19 Jun 2006


Iker Jiménez ha reconocido hoy que el cosmonauta fantasma nunca existió. Ha dicho que se trata de una "leyenda cósmica" y que se enteró gracias al público de Cuarto milenio, que fue el que avisó al equipo del programa. Debe ser un poco triste tener a sueldo un grupo de autocalificados investigadores y que ninguno sea capaz de detectar una broma de hace nueve años que Google -este enlace es una cortesía hacia los investigadores de Cuarto milenio, para que den los primeros pasos en su próxima investigación- revela a la primera. No creo, claro, que Jiménez se enterara de la metedura de pata como dice; pero le ha quedado bien como excusa y así ha eludido dar explicaciones sobre el inexistente rigor de su trabajo y de su equipo. Se ha salido por la tangente con una sonrisa, hasta la próxima, que la habrá. Joan Fontcuberta declaraba hace unos días a El Correo que le alegraba que el episodio del cosmonauta Ivan Istochnikov en Cuatro abriera "un debate sano sobre la deontología periodística". No va a ser así porque no estamos ante algo que tenga que ver con el periodismo, sino -como ha dicho Fernando de Felipe en La Vanguardia- frente a una muestra de "auténtico periodismo de imbestigación (de investigación imbécil, claro)". Y, cuando el periodismo de imbestigación -podía decirse también paranormal-  entra por la puerta, la ética y el rigor salen a por la ventana. Por cierto, yo he echado de menos en la mesa junto a Jimenez a Gerardo Peláez: ¿dónde está, Iker? Algunos esperamos ansiosos su próxima imbestigación.

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13 Jun 2006


Iker Jiménez presentó el domingo en Cuarto Milenio el caso de "un hombre que la Unión Soviética quiso apartar de la Historia de un plumazo". "Vamos a hacerle un homenaje merecido", anunció. El misterio lo había investigado Gerardo Peláez -uno de sus colaboradores en el programa de Cuatro- y se ilustró con un retrato del cosmonauta Ivan Istochnikov en traje espacial, una foto con sus colegas ante el Kremlin y otra posterior en la que se le había borrado, entre otras imágenes. (Si usted usa Internet Explorer y no ve el vídeo que hay bajo el título, pulse aquí.)

"La pregunta es por qué (se le borró), qué había hecho ese hombre, por qué molestaba", dijo Jiménez. "Estuvo embarcado en una misión que fue un fracaso estrepitoso para la URSS y, lógicamente, eso no se podía dar a conocer", respondió Peláez. Istochnikov era "muy conocido" en la URSS, según los dos periodistas, y desapareció en 1968 a bordo de la Soyuz 2. Para ocultar el fracaso, fue borrado de la Historia: se le eliminó de las fotos, su familia fue deportada a Siberia, y sus amigos y colegas, silenciados.

El caso, explicaron en Cuarto milenio, salió a la luz en 1993, cuando un periodista compró en una subasta de Sotheby's en Nueva York un lote con material desclasificado procedente de la URSS. "Y ahí descubre este hombre, que creo que se llamaba Mike Arena, una fotografía con el fantasma en carne y hueso, presente", puntualizó Jiménez, quien concluyó: "Lo cierto es que ese hombre (por el cosmonauta) no aparece en las fotografías oficiales y estaba ahí". Impresionante... y falso, porque Ivan Istochnikov es tan real como el Pato Donald.

Joan Fontcuberta, caracterizado como el imaginario cosmonauta Ivan Istochnikov. Foto: Joan Fontcuberta"¡Estoy alucinando! ¡Todo esto me parece muy cómico", declaró ayer a este periódico Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955). Este fotógrafo juega desde hace años en sus creaciones "al equívoco y la ambigüedad", y montó en 1997 para la Fundación Telefónica una instalación -Sputnik- sobre un cosmonauta con recortes de prensa, fotografías, parafernalia espacial, vídeos y la historia contada en Cuarto milenio. Todo parecía real; todo era falso. El artista llegó al extremo de prestar su cara al astronauta y bautizarlo con la traducción de su nombre al ruso: Ivan Istochnikov.

Ayer, Fontcuberta se reía. "Tiendo trampas destinadas a los crédulos. No esperaba que cayeran en una que tiene nueve años unos periodistas profesionales, que se supone que tienen que verificar y contrastar la información". Una simple búsqueda en Google revela que Istochnikov nunca existió. Iker Jiménez, con quien este periódico ha intentado hablar sin éxito, se enteró de ello ayer.

Torpeza y plagio paranormal

No es la primera vez que el fotógrafo catalán ve cómo algunos medios poco rigurosos se toman como algo real uno de sus montajes. Pasó algo parecido, a una escala menor, con algunos medios escritos en el caso de su instalación Karelia: milagros & co., presentado como un reportaje sobre un monasterio milagrero, y y ha vuelto a ocurrir algo parecido en un montaje sobre sirenas fósiles recientemente presentado en Salamanca. "Mis proyectos son como semillas. Los hay que han caído en terreno yermo, y otros que no", y recuerda cómo han llegado a llamarle sacerdotes interesados en estudiar el caso del monasterio de Karelia.

Lo que Fontcuberta no se esperaba, a estas alturas, es que un equipo de periodistas se tragara como real su exposición sobre el cosmonauta. "Creo que demuestra que hay una necesidad de creer. Creer es mucho más cómodo que dudar. La duda implica una actitud crítica activa, mientras que creer es algo pasivo".

"Los medios de comunicación han frivolizado mucho con el misterio, así que nuestra labor ha de darle una vuelta de tuerca a eso. Ése es el reto", decía Iker Jiménez hace una semana en una entrevista publicada en El País. La vuelta de tuerca debe de ser ir más allá de la frivolización, inventarse directamente el misterio. Pero hay que ser muy torpe para montar el cuento chino de turno sobre un caso tan conocido como el del inexistente astronauta ruso de Joan Fontcuberta. Ese tipo de torpeza, sin embargo, no es nuevo para el equipo de Cuarto milenio.

Juan Jesús Haro Vallejo, uno de los compañeros de Jiménez en Cuatro, firmó en la revista Enigmas como reportaje de investigación un relato de ficción copiado a los escritores Fernando Marías y Juan Bas, en el que éstos fabulaban sobre la superviviencia de Federico García Lorca al fusilamiento en el Barranco de Víznar. El periodista esotérico aseguraba hasta haber hablado con testigos, cuando éstos en realidad habían salido de la imaginación de los dos escritores. Haro Vallejo fue condenado por plagio junto a Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, en junio de 2000.

Más recientemente, en su libro 20 grandes conspiraciones de la Historia (2003), Santiago Camacho, otro miembro del equipo de Cuarto milenio, atribuyó a Maria Blyzinsky, del Observatorio de Greenwich, unas declaraciones en apoyo de la idea de que el hombre no llegó a la Luna en 1969. La astrónoma explicó en su momento a Magonia que jamás ha dicho lo que sostiene Camacho y que considera un disparate la teoría de la conspiración.

Basado en un texto publicado originalmente en el diario El Correo.


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11 Jun 2006

Acabo de releer la corta entrevista -tiene ocho preguntas- de Juan Cruz a Iker Jiménez y Carmen Porter, publicada por El País el pasado lunes, y sigo sin dar crédito a lo que veo. El interrogatorio es amable hasta el límite y el autor deja aparcado el espíritu crítico del que en otras ocasiones ha hecho gala para jalear a la pareja de misteriólogos hasta el sonrojo y permitir que digan tonterías sin réplica alguna. Los tiempos han cambiado y el diario madrileño -que antes no hacía concesiones a Juan José Benítez, Fernando Jiménez del Oso y compañía- ahora promociona charlatanes. La razón es muy simple: son de su cuadra. Tienen programa en la Cadena SER y en Cuatro -donde también aparecen otros ilustres del gremio como Bruno Cardeñosa y Josep Guijarrro-, y han publicado su último libro en Aguilar, la editorial de la casa.

Cruz no formula a Jiménez y Porter ninguna pregunta incómoda y sí una sucesión de interrogantes a cada cual más tonto: que si cómo se escribe un libro a cuatro manos, que si ayuda que sean pareja, que si cómo viven la experiencia de la feria del libro, que si han sentido alguna vez "algún escalofrío en especial"... Son preguntas más propias de un novato al que el redactor jefe manda a hacer una entrevista con cinco minutos de preparación que de un adjunto a la dirección del principal periódico español. Cruz no molesta a las estrellas de lo paranormal de Prisa pidiéndoles, por ejemplo, las pruebas de todo lo que dicen y que las presenten de una vez a la comunidad científica, porque eso demostraría que lo que Jiménez y Porter divulgan son patrañas.

"Nosotros no somos expertos en lo extraño. Somos periodistas, de sucesos", dice Jiménez. Me vienen a la mente los periodistas de sucesos que conozco, los que trabajan día a día con seriedad, y no veo en esta pareja nada que se les parezca remotamente. Porque no hay un reportero de sucesos que vaya por ahí persiguiendo fantasmas o extraterrestres, intentando grabar voces del Más Allá, atribuyendo ataques al ganado a bichos inexistentes como el chupacabras y metiéndose en cementerios para detectar almas en pena, que es lo que ha hecho el tándem Jiménez-Porter desde que empezó en la profesión. En su papel de convidado de piedra, Cruz no recuerda al matrimonio nada de eso. El segundo momento cumbre llega al final, cuando les pregunta: "¿Son ustedes escépticos?". "No, humildes -responden ellos-. El misterio existe, y como nos decía Iñaki Gabilondo, debemos ser humildes ante el misterio". Y se van de rositas, sin que el otras veces puntilloso periodista les replique que humilde no es antónimo de escéptico, que un buen periodista tiene ante todo que ser escéptico, que preguntarse cosas, que dudar; que una tontería, aunque la diga un profesional como Gabilondo, no deja de ser una tontería; y que lo lógico es intentar explicar los misterios, no humillarse ante ellos. Investigar es lo que hacen los científicos con los enigmas que nos rodean y lo que nunca harán ni Jiménez ni Porter, porque no lo necesitan: su negocio se basa en la ignorancia.

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31 May 2006

Adelantaba hace un par de semanas aquí que, a raíz de la confesión de uno de los autores de la falsa película de la autopsia de Roswell, su principal promotor en España, Javier Sierra, seguramente reescribiría de algún modo el pasado para camuflar su papel en el montaje. ¡Ya lo ha hecho! En el editorial del número de junio de Más Allá, que escribe en calidad de consejero editorial de la revista, advierte a los lectores de que "nos quieren distraer" y de que, detrás de la coincidencia temporal entre confesión del fraude de la película de 1996 y las conclusiones del último estudio oficial del Gobierno británico, hay una conspiración.

"Fue la divulgación de una filmación que supuestamente mostraba la autopsia a un extraterrestre accidentado en Roswell en 1947 la que casi enterró el misterio, desacreditándolo mortalmente", argumenta el novelista y ufólogo, quien añade que, "ahora, las viejas excusas militares (se refiere a la conclusión de que nada extraterrestre se oculta tras los ovnis) y la película de las autopsias vuelven. Lo hacen a la vez y en un mismo escenario, el Reino Unido. Y ni qué decir tiene que tan extraña sincronicidad ha desatado ya algunas alarmas". No especifica qué alarmas son las que se han disparado ni entre quiénes, porque lo único que persigue es echar balones fuera.

Javier Sierra defendió en 1995 la autenticidad de la película de la autopsia, que, según él, suponía un reto para los científicos.Que el consejero editorial de Más Allá se lamente del flaco favor que hizo a la ufología la publicidad dada a la película de la autopsia de 1995 demuestra que tiene una cara más dura que la de los moais de la isla de Pascua. Quien hace once años se dedicó en cuerpo y alma a publicitar la falsa filmación fue él. Tanto en los artículos de la revista en la que entonces trabajaba, Año Cero, como en el libro Roswell: secreto de Estado, Sierra defendió que la cinta era auténtica, que los extraterrestres estaban vivos cuando los rescataron de entre los restos del platillo accidentado y que el caso Roswell suponía un auténtico "jaque a la ciencia". Ahora, cuando ha quedado claro lo que algunos decíamos entonces -que todo fue un fraude perpetrado por Ray Santilli con premeditación y alevosía-, el ufólogo alicantino se saca conspiraciones de la manga para desviar la atención de sus lectores sobre la realidad: él fue uno de los promotores del montaje, él fue uno de los beneficiados del engaño, él fue uno de los que vendieron al público gato por liebre.

La ufología no necesita nadie de fuera que la desacredite. Se bastan y se sobran para la tarea ufólogos de feria como Sierra, proclives a convertir en marciano un muñeco y a agarrarse luego a conspiraciones inventadas para esconder lo que está en las hemerotecas. Qué paradoja que el novelista titule su editorial "Nos quieren distraer", que culpe a terceros de lo que él trata de hacer respecto a su verdadero papel en el negocio de la película de la autopsia de Roswell.

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24 May 2006

Iker Jiménez y Lorenzo Fernández, Manuel Carballal y Javier Sierra, haciendo de las suyas.Una de las aficiones favoritas de los comerciantes de misterios es sacarse fotos que luego incluyen en sus reportajes y libros. Hubo una época en la que la pose típica consistía en retratarse junto a la indicación de carretera del lugar de turno (solía tratarse de pueblecitos en los que alguien había visto platillos volantes o algo parecido). Tan repetida fue la escenografía que acabó quemada y entonces los periodistas esotéricos empezaron a hacerse visibles junto a los entrevistados o como intrépidos investigadores con mascarilla examinando los cuerpos de unas ovejas víctimas del chupacabras (Iker Jiménez y Lorenzo Fernández), sumergiéndose en aguas de Canarias en busca de la Atlántida (Manuel Carballal) y delante de un hangar en Roswell (Javier Sierra), entre otras escenas memorables. Querían dejar claro que habían estado en el lugar de los hechos y que eso les imbuía de una autoridad especial frente a quien no había hecho el viaje. Sin embargo, a las ovejas de Jiménez y Fernández las habían matado en realidad perros asilvestrados o lobos, las Canarias atlantes de Carballal habían emergido de las aguas y no eran los testigos de un continente hundido, y en el Roswell de Sierra se había estrellado un globo espía, y no una nave de otro mundo.

Ahora, vemos en Cuarto milenio a equipos de televisión que van de noche a rodar a pueblos malditos y cementerios, cuando podían hacerlo de día. Se trata de una puesta en escena similar a la de los forenses de CSI cuando entran con sus linternas en una habitación que ya han inspeccionado antes porque las persianas siguen echadas y las luces apagadas. ¿Por qué no encienden las luces? Porque el misterio no sería el mismo, como no lo sería si se visita el camposanto en un día luminoso. Lo que se persigue con las fotos de los periodistas esotéricos ataviados con el chaleco de fotógrafo y, a veces, hasta el sombrero estilo Indiana Jones es que la credibilidad entre por los ojos irracionalmente y la gente no se pare a pensar en lo absurdo de la pose. Retratarse dentro de la Gran Pirámide, tras haber pagado la correspondiente entrada, no convierte a nadie en egiptólogo, algo que sólo se consigue después de años de estudio y para lo que no es necesario visitar el país de los faraones, aunque siempre sea recomendable. Tampoco es necesario ver en directo la sábana santa para hacerse a la idea de que es tan auténtica como el mantel de Coria -supuestamente, el de la Última Cena-, las gotas de leche de la Virgen y otras reliquias que pueblan las iglesias de la cristiandad.

Ricard Bru se encuentra con una 'teleplastia' en la Gran Pirámide.Ir de turismo es ir de turismo, se vaya a Teotihuacán o a Tassili. Investigar es algo más serio, que nunca ha hecho ninguno de los citados y que exige horas de estudio sin garantía de resultados. Por eso, si alguien dice que hay que ir a Egipto, Pascua, Nazca, Malta, Stonehenge, el lago Ness o donde sea para saber la verdad de los presuntos misterios, desconfíen de él. Visitar cualquiera de esos sitios es una gozada, pero no otorga una sabiduría especial. Si no, que se lo pregunten al parapsicólogo Ricard Bru, que visitó la Gran Pirámide y descubrió en su interior teleplastias, es decir, algo similar a las caras de Bélmez, según nos contó en la revista Más Allá. Y se quedó tan ancho.

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13 May 2006

El marciano de la película de la autopsia de Roswell, aquel vídeo que parecía rodado por Ed Wood y por cuya emisión pagaron en 1995 una pasta algunas cadenas de televisión, no era tal. Resultaba obvio y así lo dijeron en su momento los expertos forenses y en efectos espaciales que vieron la cinta, pero la ufología de quiosco -la que vive de las más increíbles mentiras- no admitió ese dictamen. Ahora, el experto en efectos especiales John Humphreys ha zanjado el asunto con motivo del estreno, el 7 de abril, de Alien autopsy en los cines del Reino Unido. "Todo lo que hemos hechos para el filme de Ant y Dec -ha dicho en referencia a la nueva película- ha sido recrear los modelos que fabricamos hace diez años a partir de las fotografías que tomamos entonces".

Ray Santilli, un productor televisivo, se hizo en la primera mitad de los años 90 con una película en blanco y negro en la que se veía una supuesta autopsia a un alienígena accidentado en Roswell (Nuevo México, EE UU). Se trataba, según él, de un documento rodado en 1947 por las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos y como tal lo vendió a cadenas de televisión de medio mundo -en España, cayó en la trampa Antena 3 TV- a precio de oro. Once años después, el escultor que modeló el extraterrestre gris ha dejado en evidencia tanto a Santilli como a quienes defendieron la autencidad de la película, incluido el ahora novelista Javier Sierra, que ha dedicado buena parte de su trayectoria profesional a la explotación comercial de falsos misterios.

Javier Sierra fue el principal 'padrino' de la falsa autopsia de Roswell en España. Foto: Fernando Gómez.John Humphreys, que ha trabajado en los efectos espaciales de series como Max Headroom y películas como Charlie y la fábrica de chocolate, ha reconocido ahora que creó los alienígenas de la cinta de Santilli y que, además, interpretó a uno de los cirujanos. Los muñecos, ha explicado a The Sunday Times estaban rellenos con sesos de cordero y entrañas de pollo y jarretes comprados en un mercado y, cuando acabó el rodaje, fueron descuartizados y sus pedazos se tiraron en diferentes cubios de basura en Londres. Santilli dice ahora que lo que él hizo en la película fue recrear el contenido de una cinta que en realidad existía, pero que estaba en muy mal estado. No fue lo que sostuvo en 1995, cuando se hizo de oro con ella. ¿Qué dirán ahora Sierra y compañía?

Seguramente, recurrirán a la reinvención de su papel real en el montaje, como ya ha hecho el ufólogo Philip Mantle, valedor de Santilli hace once años. "No pensé que (el engaño) iba a durar tanto, y estoy encantado de que el fraude haya salido a la luz y el misterio haya sido resuelto", ha declarado tras la confesión de Humphreys, y ha añadido que el escultor fue siempre uno de sus principales sospechosos. Sierra es hábil y podría recrear el pasado a su conveniencia, pero las hemerotecas están ahí: "¡No son humanos!", "¡Estaban vivos!", "Jaque a la ciencia" y "Roswell, un Watergate cósmico" fueron algunos de los titulares elegidos por el novelista para los reportajes periodísticos que escribió entre agosto y octubre de 1995 para la revista Año Cero, dirigida por ese otro adalid del rigor que es Enrique de Vicente. Una de las principales conclusiones de Sierra, en esos reportajes y en su libro Roswell. Secreto de Estado (1995), es que el transistor es un invento basado en el estudio de los restos del platillo extraterrestre estrellado en Roswell.

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13 May 2006

El rumor comenzó a circular en el mundillo ufológico en enero de 1995. Steven Spielberg, preparaba una película sobre el incidente de Roswell, a partir de "unas presuntas grabaciones reales" de las autopsias a los tripulantes del platillo volante que se estampó contra la Tierra en el desierto de Nuevo México en 1947 [Canto, 1995]. La fuente original del rumor fue Carl Nagaitis, miembro de la Asociación Británica para la Investigación Ovni (BUFORA) y autor, junto a Philip Mantle, del libro Ufo abductions, without consent. Aunque la productora de Spielberg desmintió inmediatamente la existencia del proyecto, el inventor de la patraña consiguió su objetivo: llamar la atención del sector más desquiciado de la comunidad ufológica internacional, que todavía no se había recuperado del mazazo recibido tras revelar el Tribunal General de Cuentas de Estados Unidos que los restos hallados hace casi medio siglo en Roswell se correspondían en realidad con los de un globo del proyecto Mogul, un programa secreto para "la detección de la onda expansiva generada por explosiones nucleares soviéticas" [Weaver, 1994]. Ya estaba todo preparado para dar el golpe de gracia.

El extraterrestre de la autopsia, en el quirófano.El escenario elegido fue un auditorio del Museo de Londres, donde el 5 de mayo un centenar de personas asistió a la proyección de una cinta de 20 minutos, en la que se veía cómo supuestos médicos practicaban una necropsia a un cadáver alienígena en lo que parecía ser un quirófano. El productor de televisión Ray Santilli envolvió el cebo con el halo de misterio adecuado, incluidos los preceptivos registros para evitar fotografías piratas. El público estaba compuesto por periodistas, potenciales compradores del filme y ufólogos. Y la mayoría cayó en el engaño, pero no Kent Jeffrey, del grupo creyente Iniciativa Internacional por Roswell (IRI), que tras ver la filmación no tenía ninguna duda acerca del carácter fraudulento de la película [Jeffrey, 1995]. Aún así, el productor de televisión siguió adelante con su estrategia y quince días después repitióla maniobra en San Marino, en un congreso ufológico al que acudieron los autores más sensacionalistas del viejo continente. En esta ocasión, los expertos pudieron ver 6 minutos del examen médico del cuerpo de un extraterrestre en el interior de una tienda de campaña.

Santilli, de 39 años y propietario de la empresa Merlin Communications Ltd, aseguraba que había tenido conocimiento de la existencia del filme dos años antes, cuando viajó a EE UU para hacerse con material con el que producir un vídeo sobre Elvis Presley. Durante su periplo americano, el productor conoció a un anciano de 82 años, un tal Jack Barnett, que había sido cámara de la Fuerza Aérea y decía disponer de 91 minutos de película que demostraban que seres de otros planetas visitan la Tierra y el Gobierno estadounidense ha estado ocultando la verdad a la opinión pública durante casi medio siglo. El filme, rodado en 16 milímetros, estaba repartido en 13 rollos de 7 minutos de duración y contenía imágenes de la recuperación del platillo volante en el lugar de los hechos, del examen médico realizado a un tripulante en una tienda de campaña, de las autopsias practicadas a los extraterrestres en Fort Worth y de una visita del presidente Harry Truman a la base militar donde se custodiaban los restos de los alienígenas.

El 'cuerpo' del marciano, con la herida que le habría causado la muerte.Según la primera versión de los hechos facilitada por Santilli, el cámara había sido en su día lo suficientemente astuto como para sacar una copia del material, burlar los controles de seguridad militares y mantener el filme a buen recaudo durante casi cinco decenios. Tras pagar al ex militar el equivalente a unos 108.000 euros, Santilli se hizo con los rollos de película con la condición de no revelar el nombre del vendedor. Aunque no había ninguna prueba de que la filmación fuera auténtica y el productor de televisión ofrecía información con cuentagotas, los ufólogos se tragaron el anzuelo y varias cadenas de televisión se mostraron interesadas por hacerse con el documental que Santilli iba a realizar con fragmentos de la cinta original. El productor, que había fijado el estreno mundial de su montaje para el 27 de agosto, recibió al parecer una espectacular oferta de la televisión israelí, que estaba dispuesta a pagar hasta 5,8 millones de euros por la exclusiva de la película. Al final, se vendieron los derechos de emisión en cada país a una televisión distinta con lo que Santilli se aseguró pingües beneficios, ya que sólo en Estados Unidos la cadena Fox engrosó las arcas de Merlin Communications Ltd en cerca de 1,2 millones de euros.

El culebrón del verano

El misterio llegó en junio a los quioscos españoles de la mano de Josep Guijarrro y Manuel Carballal, que informaban en la revista Más Allá del "descubrimiento por parte de la BBC de una vieja película -propiedad de un cámara militar que tenía 82 años- que, al parecer, recoge las imágenes no sólo de un ovni estrellado, sino tambien de los cuerpos de tres o cuatro seres alienígenas" [Guijarro, 1995a] y decían que "la prestigiosa casa de fotografía Kodak" había confirmado que la película había sido fabricada en los años 40 [Carballal, 1995], extremos ambos que han resultado ser falsos. Ni la BBC tuvo nada que ver en todo el asunto de la película de Roswell ni Kodak certificó en ningún momento la antigüedad del filme. El culebrón ufológico del verano había comenzado, y Más Allá y Año Cero se enfrascaron en su particular carrera por facilitar la información más impactante a sus lectores.

Guijarro optó desde un principio por poner en duda la autenticidad de la filmación mientras Javier Sierra, el especialista en platillos volantes de Año Cero, se lanzaba a una delirante carrera hacia el absurdo, dejándose seducir por Philip Mantle, miembro de la BUFORA que ha apoyado a Santilli en todo momento. Así, al tiempo que Guijarro se preguntaba en Más Allá si la película era un montaje fraudulento y llegaba a la conclusión después de cuatro meses -más vale tarde que nunca- de que "las imágenes del extraterrestre de Roswell son un montaje fraudulento", Sierra galopaba alomos de la irracionalidad más desenfrenada y proclamaba a los cuatro vientos: "¡No son humanos!", "¡Estaban vivos!", "Jaque a la ciencia", "Roswell, un Watergate cósmico"... Y Año Cero se llevó el gato al agua.

Portada del número de la revista 'Año Cero' en el que Javier Sierra presentó las primeras fotos de la falsa autopsia somo si fueran auténticas.A principios de agosto, los españoles pudieron ver las primeras fotografías procedentes de la película de Santilli. Un alienígena cabezón y sin pelo ocupaba la portada de Año Cero, cuyo director, Enrique de Vicente, dedicaba el editorial a justificar que su revista se apropiara indebidamente de unas imágenes propiedad de Merlin Communications Ltd. "Si estas películas son auténticas, como aseguran quienes las han puesto en circulación, se trataría de la noticia del siglo y la humanidad tiene el derecho a conocerla sin ningún tipo de restricciones. Si es cierta la historia que estos cuentan, el propietario legal de las mismas sería el Gobierno de Estados Unidos, que difícilmente se atreverá a reclamar sus derechos y reconocer asíla verdad que oculta al mundo desde hace medio siglo. Si no fuera así, se trataría de un fraude y la venta de dichas imágenes como auténticas sería igualmente fraudulenta. Es por ello -concluía De Vicente- que, ante la falta de respuesta a nuestras tentativas de negociación por parte de quienes, sin aportar prueba alguna, aseguran haberlas comprado al cameraman que las filmó, nos unimos a la iniciativa del CISU italiano, decidiendo publicar las imágenes y planteando así un claro desafío que pretende contribuir a desvelar la verdad" [Vicente, 1995]. A incrementar las ventas de la revista a costa de la verdad y de la credulidad del público, diría yo.

Enrique de Vicente y Javier Sierra consiguieron con la publicación de las primeras fotografías de la autopsia que diversos medios de comunicación se hicieran eco de la existencia de la enigmática película y otorgaran a las opiniones del ufólogo de Año Cero una inmerecida relevancia. El extraterrestre cabezón de Santilli apareció en las portadas de Cambio 16 y Tiempo, que recogían declaraciones de Sierra, quien se mostraba en estas revistas más cauto que en su publicación. Así, al mismo tiempo que en las revistas de información general advertía en repetidas ocasiones sobre la posibilidad de que todo fuera un engaño, en Año Cero aseguraba estar convencido de que Roswell había sido el escenario de "la caída y posterior recuperación de una nave extraterrestre" [Sierra, 1995a], y llamaba la atención sobre el hecho de que el invento del transistor podía estar basado en tecnología alienígena. Entre los periódicos, Diario 16 dedicó un amplio reportaje al tema; pero fue Abc el que puso el dedo en la llaga al denunciar el "timo del marciano de Internet" [Grado, 1995] antes del estreno mundial del documental televisivo. "Ray Santilli, un oscuro productor cinematográfico inglés, puede hacerse de oro", anunciaba el rotativo madrileño, mediante la venta de la película de Roswell a través de Internet. La autopista de la información, donde se han sucedido los rumores y debates, fue el primer lugar en el que el productor televisivo puso en venta la filmación de Roswell.

Una autopsia de cine

Sierra había acudido en mayo al congreso ufológico de San Marino, donde asistió a la proyección de una escena del filme que se localizaba en una tienda de campaña, en cuyo interior dos hombres practicaban la autopsia a un alienígena. El hecho de que los dos supuestos médicos no usaran ni guantes ni mascarillas y de que la estancia estuviese mal iluminada sólo había suscitado ligeros recelos en el joven ufólogo, que consideraba que la película resultaba impresionante. "Las imágenes, ciertamente, sobrecogen. Tumbada sobre una camilla y encerrada en una hermética sala de operaciones, una pequeña entidad de difusos rasgos humanos es examinada atentamente por dos cirujanos enfundados en sendos trajes aislantes", decía Sierra, refiriéndose a la escena que millones de españoles tuvieron oportunidad de ver en televisión el 3 de septiembre [Sierra, 1995a]. Cualquiera que haya presenciado los pocos minutos de la película original incluidos en el documental Los alienígenas de Roswell, emitido por Antena 3 TV, considerará alarmante lo impresionable que es el ufólogo alicantino.

El extraterrestre mide alrededor de metro y medio, carece de órganos genitales externos, tiene la piel grisácea, el cráneo desproporcionadamente grande, el vientre hinchado, seis dedos en cada extremidad... Se corresponde, en definitiva, con la imagen de los alienígenas que tiene el lector de News of the World y da la impresión de ser una figura de cartón-piedra. La autopsia parece revelar, además, que el alienígena carece de estructura ósea, tubo digestivo y dientes, y que un velo negro cubría cada uno de sus grandes ojos. "A primera vista -afirmaba Antonio Ribera, el patriarca de la ufología española-, diría que corresponde a un niño de unos 13 ó 14 años, más bien grueso y sin ninguna de las características que exhibiría una auténtica Entidad Biológica Extraterrestre (EBE)" [Ribera, 1995]. ¿Cuáles son las características de un auténtico alienígena, el color verde de la piel, las antenas y la nariz en forma de trompetilla? Ésa es la imagen que la gente tenía de los extraterrestres en los años 40, mientras que la de la película de Roswell es la de los hombrecillos grises que han popularizado la literatura ufológica y el cine.

Javier Sierra no dudaba en julio en reconocer la existencia de indicios de fraude en toda la historia; pero se ha resistido hasta el final, como buen mercader de lo oculto, a denunciar abiertamente el engaño. Sabía que el fragmento de autopsia que había visto en San Marino contenía numerosas incongruencias: la escena está escasamente iluminada "con un candil de petróleo"; el cadáver permanece tendido en una camilla y no sobre una mesa especial; el cámara rueda a una distancia excesiva como para captar los detalles de una autopsia y los médicos no llevan ni máscaras ni guantes. Y también estaba enterado de que la USAF no tiene constancia en su archivos de haber contado entre su personal de la base de Roswell en 1947 con un tal Jack Barnett, de que sólo Santilli conoce al misterioso cámara, de que la codificación Acceso Restringido de alguna de las secuencias no forma parte del código militar norteamericano y de que Chris Cary, la mano derecha del productor, trabaja "para una compañía especializada en efectos especiales y en la elaboración de escenarios y figuras de látex para películas de ciencia ficción" [Sierra, 1995a]. Todos estos detalles pasaban desapercibidos para el ufólogo oficial de Año Cero, para quien lo más destacable era que Barnett situase el incidente de Roswell en junio de 1947, no en julio, y que no se diera a conocer abiertamente como medida de autoprotección ante los pérfidos militares.

"Lo sorprendente del asunto -dice Sierra- es que, de ser auténtica la filmación y el testimonio de Barnett, los investigadores del caso Roswell han estado equivocados por completo al respecto de cómo y cuándo tuvieron lugar los hechos" [Sierra, 1995a]. Y tiene razón. Los ufólogos ni siquiera han acertado en los últimos cuatro decenios a la hora de fijar la fecha en la que ocurrió el misterioso suceso. Los especialistas como Sierra, que se presenta ante los medios de comunicación como el único investigador español que ha estado en Roswell, sitúan desde siempre el incidente de Nuevo México a principios de julio de 1947, dos semanas después de la observación de Kenneth Arnold, a pesar de que el principal testigo, William Brazel indicó en su día a The Roswell Daily Record que había encontrado los restos el 14 de junio [Klass, 1993].

Errores de película

La película de Roswell no resiste el mínimo análisis. Para empezar, resulta incongruente que los médicos que examinan el cadáver alienígena en la tienda de campaña no lleven ningún tipo de protección y trabajen bajo la débil luz de un candil, y que los forenses que practican las necropsias en Fort Worth porten un traje de protección totalmente inadecuado, cuyo único objetivo parece ser ocultar la identidad de los actores. Además, es propio de auténticos ignorantes pensar que, de haberse realizado, las primeras autopsias a seres de otros planetas se iban a practicar en tan lamentables condiciones, con sólo dos patólogos y un cámara de cine para grabar de un documento histórico. Una escena tan rocambolesca pertenece al universo del más ingenuo cine de ciencia ficción.

Los expertos que han visto la película no tienen ninguna duda: se trata de un burdo montaje. Joachim Koch, ufólogo de IRI y médico desde hace casi treinta años en un hospital berlinés, advierte de que los trajes anticontaminación de los patólogos de Fort Worth no pueden tener como objeto proteger a los técnicos de ningún tipo de radiación porque los doctores de la tienda de campaña no llevan ropa especial, lo que hace suponer que en el lugar del pretendido accidente no se habían detectado indicios de radiactividad. Por si fuera poco, al no disponer de equipos de respiración autónomos, los médicos no sólo sufren el hedor procedente del cuerpo en descomposición, sino que pueden ser víctimas de virus o bacterias de origen desconocido. "Luego es probable que el extraño equipo que visten los doctores tenga sólo el propósito de encubrir sus identidades" [Koch, 1995].

Javier Sierra, hoy novelista, escribió en 1995 un libro defendiendo la veracidad del 'caso Roswell'.El antropólogo forense José Manuel Reverte, que hasta 1997 había realizado más de 1.200 autopsias en diecisiete años, también consideraba que la vestimenta de los patólogos es inapropiada y añade que la actitud de los dos forenses es la propia de alguien que finge practicar una autopsia. "La impresión general que da la película cuando la ves por primera vez es que pertenece realmente a una autopsia, pero cuando vas a los detalles técnicos te das cuenta de algunos errores", indica el especialista [Sierra, 1995c]. Los patólogos se sienten sorprendidos, por ejemplo, del escaso flujo de sangre que sale por las incisiones. La falta de orden en la autopsia, la desproporcionada masa muscular del ser, la inexistencia de orificios para la evacuación de excrementos y un cerebro sin circunvoluciones son algunos de los indicios que llevan al doctor Reverte a sentenciar que "la filmación es un fantástico trucaje" y que el ser que permanece sobre la mesa es "algo creado manualmente".

Y eso por no hablar de las condiciones de trabajo o de la duración de la intervención. Como indica Joachim Koch, "la realización de una autopsia a un extraterrestre habría sido un hecho extroardinario. Se habría practicado en una gran habitación o auditorio para que la presenciaran numerosos patólogos. Se habría realizado muy cuidadosa y metódicamente, prolongándose, quizá, durante varias semanas. Se habría filmado cuidadosamente y se habrían sacado multitud de diapositivas y fotografías" [Koch, 1995]. Sin embargo, la película de Santilli es una chapuza con numerosos saltos de imagen y pérdidas de enfoque, un filme que, como dijo Antonio Albert en El País, "parece un corto de Álex de la Iglesia con la asesoría del departamento de efectos especiales de la señorita Pepis (la espuma de poliuretano canta que da gusto)" [Albert, 1995]. Toda la autopsia dura alrededor de dos horas, según ha reconocido Chris Cary, el socio de Santilli; resulta excesivamente breve para lo extraordinario de la situación.

Los técnicos en efectos especiales que han visto escenas de la película también han sido contundentes. A partir de los movimientos de cámara, Cliff Wallace, de Criature Effects, estima que el filme se rodó en vídeo y no con un pesado equipo de 16 milímetros. Wallace y sus socios están convencidos de que la filmación no corresponde a una autopsia auténtica y que lo que hay sobre la mesa de operaciones es un muñeco, cuya estructura no es la de un ser humano tumbado, sino la de uno erguido. De la misma opinión es Trey Stokes, de The Truly Dangerous Company, que ha trabajado en películas como The Abyss, The Blob, Robocop II, Gremlins II y Batman Returns, entre otras. "El muñeco es demasiado tieso para ser creíble", advierte. El especialista llama la atención sobre el hecho de que los patólogosdel filme no mueven el cuello de la criatura a la hora de examinar la cabeza, lo que se corresponde con el hecho de que para los técnicos en efectos especiales es una ardua tarea reproducir verosímilmente el cuello humano y sus movimientos. Stokes destaca, además, que los doctores no cambian de posición al cadáver en ningún momento y que la disposición de la musculatura no es la propia de un cuerpo tendido.

Un cámara llamado Jack Barnett

Gran parte de los ufólogos concede el mismo crédito a las afirmaciones de primera mano que a las de cuarta, quinta o sexta. La mayoría de los testimonios referentes a platillos volantes estrellados procede de fuentes indirectas o de individuos cuya existencia no ha podido ser comprobada. Éste último es el caso de Jack Barnett, el cámara militar al que Santilli dice que compróla película de Roswell en 1993. Nadie, aparte del productor de televisión, ha tenido acceso al técnico que grabó las imágenes de las autopsias. Además de las reuniones con Santilli, sólo hay constancia de una conversación telefónica entre el ufólogo Philip Mantle y un hombre que se identificó como Barnett. Santilli ha impedido en todo momento que nadie más conozca al ex oficial de la USAF, que, según él, se oculta en el anonimato por miedo a las represalias de su Gobierno, por el juramento de fidelidad hecho a su país y para defraudar a Hacienda. Que Barnett opte por el anonimato para protegerse es poco menos que estúpido. Si la historia del platillo volante estrellado en Roswell fuera cierta -que no lo es-, la mejor manera de evitar represalias personales sería darse a conocer abiertamente, ya que el Ejército tendrá registrado el nombre de quien rodólas conflictivas imágenes y, a no ser que se proteja saliendo a la luz pública, puede darle su merecido en cualquier momento. Escudarse en el juramento a la patria después de haber traicionado a su país vendiendo material secreto a un productor de televisión extranjero es totalmente contradictorio y recurrir al temor al fisco no tiene el menor sentido.

Todo parece indicar que el cámara sólo existe en la imaginación de Ray Santilli. Aún así, Javier Sierra concede a las declaraciones atribuidas al ex militar en septiembre un gran valor, a pesar de que resultan ridículas y contradicen la primera versión del productor televisivo. Barnett afirma que ingresó en el Ejército en 1942 y se licenció diez años después. Tras haber grabado bastantes películas de pruebas nucleares, en junio de 1947 le llamaron urgentemente para que fuera a Roswell. Cuando llegó al lugar del accidente, pudo ver "un gran disco, un platillo volante caído sobre su parte posterior, que todavía emitía calor a su alrededor" [Barnett, 1995]. El cámara afirma que se sintió sobrecogido por "los gritos de los monstruos que estaban tumbados en el vehículo" y sostenían cajas "que apretaban con ambos brazos contra el pecho. Sólo estaban allí sollozando, sosteniendo esas cajas". Para completar la ridícula escena, los militares la emprendieron a culatazos con uno de los alienígenas para quitarle la dichosa caja. "Tres de las criaturas -recuerda el supuesto cámara- fueron arrastradas fuera [de la nave] y atadas con cuerdas y cinta adhesiva. La última ya estaba muerta".

Barnett permaneció varias semanas en la base de Wright-Patterson, en Ohio, hasta que un día le pidieron que se trasladara a Fort Worth, en Dallas, para "filmar una autopsia". Ataviado con un traje de protección, "como los doctores", porque se había descubierto que las criaturas podían resultar peligrosas, comenzó a filmar, pero al cabo de un rato se desprendió del traje porque con él era muy difícil cargar con la cámara y enfocar. Con posterioridad, realizó las grabaciones de otras dos autopsias. Curiosamente, nadie había mencionado el episodio sobre los trajes anticontaminación y los problemas para filmar las necropsias hasta que las críticas arreciaron y la credibilidad de la película fue puesta en duda.

Lo mismo sucede con el origen del filme. Si ya era difícil de creer que el cámara hubiese sacado una copia de las filmaciones y burlado estrictos controles de seguridad, tal como mantuvo en un principio Santilli, más lo es tragarse la versión corregida facilitada por el tal Jack Barnett. "Después de filmar -dice-, tenía varios centenares de rollos. Separé aquéllos con problemas que requerían una atención especial en el revelado (que haría después). La primera hornada fue enviada a Washington y yo procesé el resto unos días más tarde. Una vez que los rollos restantes habían sido procesados, contacté con Washington para mandarles la colección de la última hornada. Increíblemente, ellos nunca vinieron a recogerlos ni arreglaron su transporte. Les llamé muchas veces, pero lo deje. He tenido las filmaciones desde entonces" [Barnett, 1995]. Resulta increíble que haya alguien capaz de creer que el Gobierno de Estados Unidos o de otro país va a olvidarse así como así de la existencia de un documento gráfico tan valioso.

El negocio de Roswell

Visto lo visto, cabe preguntarse cómo es posible que ufólogos como Sierra duden todavía si se encuentran "frente a un documento real que recoge la autopsia de una entidad ajena a la Tierra o ante un elaboradísimo fraude" [Sierra, 1995c]. Hay razones evidentes para dudar de la honradez de individuos como Carl Nagaitis, Philip Mantle, Chris Cary y Ray Santilli, cuya participación en el engaño es más que evidente. Nagaitis fue el encargado de lanzar a los cuatro vientos el falso rumor de que Spielberg andaba detrás de unas grabaciones realizadas en Roswell en 1947; Mantle se ha dedicado a salir en defensa del filme allídonde ha hecho falta y, junto a Nagaitis, organizó una proyección pública del mismo en agosto en el marco del VIII Congreso Internacional de Ufología, y, por último, Cary y Santilli han creado durante meses el clima de expectación adecuado para rentabilizar al máximo el misterio y aprovecharse de la publicidad gratuita de las revistas esotéricas. Todo el montaje, desde un principio, estaba encaminado a ingresar cifras millonarias mediante la distribución televisiva y videográfica de las pretendidas imágenes de Roswell.

Santilli y su socio se forraron con la venta a cadenas de televisión y particulares de las imágenes de las supuestas autopsias a extraterrestres. A las cifras millonarias pagadas por las televisiones de medio mundo, hay que sumar que, el día después del estreno mundial del documental de Channel 4 Los alienígenas de Roswell, se vendieron en Gran Bretaña entre los fanáticos de los platillos volantes más de 23.000 copias de la película original al módico precio de 6.500 pesetas (39 euros). Es decir, la productora de Santilli, que sacó 150.000 copias del filme al mercado el 29 de agosto, se embolsó cerca de 150 millones de pesetas (900.000 euros) nada más levantar la persiana. Poco importa que en la carátula de la cinta la productora haya incluido la siguiente advertencia: "Aunque se ha verificado que la película se fabricó en 1947, no podemos asegurar que los contenidos daten de 1947. Aunque nuestros informes médicos sugieren que la criatura no es humana, esto no puede ser verificado. Aunque hemos sido informados de que la filmación corresponde al incidente de Roswell, esto tampoco ha sido verificado".

Nada había sido verificado después de medio año de rumores. Más bien al contrario. Médicos forenses y especialistas en efectos especiales habían aportado los suficientes argumentos como para concluir que la tosca y mal iluminada película de Barnett es un fraude. Respecto a la pretendida visita del presidente Truman al lugar donde se depositaron los restos de la nave especial y los alienígenas, sólo puede decirse que está comprobado documentalmente que el mandatario estadounidense no viajó a Nuevo México por aquellas fechas. A pesar de todo, Santilli supo como nadie hacer su agosto a costa de los pocos escrúpulos de buena parte de la comunidad ufológica internacional. El productor británico ganó millones de euros con la venta de la imagenes de las supuestas autopsias a los miembros de la tripulación del platillo volante que, según la mitología ovni, se estrelló en Estados Unidos en junio de 1947. Y lo hizo con el apoyo de los más desquiciados ufólogos, a quienes tomó el pelo y dejó en ridículo.

Por la boca muere el pez

Portada de 'Año Cero' en la que se presenta la 'Exclusiva mundial' falsa de la entrevista con el cámara que nunca existióEl fraude de la película de Roswell sirvió para despojar definitivamente de la máscara de seriedad a Javier Sierra, al que algunos consideraban hasta entonces el niño prodigio de la ufología española. El joven alicantino se ha revelado como lo que realmente es, un fabricante de misterios al que la verdad importa un bledo. Sierra, cuyo único libro hasta entonces llevaba el delirante título de Técnicas de contacto extraterrestre, fue uno de los máximos responsables del lamentable espectáculo que el cirujano psíquico Stephen Turoff ofreció en julio de 1993 ante las cámaras de Otra Dimensión, el programa esotérico de Tele 5 que dirigía Félix Gracia. El espacio, en el que se convirtió en espectáculo el dolor humano -el de una niña paralítica cerebral y sus padres-, sirvió para dar publicidad al mercachifle inglés, que dice que opera sin anestesia poseído por el espíritu de un médico alemán. En palabras del periodista Andrés Aberasturi, el programa superó las más altas cotas de telebasura. Aún así, Sierra salió indemne de la quema.

Más difícil lo va a tener a la hora de justificar su ambigua actitud en el asunto de la promoción del filme de Ray Santilli. No en vano, el ufólogo alicantino ha caído en lo mismo que criticaba hace cuatro años en las páginas de Más Allá. Sierra es el mismo platillólogo que en 1991 alertaba a la comunidad ufológica española sobre la amenaza de las noticias basura que, procedentes de periódicos sensacionalistas norteamericanos, se introducen en medio de respetadas informaciones sobre objetos volantes no identificados [Sierra, 1991]. Lo triste es que, en cuanto se ha topado con una historia sorprendente que llevarse a la boca, Sierra ha anestesiado su escasa capacidad crítica y se ha dedicado a rentabilizar el misterio. Sólo así se entiende que en 1991 criticara a quienes daban crédito a las noticias sobre extraterrestres capturados por la CIA o que mantenían reuniones con el presidente George Bush y años después dijera, por ejemplo, que "el análisis de la filmación de la autopsia practicada a unos supuestos extraterrestres está arrojando nuevos e inquietantes resultados. Según los forenses que han examinado las imágenes, la entidad estaba viva al menos dos horas antes de ser diseccionada" [Sierra, 1995b]. Javier Sierra se mostró en el caso de la filmación de Santilli casi tan poco hábil como a la hora de estimar la importancia de algunos supuestos testigos del incidente de Roswell.

Los pocos testigos oculares de los restos del supuesto platillo volante coincidían en 1947 en describirlos como pedazos de madera de balsa y algo parecido a papel de aluminio. El paso del tiempo y la fama alcanzada por el caso han propiciado la aparición de numerosos nuevos testigos que, como dice el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos, "simplemente mienten descaradamente". Estos espabilados, que son los que aportan los testimonios claves en documentales como el emitido por Antena 3 TV, crearon una sociedad para explotar el candor de los fanáticos de los platillos volantes, que han convertido Roswell en punto de peregrinación y llenan los moteles de la localidad. Walter Haut, oficial de relaciones públicas de la base militar de Roswell en 1947, y Glenn Dennis, el dueño de la funeraria local, intentaron adquirir los terrenos donde, según la leyenda, cayó la nave espacial. Ante la negativa del propietario del rancho, los avispados lugareños solucionaron el problema ¡cambiando su descripción de los hechos y situando el incidente en una parcela de terreno que pueden comprar!

En su día, ni William Brazel, el ranchero que encontró los restos del presunto platillo volante, ni Jesse Marcel, oficial de inteligencia de la base de Roswell, hicieron mención alguna a la existencia de cadáveres de cualquier tipo. Los alienígenas entraron en la leyenda de Roswell años después, cuando el caso se convirtió en la gallina de los huevos de oro para ufólogos y vecinos del pueblo. Así, Glenn Dennis asegura actualmente que poco después del incidente le llamaron desde la base militar preguntando "qué contenían los productos para embalsamar, cuál era su composición, qué efectos tendrían sobre la sangre, sobre los tejidos y sobre el contenido del estómago, y hasta qué punto no los alterarían". El dueño de la funeraria sostiene, además, que una enfermera le dijo al día siguiente del siniestro que había participado en el examen de los cuerpos de tres alienígenas en la base de Roswell. Obviamente, no hay ninguna razón para creer en el testimonio de Dennis, un individuo que, como Walter Haut, ya ha demostrado que es capaz de decir cualquier cosa por dinero.

Pero, hablando de noticias basura, Sierra rizó el rizo al hacerse eco de las manifestaciones de su colega Stanton T. Friedman, un físico y ufólogo famoso por creerse todo tipo de historias disparatadas [Sierra, 1995d]. Friedman sostiene que el secretismo gubernamental en torno a Roswell tiene su origen en la importancia de la tecnología alienígena. Así, el ufólogo norteamericano se atreve a apuntar que la invención del transistor fue posible a partir del estudio del platillo volante estrellado en Roswell. La prueba es que "el nacimiento oficial del transistor se produce el 23 de diciembre de 1947, seis meses después del incidente de Nuevo México".La memez de Friedman, para quien en medio año hay tiempo suficiente para entender la tecnología alienígena, adaptarla a las necesidades terrestres y probarla satisfactoriamente, no haizo que sonara la alarma en la cabeza de Sierra, sino al contrario. El ufólogo alicantino, en su delirio, advertía de que los inventores del transistor "tuvieron conexiones políticas y con los servicios de inteligencia al más alto nivel" -¿podía ser de otra forma en plena guerra fría?- y apuntaba a uno de ellos, William B. Shockley, como "el científico idóneo para recibir piezas de Roswell para su eventual manufacturación".

La disparatada idea de atribuir el nacimiento del transistor a tecnología alienígena no tiene nada que envidiar a las portadas de News of the World, en las que es habitual ver al presidente de Estados Unidos pasear por el campo charlando con un extraterrestre. El mismo ufólogo que en 1991 criticaba en Más Allá la abundancia de noticias sobre ovnis "basadas en fuentes inexistentes o descaradamente falsas" [Sierra, 1991] se dedicaba años más tarde a hacer publicidad de una película cuyo autor se ocultaba en el anonimato, a dar más credibilidad a un productor televisivo con intereses económicos en el asunto que a patólogos que no tienen nada que ganar, y a propalar las sandeces de un investigador ovni que ve conspiraciones y extraterrestres por todos lados. Éste era el auténtico niño prodigio de la ufología española.

Conspiraciones imaginarias

"¿Hay detrás de la operación que nos ocupa un intento de desprestigiar el incidente de Roswell con la táctica de provocar primero la creencia de que había en el interior de la nave extraterrestres, algunos incluso vivos, y luego desvelar la verdad para desánimo de quienes aceptaron la historia inventada como auténtica, consiguiendo así que luego nadie acepte tampoco que, en efecto, se recuperaron los restos de una nave extraterrestre?" [Guijarro, 1995b]. La respuesta a la pregunta de Josep Guijarro es la tabla de salvación a la que se agarraron los ufólogos después de la tomadura de pelo de Ray Santilli. En los últimos años, investigadores ovni de todo el mundo han quedado totalmente desacreditados tras haber dado como ciertos documentos elaborados por desaprensivos, en los que, por ejemplo, se afirmaba que el Gobierno de Estados Unidos firmó hace años un peculiar acuerdo de intercambio con los extraterrestres: los visitantes se comprometían a facilitar avanzada tecnología y la Casa Blanca, a permitir que los alienígenas experimenten con seres humanos sin restricciones de ningún tipo.

La mayoría de los ufólogos cree cualquier historia, por absurda que sea, hasta que no se demuestre lo contrario. Y, por eso, queda en evidencia cuando salen a la luz las contradicciones, tergiversaciones y manipulaciones realizadas generalmente por el investigador que ha levantado la liebre. Entonces, la comunidad ufológica se une como una piña y vuelve sus ojos hacia los servicios de inteligencia. Es una manera como otra cualquiera de quitarse el muerto de encima. El investigador ovni que por candidez o por falta de escrúpulos ha dado crédito al dislate de turno se ve eximido de toda culpa y convertido en víctima de una maquiavélica operación gubernamental, cuyo único objetivo es desacreditar a los ufólogos. A fin de cuentas, es más fácil de vender entre los creyentes que los diabólicos servicios de inteligencia operan en la sombra contra la comunidad ovni que reconocer que un estafador o un mercader de lo oculto ha sido capaz de engañar impunemente a la flor y nata de la ufología.

Ray Santilli no llegó a tanto, pero puo en evidencia a individuos que gozaban hasta entonces de un inmerecido prestigio dentro del mundillo ufológico. En España, su principal víctima fue Javier Sierra, que, cuando se abra la caja de Pandora del escándalo, apuntará con toda seguridad a la existencia de una campaña orquestada por los servicios de inteligencia y, quizá, por los escépticos. Entonces, poco importará el redondo negocio hecho por Año Cero con los alienígenas de Roswell a costa de la ingenuidad de sus lectores. Porque lo que está claro es que, hasta el momento en que decida convertirse en el centro de la conspiración, Javier Sierra seguirá traficando con unos extraterrestres de serie B.


Referencias

Albert, Antonio [1995]: "'Alienígenas de Roswell'. Fiambres bajo sospecha". El País (Madrid), 5 de Septiembre.

Barnett, Jack [1995]: "¡Sí, estaban vivos!" Año Cero (Madrid), Nº 63 (Octubre), 20-21.

Canto, Pedro [1995]: "La historia de Spielberg y los ovnis". Karma.7 (Barcelona), Nº 266 (Enero), 12.

Carballal, Manuel [1995]: "Estalla la polémica antes de la proyección". Más Allá (Madrid), Nº 76 (Junio), 37.

Grado, A. de [1995]: "El timo del marciano en Internet". Abc (Madrid), 8 de agosto.

Guijarro, Josep [1995a]: "¡Aparece una cinta inédita con imágenes del ovni de Roswell!". Más Allá (Madrid), Nº 76 (Junio), 32-37.

Guijarro, Josep [1995b]: "Las imágenes de los extraterrestres de Roswell son un montaje". Más Allá (Madrid), Nº 80 (Octubre), 34-39.

Jeffrey, Kent [1995]: "The purported 1947 Roswell film". Internet (Atlanta), 26 de Mayo, 8 páginas.

Klass, Philip J. [1993]: "Randle/Schmitt to unveil new Roswell crashed saucer scenario, claim discovery of possible crash debris". Skeptics Ufo Newsletter (Washington), Nº 20 (Marzo), 1.

Koch, Joachim [1995]: "The Santilli circus". Internet (Berlin), 12 de Agosto, 5 páginas.

Ribera, Antonio [1995]: "Extraterrestre o humano". Cambio 16 (madrid), Nº 1.238 (14 de agosto), 19.

Sierra, Javier [1991]: "'Noticias basura'" sobre los extraterrestres. Más Allá (Madrid), Nº Extra (Septiembre), 38-43.

Sierra, Javier [1995a]: "El secreto mejor guardado". Año Cero (Madrid), Nº 61 (Agosto), 18.23.

Sierra, Javier [1995b]: "¡Estaban vivos!" Año Cero (Madrid), Nº 62 (Septiembre), 18-24.

Sierra, Javier [1995c]: "Jaque a la ciencia". Año Cero (Madrid), Nº 63 (Octubre), 16-22.

Sierra, Javier [1995d]: "Roswell, un Watergate cósmico". Año Cero (Madrid), Nº 63 (Octubre), 24-28.

Vicente, Enrique de [1995]: "Derecho a saber". Año Cero (Madrid), Nº 61 (Agosto), 3.

Weaver, Richard L. [1994]: Report of Air Force research regarding the 'Roswell incident'. Washington. 22 páginas.

Publicado originalmente en 1995.


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06 May 2006

Me acabo de enterar, a través de la bitácora de la Tertulia Literaria Fantástica de Bilbao, de que SciFi Channel prepara una miniserie de seis horas basada en las ideas del escritor suizo Erich von Däniken, quien propugna que los extraterrestres visitaron la Tierra en la Antigüedad e influyeron en las grandes culturas del pasado y cuyo parque temático de Suiza se encuentra en una difícil situación financiera. La serie se titulará Chariots of the gods, como tradujeron en el mundo anglosajón el libro Recuerdos del futuro (1968), y será producida por Irwin Winkler y escrita por John Whelpley. Arrancará con la historia de un soldado que encuentra un artefacto que demuestra que los alienígenas han interferido en el desarrollo genético humano. SciFi Channel, que podrá verse en España desde el 1 de junio en Digital +, ya estrenó en abril The triangle, miniserie sobre las desapariciones del triángulo de las Bermudas de la que hemos hablamos aquí y que se repone en la actualidad en la plataforma de pago de Sogecable.
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21 Abr 2006

EN LA RUINA. Erich von Däniken, en la zona del parque donde está la réplica de Stonehenge. Foto: APLos dioses se han olvidado de Erich von Däniken (Zofingen, 1935). El ex hostelero suizo se hizo millonario con la idea de que los dioses y los seres fantásticos de los libros sagrados y las leyendas de la Antigüedad fueron visitantes de otros mundos. Desde la publicación de Recuerdos del futuro en 1968, ha vendido más de 60 millones de libros, pero ahora los marcianos parecen haberle dado la espalda: su último proyecto, un parque temático que explota el filón alienígena, necesita urgentemente 2,5 millones de euros para mantenerse a flote.

Däniken se convirtió en los años 70 en el principal profeta de una Prehistoria e Historia Antigua alternativas donde todo avance y gran obra humana se debían a la intervención de extraterrestres a los que nuestros antepasados tomaron por dioses. Aparecían en el Antiguo Testamento en forma de ángeles, destruían Sodoma y Gomorra con bombas nucleares, ayudaban a los egipcios a levantar las pirámides, los indios peruanos construían las pistas de Nazca para que aterrizaran sus naves, los supervivientes de un naufragio espacial enseñaban a los habitantes de la isla de Pascua a esculpir sus famosas estatuas...

Escribir en la cárcel

La idea no era nueva. La habían formulado ya Louis Pauwels y Jacques Bergier, en El retorno de los brujos (1960), y, sobre todo, Robert Charroux, en varias obras anteriores a 1968 de las que Daniken copió ejemplos de misterios inexplicables. Al final, todos vendieron más libros y se beneficiaron del éxito de Recuerdos del futuro, cuya continuación escribió el suizo en la cárcel, donde pasó una temporada -fue condenado a tres años y medio- por malversación de fondos, falsificación de documentos y evasión de impuestos.

De vuelta a la calle, siguió escribiendo y vendiendo libros como rosquillas durante los años 70 y buena parte de los 80. Y, a finales del siglo pasado, se embarcó en su proyecto más ambicioso: crear en Interlaken, en el corazón turístico de los Alpes suizos, un parque temático de 100.000 metros cuadrados dedicado a los dioses astronautas. Consiguió de inversores privados los 53 millones de euros necesarios para construirlo, además del patrocinio de firmas como Coca-Cola, Sony y Fujitsu-Siemens. Cuando abrió sus puertas en mayo de 2003, el Parque del Misterio esperaba 500.000 visitantes anuales; cuatro meses después, había recibido más de 200.000 y se especulaba con una posible ampliación. Las acciones llegaron a cotizar en 2004 a casi 13 euros, pero, ahora, con los visitantes bajo mínimos, están a sólo 1,6.

Dänikenlandia es una Las Vegas paranormal, con réplicas de la pirámide de Keops y del Castillo de Chichen Itzá, entre otros monumentos, y unos omnipresentes extraterrestres que ayudaron en el pasado al hombre -preferentemente, al no europeo- a desarrollarse. "Es un Chernóbil cultural", ha dicho Antoine Wasserfallen, de la Academia Suiza de Ciencias Técnicas, en referencia a las ideas de su compatriota, desmontadas piedra a piedra por los historiadores y que se basan en tergiversaciones y falsificaciones.

La compañía que explota el parque ha pedido a la Justicia protección frente a sus acreedores hasta que los accionistas se pronuncien en mayo sobre una posible reestructuración. Mientras tanto, el autor de El oro de los dioses (1972) puede mirar al cielo con la esperanza de que los dioses hagan como en sus libros y desciendan con una solución a sus problemas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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25 Mar 2006

Las niñas fantasma del cementerio de Navalperal de Pinares (Ávila) debutaron en Internet en mayo de 2005, en sospechosa coincidencia con la campaña de promoción de Camposanto, primera novela de Iker Jiménez. El periodista publicaba la imagen "después de un año de estudios minuciosos"."La fotografía de las niñas ha causado gran asombro a los profesionales de la informática y la fotografía que la han estudiado. Si bien en un principio todos, por lógica, pensamos en un fraude o en algún tipo de ilusión gráfica, a lo largo de este año los detalles observados en el lugar y el estudio exhaustivo de éstas tomas nos demuestran que estamos a un 99% de posibilidades de admitir que eso efectivamente estaba allí", decía Jiménez hace casi un año. Sin embargo, por esas fechas, nada sabían de la imagen ni los dos peritos que salieron en Cuarto milenio el pasado 22 de enero ni la Guardia Civil, cuyo coronel jefe del Servicio Criminalística, José Antonio García Sánchez-Molero, fue, según Jiménez, "una de las primeras grandes autoridades que tuvieron acceso a estas fotografías".
Para empezar, la carta del coronel García Sánchez-Molero -mostrada en televisión de forma confusa- tiene fecha del 27 de julio de 2005, dos meses después de que Jiménez asegurara que había expertos que llevaban estudiando las imágenes un año. Además, la misiva -como puede comprobarse en la transcripción adjunta- tampoco es la conclusión de un examen pericial, sino una carta de agradecimiento por el envío de un libro y un cederrón, en la que el militar indica a Jiménez que, "en principio, es bastante difícil determinar la autenticidad de una fotografía digital, sobre todo si el supuesto montaje se ha realizado con el necesario cuidado". Y añade: "En cualquier caso realizaremos sobre ellas un primer estudio que nos indique el camino a seguir". Seis meses más tarde, el pasado 22 de enero, el misteriólogo de Cuatro decía en televisión: "Después de muchos análisis, (los expertos de la Guardia Civil) no han llegado a una determinación concreta. No saben cómo se ha hecho exactamente ese montaje. Tengo que decir también que gran parte de los analistas que han visto las fotografías coinciden también en que, si es un montaje, es un montaje excelente, un montaje en el que se ha trabajado mucho y durante mucho tiempo para dar ese efecto. Pero ¿es o no es (un montaje)?", se preguntaba Jiménez sin dar, claro, el nombre de ningún experto y atribuyendo al instituto armado algo que no había hecho. Además, como ha demostrado Mauricio-José Schwarz, fabricar una foto de fantasmas es algo sencillo con unos mínimos conocimientos.

Texto de la carta de la Guardia Civil que Jiménez presentó en Cuatro como prueba de un análisis que, en realidad, no existión.

La Guardia Civil no hizo ningún análisis

Tras la emisión de Cuarto milenio, escribí al instituto armado. Me interesé por su implicación real en los hechos y pedí una copia del informe del examen de las fotos. "Se han presentado los hechos como si la Guardia Civil hubiera hecho un análisis de esas fotos, y no es así", me ha explicado recientemente un portavoz la Dirección General del cuerpo, después de consultar con sus colegas del Servicio de Criminalística. "No existe ningún informe ni nada parecido. La Guardia Civil no ha analizado esas fotos. Eso es una tergiversación", ha añadido la misma fuente. Así pues, Jiménez mintió en su programa sobre la participación en el caso de la Guardia Civil, cuyos expertos se limitaron a apuntar lo que dice el coronel García Sánchez-Molero en la carta: que siempre es posible falsificar una fotografía digital.

La foto original del cementerio sin fantasmas y la foto recortada, oscurecida y con los fantasmas pegados. Recuadrado en rojo, el lugar donde 'están' las fantasmas.El periodista esotérico ocultó, además, información clave a los dos peritos que aparecieron en su programa de televisión el 22 de enero. Javier Pagès ni Eugenio Picón no supieron de los hechos de Navalperal de Pinares hasta que a principios de enero se pusieron en contacto con ellos desde Cuarto milenio, según han declarado ambos a Schwarz y a mí, que hemos trabajado juntos en este caso y compartido todos los datos. Los expertos no tuvieron acceso tampoco a toda la información. Sólo recibieron de Jiménez la foto en la que se ve a las niñas fantasma. Hasta que Schwarz y yo no se la enviamos, no conocían la otra imagen del cementerio sin fantasmas, cuya información interna prueba el fraude.

Comparativa de el 'carné de identidad' de las dos imágenes, que demuestra que en relaidad se trata de una.

Los datos EXIF -como se denomina esa información técnica- demuestran que las dos fotos fueron tomadas a las 4 horas, 14 minutos y 2 segundos del 29 de agosto de 2004. La cámara Sony DSC P92, que fue la que utilizaron los protagonistas, no puede, sin embargo, sacar dos instantáneas en un mismo segundo. Además, las dos fotos fueron manipuladas posteriormente con el programa Adobe Photoshop CS. Todo esto lo demostró Schwarz -que hoy también publica sus conclusiones sobre esta escandalosa historia- el 20 de diciembre del año pasado a partir de copias digitales de las imágenes que llegaron a su poder y de las que Pagès y Picón sólo conocieron la que no tiene fantasmas cuando se la mandamos nosotros. ¿Por qué Jiménez escamoteó información a los peritos? Porque, si hubieran comparado la información EXIF de las dos fotos se habrían dado cuenta de que todo era un fraude, de que alguien había ampliado la instantánea el cementerio de Navalperal sin fantasmas y pegado a las niñas en ella. Sin esa información, todo lo que podían decir los peritos es lo que dijeron, que la fotografía fantasmal había sido manipulada con un programa de retoque fotográfico y, por tanto, no podía descartarse el fotomontaje.

Sin originales que examinar

Los dos expertos que aparecieron en Cuarto milenio pidieron desde el primer momento a Jiménez que les enviara los archivos originales, las fotos grabadas en la tarjeta de memoria de la cámara a partir de las que se habían obtenido las manipuladas con el Adobe Photoshop CS. "Yo reclamé al programa las fotografías originales, tal como salieron de la cámara, y parece ser que no las tenían, que no existen", dijo Pagès días después de la emisión del programa. Al no conocer la foto del cementerio sin fantasmas y no tener acceso a los archivos digitales originales, los peritos no podían pronunciarse sobre la autenticidad de las instantáneas. Cuando Pagès fue informado por nosotros de la existencia de la foto sin niñas y accedió a la información EXIF, concluyó que todo parecía indicar que la imagen con los fantasmas era un recorte de la foto sin ellos en la que se habían pegado las niñas. Él ya había plasmado ya antes sus dudas en su bitácora y no le sorprendió ni la existencia de la foto sin espectros ni el reciente anuncio, en la web del periodista esotérico, del hallazgo de la imagen original de la que se habían recortado las niñas para pegarlas en el cementerio abulense.

Iker Jiménez aseguró, en Cuarto milenio el 22 de enero, que había puesto en su web las fotos "a disposición de todo el mundo para que pudieran analizarlas. Nuestra opción era clara: absoluta presencia de luz y taquígrafos para saber qué era eso". Mentira. Una cosa es lo que anunció en Internet -y repitióen la tele- y otra lo que en realidad ha hecho. Porque el reportero paranormal de Cuatro no ha enviado las fotos de las niñas fantasma a todos los que se las han pedido, además de inventarse un análisis de la Guardia Civil y ocultar información a dos peritos. Nunca creí que fuera a mandar copias de las fotos a cualquiera y por eso no me tomé en serio hace unos meses su oferta en Internet. Sin embargo, cuando repitió el ofrecimiento en el canal de televisión de Sogecable, decidí pedirle por correo electrónico los archivos digitales de dos imágenes: la del cementerio sin fantamas y la del camposanto con ellos.

Le pedí los originales el pasado 29 de enero, en un mensaje que le volví a mandar el 3 de febrero. En ambos casos, advertí a Jiménez de que tenía ya los archivos digitales de las imágenes mostradas por él en la tele y en Internet -los mismos sobre los que había trabajado su equipo-, pero que prefería disponer de los originales tal como salieron de la cámara. "Mi intención es someter esas dos imágenes a diversos análisis por especialistas y dispongo ya de dos ficheros que corresponderían a esas fotos. Sin embargo, para no hacer perder el tiempo a los peritos ni que luego haya quien diga que no son las mismas fotos, me interesaría contar con archivos procedentes de ti", le expliqué en un mensaje que acababa diciendo: "Imagínate que los expertos consultados por los malvados escépticos, descartan el fraude, ¿no sería todo un aval para este misterio? Naturalmente, si consigo algún peritaje, daré a conocer los resultados del mismo sean cuales sean". Jiménez ha dado la callada por respuesta a esta petición, como hizo antes con la cursada por Schwarz en diciembre.

La oportuna 'aparición' de las niñas

El pasado sábado, Jiménez anunció en su web el hallazgo de la foto de la que se habrían recortado las niñas y que no habían contado nunca con los originales porque la cámara y la tarjeta original se habían averiado. ¿Por qué el director de Cuarto milenio ha tardado casi un año en contarnos que las fotos originales no existen? A mí, me suena a la típica justificación para encubrir un fraude. Además, no es casual que Jiménez revele ahora la existencia de la foto antigua de la que se recortaron las niñas. Estudiosos honrados de lo paranormal buscan desde hace meses esa imagen en Internet y en libros, y hace nueve días Lois López Vilas publicó un anuncio al respecto en El Ojo Crítico, un fanzine publicado por el misteriólogo gallego Manuel Carballal, que tiene de escéptico lo mismo que Jiménez, pero con el que no puede ni verse. ¿No es mucha casualidad que Jiménez haya dado con esa foto un par de días después de ese anuncio? Para mí, sí. Tras la sistemática manipulación y ocultación de información por parte de los equipos de Milenio 3 y Cuarto Milenio -los programas que dirige y presenta en la Cadena SER y Cuatro, respectivamente-, resulta difícil de creer que estemos ante una simple coincidencia.

La presunta foto original de las niñas fantasma, según Iker Jiménez, y las pequeñas oscurecidas, recortadas, bajadas de resolución y pegadas en el cementerio de Navalperal de Pinares.Jiménez sostiene en la actualidad que la foto de las niñas fantasma de Navalperal es lo que ya concluyeron hace meses en sus análisis López Vilas, Schwarz, Macías Pajas, Gerardo García-Trío y Rafael Cabello: un fraude. Da así la razón a quienes desde el principio sospecharon de la autenticidad de la foto. Y eso que él hace un año decía: "El estudio exhaustivo de éstas tomas nos demuestran que estamos a un 99% de posibilidades de admitir que eso efectivamente estaba allí". ¿Dónde está ese "estudio exhaustivo"?, ¿cómo justifica el haberse inventado un análisis de la Guardia Civil que nunca existió?, ¿pensó en serio alguna vez que nadie iba a darse cuenta de que había escamoteado información vital a Pagès y Picón? ¿desde cuándo tiene en su poder la foto antigua de las niñas?, ¿quién pegó a las pequeñas en la instantánea del cementerio de Navalperal de Pinares?, ¿ha visto y examinado alguien la cámara averiada o tenemos que seguir creyendo en su poco fiable palabra? Éstas son algunas de las preguntas que quedan todavía por responder de lo que se vendió hasta hace unos días como un gran enigma y que, en realidad, se sustentaba en una chapucera -en el mejor de los casos- investigación, en la ocultación a los expertos de información que demostraba el engaño, en la mentira y en la tergiversación. Todo, con el único objetivo de que los ingenuos pasen por caja, como ha hecho nuestro protagonista en el caso de la leyenda de Ochate y la de las caras cambiantes de Bélmez. ¡Es el negocio de lo paranormal y una nueva muesca en el extenso historial de Iker Jiménez como vendedor de falsos misterios!





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Sobre este blog

magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

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