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04 Jun 2008

Ya saben que, según los conspiranoicos, contra el Pentágono no se estrelló ningún avión de pasajeros el 11-S. Si no lo saben es porque son unos ignorantes que no leen las obras de Bruno Cardeñosa, para quien lo que destruyó parcialmente el cuartel general estadounidense fue un misil en un autoatentado. "Creo que hace falta más atrevimiento para que se denuncien ciertas cosas, pero quienes mandan son conscientes de que es imposible que los grandes medios, por poner un ejemplo, vayan a negar que el 11-S se estrellara un avión en el Pentágono. Aquello no sucedió, así me lo confirman informes científicos, aeronáuticos, testigos…", declaraba hace tres años en una de las múltiples entrevistas de promoción de su peculiar -seamos caritativos- visión de la realidad. Hacía tiempo que no me acordaba de los disparates de Cardeñosa sobre los atentados de septiembre de 2001. Hace unas horas me los ha recordado una anotación de los siempre recomendables Microsiervos en la que Alvy llama la atención sobre una recopilación de diez fotografías que "echan prácticamente por tierra algunas de las teorías conspirativas del 11-S". Resulta que la primera imagen corresponde a parte del tren de aterrizaje del Vuelo 77 de American Airlines entre los restos del edificio. O eso o es que ahora resulta que los misiles tienen trenes de aterrizaje, vayan ustedes a saber por qué capricho de nuestros conspiranoicos.

Cardeñosa es el mismo ufólogo que decía hace siete años que en la película Tres hombres y un bebé (1987) se veía un fantasma. Por si no se acuerdan, esto último lo hizo en Antena 3 TV -perdonen la pésima calidad del vídeo, pero es lo que he encontrado-, donde dio por cierta la presencia de un espectro en una secuencia del filme protagonizado por Tom Selleck, Steve Guttenberg y Ted Danson. "Esta escena de Tres solteros y un biberón (sic) es la clara demostración de que, gracias a una cámara de cine, pueden registrarse presencias y manifestaciones que el ojo humano no está capacitado para detectar", sentenciaba el ufólogo al atragantarse con la vieja leyenda urbana, tal como denunció Zenón Sanz en un artículo titulado "Tres hombres, un biberón y el fantasma de Bruno Cardeñosa", publicado en la revista La Nave de los Locos.

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14 Mar 2008

Almudena Cacho y yo hablamos el 12 de marzo en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de Indiana Jones y la calavera extraterrestre, la actriz Marion Cotillard se suma a la teoría de la conspiración del 11-S, Robbie Williams y los extraterrestres y la Virgen que gotea aceite en Egipto, en la vigesimosegunda entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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03 Mar 2008

Marion Cotillard, ganadora del Oscar por La vie en rose, es una conspiranoica. Me he enterado de ello esta mañana en la web de Mat Drudge, famoso por haber fastidiado las vacaciones bélicas en Afganistán a Enrique de Inglaterra. El titular del sitio de Drudge enlazaba con una noticia difundida ayer por Reuters de la que ya se han hecho eco numerosos medios: resulta que Cotillard duda de la versión oficial del ataque contra las Torres Gemelas y de la llegada del hombre a la Luna, entre otras cosas. "Pienso que (los Gobiernos) nos mienten sobre muchas cosas", sentencia la actriz en una entrevista televisiva concedida hace un año y que estoy buscando para colgar aquí. Se confiesa adicta a los vídeos conspiranoicos sobre el 11-S y cita como contrapunto a la caída del World Trade Center el incendio del edificio Windsor de Madrid, que no se derrumbó a pesar de que "ardió durante 24 horas". Según Efe, que acaba de mandar el correspondiente despacho, algunos internautas estadounidenses ya están pidiendo que se le retire la estatuilla y hasta se le niegue trabajar en Hollywood. La actriz francesa, informa The Times, está consternada por la reacción a sus palabras, dice que se han sacado de contexto y que la entrevista es vieja; pero no se retracta. Mantiene así su alineamiento con quienes siguen las disparatadas ideas de Thierry Meyssan, autor del libro La gran impostura, y el español Bruno Cardeñosa, quien mantiene que contra el Pentágono no se estrelló ningún avión de pasajeros en septiembre de 2001. Como dice José María Romera hoy en El Correo, "la paranoia se nutre de ciertos trastornos mentales, pero también de pequeños defectos cotidianos: la pereza mental, la vanidad, el afán de notoriedad, el victimismo, la sinrazón". No sé a cuál de estas causas, si no a todas, atribuir el mal de Marion Cotillard. Lo que si sé es que no tiene ningún motivo para molestarse por la reacción pública a sus desvaríos. Quien dice tonterías se arriesga a que lo tomen por tonto.

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20 Sep 2003

Ahora que va a regresar a Televisión Española con su serie Planeta encantado -cuya producción ha costado 8 millones de euros y que contiene algunas de las escenas más ridículas que hemos visto en espacios de este tipo-, alguien debería recordar a nuestros políticos y a la sociedad en general quién es Juan José Benítez, autor cuyo currículo de disparates e insensateces es tan amplio como miles los kilómetros dice haber recorrido tras el misterio. ¿La penúltima? Que el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono fue organizado por altas instancias del Gobierno de Estados Unidos. Lo dijo en septiembre de 2002, durante la presentación de su libro Mi Dios favorito, que por prudencia sólo me he atrevido a hojear. "Todo estuvo diseñado por los propios norteamericanos", afirma el novelista navarro sobre los atentados terroristas. Otros dos hispanos, Christian Sanz y Norberto Maraschi, tampoco creen que un avión se estrelló contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. Lo sorprendente es que hasta hace poco ocupaban la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, de la Asociación Argentina de Lucha contra las Pseudociencias (ASALUP), que por cierto carece de personalidad legal. Sanz dimitió después de descubrirse que plagió un artículo y que un fax que presentó como prueba en un debate televisivo era una burda falsificación. El descubrimiento del fraude del fax corrió a cargo de auténticos escépticos a quienes los responsables de ASALUP y Héctor Walter Navarro, un pseudoescéptico encarnación de la telebasura en Argentina, intentaron desacreditar. Sanz, Maraschi y Navarro respondieron con insultos a los críticos hasta que tuvieron que callar aplastados por las pruebas del plagio y de la falsificación. La historia es apasionante e inquietante: los auténticos escépticos argentinos -Alejandro Agostinelli, Alejandro Borgo y Max Seifert, entre otros- han defendido a capa y espada la racionalidad frente a aquéllos que únicamente buscan el beneficio personal y que, si no están en las filas de Benítez y compañía, es porque hay demasiada competencia. Lean "¿Está el escepticismo organizado argentino en manos de conspiracionistas?" -les aseguro que se preguntarán el porqué de los signos de interrogación- y el artículo que publicó sobre el asunto Alejandro Borgo en Skeptical Briefs, el boletín del Comité para Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), cuya versión española ha aparecido en El Escéptico Digital.

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22 Ago 2003

EL 'DIABLO'. El rostro en el humo de la Torre Norte tiene su origen en que nuestro cerebro intenta reconocer formas en el caos. Foto: AP.
"Dos hermanos serán separados violentamente por el caos... La tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas" (Nostradamus, 1654). Dos días después del ataque terrorista contra el World Trade Center, esta cita, en la cabecera de un diario madrileño, daba visos de autenticidad a una apocalíptica profecía. Los hermanos eran las Torres Gemelas; la ciudad, Nueva York, y el desastre había sido predicho por Michel de Notredame a mediados del siglo XVII. El presagio era, sin embargo, tan falso como una moneda de tres euros. Para empezar, porque Nostradamus murió en 1566, así que no pudo escribir esas palabras un siglo más tarde; para acabar, porque no existe ninguna cuarteta del astrólogo francés que diga algo parecido.

La primera parte del verso fue creada en 1997 por Neil Marshall, un estudiante de la Universidad de Brock, en Canadá, para un ensayo -titulado Un análisis crítico de Nostradamus- en el que pretendía demostrar que un texto del pasado puede venderse como predicción de un suceso siempre que su redacción sea abstrusa. "Si haces las suficientes profecías y eres lo suficientemente inteligente para escribir de una manera abstracta, serás considerado en el futuro un vidente", argumentaba Marshall hace seis años. La clave para él era dejar reposar lo escrito hasta que una de las profecías encajase con la realidad. Cuando, el 11 de septiembre, alguien añadió a su cuarteta original lo de "la tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas" y envió el texto masivamente por correo electrónico, Marshall vio su hipótesis demostrada y a sí mismo transmutado en adivino. El tiempo le había dado la razón.

'Pelotazo' editorial

La falsa profecía de Nostradamus fue la primera de las mentiras relacionadas con la tragedia de septiembre en difundirse a los cuatro vientos. La última se plasmó en un libro que se puso a la venta en Francia en marzo de 2002 y se convirtió en todo un éxito de ventas. 11 septembre: l'effroyable imposture (11 de septiembre. La gran impostura) propugna que no hubo ningún avión que se estrellara contra el Pentágono. Su autor, Thierry Meyssan, es periodista y preside la Red Voltaire, una organización de izquierdas que combatió en su día al Frente Nacional y que ha visto fulminada su credibilidad de la noche a la mañana por el pelotazo editorial de su presidente.

El libro de Thierry Meyssan, publicado en España por la editorial del diario 'El Mundo'.Los primeros 20.000 ejemplares de 11 septembre : l'effroyable imposture desaparecieron de las librerías en sólo dos horas. "Hemos vendido 2.500 ejemplares en diez días cuando una novela superventas puede llegar a 1.500 al mes", señalaba el 1 de abril un portavoz del local parisino de la cadena Fnac en Les Halles a The Guardian. La operación de mercadotecnia empezó el 10 de febrero, cuando Raphaël Meyssan colgó -en francés, inglés, español e italiano- una sinopsis de la teoría de su padre en la web de L'Asile Utopique. Dos semanas después, la página registraba 15.000 visitas diarias. La respuesta no se hizo esperar. A principios de marzo, en el sitio Páginas de Referencia sobre Leyendas Urbanas, se desmontaba punto por punto la tesis de Meyssan en un trabajo que ha sido actualizado tras la publicación del libro.

El periodista sostiene que los destrozos del Pentágono no fueron causados por un avión de pasajeros secuestrado, sino por el propio Gobierno estadounidense. Meyssan llega a tal conclusión al no explicarse cómo puede una aeronave de 100 toneladas que volaba a un mínimo de 400 kilómetros por hora dañar únicamente el anillo exterior del inmueble; cómo pudo chocar justo contra la planta baja; dónde están los restos del Boeing 757; por qué se echó arena sobre el césped próximo al edificio, aunque no había sufrido daños aparentes; qué ocurrió con las alas del aparato y por qué, a su juicio, no provocaron destrozos; por qué el jefe de bomberos no pudo decir a los periodistas dónde estaba el avión, y cuál fue el punto de impacto.

Retórica revisionista

Barbara y David P. Mikkelson, expertos en desenmascarar fraudes, dedican un extenso artículo en las Páginas de Referencia sobre Leyendas Urbanas a poner en su sitio cada una de las alegaciones del conspiranoico, apoyándose en imágenes que, por sí solas, sacan a flote la falsedad de los argumentos de Meyssan. Así, comienzan por señalar que los efectos del choque no se limitaron al anillo exterior del Pentágono, sino que se extendieron a los cinco anillos del ala que sufrió el impacto, tras perforar el avión un muro reforzado de 60 centímetros de espesor. La aeronave, añaden, no se estrelló contra la planta baja del edificio, sino entre la primera y segunda, y tras golpear el suelo.

A pesar de que explotó en una gigantesca bola de fuego, pequeñas piezas del aparato quedaron diseminadas alrededor del edificio, y fueron fotografiadas y filmadas por los periodistas. El vertido de arena y piedras sobre el intacto césped que tanto intriga a Meyssan era para preparar el terreno para el paso de la maquinaria pesada usada en las labores de desescombro y reconstrucción. ¿Pero qué pasó con las alas? "Vi cómo el morro del avión se rompía, vi las alas avanzar hacia adelante", declaró a The Miami Herald un vecino que presenció el choque. Las alas son una de las partes más frágiles de un avión y su huella en el cuartel general militar estadounidense fueron dos zonas ennegrecidas en la fachada a ambos lados del punto de impacto.

Meyssan no ofrece una versión alternativa al desastre del Pentágono ni explica cómo, si el avión no se estrelló contra el Pentágono, murieron los 68 ocupantes del Vuelo 77 de American Airlines. Se limita a decir que "el Gobierno americano miente". Para él, todo el desastre fue el fruto de una conspiración urdida en las más altas instancias del Ejecutivo de Bush. "Esta teoría agrada a todo el mundo: no hay extremistas islámicos y todo el mundo es feliz", sentenciaba Le Nouvel Observateur. Para Libération, se trata de un conjunto de "afirmaciones disparatadas e irresponsables, sin ningún fundamento", extremo en el que coincide el sociólogo Pierre Lagrange, para quien Meyssan recurre a "la misma retórica" que aquéllos que niegan la existencia de los campos de exterminio nazis. El Pentágono calificó el contenido del libro de "bofetada" a la memoria de las víctimas de los ataques del 11 de septiembre.

El club de la conspiración

El periodista francés entró por la puerta grande en el club de la conspiración, del que forman parte desde negadores de la existencia del virus del sida hasta seguidores de los platillos volantes. Estos últimos se dieron prisa, tras los ataques contra Estados Unidos, en revisar montañas de material gráfico a la búsqueda de pequeñas manchas en el cielo. Las encontraron y llegaron las naves extraterrestres. Numerosos astrólogos dijeron, por su parte, que habían anunciado la catástrofe, aunque ninguno presentó más prueba que una vaga frase que puede significar cualquier cosa.

No faltaron tampoco quienes vieron en la humareda y la polvareda de Manhattan los rostros del Diablo y de Dios, éste último en una fotografía de la caída de la Torre Sur. Estas imágenes no son trucajes, como la del supuesto turista en uno de los rascacielos momentos antes del choque del primer avión. Las caras son creaciones de nuestro cerebro, que busca constantemente formaciones familiares en el caos y es capaz de ver un rostro hasta en un valle marciano. Lo inquietante es que hay muchas personas que caen en las garras de conspiranoicos como Meyssan, que no dudan en banalizar una tragedia y tergiversarla con tal de hacer negocio. Ésa es la última razón de la conspiración.


La realidad inventada

La cuarteta de Nostradamus: "En la ciudad de Dios habrá un gran trueno, dos hermanos serán separados violentamente por el caos, mientras la fortaleza aguante el gran líder sucumbirá, la tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas". Las tres primeras frases las escribió Neil Marshall en 1997; la última, un autor desconocido después del ataque contra Nueva York.

El Diablo y Dios, a escena: Las fotos en las que se ven rostros en el humo de las Torres Gemelas no han sido manipuladas; pero eso no quiere decir que estemos ante los rostros del Diablo y de Dios -o de un teletubbie, que también parece haber un personaje de ésos entre el humo- como han propugnado los amantes de lo sobrenatural. El cerebro humano intenta reconocer formas familiares en el caos, tenga éste forma de humo, de nubes, de nudo de árbol o de mancha en la pared.

LA FOTO DEL TURISTA. Montaje fotográfico en el que se ha colocado un avión como si fuera a chocar contra el World Trade Center.

La fotografía del turista: Se presenta como procedente de una cámara recuperada entre las ruinas del World Trade Center. Es un burdo montaje: el turista viste ropa de invierno, cuando el 11 de septiembre fue un día caluroso; el avión se aproxima por el Norte, luego tiene que tratarse de la Torre Norte, pero ésta no tenía terraza de observación (la de la otra Torre se abría a las 9.30 horas, cuando el primer choque se registró a las 8.49 horas); la aeronave es un Boeing 757 de American Airlines, cuando el primer avión implicado fue un Boeing 767.

La maldición del 11: La catástrofe ocurrió el 11 de septiembre, el 11 del 9 (1 + 1 + 9 = 11). Uno de los vuelos estrellados contra las Torres Gemelas era el 11. New York City, Afghanistan y The Pentagon tienen, cada una, 11 letras. Éstos y otros ejemplos de pseudociencia numerológica llevaron a los amantes de lo paranormal a hablar de la maldición del número 11. Tanta cháchara demuestra sólo que quienes la difunden han sabido elegir qué sumar (¿por qué no se incluyen, por ejemplo, el 2 y el 1 de 2001 en la suma de la fecha?). Cualquiera podría hablar de la maldición del número que quisiera, siempre que eligiera bien los sumandos.

Ningún israelí murió en el World Trade Center: Los 4.000 ciudadanos israelíes que trabajaban en las Torres Gemelas no acudieron a sus oficinas el 11 de septiembre porque se pusieron todos enfermos. Esta mentira, que apareció en Internet el 18 de septiembre, es una de las urdidas para poner a Israel en el origen de los ataques terroristas. Hubo israelíes y judíos entre las víctimas de las Torres Gemelas.

Los ovnis estuvieron allí: Algunos ufólogos han visto, en las numerosas imágenes tomadas aquel día, platillos volantes alrededor de las Torres Gemelas y del Pentágono. Como la mayoría de la evidencia a favor de las visitas extraterrestres, ésta es también insostenible. Se trata de puntos claros u oscuros en el cielo que pueden deberse a defectos del negativo o a aeronaves -aviones o helicópteros- lejanos.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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Una ventana crítica al mundo del misterio

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