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06 Feb 2008

Bilbao acogió el 6 de noviembre la segunda edición de la jornada Misterios, a la luz de la ciencia, organizada por la Universidad del País Vasco (UPV), el diario El Correo, el Círculo Escéptico (CE) y el Center for Inquiry (CfI), dentro de los actos de la 6ª Semana de la Ciencia y la Tecnología. Problemas logísticos de última hora ajenos a los organizadores impidieron celebrar el encuentro en el lugar previsto, por lo que tuvo que trasladarse a la sala de grados de la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Bilbao. El local es más céntrico que el original, pero hubo gente que no se enteró del apresurado cambio. Sumen a eso que una avería informática me dejó desde días después y durante mes y medio, gracias a la incompetencia de Fujitsu Siemens Computers, sin acceso a las imágenes del acto. Por fortuna, asistieron a las charlas más de 80 personas y no hubo problemas para grabarlas. Aquí tienen los vídeos, por cortesísa de la UPV. ¡Que los disfruten!

Javier Cavanilles, periodista del diario El Mundo, habla de Las caras de Bélmez: ¿falsa ciencia o mal periodismo?.

José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV, habla de Agua depurativa.

Joseba Zubia, físico de la UPV, habla de Ondas electromagnéticas y salud.

Carlos J. Álvarez, psicólogo de la Universidad de La Laguna, habla de Algunas creencias erróneas sobre nuestro cerebro.

Mesa redonda sobre El pensamiento mágico en una sociedad desarrollada.


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14 Abr 2005

Más de tres meses, tres, han pasado desde que el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda (Jaén) acordó en un pleno emprender acciones judiciales contra Javier Cavanilles, periodista de El Mundo, por los reportajes publicados en ese diario acerca de las famosas caras de Bélmez, y de las demandas no se sabe nada. Se han desvanecido, al igual que antes lo hicieron las querellas anunciadas por Pedro Amorós, presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), contra quienes mantienen -como el escritor mexicano Mauricio-José Schwarz- que lo más llamativo del currículo de Amorós tiene ribetes fantásticos, que no es ni ha sido nunca miembro del Instituto SETI, ni ha colaborado con la BBC, ni la CNN sabe nada de él. Vamos, que sus acreditaciones tienen tanta solidez como el misterio de Bélmez, por mucho que un periodista especializado como Iker Jiménez dijera en la revista Enigmas en 1997: "Transcurrido un cuarto de siglo, demostramos con documentos oficiales y en rigurosa exclusiva la autenticidad de esas caras sobrenaturales, un misterio que aún espera una explicación en el rincón más apartado de Andalucía".

El Consistorio de Bélmez aprobó el 4 de enero por iniciativa de la alcaldesa, María Rodríguez Arias, demandar a Cavanilles por "acusar públicamente al Ayuntamiento de encubrir una trama fraudulenta en torno al fenómeno paranormal de las caras de Bélmez". La regidora socialista, que ha querido convertir el pretendido enigma en atracción turística, no parece haber ido, sin embargo, más allá del anuncio de demanda, que, eso sí, le reportó los correspondientes titulares de prensa. Como no se deberá a dificultades para dar con el diario El Mundo, cuya dirección puede conseguir cualquier ojeando un periódico, cabe suponer que el gabinete jurídico del Ayuntamiento de Bélmez se ha dado cuenta de que no hay mucho que rascar y que el que, con pícaros se acuesta, engañado se levanta. Es lo mismo que le ocurre desde hace tiempo a Pedro Amorós, compañero de viaje de la alcaldesa en el asunto de las caras, que amenaza y amenaza con demandar a quienes dicen que las credenciales de que hace gala son inventadas y a quien Bruno Cardeñosa, autor de El código secreto, animaba a finales de 2004 a denunciar a los escépticos, aunque él nunca lo ha hecho por mucho que pretenda convencer a sus seguidores de lo contrario. Tanto Amorós como Cardeñosa son como Pedro el del lobo: repiten una y otra vez la cantinela de las citas ante los tribunales -yo la escuché de Amorós contra Cavanilles a finales de noviembre-, pero sus abogados nunca tienen tiempo para acercarse al juzgado. Como tampoco sus científicos de confianza para hacer ningún análisis, porque los miembros de la SEIP aseguran que en diciembre tomaron muestras de las caras de Bélmez y todavía esperamos los resultados. Estamos viviendo el fin de un mito, como Fernando L. Frías y Gerardo García-Trío han explicado en el último número de la revista Pensar.

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28 Nov 2004

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un producto escéptico made in Spain. El último número de El Escéptico Digital (EED), dedicado integramente al fenómeno de las caras de Bémez, es una demostración palpable de que sólo hacen falta ganas de hacer las cosas. Cuando Vicente Prieto y Óscar David Sánchez cogieron el relevo de Pedro Luis Gómez Barrondo al frente del boletín electrónico de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, no lo tenían fácil. Menos de un año después, han dejado claro que van a más y que cabe esperar de ellos grandes cosas. Porque, si bien es cierto que ninguno de los textos incluidos en este número especial del EED -el 19º de la nueva etapa- resulta magistral, no lo es menos que entre todos dibujan un escenario esclarecedor para el lector interesado seriamente en los sucesos que ocurren en Bélmez de la Moraleda y en el rentable circo paranormal que se ha montado después de la muerte de María Gómez Cámara, la dueña de la casa de las caras, con Pedro Amorós como jefe de pista. Y es otra cosa que hay que agradecer, que tantos autores tan diferentes se hayan unido para intentar ayudarnos a entender lo que sucede en el pueblo jienense, que Javier Armentia, Ricardo Campo, Fernando L. Frías, Gerardo García-Trío, Mauricio-José Schwarz y otros hayan dedicado parte de su valioso tiempo a explicarnos lo que pasa allí. Son 48 páginas que se leen de una sentada y dejan la misma agradable sensación que un buen libro. Tan bueno como eso es que el magnífico trabajo de Prieto, Sánchez y los colaboradores de EED -en especial, del inagotable y siempre recomendable Schwarz- ha supuesto la reaparición en un medio de comunicación de ámbito nacional de la organización escéptica española después de un año de inquietante letargo, a pesar de las numerosas oportunidades para saltar a la palestra que ha ofrecido el escenario paranormal ibérico. Ahora sólo hace falta que cunda el ejemplo y que la lección no caiga en saco roto.

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04 Feb 2004

María Gómez Cámara, vecina de Bélmez de la Moraleda, murió ayer en un hospital de Jaén. El fallecimiento de esta mujer de avanzada edad de un pequeño pueblo jienense es noticia porque era la propietaria de la casa en cuya cocina apareció el 23 de agosto de 1971 la primera de las famosas caras de Bélmez, rostros en el suelo de cemento que se consideran el mayor misterio de la parapsicología española. Nunca he estado en Bélmez y nunca he visto pruebas de que allí pasara algo sobrenatural, a no ser que consideremos pruebas las simples afirmaciones de los expertos en lo paranormal. Quienes sí visitaron la localidad fueron Gabriel Naranjo y Félix Ares, miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, el 26 de diciembre de 1986. El presunto misterio no les impresionó. "Estaba claro que se trataba de un fraude. Las caras eran muy simples. Las podía pintar un niño", me indicaba Naranjo por teléfono hace unas horas.

Seis meses después de aparecer la primera noticia en el diario Ideal, de Granada, se desmontaba el enigma en las páginas de Pueblo: unos químicos habían conseguido duplicar las caras con cloruro y nitrato de plata. La explicación no satisfizo a los parapsicólogos, quienes, capitaneados por Germán de Argumosa y el alemán Hans Bender, la ignoraron y se lanzaron a fantásticas teorías. Mientras tanto, Bélmez se convertía en una especie de Lourdes de lo paranormal adonde llegaban cientos de personas cada día y hasta 10.000 algún fin de semana. Naranjo no considera la posibilidad de que María Gómez Cámara -una mujer con problemas de movilidad - fuera la autora de las pinturas. "No creo que las hiciera ella, aunque se beneficiaba de ellas. Nunca cobró por enseñarlas; pero siempre se le daba la voluntad. Yo le di 400 pesetas".

La familia no se hizo rica, pero sí que sacó un dinero por las caras. Astrólogos, parapsicólogos, videntes y médiums tomaron al asalto la vivienda. A las propinas de los estudiosos y los curiosos, se sumó en los primeros meses un improvisado negocio montado por Juan Pereira, el marido de María Gómez Cámara. El hombre y un fotógrafo vendían imágenes de los rostros a 15 pesetas la unidad: 10 para Pereira y el resto para el profesional. En febrero de 1972, ya habían vendido 10.000 fotografías, según datos publicados por el diario El Alcázar y recogidos por Manuel Martín Serrano en su libro Sociología del milagro. Las caras de Bélmez (1972). En marzo, la revista Lecturas cifraba los ingresos de la familia en más de 250.000 pesetas. Súmese a eso el dinero que dejaban los visitantes en los comercios locales y se entenderá porque el fenómeno fue una bendición para un pueblo de unos 2.200 habitantes. Años después, cuando el temporal de las caras había amainado y únicamente se acordaban de ellas los autores esotéricos, la mujer -ya viuda- intentaba sacar dinero a los periodistas que visitaban su casa.

Dos de las caras que podían verse en casa de María Gómez Cámara en diciembre de 1986. Foto: Gabriel NaranjoGabriel Naranjo y Félix Ares vieron, en la cocina de la casa de María Gómez Cámara, el rostro de Francisco Franco, entre otras caras. Y en 1990 la ridiculez del fenómeno alcanzó cotas de revista del corazón cuando se identificó una de las figuras como Isabel Preysler. Los expertos del misterio seguían, mientras tanto, a lo suyo. Pedro J. Fernández, coordinador en Murcia de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), recordaba hace poco más de un año en Enigmas Express (Nº 31, Noviembre 2002) que "la historia certifica el desvanecimiento de las formaciones durante el internado de María en el hospital de Jaén" por siete días. Sin embargo, era incapaz de deducir lo obvio -que ella dibujaba las caras o colaboraba decisivamente en la tarea- y abogaba porque la mujer era el canal psíquico elegido por "una inteligencia desconocida" que estaba mandando mensajes a través de las caras.

Ahora, los aficionados al misterio se preguntan si, tras la muerte de María Gómez Cámara, el fenómeno desaparecerá para siempre. "Las caras son un negocio para el pueblo de Bélmez. Por eso creo que no van a desaparecer", argumenta Gabriel Naranjo, quien recuerda lo que decían en 1986 los habitantes de los pueblos vecinos: "En Jódar y Huelma, nos comentaron que Bélmez era el pueblo de los caras. Así, en masculino".

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magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

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