11 Nov 2008
La mejor prueba del secuestro de los Hill es, para Friedman y otros, el mapa estelar que la mujer recordaba haber visto en la nave espacial. Se trata de un mapa mudo, con puntos -estrellas- unidos por rayas -rutas comerciales-, que Betty dibujó durante una de las sesiones hipnóticas. Una ex maestra de Ohio, Marjorie Fish, se puso a finales de los años 60 a buscar un paralelismo en el cielo, usando catálogos estelares de la época. Tras descartar las estrellas múltiples y que no fueran de un tipo parecido al Sol -ya que presuponía que los alienígenas tenían que vivir alrededor de estrellas como la nuestra-. en 1972 identificó las quince del mapa: las dos más grandes eran Zeta 1 Reticuli 1 y Zeta 2 Reticuli, donde se suponía que tenían sus bases los extraterrestres de los Hill. Para Friedman y sus colegas, el trabajo de Fish es la mejor demsotración de que los Hill fueron abducidos. ¿Pero es de verdad un mapa fidedigno?
Brett Holman, físico de la Universidad de Melbourne, examina el mapa de Marjorie Fish en el último número de la revista Fortean Times a la luz de los conocimientos astronómicos actuales. Mientras que, en su reciente libro Captured! The Betty and Barney Hill ufo experience (2007), Friedman y Kathleen Marden defienden la interpretación de Fish, cuyo trabajo califican de "magnífico ejemplo de persistencia y objetividad", Holman concluye que la astronomía de 2008 hace imposible que las estrellas del mapa sean las que sostenía la ex maestra: dos de los objetos han acabado siendo estrellas variables, otros dos se sabe ahora que son parte de sistemas estelares múltiples y otros dos están tan alejados del resto que no podrían formar parte del mapa. Holman ha comprobado así que, de los quince presuntos aciertos de Fish, seis no eran tales y lo ha hecho usando información disponible Internet.
Ya Carl Sagan y Steven Soter indicaron en 1975, en la revista Astronomy, que el parecido entre el boceto de Hill y el mapa de Fish se debía únicamente a cómo se habían dibujado las líneas y que, sin ellas, las distribuciones de puntos no se asemejaban en nada, según recuerda Robert Sheaffer en Veredicto ovni. Examen de la evidencia (1986). Ahora, Holman prueba que al menos un tercio de las estrellas de la nada objetiva cartografía extraterrestre de Fish no pueden soportar planetas habitables o no están en donde las situaba Fish. Claro que también puede ser que los reticulianos que secuestraron a los Hill tuvieran en su nave un mapa chapucero con rutas comerciales imaginarias, sistemas estelares incapaces de soportar vida inteligente..., ¿no?
25 Oct 2006

"Doctor, ¿cree de verdad que los Hill fueron abducidos y llevados a bordo de un platillo volante?", preguntó en Boston un periodista de la revista Look al psiquiatra Benjamin Simon hace cuarenta años. "¡En absoluto!", respondió el médico. Semanas después, llegaba a los quioscos el número de Look del 4 de octubre de 1966, que incluía el primero de dos reportajes sobre el secuestro de Betty y Barney Hill por seres de otro mundo, pero no recogía la demoledora sentencia del psiquiatra que había tratado al matrimonio entre enero y junio de 1964. Fue la primera abducción y fijó el guión a seguir por ese tipo de historias, al igual que sus extraterrestres están en el origen del modelo canónico de tripulante de un ovni.
El alienígena actual no es el hombrecillo verde sobre el que ironizaba Fredric Brown en su novela ¡Marciano, vete a casa! (1955), en la que los invasores son unos chismosos enanos verdes que sumen a la Humanidad en el caos porque lo ven, lo oyen y lo cuentan todo. Sigue siendo de baja estatura, pero ahora es de piel gris, cabezón y con grandes ojos negros almendrados, secuestra humanos para experimentar con ellos y tiene pactos secretos con quienes, en la sombra, gobiernan el mundo. Es físicamente el extraterrestre de Encuentros en la tercera fase (1977) y Expediente X (1993-2002), el que Steven Spielberg presentó como un ángel de la era tecnológica y Chris Carter hizo descender a los infiernos. Es el ser imaginado por un matrimonio estadounidense para explicar lo que sucedió una noche de septiembre de 1961.
Viaje interrumpido
Betty y Barney Hill formaban un matrimonio mixto -él era negro y ella, blanca- en un país donde existía la segregación racial. Ella era asistente social y él trabajaba en el Servicio de Correos en Boston. Vivían en Porstmouth (New Hampshire) y, en su comunidad, eran conocidos activistas por los derechos civiles. El 19 de septiembre de 1961, regresaban a casa en coche después de haber pasado unos días en Canadá cuando vieron un ovni junto a la Luna, cerca de la cual también había una estrella. Parecía que les seguía y, por eso, detuvieron la marcha para, a pie de tierra, observarlo con prismáticos: Barney distinguió figuras humanoides a través de las ventanas de la nave. Reemprendieron viaje después de que el hombre volviera al automóvil asustado y diciendo: "¡Van a capturarnos!". Llegaron a casa de madrugada. Él estaba convencido de que aquello era un avión; ella, de que era un platillo volante como el que había visto su hermana años antes.
En los días siguientes, la mujer telefoneó a la Base de la Fuerza Aérea de Pease para informar del avistamiento, compró y leyó varios libros sobre platillos volantes, y escribió al autor de uno de ellos, Donald E. Keyhoe, militar retirado y presidente del Comité Nacional para Investigaciones sobre Fenómenos Aéreos (NICAP), para contarle su experiencia. Betty, que había empezado a tener pesadillas sobre el suceso, no hablaba en la carta de ningún secuestro, como tampoco lo hizo durante la entrevista que mantuvo el matrimonio con un ufólogo del NICAP en octubre de 1961. La abducción salió a relucir mucho después, en 1964, cuando los Hill fueron sometidos a tratamiento por el psiquiatra Benjamin Simon. El matrimonio narró entonces bajo hipnosis el secuestro por los tripulantes del platillo volante, con reconocimiento médico incluido, en una serie de sesiones, transcritas en el libro El viaje interrumpido (1966), de John G. Fuller.
Los visitantes eran cabezones, tenían piel de color "gris azulado", boca pequeña, dos orificios en el lugar de la nariz y grandes ojos que impresionaron a Barney. "Sentí como si esos ojos se metieran por los míos", dijo al psiquiatra. Y dibujo al jefe de los alienígenas con gorra y bufanda. Es el primer retrato de un gris. Lo hizo a lápiz el 22 de febrero de 1964. El doctor Simon nunca creyó que los Hill hubieran sido secuestrados por extraterrestres. Para él, la historia se había cocinado en la mente de una Betty interesada por los ovnis y obsesionada por unas pesadillas que creía basadas en hechos reales y con las que bombardeó a Barney durante meses, hasta que las incorporó a su memoria como falsos recuerdos.
Salto a Hollywood
La publicación de los dos reportajes de Fuller en Look hizo de su libro un éxito de ventas; pero la ufología de la época no se tomó la historia en serio, aunque eso sorprenda hoy, cuando algunos expertos creen hasta en experimentos de hibridación entre humanos y alienígenas. El boom de las abducciones se produjo nueve años después. A mediados de los 70, la historia de los Hill llegó a millones de estadounidenses en forma de telefilme protagonizado por James Earl Jones, en el papel de Barney, y Estelle Parsons, como Betty. La NBC estrenó The ufo incident el 20 de octubre de 1975 en horario estelar y volvió a emitirlo el 9 de septiembre de 1976. A raíz de eso, los secuestros extraterrestres se multiplicaron. El ufólogo David Webb constató en 1978 que, en los treinta años precedentes, se habían registrado cincuenta abducciones -todas ellas, denunciadas después de la de los Hill- mientras que, sólo en los dos años que siguieron al estreno de la película, se dieron cien.

Los alienígenas de la NBC -que no eran un prodigio de maquillaje, precisamente- inspiraron a Travis Walton, un joven leñador de Arizona que en noviembre de 1975 aseguró haber sido secuestrado por humanoides similares a los que capturaron a los Hill. La historia de Walton fue un fraude que reportó a su protagonista y cómplices un montón de dinero gracias a los derechos de libros y de una película, Fire in the sky (1993), que todavía programan los canales temáticos. Los raptores del leñador eran ya los clásicos grises que, dos años después, protagonizaron con sus platillos volantes multicolores Encuentros en la tercera fase y llevaron entre abrazos a Roy Neary (Richard Dreyfuss) al interior de su gran nave.
El estereotipo fue imponiéndose a sus rivales -monstruos peludos, robots, lagartos gigantes...- y, en los años 90, su reinado entre los extraterrestres fue casi absoluto. A la entronización, contribuyó Expediente X, serie de televisión en la que Chris Carter explotó la credulidad y los temores de la sociedad estadounidense a través de una pareja de agentes del FBI, Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson), que investigaban sucesos paranormales. También puso su granito de arena en 1996 la falsa película de la autopsia de un alienígena cuya nave se había estrellado en Roswell (Nuevo México) en 1947: su principal valedor en España fue el ahora novelista Javier Sierra, para quien el transistor es un invento basado en tecnología de ese platillo estrellado. Los visitantes de Carter estaban en las antípodas de los de Spielberg, quien más recientemente se ha aproximado al fenómeno con Abducidos (2002), una serie de diez capítulos en la que los grises resultan omnipresentes. ¿Pero por qué estos alienígenas son como son?
Origen de ficción
La abducción alienígena es una actualización cultural del rapto por dioses, ángeles, demonios y hadas. El guión del secuestro por extraterrestres se fijó en 1930 en un cómic de Buck Rogers: captura e introducción en la nave, examen médico, conversación con el líder, visión de la Tierra desde el espacio y vuelta a casa. Un secuestro ovni típico puede contener todos esos componentes o dejar de lado alguno.
Los enanos verdes de Invaders from Mars protagonizaron en 1953 la primera abducción cinematográfica e introdujeron a una mujer una aguja por el ombligo durante un reconocimiento médico, como le sucedió años más tarde a Betty Hill. Los ojos almendrados que tanto impresionaron a su marido -"Nunca antes había visto unos ojos rasgados como ésos"- y que creía que le hablaban procedían de la televisión, según descubrió el estudioso del mito ovni Martin Kottmeyer. El 10 de febrero de 1964, doce días antes de que Barney citara por primera vez los ojos envolventes bajo hipnosis, unos extraterrestres con esos ojos protagonizaron 'El escudo Bellero', episodio de la serie The outer limits. ¿Y el ovni?
Aquella noche de septiembre de 1961 había dos luces junto a la Luna, Saturno y Júpiter, pero los Hill sólo recordaban haber visto el ovni y una estrella junto al satélite. El investigador Robert Sheaffer cree que el matrimonio tomó uno de los planetas por un platillo volante. El resto de la historia fue producto de la cultura popular, y los sueños y ansias de Betty por ver un ovni, como su hermana Por eso nacieron los grises hace 40 años.

Los secuestradores, en la ficción televisiva
Los grises secuestradores se mudaron hace tiempo de las páginas de los libros de ufología y las series dedicadas a lo paranormal -como Expediente X y Cielo negro- a las producciones de ciencia ficción como Babylon 5, Stargate, y Más allá del límite. Así, en el episodio de la primera titulado 'El Grial' (1994), un humano demanda judicialmente a un gris en la estación espacial Babylon 5 porque su bisabuelo fue abducido por el bisabuelo del extraterrestre.
Más recientemente, en 'Equillibrio precario' (2003), un episodio de la séptima temporada de Stargate, un científico de una especie alienígena aliada de la Humanidad -y que físicamente son grises- es capturado cuando secuestra humanos para experimentar con ellos e intentar salvar a su pueblo de la extinción. El extraterrestre responde al nombre de Loki, dios del fuego y los engaños de la mitología escandinava.
El mito ovni, que nació de la ciencia ficción, ahora alimenta ese género en la pequeña pantalla, como demuestra Matías Morey, presidente de la Fundación Anomalía, en un estudio publicado recientemente. El círculo se ha cerrado.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
19 Oct 2004
El 19 de septiembre de 1961, la pareja volvía a su casa de Porstmouth en coche de unas vacaciones en Canadá. Hacia las diez de la noche, Betty vio cómo una misteriosa luz les perseguía. Pararon en la cuneta y, tras observar el objeto con unos prismáticos, el miedo se apoderó de Barney: temía que los tripulantes de la nave les fueran a hacer daño. Para escapar, viajaron por carreteras secundarias hasta su casa, donde llegaron dos horas más tarde de lo previsto.
Pasado el susto inicial, Betty se volcó en la lectura de libros sobre ovnis y escribió una carta al ufólogo Donald E. Keyhoe, un militar retirado. En ella, le contó que habían visto aquella noche una luz, similar a una estrella, que luego se convirtió en una "torta, rodeada de ventanas en la parte delantera, a través de las cuales se veían luces azulblancas". No decía nada de un secuestro. Fue cuando Barney acudió al psiquiatra por prescripción médica -se sentía culpable por haber abandonado a su primera esposa y a su hijo por Betty, una blanca-, cuando la abducción salió a la luz. En 1964 y bajo hipnosis, los dos narraron al psiquiatra Benjamin Simon que habían sido capturados por los tripulantes de un platillo volantes y sometidos a reconocimiento médico.
Una pesadilla
La historia estaba llena de inconsistencias: los extraterrestres de Betty hablaban en inglés y sabían manejar la cremallera del vestido de la mujer; los de Barney carecían de boca y no se explicaban que el hombre utilizara dentadura postiza. El especialista sospechó desde el principio que todo era una fabulación y lo confirmó cuando Betty le narró las pesadillas que había tenido desde aquella noche. La historia había sido inventada por Betty, que había contado las pesadillas a su marido durante meses hasta que los dos las habían integrado en sus recuerdos como algo real. Los Hill no mentían, pero su abducción sólo había sucedido en una mente obsesionada por los ovnis.
Robert Sheaffer, astrónomo aficionado y miembro del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), cree que el objeto que persiguió al matrimonio fue Júpiter, muy brillante en el cielo aquella noche. Cuando lo vieron por primera vez, el ovni estaba encima de una estrella visible bajo la Luna. En realidad, bajo el satélite había dos planetas, Saturno -la estrella de los Hill- y Júpiter. "De haber existido un auténtico ovni, habría habido tres objetos cerca de la Luna: Júpiter, Saturno y el ovni", concluye Sheaffer. Los extraterrestres de ojos envolventes descritos por Betty eran algo raro en la ufología de la época; pero habían protagonizado, doce días antes salir a la luz en una sesión de hipnosis, un episodio de la serie televisiva de ciencia ficción The outer limits.
La abducción de los Hill fue dada a conocer al mundo por el periodista John G. Fuller en El viaje interrumpido (1966). Tras la publicación de este libro, la mitología ovni dio un giro y empezaron a multiplicarse las abducciones, siempre siguiendo el patrón de la experiencia vivida en sueños por Betty y asumida como real por ella y su marido hasta el final.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
Sobre este blog
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Luis Alfonso Gámez
Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.
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