del Diluvio. La nave mide 70 metros de largo, 13,5 de alto y 9,5 de ancho, y está hecha de cedro americano y pino noruego. Ahora, se encuentra en Schagen, a 45 kilómetros al norte de Amsterdam. Cuando la acabe, Huibers se habrá gastado en ella la friolera de un millón de euros, que ha conseguido a base de créditos bancarios.

La botadura del Arca, en cuya construcción han colaborado su hijo de 17 años y algunos amigos del contratista, está prevista para septiembre, cuando se convertirá en una especie de miniparque de atracciones religiosas flotante en los canales holandeses. Huibers quiere llenar la nave no con una pareja de cada especie, sino con corderos, conejos, cabras, pollos y otros animales de granja. A cambio de 2 euros los niños y 3 los adultos, los visitantes podrán recorrer la embarcación, tomarse un refresco en el bar instalado bajo la estructura de cubierta y llevarse a casa un bonito folleto religioso.

El devoto armador cree que, tras la visita a la embarcación, muchos niños se convencerán de la realidad histórica del Arca de Noé. Una realidad en la que sólo creen quienes, como él, se toman la Biblia al pie de la letra. Por que, vamos a ver: ¿dónde fue a parar todo el agua que cayó durante el Diluvio y cubrió, según el Antiguo Testamento, hasta las más altas cimas?, ¿cree Huibers de verdad que Noé y su familia pudieron meter en un barco una pareja de cada una de las millones de especies que existen en el mundo?, ¿cómo explica que haya relatos mesopotámicos anteriores que cuenten, más o menos, la misma historia, pero sin Noé ni el Dios de los judíos? El problema de la fantasía es cuando a uno le desborda, cuando uno empieza a confudir lo real con lo imaginario, cuando uno se embarca en la nave del misterio que pilota el Friker Jiménez de turno, de cuyo debut televisivo les invito a disfrutar por cortesía de Gerardo García-Trío. Se reirán. Se lo prometo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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