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23 Jul 2009

Los responsables sanitarios del estado mexicano de Colima han llevado a niños con cáncer ingresados en el Hospital Regional Universitario a la consulta de un chamán, me acaba de informar por correo electrónico el escéptico Juan Pérez. La idea partió, según cuenta el diario La Jornada, de Idalia González Pimentel, quien, además de presidenta en Colima del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF), es esposa del gobernador del estado. Ella dice que lo hizo para que los pequeños experimentaran "no una curación, porque la curación del cáncer debe ser física, sino una sanación de las emociones, para ayudar a los niños a sobrellevar la secuelas de las quimioterapias".

El escándalo saltó el martes cuando Dolores González Meza, representante sindical de los trabajadores de la salud, denunció que "un brujo" había atendido a los niños con autorización del secretario de Salud de Colima y que, "después de la sesión, varios padres de familia se opusieron a que sus hijos tomaran el siguiente tratamiento de quimioterapia, porque el chamán les dijo que ya no lo necesitaban". Este extremo fue negado posteriormente por González Pimentel.

El curandero en cuestión era el autotitulado médico maya Arsenio España Dzul, un tipo que asegura curar prácticamente todo, desde el cáncer hasta la diabetes, mediante cirugía psíquica. Ésta es una peligrosa práctica fraudulenta que consiste en simular operaciones mediante trucos de prestidigitación, incluidos el derramamiento de sangre de pollo u otro animal y la extracción de falsos tumores que en realidad son trozos de carne. España Dzul no llegó a tanto con los pequeños que puso en sus manos la Administración mexicana: sometió el 18 de abril a "un proceso de energía" a 42 niños oncológicos que fueron llevados hasta su consulta por el SNDIF.

Da igual cómo intente justificar estos hechos González Pimentel -dice que lo hizo "con buena intención y buena fe"-, el apoyo a un estafador como España Dzul por parte de las instituciones debería ser causa inmediata de dimisión o cese de todos los altos cargos públicos implicados. Me indigna que haya quienes se aprovechen de la desesperación -comprensible y humana- de quienes tienen familiares con graves enfermedades. Esos desaprensivos deberían ser perseguidos por la Justicia y, sin embargo, nos encontramos con cargos públicos que no sólo les protegen, sino que además les ayudan a aprovecharse de quienes son, por tristes circunstancias, más proclives a caer en sus garras. Perdónenme, pero ¡qué asco!

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20 Ago 2008

Filipinas es el Houston de una rama de la cirugía casi sin practicantes en el mundo desarrollado. Enfermos de Estados Unidos, Europa y Oceanía viajan al archipiélago asiático desde hace décadas con la esperanza de recuperar la salud gracias a intervenciones en las cuales no se emplean ni bisturí ni anestesia. Los cirujanos psíquicos, como se conoce a quienes las practican, tienen la habilidad de meter las manos en el cuerpo del paciente y extraerle un tumor o corregir una malformación sin más auxilio que el de algodón para empapar la sangre. Tras la operación, no quedará siquiera una minúscula cicatriz, aunque torrentes de sangre hayan manado del cuerpo del enfermo.

"La cuna donde nació y donde se sigue alimentando la cirugía psíquica es una iglesia sincrética, la Unión Espiritista Cristiana de Filipinas, fundada en 1905 por Juan Alvear en la región de Panganisán, siguiendo la doctrina espiritista de Alan Kardec", explica el antropólogo español Ignacio Cabria. Eleuterio Terte, miembro de la confesión, empezó a realizar operaciones sin bisturí por mandato divino en los años 40 del siglo pasado. Con el tiempo, otros siguieron sus pasos. "Fue Tony Agpaoa quien popularizó la técnica de las operaciones tal como hoy se practican, con abundante despliegue de sangre y extracción de objetos, y el cierre de la herida con un simple masaje", indica Cabria.


Milagros ante las cámaras

Más de 1,3 millones de españoles presenciaron un espectáculo de ese tipo el 12 de julio de 1993 en Telecinco. Sucedió en Otra Dimensión, programa que presentaba y dirigía Félix Gracia, fundador de la revista esotérica Más Allá. El invitado estrella de la noche era Stephen Turoff, un carpintero inglés que decía caer poseído por el espíritu de un médico alemán fallecido en 1912 y practicar en trance operaciones quirúrgicas sin bisturí, anestesia, cicatriz ni dolor. Después de explicar a Gracia sus habilidades, Turoff las demostró en el plató. Se transmutó en el doctor Kahn como Clark Kent en Superman, quitándose las gafas. Con el ceño fruncido, una visible cojera y hablando inglés con acento alemán, se puso a operar pacientes: una mujer con un glaucoma en un ojo recuperó gran parte de la visión, según la cadena, y otro hombre que había entrado al estudio con muletas salió sin ellas.

El cirujano psíquico trató durante el programa a 24 enfermos, incluida una niña con parálisis cerebral a cuyos padres consoló con que Dios les había bendecido con el mal de la pequeña y pidiéndoles que no miraran su cuerpo, sino su espíritu. "Esta noche la visitará un ángel", dijo a la angustiada pareja tras bendecir a la niña. Los críticos de televisión lo tuvieron claro desde el principio, el doctor Kahn había hollado la cima de la telebasura, una cota que en aquel momento parecía insuperable y que años después sobrevuelan con holgura otros programas.

Telecinco explotó el filón y volvió a emitir el programa el sábado siguiente. Ante las críticas generalizadas, Gracia y su equipo alegaron en los medios que el Centro de Oftalmología Barraquer había certificado el aumento de la agudeza visual de la paciente con glaucoma después de la intervención del doctor Kahn: era del 80% en el ojo izquierdo y del 95% en el derecho, frente a los anteriores 10% y 30%, respectivamente. Los responsables de Otra Dimensión se olvidaron de contar que la enferma se había sometido a dos intervenciones quirúrgicas convencionales desde 1986, que su agudeza visual no había dejado de mejorar desde entonces, que los informes médicos presentados como inmediatamente anteriores al show televisivo correspondían a un reconocimiento oftalmológico de 1988 y que, en octubre de 1992, su agudeza visual era ya del 60%.


Sangre y vísceras de pollo

Nada diferencia a Stephen Turoff, quien en 1993 tenía consultorio en Fuengirola (Málaga), de los cirujanos psíquicos filipinos. Todos actúan del mismo modo, se presenten como intermediarios divinos o de espíritus. La intervención típica se desarrolla con el paciente tumbado en una camilla. El curandero coloca una de sus manos en vertical sobre la zona a operar y mete bruscamente sus dedos dentro del cuerpo del enfermo. Empieza a brotar sangre y, después de hurgar un rato, el curandero saca trozos de carne que presenta como el tumor o lo que sea. Seguidamente, frota la zona y la descubre al público sin cicatriz alguna. ¿Milagro? No, truco.

Cualquier ilusionista es capaz de duplicar el efecto visual logrado por un cirujano psíquico. Basta con doblar los dedos por los nudillos bruscamente, al tiempo que se oculta la maniobra a los espectadores con la otra mano, como hacen los curanderos. Así parece que hemos penetrado en el cuerpo del paciente. La indispensable sangre procede bien de un falso pulgar -un dedal de plástico que cubre el dedo a modo de capuchón- bien de globos disimulados entre el algodón que el sanador pide constantemente a su asistente. El ayudante también facilita los trozos de carne de ave o de vacuno que se presentan como extirpados. Una vez consumado el engaño, la víctima se cree curada y hace un generoso donativo o paga una factura que puede ascender a cientos de euros. Y eso por algo en lo que no creen ni sus practicantes y que puede llevarte a la muerte por la vía rápida al abandonar el tratamiento médico convencional.

Al cirujano psíquico Tony Agpaoa, que falleció en 1982, "le quitaron el apéndice en San Francisco en un hospital", recuerda en su libro Fraudes paranormales (1982) el ilusionista James Randi, quien añade que, cuando uno de sus hijos enfermó, el curandero no dudó en confiar su salud a médicos corrientes y molientes. Es lo que tenía que haber hecho Peter Sellers, haberse sometido a un bypass urgente cuando se lo recomendó su cardiólogo. Por desgracia, el genial comediante confió más en un cirujano psíquico filipino que simuló curarle la dolencia que poco después le mataría a los 54 años.


El libro

James Randi: psychic investigator (1991): El ilusionista y experto descubridor de fraudes desenmascara engaños como la astrología, el espiritismo y la cirugía psíquica.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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28 May 2006


El traslado a formato digital de la videoteca me ha permitido recuperar algunas joyas, de las que hoy traigo aquí parte de uno de los episodios más vergonzosos de la televisión paranormal española. Ocurrió el 22 julio de 1993 en Otra Dimensión, programa que dirigía Félix Gracia en Telecinco. El protagonista fue un carpintero inglés, de nombre Stephen Turoff, que decía caer poseído por un médico alemán fallecido en 1912, el doctor Kahn, y practicar en trance operaciones de cirugía psíquica; es decir, sin bisturí, sin anestesia y sin dolor, sin dejar cicatriz y extrayendo del cuerpo lo que haga falta. Sobra decir que la cirugía psíquica es uno de esos repugnantes montajes para sacar dinero a gente desahuciada o víctima de enfermedades crónicas incurables. Pues bien, hace trece años, Gracia, fundador y entonces editor de la revista Más Allá, puso su programa de televisión al servicio del estafador de Turoff y el resultado fue lo que en aquella época -¡no sabían lo que vendría después y ahora sufrimos!- la crítica consideró la cota más alta de telebasura.

¿Qué fue lo que hizo el carpintero? Se transformó ante las cámaras den el médico fallecido, para lo cual, se quitó las gafas, frunció el ceño y se puso a cojear. A partir de ese momento, comenzó a curar pacientes en directo. El caso más llamativo fue el de una mujer, Isabel González Durán, que dijo haber recuperado la vista tras la intervención del charlatán y que la cadena de televisión vendió como un milagro, diciendo que la agudeza visual de la enferma había pasado del 10% anterior al programa al 80% posterior en el ojo izquierdo y del 30% al 95% en el derecho. Un detalle tonto, del que se olvidó el equipo de Otra Dimensión -incluido el hoy novelista Javier Sierra, que era uno de los guionistas-, es que la mujer había sido intervenida de un glaucoma en el hospital Gregorio Marañón en 1986 y que su agudeza visual no había dejado de mejorar desde ese momento, tal como constaba en informes médicos que la cifraban ya en el 60% en octubre de 1992.

Los dos momentos más repulsivos del programa -que pueden ver aquí- tuvieron como víctimas a dos niños paralíticos cerebrales, cuya desgracia los responsables de Otra Dimensión y Turoff convirtieron en espectáculo. Vean, escuchen a la traductora y al propio Gracia, y comprueben hasta qué punto pueden llegar algunos desaprensivos. Curiosamente, los responsables de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), entidad que era en 1993 uno de los principales accionistas de Telecinco, no se pusieron en manos de Stephen Turoff para recuperar la vista. El carpintero cobraba hace trece años 4.000 pesetas por consulta -unos 24 euros- y en la hora que duró el espectáculo televisivo atendió a veinticuatro personas, con lo que es fácil suponer que lo suyo es un gran negocio. Sus víctimas son personas que se encuentran en situaciones límite o deseperadas a las que engaña y estafa, como hizo en 1993 con los padres de los dos niños paralíticos cerebrales a los que pasó consulta ante las cámaras de televisión.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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