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24 Ago 2009

Bernice Manicoff sufría cáncer de útero y llevaba dos años en silla de ruedas cuando en 1986 asistió en Detroit a una de las sesiones de sanación del reverendo evangelista Peter Popoff. Le curó el tumor, y ella se levantó de la silla de ruedas entre aleluyas del público. Semanas antes, el predicador había dado en San Francisco un giro a la vida de Tom Hendry, rota por el alcohol, y había conseguido en Anaheim (California) que un artrítico, Vergil Jorgenson, dijera adiós a los dolores.

Estas sanaciones son sólo tres de las miles que se vieron en la televisión estadounidense de la mano de Popoff a principios de los años 80. Aseguraba que era capaz de curar cualquier mal gracias al poder de Dios y lo demostraba en grandes salas de conferencias con gente rebosante de enfermedades y de fe. De repente, inspiración divina de por medio, decía el nombre de alguien del público a quien no había visto antes, dónde vivía y qué le pasaba. El enfermo, sorprendido, se acercaba hasta él, o viceversa, y le curaba entre gritos.

El espectáculo se retransmitía a todo el país a través de 51 emisoras de televisión. "El efecto de Popoff sobre sus seguidores era tal que en varias ocasiones pidió al público que se librara del Diablo tirando sus medicinas al escenario. Docenas de personas se acercaban y lanzaban sus botes al estrado. Digitalis -un fármaco para el corazón-, tabletas de nitroglicerina, medicamentos contra la diabetes y muchas píldoras no identificadas eran despreciadas por personas que podrían necesitarlas para seguir con vida", recuerda el neurocientífico Al Seckel. El show continuó hasta que el ilusionista James Randi, que años antes había desenmascarado a Uri Geller, se metió de por medio.

'Dios' habla por radio

Después de asistir entre el público a una sesión de sanación, el mago concluyó que el predicador usaba un pequeño auricular por el cuál le chivaban los datos de sus víctimas. Montó un dispositivo para captar la señal durante el siguiente espectáculo y ese día oyó la palabra de Dios. "¡Hola, Pete! ¡Te quiero! Estoy hablando contigo. ¿Me oyes?", decía Elizabeth, la esposa del sanador. Ella le daba por radio toda la información que antes había recopilado de los invitados y gracias a la cual él sabía, por ejemplo, que alguien podía caminar a pesar de estar en silla de ruedas. Que una persona así anduviera un poco era un prodigio a su alcance, no como hacer crecer miembros amputados, algo que, por cierto, tampoco ocurre en los más milagreros santuarios marianos.

Randi destapó el fraude en el Tonight Show de Johnny Carson de la NBC. También se supo entonces que Bernice Manicoff, Tom Hendry, Vergil Jorgenson y otros dos pacientes sanados por Popoff en diferentes ciudades eran la misma persona: Don Henvick. El predicador había curado al hombre de varias enfermedades que no tenía y de una que nunca podría tener, cáncer de útero. Poco después, Popoff se declaró en bancarrota, pero recientemente ha vuelto a las andadas. Y le va muy bien. Tiene, entre otras cosas, una lujosa mansión y un caro deportivo gracias a los millones de dólares -más de 23, sólo en 2005- que recibe en donativos de gente que espera sus inexistentes milagros.


Publicado originalmente en el diario El Correo.

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23 Jul 2009

Los responsables sanitarios del estado mexicano de Colima han llevado a niños con cáncer ingresados en el Hospital Regional Universitario a la consulta de un chamán, me acaba de informar por correo electrónico el escéptico Juan Pérez. La idea partió, según cuenta el diario La Jornada, de Idalia González Pimentel, quien, además de presidenta en Colima del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF), es esposa del gobernador del estado. Ella dice que lo hizo para que los pequeños experimentaran "no una curación, porque la curación del cáncer debe ser física, sino una sanación de las emociones, para ayudar a los niños a sobrellevar la secuelas de las quimioterapias".

El escándalo saltó el martes cuando Dolores González Meza, representante sindical de los trabajadores de la salud, denunció que "un brujo" había atendido a los niños con autorización del secretario de Salud de Colima y que, "después de la sesión, varios padres de familia se opusieron a que sus hijos tomaran el siguiente tratamiento de quimioterapia, porque el chamán les dijo que ya no lo necesitaban". Este extremo fue negado posteriormente por González Pimentel.

El curandero en cuestión era el autotitulado médico maya Arsenio España Dzul, un tipo que asegura curar prácticamente todo, desde el cáncer hasta la diabetes, mediante cirugía psíquica. Ésta es una peligrosa práctica fraudulenta que consiste en simular operaciones mediante trucos de prestidigitación, incluidos el derramamiento de sangre de pollo u otro animal y la extracción de falsos tumores que en realidad son trozos de carne. España Dzul no llegó a tanto con los pequeños que puso en sus manos la Administración mexicana: sometió el 18 de abril a "un proceso de energía" a 42 niños oncológicos que fueron llevados hasta su consulta por el SNDIF.

Da igual cómo intente justificar estos hechos González Pimentel -dice que lo hizo "con buena intención y buena fe"-, el apoyo a un estafador como España Dzul por parte de las instituciones debería ser causa inmediata de dimisión o cese de todos los altos cargos públicos implicados. Me indigna que haya quienes se aprovechen de la desesperación -comprensible y humana- de quienes tienen familiares con graves enfermedades. Esos desaprensivos deberían ser perseguidos por la Justicia y, sin embargo, nos encontramos con cargos públicos que no sólo les protegen, sino que además les ayudan a aprovecharse de quienes son, por tristes circunstancias, más proclives a caer en sus garras. Perdónenme, pero ¡qué asco!

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21 Mar 2007


Intervención sobre la estafa de los curanderos en el programa Bilbao la Nuit, de Bilbovisión, el 6 de marzo de 2007.

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28 May 2006


El traslado a formato digital de la videoteca me ha permitido recuperar algunas joyas, de las que hoy traigo aquí parte de uno de los episodios más vergonzosos de la televisión paranormal española. Ocurrió el 22 julio de 1993 en Otra Dimensión, programa que dirigía Félix Gracia en Telecinco. El protagonista fue un carpintero inglés, de nombre Stephen Turoff, que decía caer poseído por un médico alemán fallecido en 1912, el doctor Kahn, y practicar en trance operaciones de cirugía psíquica; es decir, sin bisturí, sin anestesia y sin dolor, sin dejar cicatriz y extrayendo del cuerpo lo que haga falta. Sobra decir que la cirugía psíquica es uno de esos repugnantes montajes para sacar dinero a gente desahuciada o víctima de enfermedades crónicas incurables. Pues bien, hace trece años, Gracia, fundador y entonces editor de la revista Más Allá, puso su programa de televisión al servicio del estafador de Turoff y el resultado fue lo que en aquella época -¡no sabían lo que vendría después y ahora sufrimos!- la crítica consideró la cota más alta de telebasura.

¿Qué fue lo que hizo el carpintero? Se transformó ante las cámaras den el médico fallecido, para lo cual, se quitó las gafas, frunció el ceño y se puso a cojear. A partir de ese momento, comenzó a curar pacientes en directo. El caso más llamativo fue el de una mujer, Isabel González Durán, que dijo haber recuperado la vista tras la intervención del charlatán y que la cadena de televisión vendió como un milagro, diciendo que la agudeza visual de la enferma había pasado del 10% anterior al programa al 80% posterior en el ojo izquierdo y del 30% al 95% en el derecho. Un detalle tonto, del que se olvidó el equipo de Otra Dimensión -incluido el hoy novelista Javier Sierra, que era uno de los guionistas-, es que la mujer había sido intervenida de un glaucoma en el hospital Gregorio Marañón en 1986 y que su agudeza visual no había dejado de mejorar desde ese momento, tal como constaba en informes médicos que la cifraban ya en el 60% en octubre de 1992.

Los dos momentos más repulsivos del programa -que pueden ver aquí- tuvieron como víctimas a dos niños paralíticos cerebrales, cuya desgracia los responsables de Otra Dimensión y Turoff convirtieron en espectáculo. Vean, escuchen a la traductora y al propio Gracia, y comprueben hasta qué punto pueden llegar algunos desaprensivos. Curiosamente, los responsables de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), entidad que era en 1993 uno de los principales accionistas de Telecinco, no se pusieron en manos de Stephen Turoff para recuperar la vista. El carpintero cobraba hace trece años 4.000 pesetas por consulta -unos 24 euros- y en la hora que duró el espectáculo televisivo atendió a veinticuatro personas, con lo que es fácil suponer que lo suyo es un gran negocio. Sus víctimas son personas que se encuentran en situaciones límite o deseperadas a las que engaña y estafa, como hizo en 1993 con los padres de los dos niños paralíticos cerebrales a los que pasó consulta ante las cámaras de televisión.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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