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29 Oct 2009

Espero que Antonio Luis Moyano no me califique nunca de "entrañable amigo" porque, en su libro Iker, el mago del misterio, casi siempre que dice eso de alguien es porque después le va a dar estopa. ¡Y de qué modo! Cuando me enteré de que la obra estaba a punto de salir a la venta, escribí a partir de la información facilitada por la editorial una nota titulada: "El primer libro contra Iker Jiménez: ¿un ajuste de cuentas?". Después de haber leído la obra, que llegará a las librerías el 10 de noviembre, me ha quedado claro que los signos de interrogación de esa entrada sobraban y que, además, tenía que haber añadido al victimario de Moyano a Carmen Porter, a quien casi siempre cita como en el titular de este recensión: entre paréntesis y subordinada a su marido, en lo que interpreto como una muestra de desprecio. "En ninguna de las páginas de este libro se ha pretendido reprochar a Iker Jiménez (y Carmen Porter) de mentir o de cometer fraude ni se ha cuestionado en ningún momento su profesionalidad" (p. 19), dice Moyano en el prólogo de la obra. Lo que uno se encuentra después es todo lo contrario..

"Anticipándose a lo que sería su exitosa trayectoria profesional, y como si fuera un presagio de lo que después serían Milenio 3 y Cuarto Milenio, uno no puede dejar de imaginarse a un adolescente Iker copiando en los exámenes y plagiando las respuestas del compañero de al lado" (p. 59), dice Moyano cuando se remonta a los inicios del protagonista como vendedor de misterios. Cuando explica por qué no podemos fiarnos de su programa de televisión, puntualiza: "Siempre habrá quien piense que el hecho de que se hayan desvelado algunas incorrecciones (y en este libro sólo se menciona un minúsculo porcentaje), no significa que TODO [en mayúsculas en el original] lo que cuenta Iker Jiménez tenga que ser necesariamente fraudulento. Por supuesto que no; del mismo modo que tampoco puede negarse la existencia de los Reyes Magos por más que en la Cabalgata de Navidad el rey Baltasar nos recuerde sospechosamente a un concejal del Ayuntamiento pintado de negro" (página 169). Más adelante, en un capítulo dedicado al triángulo de las Bermudas, firma la siguiente sentencia: "Lástima que, por mucho que les pese a sus incondicionales seguidores, resulte más fácil localizar a un pingüino haciendo footing en el desierto del Gobi que encontrar un dato exacto (uno solo) en todo lo que nos cuenta la esposa de Iker Jiménez..." (p. 259). Advierte en un caso de un edificio maldito: "Un visionado desapasionado del reportaje sobre el Hospital de la Atalaya es suficiente para que cualquiera se percate del escaso rigor con el que el equipo de Iker Jiménez aborda las cuestiones relacionadas con lo paranormal" (p. 272-273). Indica sobre la rectificación de Jiménez después de dar por real la ficción del cosmonauta fantasma: "En lugar de disculparse y reconocer honestamente que se ha cometido un error y que no volverá a repetirse en posteriores ediciones del programa, Iker Jiménez recurre a una hábil estrategia de manipulación" (p. 335). Menos mal que Moyano asegura en el prólogo que no guarda ningún rencor al matrimonio milenario, que "nunca haría nada que les pudiera perjudicar personal o profesionalmente" y que Iker Jiménez cuenta con su "aprecio desinteresado" (p. 19). Con amigos así...

¡Es la guerra!

La obra tiene dos partes: una primera dedicada a presentar a los protagonistas y otra segunda, titulada "Veinte mil gazapos de viaje televisivo", centrada en la exposición de dieciséis meteduras de pata de la pareja. En la primera mitad de Iker, el mago del misterio, el autor da su versión del ascenso del protagonista al Olimpo paranormal español, en el que no faltan, según él, unas cuantas traiciones a amigos. Estamos ante una especie de biografía no autorizada con ataques basados, a veces, en opiniones de personajes ya muertos -que a no ser que se recurra a la ouija no podrán replicar al autor- y fuentes anónimas. Así, Moyano sostiene que a Fernando Jiménez del Oso, fallecido hace cuatro años y padrino profesional del capitán de la nave del misterio, le disgustaba "el excesivo afán de notoriedad" del matrimonio y que renegaba de las obras de su discípulo. "Al recibir sobre su mesa las últimas novedades editoriales, Jiménez del Oso comentará cuán útiles pueden ser los libros del Iker Jiménez en determinadas circunstancias: «Esto sólo sirve para limpiarse el culo»" (p. 61-62).

Tanto el autor como Julio Barroso, su prologuista, mantienen, por otro lado, que el desembarco en 1998 de Jiménez en la Cadena SER se debió a que robó una colaboración al segundo al coger un recado telefónico y nunca transmitírselo: "Aquella tarde Julio Barroso no estaba, y tal vez Iker Jiménez no encontraba su teléfono en la agenda que hay en la mesa de la redacción [de la revista Enigmas] para facilitárselo a [Alberto] Granados [relaizador de Ser Aventureros] ni tenía otro modo de contactar con él. Así que, muy probablemente, y muy oportunamente, a Iker no le quedara más remedio que pensar en él mismo para ofrecerse a colaborar en dicho programa..." (p. 73). Carmen Porter es retratada en todo momento como una incapaz que ha llegado a donde ha llegado por ser mujer de.... Así, Moyano dice respecto a ella que "se presenta como escéptica, y en esa línea de ofrecer explicaciones científicas tal vez sería capaz de argumentarnos que los cirujanos de una mesa de operaciones llevan máscara para que no puedan ser reconocidos por el paciente si cometen una negligencia" (p. 87). De rebote, reciben lo suyo los miembros del programa de Cuatro. Recuerda el autor logros como la resurrección de Ferderico García Lorca, obra de Juan Jesús Haro Vallejo, y dice que éste y otros eran "los colaboradores que Iker Jiménez necesitaba para decir (siempre sin ruborizarse, claro está) que Elvis Presley seguía vivo y que el que había muerto era su hermano gemelo" (p. 85).

La segunda parte del libro se centra en lo que el autor califica de gazapos de Iker JIménez y Carmen Porter, que abarcan los casos del pueblo maldito de Ochate, las niñas fantasma de Navalperal de Pinares, las caras de Bélmez y el cosmonauta fantasma, entre otros. Por si alguien tuviera alguna duda, es aquí donde queda claro que éste no es un libro dedicado a descubrir lo que hay de verdad tras ningún enigma, sino que su objetivo es únicamente minar la credibilidad de los jefes de pista del circo esotérico ibérico. Porque Iker, el mago del misterio no aboga por el pensamiento crítico, aunque Moyano, colaborador habitual de revistas esotéricas, cite ocasionalmente a autores de referencia en el escepticismo científico. No en vano, él es un crédulo de tomo y lomo. "No soy nada incrédulo; creo en los ovnis, en el monstruo del lago Ness y en que hay fenómenos paranormales que escapan a explicaciones científicas" (p. 17). Puestos a creer, profesa tanta devoción por Fernando Jiménez del Oso que justifica la emisión por su parte del falso documental Alternativa 3 en 1983 en TVE, argumentando que el psiquiatra no tenía forma de saber entonces que era ficción, cuando lo cierto es que la producción se había estrenado en Reino Unido el 20 de junio de 1977 -¡seis años antes!- y al día siguiente ya sabía todo el mundo en las islas que nada de lo que se sostenía en ella estaba pasando o había pasado.

El rápido, e inesperado para algunos, ascenso de Jiménez en el mercado esotérico le ha generado gran cantidad de enemigos entre los mal llamados periodistas del misterio. Por eso, la obra de Moyano será recibida con champán por quienes compiten por el mismo mercado que la estrella paranormal de Prisa. ¿Merece la pena Iker, el mago del misterio? Depende. Si a uno le van el morbo y los chismorreos, y está dispuesto a dar crédito a cualquiera cuando se mete con alguien que no le cae bien, puede que la priemra parte del libro le satisfaga. Sin embargo, si uno busca más que ataques ad hóminem, le decepcionara. La segunda parte tampoco aporta casi nada a quien esté al tanto de las andanzas de los protagonistas a través de éste y otros blogs. Personalmente, me he quedado sin saber lo que más me interesaba: ¿cuál fue el detonante que hizo estallar la amistad entre Iker Jiménez y Antonio Luis Moyano? Y ahora me pregunto: ¿habrá algún libro similar desde el otro lado de la trinchera después de lo que parece un estallido de hostilidades en toda regla en Paranormalandia?

Antonio Luis Moyano [2009]: Iker, el mago del misterio. Los expedientes X de 'Cuarto Milenio'... al descubierto. Prologado por Julio Barroso. Ediciones Nowtilus (Col. "Investigación Abierta"). Madrid. 382 páginas.

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16 Oct 2007

No soy lector de las revistas de televisión, ni siquiera de las que se entregan con los periódicos, porque no me aportan nada. Lo que me interesa de la pequeña pantalla -productos como las series a las que Alfonso Merelo ha dedicado su interesente libro Fantástica televisión- rara vez suele aparecer en ellas y, cuando lo hace, el tratamiento es bastante pobre. Así que no hubiera visto la breve entrevista que TVMás dedica esta semana a Carmen Porter, copresentadora de Milenio 3 y Cuarto Milenio, de no ser por un buen amigo y compañero que espero que se haya recuperado de su lectura. Resulta que la subdirectora de la feria de la superchería que abre Cuatro cada domingo afirma que es escéptica. ¡Ahí queda eso! "Yo también soy un poco escéptica", dice el titular. Y en el texto la cosa va a peor, porque el poco desaparece. Caben dos posibilidades: que sea escéptica y no se crea nada de lo que cuenta en la tele, en la radio, en sus artículos y en sus libros; o que simplemente ignore el significado de la palabra escéptico. ¿Ustedes qué piensan?

A todo esto, la entrevistadora alaba "la seriedad con la que (Porter e Iker Jiménez) han tratado enigmas sin resolver" en su programa de Cuatro. ¿Ha visto alguna vez Cuarto Milenio o es que sufre el síndrome de Estocolmo tras haber sido abducida por el matrimonio más extraterrestre de la televisión española?

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05 Oct 2006


Carmen Porter, esposa de Iker Jiménez y subdirectora de Cuarto milenio, es ahora también colaboradora del programa Las mañanas de Cuatro, donde hoy ha vendido a la audiencia el falso enigma de las caras de Bélmez. Y Concha García Campoy se ha tragado el cuento, incluida una fotografía manipulada con el Photoshop o un programa similar. La imagen, de un guardia civil bigotudo, ha sido presentada por Porter como una prueba de que los rostros del pueblo jienense son retratos paranormales de familiares de María Gómez Cámara, la fallecida dueña de la casa donde se da el fenómeno.

Fotografía del guardia civil y cara de Bélmez que comparan Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández ensu libro 'Tumbas sin nombre'Hace tres años, en el libro Tumbas sin nombre, Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández comparaban algunos rostros de Bélmez de la Moraleda con los de cinco parientes de la mujer. Querían demostrar que las caras correspondían a familiares de la propietaria del inmueble muertos durante la Guerra Civil. Admitían los dos periodistas que, para dar con el parecido, en unos casos habían manipulado las dimensiones de la cara de cemento, en otros la habían invertido horizontalmente y en algunos habían hecho ambas cosas. ¡Así cualquiera! Lo que no decían es que, por ejemplo, la supuesta semejanza entre la más famosa de las caras -la conocida como La Pava- y el guardia civil bigotudo que hoy hemos visto en Cuatro se basaba en que la foto del militar había sido manipulada para ponerle un bigote y una boca que no eran los del original. A Carmen Porter, desmemoriada ella, hoy también se le han olvidado esos detalles cuando estaba junto a García Campoy.

Foto original del guardia civil con su familia. Obsérvese el bigote con las puntas hacia arriba.Quien primero denunció públicamente la existencia del falso mostacho y de la boca extrañamente abierta del guardia fue Lola Cárdenas, del Círculo Escéptico (CE). La pruebas del engaño estaban en el libro de Jiménez y Fernández, donde en una foto familiar aparecía el militar con el bigote engominado con las puntas hacia arriba -"tal y como ordenaba el reglamento" indican los autores-, mientras que las puntas del bigote caían en la utilizada para comparar con La Pava. "Tiene la boca abierta en una mueca completamente inhumana (y mucho más como para ser un retrato en el que se está posando), y el bigote... está hacia abajo. Es más, no parece natural, parece un borrón. Si la comparamos con la del bigote hacia arriba, vemos que tanto el gorro como las hombreras están exactamente en la misma posición. El perfil de la cara es el mismo (es decir, es la misma posición) y los ojos muestran la misma mirada. La imagen está evidentemente manipulada, y sabemos que así le llegó a los analistas (José Manuel García Bautista y Rafael Cabello Herrero, página 113 del libro) por parte de Íker Jiménez. Quién ha sido y si ha sido para forzar los resultados, no lo podemos saber", escribía Cárdenas el 5 de julio de 2005.

Gerardo García-Trío, también integrante del CE, hacía pocos días después un pormenorizado análisis del estudio y destacaba cómo la foto del guardia civil era la clave de todo, según el informe incluido en el libro los autores de Tumbas sin nombre, que decía: "La imagen clasificada como Padre (Miguel Chamorro) quizás es una de las que más correspondencias guarden con la imagen fotográfica relacionada. [...] El bigote también presenta una similitud abrumadora, curiosamente; así como la revisión anterior es perfectamente coincidente en tamaño, arco de caída y forma, particularmente este elemento creemos que es el más relevante entre todas las fotos verificadas". ¡Cómo no va a haber "una similitud abrumadora" si el bigote ha sido confeccionado a medida por los sastres del misterio!

Si el mostacho del guardia civil se pone en su sitio -con las puntas hacia arriba- y la mueca de la boca desaparece, la similitud entre el militar y La Pava se esfuma, y la idea central del libro de Jiménez y Fernández -que hoy llevaba Porter en el plató- se desploma. Pero ya saben cuál es la máxima del periodismo de imbestigación: "No dejes que la verdad te estropee una buena noticia". Si no, que se lo pregunten a Ivan Istochnikov.

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11 Jun 2006

Acabo de releer la corta entrevista -tiene ocho preguntas- de Juan Cruz a Iker Jiménez y Carmen Porter, publicada por El País el pasado lunes, y sigo sin dar crédito a lo que veo. El interrogatorio es amable hasta el límite y el autor deja aparcado el espíritu crítico del que en otras ocasiones ha hecho gala para jalear a la pareja de misteriólogos hasta el sonrojo y permitir que digan tonterías sin réplica alguna. Los tiempos han cambiado y el diario madrileño -que antes no hacía concesiones a Juan José Benítez, Fernando Jiménez del Oso y compañía- ahora promociona charlatanes. La razón es muy simple: son de su cuadra. Tienen programa en la Cadena SER y en Cuatro -donde también aparecen otros ilustres del gremio como Bruno Cardeñosa y Josep Guijarrro-, y han publicado su último libro en Aguilar, la editorial de la casa.

Cruz no formula a Jiménez y Porter ninguna pregunta incómoda y sí una sucesión de interrogantes a cada cual más tonto: que si cómo se escribe un libro a cuatro manos, que si ayuda que sean pareja, que si cómo viven la experiencia de la feria del libro, que si han sentido alguna vez "algún escalofrío en especial"... Son preguntas más propias de un novato al que el redactor jefe manda a hacer una entrevista con cinco minutos de preparación que de un adjunto a la dirección del principal periódico español. Cruz no molesta a las estrellas de lo paranormal de Prisa pidiéndoles, por ejemplo, las pruebas de todo lo que dicen y que las presenten de una vez a la comunidad científica, porque eso demostraría que lo que Jiménez y Porter divulgan son patrañas.

"Nosotros no somos expertos en lo extraño. Somos periodistas, de sucesos", dice Jiménez. Me vienen a la mente los periodistas de sucesos que conozco, los que trabajan día a día con seriedad, y no veo en esta pareja nada que se les parezca remotamente. Porque no hay un reportero de sucesos que vaya por ahí persiguiendo fantasmas o extraterrestres, intentando grabar voces del Más Allá, atribuyendo ataques al ganado a bichos inexistentes como el chupacabras y metiéndose en cementerios para detectar almas en pena, que es lo que ha hecho el tándem Jiménez-Porter desde que empezó en la profesión. En su papel de convidado de piedra, Cruz no recuerda al matrimonio nada de eso. El segundo momento cumbre llega al final, cuando les pregunta: "¿Son ustedes escépticos?". "No, humildes -responden ellos-. El misterio existe, y como nos decía Iñaki Gabilondo, debemos ser humildes ante el misterio". Y se van de rositas, sin que el otras veces puntilloso periodista les replique que humilde no es antónimo de escéptico, que un buen periodista tiene ante todo que ser escéptico, que preguntarse cosas, que dudar; que una tontería, aunque la diga un profesional como Gabilondo, no deja de ser una tontería; y que lo lógico es intentar explicar los misterios, no humillarse ante ellos. Investigar es lo que hacen los científicos con los enigmas que nos rodean y lo que nunca harán ni Jiménez ni Porter, porque no lo necesitan: su negocio se basa en la ignorancia.

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17 Nov 2003

Desacreditar a toda costa los resultados de la prueba del carbono 14 que estableció que el sudario de Turín data del siglo XIV, y, por consiguiente, no pudo envolver a Jesús sin viaje temporal de por medio, ha sido el objetivo de los sindonólogos desde que en 1988 se sometió a ese análisis un trozo de la presunta reliquia. La más burda de las jugadas corrió a cargo, en nuestro país, del Centro Español de Sindonología (CES): su presidente, Celestino Cano, dijo en 1989 que la prueba del radiocarbono no se había hecho bien, "como más tarde ratificó el propio inventor del sistema". Willard F. Libby, Nobel de Química en 1960 por el descubrimiento de este sistema de fechación, quería -según Cano y sus colegas- comprobar la metodología seguida por los laboratorios que hicieron la medición, lamentaba que toda la tela a analizar procediera de un mismo lugar y sospechaba que la muestra podía estar contaminada.

Recientemente, la periodista madrileña Carmen Porter ha recordado, en su libro La sábana santa. ¿Fotografía de Jesucristo? (Edaf, 2003), que "algunos medios de comunicación" aseguraron que Libby había hecho esas declaraciones antes de morir en 1980 y las ha presentado como prueba de que el del radiocarbono no fue el examen definitivo. La estrategia de Cano, de resucitar a un muerto -el laureado científico falleció en 1980-, puede resultar hasta divertida; la de Porter, de dar por buenas las afirmaciones del Nobel, pero por si acaso atribuirlas a la prensa, es una muestra, en el mejor de los casos, de ignorancia. Porque la autora reproduce las presuntas declaraciones de Libby, tan imposibles -¿cómo podía pronunciarse de algo que iba a ocurrir mucho después de su muerte?- como un lamento de Albert Einstein por el accidente del transbordador Columbia, sin advertir al lector de que todo es mentira, de que Libby nunca dijo eso y que se lo inventaron los mismos sindonólogos a los que ella recurre para respaldar la autenticidad de la sábana santa. El libro de Porter es, al margen de esta anécdota, una obra alejada del mínimo escepticismo recomendable en todo periodista y cargada de esas ansias de los misteriólogos más jóvenes por convertir un viaje en avión de línea o un rutinario trayecto en tren en una aventura que para sí quisiera Indiana Jones, aunque no haya pasado nada. (Si desean ahondar en lo que piensa esta autora de la sábana santa, lean "Una fotografía desenfocada (I)", "Una fotografía desenfocada (II)" y "Una fotografía desenfocada (III)" y "Una fotografía desenfocada (IV)", artículos publicados por José Luis Calvo.)

No esperaba sorpresas del episodio de Planeta encantado dedicado al sudario de Turín, y no las ha habido. Un as en la manga de Dios, la sexta entrega de la serie dirigida por Juan José Benítez que emite Televisión Española (TVE), vuelve a recordarnos que el análisis del radiocarbono es la china en el zapato de los fabricantes de enigmas cuando de la sábana santa se trata. Al igual que Celestino Cano y Carmen Porter, el autor de Caballo de Troya hace trampas a la hora de contar la historia, no ya porque se invente un pasado premedieval de la pieza -cosa que han hecho otros-, sino porque tergiversa los hechos claves más recientes. Así, presenta el test del radiocarbono no como la prueba que al final -después de los análisis de la imagen por ordenador, de los granos de polen, de las manchas de sangre...- reveló que la reliquia no es tal, sino como un análisis más al que han seguido en el tiempo otros que han superado sus resultados.

¿Cuáles son esos otros estudios que, según Benítez, contradicen lo publicado en su día en la revista Nature? Los hechos en los años 70 del siglo pasado por el Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP), los mismos sobre cuya fiabilidad existen dudas desde siempre, que se hicieron al margen de toda la metodología científica, que la prueba del radiocarbono deslegitimó, que se realizaron antes que ésta -y no después, como quiere dar a entender el ufólogo- y que hemos comentado aquí somera y extensamente. Ayer, podía leerse en las páginas de Televisión del diario El País que el documental de Benítez "sostiene que los últimos experimentos sobre la autenticidad de la sábana santa cuestionan la validez de las pruebas de datación que afirman que su origen es medieval. Si el lienzo es auténtico, se abrirían posibilidades inquietantes, puesto que, en un futuro no muy lejano, la ciencia podría extraer el ADN de los restos de sangre que están depositados en él". No merece la pena detenerse a contar cuántos disparates hay en esas dos frases. Resulta triste, no obstante, comprobar cómo, a pesar de que generaciones de niños españoles aprendieron con Barrio Sésamo que lo que ocurrió en 1978 pasó antes que lo que sucedió en 1988, algún redactor del diario madrileño no entendió esa lección y sigue la senda marcada por el novelista, quien mantiene, por ejemplo, que el trabajo de John Jackson y Eric Jumper, dos destacados miembros del STURP, fue un "nuevo mazazo al carbono 14", aunque lo hicieron más de diez años antes de la prueba del radiocarbono.

Benítez no descubre nada nuevo en Un as en la manga de Dios. Se limita a repetir lo que ha dicho desde hace un cuarto de siglo, a hacer una morbosa descripción de las lesiones que presenta el hombre de la sában, a vincular engañosamente a la NASA con el STURP, a dar crédito a afirmaciones como las de Francis Filas -que ve monedas romanas donde nadie las encuentra- y Max Frei -que, tras autentificar los falsos diarios de Hitler, encontró polen de plantas de Oriente Próximo en el sudario-, y a prometernos, al final, la resurrección. El momento cumbre de la producción se da al inicio, cuando el novelista fecha al minuto la hora de la Resurrección -ocurrió a las 3.10 horas del 9 de abril del año 30- y asistimos a la recreación de lo que, en opinión del quinto evangelista, ocurrió en el sepulcro de Jerusalén donde se depositó el cadáver del rey de los judíos.

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Misterios a la luz de la ciencia
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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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