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14 Mar 2008

Almudena Cacho y yo hablamos el 12 de marzo en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de Indiana Jones y la calavera extraterrestre, la actriz Marion Cotillard se suma a la teoría de la conspiración del 11-S, Robbie Williams y los extraterrestres y la Virgen que gotea aceite en Egipto, en la vigesimosegunda entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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05 Mar 2008

EL HOMBRE EN LA LUNA. Edwin Aldrin, retratado por Neil Armstrong en el Mar de la Tranquilidad en julio de 1969. Los partidarios de la conspiración ven 'extraños objetos' reflejados en el casco del astronauta. En realidad, se trata de un experimento solar, la bandera, la sombra de Aldrin, Armstrong y el módulo lunar (LEM). El fondo está borroso porque la cámara ha enfocado el primer plano. Foto: NASA.

¿Llegó el hombre a la Luna? Cada vez hay más gente que duda de la autenticidad de la gran gesta espacial, entre otras razones, porque cada vez hay menos personas que vivieron aquella aventura en directo en julio de 1969. Mañana, hablaré de la creencia en el fraude de los alunizajes, su fundamento y realidad, y examinaré las pruebas de la conspiración en la Casa de Cultura de Bergara (Guipúzcoa) a partir de las 19 horas. El acto ha sido organizado por Ilatargi Astronomia Taldea. Si quieren ir, están invitados.

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05 Mar 2008

Vicente-Juan Ballester Olmos, Almudena Cacho y yo hablamos el 20 y el 27 de febrero en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de ovnis y secretos oficiales, en la decimonovena y la vigésima entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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03 Mar 2008

Marion Cotillard, ganadora del Oscar por La vie en rose, es una conspiranoica. Me he enterado de ello esta mañana en la web de Mat Drudge, famoso por haber fastidiado las vacaciones bélicas en Afganistán a Enrique de Inglaterra. El titular del sitio de Drudge enlazaba con una noticia difundida ayer por Reuters de la que ya se han hecho eco numerosos medios: resulta que Cotillard duda de la versión oficial del ataque contra las Torres Gemelas y de la llegada del hombre a la Luna, entre otras cosas. "Pienso que (los Gobiernos) nos mienten sobre muchas cosas", sentencia la actriz en una entrevista televisiva concedida hace un año y que estoy buscando para colgar aquí. Se confiesa adicta a los vídeos conspiranoicos sobre el 11-S y cita como contrapunto a la caída del World Trade Center el incendio del edificio Windsor de Madrid, que no se derrumbó a pesar de que "ardió durante 24 horas". Según Efe, que acaba de mandar el correspondiente despacho, algunos internautas estadounidenses ya están pidiendo que se le retire la estatuilla y hasta se le niegue trabajar en Hollywood. La actriz francesa, informa The Times, está consternada por la reacción a sus palabras, dice que se han sacado de contexto y que la entrevista es vieja; pero no se retracta. Mantiene así su alineamiento con quienes siguen las disparatadas ideas de Thierry Meyssan, autor del libro La gran impostura, y el español Bruno Cardeñosa, quien mantiene que contra el Pentágono no se estrelló ningún avión de pasajeros en septiembre de 2001. Como dice José María Romera hoy en El Correo, "la paranoia se nutre de ciertos trastornos mentales, pero también de pequeños defectos cotidianos: la pereza mental, la vanidad, el afán de notoriedad, el victimismo, la sinrazón". No sé a cuál de estas causas, si no a todas, atribuir el mal de Marion Cotillard. Lo que si sé es que no tiene ningún motivo para molestarse por la reacción pública a sus desvaríos. Quien dice tonterías se arriesga a que lo tomen por tonto.

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18 Nov 2007

Catorce pilotos, ex mandos militares y funcionarios de varios países pidieron el martes en el Club de la Prensa de Washington al Gobierno de Estados Unidos que reanude el estudio de las observaciones de platillos volantes interrumpido con el cierre del llamado Proyecto Libro Azul, hace casi cuarenta años. En 1969 y tras veintiún años de pesquisas oficiales, la Fuerza Aérea estadounidense dio carpetazo a la investigación de los ovnis al concluir que ni eran producto de una tecnología avanzada ni suponían un peligro para la seguridad nacional. Agencias gubernamentales como la CIA y el FBI han hecho pública desde entonces gran cantidad de información de la que se desprende que a los mandos de los platillos volantes no hay ninguna inteligencia extraterrestre. Sin embargo, el grupo reunido hace unos días en Washington -cuyos miembros contaron a los periodistas sus vivencias personales tras los ovnis- y otros muchos están convencidos de que se oculta la verdad, y lo seguirían pensando aunque les abrieran de par en par las puertas de todos los archivos secretos. Sólo admitirán una respuesta: que los ovnis son naves de otros mundos. Lo contrario es para ellos un imposible y significa que el Gobierno de turno miente.

La historia no es nueva. En mayo de 2001, ocurrió algo parecido, también el Club de la Prensa de Washington. Un grupo de ufólogos, denominado Proyecto Revelación, convocó a los medios de comunicación para hacerles "importantes revelaciones sobre la realidad del fenómeno ovni". En el estrado, una veintena de ex funcionarios del Gobierno estadounidense, algunos de ellos militares; en el patio de butacas, representantes de los principales periódicos y de una docena de cadenas de televisión, a la espera de pruebas. "Es el fin de la infancia de la especie humana. Ha llegado la hora de que nos convirtamos en adultos maduros entre las civilizaciones cósmicas que están ahí fuera", anunció Steven Greer, director del grupo. Sus acompañantes comenzaron entonces a narrar las típicas visiones de platillos volantes habituales desde 1947. Eludieron cualquier referencia a secuestros o a encuentros sexuales con los visitantes; pero la conspiración estaba allí.

Greer cree que los testimonios expuestos -no se presentó otra cosa ni hace seis años ni el martes pasado- "demuestran, de una vez por todas, que no estamos solos". Ni en la Tierra. "Por lo menos desde los años 40, y quizá desde los 30, ha habido vehículos espaciales de origen extraterrestre que fueron derribados, ocupados y estudiados", dijo el director del Proyecto Revelación. Uno de sus compañeros fue más allá. Clifford Stone, sargento retirado, afirmó que hay catalogados nada menos que 57 tipos de alienígenas y aseguró haber visto a los malheridos tripulantes de esas naves, que tienen debilidad por accidentarse en EE UU, cuyo Gobierno oculta la verdad al mundo. Uno de esos aparatos sería el que se estrelló en Roswell, Nuevo México, en 1947. Greer indicó que, del estudio de éste y otros platillos siniestrados, EE UU y Reino Unido han obtenido grandes frutos. El líder del Proyecto Revelación también lo es del Centro para el Estudio de la Inteligencia Extraterrestre (CSETI), entidad "dedicada a establecer relaciones pacíficas y continuadas con formas de vida extraterrestre". Como se ve, todo muy serio.

Conspiración liberadora

¿Qué pruebas tienen de lo que dicen quienes hicieron hace seis años esas extraordinarias afirmaciones y quienes han pedido hace unos días al Gobierno de EE UU que lidere la investigación ovni en el mundo? Las mismas que todos los ufólogos que han anunciado alguna vez disponer de pruebas de que los ovnis son naves extraterrestres. Ninguna. Si las tuvieran, no se limitarían a mostrar fotografías y películas más que dudosas ni recurrirían a la manida conspiración gubernamental, que tan bien les ha venido desde el nacimiento del mito para justificar la falta de pruebas y hacer recaer la carga de la prueba en quienes sostienen que no hay nada extraordinario en los ovnis, en vez de en quienes afirman que nos visitan extraterrestres, que andan secuestrando gente por ahí y le hacen todo tipo de perrerías. La conspiración es la coartada perfecta. Libera a los ufólogos de la carga de la prueba: ellos no tienen que demostrar que nos visitan seres de otros mundos; son los científicos los que lo saben y lo están ocultando.

Por eso, cada cierto tiempo surge un grupo de ex cualquier cosa que, ansiosos de publicidad gratuita, hacen rimbombantes anuncios en Washington y durante unos días salen en algunos medios de comunicación -cada vez menos y cada vez más como una excentricidad- repitiendo un cuento conocido desde hace sesenta años. Porque fue en enero de 1950 cuando Donald E. Keyhoe, comandante retirado de la Infantería de Marina de EE UU y autor del primer libro sobre el tema, The flying saucers are real (1950), publicó un artículo en la revista True que sentó los dos pilares básicos de la ufología: el origen alienígena de los ovnis y el tan socorrido secretismo gubernamental, cuyo final reclaman ahora los catorce pilotos, ex mandos militares y funcionarios de Washington.

Lamentablemente para ellos, el secretismo gubernamental hace tiempo que no existe en países como EE UU, Reino Unido, Francia y España, donde los archivos oficiales sobre avistamientos de platillos volantes se han hecho públicos sin que se haya encontrado rastro de ET. Los ovnis "son una mezcla de fenómenos naturales y de origen humano, en vez de una prueba de vida extraterrestre", indican las conclusiones de un estudio oficial hecho público hace un año en Reino Unido y que abarca más de treinta años de avistamientos. "No existen pruebas que sugieran que los fenómenos sean hostiles o estén bajo algún tipo de control diferente a las fuerzas de la naturaleza", sentenciaban los autores del trabajo, en la misma línea que todos los proyectos de investigación de los países citados. Nada de esto impedirá, no obstante, que ufólogos y creyentes sigan con su cantinela y vuelvan en un futuro próximo a contar anécdotas tan reales como las visiones de hadas y las apariciones demoniacas en el Club de la Prensa de Washington, al que los conspiranoicos han cogido gusto en los últimos tiempos.

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01 May 2005

¿Se ha preguntado alguna vez cuánto hay de cierto en las sentencias que algunos expertos en lo paranormal atribuyen a científicos más o menos famosos, aunque casi siempre lejanos al lector en el espacio o en el tiempo? Yo me lo pregunto casi siempre que veo un nombre conocido ligado a una tontería esotérica o conspiracionista. Ahí está el caso de Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología, quien dice que Willard. F. Libby, el científico que ideó el método de datación del carbono 14, llegó a afirmar que los análisis que fecharon en 1989 la sábana santa en el siglo XIV no eran válidos porque la prueba se hizo mal. Sorprendente, ¿verdad? Sí, pero no por lo dicho por Libby, sino porque el físico había muerto en 1980 y, por tanto, nunca pudo pronunciarse sobre unas pruebas hechas nueve años más tarde. Sin embargo, la falsa sentencia de Libby ha sido durante años esgrimida por los fabricantes de paradojas como una de las claves a favor de la autenticidad de la reliquia de Turín.

Santiago Camacho, tal como aparece en la solapa de uno de sus libros sobre conspiraciones.Otro español, Santiago Camacho -famoso en el mundo del misterio como experto en conspiraciones-, ha hecho algo parecido a la hora de defender que el hombre no llegó a la Luna y que hay científicos que apoyan la idea de que las misiones Apollo fueron un montaje hecho en un estudio cinematográfico. Dice Camacho en su libro 20 grandes conspiraciones de la Historia (La Esfera de los Libros, 2003): "Pero quizá la más curiosa de estas anomalías -se refiere a las de las fotografías de las misiones Apollo- es la que hace notar Maria Blyzinsky, directora de astronomía del Observatorio de Greenwich (Londres). A falta de una atmósfera que entorpezca el paso de la luz, en la Luna las estrellas deberían ser totalmente visibles. Pues bien, en las imágenes tomadas por los astronautas no es que se vean muchas... ni pocas, en realidad no se ve ninguna estrella. Resulta ciertamente notable que, dadas las inmejorables condiciones de observación, la gran calidad de la cámara Hasselblad con la que estaban equipados y la sensibilidad de la película Ektachrome utilizada, a ninguno de los astronautas se le ocurriese hacer una instantánea con un tiempo de exposición suficiente como para recoger ese firmamento único". Ese capítulo se publicó en forma de reportaje en El Mundo el 10 de noviembre de 2002 y en él Camacho explicaba la ausencia de estrellas en el cielo lunar: "Tal vez se debiera a que, de todos los elementos susceptibles de falsificación a la hora de construir un decorado que simulase el paisaje lunar, el cielo es precisamente el único imposible de reproducir sin levantar las sospechas de un astrónomo".

Nunca había dado crédito a estas palabras de Blyzinsky -que están reproducidas hasta la saciedad en Internet- porque pensaba que se trataba de un personaje inventado. La verdad, sin embargo, es que Maria Blyzinsky existe, es astrónoma y trabaja en el Real Observatorio de Greenwich. La mentira es que dijera alguna vez algo parecido a lo que sostiene Camacho. Me informó de esta nueva muestra de ética periodística paranormal Alberto Matallanos, un escéptico que se tomó la molestia de localizar a la astrónoma y preguntarle por la autenticidad de la cita que se le atribuye. La respuesta de la científica fue clara: no sólo nunca había dicho lo que Camacho afirma que dice, sino que además jamás le ha hecho nadie una pregunta en ese sentido sobre el proyecto Apollo. En un mensaje personal enviado a Matallanos, la astrónoma señala que este caso demuestra cuál es el caldo de cultivo de las ideas conspiracionistas: "El mal periodismo y la mala investigación".

Consultada por Magonia, Blyzinsky ha reiterado la falsedad de la cita empleada por Camacho en 20 grandes conspiraciones de la Historia, algo que también ha hecho Robert Massey, astrónomo jefe del Real Observatorio de Greenwich. "La cita es falsa. Maria no sabe de dónde ha salido; pero no representa de ningún modo la postura oficial del observatorio ni su punto de vista personal. El personal del Real Observatorio de Greenwich dedica mucho tiempo a refutar afirmaciones de los promotores del fraude lunar y de otros pseudocientíficos. Todo esto probablemente demuestra cómo las ideas se propagan por Internet y la tarea casi imposible a la que nos enfrentamos a la hora de convencer a la gente de que algunas de esas ideas pueden no ser ciertas", me ha indicado Massey en un mensaje de correo. Tanto si ha fabricado las declaraciones de Maria Blyzinsky como si se ha limitado a copiarlas, la calidad del periodismo de investigación que practica Santiago Camacho queda fuera de toda duda.

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21 Mar 2005

"Me gustaría dejar claro que si uno lee seriamente El péndulo de Foucault comprende que es la sátira, la representación grotesca de los que escriben y leen El código Da Vinci. El Péndulo podría leerse como la crítica de El código Da Vinci, salvo por el hecho de que ha sido escrito quince años antes. El Péndulo denuncia todo un berenjenal ocultista que Dan Brown ha saqueado a manos llenas tratando de tomarlo en serio. No creo que él se lo tome en serio, pero ha sido bastante hábil al conseguir que sus lectores sí lo hagan", dice Umberto Eco en una entrevista que le ha hecho el periodista César Coca para El Correo. El pensador italiano da varias ideas interesantes en estas cuatro frases, empezando por el recuerdo de lo que es El péndulo de Foucault (1988), novela que algunos amantes de lo paranormal tomaron en su día por una especie de homenaje al género cuando es a la literatura esotérica lo que El Quijote a la de caballerías.

Más importante que eso es recordar cómo Brown y compañía se han nutrido de la literatura ocultista para vestir sus tramas novelescas, intentando hacer pasar rumores, leyendas y ficciones como hechos reales. El historiador José Luis Calvo lo demuestra en su disección del best seller de Brown y en su pormenorizada crítica de Los guardianes del secreto, de Lorenzo Fernández Bueno, uno de los explotadores del manufacturado misterio de las caras de Bélmez. El de Fernández Bueno es uno de los libros más disparatados y peor escritos que he leído en muchos años. Como Eco, pienso que ninguno de estos autores y casi ninguno de los periodistas del misterio considera ciertas las tonterías que pone en negro sobre blanco o que predica con voz efectista a través de la radio. No son tan tontos y sí tan listos como para aprovecharse de los muchos ingenuos que creen que un investigador va por la vida con un chaleco a lo Indiana Jones, descubriendo exclusivas mundiales a diario a despecho de unos Gobiernos a los que burla continuamente. El negocio es vender misterios; no creer en ellos. Quienes creen en ellos se gastan el dinero; los que los venden no creen en ellos.

Entre lo más inexplicable de todo lo que ha ocurrido con El código Da Vinci, está la reciente reacción del Vaticano. Dos años después de la aparición del libro, cuando ya ha vendido 25 millones de ejemplares, el cardenal Tarsicio Bertone, hombre de confianza de Ratzinger, ha arremetido contra la novela, lo que seguro que habrá lanzado a más gente a comprarla. Es lo que tiene la Iglesia, que, cuando condena un libro o una película, no importa lo mediocres que sean, los convierte en éxitos. En este caso, a la saneada economía de Brown le va a reportar una propina inesperada y en Hollywood ya se tienen que estar frotando las manos ante el previsible éxito de la película protagonizada por Tom Hanks. Lo más chocante, no obstante, es que Bertone base su ataque al libro en que "no se hace una novela mistificando datos históricos o difamando a una institución de prestigio". ¿Sobre qué hechos históricos ha construido la Iglesia su imperio? ¿Cuántas verdades históricamente contrastadas hay en la Biblia? ¿Acaso todo el Antiguo Testamento es algo más que una gigantesca mistificación? ¿Y qué me dice de las apariciones de Lourdes y las reliquias cuya adoración fomentan las corrientes más conservadoras y antediluvianas de la Iglesia? En fin, que a los mandamases vaticanos les molesta que otros usen los mismos métodos que ellos utilizan constantemente desde hace siglos, incluida la difamación contra quienes les critican o no se pliegan a sus intereses.

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31 Ago 2004

Bill Kaysing escribió y publicó We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna) en 1974. Cinco años después del histórico paso de Neil Armstrong, reveló al mundo que los alunizajes se habían rodado en un estudio cerca de Las Vegas y presentó las pruebas del fraude. El periodista Santiago Camacho dice de él: "Este californiano de pelo cano trabajó como jefe de publicaciones técnicas para la sección de investigación y desarrollo de Rocketdyne, contratista de los motores del proyecto Apollo. Ya entonces empezó a sospechar que el trabajo que se desarrollaba en su empresa poco tenía que ver con la Luna" (El Mundo, 10 de noviembre de 2002). Es cierto. La firma Rocketdyne tenía poco que ver con la Luna en los tiempos de Kaysing, quien empezó en 1957 a trabajar en la compañía que desarrolló los motores del cohete Saturno 5. Era bibliotecario, un buen puesto para un licenciado en Filología Inglesa por la Universidad del Sur de California, y abandonó Rocketdyne en 1963, antes de que la firma se implicara en el proyecto Apollo. Detalles -que no era un técnico y que no participó directamente en la aventura lunar- que no parecen importar ni a Camacho ni a otros partidarios de la conspiración lunar. Pero ¿qué cuenta Kaysing, en cuyo trabajo se basan quienen mantienen que el hombre no ha llegado a la Luna?

Una de las pruebas de la conspiración que presenta Bill Kaysing en su libro.Su libro tiene 87 páginas y la mitad están ocupadas por fotografías de las sólo que una decena viene a cuento: se trata de fotocopias -como todas las imágenes de la obra- de instantáneas de los alunizajes. El resto de las ilustraciones corresponden a fotos de rampas de lanzamiento y encendidos de motores, esquemas de naves espaciales y de la misión lunar, paisajes de Nevada... Mis preferidas son las que demuestran que el cuartel general del engaño estuvo en los alrededores de Las Vegas: vistas de la ciudad, de la piscina de un hotel, del buffet del Hotel Casino Dunes -"Otra razón por la que los astronautas y sus jefes eligieron el área de Las Vegas", escribe Kaysing-, de una joven exhibiéndose en biquini -"Las recepcionistas y secretarias del centro de control del Proyecto de Simulación Apollo fueron reclutadas en los casinos de Las Vegas, lo que añadió atractivo al lugar"- y de mesas de juego -"Fue otra de las razones por las que los astronautas creyeron que Las Vegas era el lugar ideal para relajarse y recuperarse del viaje a la Luna"-. Kaysing sitúa su conspiración en Las Vegas porque, simple y llanamente, se trata para él de una especie de paraíso inalcanzable. No presenta, por supuesto, ninguna prueba. A la pregunta de por qué se eligió un lugar próximo a la capital del juego para simular los alunizajes, responde con un simple: "Las fotografías cuentan mejor la historia". Ésa es la realidad de la base secreta de Nevada. Pero ¿por qué cree que el proyecto Apollo fue un gran engaño?

Kaysing tiene pruebas, la mejor de las cuales es que las estrellas no aparecen en las fotos tomadas por los astronautas en la Luna. La razón la sabe cualquiera que haya sacado una foto a alguien de noche al aire libre: el protagonista sale, pero el brillo de las estrellas es demasiado débil como para impresionar la película. Aún así, Kaysing se sorprende una y otra vez: "¿Estrellas? ¿Dónde están las estrellas?". Podría haber preguntado a un fotógrafo, pero no lo hizo. Con los años, sus seguidores han visto en las fotos lunares muchas anomalías que no son tales. Resulta inconcebible que alguien dé crédito a We never went to the Moon. Quienes, basándose en este libro -el germen de esta conspiración-, pregonan a los cuatro vientos que el proyecto Apollo fue un montaje o son unos ignorantes o unos desaprensivos. Me cuesta creer que alguien pueda tomarse en serio el texto de Kaysing, dado que su acumulación de disparates y tonterías casi deja corto el Planeta encantado con el que nos está bombardeando la Televisión Española (TVE) socialista, después de que la popular hiciera el primer ataque al sentido común con tan letal arma. De hecho, me he acordado de la obra de Kaysing hoy porque TVE ha vuelto a emitir el episodio de la serie de Juan José Benítez en el que el ufólogo intenta convencer al público de que un vídeo creado en un estudio de animación vasco fue en realidad rodado en el Mar de la Tranquilidad, lo contrario que en el complot desvelado por Kaysing.

Una de las pruebas de la conspiración que presenta Bill Kaysing en su libro.La conspiración vende, sea de la naturaleza que sea: el francés Thierry Meyssan defiende que no se estrelló ningún avión contra el Pentágono el 11-S, pero no explica qué pasó con los pasajeros de la aeronave desaparecida; el periodista Bruno Cardeñosa no sólo hace los coros en español a Meyssan, sino que además mantiene que hubo una conspiración en los ataques terroristas del 11-M, que sólo ve él; su amigo Santiago Camacho no tiene muy claro que el hombre pisara la Luna a finales de los años 60; su maestro Juan José Benítez predica en la televisión pública que los astronautas estadounidenses destruyeron ruinas alienígenas en el satélite terrestre; Javier Sierra dice que el transistor es un invento basado en tecnología de otros mundos... El fundamento de todas esas conspiraciones es, en el mejor de los casos, tan endeble como el de la que Kaysing expone en su libro. La única conspiración que parece real es la de ciertos medios de comunicación y periodistas sin escrúpulos que, para hacer negocio, pretenden hacer creer a la gente que somos víctimas de conjuras un día sí y otro también. Dos meses después de los ataques del 11-M, llegaron a las librerías varias muestras de un periodismo de investigación que no pudo ser muy profundo porque, entre redacción, corrección, impresión y distribución, igual quedó una semana para hacer pesquisas. Con las víctimas de los trenes de Madrid recién enterradas, los conspiranoicos no tuvieron el menor escrúpulo en levantar vuelo y no en aras de la verdad, precisamente.

Kaysing, Bill [1974]: We never went to the Moon. America's thirty billion dollar swindle. Health Research. Pomeroy 2002. 87 páginas.

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15 Ene 2004

Ni se grabó en el Mar de la Tranquilidad en julio de 1969, ni está protagonizada por Neil Armstrong y Buzz Aldrin, ni ha salido de ningún archivo secreto de la NASA. La película presentada en Televisión Española (TVE) por Juan José Benítez, como prueba de que los astronautas estadounidenses descubrieron una base extraterrestre en ruinas en la Luna, es obra de un estudio de animación vasco. Se rodó en Irún (Guipúzcoa) en 2001 en las instalaciones de Dibulitoon Studio SL, donde también se crearon los moais volantes y la nave y los extraterrestres de Los Villares (Jaén). Las imágenes de la falsa edificación lunar, al igual que las de las estatuas voladoras pascuenses y la de la aparición alienígena andaluza, fueron encargadas a Dibulitoon Studio SL por Benítez, según ha podido saber Magonia. La diferencia estriba en que, en el episodio titulado Mirlo rojo, el director de Planeta encantado encajó la animación lunar como si de un documento real se tratara, incluida la más que engañosa sobreimpresión de la leyenda "Imágenes inéditas". Dibulitoon Studio es la productora de El ladrón de sueños, nominada en 2001 al Goya a la Mejor Película de Animación.

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12 Ene 2004

Neil Armstrong y Buzz Aldrin se encontraron en 1969 en la Luna con una base alienígena de miles de años de antigüedad, dice Juan José Benítez en Mirlo rojo. La prueba es una filmación de catorce minutos, de la que el ufólogo ha presentado en Televisión Española (TVE) varios segundos en primicia mundial. Sinceramente, he visto desde hace años juegos de ordenador con texturas más creíbles que las de la presunta Luna y las supuestas ruinas de Benítez, y ¿qué me dicen de los movimientos en baja gravedad del pretendido astronauta? Lo de Planeta encantado sería para tomárselo a broma si no fuera porque la serie la programa una televisión pública -es decir, hemos pagado los derechos de emisión entre todos los españoles- y se presenta como documental, no como ficción. Ha habido momentos ridículos -como cuando los moais volaban en la isla de Pascua desde la cantera en la que fueron tallados hasta sus altares-, pero tratar de vender una tosca recreación informática por una escena real a un público acostumbrado a los prodigios de Industrial Light & Magic y Weta Digital supera todos los listones.

Una frase aparece varias veces sobreimpresionada en Mirlo rojo. Dice: "Por razones de seguridad, algunos nombres y datos han sido cambiados". Queda bien, da un aire de intriga al documental, pero ¿a la seguridad de quién se refiere? No creo que sea a la de quien Benítez dice que le contó la historia de las ruinas lunares -"un alto militar norteamericano"- porque está ya enterrado en el cementerio de Arlington, en Washington. Y lo curioso es que no hay nadie más involucrado en la trama, además del periodista navarro. Creo que Benítez guarda en secreto sus fuentes sobre el gran secreto del proyecto Apollo por lo cómico del caso. Quien le contó por primera vez que en la Luna se descubrieron ruinas extraterrestres y se destruyeron con bombas atómicas fue el peruano Carlos Paz Wells, que a mediados de los años 70 aseguraba tener encuentros con seres de otros mundos. "Tenemos constancia de que los norteamericanos también conocen la existencia de las antiguas instalaciones de la Confederación. Y, según los guías, los lanzamientos realizados por los distintos Apollos de pequeñas bombas nucleares contra la superficie de la Luna no tenían la única finalidad de medir los posibles movimientos telúricos del satélite. Muy al contrario. La verdadera intención de los norteamericanos era destruir dichas instalaciones, cuyas posiciones conocían de antemano", afirma el contactado en Ovnis: SOS a la Humanidad, la obra que Benítez dedicó en 1975 a las andanzas de los miembros del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI). En ese libro, puede leerse una ficticia versión de un diálogo entre los astronautas del Apollo 11 y Houston muy parecida a la que el ufólogo sitúa en el Mar de la Tranquilidad, donde los expedicionarios humanos habrían visto platillos volantes. Pero el chivatazo del bombardeo de los edificios alienígenas lunares no se lo dieron a Benítez únicamente los extraterrestres, vía Paz Wells.

"Durante años he combatido a quienes decían haber visto o tener contacto con naves de otros mundos. Sometido a la disciplina que se exige a cualquier agente secreto y a mis propias convicciones trataba de destruir lo que consideraba patrañas, embustes y acciones de gente sin escrúpulos o de comportamiento demencial. La experiencia me ha demostrado que el equivocado era yo y cuantos tratan de desprestigiar algo natural y positivo. No estamos solos en el cosmos, el planeta Tierra está siendo visitado por extraterrestres que, además, descansan y se estacionan en bases ignoradas en su mayoría". Con esta confesión en su presentación, llegaba en 1979 a las librerías españolas Bases de ovnis en la Tierra. Su autor, Douglas O'Brien, decía ser un espía de la CIA arrepentido. El libro era en realidad una novela firmada con pseudónimo por Javier Esteban, en aquel entonces un joven de veintiún años, para un premio literario. En la historia, mezclaba hechos reales con tramas conspiranoicas al estilo de Expediente X. "Para escribir la novela era preciso crear historias con fechas, lugares, etcétera. Para evitar la tarea de inventar miles de datos, acudí a las hemerotecas y tomé nota de miles de diversas fuentes: periódicos, revistas... De esta forma, incluía datos auténticos de sucesos ocurridos, tales como accidentes de aviones militares, expulsiones de diplomáticos, detenciones de espías, etcétera. A la vista de la información recopilada, inventaba la historia con argumentos cómo: "La noticia que se dio al público por la prensa fue... cuando lo que realmente ocurrió fue...". Siguiendo esta línea, no reparé en gastos: relaté historias inverosímiles, como la de colocar un ovni en medio de una explosión nuclear en Siberia o hacer que el protagonista asesinara a varios ufólogos por acercarse demasiado a la verdad, y cualquier otro tipo de hazañas que los ufólogos suspiran vivir. Toda la trama, una vez argumentada, cumplió con los objetivos propios de una novela. Lo gracioso del asunto es imaginar a personas en su sano juicio investigando la verosimilitud de tales disparates. Ya se sabe que la fe mueve montañas...", recordaba Esteban en 1996 en La Alternativa Racional, revista de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

Con Bases de ovnis en la Tierra sucedió lo mismo que con La delegación (1973), de Rainer Erler, y Alternativa 3, de Leslie Watkins, David Ambrose y Christopher Miles: algunos ufólogos tomaron la ficción por realidad. Benítez, Bruno Cardeñosa y Francisco Padrón fueron tres de los que demostraron su perspicacia y rigor. Los dos primeros mantuvieron reuniones en persona con Esteban creyendo que hablaban con un agente de la CIA, y el joven decidió seguirles el juego para ver en qué acababa todo. Terminó con algunas de sus inventadas historias publicadas por los expertos en periódicos, revistas esotéricas y libros sobre platillos volantes. Afirma Benítez en Mirlo rojo que "Estados Unidos usó armas tácticas y nucleares" para destruir unas ruinas extraterrestres en la Luna. Esteban revelaba, como Douglas O'Brien, en 1979: "Según los servicios secretos se descubrieron cinco bases o lugares de estacionamiento distintos de ovnis en la Luna. En el año 1975 se procedió a realizar un bombardeo táctico". En su novela, también hablaba los llamados Fenómenos Lunares Transitorios (LTP), vinculándolos a la actividad alienígena; de cómo los rusos habían detectado, con sus primeras sondas, la existencia de estructuras artificiales en el satélite; y de cómo se destruyeron tras los alunizajes. La realidad es mucho más sorprendente que la ficción hecha película lunar por Benítez: "Escribí el libro con unos diecinueve años, por lo que, de ser una novela autobiográfica... ¡entré en los servicios secretos estadounidenses con ocho años!", suele ironizar Esteban. Ni el autor de Caballo de Troya ni Cardeñosa ni Padrón pusieron reparos a creer que la CIA cuenta con espías infantiles. Cosas de los ufológos profesionales.

El resto de los ingredientes de este guiso conspiranoico -que ignoró hasta John F. Kennedy, según Benítez- no superaría una mínima inspección por parte de las autoridades sanitarias. El elemento principal son los platillos volantes, de cuyo origen extraterrestre habrían estado al tanto EE UU y la Unión Soviética desde el primer momento. Los ovnis dan cuerpo a un plato cuya base son los LTP, los extraños fenómenos de corta duración -bolas y llamaradas de luz, cambios de color y brillo de la superficie...- vistos en la Luna durante los últimos siglos, achacables muchos de ellos -como los que atañen al cráter Linné- a observaciones hechas al límite de la resolución de los telescopios y del ojo. La NASA hizo en 1968 un catálogo de LTP y la ciencia, de momento, carece de explicación para algunas de las cosas observadas. Benítez toma la parte por el todo y, como siempre, se agarra a que algo carezca de explicación para meter por medio a los extraterrestres, cuando lo cierto es que los marcianos no solucionan nada.

Los LTP y los platillos volantes son los pilares de un decorado que es como un castillo de naipes y al que, para dar consistencia, el ufólogo suma el informe Brookings. Presenta como algo excepcional que unos expertos alertaran, a principios de los años 60, del impacto que podría tener para nuestra civilización el hallazgo de "artefactos alienígenas abandonados en la Luna y otros mundos". En ese documento, sostiene el director de Planeta encantado, "se anima a la NASA a ocultar información y eso fue lo que hicieron". La ingenuidad de muchos científicos y no científicos respecto al contacto con extraterrestres era enorme hace cuarenta años: Stanley Kubrick intentó, sin éxito, suscribir una póliza de seguros con Lloyd's para el caso de que el encuentro tuviera lugar antes del estreno de su película 2001, una odisea del espacio. Ese ambiente venía bien a la NASA para conseguir fondos para la exploración espacial. Lo que Benítez oculta es que el contenido del informe Brookings fue y es público. Seguramente, estamos ante uno de esos datos cambiados en el documental "por razones de seguridad", las mismas por las cuales no se dice que las fuentes de información del novelista -¿cómo puede creerse alguien que un militar estadounidense de alto rango recurra a un reportero español sin ninguna credibilidad, teniendo a su alcance a quienes destaparon el escándalo Watergate?- son un contactado y un inexistente espía de la CIA. Como ha apuntado más de un escéptico, a veces da pena que TVE no haya emitido Planeta encantado en horario de máxima audiencia: Benítez se basta y se sobra para desenmascararse a sí mismo.

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magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

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