29 Oct 2008
27 Oct 2008
La Biblia y la arqueología son una extraña pareja. Como recuerdan Levy y sus colaboradores en Proceedings, el maridaje entre ambas vivió su Edad de Oro entre las dos guerras mundiales. Parecía entonces que los hallazgos arqueológicos respaldaban el Antiguo Testamento, que la ciencia confirmaba la validez histórica del libro sagrado. Su máxima expresión popular fue Y la Biblia tenía razón, libro de Werner Keller del que se han vendido desde 1955 más de 10 millones de ejemplares. El feliz emparejamiento de ciencia y tradición fue un espejismo. Desde los años 80, destacados historiadores han probado que casi todos los episodios históricos del Antiguo Testamento son fantasías y establecido que estas minas eran del siglo VII a C.
Levy y sus colegas plantean ahora que son del siglo X aC y, por tanto, habrían suministrado cobre al rey Salomón, quien vivió en esa época según la tradición. ¿Qué pruebas presentan? "No veo ninguna conexión entre Khirbat en-Nahas y Salomón", indicó ayer a este periódico Israel Finkelstein, arqueólogo de la Universidad de Tel Aviv y autor -junto con Neil Silberman- de La Biblia desenterrada (2001), obra que desmonta la historicidad del libro santo a la luz de la ciencia histórica. "Creer literalmente la descripción bíblica de Salomón es ignorar dos siglos de investigación bíblica", añade. Finkelstein y otros historiadores han concluido que, de haber existido y no ser una creación de los sacerdotes del siglo VII aC que inventaron en el Antiguo Testamento un pasado común glorioso para todos los hebreos, David y Salomón fueron, como mucho, líderes tribales y su Jerusalén, una pequeña ciudad. Quién controló la explotación minera de Khirbat en-Nahas es una incógnita, pero el equipo de Levy ha encontrado en el lugar escarabajos egipcios, la gran potencia regional.
No es la primera vez, ni será la última vez, que la arqueología se vincula a la Biblia con más fe que pruebas: en mayo pasado, arqueólogos alemanes anunciaron que habían encontrado en Etiopía el palacio de la reina de Saba, personaje legendario conectado con el rey Salomón; en agosto de 2004, un historiador británico presentó a la prensa la cueva donde Juan Bautista habría celebrado ritos iniciáticos; y en un museo israelí se expone una barca como en la que navegó por Jesús, simplemente porque fue descubierta en el mar de Galilea y data del siglo I. Siguiendo esa misma lógica, una capa roja de mediados del siglo XX en una granja de Kansas podría ser de Superman.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
26 Ago 2008
Según el Génesis, poco después de la Creación, la corrupción se generalizó entre los hombres hasta tal punto que Yahvé se arrepintió de su obra y decidió acabar con todos los seres vivos. Sin embargo, mostró piedad hacia Noé -"el varón más justo y cabal de su tiempo" (Gén. 6, 9)- y le dio instrucciones para que construyera una embarcación de tres cubiertas en la que encontraran refugio él, su mujer, sus tres hijos y las esposas de éstos. Además, le pidió que metiera en ella una pareja "de todo ser viviente" (Gén. 6, 19) -posteriormente, le dijo que fueran siete parejas de cada ave y animal puro, y una de cada impuro-, después de lo cual empezó a diluviar. Cuando bajaron las aguas, el arca encalló "sobre los montes de Ararat" (Gén. 8, 4), desde donde los supervivientes -animales y seres humanos- partieron para repoblar la Tierra. Hasta aquí, el relato bíblico; pero ¿hubo un Diluvio Universal?
Un barco inmenso
Quienes consideran la Biblia un libro de historia dicen que sí. Son millones de personas en Occidente. Otros muchos millones creen que la narración del Antiguo Testamento se refiere a lo ocurrido durante una inundación en Mesopotamia, la región del Tigris y el Éufrates, y también hay quien piensa que todo es un mito: que nunca hubo un arca, ni un Noé, ni nada parecido. La idea de una inundación universal se ve aparentemente respaldada porque existen en el mundo más de 250 relatos de esta naturaleza, desde Mesopotamia hasta los pueblos indígenas americanos, pasando por India y China. Así, pues, examinemos si fue posible.
No se conoce ningún mecanismo natural por el cual pueda quedar sumergido todo el planeta, hasta las montañas más altas. Además, ¿dónde fue a parar después toda esa agua? Cabe aducir que cayó de la nada y fue a parar a la nada gracias a sendos milagros divinos; pero la historia y la ciencia no entienden de milagros, fenómenos que, por cierto, han ido desapareciendo según ha ido avanzando el conocimiento humano. Desde el punto de vista logístico, tampoco resulta factible que Noé y los suyos -cuatro hombres y cuatro mujeres- afrontaran con éxito la tarea que Yahvé encargó al primero.
El dios del Antiguo Testamento pide a Noé que construya un arca de madera de 140 metros de largo, 23 de ancho y 14 de alto. Un navío grande; pero no lo suficiente como para meter en él a una pareja de cada especie viviente. Porque, en 2005, había identificadas en la Tierra 1.085.000 especies de insectos, 400.000 de bacterias, 270.000 de plantas, 72.000 de hongos, 19.000 de peces, 9.700 de aves, 6.300 de reptiles, 5.000 de virus, 4.300 de mamíferos, 4.200 de anfibios, según el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas. Y se cree que hay muchas más que no conocemos.
Los problemas de Noé
"Noé contaba 600 años cuando acaeció el diluvio" (Gén. 7, 6) y, aun ayudado por su mujer, sus hijos y sus nueras, nunca pudo construir una embarcación capaz de acoger una pareja de todo bicho viviente. Nadie podría hacerlo. Además, había que disponer a los animales estratégicamente -el león lejos de la gacela o cualquier otra sabrosa presa; las aves, de los insectos...- y disponer de miles de metros cúbicos para almacenar el alimento para que subsistieran todos hasta la retirada de las aguas. Eso por no hablar de cómo llegaron hasta el arca los pingüinos, los dragones de Komodo, los canguros, los pandas...; y de cómo repoblaron luego el mundo de tal manera que, nada más salir, el lobo no se merendara al conejo o éste no se comiera la zanahoria recién brotada.
Los geólogos no han encontrado ni rastro de una inundación planetaria hace miles o millones de años. Las pruebas contra la veracidad histórica del relato bíblico son tan sólidas, que mucha gente se inclina por un fenómeno local ocurrido en Mesopotamia para explicar lo vivido por Noé. ¿Pero cómo va a acabar Yahvé con todos los seres vivos de la Tierra inundando sólo una región? ¿Por qué Noé construye un arca cuando podía, simplemente, haberse ido con los suyos caminando a otra parte? ¿Por qué tiene que coger una pareja de cada especie, incluidas aves que podían salir volando más allá de la zona anegada?... Demasiadas preguntas sin respuesta. La que lo tiene es la de por qué existen múltiples tradiciones diluviales.
La narración más antigua del un Diluvio Universal está en el Poema de Gilgamesh, un relato mítico mesopotámico -posiblemente inspirado en una gran inundación- que adaptaron los autores del Génesis a sus necesidades. Con el paso de los siglos, como apunta el geólogo Xabier Pereda Suberbiola, el relato de Upnapishtim, el Noé sumerio, pasó de pueblo en pueblo y, ya transformado en su versión bíblica, fue divulgado por los misioneros cristianos, hasta que acabó siendo asimilado y adaptado a su realidad por distantes culturas. Así pudo universalizarse una historia poco ejemplarizante, en la cual un padre omnipotente decide ahogar a todos sus hijos porque uno de ellos -el hombre- no se porta como es debido.
El libro
Ararat. Tras el arca de Noé, un viaje entre el mito y la ciencia (2007): El periodista Frank Westerman protagoniza un viaje con la historia bíblica del Diluvio como leitmotif.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
09 Ago 2008
"Esta historia de la liberación de los israelitas de la servidumbre es tan importante que los libros bíblicos del Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio -nada menos que cuatro quintas partes de las escrituras fundamentales de Israel- están dedicados a los trascendentales acontecimientos vividos por una sola generación en poco más de cuarenta años", apuntan los arqueólogos Israel Finkelstein y Neil A. Silberman en La Biblia desenterrada (2001). Milenios después, la autenticidad del relato es incuestionable para el nacionalismo hebreo, que ve en él el pilar de sus derechos históricos sobre el terreno que ocupa el actual Israel. ¿Pero ocurrió en algún momento lo que cuenta la Biblia?
Un bebé en una cesta
La historia de los israelitas en Egipto arranca con José. Hijo de Jacob, nieto de Isaac y biznieto de Abraham, llega a la tierra de los faraones como esclavo, después de haber sido vendido por sus hermanos. Acaba, sin embargo, siendo un personaje influyente en la corte -llega a ser visir- y ofreciendo asilo a sus hermanos cuando el hambre castiga Canaán. Los descendientes de Jacob se asientan entonces en Egipto y se multiplican durante más de 400 años hasta que un faraón los esclaviza por miedo a que le traicionen. El monarca ordena ejecutar a todos los niños hebreos; pero uno se salva milagrosamente en una cesta que recoge del Nilo una de las hijas del faraón: se llama Moisés, se educará en la corte y liderará la revuelta de los israelitas, a los que, como intermediario con Yahvé, guiará hasta la Tierra Prometida.
Al igual que sucede con el relato del Diluvio, los orígenes del liberador de los hebreos son una copia de una leyenda mesopotámica anterior, de finales del tercer milenio antes de Cristo (aC). A Sargón de Akad, el creador del primer imperio de la Historia, su madre lo tuvo en secreto y lo puso en una cesta que depositó en el río Éufrates. Recogido de las aguas y criado por un jardinero, con el tiempo se ganó el favor del rey Ur-Zababa, a quien se cree que usurpó el trono. Las similitudes entre los orígenes de Moisés, cuyas peripecias se sitúan hacia 1300 aC, y el rey de Akad no invalidan, no obstante, la posible existencia histórica del primero. Son muchos los personajes de carne y hueso, como el propio Sargón, cuyos orígenes se han embellecido con leyendas increíbles; Moisés podía ser simplemente uno más.
La estancia de los israelitas en Egipto está documentada sólo en la Biblia, donde se dice que eran más de 600.000 cuando emprendieron el Éxodo. La huida suele situarse cronológicamente en tiempos de Ramsés II, el más poderoso de los faraones. Sin embargo, a pesar de que los egipcios lo documentaban todo, no hay ni una referencia en sus textos a la presencia masiva de hebreos en el país, lo que resulta tan extraño como que Moisés y los suyos consiguieran dar esquinazo al ejército más poderoso del mundo. ¿Podría un grupo de desheredados huir hoy en día de las tropas estadounidense a través de un desierto plagado, además, de instalaciones militares?
Historia y milagros
Los autores bíblicos recurren a prodigios para que el pueblo elegido se imponga a la superpotencia. Primero, las diez plagas obligan al faraón a prometer que los dejara marchar; luego, cuando el rey incumple su palabra, el mar Rojo se abre para facilitar la huida de los fugitivos y cerrarse sobre las tropas egipcias. La Historia no entiende de milagros -son cosa de la religión- y, aunque ha habido quienes han intentado encontrar explicaciones naturales a estos prodigios vinculándolos, por ejemplo, con la erupción de Santorini, la opinión más extendida es que estamos ante hechos inventados. Y no sólo en el caso de las plagas y la apertura de las aguas del mar Rojo.
A la ausencia de documentos escritos que confirmen el cautiverio en Egipto y la improbabilidad de que las huestes de Moisés eludieran al ejército del faraón, se suma la carencia de restos materiales. Durante los cuarenta años que, según el relato, los descendientes de Jacob vagaron por la península del Sinaí, no sólo evitaron todas y cada una de las fortificaciones egipcias que salpicaban el territorio, sino que además consiguieron no dejar huellas para la posteridad. La misma arqueología que ha encontrado vestigios de nuestros antepasados en Atapuerca ha sido incapaz de dar con el menor resto del calvario de décadas que sufrió la multitud que seguía a Moisés.
La conclusión es evidente: el Éxodo no sucedió. Es una invención de los redactores del Antiguo Testamento que responde a la necesidad de dotar de un pasado glorioso a los israelitas. No hay constancia histórica de la existencia de Moisés, como tampoco la hay de las de Abraham, Isaac, Jacob y otros personajes bíblicos. Los encuentros de Moisés con Yahvé en lo alto del monte Sinaí, donde recibe las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos, la caída de los muros de Jericó a los sones de las trompetas y la prodigiosa Arca de la Alianza forman parte de una narración mítica, salpicada de elementos históricos reales como hacen desde siempre los novelistas para dar verosimilitud a sus tramas.
El libro
La Biblia desenterrada (2001): Israel Finkelstein y Neil A. Silberman examinan el Antiguo Testamento desde el punto de vista de la arqueología.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
01 Abr 2008
Para empezar, no estamos ante una broma del April Fools Day, el equivalente anglosajón de nuestro Día de los Inocentes, que se celebra el 1 de abril. La historia tiene su origen en una nota de prensa de la Universidad de Bristol por la publicación de un libro, A sumerian observation of the Köfels' impact event. Los autores son Alan Bond, ingeniero mecánico y director de la firma Reaction Engines Limited, y Mark Hempsell, físico y astrónomo de la Universidad de Bristol. Sostienen que han traducido la tablilla cuneiforme conocida como El planisferio, datada hacia 700 aC y descubierta en las ruinas de Ninivé, y que contiene una copia asiria de las anotaciones de la observación de un asteroide por un astrónomo sumerio hace 5.000 años. Añaden que, según una simulación informática que han hecho, el planetoide habría caído luego en Köfels, en los Alpes austriacos, provocando un gigantesco deslizamiento de tierras.
Hempsell ha ido más lejos en la, ya sorprendente, interpretación de la inscripción. No sólo está convencido de que la tablilla describe la caída de un asteroiode hacia 3123 aC, sino que también sostiene que el impacto podría haber causado la desaparición de las bíblicas Sodoma y Gomorra. ¿Qué pruebas ha presentado de todo ello? Por ahora ninguna, pero eso no importa para que los periodistas nos lancemos a fantasear, algo que, además, viene bien a las ventas del libro recién publicado.
24 Dic 2007
Orígenes idealizados
"Jesús existió", afirma Mario Saban, historiador experto en los orígenes del cristianismo y el judaísmo. El primer problema al que se enfrenta una aproximación histórica a la Natividad es que los evangelios se redactaron mucho después de haber sucedido los hechos que narran. El de Mateo, se calcula que entre los años 70 y 80; el de Lucas, entre 80 y 90. "Lo más antiguo de los evangelios es el relato de la Pasión. Son los primeros recuerdos que se ponen por escrito. Los últimos, los de la infancia", explica Rafael Aguirre, profesor de Teología de la Universidad de Deusto.
Para este historiador, los textos sobre la infancia son una especie de "prólogos teológicos elaborados de acuerdo con la hermenéutica judía, que recurre al Antiguo Testamento, a técnicas midrásicas, a leyendas.... No estamos ante relatos históricos, lo que no quiere decir que no incluyan datos históricos". Aguirre destaca que las dos versiones de la Natividad, contradictorias entre sí, carecen de intención histórica. "Todo grupo social llega un momento en el que da una interpretación idealizada de sus orígenes y de los de su fundador. Eso es lo que hace la comunidad cristiana".
Hijo de virgen
Es décadas después de la muerte de Jesús cuando sus seguidores recrean su nacimiento, "teniendo en cuenta el curso de su vida, elaborando el relato a partir de tradiciones judías y utilizando una serie de motivos muy frecuentes en el mundo mediterráneo a la hora de presentar a los grandes personajes", dice Aguirre. Uno de esos motivos es el imposible nacimiento de madre virgen, que conecta éste con otros alumbramientos milagrosos de grandes figuras de la Historia y sirve para diferenciar a Jesús del resto de los profetas.
"¿Para qué incluye Mateo al principio de su evangelio la genealogía de José si luego aparece el Espíritu Santo y José no es el padre biológico de Jesús?", se pregunta Saban, quien recuerda que, en la versión de Lucas, María va después del alumbramiento al templo a purificarse: "¿Para qué lo hace si ya es pura?". Aguirre señala que la inclusión de la genealogía de José enraiza a Jesús en el linaje de David, en cumplimiento de las profecías.
Fecha y lugar de nacimiento
El día que Jesús vino al mundo no fue el 25 de diciembre del año 1 antes de Cristo (aC). A partir de lo que escribe Mateo, se deduce, no obstante, que Jesús nació antes de 4 aC, año en el que muere Herodes. "Pudo ser entre 6 aC y 4 aC", apunta Saban. El censo romano del que habla Lucas -"tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino"- hay que descartarlo como fecha de referencia porque se hizo en el año 6, según Flavio Josefo, diez años después de la muerte de Herodes.
Los cristianos -excepto los ortodoxos- conmemoran el natalicio el 25 de diciembre desde que en 350 el papa Julio I lo declaró fecha oficial de la Navidad. Era el día en que los romanos celebraban la festividad del "nacimiento del sol invicto", Mithras, el alargamiento del día frente a la noche invernal, la victoria de la luz sobre las tinieblas. La Iglesia se apropió así de una fiesta pagana. Sin embargo, la época del año del episodio bíblico no está clara, aunque los pastores a los que el ángel anuncia el nacimiento del Salvador dan una pista.
"Dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño", escribe Lucas. En Judea, los pastores y el ganado no podían pasar la noche al aire libre entre noviembre y febrero. Hacía demasiado frío. Mario Saban cree que Jesús pudo nacer a principios de otoño. Este historiador cree que el establo bíblico puede ser una deformación de la cabaña que cada familia judía debía construir y en la que tenía que pasar ocho días durante la festividad de Sukot, en recuerdo -según la Torá- de las cabañas que Dios hizo para su pueblo cuando salió de Egipto.
Los dos evangelistas sitúan los hechos en Belén. Mateo coloca a María y José en la aldea desde el principio, pero Lucas recurre al censo inexistente para justificar su mudanza desde Nazaret. La elección de Belén para el nacimiento de Jesús puede responder no a la realidad, sino a la necesidad de cumplir la profecía de Miqueas (5, 1-3): "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel". Es la explicación que dan los sacerdotes a Herodes cuando éste les pregunta dónde va a nacer Jesús.
Circuncisión y año nuevo
Cuenta Lucas (2, 21) que, "cuando se cumplieron ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús". Hasta entonces, el bebé careció de nombre. "¿Por qué el nuevo año no empieza el día del nacimiento de Jesús? ¿Qué se festeja en Año Nuevo? En la tradición judía, el bebé no recibe el nombre hasta que es circuncidado. Jesús se llama Jesús el 1 de enero, cuando se festeja la circuncisión de Nuestro Señor", indica Mario Saban.
Visita de los magos
La Navidad acaba con la festividad de Reyes, que conmemora la visita a Jesús en Belén de "unos magos que venían del Oriente" con oro, incienso y mirra. La narra sólo Mateo, que ni dice cuántos eran ni los identifica. Que los peregrinos fueron tres y sus nombres es algo de siglos posteriores. Los Reyes Magos fueron muy posiblemente un invento del evangelista para otorgar universalidad al Mesías, adorado por extranjeros mientras su paisano Herodes le quiere matar. Entregar regalos el 6 de enero entronca, según Saban, con la costumbre judía de hacérselos al recién nacido después de su circuncisión.
La estrella de Belén, que los astrónomos llevan siglos intentando identificar, sería también un añadido simbólico, en opinión de los historiadores. Como en el nacimiento de otros grandes personajes, en el de Jesús era necesario un signo en el cielo. "La estrella es un símbolo del Mesías", señala Rafael Aguirre. Además, en el libro de los Números (24,17), el vidente Balaam pronostica el esplendor de Israel de la mano de un caudillo que tendrá una estrella como símbolo. La estrella con estela, ahora tan común en los belenes, es un invento de Giotto en su Adoración de los magos, de 1304, tres años después de una visita del cometa Halley.
La matanza de los menores de dos años ordenada por Herodes, y narrada por Mateo, es un reflejo de la ordenada por el faraón en tiempos de Moisés. Según Aguirre, junto con la posterior huida a Egipto, responde a la intención del evangelista de presentar a Jesús como el nuevo Moisés, como el nuevo Israel. Así acaba la recreación de los orígenes de Jesús, en los que prevalece lo simbólico sobre lo histórico.
"La lectura histórica no tiene sentido", dice Rafael Aguirre
Los evangelistas mezclan datos históricos con símbolos, mitos y tradiciones judías, lo que hace que los textos resulten a veces contradictorios. ¿Por qué los Magos aparecen en Mateo y Lucas los ignora? ¿Por qué José y María están en una versión en Belén y en la otra tienen que viajar a la aldea desde Nazaret? ¿Fue Jesús a Egipto, como dice Mateo, o estuvo siempre en su tierra, como se desprende de Lucas? "Buscar una concordancia entre los dos textos no tiene sentido. No estamos ante libros de historia en el sentico moderno de la palabra", indica Aguirre. Este teólogo destaca el valor de estas narraciones para los creyentes, pero también para quienes no lo son. Para estos últimos, la Natividad sería una de las grandes historias míticas de la cultura occidental.
¿Divino o humano?
Mario Saban mantiene que "la Biblia es todo un gran problema de intepretación". Para él, en consonancia con la tradición judía, Jesús no fue Dios hecho hombre, sino un rabino cuya figura sus seguidores ensalzan en sus crónicas de los hechos. "Es un rabino brillante divinizado en el siglo IV". ¿Qué es lo que ocurrió en el siglo IV? Que Constantino convierte el cristianismo en la religión del Imperio romano.
La institucionalización de la Iglesia se plasma en una serie de concilios. El de Nicea establece en 325 como dogma la divinidad de Jesús; el de Constantinopla de 381 sienta las bases de la Trinidad; y el de Éfeso de 431 proclama que María, al ser madre de Jesús, es madre de Dios. "Jesús existió en el siglo I y Cristo apareció en el IV", sentencia Saban.
Para este historiador, el personaje evangélico se corresponde con un rabino fariseo de la corriente más aperturista -de ahí su enfrentamiento con los otros fariseos que santifican el sábado en detrimento del hombre- al que los romanos ejecutan por temor a que encabece una rebelión contra el Imperio. Antes de crucificar a Jesús, Roma había ejecutado a veinticuatro pretendientes a mesías que habían liderado otras tantas insurrecciones.
Publicado originalmente en El Correo.
22 Dic 2007
26 Dic 2006
El documental de Jacobovici es tan espectacular como engañoso. Repleto de efectos especiales vistosos y caros -la producción costó 3,5 millones de dólares-, es como esas películas tras cuyas explosiones y escenas más asombrosas no hay nada, que resultan previsibles desde el arranque. Porque lo que hace el cineasta canadiense es apoyarse en pruebas circunstanciales para reinterpretarlas a su modo, tergiversarlas y retorcerlas hasta que parecen apoyar su tesis: que la narración bíblica de la huida de Egipto ocurrió en realidad, algo que ningún arqueólogo sostiene hoy en día. Así, manipula a su gusto el texto de la estela de Ahmosis, descubierta a mediados del siglo pasado en Karnak; convierte a los hicsos en los israelitas para situar al pueblo elegido en el país del Nilo; achaca las diez plagas a la erupción de la isla de Thera; resitúa el monte Sinaí; transforma una estela micénica con sus típicas espirales en una representación de la muerte de las tropas del faraón bajo las aguas levantadas por Dios para proteger a pueblo; y ve el altar sagrado, la rampa del tabernáculo y el Arca de la Alianza en una pequeña joya del llamado tesoro de Agamenón. Tanto despropósito está rodeado de declaraciones -convenientemente editadas- de arqueólogos que, en ningún caso, respaldan abiertamente la tesis del director del producto, aunque dé la impresión contraria
"El Exodo descifrado se parece a El código da Vinci", ha escrito en un artículo Bryant G. wood, un conocido arqueólogo creacionista, respecto al rigor de este documental. Jacobovici, cuyo trabajo ha recibido muchas críticas desde su estreno, hace descansar la esencia del relato bíblico -desde las plagas hasta la apertura del mar Rojo- en los efectos de la erupción de Thera, lo que resulta forzado por la sucesión de podrías que plaga la narración, de improbabilidades que obliga a coincidir. Lo presentado ayer en Cuatro, por mucho que esté avalado por James Cameron, tiene tanto fundamento como lo que defiende en la serie Planeta encantado Juan José Benítez, para quien el Arca de la Alianza fue un arma "mortífera" al servicio de los israelitas y que cifra las víctimas del "objeto santo" en más de un millón de muertos. Mueve a la risa las veces que el narrador dice que ha descubierto una prueba clave en una pieza que han estudiado los arqueólogos durante décadas sin haber caído en la cuenta de lo que él ve a las primeras de cambio.
Ningún texto egipcio, de los muchos que hay, menciona nada de la esclavitud de los isrealitas ni de su huida bajo el liderazgo de Moisés. Escapar del ejército del faraón hubiera sido imposible para un grupo de desheredados que, de conseguirlo, se habría enfrentado después a las guarniciones egipcias del Sinaí y Canaán. Por si eso fuera poco, los israelitas no dejaron rastro de su larga estancia en el desierto. La acción del Éxodo se suele situar en tiempos de Ramsés II (1304-1237 aC) -Jacobovici lo adelanta unos dos siglos para hacerlo coincidir con la cronología más reciente atribuida a la castástrofe de Thera-. Sin embargo, "los detalles más evocadores y geográficamente más coherentes del relato del éxodo proceden del siglo VII aC", destacan los arqueólogos Israel Finkelstein y Neil A. Silberman, en su magnífico libro de La Biblia desenterrada (2001). El Éxodo, sencillamente, nunca ocurrió, fue un invento muy posterior al tiempo en el que se sitúa. El documental de Jacobovici es el típico subproducto envuelto de manera vistosa para consumo de integristas, porque la Biblia no es un libro de Historia.
02 Sep 2005
"Dan Brown es un novelista, es libre de escribir lo que quiera, pero los que se autodenominan descifradores intoxican cuando mantienen la confusión bajo las apariencias de un conocimiento riguroso". La frase es de la periodista Marie-France Etchegoin y del filófoso y sociólogo Frédéric Lenoir, autores de El código Da Vinci: la investigación (2004), un libro que sitúa en su justo término histórico lo que el autor estadounidense presenta como hechos reales en su superventas. El ensayo de Etchegoin y Lenoir es instructivo, divertido y, encima, no hace falta haberse leído la obra de Brown para entenderlo todo y darse cuenta de la desfachatez del novelista y de la incompetencia como historiadora del arte de su esposa, Blythe, quien le ha ayudado como documentalista en sus historias.
El código Da Vinci: la investigación es lo único que se salva de la montaña de títulos publicados en España en los últimos meses para aprovechar el tirón de la novela de Brown, a juicio del historiador y periodista Julio Arrieta. Él se los ha hojeado todos; yo sólo he consultado algunos, con el frustrante resultado de encontrarme ante colecciones de tonterías pseudohistóricas al estilo de Lorenzo Fernández Bueno y su Los guardianes del secreto. Arrieta es uno de los escépticos españoles más cultos y por eso, cuando me recomienda una obra, no lo dudo un instante: la cojo de la estantería de la librería donde estemos y me la llevo a la caja. Yo ya había disfrutado de la crítica a El código Da Vinci de José Luis Calvo; pero quería más. El libro de Etchegoin y Lenoir casi me ha saciado, y además me he reído en algunos momentos de las meteduras de pata del autor estadounidense.
Hay dos tipos de best sellers, aquéllos en los que el autor se ha molestado en verificar detalles y datos y los que son un cúmulo de despropósitos. La lectura de El código Da Vinci: la investigación deja claro, para quien todavía tenga alguna duda, que Brown es un indocumentado y que no hay que tomarse en serio nada de lo que presenta en su novela como cierto. "Como siempre, Dan Brown construye un buen número de invenciones alrededor de un elemento histórico verdadero", dicen Etchegoin y Lenoir cuando el novelista centra su atención en la llamada fuente Q, un hipotético documento que contendría sólo frases de Jesús y del que habrían bebido los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas. Lo que hace el autor de El código Da Vinci es lo mismo que hacen los charlatanes que se han lanzado en los últimos años a escribir novelas históricas y presuntas obras de investigación, dar al lector gato por liebre para cimentar una milenaria conspiración. Por eso, libros como el de Etchegoin y Lenoir resultan imprescindibles.
25 Ago 2005
Israel
Piedras para la fe
No pasa un año sin que se desentierren restos arqueológicos que confirman algún episodio bíblico. En 2004, fue una cueva presentada como el lugar donde Juan Bautista iniciaba a seguidores; aunque los hallazgos eran de época bizantina, de cientos de años después del profeta. Este mes, se han descubierto el palacio del rey David y la piscina de Siloé, en la que Jesús curó a un paralítico, según los Evangelios.
Ligar piedras a hechos de las Escrituras garantiza la atención de los medios a hallazgos que, si no, pasarían desapercibidos. La línea de razonamiento de los arqueólogos sensacionalistas suele ser del estilo de: hemos descubierto una barca de hace dos milenios en el mar de Galilea; Jesús vivió hace dos milenios en Galilea; luego Jesús pudo navegar en esa barca. Así que el titular que se vende es: encontrada la barca en la que Jesús navegó por el mar de Galilea. Eso ha pasado con la piscina de Siloé.
"En Jerusalén hay un montón de mikvaot, de piscinas rituales de los judíos. Entre 1969 y 1975, el arqueólogo Benjamin Mazar descubrió 40 sólo en la zona sudeste del Monte del Templo. La de este verano es una más. ¿La de Siloé? Puede que sí y puede que no. Además, ya hay otra piscina que se enseña a los turistas desde hace años como la de Siloé, con la misma base que la de ahora", indica el historiador José Luis Calvo. Respecto al palacio de David, el Jerusalén de la época -siglo X antes de Cristo- era una aldea y David, como Salomón, un caudillo tribal, por lo que la existencia de un palacio es muy improbable. "Sabemos que no hubo ningún éxodo de Egipto y que otros episodios del Antiguo Testamento nunca sucedieron. La Biblia no es un libro de Historia; es una obra que crea un pasado para un pueblo, con objetivos nacionalistas", sentencia el experto.
Roswell (Nuevo México, EE UU)
Autopsia de serie B
No hay estío sin ufólogos que monten vigilias nocturnas a la caza de platillos volantes. El mito nació en junio de 1947, cuando Kenneth Arnold, un hombre de negocios estadounidense, vio nueve objetos extraños cerca del monte Rainier. Quince días después, la prensa anunció que un platillo se había estrellado en Roswell. Desde entonces, los alienígenas desembarcan en los medios cuando las noticias flojean, aunque, como hace años que ellos mismos flojean, se han acabado refugiando en revistas donde hasta los coches tienen alma.
La última vez que salieron en la tele y la prensa a todo trapo fue en el verano de 1995, por una película de una autopsia a uno de los extraterrestres de Roswell. Los forenses y técnicos en efectos especiales que la vieron concluyeron que era un montaje: los médicos no llevan ni guantes ni trajes anticontaminación -se supone que están ante a un ser de otro mundo-, el cámara rueda de lejos y eludiendo los detalles, el cadáver está en una camilla y no en una mesa de autopsias... "Se trató de un burdo fraude con ánimo crematístico, en el que lo sorprendente es que se le otorgara crédito a un montón de especulaciones, suposiciones, licencias periodísticas y falta de sentido crítico", comenta Ricardo Campo, del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Laguna y miembro de la Fundación Anomalía.
El principal avalista de la cinta en España fue Javier Sierra, ufólogo ahora metido a autor de novelas históricas. Defendió su autenticidad en la prensa esotérica y en un libro -Roswell: secreto de Estado- en el que sostiene que el transistor es un invento basado en tecnología del platillo estrellado, que en realidad fue un globo para detectar ondas causadas por pruebas nucleares soviéticas. "Roswell es representativo de la ufología mundial: un bulo alimentado por los medios de comunicación y sistemáticamente explotado por los comerciantes de misterios imaginados", concluye Campo.
Lago Ness (Escocia, Reino Unido)
Un reptil longevo
Nessie es la serpiente de verano por antonomasia. Debutó en 1933 y, un año después, su imagen fue capturada en una foto en la que se ve un largo cuello y una pequeña cabeza que asoman sobre el agua del lago Ness. Eso atrajo a mucha gente hasta la región de Inverness, donde se estima que hoy en día el turismo del monstruo deja anualmente unos 40 millones de euros.
En 1994, se supo que la foto de 1933 -la más famosa y fiable- es un montaje hecho con una figura flotante; pero Nessie se resiste a morir. No hay verano que no acapare titulares, bien porque se va a explorar el lago con sónar, bien porque los organizadores de un triatlón contratan un seguro por 2,2 millones de euros -como pasó en julio- por si los participantes son atacados por el monstruo.
Sus seguidores lo presentan como un plesiosaurio, un reptil acuático de la era de los dinosaurios. Pero ¿cómo ha podido sobrevivir un único animal durante millones de años?, ¿es un monstruo de longevidad matusalénica?, ¿de qué se alimenta en el lago Ness, donde hay muy pocos peces? Si se trata de una población de varios ejemplares, ¿por qué no se ha encontrado nunca un cadáver? Además, el lago se formó hace sólo 12.000 años: ¿dónde estuvo Nessie hasta entonces?
Bélmez de la Moraleda (Jaén, España)
Caras de cemento
Fue considerado el "mayor misterio paranormal de todos los tiempos". Las caras de Bélmez aparecieron en el suelo de cemento de la cocina de una humilde vivienda de la localidad jienense el 23 de agosto de 1971. Pronto se llenó el pueblo de defensores de la paranormalidad del fenómeno que, sin embargo, no mostraban ninguna prueba... y de turistas.
"En el primer artículo que se publicó -en el Ideal de Granada el 18 de septiembre de 1971-, se ve una imagen de la dueña de la casa, María Gómez Cámara, llevando en la mano un fajo de fotos que vendía a los turistas por el entonces muy respetable precio de diez pesetas. La mujer aseguraba que no cobraba por visitar la casa, pero reconocía que los visitantes le pagaban un duro por cabeza", indica Fernando Frías, presidente del Círculo Escéptico, una organización dedicada al análisis crítico de lo paranormal de la que también forman parte Calvo y Campo. Se habló de fraude y, poco a poco, la historia fue apagándose. "Se decía que las caras las pintaba un pariente de María Gómez Cámara, fotógrafo de profesión y pintor aficionado. Nunca se sabrá con seguridad, pero lo cierto es que las caras que aparecieron tras la muerte de este hombre mostraban una técnica mucho más torpe, menos elaborada".
El misterio resucitó hace año y medio, después del fallecimiento de la dueña de la casa. Convencida por unos cazafantasmas, la alcaldesa, María Rodríguez, quiso comprar la vivienda para montar una centro de interpretación; pero el precio se disparó hasta 600.000 euros. Milagro de los milagros, aparecieron entonces caras en otras casas mucho más baratas. Los cazafantasmas certificaron su autenticidad; pero el parapsicólogo Francisco Máñez desveló cómo pueden hacerse caras de Bélmez con agua y aceite, y les acusó de fraude: "Les enseñé un método para fabricar falsas teleplastias, lo usaron y obtuvieron lo que se esperaba".