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21 Jul 2009

"Tomen nota los chicos de la LOGSE. A ellos no les han explicado quiénes fueron Pirrón y Diderot, pero seguro que les han contado lo de la Luna y, los pobres, se lo han creído. Yo soy de otro plan de estudios", escribió ayer Fernando Sánchez Dragó en El Mundo, en un artículo de opinión en el que defiende que el alunizaje del Apollo 11 fue una farsa. Si ésa es la vara de medir la calidad de la enseñanza en España, estamos ante la viva demostración de que hubo un tiempo en el que el sistema educativo era todavía peor que en la actualidad porque no sólo llevaba a sus víctimas a considerar irreal algo probado hasta el hastío, sino que además hacía que se creyeran inteligentes en su estupidez y alardearan de ello. "El paripé del alunizaje me pilló en Italia", dice el escritor. Sapientísimo Sánchez Drago, presente una prueba, una sola, que demuestre que los alunizajes fueron un montaje. Si no, cállese, que parece el abuelo Cebolleta.

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20 Jul 2009

Los primeros humanos llegaron a la Luna un domingo y la pisaron en la madrugada de un lunes, día dedicado a nuestro satélite en el cual El Correo -en aquel entonces El Correo Español - El Pueblo Vasco- no salía a la calle y se publicaba La Hoja del Lunes. Así que fue El Correo del martes el que dio la noticia de cómo los astronautas estaban ya de viaje de vuelta. Aquí tienen en un archivo pdf cómo cubrió este periódico la historia, la más importante de la primera del día, con cinco páginas enteritas para ella sola y otras dos con informaciones en las que se hablaba de cómo se había seguido la hazaña en Vizcaya y de la cobertura televisiva. Creo que el documento merece la pena. Disfrútenlo.

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20 Jul 2009

Tenía siete años recién cumplidos cuando el hombre llegó a la Luna. Y me acuerdo perfectamente de dónde estaba: en la cama. Mis padres no me dejaron quedarme a ver la hazaña porque, dijeron, era demasiado pequeño para estar despierto a esas horas de la madrugada. Siempre les he dicho, con cariño, que es algo que nunca les perdonaré. Así que aquella histórica noche me fui a dormir con la incertidumbre infantil de si Neil Armstrong y Buzz Aldrin se hundirían en una especie de arenas movedizas o tendrían que hacer frente a algún monstruo, como pasaba en las películas de ciencia ficción. Muchos años después, tuve el placer de hablar un rato con Buzz Aldrin sobre su aventura y hacerme una fotografía con él. Guardo como un tesoro su famosa imagen en el Mar de la Tranquilidad, autografiada. Y sueño con ver la llegada del hombre a Marte.

Publicado originalmente en La conspiración lunar ¡vaya timo! (Editorial Laetoli), libro de Eugenio Manuel Fernández Aguilar.

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20 Jul 2009

Si pueden, no se lo pierdan. La Primera de TVE emite Operación Luna (2002) a partir de medianoche, dentro de la programación conmemorativa del cuadragésimo aniversario del primer alunizaje, que incluye un especial presentado por Jesús Hermida. Sólo La Sexta hace algo parecido. El resto de las cadenas convencionales de televisión que pueden sintonizarse en el País Vasco, incluida ETB, pasan de la llegada del hombre a la Luna. Que la televisión pública vasca dedique esta noche sus dos canales a lo mismo que cualquier otro lunes demuestra una preocupante falta de sensibilidad hacia la ciencia y la tecnología, algo que comparten muchos otros medios públicos y privados. Ahí tienen a Cuatro, dedicando esta noche una programación especial a... Michael Jackson. De vergüenza.

Volviendo a Operación Luna, disfrútenla y déjense llevar por la increíble historia que narra. Es una película de William Karel rodada como si fuera un documental. Cuenta cómo se falsificaron los alunizajes, a través de testimonios de Buzz Aldrin, Henry Kissinger, la viuda de Stanley Kubrick, Donald Rumsfeld y Vernon Walters, entre otros. Karel juega a lo mismo que Orson Welles con su recreación radiofónica La guerra de los mundos de 1938 y Christopher Miles y David Ambrose con Alternativa 3 en 1977. Para conseguirlo, saca de contexto declaraciones de todos ellos, a los que suma como refuerzo un puñado de actores. "Utilizando convenientemente sus testimonios (los de los personajes históricos), bastaba con tener un testigo falso, en este caso una secretaria de Nixon, para que hiciese de enlace y consiguiese que la historia fuese creíble. A los verdaderos testigos les dijimos que estábamos rodando una película sobre Kubrick, sobre sus películas, sobre la Luna o sobre la NASA, y les hacíamos preguntas un poco vagas...", declaró en su día Karel en una entrevista.

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18 Jul 2009

Ningún ser humano ha llegado más lejos. Doce estadounidenses pisaron la Luna entre el 21 de julio de 1969 y el 14 de diciembre de 1972. Hicieron realidad el sueño de un presidente que había prometido, 43 días después de que Yuri Gagarin se convirtiera en el primer hombre en órbita, que Estados Unidos, y no la Unión Soviética, lideraría la carrera espacial. "Creo que esta nación debería comprometerse a lograr el objetivo, antes de que acabe esta década, de llevar un hombre a la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo a la Tierra", dijo John F. Kennedy ante el Congreso el 25 de mayo de 1961. Ocho años más tarde, Neil Armstrong y Buzz Aldrin dejaban sus huellas en el Mar de la Tranquilidad, aunque no todo el mundo lo crea.

La sospecha de que los alunizajes fueron un montaje existía en algunas mentes ya durante la retransmisión del primero, que siguieron 600 millones de telespectadores. Pero fue una creencia marginal hasta que la cadena Fox emitió en febrero de 2001 en EE UU un documental en el cual un tal Bill Kaysing decía que las escenas se habían rodado en un estudio. Bibliotecario hasta 1963 de la compañía que después fabricó el Saturno 5 -el cohete que puso en órbita las misiones lunares-, este filólogo había publicado en 1974 un panfleto, We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna), que pasó editorialmente desapercibido, pero del cual han bebido todos los partidarios de la conspiración.

Alunizajes en Las Vegas

Kaysing asegura que la NASA se dio cuenta ya antes de las primeras misiones Apollo de que no iba a ser técnicamente capaz de cumplir el compromiso de Kennedy, ante lo cual Washington optó por recrear los alunizajes cerca de Las Vegas. Pero, según él, hubo astronautas que quisieron denunciar el engaño, como Virgil Grissom, quien murió después con Edward White y Roger Chaffee en el incendio del Apollo 1 durante un entrenamiento en la torre de despegue el 27 de enero de 1967. Grissom, cuyo nombre adoptó como homenaje el actor William Petersen para su forense de CSI, habría sido, en opinión de Kaysing, asesinado para silenciarlo, al igual que otros siete astronautas oficialmente muertos en accidentes de coche y avión.

Las pruebas del engaño están, para el bibliotecario, en las fotos de los astronautas en la Luna. "¿Estrellas? ¿Dónde están las estrellas?", se pregunta una y otra vez en su libro. Tiene razón. No hay ni una estrella, pero es que tampoco se ven en ninguna foto de ninguna otra misión tripulada, desde el primer paseo espacial de Alexei Leonov de marzo de 1965 hasta la reparación del telescopio Hubble de mayo pasado. La razón no es que todas esas misiones sean fraudulentas y a los decoradores de la NASA, la ESA y Roscosmos se les haya olvidado poner de fondo un telón negro con agujeritos iluminados, sino algo que sabe cualquier aficionado a la fotografía: cuando la luz solar es muy intensa -como pasa en el espacio y en la Luna-, hay que programar la cámara con un tiempo de exposición muy corto para que la imagen no resulte sobreexpuesta. Ese corto tiempo de exposición impide que las máquinas de fotos de los astronautas capten el débil brillo de las estrellas, aunque estén ahí.

Los partidarios de la conspiración suelen añadir, entre otras cosas, que en la Luna la bandera estadounidense ondea, algo imposible en un mundo sin atmósfera. Pero es que no es así. Todas las enseñas que hay en el satélite cuelgan de una varilla horizontal que parte del extremo superior del mástil. Las banderas de algunas misiones presentan arrugas -lo que puede dar la sensación de que ondean al viento- debido a que los astronautas no las desplegaron completamente y hay veces que en las películas una enseña se mueve hasta pararse después de que un expedicionario golpea el mástil.

La mejor prueba de la realidad de los alunizajes es que la URSS, que competía con EE UU por la conquista del satélite terrestre, admitió su derrota. Además, los astronautas de los Apollo se trajeron de vuelta a casa 382 kilos de rocas que han examinado geólogos de todo el mundo y dejaron en la Luna tres reflectores láser. La medición del tiempo transcurrido desde el envío hacia cualquiera de estos espejos de un rayo de luz láser hasta la captación de su reflejo por un telescopio terrestre permite conocer la distancia media entre la Tierra y su satélite con un margen de error de sólo 5 centímetros: es de 384.467 kilómetros. La Luna se aleja de nosotros 3,8 centímetros al año, lo que implica que en un futuro lejano -unos 500 millones de años, como poco- su disco tendrá en el cielo terrestre menor tamaño que el del Sol y, por tanto, dejará de haber eclipses solares.

Otros visitantes

Las dos horas y media que los tripulantes del Apollo 11 exploraron los alrededores de Base Tranquilidad el 21 de julio de 1969 han generado una mitología que incluye erratas en frases históricas, sexo oral, platillos volantes y hasta ruinas extraterrestres. Cuando Armstrong pisó la Luna, los nervios le traicionaron. Tenía que haber dicho: "Thats one small step for a man, one giant leap for mankind" (Éste es un pequeño paso para un hombre, un salto de gigante para la Humanidad). Pero se comió la a de antes de man, con lo que cambia el significado original de la frase, que traducido al español sería: "Éste es un pequeño paso para el hombre...". El lapsus ha quedado como una anécdota y la frase ha pasado la Historia como tenía que haber sido dicha.

A mediados de los años 90, se supo gracias a Internet que, tras esa primera sentencia, Armstrong añadió: "¡Buena suerte, señor Gorsky!". Era un mensaje en clave para un vecino a quien, cuando el astronauta era niño, su esposa dijo a gritos: "¿Quieres sexo oral? Tendrás sexo oral cuando el chico del vecino se pasee por la Luna!". Según sostienen en la actualidad numerosas webs, la historia fue confirmada por Armstrong el 5 de julio de 1995, una vez muerto el señor Gorsky. Quien escuche las grabaciones del alunizaje no encontrará, sin embargo, ninguna referencia al vecino ansioso de sexo oral, porque todo es una leyenda urbana.

Don Wilson, en La Luna, una misteriosa nave espacial (1975), y Juan José Benítez, en Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), presentan una conversación entre los dos astronautas del Apollo 11 y Houston en la cual los primeros dicen ver platillos volantes y criaturas gigantescas en el Mar de la Tranquilidad. Se conoce como la transcripción de Sam Pepper, por el nombre del radioaficionado que supuestamente la captó, y atribuye a Armstrong y Aldrin frases como: "Estas criaturas son gigantescas... enormes"; "Vimos unos visitantes. Estuvieron aquí un rato, observando los instrumentos"; "Había otras astronaves. Están alineadas al otro borde del cráter"; "Han aterrizado ahí. Están en la Luna y nos observan". Sobrecogedor... y falso. Todo falso. Esta conversación y otras muchas utilizadas como prueba de que en la Luna pasó algo que nos han ocultado son fruto de la inventiva de fabuladores como Wilson, quien mantiene que nuestro satélite es hueco, una nave que en el pasado estuvo habitada por extraterrestres. "Hay quien dice que vimos hombrecillos verdes al otro lado del cráter. Es la tontería más grande que he oído", responde Aldrin cuando se le pregunta por el asunto.

El segundo hombre en pisar la Luna, un tipo locuaz, no se ha pronunciado -que se sepa- sobre la revelación que hizo Benítez en enero de 2004 en TVE, cuando aseguró que los astronautas del Apollo 11 habían explorado edificios extraterrestres en ruinas en el Mar de la Tranquilidad. "Ésta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA", decía el ufólogo al tiempo que presentaba como prueba un montaje realizado por un estudio de animación vasco que mucha gente tomó por una filmación hecha en la Luna porque se leía sobreimpresionado Imágenes inéditas.


Las visiones de alienígenas y ruinas en la Luna chocan con un inconveniente contra el que también se estrella la teoría de la conspiración. Durante el proyecto Apollo, la NASA llegó a tener 35.000 empleados y otras 400.000 personas trabajaban en empresas y universidades contratadas. Que, con tanta gente en el ajo en un país donde no son secretos ni los devaneos del presidente con una becaria en el Despacho Oval, no haya trascendido en cuarenta años prueba alguna que respalde la falsedad de los alunizajes o el encuentro de los astronautas con seres de otros mundos pone las cosas en su sitio. Y eso que, a finales de los años 60, el primer contacto se creía inminente. Lo comprobó Stanley Kubrick cuando intentó suscribir una póliza de seguros con Lloyd's para el caso de que el hombre se encontrara cara a cara con extraterrestres antes del estreno, en abril de 1968, de 2001, una odisea del espacio. Lloyd's no quiso correr el riesgo.


Auténticos enigmas lunares

La aventura lunar tuvo su origen en un órdago entre dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, enzarzadas en una guerra fría. Más que un reto tecnológico, fue una apuesta militar y, por eso, el para qué pisar nuestro satélite tenía una explicación muy simple: para ser el primero. Cuarenta años después de aquellas arriesgadas misiones -Neil Armstrong calculó que había un 50% de probabilidades de fracaso en la del Apollo 11-, la Luna sigue sin habernos desvelado todos sus misterios.

A pesar de que las rocas traídas por los astronautas apuntan a que su composición es muy parecida a la de nuestro planeta, la mayoría de los científicos cree que la Luna nació cuando un planeta del tamaño de Marte chocó contra la Tierra recién nacida hace unos 4.500 millones de años. Los restos de los dos mundos que salieron disparados y quedaron en órbita terrestre se fueron agregando hasta dar lugar al satélite. En los últimos años, los modelos informáticos han confirmado esta teoría y apuntado a que el periodo de formación de la Luna pudo durar entre uno y cien años tras el impacto, y a que pudo nacer a sólo unos 26.000 kilómetros de la Tierra, frente a los 380.000 kilómetros actuales.

No hay pruebas definitivas, pero los científicos piensan que puede haber agua helada en la Luna. Pudo haber llegado allí durante la infancia del Sistema Solar, hace unos 3.900 millones de años, del mismo modo que se cree que llegó a la Tierra, en cometas y asteroides. Aunque la mayoría de esa agua se habría evaporado, quedaría algo en cráteres en sombra, según observaciones hechas en 1994 por la sonda Clementine que no han podido ser confirmadas. La existencia de agua en la Luna supondría una gran ventaja de cara a la futura construcción de una base permanente, un proyecto que hoy en día parece muy lejano y que tendrá que ser multinacional.

Desde la Tierra, los astrofísicos tienen pendiente todavía solucionar un gran misterio, el de los cientos de destellos y oscurecimientos inexplicables que se han creído ver en la superficie lunar y que se conocen como Fenómenos Transitorios Lunares (TLP). Duran entre segundos y varias horas, y se barajan dos posibles explicaciones: que se deban a la iluminación por parte del Sol de zonas normalmente en sombra o a emisiones de gas radón, lo que implicaría que la Luna está geológicamente viva.

Publicado en el suplemento Territorios, del diario El Correo.

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16 Jul 2009

Las cintas originales del primer alunizaje no existen. Es la conclusión a la que ha llegado la NASA después de tres años de búsqueda. Las imágenes de la llegada del hombre a la Luna no pudieron en 1969 emitirse directamente por incompatibilidad técnica y las que todos hemos visto siempre fueron el resultado de proyectarlas sobre una gran pantalla en Houston y que una cámara de televisión las captara para transmitirlas al mundo. Los originales quedaron, sin embargo, grabados en cintas cuya digitalización se quiso poner en marcha hace tres años y entonces saltaron las alarmas: los vídeos no aparecían por ningún lado. "No creo que las cintas existan ya. Es difícil de aceptar, pero una cantidad abrumadora de pruebas nos llevan a pensar que ya no existen. Y hay que aceptar la realidad", ha declarado Stan Lebar, jefe del equipo de Westinghouse que diseñó la cámara que tomó las imágenes en el Mar de la Tranquilidad, según la Radio Públcia del Sur de California. "No creo que nadie en la NASA hiciera algo mal", ha puntualizado Richard Nafzger, ingeniero del Centro Goddard de Vuelos Espaciales, al presentar una nueva versión de las imágenes del alunizaje. La sospecha es que, en algún momento, los documentos históricos originales se borraron para reutilizar las cintas.

La NASA acaba de hacer públicos hoy varios vídeos restaurados de la misión Apollo 11, entre los que merecen especial atención el del histórico paso de Neil Armstrong y otro con los momentos más destacados del primer paseo lunar. Según Nafzger, responsable del proyecto, "el proceso de restauración está todavía en marcha y puede dar lugar a vídeos de todavía más calidad. El proyecto de restauración acabará en septiembre y pondrá a disposición del público, los historiadores y el Archivo Nacional vídeos en alta calidad de ese momento histórico". Las nuevas películas son obra de la compañía Lowry Digital, de Burbank (California), especializada en la recuperación de películas de Hollywood, que ha usado para su trabajo las mejroes grabacioens disponibles en el mundo. Lamentablemente, la pérdida de las cintas originales implica que, aunque ahora veamos el alunizaje mejor que nunca, todavía podíamos haberlo visto mejor. "Era mejor. Sabemos que era mejor", sentencia Lebar.

Hace un par de días, el anuncio de la rueda de prensa de hoy me llevó a pensar que íbamos a tener acceso a las ansiadas películas originales. Parece que no va a ser nunca así. Es un gran borrón en las celebraciones del cuadragésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Y lo lamento, más que por haberme confundido -cosa que no me gusta-, por la pérdida que supone para la Humanidad.

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16 Jul 2009

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16 Jul 2009

Eran las 4.15 horas del 21 de julio de 1969 cuando Buzz Aldrin, tras haber leído la Biblia y comulgado "como un gesto simbólico", abandonó el Águila y posó los pies en el polvoriento suelo de la Luna. Diecinueve minutos antes, su compañero de aventura, Neil Armstrong, había dado "un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad" ante unos 600 millones de telespectadores. Después de clavar una bandera estadounidense en el Mar de la Tranquilidad y depositar una rama de olivo de oro "como símbolo de paz", los dos astronautas del Apollo 11 permanecieron en la superficie lunar dos horas y media para desplegar el material científico y recoger 22 kilos de rocas mientras Michael Collins esperaba en el módulo de mando.

"Vista desde la Luna -explicaba Aldrin en junio de 1994-, la Tierra es el objeto más bello que pueda imaginarse. Es un planeta muy hermoso. Lo difícil es saber qué parte del planeta estás viendo". Y, seguidamente, arremetía contra uno de los rumores que mucha gente considera auténticos. "Están confundidos quienes creen que desde la Luna se ve la gran muralla china. Con suerte, puede verse desde órbita terrestre, pero nada más". El pionero era igual de contundente a la hora de pronunciarse sobre los misteriosos sucesos propalados por los representantes de la ufología más delirante. "Ni vimos nada extraño ni se ha ocultado ningún tipo de información. Lo que todo el mundo sabe es lo que realmente ocurrió".

Aldrin, que hablaba con pasión de la búsqueda de inteligencia extraterrestre, calificaba de "tonterías" las historias narradas por autores como Juan José Benítez, quien en uno de sus primeros libros, Ovnis: SOS a la Humanidad, presenta una conversación entre los astronautas y el centro de control de la misión con platillos volantes incluidos. "Es una fantasía. A lo largo de estos años, muchas personas han hablado de sucesos extraños y misteriosos ocurridos en esta misión, pero son sólo producto de su imaginación". Una imaginación disparatada, como lo demuestra el hecho de que "hay quien dice que vimos hombrecillos verdes al otro lado del cráter. Es la tontería más grande que he oído".

Las huellas de Aldrin y las de otros once exploradores permanecerán inalterables en nuestro satélite durante milenios. "Me impresiona pensar que estarán allí dentro de miles de años si un pedazo de basura espacial no acaba con ellas antes", ironiza el astronauta. "Cuando pisé la Luna –recuerda-, lo que más me sobrecogió fue el contraste entre la magnificencia de nuestro logro y la desolación del lugar. No sentí ningún tipo de miedo, sino ansiedad al sentirme observado por los millones de personas que nos estaban viendo a través de la televisión. Creo que lo llaman miedo escénico".


"No debe creer todo lo que lea por ahí"

Buzz Aldrin tuvo el 20 de junio de 1994 un encuentro con periodistas en Getxo (Vizcaya) durante el cual descalificó con una sonrisa las fantasías de quienes dicen que los astronautas del Apollo 11 se encontraron con algo inesperado en el Mar de la Tranquilidad e1 21 de julio de 1969. Aquí tienen, ahora que se cumplen 40 años del alunizaje, el diálogo que mantuvimos.

-¿Se ha contado toda la verdad sobre la expedición del Apollo 11 o se han ocultado al mundo, como sostienen algunos autores, las pruebas de un contacto con alienígenas?

-Tengo un secreto especial para usted.

-¿Cuál?

-¿Por qué hace esa pregunta?, ¿cree que los astronautas mentimos a menudo?

-Quiero saber su opinión sobre lo que dicen algunos escritores sensacionalistas.

-No debe creer todo lo que lea por ahí.

-¿Cree que seres extraterrestres visitaron la Tierra en un pasado remoto. como ocurre en la novela que está escribiendo?

-Realmente, no. Creo que es más posible que seres extraterrestres hayan visitado la Tierra hace millones de años o la visiten en un futuro lejano a que lo hagan ahora. Sería demasiada coincidencia.

-¿Vieron ustedes algo raro en el Mar de la Tranquilidad?

-No. Hay quien dice que vimos hombrecillos verdes al otro lado del cráter. Es la tontería más grande que he oído.

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15 Jul 2009

Si usted recuerda los primeros pasos de Neil Armstrong en el Mar de la Tranquilidad como una película en blanco y negro de muy mala calidad, no es que su memoria le traicione. Las imágenes de la llegada del hombre a la Luna no pudieron en 1969 emitirse directamente por incompatibilidad técnica y las que todos vimos fueron el resultado de proyectarlas sobre una gran pantalla en Houston y que una cámara de televisión las captara para transmitirlas al mundo. En román paladino, una chapuza.

Las imágenes originales, de mucha mejor calidad, quedaron en unas cintas cuyo último lector la NASA fue a jubilar en 2006, aunque antes se planteó la necesidad de digitalizar los vídeos del Apollo 11. Y llegó la sorpresa: nadie encontraba las cintas originales, que supuestamente estaban almacenadas en el Centro Goddard de Vuelos Espaciales. Después de casi tres años de búsqueda, en junio corrió el rumor de que las grabaciones habían sido localizadas.

Aunque la agencia espacial estadounidense no ha confirmado todavía el hallazgo, todo indica que ha encontrado los vídeos. Ayer hizo público un comunicado en el que anuncia que mañana, en coincidencia con el cuadragésimo aniversario del lanzamiento del primer vuelo tripulado a la Luna, "hará públicas imágenes de vídeo muy mejoradas de la emisión en directo del paseo lunar del Apollo 11 en julio de 1969". Se tratará, según la NASA, de "quince momentos clave del histórico paseo lunar de Neil Armstrong y Buzz Aldrin basados en lo que se cree que son las mejores copias de la emisión de la excursión lunar, algunas de las cuales han estado guardadas bajo llave durante 40 años". Una magnífica noticia y un motivo más para celebrar uno de los grandes hitos de la Historia.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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