18 Ago 2009
El único medio español que sé que se ha hecho eco de la noticia, Periodista Digital, da la razón indirectamente a Collins, al publicar en su portada el hallazgo como si estuviera comprobado. Pero es que no lo está. Para empezar porque Collins es tan explorador como cualquiera de los fabuladores paranormales que se creen Indiana Jones por ponerse un chaleco de fotógrafo y un sombrerito. Es, en realidad, ufólogo y autor de libros de pseudoarqueología. Sostiene, por ejemplo, que las pirámides de Giza y otros monumentos de la Antigüedad se construyeron orientados hacia la constelación del Cisne. Como advierte MSNBC, el anuncio del hallazgo -que no se ha publicado en ninguna revista científica- es un adelanto del libro Beneath the pyramids (Bajo las pirámides), que saldrá a la venta en septiembre. Además, Skinner-Simpson, el presunto egiptólogo, no es tal, sino, como él mismo admite, un aficionado sin formación académica en esa área.
La expedición de Collins ha sido financiada por la Asociación de Edgar Cayce para la Investigación y la Iluminación Espiritual (ARE), que será la que publique su libro. Edgar Cayce (1877-1945) decía tener poderes paranormales, ser capaz de curar a distancia, ver el aura y el futuro. Predijo, entre otras cosas, que en 1958 Estados Unidos descubriría una especie de rayo de la muerte usado en la Atlántida, que China se convertiría al cristianismo en 1968, que parte de la Atlántida emergería hacia 1968 ó 1969... y anunció que bajo la esfinge de Giza están guardados archivos atlantes dejados allí por los constructores de los monumentos de la meseta, que procedían del continente perdido. Eso es, precisamente, lo que lleva buscando Collins en Giza más de diez años.
12 Jun 2009
Este bonito cuento de los Astérix y Obélix peninsulares habría llevado al éxtasis a Sabino Arana, el padre del nacionalismo vasco, y asoma tras las reiteradas declaraciones del ex lehendakari Ibarretxe sobre los 7.000 años de antigüedad del pueblo vasco. Pero choca, ay, con unos accidentes topográficos de origen indoeuropeo -Nervión, Deba…- y una ocupación romana equiparable a la de cualquier otro territorio del Imperio, entre otras realidades históricas. La obra de Charpentier vuelve a las librerías y lo hace como en su día, sin explicaciones, sin un prólogo o un epílogo de un historiador que ponga las cosas en su sitio y deje claro que la tesis de El misterio vasco está tan probada como la humorada de que los vascos somos de otro mundo. Porque los vascos venimos de donde el resto de los europeos; no somos especiales, ni superiores, ni el euskera -de cuya presencia no hay constancia en el actual territorio vasco hasta el siglo II- es la más antigua de las lenguas, como sostienen algunos iluminados. Únicamente desde la ignorancia, el sensacionalismo -como es el caso de Charpentier- o una visión histórica deformada por la ideología puede venderse lo contrario.
23 Feb 2009

29 Jul 2008
Cuenta Platón que hace unos 11.000 años existía más allá de las Columnas de Hércules -el Estrecho de Gibraltar- una isla más grande que el norte de África y Asia Menor juntas. Era el hogar de una avanzada civilización y debía su nombre a Atlas, rey de la isla y primogénito del dios Poseidón y la humana Cleto. Tierra de promisión, era un paraíso en el que abundaban las materias primas, y las fachadas de los edificios estaban cubiertas de metales preciosos. Los atlantes navegaban por todos los mares y fueron pacíficos hasta que se corrompieron, intentaron conquistar el mundo y acabaron chocando con los atenienses, quienes, solos, les derrotaron y liberaron a la Humanidad. Zeus hundió entonces la isla Atlántida en el mar como castigo a la impiedad de sus habitantes.
En mitad del océano
La Atlántida obsesiona a mucha gente casi 2.500 años después de Platón. Se calcula que se han publicado más de 25.000 libros sobre el continente perdido, en el cual algunos sitúan el origen de los indios norteamericanos, los vascos... La interpretación clásica del texto platónico localiza la isla en el Atlántico. Es por lo que apostó en 1882 en su libro Atlantis: the antediluvian world (Atlántida, el mundo antediluviano) el congresista estadounidense Ignatius Donnelly quien sentó las bases de la moderna atlantología. Mucho antes que Erich von Däniken y Charles Berlitz, leyó literalmente al filósofo griego, dijo que el desaparecido continente había estado en mitad del Atlántico y dejó escrito que fue allí donde el ser humano se civilizó.
Donnelly hizo escuela y, a pesar de que se han propuesto decenas de posibles ubicaciones de la Atlántida -desde la Antártida hasta Groenlandia, pasando por los Andes y Canarias-, situarla entre Europa y América es lo más habitual. La existencia de pirámides a ambas orillas del océano se explicaría, así, porque los supervivientes de la ira de Zeus habrían llegado hasta Egipto y Mesoamérica, y transmitido a los indígenas la sabiduría para levantar esos edificios. A primera vista, parece posible que el océano se haya tragado una isla del tamaño que dice Platón; pero hay un inconveniente insalvable: hasta un niño sabe que, por mucho que lo intentemos, en un rompecabezas de 100 piezas, la 101 no entrará jamás. Y eso es lo que pasa con la Atlántida, que no cabe en la Tierra.
La corteza de nuestro planeta es un rompecabezas de piezas que flotan sobre roca fundida. Las placas que forman los continentes y los fondos oceánicos crecen por lugares como la cordillera volcánica del centro del Atlántico, lo que hace que Europa se aleje de Norteamérica entre 1,8 y 2,5 centímetros anuales; se reducen donde se encuentran y una se hunde por debajo de otra o chocan entre sí para formar cordilleras como la del Himalaya; y acumulan tensión en puntos de encuentro donde provocan terremotos, como ocurre en California con la falla de San Andrés. Los continentes que existen son los que siempre ha habido, si bien se mueven y hubo un tiempo en que eran uno solo, llamado Pangea. No hay agujeros, espacio libre en el que en un pasado remoto cupiera una isla continente.
La gloria de Atenas
Los atlantólogos pasan por alto, además, que hace 11.000 años no había en el mundo ningún imperio. Sólo existían grupos de cazadores recolectores como los pintores de la cueva de Altamira. No había nada parecido al imperio de la Atlántida ni a Atenas porque todavía no había ciudades. Por eso los historiadores leen el relato del filósofo como una ficción moralizante en la que, ensalzando a su ciudad natal, se inventa un poder que conquista el Mediterráneo hasta que topa con los atenienses. En el fondo, como ha apuntado el arqueólogo Ken Feder, de la Universidad Central del Estado de Connecticut, es la misma historia que la de La guerra de las galaxias, pues ocurrió hace mucho, mucho tiempo, en un sitio muy, muy lejano, y está protagonizada por un malvado imperio que sucumbe ante un puñado de humanos libres abandonados a su suerte.
Es posible, no obstante, que haya algo de verdad en la historia de Platón. No hay que descartar, aunque probarlo sea imposible, que el filósofo se apropiara de hechos históricos reales para elaborar el relato de la Atlántida. Así, en 373 aC, pocas décadas antes de que escribiese los dos diálogos, hubo una importante ciudad del Peloponeso que se hundió en las aguas de la noche a la mañana. Se llamaba Helike, era la capital de la Liga Aquea y desapareció en una laguna tras un terremoto, en una catástrofe que se achacó a la ira de Poseidón. Sus restos se encontraron en 2001.
La estructura anillada de la capital de la Atlántida -en la cual se alternan canales de agua y masas de tierra hasta la isla central, donde está el templo a Poseidón- recuerda la de los núcleos urbanos de la cultura de Tartessos, desarrollada entre los siglos VIII y VI aC al suroeste de la Península Ibérica, más allá de las Columnas de Hércules. ¿Y el conflicto bélico entre atlantes y atenienses? Podría tratarse de una reedición de las Guerras Médicas (498-479 aC). Ocurridas en vida del filósofo, enfrentaron al poderoso Imperio Persa con los griegos y, en batallas como la de Maratón, los atenienses frenaron a las tropas invasoras, como luego harían con el imperio atlante en la obra de Platón.
El libro
En busca de la Atlántida (1998): Richard Ellis es el autor de este magnífico libro sobre el mítico continente cuya existencia ha persistido como una creencia durante más de dos milenios sin formar parte de ningún credo religioso.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
13 Jul 2007
Intervención sobre la Atlántida en el programa Bilbao la Nuit, de Bilbovisión, el 12 de junio de 2007.
15 Jun 2006
La serie original de Stargate está repleta de alusiones a los Antiguos, una raza que ha dejado la Vía Láctea plagada de puertas estelares -ingenios que permiten el viaje instantáneo entre mundos- y otros restos de su civilización, aunque de ellos casi nada se sabe. Stargate Atlantis -si no ha visto los dos primeros episodios y no quiere enterarse de detalles de la historia, sáltese este párrafo- comienza hace millones de años cuando los Antiguos hacen que la Atlántida, su ciudad, despegue de la Antártida rumbo a las estrellas. Ya en la actualidad, el comando Stargate encuentra sus restos en el Polo Sur, un equipo emprende un viaje sin retorno por la puerta estelar de las ruinas y llega a la Atlántida, que ahora está en un mundo de la galaxia Pegaso. Los exploradores se encuentran con que, para protegerla de una especie hostil, los Antiguos hundieron la ciudad en el mar del planeta al que fue trasladada y que, con su llegada, se despierta y el consumo de energía pone en peligro su integridad bajo el agua. Cuando parece que la estructura va ser aplastada por el mar, comienza a elevarse, hasta salir a flote. Los guionistas han hecho casar la leyenda de Platón -a la que en un momento hace referencia un personaje- con los hechos y hunden la ciudad en el océano, aunque sea de otro planeta, para una posterior subida a la superficie. Una vez más, la factoría Stargate introduce en la trama un elemento de lo que podíamos llamar pseudohistoria dänikeniana, y lo hace con cierta coherencia interna. Para eso están las leyendas, para jugar con ellas en la ficción.
Lo que más me agrada del guiño de Stargate Atlantis es que recupera y reinventa el mito. Lo actualiza y, 2.500 años después de Platón, lleva el nombre del legendario continente al título y a la esencia de una serie de televisión. Es ficción y es divertido que, tanto tiempo después del filósofo griego, su creación más popular emerja de las aguas y protagonice un producto que para muchos puede ser su primer contacto con la Atlántida. Estamos ante una prueba de que el mito -en el mejor sentido de la palabra- goza de excelente salud. "Entre todas las leyendas antiguas que han llegado hasta nosotros, el mito de la Atlántida es una de las más duraderas. No forma parte de ninguna cosmografía religiosa y ha durado miles de años pese a carecer de la ventaja de un clero que hiciera proselitismo. Mientras que el judeocristianismo tiene la Biblia el islamismo tiene el Corán y las religiones védicas tienen los Upanisad, no hay ninguna religión que se base en los principios atlantes y tampoco existe un libro que haya transmitido la sabiduría de los siglos. La Atlántida aparece por primera vez en el diálogo de Platón titulado Timeo, que es un tratado filosófico sobre la creación, pero el filósofo griego no fundó ninguna religión. El relato tiene tal poder de sugestión que ha perdurado por sus propios méritos, se ha transmitido, con frecuencia de palabra a palabra, a lo largo de dos milenios y medio, y hoy día, en una era que se caracteriza por maravillas tecnológicas como la energía atómica e Internet, la leyenda de la Atlántida sigue viva", dice Richard Ellis en En busca de la Atlántida (1998), el mejor libro sobre el tema publicado en España.
Trece libros hay en mi biblioteca que llevan el nombre del continente platónico en el título y del de Ellis es del que me acordé tras ver los dos primeros episodios de Stargate Atlantis. En los últimos años, no ha sido una obra fácil de encontrar, pero ahora eso va a cambiar, paradójicamente, gracias al tirón de un vendedor de misterios. Pedro Luis Gómez Barrondo, secretario del Círculo Escéptico (CE), me contaba hace una semanas que el bueno de Iker Jiménez pone su rostro a una colección de libros pseudocientíficos que va a publicar Círculo de Lectores. Se ha debido despistar y en la selección de libros se le ha colado el de Ellis entre las trolas de rigor de Santiago Camacho, Enrique de Vicente, Raymond Moody y Michael Drosnin. La obra de Ellis no se publicará hasta Navidad, pero yo que ustedes iría localizando algún amigo socio de Círculo de Lectores para que me lo consiguiera. Merece la pena.
Ellis, Richard [1998]: En busca de la Atlántida. Mitos y realidad del continente perdido [Imagining Atlantis]. Trad. de Jordi Beltran. Editorial Grijalbo (Col. "Huellas Perdidas"). Barcelona 2000. 393 páginas.
14 Sep 2005
Después de años de rastreo del subsuelo marino en el golfo de Corinto, el proyecto Helike acabó dando frutos gracias a que Katsonopoulou releyó los textos clásicos y concluyó que el poros en el que los autores decían que se había hundido la ciudad no sólo podía ser el mar, sino también una laguna interior; aunque hoy no existe en la región nada parecido a una laguna. A un kilómetro tierra adentro y a tres metros bajo tierra cerca de la población de Rizomylos, los investigadores hallaron los restos de una ciudad del siglo IV aC, debajo de una fina capa de arcilla con conchas de moluscos acuáticos. Lo más sorprendente es que, a 150 metros de la Helike clásica, los arqueólogos descubrieron una mucho más antigua -de entre 2600 y 2300 aC- que ya era una ciudad importante y mantenía contactos con la Troya de la época. Esta Helike de la Edad del Bronce, desconocida hasta ahora, también tuvo un final trágico y fue sepultada en el agua por un terremoto y un tsunami, como su sucesora.
¿Se inspiró Platón en la Helike clásica a la hora de destruir la Atlántida? Es posible que sí, que la proximidad temporal del hecho -ocurrió en 373 aC, en plena vida del filósofo- y el recuerdo de una gran ciudad griega castigada por Poseidón, y borrada del mapa de la noche a la mañana, le sirvieran de materia prima para un bello relato legendario. Pero nunca lo sabremos con certeza.
16 Ago 2005
La leyenda del continente perdido nace a mediados del siglo IV aC, cuando Platón la recoge en dos de sus diálogos, Timeo y Critias. Cuenta el sabio que, hace unos 11.000 años, se desarrolló en la gran isla de la Atlántida, más allá del Estrecho de Gibraltar, una rica civilización que revestía las fachadas de los edificios de su capital con metales preciosos y cuya flota navegaba por todos los mares. Cegados por la ambición, los reyes atlantes se lanzaron a la conquista del Mediterráneo oriental y fueron derrotados por Atenas. Zeus los castigó por su corrupción y la isla se hundió en el océano en un día y una noche.
Gutscher cree que la catástrofe literaria pudo tener su origen en uno de los terremotos y tsunamis que se dan en el Estrecho cada 1.500 ó 2.000 años, según los registros geológicos. En el último, ocurrido en 1755 y que destruyó Lisboa, las olas alcanzaron los diez metros de altura. El investigador ha encontrado en el lecho marino -en lo que se conoce como el banco de Espartel, frente a Tánger- un depósito de sedimentos sacudidos por un seísmo submarino hace 12.000 años. La idea de que la isla de Espartel, ahora a 60 metros bajo el mar, pudo ser la Atlántida la propuso en septiembre de 2001 el geólogo francés Jacques Collina-Girard. Según él, la masa de tierra emergida habría tenido 14 kilómetros de longitud. Los sondeos en los que se basa Gutscher achican la isla hasta los 5 kilómetros de largo y no han detectado rastro de estructuras hechas por el hombre. "La cuestión sigue abierta: ¿estuvo la paleoisla de Espartel habitada hace 12.000 años?", se pregunta al final del artículo.
Si nos referimos a una civilización como la de la Atlántida platónica, no. Hace 12.000 años, no había en el mundo ningún imperio; sólo tribus de cazadores recolectores. No existía nada remotamente parecido a la Atlántida ni a Atenas porque no había ninguna ciudad. Por eso la mayoría de los historiadores considera el relato del filósofo una ficción, con fines moralizantes, en la que la corrupción humana desemboca en un castigo divino.
Platón habría confeccionado la fábula con una mezcla de elementos míticos e históricos. Así, parte de la descripción de la Atlántida -el núcleo urbano ordenado en anillos y la riqueza de minerales- puede corresponder con Tartessos, la cultura que se desarrolló en el sur de la Península entre VIII y VI aC. El conflicto armado sería una reedición de las guerras médicas (498-479 ac), en las que los griegos derrotaron a los invasores persas. ¿Y el catastrófico final?
Hubo una gran ciudad en el golfo de Corinto, en Grecia, que desapareció bajo las aguas en un día y una noche después de un terremoto y un tsunami en 373 aC, en tiempos de Platón. Se llamaba Helike, fue capital de la liga aquea y su catastrófico final consternó al mundo griego: sus restos se descubrieron en 2001.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
19 Jul 2004
Platón (429-347 antes de Cristo) contó esta historia en dos de sus diálogos, Timeo y Critias. No hay referencias a la Atlántida anteriores y todas las posteriores se basan en lo que escribió el filósofo griego, cuyo discípulo Aristóteles creía que se trataba de una ficción poética de su maestro. La narración ocupa menos de diez páginas, pero ha dado lugar a miles de libros en los cuales se ha situado el desaparecido imperio en mitad del Atlántico, en el Índico, en las Islas Británicas, en Francia, en Canarias, en Cuba, en Yucatán, en Los Andes, en Arabia, en Groenlandia y en la Antártida, entre otros lugares. Se ha poblado hasta de extraterrestres y se ha presentado como la tierra originaria de los egipcios, los mayas, los aztecas, los vascos, los indios norteamericanos...
Atlantes en Andalucía
"No creo que la Atlántida haya existido como una civilización avanzada en una isla en mitad del Atlántico", dice el historiador y novelista Juan Eslava Galán. "Las propuestas de posibles emplazamientos tienen su origen, en el mejor de los casos, en malinterpretaciones y, en el peor, en tergiversaciones con fines crematísticos", mantiene David García i Rubert, arqueólogo y profesor de la Universidad de Barcelona. La Atlántida salió del fondo del mar a principios de junio cuando el físico alemán Rainer Kühne publicó, en la web de la prestigiosa revista Antiquity, una foto tomada por un satélite en la que identifica, en la Marisma de Hinojos, cerca de Cádiz, los restos de dos templos de los que habla Platón.
Ramón Corzo, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, tiene una dilatada experiencia en arqueología aérea y no ve en la imagen nada sorprendente. "Lo que hay son sombras en la arena fruto de la casualidad. Es un terreno que ha emergido recientemente, en el que no hay posibilidad de que exista ningún tipo de estructuras tan antiguas". El artículo de Antiquity ha indignado a Georgeos Díaz-Montexano, un aficionado hispanocubano que acusa a Kühne de plagiarle al situar el continente perdido en Cádiz. La localización de la Atlántida en Andalucía occidental es, sin embargo, muy anterior al nacimiento de Díaz-Montexano, quien sostiene que "el acueducto de Segovia es un monumento atlante".
El primero que pone la Atlántida en Andalucía es Platón, que dice que está más allá de las Columnas de Hércules, como los griegos llamaban al estrecho de Gibraltar", indica Corzo. Parte de la descripción de la civilización desaparecida parece corresponder con lo que se conoce de Tartessos, la cultura que se desarrolló entre los siglos VIII y VI aC en el sur peninsular, donde en aquella época hubo núcleos urbanos ordenados en anillos -como la capital atlante- en una tierra muy fértil y rica en minerales. "Platón toma elementos del Tartessos histórico y los traslada a un pasado remoto que no tiene nada que ver con la realidad", explica el experto de la Universidad de Sevilla.
Hundidos por la soberbia
García i Rubert coincide en que el filósofo introduce elementos de su realidad histórica y de la tradición griega en la narración del auge y destrucción de "un estado ideal extraordinariamente rico y próspero que cae en la impiedad, lo que desemboca en su destrucción a manos de los dioses. Es un mito precioso, creado a partir de un montón de tradiciones e influencias". El arqueólogo catalán ve, en el enfrentamiento entre atlantes y atenienses, una reedición de las guerras médicas (498-479 aC), en las que los griegos frenaron el avance hacia Europa del imperio persa. El catastrófico final sería una nueva versión del episodio del Diluvio, documentado en la tradición mesopotámica desde 2500 aC y del que se apropiaron después los hebreos. "Es el tópico del pueblo que se hunde por su soberbia", señala Corzo.
Todos los elementos míticos e históricos se funden en un relato que engrandece a Atenas, la patria del filósofo. "Las ciudades, como las personas, necesitan un pasado ilustre y, si incluye la derrota de una civilización superior, mejor", apunta Eslava Galán. "Platón dijo que los hechos habían ocurrido 9.000 años antes como pudo decir 20.000", afirma el catedrático sevillano. Y es que, hace 11.000 años, los atenienses no pudieron vencer a nadie por una razón muy simple: Atenas no existía. No había en el mundo ninguna ciudad; sólo tribus de cazadores recolectores.
El escollo cronológico no es menor. Los 'atlántólogos' han intentado eludirlo argumentando que los hechos sucedieron 900 años antes de Platón, y no 9.000; pero el relato original se lo pone difícil. Fueron los sacerdotes egipcios de Sais los que, según el filósofo, contaron la historia de la derrota de la Atlántida a Solón (638-560 aC), el padre de la democracia ateniense, refiriéndose a ella como "la hazaña más heroica" de los hombres que habían vivido 9.000 años antes. El problema, indica García i Rubert, no es sólo que no haya ningún texto sobre la Atlántida en culturas como la egipcia y las mesopotámicas -"que acostumbraban a registrar casi todo"-, sino que además la precisión cronológica de que hacían gala los egipcios invalida la posibilidad de un error de esa magnitud.
Un imperio en el Egeo
Quitarle un cero a los 9.000 años de Platón situaría el hundimiento de la Atlántida alrededor de 1500 aC, cerca temporalmente del final de la cultura minoica, que se desarrolló en Creta y cuyo esplendor todavía es visible en las ruinas del palacio de Cnosos. La isla griega fue hogar de la primera civilización avanzada de Europa, que desapareció hacia 1450 aC por causas desconocidas. Algunos arqueólogos han identificado la Atlántida platónica con la Creta minoica desde que el estudioso K.T. Frost, de la Universidad de la Reina, en Belfast, lo hizo por primera vez en un artículo publicado en The Times en 1909. Pero ¿cuál habría sido el agente destructor?
Un centenar de kilómetros al norte de Creta, asoman en el Egeo los restos de una isla, Tera -hoy conocida también como Santorini-, cuyo volcán entró en erupción entre 1600 y 1400 aC y, en un momento dado, explotó con una potencia varias veces mayor que la del Krakatoa, que en 1883 mató a más de 36.000 personas. Es posible que Platón recurriera al recuerdo de esa violenta erupción como un elemento más para su historia, pero no hay pruebas de que la catástrofe de Tera acabara con la civilización minoica, que tampoco fue derrotada por los atenienses ni tenía sus dominios más allá de las Columnas de Hércules.
"No puedes cambiar todos los detalles del relato de Platón y decir que sigue siendo el relato de Platón. Es como decir que el legendario rey Arturo es en realidad la reina Cleopatra; lo único que tienes que hacer es cambiar el sexo, la nacionalidad, la época, el temperamento, el carácter moral y otros detalles de Cleopatra para que la semejanza sea obvia", dejó escrito el novelista y estudioso Lyon Sprague de Camp en su libro Lost continents (1970). Kenneth Feder, experto en arqueología fantástica de la Universidad Central del Estado de Connecticut, compara el mito de la Atlántida con La guerra de las galaxias. Ambas historias ocurrieron hace mucho, mucho tiempo; en un sitio muy, muy lejano; y están protagonizadas por un todopoderoso imperio que sucumbe ante un grupo de valientes hombres libres. ¿Hay alguien que busque los restos de Luke Skywalker?
El primer 'atlantólogo'
El abogado y congresista estadounidense Ignatius Donnelly (1831-1901) es el maestro al que siguen todos los atlantólogos. "Es el gran héroe de lo paranormal con referencia a la Atlántida. Dice lo que luego repetirán Erich von Däniken, Charles Berlitz y otros", indica el arqueólogo David García i Rubert.
En Atlántida, el mundo antediluviano (1892), sitúa en el continente perdido el origen de casi todo, empezando por el alfabeto. "La tesis de Donnelly explicaba las semejanzas entre la civilización precolombina y la egipcia, con frecuentes tergiversaciones de los hechos, hasta dejarlos irreconocibles", apunta Richard Ellis en En busca de la Atlántida (1998), el mejor libro sobre el mito publicado en español.
"Los pseudoarqueólogos son muchas veces falsificadores", coincide Juan Eslava Galán, quien no se cree "casi nada" respecto a sorprendentes hallazgos submarinos. "Se ha hablado muchas veces de muros y construcciones subacuáticas que son sólo formaciones naturales con apariencia artificial".
Dos canales productores de documentales compiten ahora por sumergirse en aguas de Gibraltar en busca del continente perdido. "En ningún lado se ha encontrado ni se encontrará algo parecido a lo que dice Platón", sentencia García i Rubert. Pero sólo el nombre de la Atlántida ya vende.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
Sobre este blog
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Luis Alfonso Gámez
Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.
Para contactar con el autor:
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