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03 Sep 2009

La idea de que el hombre no pisó la Luna y todo fue un montaje estaba pidiendo a gritos un libro desde hace años. Es lo que yo creía cuando en 2001 Fox emitió el documental que relanzó la vieja polémica de ridículo origen y la NASA se echó atrás en la petición a James Oberg de que escribiera la obra. Pero no soy editor, a pesar de que se me ocurre un posible libro relacionado con el pensamiento crítico cada dos por tres. Por eso, la publicación de La conspiración lunar ¡vaya timo, del físico Eugenio Fernández Aguilar, me parece un acierto y más aún que haya coincidido con el 40º aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Es, además, uno de los títulos de la colección escéptica de Laetoli a los que va perfectamente la coletilla ¡vaya timo!, no siempre acertada en otros casos y que, aunque graciosa, me da que puede echar para atrás a lectores dubitativos.

Visto lo visto este verano, cuando han salido partidarios de la conspiración lunar por todos lados, el libro de Fernández Aguilar es el tratamiento de choque necesario para quien cree que no llegamos a la Luna o que llegamos, pero se falsificaron las imágenes, como argumentan los más prudentes conspiranoicos. Escrito con humor, el autor desmonta, una a una, cincuenta argumentaciones habituales entre los negacionistas de los alunizajes, desde algunas relacionadas con la ignorancia de la física básica hasta otras que chocan con el sentido común del más ingenuo. Si alguien lee este libro y sigue creyendo que todo fue un montaje, es que no tiene remedio. Mi argumento preferido cuando sale la historia en una conversación de café siempre es el mismo desde hace años: la mejor prueba de la realidad de los alunizajes es que la Unión Soviética, que competía con Estados Unidos por la conquista del satélite terrestre, admitió su derrota. Para Fernández Aguilar, también es la prueba más evidente de la autenticidad de la gesta.

Sólo encuentro a esta obra dos peros menores: las fotografías que la ilustran y la tendencia del autor a dejar en algunos casos explicaciones en el aire. Las imágenes a todo color resultan imprescindibles para desmontar algunas pretensiones de los conspiranoicos y hay que felicitar a la editorial por haberlas incluido, rompiendo con su ausencia en obras anteriores. Lo que carece para mí de lógica es el diminuto tamaño de las fotos y esquemas, convertidos en poco más que sellos, cuando la NASA proporciona gratis imágenes en alta calidad de todas sus misiones espaciales. Por otra parte, la inclinación de Fernández Aguilar, profesor de Ciencias de Secundaria, ar animar al lector a que complete su lectura en Internet es loable, pero no justifica dejar de ofrecer explicaciones diciendo que pueden encontrarse en tal o cual web, como pasa en ocasiones. ¿Y si estoy en el avión?, ¿y si estoy en la playa?, ¿y si no sé inglés o tengo fobia a Internet?

La conspiración lunar ¡vaya timo es el libro ideal para regalar a ese amigo o conocido que da pábulo a las tonterías de los fabuladores que ayer decían que no llegamos a la Luna y hoy sostienen que sí se piso, pero se encontraron allí ruinas alienígenas. Es una obra, además, que seguirá siendo de actualidad dentro de diez años y que, sólo por eso, ya merece un hueco en la biblioteca de todo interesado por la divulgación del pensamiento crítico.

Eugenio Fernández Aguilar [2009]: La conspiración lunar ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. "¡Vaya Timo!", Nº 10). Pamplona. 167 páginas. 15 €.

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20 Jul 2009

Si pueden, no se lo pierdan. La Primera de TVE emite Operación Luna (2002) a partir de medianoche, dentro de la programación conmemorativa del cuadragésimo aniversario del primer alunizaje, que incluye un especial presentado por Jesús Hermida. Sólo La Sexta hace algo parecido. El resto de las cadenas convencionales de televisión que pueden sintonizarse en el País Vasco, incluida ETB, pasan de la llegada del hombre a la Luna. Que la televisión pública vasca dedique esta noche sus dos canales a lo mismo que cualquier otro lunes demuestra una preocupante falta de sensibilidad hacia la ciencia y la tecnología, algo que comparten muchos otros medios públicos y privados. Ahí tienen a Cuatro, dedicando esta noche una programación especial a... Michael Jackson. De vergüenza.

Volviendo a Operación Luna, disfrútenla y déjense llevar por la increíble historia que narra. Es una película de William Karel rodada como si fuera un documental. Cuenta cómo se falsificaron los alunizajes, a través de testimonios de Buzz Aldrin, Henry Kissinger, la viuda de Stanley Kubrick, Donald Rumsfeld y Vernon Walters, entre otros. Karel juega a lo mismo que Orson Welles con su recreación radiofónica La guerra de los mundos de 1938 y Christopher Miles y David Ambrose con Alternativa 3 en 1977. Para conseguirlo, saca de contexto declaraciones de todos ellos, a los que suma como refuerzo un puñado de actores. "Utilizando convenientemente sus testimonios (los de los personajes históricos), bastaba con tener un testigo falso, en este caso una secretaria de Nixon, para que hiciese de enlace y consiguiese que la historia fuese creíble. A los verdaderos testigos les dijimos que estábamos rodando una película sobre Kubrick, sobre sus películas, sobre la Luna o sobre la NASA, y les hacíamos preguntas un poco vagas...", declaró en su día Karel en una entrevista.

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18 Jul 2009

Ningún ser humano ha llegado más lejos. Doce estadounidenses pisaron la Luna entre el 21 de julio de 1969 y el 14 de diciembre de 1972. Hicieron realidad el sueño de un presidente que había prometido, 43 días después de que Yuri Gagarin se convirtiera en el primer hombre en órbita, que Estados Unidos, y no la Unión Soviética, lideraría la carrera espacial. "Creo que esta nación debería comprometerse a lograr el objetivo, antes de que acabe esta década, de llevar un hombre a la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo a la Tierra", dijo John F. Kennedy ante el Congreso el 25 de mayo de 1961. Ocho años más tarde, Neil Armstrong y Buzz Aldrin dejaban sus huellas en el Mar de la Tranquilidad, aunque no todo el mundo lo crea.

La sospecha de que los alunizajes fueron un montaje existía en algunas mentes ya durante la retransmisión del primero, que siguieron 600 millones de telespectadores. Pero fue una creencia marginal hasta que la cadena Fox emitió en febrero de 2001 en EE UU un documental en el cual un tal Bill Kaysing decía que las escenas se habían rodado en un estudio. Bibliotecario hasta 1963 de la compañía que después fabricó el Saturno 5 -el cohete que puso en órbita las misiones lunares-, este filólogo había publicado en 1974 un panfleto, We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna), que pasó editorialmente desapercibido, pero del cual han bebido todos los partidarios de la conspiración.

Alunizajes en Las Vegas

Kaysing asegura que la NASA se dio cuenta ya antes de las primeras misiones Apollo de que no iba a ser técnicamente capaz de cumplir el compromiso de Kennedy, ante lo cual Washington optó por recrear los alunizajes cerca de Las Vegas. Pero, según él, hubo astronautas que quisieron denunciar el engaño, como Virgil Grissom, quien murió después con Edward White y Roger Chaffee en el incendio del Apollo 1 durante un entrenamiento en la torre de despegue el 27 de enero de 1967. Grissom, cuyo nombre adoptó como homenaje el actor William Petersen para su forense de CSI, habría sido, en opinión de Kaysing, asesinado para silenciarlo, al igual que otros siete astronautas oficialmente muertos en accidentes de coche y avión.

Las pruebas del engaño están, para el bibliotecario, en las fotos de los astronautas en la Luna. "¿Estrellas? ¿Dónde están las estrellas?", se pregunta una y otra vez en su libro. Tiene razón. No hay ni una estrella, pero es que tampoco se ven en ninguna foto de ninguna otra misión tripulada, desde el primer paseo espacial de Alexei Leonov de marzo de 1965 hasta la reparación del telescopio Hubble de mayo pasado. La razón no es que todas esas misiones sean fraudulentas y a los decoradores de la NASA, la ESA y Roscosmos se les haya olvidado poner de fondo un telón negro con agujeritos iluminados, sino algo que sabe cualquier aficionado a la fotografía: cuando la luz solar es muy intensa -como pasa en el espacio y en la Luna-, hay que programar la cámara con un tiempo de exposición muy corto para que la imagen no resulte sobreexpuesta. Ese corto tiempo de exposición impide que las máquinas de fotos de los astronautas capten el débil brillo de las estrellas, aunque estén ahí.

Los partidarios de la conspiración suelen añadir, entre otras cosas, que en la Luna la bandera estadounidense ondea, algo imposible en un mundo sin atmósfera. Pero es que no es así. Todas las enseñas que hay en el satélite cuelgan de una varilla horizontal que parte del extremo superior del mástil. Las banderas de algunas misiones presentan arrugas -lo que puede dar la sensación de que ondean al viento- debido a que los astronautas no las desplegaron completamente y hay veces que en las películas una enseña se mueve hasta pararse después de que un expedicionario golpea el mástil.

La mejor prueba de la realidad de los alunizajes es que la URSS, que competía con EE UU por la conquista del satélite terrestre, admitió su derrota. Además, los astronautas de los Apollo se trajeron de vuelta a casa 382 kilos de rocas que han examinado geólogos de todo el mundo y dejaron en la Luna tres reflectores láser. La medición del tiempo transcurrido desde el envío hacia cualquiera de estos espejos de un rayo de luz láser hasta la captación de su reflejo por un telescopio terrestre permite conocer la distancia media entre la Tierra y su satélite con un margen de error de sólo 5 centímetros: es de 384.467 kilómetros. La Luna se aleja de nosotros 3,8 centímetros al año, lo que implica que en un futuro lejano -unos 500 millones de años, como poco- su disco tendrá en el cielo terrestre menor tamaño que el del Sol y, por tanto, dejará de haber eclipses solares.

Otros visitantes

Las dos horas y media que los tripulantes del Apollo 11 exploraron los alrededores de Base Tranquilidad el 21 de julio de 1969 han generado una mitología que incluye erratas en frases históricas, sexo oral, platillos volantes y hasta ruinas extraterrestres. Cuando Armstrong pisó la Luna, los nervios le traicionaron. Tenía que haber dicho: "Thats one small step for a man, one giant leap for mankind" (Éste es un pequeño paso para un hombre, un salto de gigante para la Humanidad). Pero se comió la a de antes de man, con lo que cambia el significado original de la frase, que traducido al español sería: "Éste es un pequeño paso para el hombre...". El lapsus ha quedado como una anécdota y la frase ha pasado la Historia como tenía que haber sido dicha.

A mediados de los años 90, se supo gracias a Internet que, tras esa primera sentencia, Armstrong añadió: "¡Buena suerte, señor Gorsky!". Era un mensaje en clave para un vecino a quien, cuando el astronauta era niño, su esposa dijo a gritos: "¿Quieres sexo oral? Tendrás sexo oral cuando el chico del vecino se pasee por la Luna!". Según sostienen en la actualidad numerosas webs, la historia fue confirmada por Armstrong el 5 de julio de 1995, una vez muerto el señor Gorsky. Quien escuche las grabaciones del alunizaje no encontrará, sin embargo, ninguna referencia al vecino ansioso de sexo oral, porque todo es una leyenda urbana.

Don Wilson, en La Luna, una misteriosa nave espacial (1975), y Juan José Benítez, en Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), presentan una conversación entre los dos astronautas del Apollo 11 y Houston en la cual los primeros dicen ver platillos volantes y criaturas gigantescas en el Mar de la Tranquilidad. Se conoce como la transcripción de Sam Pepper, por el nombre del radioaficionado que supuestamente la captó, y atribuye a Armstrong y Aldrin frases como: "Estas criaturas son gigantescas... enormes"; "Vimos unos visitantes. Estuvieron aquí un rato, observando los instrumentos"; "Había otras astronaves. Están alineadas al otro borde del cráter"; "Han aterrizado ahí. Están en la Luna y nos observan". Sobrecogedor... y falso. Todo falso. Esta conversación y otras muchas utilizadas como prueba de que en la Luna pasó algo que nos han ocultado son fruto de la inventiva de fabuladores como Wilson, quien mantiene que nuestro satélite es hueco, una nave que en el pasado estuvo habitada por extraterrestres. "Hay quien dice que vimos hombrecillos verdes al otro lado del cráter. Es la tontería más grande que he oído", responde Aldrin cuando se le pregunta por el asunto.

El segundo hombre en pisar la Luna, un tipo locuaz, no se ha pronunciado -que se sepa- sobre la revelación que hizo Benítez en enero de 2004 en TVE, cuando aseguró que los astronautas del Apollo 11 habían explorado edificios extraterrestres en ruinas en el Mar de la Tranquilidad. "Ésta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA", decía el ufólogo al tiempo que presentaba como prueba un montaje realizado por un estudio de animación vasco que mucha gente tomó por una filmación hecha en la Luna porque se leía sobreimpresionado Imágenes inéditas.


Las visiones de alienígenas y ruinas en la Luna chocan con un inconveniente contra el que también se estrella la teoría de la conspiración. Durante el proyecto Apollo, la NASA llegó a tener 35.000 empleados y otras 400.000 personas trabajaban en empresas y universidades contratadas. Que, con tanta gente en el ajo en un país donde no son secretos ni los devaneos del presidente con una becaria en el Despacho Oval, no haya trascendido en cuarenta años prueba alguna que respalde la falsedad de los alunizajes o el encuentro de los astronautas con seres de otros mundos pone las cosas en su sitio. Y eso que, a finales de los años 60, el primer contacto se creía inminente. Lo comprobó Stanley Kubrick cuando intentó suscribir una póliza de seguros con Lloyd's para el caso de que el hombre se encontrara cara a cara con extraterrestres antes del estreno, en abril de 1968, de 2001, una odisea del espacio. Lloyd's no quiso correr el riesgo.


Auténticos enigmas lunares

La aventura lunar tuvo su origen en un órdago entre dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, enzarzadas en una guerra fría. Más que un reto tecnológico, fue una apuesta militar y, por eso, el para qué pisar nuestro satélite tenía una explicación muy simple: para ser el primero. Cuarenta años después de aquellas arriesgadas misiones -Neil Armstrong calculó que había un 50% de probabilidades de fracaso en la del Apollo 11-, la Luna sigue sin habernos desvelado todos sus misterios.

A pesar de que las rocas traídas por los astronautas apuntan a que su composición es muy parecida a la de nuestro planeta, la mayoría de los científicos cree que la Luna nació cuando un planeta del tamaño de Marte chocó contra la Tierra recién nacida hace unos 4.500 millones de años. Los restos de los dos mundos que salieron disparados y quedaron en órbita terrestre se fueron agregando hasta dar lugar al satélite. En los últimos años, los modelos informáticos han confirmado esta teoría y apuntado a que el periodo de formación de la Luna pudo durar entre uno y cien años tras el impacto, y a que pudo nacer a sólo unos 26.000 kilómetros de la Tierra, frente a los 380.000 kilómetros actuales.

No hay pruebas definitivas, pero los científicos piensan que puede haber agua helada en la Luna. Pudo haber llegado allí durante la infancia del Sistema Solar, hace unos 3.900 millones de años, del mismo modo que se cree que llegó a la Tierra, en cometas y asteroides. Aunque la mayoría de esa agua se habría evaporado, quedaría algo en cráteres en sombra, según observaciones hechas en 1994 por la sonda Clementine que no han podido ser confirmadas. La existencia de agua en la Luna supondría una gran ventaja de cara a la futura construcción de una base permanente, un proyecto que hoy en día parece muy lejano y que tendrá que ser multinacional.

Desde la Tierra, los astrofísicos tienen pendiente todavía solucionar un gran misterio, el de los cientos de destellos y oscurecimientos inexplicables que se han creído ver en la superficie lunar y que se conocen como Fenómenos Transitorios Lunares (TLP). Duran entre segundos y varias horas, y se barajan dos posibles explicaciones: que se deban a la iluminación por parte del Sol de zonas normalmente en sombra o a emisiones de gas radón, lo que implicaría que la Luna está geológicamente viva.

Publicado en el suplemento Territorios, del diario El Correo.

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15 Jul 2009

Javier San Martín y yo hablamos el 15 de julio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre 40 años de la llegada del hombre a la Luna y la teoría de la falsificación de los alunizajes, en la trigésima sexta y última entrega de la temporada del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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24 May 2009

¡Impresionante lo de la Cadena SER! Se hace eco hoy, en su sección de noticias de Cultura, de la historia de "Alan Davis, ingeniero jefe de la NASA entre 1959 y 1973", quien "afirmó haber visto en las grabaciones obtenidas desde el satélite [por los astronautas del Apollo 11] los restos de unas ruinas milenarias". Es el mismo cuento chino que ya vendió en Cuarto milenio en su día Iker Jiménez, pero ahora avalado por los servicios informativos de la cadena de radio más oída de España. El tal Davis decía ser ingeniero de telecomunicaciones y que, en la noche de la llegada del hombre a la Luna, había visto en la estación de la NASA de isla de Antigua unas imágenes que ocultó al resto del mundo. Según Jiménez y sus colaboradores, era el encargado en la base caribeña de cortar la señal de televisión si sucedía algo inconveniente, y es lo que hizo cuando los astronautas del Apollo 11 se dieron de bruces con los edificios extraterrestres. Pero la realidad es otra. "Es mentira. Nadie podía cortar la señal. Todo eso de las ruinas en la Luna no son nada más que tonterías", me decía hace un año Luis Ruiz de Gopegui, director de la Estación de Seguimiento de Fresnedillas de la NASA en tiempos del proyecto Apollo. La historia de las ruinas lunares extraterrestres, que tan bien explotó Juan José Benítez en su serie Planeta encantado, es tan real como un cuento de Harry Potter, aunque la SER nos la intente vender como una noticia, contaminando sus servicios informativos de pseudociencia y conspiranoia.

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16 Ago 2008

Miles de espectadores de TVE vieron el 11 de enero de 2004 a Neil Armstrong y Buzz Aldrin explorando edificios en ruinas en el Mar de la Tranquilidad, en la Luna. Imágenes inéditas, se leía sobreimpresionado. Y Juan José Benítez decía: "Ésta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA". Numerosas copias del fragmento de la filmación emitido por TVE pueden verse en la actualidad en YouTube, bajo títulos como Vídeo censurado del viaje a la Luna y Construcciones en la Luna ocultadas por la NASA.


El ufólogo navarro sostiene que hace 39 años "el mundo, una vez más, fue engañado", que nos ocultaron el hallazgo de ruinas alienígenas en el satélite terrestre. A él se lo contó "un alto militar norteamericano", ya fallecido, cuya identidad nunca ha revelado y que consiguió hacerse con una copia de la película rodada en el Mar de la Tranquilidad, la que muchos creen todavía que se vio en TVE hace cuatro años. Un documento único porque los vestigios extraterrestres ya no existen: Washington los destruyó con bombas atómicas. Pero el militar desconocido no es el único que afirma que los astronautas encontraron construcciones en la Luna.

Un espía inexistente

Quien primero habló a Benítez de las ruinas lunares fue Carlos Paz Wells, un peruano que en los años 70 decía estar en contacto con seres de otros mundos. "Tenemos constancia de que los norteamericanos también conocen la existencia de las antiguas instalaciones de la Confederación (una unión planetaria al estilo de Star Trek). Y, según los guías, los lanzamientos realizados por los distintos Apollos de pequeñas bombas nucleares contra la superficie de la Luna no tenían la única finalidad de medir los posibles movimientos telúricos del satélite. Muy al contrario. La verdadera intención de los norteamericanos era destruir dichas instalaciones, cuyas posiciones conocían de antemano", afirmaba Paz en Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), la obra de Benítez dedicada a las andanzas del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI).

Otra fuente, terrestre, confirmó poco después a Benítez la pasada presencia alienígena en la Luna. En 1979 llegó a las librerías españolas la obra Bases de ovnis en la Tierra. Su autor, Douglas O'Brien, decía ser un espía de la CIA arrepentido afincado en nuestro país. El libro era en realidad una novela firmada con pseudónimo por Javier Esteban, entonces un joven de veintiún años. "Para escribir la novela era preciso crear historias con fechas, lugares, etcétera. Para evitar la tarea de inventar miles de datos, acudí a las hemerotecas y tomé nota de miles de diversas fuentes: periódicos, revistas... De esta forma, incluía datos auténticos de sucesos ocurridos, tales como accidentes de aviones militares, expulsiones de diplomáticos, detenciones de espías, etcétera".

Esteban salpicó su relato del espía arrepentido de accidentes de ovnis y asesinatos. Varios ufólogos contactaron con él creyendo que hablaban con un ex agente de la CIA, y el joven les siguió el juego. Algunas de sus historias acabaron publicadas en periódicos, revistas esotéricas y libros de platillos volantes como hechos reales. Revelaba en su libro, entre otras cosas, que, tras descubrirse "cinco bases o lugares de estacionamiento distintos de ovnis en la Luna", EE UU las había destruido con bombas atómicas. "Lo gracioso del asunto es imaginar a personas en su sano juicio investigando la verosimilitud de tales disparates", recuerda el autor de Bases de ovnis en la Tierra.

De Guipúzcoa a la Luna

Como en toda conspiración que se precie, en ésta también hay de por medio un presunto empleado de la NASA. Se llamaba Alan Davis y murió en Sevilla hace unos años. Decía ser ingeniero de telecomunicaciones y que, en la noche de la llegada del hombre a la Luna, había visto en la estación de la NASA de isla de Antigua unas imágenes que ocultó al resto del mundo. Según varios ufólogos, era el encargado en la base caribeña de cortar la señal de televisión si sucedía algo inconveniente, y es lo que hizo cuando los astronautas del Apollo 11 se dieron de bruces con los edificios extraterrestres. "Es mentira. Nadie podía cortar la señal. Todo eso de las ruinas en la Luna no son nada más que tonterías", sentencia Luis Ruiz de Gopegui, director de la Estación de Seguimiento de Fresnedillas de la NASA en tiempos del proyecto Apollo.

La instalación madrileña era una de las tres estaciones claves en las comunicaciones con los astronautas, junto con las de California (EE UU) y Canberra (Australia). "En el momento del alunizaje, correspondió a Fresnedillas estar en contacto con la nave. Cuando Armstrong y Aldrin abandonaron el módulo lunar, era California", indica Ruiz de Gopegui. Los conspiranoicos argumentan que la NASA ocultó -¿para qué?- la existencia de los edificios y que hay que creer a Alan Davis. "¿Por qué se va a dudar de una persona que tiene esa valentía?", dice uno de sus amigos. Por una razón muy simple, porque ni él ni nadie ha presentado nunca una sola prueba que respalde sus extraordinarias afirmaciones, equiparables a las de quienes sostienen que ningún avión se estrelló contra el Pentágono el 11-S.

Y es que la película que mostró Benítez en la penúltima entrega de la serie Planeta encantado no es una documento grabado en la Luna, a pesar de que apareciera sobreimpresionada la leyenda Imágenes inéditas. La filmación es una recreación, un encargo del ufólogo a Dibulitoon Studio, una firma de animación radicada en Irún. Los astronautas que recorrían edificios en la Luna eran guipuzcoanos. Ésa es la verdad, la única y pública verdad.


El libro

Bad astronomy (2002): El astrónomo Phil Plait habla sobre algunas falsas ideas populares vinculadas con las astronomía y la astronáutica. Es una obra viva que se actualiza en su blog.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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22 Jul 2008

Millones de personas no se creen que Neil Armstrong, Buzz Aldrin y otros diez hombres pisaron la Luna entre 1969 y 1972. El ingeniero espacial y escritor James E. Oberg calcula que en Estados Unidos hay un 10% de incrédulos y, hace dos años, una encuesta entre universitarios del país revelaba que el 27% duda seriamente de que las cosas ocurrieran como las cuenta la NASA. Para toda esa gente, los alunizajes se rodaron en un estudio de cine porque las imágenes son demasiado nítidas, no se ven las estrellas, las banderas ondean y, si de verdad el hombre hubiera llegado a la Luna, habría seguido viajando al satélite.

Resulta chocante, ciertamente, que hoy tengamos problemas para que un puñado de hombres vuelvan sanos y salvos de la Estación Espacial Internacional, cuando se encuentra a sólo 400 kilómetros de altura, una milésima parte de la distancia de la Tierra a la Luna. ¿Cómo se explica que el transbordador espacial corra peligro de desintegrarse durante la reentrada en la atmósfera y que con ninguna cápsula Apollo pasara algo parecido? Muy sencillamente, responden los incrédulos: el proyecto Apollo fue un montaje, y las naves caían al Pacífico, en realidad, desde un avión.

Cielo sin estrellas

La bandera no ondea; cuelga de una varilla bajo la Tierra. Las estrellas, al igual que en una noche terrestre, no brillan lo suficiente como para impresionar el negativo.La teoría de la conspiración fue formulada en 1974 por Bill Kaysing en su libro We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna). Empleado de Rocketdyne, la firma que desarrolló los motores del cohete Saturno 5, decía que la farsa empezó a urdirse cuando la NASA se convenció de que no iba a poder poner a un hombre en el satélite antes de que acabara la década de los 60, en contra de lo anunciado por John F. Kennedy ante el Congreso de EE UU el 25 de mayo de 1961. El engaño había culminado con la simulación de los seis alunizajes en unas instalaciones cercanas a Las Vegas. El autor de We never went to the Moon sostiene que hubo quien intentó contar la verdad y lo pagó con la vida, como Virgil Grissom.

Cuando el astronauta a quien debe su nombre el más popular de los forenses descubrió lo que se tramaba en los pasillos de Washington, decidió hacerlo público. Por eso murió, junto a Edward White y Roger Chaffee, en el incendio del Apollo 1 en la torre de despegue el 27 de enero de 1967. Otros siete astronautas que fallecieron en accidentes de tráfico y aviación entran también dentro del grupo de víctimas mortales de la conspiración. Para Kaysing y sus partidarios, las pruebas de que todo fue un montaje están en los miles de fotos tomadas en el satélite, en cuyo cielo no se ve ni una estrella -"¿Estrellas? ¿Dónde están las estrellas?", se pregunta en su libro una y otra vez- y en donde la bandera estadounidense ondea, algo imposible en un mundo sin atmósfera.

Santiago Camacho, uno de los miembros del equipo de Cuarto milenio, ha sido uno de los principales promotores en España del fraude de los alunizajes. En su libro 20 grandes conspiraciones de la Historia (2003), sostiene que Maria Blyzinsky, astrónoma del Observatorio de Greenwich (Reino Unido), no se traga la historia de la NASA por la falta de estrellas en las fotos. En Greenwich dicen lo contrario. "La cita es falsa. Maria no sabe de dónde ha salido; pero no representa de ningún modo la postura oficial del observatorio ni su punto de vista personal. El personal del Real Observatorio de Greenwich dedica mucho tiempo a refutar afirmaciones de los promotores del fraude lunar y de otros pseudocientíficos", indicó a este periódico hace tres años Robert Massey, astrónomo jefe del centro.

Silencio en masa

La conspiración lunar es fácil de desmontar. Para empezar, hay un par de argumentos demoledores que nada tienen que ver con la ciencia: el del silencio ruso y el de la falta de pruebas. ¿Cómo es que los soviéticos no denunciaron el engaño? ¿Es posible que el departamento de efectos especiales de la Casa Blanca engañara al Kremlin y en Moscú optaran por callarse y no denunciar las malas artes de los capitalistas? Además, en pleno apogeo del programa Apollo, la NASA tuvo en nómina a 35.000 personas, y otras 400.000 trabajaban en empresas y universidades contratadas, demasiada gente a mantener callada en un país donde sale a la luz hasta lo que el presidente hace con una becaria en el Despacho Oval.

Armstrong y Aldrin, con la bandera. La sombra del primero es mucho más corta que la del segundo. Quienes afirman que la NASA falsificó los alunizajes ven aquí una prueba del engaño. Sin embargo, la sombra de Aldrin es más larga porque está en lo alto de una pequeña elevación y su compañero, más abajo.Aunque en las fotos parezca lo contrario, ninguna bandera ondea en la Luna: todas cuelgan de una varilla horizontal que parte del extremo superior del mástil. Que el cielo no esté salpicado de estrellas se debe a lo mismo por lo cual no se ven durante la transmisión nocturna de un partido de fútbol. Las cámaras estaban programadas con un tiempo de exposición muy corto para que las fotos no se velaran debido a la intensa luz del Sol y su reflejo en la superficie lunar; el brillo de las estrellas era, por el contrario, demasiado débil para impresionar la película. No se ven, de hecho, estrellas en las imágenes de ninguna misión tripulada de la Historia.

Los astronautas trajeron 382 kilos de piedras lunares que geólogos de todo el mundo han autentificado como tales, y dejaron en el satélite espejos láser que se han utilizado para medir la distancia entre los dos mundos mediante rayos láser. Por si eso no fuera bastante, a pesar de cómo lo presentan algunos autores, Kaysing no sólo nunca fue empleado de la NASA, sino que tampoco tuvo nada que ver con el proyecto Apollo. Es cierto que trabajó en la compañía Rocketdyne, pero como bibliotecario, porque era licenciado en Filología Inglesa. Además, dejó la empresa en 1963, antes de que se implicara en la conquista de la Luna, que fue una costosa carrera militar que se abandonó una vez que hubo un ganador y el perdedor admitió el resultado. Las cápsulas Apollo eran de un solo uso y por eso, aunque más primitivas, eran más seguras a la hora de la reentrada que los actuales transbordadores, y algunos astronautas murieron en los años 60 en accidentes de aviación porque eran pilotos de pruebas.


El docudrama

Operation Lune (2002): Película con formato de documental en la que Henry Kissinger, Christiane Kubrick -viuda del cineasta- y Donald Rumsfeld afirman que los alunizajes fueron un montaje. Es una broma del canal Arte francés. A la venta, en inglés y francés.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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05 Mar 2008

EL HOMBRE EN LA LUNA. Edwin Aldrin, retratado por Neil Armstrong en el Mar de la Tranquilidad en julio de 1969. Los partidarios de la conspiración ven 'extraños objetos' reflejados en el casco del astronauta. En realidad, se trata de un experimento solar, la bandera, la sombra de Aldrin, Armstrong y el módulo lunar (LEM). El fondo está borroso porque la cámara ha enfocado el primer plano. Foto: NASA.

¿Llegó el hombre a la Luna? Cada vez hay más gente que duda de la autenticidad de la gran gesta espacial, entre otras razones, porque cada vez hay menos personas que vivieron aquella aventura en directo en julio de 1969. Mañana, hablaré de la creencia en el fraude de los alunizajes, su fundamento y realidad, y examinaré las pruebas de la conspiración en la Casa de Cultura de Bergara (Guipúzcoa) a partir de las 19 horas. El acto ha sido organizado por Ilatargi Astronomia Taldea. Si quieren ir, están invitados.

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03 Mar 2008

Marion Cotillard, ganadora del Oscar por La vie en rose, es una conspiranoica. Me he enterado de ello esta mañana en la web de Mat Drudge, famoso por haber fastidiado las vacaciones bélicas en Afganistán a Enrique de Inglaterra. El titular del sitio de Drudge enlazaba con una noticia difundida ayer por Reuters de la que ya se han hecho eco numerosos medios: resulta que Cotillard duda de la versión oficial del ataque contra las Torres Gemelas y de la llegada del hombre a la Luna, entre otras cosas. "Pienso que (los Gobiernos) nos mienten sobre muchas cosas", sentencia la actriz en una entrevista televisiva concedida hace un año y que estoy buscando para colgar aquí. Se confiesa adicta a los vídeos conspiranoicos sobre el 11-S y cita como contrapunto a la caída del World Trade Center el incendio del edificio Windsor de Madrid, que no se derrumbó a pesar de que "ardió durante 24 horas". Según Efe, que acaba de mandar el correspondiente despacho, algunos internautas estadounidenses ya están pidiendo que se le retire la estatuilla y hasta se le niegue trabajar en Hollywood. La actriz francesa, informa The Times, está consternada por la reacción a sus palabras, dice que se han sacado de contexto y que la entrevista es vieja; pero no se retracta. Mantiene así su alineamiento con quienes siguen las disparatadas ideas de Thierry Meyssan, autor del libro La gran impostura, y el español Bruno Cardeñosa, quien mantiene que contra el Pentágono no se estrelló ningún avión de pasajeros en septiembre de 2001. Como dice José María Romera hoy en El Correo, "la paranoia se nutre de ciertos trastornos mentales, pero también de pequeños defectos cotidianos: la pereza mental, la vanidad, el afán de notoriedad, el victimismo, la sinrazón". No sé a cuál de estas causas, si no a todas, atribuir el mal de Marion Cotillard. Lo que si sé es que no tiene ningún motivo para molestarse por la reacción pública a sus desvaríos. Quien dice tonterías se arriesga a que lo tomen por tonto.

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21 Sep 2007

Jaime Cuevas, Iván Blánquer y Juan Acosta, autores del reportaje 'El hombre sí llegó a la Luna', publicado en noviembre pasado en la revista Enigmas, copiaron literalmente varios párrafos de una web escéptica sin citarla. Me enteré del plagio hace tres semanas a través de la víctima, Alberto Matallanos, el responsable de El hombre sí pisó la Luna, una magnífica página dedicada desde 2001 a exponer los fallos en los argumentos de quienes dicen que los alunizajes del programa Apollo fueron montajes. En un mensaje de correo, Matallanos me contaba brevemente la historia y me pedía un favor: que comprobara si la revista había publicado la oportuna rectificación, como les había pedido a finales de marzo, ya que él había estado bastante ocupado los meses siguientes y no había podido hojearla.

Fue fácil encontrar la rectificación, que apareció en la sección de cartas de la revista que dirige Lorenzo Fernández Bueno en junio. Titulada 'Aclaración' y firmada por la Redacción de Enigmas, dice:

"En un artículo aparecido en la revista Enigmas del mes de noviembre de 2006, aparecieron unos párrafos que, según uno de nuestros lectores, son similares -o iguales- a los colgados en su página web. Contrastando las fuentes, hemos podido comprobar que dicha información es la misma, pero ambas están extraídas de una primera noticia aparecida en varios medios generalistas. No obstante, y por complacer a nuestro lector que, como afirma, se ha sentido ofendido por no hacer referencia en el citado texto a su página web, procedemos a reseñarla a continuación por si alguno de los lectores quiere contrastar dicha información: http://intercosmos.iespana.es/luna.

Agradecemos a Alberto Matallanos, que realiza su labor de investigación en dicha web -dedicada a desmontar la teoría del fraude sobre la llegada del hombre a la Luna- su aclaración."

Matallanos se había tomado la molestia de colgar de Internet una comparación de fragmentos de ambos textos para que los responsables de Enigmas pudieran comprobar por sí mismos el plagio, y éstos, en vez de rectificar, publicaron una texto en el que da la impresión de que tan plagiario es él como quienes le han copiado. La revista, obviamente, no presentaba ninguna prueba que demostrara que Matallanos había extraído la información por él publicada del mismo lugar que sus colaboradores, "una primera noticia aparecida en varios medios generalistas". "No citan cuál es esa fuente de la que supuestamente bebí, porque no existe", me explicaba anteayer. Y añadía: "Algunos de los párrafos que me copiaron son muy antiguos; de hace tres años, por lo menos. Y lo más reciente es del verano de 2006, mientras que el artículo de Enigmas es de noviembre de ese año".

Además, el texto de Enigmas contiene errores que revelan tanto el desconocimiento del tema por parte de los autores como una descuidada edición en la redacción. "Han escrito cosas como Alternative tree, Bill Kaysong y We never end to the Moon, en lugar de Alternative three, Bill Kaysing y We never went to the Moon, indica Matallanos, quien también informó de esto a la dirección de la revista. Yo reconozco que no había leído el reportaje en su momento y cuando lo hice hace unos días vi ya en el primer párrafo una muestra de su rigor:

En 1968, el programa Apollo dio inicio con la intención de llevar al primer ser humano en la Luna. Se enviaron seis expediciones no tripuladas, y en octubre de 1968 el Apollo 7 logró dar 163 vueltas a la Tierra en el periodo de diez días. Tan sólo dos meses después, los astronautas Borman, Lowell y Anders volaron alrededor del satélite en el Apollo 7."

El programa Apollo comenzó en 1963 y acabó en 1972. Cuevas, Blánquer y Acosta sitúan su génesis cinco años más tarde, casi tres después de la primera misión y dos después de la muerte de los astronautas Virgil Grissom -William Petersen bautizó con su nombre a su personaje de CSI-, Edward White y Roger Chaffee en el incendio del Apollo 1 en la torre de despegue el 27 de enero de 1967. Además, identifican a Frank Borman, James Lovell y William Anders como tripulantes del Apollo 7, cuando lo fueron del Apollo 8, la primera nave en orbitar la Luna.

Entiendo el enfado de Matallanos porque se hayan apropiado de su trabajo y ni siquiera le hayan citado. Es algo, por desgracia, bastante común en estos tiempos en los que hay gente -como él- que pone el fruto de su esfuerzo gratis a disposición de todo el mundo a través de Internet. A mí también me pasó algo parecido cuando el periodista Walter Goobar publicó en el número 227 (14 de noviembre de 2002) del semanario argentino Revista Veintitrés un reportaje titulado 'Investigan si los alunizajes fueron trucados', que estaba compuesto en su práctica totalidad por párrafos copiados literalmente de un reportaje publicado por Santiago Camacho en El Mundo y otro, 'Pruebas lunares', firmado por mí en El Correo. Más recientemente, me ha sorprendido desagradablemente la inclusión en un libro de material extraído de este blog sin citar la fuente, a pesar de que el autor si identifica las webs crédulas de las que toma información.

Jiménez del Oso, condenado por plagio

No es la primera vez que la revista Enigmas se ve implicada en un suceso de este tipo. Juan Jesús Haro Vallejo, uno de los integrantes del equipo de Cuarto Milenio, firmó en la revista como reportaje de investigación un relato de ficción copiado a los escritores Fernando Marías y Juan Bas, en el que éstos fabulaban sobre la superviviencia de Federico García Lorca al fusilamiento en el Barranco de Víznar. El periodista esotérico aseguraba hasta haber hablado con testigos, cuando éstos en realidad habían salido de la imaginación de los dos escritores. Haro Vallejo fue condenado por plagio junto a Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, en junio de 2000.

García Lorca no murió en el barranco de Víznar el 19 de agosto de 1936. A esa conclusión llegaba en agosto de 1999 Haro Vallejo en las páginas de Enigmas, revista editada por América Ibérica. El autor aseguraba, en un reportaje de investigación, que el poeta había sobrevivido al fusilamiento y, tras ser socorrido por un panadero y quedar con sus facultades mentales diminuidas por las heridas, había vivido en un convento hasta su muerte real en 1954. Lo demostraban una fotografía en la que Lorca aparecía junto al panadero y tres monjas, y un artículo publicado años después en el diario granadino Ideal.

Montaje para la serie de TVE con la imagen de García Lorca insertada junto a las de los actores, que 'Enigmas' uso como prueba de la supervivencia del poeta a su ejecución.

La sorprendente historia suscitó inmediatamente las sospechas del estudioso Eduardo Giménez, quien denunció días después que Enigmas vendía como real una ficción de Marías y Bas para la serie de TVE Páginas ocultas de la Historia. Cuando les informé de los hechos, los autores bilbaínos denunciaron ante la Justicia a Haro Vallejo, al director de la revista y a la editorial por plagio de su guión televisivo y de un capítulo del libro que publicaron posteriormente. El Juzgado de Primera Instancia número 42 de Madrid les dio la razón.

La sentencia establecía que, en el artículo 'Lorca, el dos veces muerto', Haro Vallejo "ha plagiado la obra audiovisual La otra muerte de Federico García Lorca" y el capítulo correspondiente del libro Páginas ocultas de la Historia. El fallo indicaba que "resulta indiscutible" que el artículo "es una copia literal del trabajo" de Marías y Bas, que carece "de originalidad y de actividad intelectual y creativa propia", y que su autor, el director de la revista, Jiménez del Oso, y la editorial habían vulnerado los derechos de propiedad intelectual "a través de dicho plagio". El juez Eduardo Delgado Hernández les condenaba, por ello, a pagar a los demandantes 700.000 pesetas (4.207 euros).

Bas y Marías me confirmaron en 1999 que el convento, el panadero, las monjas, la periodista y el artículo de Ideal que Haro Vallejo presentaba como pruebas de su tesis nunca habían existido más que en la ficción. La foto también era un montaje para la serie: la imagen de Lorca se había insertado junto a las de los actores, por mucho que un supuesto perito fotográfico la autentificara para Enigmas.

'Lorca, el dos veces muerto'


"En el número anterior publicábamos bajo este título un reportaje de nuestro colaborador habitual Juan Jesús Vallejo, interesante como todos los suyos, pero que en esta ocasión incluía varios datos que han resultado ser falsos. Entre las diversas fuentes de documentación, el autor contó con la grabación de un capítulo de la serie emitida por TVE, Páginas ocultas de la Historia, que se ocupaba del mismo tema. Dando por buenos los testimonios que figuraban en lo que parecía ser un documental y, como es lógico, citando la fuente -en este caso la periodista Rocio Pérez Sanz, que como tal aparece en el citado capítulo-, los incluyó en una parte de su reportaje. Al final, y como nos hicieron saber telefónicamente los guionistas de la serie, Fernando Marías y Juan Bas, autores también de un libro con el mismo título, Páginas ocultas de la Historia, del que desafortunadamente no teníamos noticia -de haberla tenido, nos habríamos evitado esta confusión, que perjudica tanto a la credibilidad de J.J. Vallejo como a la de la revista-, ha resultado que tal periodista no existe. El Convento de San Bartolomé es también una invención y, consecuentemente, los datos proporcionados son falsos, simples elementos de un guión que mezcla realidad y ficción, tan hábilmente, que de no leerse los rótulos de crédito o estar avisado de su carácter ficticio, el espectador puede dar por auténtico lo que no lo es; algo que, evidentemente y para perjucio suyo -y, por extensión nuestro- le sucedió a Juan Jesús Vallejo. Vayan pues mis disculpas a los lectores y el compromiso de cribar aún con más celo las fuentes de documentación."

Fernándo Jiménez del Oso.


Años después, Iker Jiménez, quien dice ser discípulo de Jiménez del Oso y era en 1999 adjunto al director en Enigmas, recurriría a una explicación parecida después de vender como un hecho real la historia del cosmonauta fantasma en su programa de televisión. Ahora, Fernández Bueno hace lo propio. No en vano, era el otro adjunto al director en la época del plagio de Haro Vallejo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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