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10 Ago 2008

Marte nos obsesiona desde que en el siglo XIX el astrónomo aficionado Percival Lowell lo cartografió desde el observatorio de Flagstaff (Arizona), que fundó en 1894. Miembro de una acaudalada familia estadounidense, se había sentido atraído por el planeta rojo tras saber de la existencia de las líneas descubiertas en su superficie por Giovanni Schiaparelli en 1877. El científico italiano había visto lo que consideraba vías de agua naturales. Lowell las convirtió en un producto del ingenio marciano: después de quince años de observaciones, concluyó que eran canales artificiales, una obra de ingeniería a escala planetaria para luchar contra la desertización.

El Marte decimonónico estaba sediento. Agonizaba, y una red de acequias que transportaba el agua almacenada en los polos hasta las regiones ecuatoriales era la solución a la que habían recurrido sus habitantes para sobrevivir. Lowell popularizó la idea en tres libros: Mars (1895), Mars and its canals (1906) y Mars as the abode life (1908). Escribía artículos, daba conferencias... "Era el Carl Sagan de su tiempo", dice Robert Mills, director del Observatorio Lowell. La crítica situación que vivían los habitantes de Marte caló hasta el punto de que protagonizaron la primera invasión extraterrestre, la de La guerra de los mundos (1898) de Herbert George Wells.

El ataque

Los marcianos siguieron siendo una amenaza mucho tiempo después de la publicación de la novela de Wells. El 31 de octubre de 1938, sus ansias de conquista les llevaron hasta la primera página de The New York Times. La noche anterior, un joven Orson Welles había escenificado La guerra de los mundos para la CBS en una sesión de radioteatro con formato de docudrama: científicos, políticos, periodistas y gente de la calle vivían en directo el ataque por parte de "espíritus que son a los nuestros lo que nuestros espíritus a los de las bestias de alma perecedera; inteligencias vastas, frías e implacables". Miles de personas tomaron la ficción por una invasión marciana, especialmente en Nueva Jersey y Nueva York, y hasta creyeron oír los disparos y ver las llamas del campo de batalla.

Primera página de 'The New York Times' del 31 de octubre de 1938.Aún no habían aparecido en los cielos los primeros platillos volantes -lo hicieron en junio de 1947-, pero la opinión pública estadounidense ya consideraba posible la llegada de seres de otros mundos. Después de ver los restos de Hiroshima tras la primera bomba atómica, el escritor soviético de ciencia ficción Alexander Kazantsev planteó en 1946, en un cuento, que el objeto que había explotado en Tunguska en 1908, y arrasado 2.150 kilómetros cuadrados de bosque, no había sido ni un cometa ni un asteroide, sino una nave espacial accidentada. Los visitantes procedían del planeta rojo de Lowell y habían venido a recoger agua del lago Baikal para paliar la sed de sus congéneres.

Los canales y la visión de Marte como hogar de una civilización agonizante fueron destruidos por las primeras sondas espaciales que sobrevolaron el planeta. La Mariner 4 envió a la Tierra en 1965 veintiún fotos de un mundo desértico, muerto. Las conducciones de agua habían sido una creación del cerebro humano, como los animales en las nubes. Cuando nuestros emisarios mecánicos llegaron al planeta rojo, se fueron al garete también las ensoñaciones de los ufólogos que -como los españoles Eduardo Buelta, Manuel Pedrajo, Óscar Rey Brea y Antonio Ribera- habían situado en Marte el origen de los platillos volantes. Pero pronto volvió a rodear el planeta un halo de misterio.

Giza en los cielos

El orbitador de una de las sondas Viking -los primeros ingenios humanos que pisaron la roja arena marciana- fotografió en julio de 1976 unas extrañas formaciones en la región de Cydonia: parecían una cara que miraba al cielo, unas pirámides y otras construcciones. Robert Bauval y Graham Hancock, herederos intelectuales de Erich von Däniken, propusieron en 1998 que se trataba del equivalente alienígena a las edificaciones de la meseta de Giza (Egipto). "Cuanto más detenidamente se examina, más evidente resulta que realmente podría tratarse de un conjunto de enormes monumentos en ruinas sobre la superficie de Marte".

La cara de piedra de Cydonia tal como la vio el orbitador del 'Viking1' en 1976. Foto: NASA.La foto, tomada desde 1.873 kilómetros de altura, fue durante un cuarto de siglo esgrimida por algunos ufólogos como la prueba de que la NASA ocultaba la existencia de vida inteligente extraterrestre. Los científicos decían, sin embargo, que se trataba de meros accidentes orográficos. "Esas figuras merecen mayor atención con mayor resolución. Seguramente, unas fotos mucho más detalladas de la cara resolverán dudas acerca de la simetría y ayudarán a esclarecer el debate entre geología y escultura monumental", auguró Carl Sagan en El mundo y sus demonios (1995). Esas imágenes las consiguió en 2001 la Mars Global Surveyor y dejaron a Marte sin cara y sin pirámides. Había pasado lo mismo que con los canales, pero con una diferencia.

"Mientras que quienes vieron los canales eran generalmente astrónomos profesionales, los que vieron la cara eran vividores, oportunistas que querían hacer dinero con la credulidad de la gente. La cara y las pirámides de Marte son inventos. En realidad, son restos de una superficie plana que se erosionó, que quedaron ahí con formas diversas y en los que, según la iluminación, uno puede ver cualquier cosa", explica el planetólogo español Francisco Anguita. Hay, no obstante, quienes persisten en su deseo de ver lo que no hay. Richard Hoagland, un escritor que consideraba Cydonia un gran complejo arquitectónico, ve ahora animales, columnas, grabados y máscaras en imágenes tomadas por la Mars Pathfinder en 1997. Y, en enero, otros expertos encontraron una sirenita sentada en una roca en una panorámica del todoterreno Spirit, prueba indiscutible de que en Marte hubo en un pasado mares. ¿O no?


El libro

Historia de Marte. Mito, exploración, futuro (1998): Diez años después de su publicación, este libro del planetólogo español Francisco Anguita sigue siendo la mejor obra de divulgación publicada en nuestro país sobre el planeta rojo. Indispensable.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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17 Mar 2008

Francisco Anguita es el hombre de Marte en España, el científico que más sabe del planeta rojo. Geólogo planetario, ha hablado en Bilbao sobre lo que el hombre del siglo XXI busca en el mundo vecino y lo que ha encontrado hasta ahora, en un acto organizado por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.

-¿Por qué nos obsesiona Marte?

-Viene de lejos. Viene de que es el mundo vecino y de que, claramente, no es una estrella. Venus está más cerca y, sin embargo, siempre ha sido considerado una estrella por lo brillante que es. Marte es otra cosa. Además, el color ayuda mucho.

-¿Que sea rojo?

-A los antiguos les tuvo que llamar muchísimo la atención. Es el color de la sangre, del hierro...

-La actual obsesión marciana arranca a finales del siglo XIX, ¿no?

-Sí. Algunos astrónomos creyeron ver canales, veían cosas reales junto con otras que se imaginaban, como los canales artificiales. Y se empezó a hablar de marcianos. La fiebre de los canales prendió en la imaginación popular porque, mientras aquí habíamos construido el de Suez, había gente por ahí que hacía cosas de envergadura planetaria. Desde entonces, los marcianos, esos bichos verdes y con trompetilla, han reinado en el imaginario popular.

Expectación y desilusión

-En cuanto lo sobrevolaron las primeras naves humanas, Marte pasó, sin embargo, de ser un mundo vivo a ser un mundo muerto.

-Durante 40 años, Marte ha estado fluctuando entre la desilusión y la expectación. Con la Mariner 4, que en 1965 no fotografió más que cráteres, parecía que era otra Luna. Las expectativas de décadas se derrumbaron. Pero, luego, en las siguientes misiones se descubrieron los volcanes gigantes y Valles Marineris -un sistema de cañones que tiene 4.500 kilómetros de longitud-, se vio que hay cauces secos que fueron excavados por el agua...

-¿Sin ninguna duda?

-Eso no lo discute ya nadie e implica que Marte es un mundo cuyo clima fluctúa entre dos extremos: uno ultrafrío y seco, como el actual, y otro fresco y húmedo. Nuestro planeta también tiene dos climas básicos -el de glaciación y el de invernadero- entre los que fluctúa.

-Desaparecieron los canales artificales, pero el hombre de finales del siglo XX volvió a ver en Marte lo que deseaba, una esfinge en una foto tomada por la Viking 1 en 1976.

-Sí, pero, mientras que quienes vieron los canales eran generalmente astrónomos profesionales, los que vieron la cara eran vividores, oportunistas que querían hacer dinero con la credulidad de la gente. Se trata de algo mucho más moderno y...

-Menos ingenuo.

-Claro. Ya no es que los científicos se engañen sobre lo que creen ver, sino que el oportunista -una criatura que ha existido siempre y está en alza en esta sociedad- hace negocio con la credulidad de la gente. La cara y las pirámides de Marte son inventos. En realidad, son lo que los geólogos llamamos montes isla.

-¿Testigos?

-Cerros testigos. Son restos de una superficie plana que se erosionó, que quedaron ahí con formas diversas y en los que, según la iluminación, uno puede ver cualquier cosa. Y eso fue convertido por algunos en negocio. La NASA volvió a hacer fotografías de la cara con la Mars Global Surveyor> en 2001...

-Y la esfinge y las pirámides se esfumaron.

-Sí, pero surgió otro mito, según el cual ocho puntos alineados entre los mil que hay allí delimitan un polígono imposible por azar. El reducto de lo irracional siempre va a estar ahí y hay que combatirlo, aunque no podamos acabar con él.

-Bajando al Marte real y hablando de microorganismos, ¿hay vida?

-Si hablamos de vida actual, la probabilidad podría ser del 1%; si hablamos de vida fósil, la elevaría hasta el 10%. No estoy seguro, pero es razonable esperar la existencia de vida fósil. ¿Por qué? Pues, porque en el momento en que surge la vida en la Tierra, la condiciones de Marte son muy parecidas.

-Está hablando de hace unos...

-Por redondear, entre 3.500 y 4.000 millones de años. En Marte corrían entonces los ríos que daba gusto verlos, había muy probablemente un pequeño océano en el que desembocaban y un campo magnético que hacía de paraguas contra las radiaciones inonizadas. Nos podemos plantear: si la vida apareció en la Tierra, ¿por qué no en Marte? La verdad es que no sabemos si basta con que se den unas condiciones determinadas para que surja la vida o si ésta es un fenómeno muy improbable.

-Que además necesita tiempo.

-Sí. El problema para la vida actual en Marte es que ese clima favorable ha durado poco, aunque se haya repetido en el tiempo. En cualquier caso, seguro que un microbiólogo que se dedica a la astrobiología, a la búsqueda de vida en otros mundos, dirá que los extremófilos -microorganismos que viven en ambientes extremos- van a aguantar 1.000 millones de años de un clima imposible bajo el suelo. En Marte hay volcanes que, si no están activos, lo han estado hasta hace sólo 5 ó 10 millones de años y, por tanto, seguro que hay regiones calientes en la corteza en las que el agua puede estar líquida y puede haber ahí vida. ¡Por qué no!

Misión tripulada

-¿Cuándo se resolverá el enigma de la vida en Marte?

-¡Pronto! A mediados de la década próxima, podríamos saber si hay o ha habido vida. La fecha clave será alrededor de 2015, cuando muy probablemente se envíe una misión que traerá muestras a la Tierra. Esto significará contar con 90 ó 100 rocas bien seleccionadas que nos cuenten la historia del clima y, si la hubo, de la vida. Lo que pasa es que, si no aparecen rastros de vida en esas piedras, no podremos descartar que exista o haya existido.

-Para eso, habría que explorar hasta el último rincón del planeta, ¿no?

-Efectivamente. De hecho, si hay vida actual, será subterránea y para un sondeo en profundidad hay que mandar seres humanos.

-¿Cuándo pisaremos Marte?

-Yo no sé si lo veré. Una misión tripulada tiene que ser, por su coste, una iniciativa multinacional. Precisa de un cierto clima político y que definamos prioridades. Hay gente que dice que sería un disparate económico porque absorbería tantos recursos que nos impediría arreglar un poquito este planeta, cosa que hace mucha falta. Creen que es algo que se debería hacer después de resolver los problemas perentorios y, por eso, igual no se puede hacer nunca.

-¿No hay dinero para hacerlo todo?

-Es que el desembolso es tremendo. No sólo es que una misión tripulada costaría lo mismo que cien robóticas, es que no tiene sentido ir a Marte una vez y dejarlo. Hay que establecer una base permanente, como se ha hecho en la Antártida. La cuestión tecnológica no es un gran problema, pero la económica...


EL PERSONAJE


Francisco Anguita (Madrid, 1944) es doctor en Ciencias Geológicas y profesor de Geología Planetaria de la Universidad Complutense de Madrid. Ha participado en dos misiones científicas a la Antártida para estudiar la actividad volcánica y recuperar meteoritos, y es autor de dos libros fundamentales para entender dos mundos: Historia de Marte. Mito, exploración, futuro (1998) y Biografía de la Tierra: historia de un planeta singular (2002).

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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24 Dic 2003

Millones de españoles vieron, el 13 de febrero de 1983, cómo algo se movía bajo las arenas de Marte junto a una de las naves Viking en verano de 1976. Eran los tiempos de la televisión única y, en el segundo canal de Televisión Española (TVE), Fernando Jiménez del Oso emitía aquel domingo un extraño documental dentro de La Puerta del Misterio. Se titulaba Alternativa 3. Con formato de reportaje de investigación, contaba una historia inquietante, salpimentada con declaraciones de científicos y astronautas. Ante una inminente catástrofe medioambiental, Estados Unidos y la Unión Soviética planeaban evacuar a un grupo de elegidos a Marte, mundo que el hombre había pisado en 1962 y en el cual se había encontrado vida. Los miles de personas que desaparecían cada año en la Tierra eran secuestradas para trabajar como esclavas en la cara oculta de la Luna.

Alternativa 3 ha sido uno de los últimos síntomas de una pasión marciana que se desató cuando Percival Lowell creyó ver en el mundo vecino una red de canales. De una acomodada familia de Nueva Inglaterra (EE UU), el astrónomo aficionado levantó en 1894 un observatorio en Flagstaff (Arizona) y dedicó quince años a cartografiar el planeta. Creía que sus habitantes luchaban por la supervivencia en un Marte que agonizaba -como la Tierra de Alternativa 3- y habían construido las acequias para transportar el agua de los polos al resto de su mundo. Lowell popularizó la idea de la moribunda civilización alienígena en tres libros: Mars (1895), Mars and its canals (1906) y Mars as the abode of life (1908).

La civilización

LOS CANALES. Percival Lowell, en 1900, mirando por su telescopio de 24 pulgadas."La obsesión por Marte nace con las primeras observaciones telescópicas del siglo XIX, cuando se ven nubes amarillas, casquetes polares y manchas que sufren cambios estacionales", explica Agustín Sánchez Lavega, planetólogo de la Universidad del País Vasco. Las manchas cambiantes se interpretaron como vegetación -"en realidad, se trataba de movimientos de arena"- y el planeta rojo fue tomando la apariencia de un hermano pequeño de la Tierra, con un periodo rotacional similar -el día tiene 37 minutos más que el terrestre- y una inclinación del eje muy parecida. "Ahí se empezó a cimentar la mitología marciana", indica el astrofísico vasco.

El público de finales del siglo XIX sabía de las maravillas de la ingeniería. El canal de Suez se había inaugurado en 1869, el de Corinto en 1893 y las obras del de Panamá habían empezado en 1880, y le resultaba verosímil que una cultura más avanzada acometiera un proyecto de dimensiones planetarias. Sin embargo, la mayoría de los astrónomos rechazaba la existencia de los canales marcianos. No los veía. Ahora, sabemos que nacieron de la búsqueda, por parte del cerebro humano, de patrones donde no los hay. En este caso, en las manchas estacionales de Marte.

Lowell estaba convencido de que había gigantescas conducciones de agua a cielo abierto y, por eso, las veía. Como apunta Carl Sagan en Cosmos (1980), las acequias marcianas fueron obra de una inteligencia, pero estaba a este lado del telescopio de 24 pulgadas. "De la historia de los canales -imposibles de fotografiar con el instrumental de entonces-, lo que parece que se llegó a ver es Valles Marineris, una fractura geológica de 4.000 kilómetros de longitud y hasta 7 de profundidad", puntualiza Sánchez Lavega. Valles Marineris es un accidente geográfico del tamaño de Estados Unidos.

La invasión

Los marcianos llegaron a la Tierra en La guerra de los mundos (1897), de Herbert G. Wells. Los trípodes alienígenas del novelista inglés no tenían nada que ver con los pacíficos ingenieros de Percival Lowell: protagonizaron la primera invasión extraterrestre de la Historia, que Hollywood recientemente ha recreado en Independence day (1996) y Señales (2002). "Wells estaba al día de las noticias sobre Marte y los canales", señala el crítico y escritor de ciencia ficción Miquel Barceló. Cuarenta años más tarde, millones de norteamericanos sobrevivieron a la invasión cuando Orson Welles y el Mercury Theatre radiaron, el 30 de octubre de 1938, una dramatización de La guerra de los mundos.

GUERRA INTERPLANETARIA. Orson Welles, en un momento de la histórica emisión de octubre de 1938.Marte era, a principios del siglo pasado, el hogar de una civilización con la que se intentaba establecer contacto. El físico serbio Nikola Tesla anunció en 1901 que su detector de Colorado Springs había captado señales de radio cuyo origen podía estar en Venus o Marte y, en los años 20, el italiano Guglielmo Marconi, inventor de la radio, dijo haber recibido emisiones del planeta rojo. El convencimiento era tal que el Ejército de EE UU montó una operación de escucha durante el verano de 1924 en coincidencia con el momento de mayor proximidad de Marte desde 1804. No se pretendía mandar un mensaje -los emisores de la época no eran lo suficientemente potentes-, sino captarlo. No hubo éxito.

La primera sonda que sobrevoló el planeta, la Mariner 4 de la NASA, descubrió en 1965 un mundo muerto. Las veintiún fotografías que transmitió a la Tierra retrataban un Marte desértico, repleto de cráteres y de lo que parecían cauces secos. No fluía el agua, ni parecía que hubiera canales ni vida inteligente, y los seguidores de los platillos volantes -que habían irrumpido en escena en 1947 y a los que algunos atribuían origen marciano- tuvieron que llevar la base de los visitantes más lejos. "Es la Mariner 9, en 1971, la que manda por fin imágenes que borran los canales de Lowell", recuerda Sánchez Lavega. La información enviada por las naves robot acaba con unos mitos, pero surgen otros.

Las ruinas

VISTA... La cara de piedra de Cydonia tal como la vio el orbitador del 'Viking1' en 1976. Foto: NASA.Una fotografía hecha por el orbitador de la Viking 1 ha sido, durante más de un cuarto de siglo, esgrimida como la mejor prueba de la existencia de una antigua civilización marciana. Tomada desde 1.873 kilómetros de altura el 25 de julio de 1976, en la imagen se ve lo que parece un rostro humano en Cydonia. Está en una región en la que parece que también hay pirámides y otras ruinas. La esfinge fue fotografiada el 8 de abril de 2001 por la Mars Global Surveyor', cuya cámara es más potente que la del Viking 1, y el misterio se esfumó: allí no hay más que una meseta. "Lo de la cara y las pirámides es lo mismo que lo de los canales", concluye Sánchez Lavega.

Y NO VISTA.... La cara de piedra de Cydonia tal como no la vio el la 'Mars Global Surveyor' en 2001. Foto: NASA.Hay quienes hoy en día identifican, en las imágenes tomadas en 1997 por la Mars Pathfinder en Ares Vallis, animales, columnas, grabados, máscaras... La NASA estaría ocultando información. El principal promotor de esta idea es el escritor Richard Hoagland, quien considera la cara de Cydonia parte de un gran complejo arquitectónico. Curiosamente, la agencia espacial estadounidense ha puesto todas esas fotos en Internet -nunca las ha escondido- y únicamente Hoagland y sus seguidores ven en ellas cosas raras.

"Por supuesto, Alternativa 3 -el documental de televisión y el libro- fue una broma, una farsa", admitió Nick Austin, responsable de Sphere Books que contrató en 1977 la edición del libro, en la revista Fortean Times hace cuatro años. En un extenso reportaje, desvelaba cómo el espacio iba a emitirse el 1 de abril de 1977 -Día de los Inocentes en el mundo anglosajón-, pero tuvo que posponerse, identificaba a los actores y se sorprendía de que haya quien crea que en la historia hay algo cierto, como mantienen algunos ufólogos. "La idea de una conspiración podía haberme atraído a los 15 años, pero no ahora. ¿Cómo se consigue que tanta gente guarde silencio? Las conspiraciones de ese tipo se deben a las visiones de cuatro iluminados y de cuatro aprovechados", sentencia Barceló.


Ufólogos en el planeta rojo

Kenneth Arnold, un hombre de negocios estadounidense, vio en junio de 1947 nueve objetos que no supo identificar cuando volaba en su avioneta en el estado de Washington. Habían aparecido los platillos volantes y Marte fue pronto señalado como su origen. El primer humano que aseguró haber hablado con un tripulante de esas naves fue George Adamski, un cocinero de un puesto de hamburguesas de monte Palomar. Ocurrió en 1952 y su interlocutor se llamaba Orthon. Las fotos de tapas de aspiradora hechas por Adamski todavía se incluyen en los libros sobre ovnis como correspondientes a naves alienígenas.

El ufólogo gallego Óscar Rey Brea dijo en 1954 que había descubierto una correlación entre las apariciones de platillos volantes y las épocas de mayor proximidad de Marte y la Tierra. Esta teoría fue asumida por el catalán Antonio Ribera y otros aficionados a los ovnis para los cuales los marcianos viajaban a nuestro planeta cuando ambos mundos se encontraban cercanos, una vez cada veintiséis meses. Tras la llegada a Marte de las primeras sondas, los extraterrestres se trasladaron hasta donde nadie ha llegado jamás.

LOS MÁS GAMBERROS. Los marcianos de Tim Burton no dejaron títere con cabeza.

Pequeños hombres verdes

Los violentos invasores de Herbert. G. Wells se transmutaron a mediados del siglo XX en las víctimas de las Crónicas marcianas (1950), de Ray Bradbury, en las cuales los habitantes del planeta rojo sucumben ante la llegada del hombre. "La de Bradbury es una obra poética sobre el trato con el diferente", indica Miquel Barceló, experto en ciencia ficción y catedrático de Informática de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

Edgar Rice Burroughs, el padre de Tarzán, escribió varias novelas ambientadas en el planeta rojo. En Una princesa de Marte (1911), habla de "los hombres verdes de Marte". Se asume habitualmente que ése es el origen de los pequeños hombres verdes que, en la cultura popular, se identifican con los extraterrestres por excelencia y, en la ciencia ficción, con los más molestos alienígenas.

En Marciano, vete a casa (1955), una novela de Fredric Brown, mil millones de chismosos y gamberros visitantes aparecen de repente en nuestro planeta para hacer judiadas a todo aquél que se cruza en su camino. Son pequeños hombres verdes, como los protagonistas de Mars attacks (1996), película que sirve a Tim Burton para hacer una despiadada crítica de la sociedad estadounidense, ridiculizando como pocas veces a los inquilinos de la Casa Blanca.

Marte humano

El hombre se ha adaptado a Marte con diferentes estrategias: en Homo plus (1977), de Frederik Pohl, transforma su cuerpo para sobrevivir; en la trilogía Marte rojo (1993), Marte verde (1994) y Marte azul (1996), Kim Stanley Robinson cambia el planeta; y, en Marte se mueve (1993), máquinas moleculares ayudan al ser humano a sobrevivir en un entorno hostil. "Mucha gente ha puesto historias en Marte en estos últimos años", dice Barceló, para quien Misión a Marte (2000), de Brian de Palma, es una película "muy digna".

El planetólogo Agustín Sánchez Lavega cree que la exploración intensiva de Marte llevará décadas. Sin embargo, algunos de los enigmas científicos puede que empiecen a resolverse pronto gracias a misiones como la europea Mars Express, que llega al mundo vecino mañana. "La ciencia ficción tendrá que llevarse la frontera a otra parte", advierte Barceló. Habrá otros planetas, pero no serán Marte.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Una ventana crítica al mundo del misterio

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