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22 Ene 2009


Cinco figuras de las líneas de Nazca, en Perú, han resultado dañadas por lluvias torrenciales que cayeron el domingo en la región, donde prácticamente no llueve. Entre los geoglifos que han sufrido los efectos del agua, están la garza y las manos (en las imágenes, antes y despues de las precipitaciones). Emma Susana Arce, responsable del Instituto Nacional de Cultura (INC) en Ica, ha asegurado a Efe que los daños son "reparables o reversibles", no como los que el hombre ha provocado en las últimas décadas.

Las figuras de Nazca fueron hechas entre 200 antes de Cristo (aC) y 600 por los habitantes de la región, mediante la traslación de modelos realizados a escala a grandes cuadrículas hechas con estacas y cordeles. Son Patrimonio de la Humanidad desde 1994, y parte de ellas ya ha sido mutilada por la autopista panamericana y las rodadas de todoterrenos.

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05 Dic 2008

Almudena Cacho y yo hablamos el 3 de diciembre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la Gran Pirámide, en la novena entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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18 Ago 2008

Es un pequeño triángulo de tierra en medio de una inmensidad azul. La isla de Pascua está considerada uno de los lugares más remotos de nuestro planeta: se encuentra en mitad del Pacífico, a 3.700 kilómetros -cinco horas en avión- al oeste de Chile y a 1.900 al este del archipiélago de las Pitcairn. A pesar de ese aislamiento y de sus reducidas dimensiones -tiene 163 kilómetros cuadrados, una cuarta parte que la ciudad de Madrid-, es famosa en todo el mundo gracias a los moais, las casi 900 estatuas que la salpican desde el volcán en cuya ladera fueron talladas hasta los altares costeros desde los cuales miran al mar.

De origen volcánico, la isla debe su nombre a que fue descubierta por el holandés Jakob Roggeveen el 5 de abril de 1722, domingo de Pascua de Resurreción. Los tres barcos de la expedición habían partido de Chile y tardado diecisiete días en llegar a Pascua, donde se encontraron con un grupo humano de la Edad de Piedra. ¿Cómo habían llegado hasta allí con unas simples canoas? Y lo más llamativo: ¿cómo habían levantado las estatuas? "En un principio las imágenes de piedra nos llenaron de asombro porque no podíamos comprender cómo estas gentes, que carecían de madera fuerte y pesada para construir cualquier tipo de maquinaria, así como de sogas resistentes, habían conseguido, no obstante, erigir unas imágenes semejantes, que al menos tenían 10 metros de alto y eran proporcionalmente gruesas", escribió el navegante en su diario.

Por arte de magia

Monumental. Cinco de los siete 'moais' del Ahu Akivi, construido en la isla de Pascua entre 1440 y 1600. Foto: Terry L. HuntEl tamaño medio de los moais es de 4 metros y el peso, de 13 toneladas, aunque hay figuras de hasta 82 toneladas. "De ninguna manera se puede admitir que tan enormes trozos de lava hayan sido despejados con primitivas y diminutas hachas de piedra", plantea Erich von Däniken en su libro El mensaje de los dioses (1973). Para el autor suizo, "cosmonautas de otro mundo visitaron a los nativos y les suministraron herramientas perfeccionadas, que podían manejar los sacerdotes o hechiceros". Cuando los visitantes se marcharon, explica Von Däniken, sus herramientas acabaron estropeándose y de ahí las figuras a medio esculpir que invaden la ladera del volcán Rano Raraku, la cantera de donde salieron los moais.

Juan José Benítez sostiene, por su parte, que las estatuas son una obra humana hecha con útiles de piedra, como dicen los arqueólogos; pero añade que hay un enigma: cómo se transportaron hasta sus ubicaciones definitivas. "El gran fallo de cuantos han intentado explicar el traslado de los moais de forma convencional aparece al echar mano de la madera", argumenta el ufólogo, para quien dar por hecho que ésta fue alguna vez "un bien abundante en la isla" es un "grave error". Y añade que el único árbol existente en Pascua, el toromiro, no podía ayudar en una tarea para la cual se necesitarían "cientos o miles de hombres". "Era el poder más excepcional del rey, o de los sacerdotes, el que levantaba las estatuas en la cantera, desplazándolas por el aire", asegura.

Tras una visita a Pascua en 1877, el etnólogo francés Alphonse Pinart describió todo el proceso de talla y traslado de los moais en el Bulletin de la Société de Géographie de París, sin recurrir ni a los extraterrestres ni a superpoderes. Seis años después, el geógrafo Ricardo Beltrán y Rózpide se hacía eco del hallazgo de Pinart en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid: "Escogían siempre una roca en plano inclinado; en la misma roca tallaban la escultura, perforaban después la piedra por debajo de la estatua con tantos agujeros como fueran necesarios para separarla de la roca, y la hacían resbalar sobre la pendiente hasta el lugar en que debía erigirse, donde habían ahondado lo suficiente para enterrar la parte inferior de la estatua, quedando sólo el busto al exterior".

Madera y cuerdas

Los hallazgos de esquirlas de piedra y útiles de obsidiana junto a las figuras a medio tallar del Rano Raraku confirman la hipótesis de Pinart. Porque los moais no son tan duros como los pinta Von Däniken. No sólo es que la toba volcánica se puede trabajar con piedra, sino que, además, es extraordinariamente frágil. Tanto que en marzo pasado un turista finlandés arrancó una oreja a una de las estatuas ¡sólo con sus manos! ¿Y el transporte? Es cierto que hoy en día no hay madera en Pascua; pero sí la hubo en el pasado y, en contra de lo que mantiene Benítez, era apta para construir trineos sobre los que llevar las figuras a kilómetros de distancia.

El explorador noruego Thor Heyerdahl visitó Pascua en 1955 y puso a prueba las ideas de Pinart. Con una docena de hombres, levantó un moai de 25 toneladas en la playa de Anakena en dieciocho días. Utilizó para ello cuerdas, palancas y piedras, lo mismo que tuvieron a su alcance los antiguos pascuenses. Levantaban un poco la figura con las palancas y metían piedras bajo ella para sostenerla en esa posición; volvían a levantarla otro poco con las palancas y metían más piedras; y así sucesivamente hasta que alcanzaba la vertical. Heyerdahl calculó que una docena de indígenas podría tallar con sus herramientas de piedra una estatua mediana en un año. Luego, se transportaba hasta su emplazamiento sobre trineos de madera de los que decenas de hombres tiraban con cuerdas.

Porque en Pascua había madera en abundancia cuando llegaron a la isla los primeros humanos hacia 1200, según la datación de muestras del yacimiento más antiguo de la isla. Los análisis de pólenes han revelado que en aquella época crecían en la isla árboles de hasta 30 metros de altura; aunque duraron poco. Los recién llegados empezaron a esculpir estatuas y a talar masivamente árboles y palmeras para calentarse, construir canoas y transportar las figuras. La febril actividad les llevó a diezmar los recursos naturales de la pequeña isla y al declive cultural. Cuando desembarcó Roggeveen en 1722 sólo las gigantescas esculturas quedaban como prueba de la extraordinaria cultura de los talladores de moais.


El libro

Colapso (2005): El geógrafo Jared Diamond, autor del magistral Armas, gérmenes y acero (1997), explora la historia de sociedades desaparecidas, como la maya, la vikinga de Groenlandia y la pascuense.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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21 Jul 2008

Una gran obra puede estar a la vista y que, sin embargo, nadie la vea. Es lo que pasó con las pistas de Nazca durante siglos. Pedro de Cieza de León vio en el siglo XVI "señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca", pero la ciencia no las descubrió hasta que el hombre empezó a volar. Aunque se ven parcialmente desde las colinas próximas, los primeros en distinguirlas fueron pilotos militares y civiles peruanos, y arqueólogos como Toribio Mejía Xesspe, quien ya las investigó en 1927. Luego llegaron el historiador estadounidense Paul Kosok, quien se encontró en 1939 con un enigma que le entusiasmó hasta su muerte en 1959, y su discípula la matemática alemana Maria Reiche (1903-1998), que dedicó 60 años al estudio de los geoglifos.

Las líneas y figuras de Nazca ocupan más de 500 kilómetros cuadrados del desierto peruano, a unos 350 kilómetros al sureste de Lima. Casi sólo las conocían los historiadores hasta que el escritor suizo Erich von Däniken llamó en 1968 la atención sobre ellas en Recuerdos del futuro, libro del cual vendió millones de ejemplares. Las consideraba una de las pruebas de que el hombre había recibido en la Antigüedad la visita de extraterrestres que habían influido en la Historia. En esa visión del mundo y del pasado, Nazca era un complejo para el aterrizaje de las naves de unos visitantes que el ser humano había después convertido en dioses.

Guiados desde el aire

"Si uno vuela sobre la llanura de Nazca, divisará unas líneas gigantescas de trazo geométrico; algunas corren paralelamente, otras se entrecruzan o dibujan grandes figuras trapezoidales. La arqueología dice que son carreteras incas. Absurda lógica. ¿Para qué hubieran necesitado los incas carreteras paralelas y entrecruzadas cuyo trazado comienza y termina inopinadamente en una planicie?", se preguntaba Von Däniken antes de concluir que el conjunto "sugiere la idea de un aeródromo". Contemplaba la posibilidad de que se hubieran dibujado mediante el traslado a un "gigantesco plano" de modelos a escala; pero también apuntaba a que podían haber sido trazadas "siguiendo instrucciones transmitidas desde una aeronave". Había nacido el aeropuerto prehistórico de Nazca.

La idea fue pronto refutada. Y es que no cuadraba con unos visitantes prodigiosos que sus naves necesitaran de largas pistas, algo propio de los vulgares aviones terrestres. Como recuerda el historiador William Stiebing en su obra Astronautas en la Antigüedad, Von Däniken alude "a los aparatos de despegue vertical" en su interpretación de la visión del profeta Ezequiel como de la de una nave de otro mundo, pero se olvida de ese tipo de vehículos en Nazca (¿será que la tecnología alienígena sufrió entre tanto una involución?). Además, tampoco las pistas podían garantizar aterrizajes seguros, porque se hicieron retirando a un lado las piedras superficiales abrasadas por el sol durante millones de años y dejando al aire el suelo de debajo, más claro. Las rocas sobrantes están amontonadas todavía cerca de las líneas que forman las pistas y figuras.

Tras demostrarse lo descabellado de su idea, Von Däniken –de profesión, hostelero– reculó, pero sólo parcialmente. Dijo que nunca había sostenido que Nazca fuera un aeródromo y pasó a defender que se trataba de una obra indígena concebida con el objeto de propiciar la vuelta de los dioses extraterrestres. Así se explicaba que las pistas -hechas, según él, a imitación de las rodadas dejadas por las naves alienígenas– compartieran espacio con figuras como el mono, el colibrí, la araña, la ballena, el cóndor y el resto de animales inmortalizados en la llanura. Porque parece bastante difícil presentar como una pista de aterrizaje la espiral de la cola de un mono, por mucho que el simio mida 135 metros, o el zigzagueante cuello de un gigantesco pájaro de 300 metros.

Dibujos en peligro

La coincidencia de los motivos de la cerámica nazca con las figuras dibujadas en la llanura ha llevado a lo arqueólogos a concluir que las líneas fueron hechas entre 200 antes de Cristo (aC) y 600. Los nazcas pudieron usar cuerdas para no desviarse en el trazo de las cerca de 1.000 rectas –algunas de varios kilómetros de largo– y dibujaron las cerca de 800 figuras animales mediante la traslación de modelos realizados a escala a grandes cuadrículas hechas con estacas y cordeles. Luego, el excepcional clima de la región –donde prácticamente no llueve– premió el ingenio de aquellos humanos preservando su obra. Hoy en día, sigue casi sin llover en Nazca, pero los dibujos, que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1994, pueden acabar desapareciendo.

"Lo que se ha conservado por tantos siglos ahora está en peligro de borrarse. Las pampas son cruzadas por camiones que muelen la tierra compacta hasta convertirla en fino polvo que se levanta en altas columnas blancas producidas por los ventarrones, destruyéndose así el fondo sobre el que los dibujos pueden distinguirse", lamentaba en su día Reiche. La autopista panamericana cortó en los años 70 la cola del lagarto y, en los últimos treinta años, las rodadas de todoterrenos han destrozado también la del mono y la figura del pez. El hombre está destruyendo información que puede ser clave para explicar este misterio; porque, aunque sin extraterrestres, el enigma de Nazca existe.

Nadie sabe con qué fin se crearon las líneas. Se han propuesto muchas teorías, desde la de Mejía Xesspe de que estaríamos ante caminos rituales hasta la de Kosok y Reiche de que podía tratarse de un gigantesco calendario, pasando por la del telar de Henri Stierlin. Ninguna ha sido probada. Curiosamente, a pesar de lo que afirma Von Däniken, los arqueólogos descartaron desde el principio que se tratara de carreteras y que fueran incas nunca lo han contemplado, porque los incas todavía no existían cuando fueron hechas. Es posible que los nazcas sólo quisieran que su obra se viera desde el cielo porque consideraban las alturas el lugar donde está la morada de los dioses, idea que han compartido muchos humanos.


El libro

Nazca. La solución de un enigma arqueológico (1983): Henri Stierlin plantea que las rectas funcionaban como telares y las figuras tenían un carácter protector. Aunque la hipótesis no ha sido demostrada, la obra es una aproximación seria al enigma de Nazca.

Publicado originamente en el diario El Correo.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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