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03 Nov 2009

¿Será John Travolta el próximo famoso en abandonar la Iglesia de la Cienciología? Eso creen los jugadores de la casa de apuestas irlandesa Paddy Power, donde en estos momentos las apuestas están 9 a 4 en el caso de la estrella de ese engendro titulado Campo de batalla: la Tierra (2000). El segundo candidato a huir de la secta es Katie Holmes (3/1), la esposa de Tom cruise (50/1), a quien se considera el menos proclive a dejar el credo; el tercer lugar lo ocupa Lisa Marie Presley (4/1) y el quinto su madre, Priscilla Presley (8/1). La apuesta sobre cuál será el primer famoso en renegar de esta creencia acabará con el año y tiene su origen en la salida del grupo del director de cine Paul Haggis, cienciólogo desde hace 35 años, por el apoyo de una rama de la secta a la prohibición de los matrimonios gays. "La negativa de la Iglesia a denunciar las acciones de estos intolerantes [por sus ex compañeros], hipócritas y homófobos es cobarde. No puedo decirlo de otra manera. El silencio es consentimiento", escribió en su carta de despedida. La Cienciología fue creada en 1950 por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard, a quien sus seguidores adoran como si fuera un gran sabio, pero que en realidad compró su doctorado universitario y se inventó una religión para ganarse la vida a costa de los más ingenuos.

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05 Oct 2009

Unos amigos nos topamos el sábado en la Gran Vía bilbaína con un cienciólogo disfrazado de Albert Einstein. Repartía el papelillo que ven aquí, según el cual el físico habría dicho que "sólo utilizamos el 10% de nuestra potencia mental". La solución a tanta cortedad se leía justo debajo de esa afirmación: "En el libro Dianética, L. Ronald Hubbard le enseña a utilizar el 90% restante (del cerebro)". El pobre hombre con careta -bastante cutre, por cierto- de Einstein me pareció la viva demostración de la falsa afirmación atribuida al científico. "Estoy de acuerdo, algunos sólo usan el 10% del cerebro", le comenté irónicamente. No lo pillo, claro. Si no, no sería cienciólogo. Y me ofreció que leyera la obra de su gurú, lo que amablemente rechacé.

No tengo nada contra los cienciólogos por el hecho de que crean un montón de cosas disparatadas. A fin de cuentas, es lo mismo que hacen los creyentes de cualquier otra religión. Lo que me molesta no son los cuentos chinos de mesías alienigenas y demás, sino que tergiversen la realidad. El mito del 10% del cerebro es sólo eso, un mito. ¿Conoce a alguien que tenga un cerebro de 130 gramos, del tamaño del de una oveja? ¿Sabe de alguien a quien hayan extirpado el 90% de ese órgano y lleve una vida normal? ¿Ha oído a algún médico decir a un paciente cosas esperanzadoras como: "Ha tenido suerte, el tumor es inoperable y mortal, pero está en la parte del cerebro que no usamos"? No, no y no. Porque usamos todo el cerebro, pero no todo a la vez, como tampoco usamos todos los músculos al mismo tiempo.

Hubbard era un tipo de tan limitadas aptitudes que tuvo que comprar su doctorado universitario, pero fue lo suficientemente astuto como para sacarse una religión de la manga para dejar de trabajar y aprovecharse de los todavía menos capacitados intelectualmente que él. Como recordaba Carl Sagan en su libro Cerebro de Broca (1979), parece ser que Hubbard inventó su credo "en una sola noche tras una apuesta según la cual tenía que hacer lo mismo que Freud, inventarse una religión y ganarse la vida con ella". La cienciología y los cienciólogos confirman así que Einstein estaba en lo cierto cuando sentenció: "Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro". Esta frase, que sí dijo el físico, debería sustituir a la del 10% mental en la publicidad de cienciología: iría como anillo al dedo a sus logros.

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09 Ago 2009

Que los logros del fundador de la cienciología, incluido su doctorado honorario, son más ficticios que las aventuras interestelares de sus novelas es algo sabido desde hace décadas, a pesar de que algunos se hayan enterado ahora porque The Times ha publicado una reportaje al respecto y el resto de la prensa británica se ha hecho eco de ello. Lo nuevo no es que el doctorado de L. Ron Hubbard sea tan falso como los títulos universitarios de Luis Roldán. Lo nuevo es que, según revela el diario londinense a partir de información desclasificada, tras prohibir en 1968 la entrada de cienciólogos en el país y para preparar su defensa ante posibles demandas, el Gobierno británico se empeñó en los años 70 en reunir pruebas de que Hubbard era un charlatán, para lo cual su Consulado de Los Ángeles abrió una investigación. La conclusión fue que el guía espiritual de Tom Cruise y John Travolta era un fraude porque, entre otras cosas, había comprado un doctorado a una de esas universidades que los venden por correo.

"Tengo entendido que se afirma que L. Ronald Hubbard fue galardonado con el grado de doctor por la Universidad de Sequoia el 10 de febrero de 1953, en reconocimiento a su destacada labor en los ámbitos de la dianética y la cienciología, y que el título está reconocido por el Departamento de Educación del Estado de California", declaró a los investigadores el ex cienciólogo John McMaster según consta en el material desclasificado. Y añadió: "La realidad es que L. Ronald Hubbard [y otros] adquirieron locales en algún lugar de Los Ángeles que registraron como una universidad llamada Sequoia e inmediatamente se pusieron a otorgarse doctorados entre ellos".

Un mal estudiante

La verdad sobre la formación académica de Hubbard la publicó ya en 1968 la periodista Paulette Cooper en su libro The scandal of scientology (El escándalo de la cienciología), cuyo capítulo 20 está dedicado al currículo de Hubbard, que se presentaba -y sus adeptos presentan hoy en día- como poco menos que un genio cuando fue un pésimo estudiante. Su experiencia académica se limita a dos años en la Universidad George Washington con muy malas calificaciones -decía haberse titulado como ingeniero- y a otros tres meses en un curso de formación militar.

Con tan pobre bagaje, no es de extrañar que, como ya denunciaba Cooper a finales de los 60, para hacerse con un título universitario tuviera que comprarlo en 1953 en la Universidad de Sequoia, que "operaba a través de un apartado postal y enviaba por correo doctorados sin que hubiera que hacer exámenes o asistir a clase". "Recibí el doctorado por la Universidad de Sequoia y, por consiguiente, soy doctor bajo las leyes del Estado de California", se defendía el cienciólogo en una carta en 1966. Y volvía a mentir, porque los titulos de esa universidad fantasma nunca fueron reconocidos como tales por California.

Por cierto, la Iglesia de la Cienciología se anuncia en la página de la edición digital de The Times que denuncia desde el jueves que L. Ron Hubbard era un fraude.

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29 May 2009

La Wikipedia se ha cerrado a todas las contribuciones realizadas desde direcciones IP de la Iglesia de la Cienciología y entidades asociadas, después de descubrir que miembros de ese credo editaban artículos para que fueran favorables a la secta fundada por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard. Según informa The Register, esta medida, sin precedentes, ha sido tomada por el Comité de Arbitraje de la enciclopedia libre en línea por diez votos a favor, ninguno en contra y una abstención.

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06 Oct 2008

El abogado Alan Shore, al que da vida James Spader en la serie Boston Legal, suele defender causas aparentemente perdidas con argumentos políticamente muy incorrectos. Acostumbra a decir las cosas con toda su crudeza. Así, cuando en el episodio 'Whose god is it anyway?' (¿De quién es ese dios?) representa a un colega que ha despedido de su firma a un abogado por ser cienciólogo, Shore deja a las claras lo ridículo de los principios del credo inventado por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard.


Reducidos a la literalidad, los principios de cualquier religión son tan poco defendibles desde la razón como los de la cienciología, ya se trate de reencarnaciones, inundaciones planetarias, concepciones virginales, gigantescos harenes en el Más Allá... En el alegato final del caso citado, Shore aboga por la desacralización de la religión en Estados Unidos, por defender que cada uno sea libre de creer en lo que quiera, de adorar al dios que le dé la gana; pero que nadie tenga derecho ni a imponer a los demás su divinidad ni a causarles daño alguno en su nombre.


Mientras tanto, en nuestro querido país, los funerales de Estado siguen imponiendo el dios cristiano a todos -recuerden el accidente de aviación de Barajas y el 11-M- y en algunos tanatorios -no sé si en todos- la sala para despedir públicamente al difunto no sólo se llama capilla, sino que además los símbolos cristianos forman parte de su decoración permanente, aunque la ceremonia sea laica. ¡Viva la imposición religiosa!

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03 Ene 2008

Juan G. Bedoya nos dice hoy en El País que "la cienciología ya no es una secta", porque la organización creada por L. Ron Hubbard figura desde el 19 de diciembre en el Registro de Entidades Religiosas español, lo que le otorga las mismas ventajas que a otros credos. El titular es engañoso. La cienciología sigue siendo una secta, ya que, según el Diccionario de la RAE, secta se define como "conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica, doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra, o conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa". La cienciología encaja objetivamente en las dos primeras acepciones y subjetivamente -para mí- en la tercera. Obviamente, no es la única religión -establecida o no- que considero una secta no sólo en el sentido de la Real Academia, sin también en el popular, que equipara secta a secta destructiva.

La aspiración de Hubbard y los suyos a ser considerados miembros de una religión es lógica viniendo de donde vienen, de un Estados Unidos donde ese reconocimento otorga a cualquier conjunto de creencias un blindaje frente a la crítica. Esa errónea idea de que todas las opiniones y credos son respetables se ha instalado también en otros países occidentales, incluida España, y por eso la cienciología aspira allí donde puede a ser reconocida como una religión. Sin embargo, eso no implica que su fundamento sea hoy menos ridículo que ayer ni que su líder merezca hoy más respeto que en vida. Cualquiera puede crear una religión que con el tiempo sea reconocida como tal por los poderes públicos, pero eso no demuestra que sus bases sean ciertas, sólo que hay gente que cree en ellas, como en otros tiempos en Zeus, Thor, Baal y tantos otros dioses a los que el hombre adoró alguna vez y que han perdido sus altares.

Los cienciólogos destacan que en España son unos 10.000, como si la cantidad de fieles supusiera un plus de credibilidad para una fe. La religión jedi -sí, creen en La Fuerza- tiene unos 70.000 adeptos en Australia y más de 390.000 en Inglaterra y Gales, según los censos de esos países.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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