05 Oct 2006



Carmen Porter, esposa de Iker Jiménez y subdirectora de
Cuarto milenio, es ahora también colaboradora del programa Las mañanas de Cuatro, donde hoy ha vendido a la audiencia el falso enigma de las caras de Bélmez. Y Concha García Campoy se ha tragado el cuento, incluida una fotografía manipulada con el Photoshop o un programa similar. La imagen, de un guardia civil bigotudo, ha sido presentada por Porter como una prueba de que los rostros del pueblo jienense son retratos paranormales de familiares de María Gómez Cámara, la fallecida dueña de la casa donde se da el fenómeno.

Fotografía del guardia civil y cara de Bélmez que comparan Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández ensu libro 'Tumbas sin nombre'Hace tres años, en el libro Tumbas sin nombre, Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández comparaban algunos rostros de Bélmez de la Moraleda con los de cinco parientes de la mujer. Querían demostrar que las caras correspondían a familiares de la propietaria del inmueble muertos durante la Guerra Civil. Admitían los dos periodistas que, para dar con el parecido, en unos casos habían manipulado las dimensiones de la cara de cemento, en otros la habían invertido horizontalmente y en algunos habían hecho ambas cosas. ¡Así cualquiera! Lo que no decían es que, por ejemplo, la supuesta semejanza entre la más famosa de las caras -la conocida como La Pava- y el guardia civil bigotudo que hoy hemos visto en Cuatro se basaba en que la foto del militar había sido manipulada para ponerle un bigote y una boca que no eran los del original. A Carmen Porter, desmemoriada ella, hoy también se le han olvidado esos detalles cuando estaba junto a García Campoy.

Foto original del guardia civil con su familia. Obsérvese el bigote con las puntas hacia arriba.Quien primero denunció públicamente la existencia del falso mostacho y de la boca extrañamente abierta del guardia fue Lola Cárdenas, del Círculo Escéptico (CE). La pruebas del engaño estaban en el libro de Jiménez y Fernández, donde en una foto familiar aparecía el militar con el bigote engominado con las puntas hacia arriba -"tal y como ordenaba el reglamento" indican los autores-, mientras que  las puntas del bigote caían en la utilizada para comparar con La Pava. "Tiene la boca abierta en una mueca completamente inhumana (y mucho más como para ser un retrato en el que se está posando), y el bigote... está hacia abajo. Es más, no parece natural, parece un borrón. Si la comparamos con la del bigote hacia arriba, vemos que tanto el gorro como las hombreras están exactamente en la misma posición. El perfil de la cara es el mismo (es decir, es la misma posición) y los ojos muestran la misma mirada. La imagen está evidentemente manipulada, y sabemos que así le llegó a los analistas (José Manuel García Bautista y Rafael Cabello Herrero, página 113 del libro) por parte de Íker Jiménez. Quién ha sido y si ha sido para forzar los resultados, no lo podemos saber", escribía Cárdenas el 5 de julio de 2005.

Gerardo García-Trío, también integrante del CE, hacía pocos días después un pormenorizado análisis del estudio y destacaba cómo la foto del guardia civil era la clave de todo, según el informe incluido en el libro los autores de Tumbas sin nombre, que decía: "La imagen clasificada como Padre (Miguel Chamorro) quizás es una de las que más correspondencias guarden con la imagen fotográfica relacionada. [...] El bigote también presenta una similitud abrumadora, curiosamente; así como la revisión anterior es perfectamente coincidente en tamaño, arco de caída y forma, particularmente este elemento creemos que es el más relevante entre todas las fotos verificadas". ¡Cómo no va a  haber "una similitud abrumadora" si el bigote ha sido confeccionado a medida por los sastres del misterio!

Si el mostacho del guardia civil se pone en su sitio -con las puntas hacia arriba- y la mueca de la boca desaparece, la similitud entre el militar y La Pava se esfuma, y la idea central del libro de Jiménez y Fernández -que hoy llevaba Porter en el plató- se desploma. Pero ya saben cuál es la máxima del periodismo de imbestigación: "No dejes que la verdad te estropee una buena noticia". Si no, que se lo pregunten a Ivan Istochnikov.



209 comentarios | Enlace permanente

01 Oct 2006

Pedro Amorós. Foto:  Ediciones Nowtilus.La Justicia se pronunció el 11 de septiembre sobre la demanda del parapsicólogo Pedro Amorós contra el periodista Javier Cavanilles y el diario El Mundo, negó la razón al primero y le condenó a pagar las costas del juicio, que sumarían más de 14.000 euros. El parapsicólogo reclamaba a Cavanilles una indemnización de 60.000 euros por los reportajes publicados en el periódico madrileño acerca de las famosas caras de Bélmez, y había pedido además medidas cautelares: que, por protección a su honor, su intimidad y su imagen, se prohibiera al periodista y al diario publicar informaciones sobre él y su participación en el caso de Bélmez hasta que hubiera sentencia firme. Un auto desestimó las medidas cautelares en marzo y ahora la sentencia da la razón al periodista. Todo mortal con dos dedos de frente consideraría que el parapsicólogo ha sufrido una derrota judicial en toda regla. Sin embargo, para el divulgador pseudocientífico Bruno Cardeñosa, no es así. "Se trata además de una resolución judicial que significa el triunfo final de Amorós", ha escrito en la lista de correo Mundo Misterioso. Con retraso por motivos ajenos a mi voluntad -la sentencia se hizo pública cuando me encontraba a 7.000 kilómetros de España y sin posibilidades de conexión a Internet-, creo que merece la pena hacer una reflexión sobre lo que este texto supone. (Para quien quiera un análisis profesional, recomiendo el hecho por el abogado Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico y buen conocedor del montaje de Bélmez.)

El juicio ahora resuelto tiene su origen en una serie de reportajes publicados por Javier Cavanilles en El Mundo a raíz de la oportuna aparición de nuevas caras en Bélmez de La Moraleda (Jaén) en 2004, poco después de la muerte de María Gómez Cámara, la propietaria de la casa en la que se había iniciado el presunto fenómeno paranormal en 1971. Cavanilles sostenía en sus textos que las nuevas caras habían sido hechas por el Ayuntamiento y unos cazafantasmas, que el currículo de Pedro Amorós es más falso que una moneda de tres euros y que la entidad que decía presidir -la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP)- no existía legalmente. "Hasta ahora, el Consistorio estaba interesado en comprar el hogar en el que vivió Gómez Cámara y donde aparecieron originariamente las (y los) caras de Bélmez, pero el precio era prohibitivo: 600.000 euros (100 millones de las antiguas pesetas). Así, Amorós y varios miembros de la SEIP crearon y dieron autencidad a las nuevas teleplastias descubiertas por la sobrina de la difunta en un lugar cuya adquisición resultaba mucho más barata: 84.000 euros, según aseguró a El Mundo Amorós. El engaño cuenta con la colaboración entusiasta del Consistorio, que no ha querido renunciar a lo que quiere que se convierta en su principal fuente de ingresos del lugar: el turismo", escribía el periodista hace dos años.

Una asociación inexistente

La sentencia confirma que la SEIP no existía hasta hace unos meses. "De la valoración conjunta de la prueba practicada resulta que la SEIP, al tiempo de la presentación de la demanda objeto de estos autos, carecía de existencia legal. Es significativa la prueba aportada el pasado 2 de junio de 2006, con carácter previo a la celebración del juicio ordinario, consistente en un certificado de fecha 22 de mayo del año en curso emitido por el Ministerio del Interior, donde consta que dicha asociación ha sido inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones en fecha 21 de abril de 2006, fecha posterior a las publicaciones a las que se refieren los presentes autos, y curiosamente posterior a la fecha de presentación de la demanda. Todos estos indicios nos llevan necesariamente a concluir que la información vertida en su día por el periodista hoy demandado NO ES INVERAZ [en mayúsculas, en el original]". Eso, a no ser -claro- que admitamos el absurdo de que una asociación existe legalmente, aunque no esté escrita en el registro correspondiente.

La resolución judicial destaca que la organización inexistente presidida por Amorós comercializaba en su web unos cursos y titulaciones que, "tal y como debidamente contrastó el periodista, con la diligencia que le era exigible, ni están reconocidas por el Ministerio de Educación ni tampoco se imparten en universidades, no siendo cierta la afirmación efectuada por el hoy demandante de interés demostrado por la Universidad de Cambridge para convalidarlos. El demandante declaró que esos cursos dejaron de impartirse debido a los pocos alumnos con los que contaban, aunque lo cierto es que en la actualidad aparecen contenidos en la página web del demandante, donde se recoge el temario, evaluaciones, así como el correspondiente boletín de inscripción con las cuotas a pagar de dichos cursos". La juez concluye, en este apartado, que "es veraz la noticia vertida al respecto [por Javier Cavanilles en El Mundo], ya que dichos títulos han resultado carecer de cobertura legal y el interés público justificaba la emisión de dichas noticias, en las que su emisor cumplió sobrada y diligentemente su deber de contraste". Éste es uno de los dos puntos clave de una sentencia que, para Cardeñosa, "significa el triunfo final de Amorós". Es lo que tiene que las cosas de uno no sean de este mundo y que sólo esté en la realidad de visita.

La juez, como es lógico, no se pronuncia sobre la falsedad o autenticidad de las caras de Bélmez, pero destaca que lo apuntado por Cavanilles en sus reportajes no vulnera el derecho al honor del parapsicólogo: "Ni el demandante es en modo alguno el legitimado para ejercitar la defensa absoluta de un fenómeno discutido, ni el demandado puede ser acallado en su deber de información, máxime en una materia tan sensible como la que nos ocupa, frente a la cual la sociedad es vulnerable y susceptible de ser engañada". Para la titular del Juzgado de Primera Instancia número 3 de San Vicente del Raspeig (Alicante), "de todos los indicios que rodean el fenómeno de las caras de Bélmez, debidamente contrastados y acreditados (la muerte de la dueña de la casa, las conversaciones con el Ayuntamiento de Bélmez para hacerse cargo de la casa y comercializar el fenómeno con el fin de fomentar el turismo en la zona, la negativa de los hijos de la dueña a vender la casa, etc.), era fácil extraer las conclusiones que efectuó el periodista hoy demandado, que serán las correctas o no, pero en cualquier caso constituyen una posibilidad que no comporta vulneración ninguna al derecho al honor". Tras lo cual, absuelve a los demandados "de las pretensiones en su contra con toda suerte de pronunciamientos favorables, y todo ello con expresa imposición de las costas del presente procedimiento a la parte actora [Pedro Amorós], de conformidad con lo dispuesto en el Fundamento de Derecho Séptimo de la presente resolución que se da aquí por reproducido". Para Cardeñosa, estamos ante "el triunfo final de Amorós".

Ataques a la juez

Las caras de Bélmez, en los años 80. Foto: Gabriel Naranjo.Bruno Cardeñosa es uno de esos periodistas que han hecho fortuna con la venta de misterios prefabricados. Ante la proliferación de reporteros de lo paranormal, en los últimos años él ha dejado un tanto de lado su tradicional inclinación por la ufología para centrarse en la explotación de todo tipo de conspiraciones, haciendo especial énfasis en las vinculadas con los atentados terroristas del 11-S y del 11-M. Cardeñosa mantiene, por ejemplo, que contra el Pentágono no se estrelló en septiembre de 2001 ningún avión de pasajeros. Pero no ha abandonado del todo el mercadeo de supersticiones, como demuestra el hecho de que, en un programa de Antena 3 TV, defendió la presencia de un fantasma en una secuencia de la película Tres hombres y un bebé (1987), una vieja leyenda urbana que él vende como hecho real, y mantiene que "el enigma del triángulo de las Bermudas está vivo, diría que más vivo que nunca. Todas las explicaciones que han propuesto algunos escépticos se han demostrado como vulgares cuando no sencillamente estúpidas". Lo cierto es que de casta le viene al galgo. Hace más de tres lustros, Cardeñosa se basó en los desvaríos de Licerio Moreno, astrólogo y líder de la Asociación Adonai para la Fraternidad Cósmica, para apuntar la posibilidad de que los ovnis del 2 de febrero de 1988 -en realidad, un bólido que cruzó la Península- fueran una señal de la Segunda Venida de Jesús.

La de profeta es una faceta para la que este periodista está tan cualificado como para la de analista de sentencias judiciales. Lo ha demostrado con el caso del juicio de Bélmez, en el que desde el principio se alineó con Amorós. "Voy a jugar a ser profeta -decía en noviembre de 2004-: el Cavanilles va a financiar durante años la investigación de la SEIP". Y añadía un mes después que la "parapsicología está de enhorabuena" porque iba a tener en Cavanilles a una fuente de dinero vía indemnización judicial y "que todo esto va a suponer el final como asociación de ARP. Sin lugar a dudas, no tendrán otro remedio más que disolver la asociación para no hacer frente a la que se les vendrá encima". Por de pronto, la Justicia ha condenado a Amorós a pagar las costas del juicio, aunque ahora tiene en sus manos presentar un recurso que, muy posiblemente, sólo se traduzca en que tenga que desembolsar más dinero. ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico ha sido, junto al Círculo Escéptico, una de las entidades cuyos socios han denunciado el fraude y que no están implicadas directamente en este juicio, aunque algunos pretendan lo contrario. No me cabe duda de que es su rigor y profesionalidad la que le ha llevado a Cardeñosa a convertirse en uno de los colaboradores fijos del magacín Channel nº 4, programa de Cuatro, cadena de televisión cuya imagen está ligada a la de su colega Iker Jiménez, quien está convencido de que "las caras de Bélmez son auténticas".

¿A qué achaca Cardeñosa la sentencia condenatoria del juicio de Bélmez? Pues a una de sus conspiraciones, como no podía ser menos. Para él, "la jueza deberá explicarse en su negación de los derechos democráticos". "El proceso sigue, la sentencia es provisional como dice la propia sentencia y se trata además de una resolución judicial que significa el triunfo final de Amorós, que será en segunda instancia, como se esperaba y como por otra parte siempre hacen los jueces en casos de derechos del honor. Pero en este caso, la cosa es incluso más curiosa porque parece que la jueza ha puesto las cosas muy claras para que el recurso sea coser y cantar en el Tribunal Supremo, porque para justificar que no quiere meterse en líos y esquivar situaciones que no deseaba, ha dicho directamente que como el tema Bélmez es polémico entonces es lícito insultar".

Bruno Cardeñosa. Foto: Temas de Hoy.Para empezar, como apunta Fernado L. Frías -no se pierdan su examen de los disparates jurídicos del misteriólogo-, el recurso no se presentará ante el Supremo, sino ante la Audiencia Provincial de Alicante. Además, en opinión de Cardeñosa, "afortunadamente, el Tribunal Supremo no se dejará intimidar". Frías lo tiene claro: de estas frases se deduce que la juez se ha dejado intimidar, entre otras "acusaciones todas ellas gravísimas y que incluso podrían llevar a Cardeñosa a aprender por fin, y de primera mano, los entresijos de un procedimiento judicial. que en este caso sí que sería penal". Pase lo que pase, habrá que esperar. Lo primero será ver si el parapsicólogo recurre y se arriesga a perder más dinero. Aunque, ¿para qué hacerlo?, ¿es que esta resolución judicial acaso no "significa el triunfo final de Amorós", como argumenta Cardeñosa? A mí, me parece que estos dos vendedores de misterios han perdido un juicio por el que apostaron muy fuerte, aunque sólo el primero vaya a pagar las consecuencias de una aventura a la que el segundo le animó desde la comodidad de la barrera.

A estas alturas, quizás a alguien le quede la duda de qué ha pasado con el acuerdo que tomó en un pleno, el 4 de enero de 2005, el Ayuntamiento de Bélmez de emprender acciones judiciales contra Cavanilles por "acusar públicamente al Ayuntamiento de encubrir una trama fraudulenta en torno al fenómeno paranormal de las caras de Bélmez". A mí, no. Las amenazas de la alcaldesa, María Rodríguez, se han desvanecido, al igual que antes lo hicieron las querellas anunciadas por Amorós contra el escritor Mauricio-José Schwarz, miembro del Círculo Escéptico que descubrió que, en contra de lo que dice el parapsicólogo, que no es ni ha sido nunca miembro del Instituto SETI, ni ha colaborado con la BBC, ni la CNN sabe nada de él.









177 comentarios | Enlace permanente

11 Sep 2006

¿Qué impulsa a un científico serio a aparecer hablando de lo suyo en un programa de radio o televisión dedicado a la anticiencia? Llevo años preguntándomelo. Lo hago cada vez que veo u oigo a un experto en Astronáutica, Psicología, Historia u otra disciplina disertando sobre la conquista de la Luna, la clonación o la construcción de las pirámides en un espacio que, poco antes o acto seguido, se hace eco de la última tontería paranormal: las caras de Bélmez, un pueblo maldito, las abducciones, la memoria del agua, el poder de los astros... ¿Se trata de afán de notoriedad por parte del científico, de una obsesión por llevar su saber hasta el último rincón de la Galaxia -aunque allí no sepan apreciarlo- o de algo más?

Hace un par de años, le pregunté en privado a un conocido investigador español por qué acudía a espacios dedicados a lo paranormal en los que se le utilizaba descaradamente su presencia para legitimar el discurso irracional de los engañabobos que compartían emisión con él. Había escuchado días antes como le entrevistaban en la radio sobre el tema en el que es experto, emparedado entre anuncios de videntes, consultas de astrólogos en directo y delirios de un apóstol de las visitas alienígenas. Mi interlocutor se molestó: "¡A eso no voy a responderte!". Le repetí la pregunta y volvió a decirme lo mismo, antes de despedirse apresuradamente.

Por mucho que a los científicos mediáticos les moleste, cuando aparecen en un programa esotérico, su sola presencia ya dota al espacio de una pátina de seriedad que no se merece. Lo saben bien los fabricantes de misterios y sus seguidores, quienes, ante las críticas a los contenidos de esas producciones, replican con frases del estilo de: "Podéis decir lo que queráis, pero en el programa de X participan casi cada semana conocidos investigadores de universidades españolas". Los fans de la quincalla enigmática con la que nos bombardean algunas televisiones y emisoras de radio  deducen que, a ojos de muchos espectadores, la aparición de científicos en ese tipo de programas otorga a esos espacios un plus de credibilidad. Así es. Por eso, los hombres de ciencia que colaboran en esos espacios están, en el fondo, ayudando al avance del discurso de los traficantes de misterios: lo que afirmen ante las cámaras y los micrófonos, da igual. Lo importante para el periodista esotérico es que el científico esté ahí, que salga junto a él en la foto.


213 comentarios | Enlace permanente

07 Ago 2006

Imagínense que alguien organiza una feria de trileros, fulleros, timadores, estafadores inmobiliarios... y la anuncia a bombo y platillo. Pues, bien, San Sebastián acoge desde hace trece años algo parecido, bajo el nombre de Salón del Esoterismo. Y nadie lo denuncia. Al contrario, prensa, radio y televisión recogen con generosidad que la capital guipuzcoana es durante unos días -este año, del 4 al 13 de agosto- la capital del Más Allá, con videntes, lectores de bola de cristal y tarot, fotógrafos del aura, sacerdotes de credos salidos de una película de terror de serie B y un largo etcétera de engañabobos.

Acto de apertura del XIII Salón del Esoterismo de San Sebastián. Foto: Efe.Contaba el viernes la agencia Efe que la muestra se había abierto este año con un ritual taoísta en el que se invocó "una nueva espiritualidad universal" y "un sentimiento de familia universal". El oficiante fue Efrén Álvarez, que se presentaba como maestro taoísta mexicano y representante del sacerdocio de Melquisedec. Ahí queda eso. Álvarez hizo un max mix de oraciones de los indios pieles rojas y mexicanos -el despacho de agencia no especifica cuáles de todas las tribus indígenas fueron las elegidas para ese cóctel pseudoespiritual- e invocó a dioses, diosas y arcángeles, tras lo cual bendijo a los habitantes de San Sebastián. Este año, la estrella será la médium y vidente canadiense Marilyn Rossner -en realidad, es la estrella de todos los años-, que alardea de unos poderes adivinatorios de los cuales carece; como tampoco tiene ninguna capacidad para predecir el tiempo mediante las témporas Pello Zabala, fraile del santuario guipuzcoano de Arantzazu que fue en 2005 unos de los invitados de lujo de esta feria.

El Salón del Esoterismo donostiarra es una cita fija con el engaño más descarado, con quienes saben rentabilizar la ingenuidad de la gente hasta el punto de venderle humo a precio de oro. Y parece que el negocio funciona, porque la muestra se perpetúa. Eso sí, nadie en los medios denuncia que nos encontramos realmente ante un fraude, ante una feria en la que se venden falsas esperanzas y productos milagrosos. Las organizaciones de consumidores no dicen ni pío; ni tampoco lo dicen los científicos que participan, en la misma ciudad, en los cursos de verano de la Universidad del País Vasco. Ni una voz se alza contra la estafa de los brujos, contra, por ejemplo, el desaprensivo que se presenta como médium y hace retratos espirituales de familiares muertos de sus clientes. Será por no molestar.


95 comentarios | Enlace permanente

16 Jul 2006

Autorretrato de Leonardo da Vinci.

Galileo Galilei (1564-1642) es "el santo patrón (¡pobre hombre!) de todos los chiflados autocompasivos", dejó escrito Isaac Asimov en 1977 en su corolario. El padre de la astronomía es un fetiche para los vendedores de misterios, quienes argumentan que, como ellos, Galileo también fue un incomprendido por decir aquello de que la Tierra gira alrededor del Sol. Lo que siempre se les olvida a ufólogos, parapsicólogos e historiadores alternativos es que el sabio de Pisa no fue condenado por parte de la ciencia, sino de la religión; que las inquisiciones son promovidas por quienes creen, no por quienes no creen.

Los tiempos cambian y los comodines de los mercaderes de lo oculto también. De un tiempo a esta parte, y sobre todo tras el sorprendente -¡porque la novela es mala de narices!- éxito de El código Da Vinci, le ha tocado el turno a Leonardo da Vinci (1452-1519), el genio del Renacimiento al que debemos obras de arte como La Última Cena y La Gioconda, estudios de anatomía y un gran número de inventos que sólo lo fueron sobre el papel. Los charlatanes de este comienzo de siglo siguen proclamándose galileos, pero es Leonardo el personaje que ahora reina en las portadas de las revistas esotéricas y de los ensayos y novelas dedicados a explotar conspiraciones que nunca existieron, como la del Priorato de Sión y la descendencia secreta de Jesús y María Magdalena.

Portada del número 212 de 'ForteanTimes'.Para muestra, el último número de la revista británica Fortean Times, publicación que debe su nombre a Charles Fort (1874-1932). Periodista estadounidense, Fort dedicó treinta años a recopilar noticias de hechos extraños -desde lluvias de ranas hasta apariciones fantasmales- que reunió en 40.000 fichas guardadas en cajas de zapatos. Fortean Times se presenta este mes en su portada con una recreación de La Última Cena presidida por un Jesús al que acompañan a la mesa Pablo Picasso, Charles de Gaulle, Rudolf Hess, Orson Welles, Pierre Plantard de Saint-Clair -el inventor del Priorato de Sión- y un Leonardo que estrangula -y no me extraña- a Dan Brown. Además de defender a estas alturas la historicidad del Priorato de Sión, el reportaje de portada, obra de Lynn Picknett y Clive Prince, reivindica una de esas historias con la que el moderno esoterismo ha vinculado al genio de Vinci y que, de ser cierta, supondría un duro revés para la Iglesia católica y buena parte de la comunidad creyente.

Las fuentes de una 'teoría'

Picknett y Prince son dos escritores de libros esotéricos que están haciendo su agosto gracias al éxito de El Código da Vinci y que han protagonizado un cameo en la película homónima. De uno de sus libros -La revelación de los templarios (1997)-, Brown bebió hasta reventar, y eso les ha devuelto a la actualidad y ha hecho que se reediten sus obras. Una de las que aún no ha reaparecido en las librerías españolas es El enigma de la sábana santa. La revelación de una verdad escandalosa (1994), que acaba de reeditarse en el Reino Unido bajo el más comercial título de Turin Shroud: how Leonardo da Vinci fooled History. Como ya habrán adivinado, en este libro, los autores vinculan a Leonardo con la falsa reliquia más famosa de la cristiandad: sostienen no sólo que la fabricó, sino también que él es el retratado. Cómo surgió esta tesis -con perdón-, tiene su miga.

Los autores de El enigma de la sábana santa asumieron, a principios de los años 90, que todo lo contado  en El enigma sagrado (1982) es cierto. Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln decían en su libro, un bestseller esotérico de la época que ha sido la principal fuente de Brown, que Leonardo fue uno de los grandes maestres del Priorato de Sión, guardianes del secreto de la estirpe de Jesús y María Magdalena. Picknett y Prince se apoyaron sobre esos cimientos para levantar su edificio argumental, que cobró vuelo gracias a un comunicante misterioso, un tal Giovanni que seguramente nunca ha existido y que en una serie de cartas les habría informado de la participación del genio en el montaje del sudario de Turín.

'El enigma sagrado', de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, es la obra que está detrás de la 'fiebre da Vinci'.Pero la auténtica revelación no fue la de Giovanni, sino que se produjo de una manera mucho más acorde con los tiempos actuales, en los que una modelo o un futbolista pueden ser líderes de opinión y un país paralizarse por la agonía y muerte de una folclórica. Picknett se sorprendió en una tienda de Londres al darse de bruces con una postal con un retrato de Leonardo que al final no era tal, sino una reproducción del rostro del hombre de la sábana santa. ¡Y se hizo la luz! La escritora corrió a ver a su socio, quien inmediatamente comprendió la trascendencia del hallazgo. Ambos fueron conscientes de que precisaban de una confirmación independiente y autorizada. "Necesitábamos alguna corroboración por parte de alguna persona desconectada por completo y sin ninguna preocupación por el mundo del sudario", dicen en el libro.

La fortuna quiso que, por aquella época, Picknett colaborara en una revista femenina. No, no sean mal pensados: no fue a la redacción a preguntar a las periodistas quién era el hombre de la postal. Lo que hizo fue mucho más inteligente. ¿Que por qué digo que fue más inteligente? Porque muy posiblemente ninguna redactora -ni redactor, que en la ineptitud tampoco somos distintos un sexo de otro- de una revista femenina hubiera identificado a principios de los años 90 a Leonardo da Vinci en uno de sus autorretratos. Picknett cogió la postal del hombre de la sábana y un retrato de Leonardo, y se metió ¡en el vestuario de las modelos que preparaban una sesión fotográfica! "La respuesta fue instantánea y gratificante en extremo", recuerda en El enigma de la sábana santa. De las quince interrogadas, trece respondieron que las dos imágenes correspondían al mismo hombre, una pasaba del tema y otra reconocía al personaje de la sábana porque era católica.

Picknett y Prince ya tenían la prueba definitiva: ¡el dictamen de un grupo de modelos confirmaba que el hombre de la sábana santa es en realidad Leonardo da Vinci! Coincidirán con ellos y conmigo en que, si algún gremio sabe de trapos, es el de las modelos. A partir de ese momento, intentaron explicar cómo y por qué fabricó Leonardo la reliquia. Y demostraron, a su manera, que el artista pudo hacerla recurriendo a algo que hoy nos es muy familiar y en lo que es un maestro Mauricio-José Schwarz, coordinador de esta mesa redonda. Sí; me refiero a la fotografía. Leonardo, argumentan, describió algo muy parecido a la cámara oscura en uno de sus escritos reunidos en el Codex Atlanticus y pudo identificar y aprender a usar las sustancias químicas sensibles a la luz necesarias para fijar imágenes en un soporte. Pudo o no pudo.

Los motivos del genio

El rostro del hombre del sudario de Turín.¿Y por qué hizo la sábana? "Puede haber una razón sencilla: Giovanni dijo que Leonardo había sido encargado por el propio papa para que preparase otro santo sudario mejor, con el que atraer a las multitudes. También dijo, sin embargo, que no fue Leonardo el primer elegido para ello y que otros, como Miguel Ángel (1575-1564), habían declinado el encargo. No sabemos si esa historia es o no cierta; pero por aquel tiempo las historias de corrupción de la Iglesia eran un lugar común", argumentan los autores. Falazmente, porque la existencia de corrupción en el Vaticano no confirma en sí misma la historia del santo sudario. De todo esto, concluyen que Leonardo hizo la sábana y que, encima, al autorretratarse consiguió que millones de personas -incluido el papa Juan Pablo II- acabaran venerando su imagen como la de un dios durante siglos. Picknett y Prince presentan en su libro una réplica de la sábana santa hecha a partir de material de la época de Leonardo y mediante la impresión fotográfica, pero eso no demuestra nada. También podían haber construido un planeador de madera, hacerlo volar y decir que Leonado consiguió tal logro, cuando los primeros que lo hicieron fueron los hermanos Wilbur y Orville Wright hace poco más de cien años.

El descubrimiento de Picknett y Prince se basa en pruebas circunstanciales, tal como ellos mismos admiten en el último número de Fortean Times, donde, sin embargo, se mantienen en sus trece. Siguen sosteniendo que Leonardo fabricó la sábana santa y, para ello, presentan una nueva prueba: se trata de la comparación del rostro del hombre de la sábana con el del Salvator Mundi, un Jesús pintado por el artista en 1513. Casan perfectamente, sostienen. Y añaden que eso, unido a que el Jesús de Leonardo también encaja con otro pintado en 1935 por Ariel Aggemian inspirándose en el rostro de la sábana, confirma que el genio del Renacimiento está detrás del sudario de Turín. Ustedes seguro que sospechan ya otra cosa, que es posible que Leonardo -como Aggemian- se inspirara en la falsa reliquia, ya famosa en su época, a la hora de pintar un retrato de Jesús. Nuestros agudos investigadores dan carpetazo a esa posibilidad diciendo que, si Leonardo hubiera visitado la sábana, habría constancia de ello. ¿Desde cuándo la ausencia de prueba es prueba de ausencia?

Comparación entre el rostro de la sábana y el 'Salvator Mundi' de Leonardo.El análisis del carbono 14 dejó claro, hace dieciocho años, que la sábana de Turín data en del siglo XIV, así que no pudo envolver el cuerpo de Jesús. Las pruebas hechas en tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza dataron "el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%". Ese resultado se publicó en la revista Nature, en febrero de 1989 y hasta hoy nadie ha demostrado que sea erróneo. Pero eso da igual a los sindonólogos y a los vendedores de misterios. Los primeros han llegado a inventarse declaraciones de un premio Nobel para desacreditar las pruebas de 1988; las afirmaciones de los segundos se cuentan por mentiras. Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología (CES) en 1989, dijo entonces que la prueba del radiocarbono no se había hecho bien, "como más tarde ratificó el propio inventor del sistema".

Willard F. Libby, Nobel de Química en 1960 por el descubrimiento de este sistema de fechación, quería -según Cano y sus colegas- comprobar la metodología seguida por los laboratorios que realizaron la medición, lamentaba que toda la tela a analizar procediera de un mismo lugar y sospechaba que la muestra podía estar contaminada. El problema, ay, es que Libby había muerto nueve años antes, cuando nadie contemplaba la posibilidad de que la Iglesia permitiera ese tipo de prueba destructiva. A no ser, claro, que los miembros del CES supieran de la opinión del científico en una sesión de espiritismo.

Picknett y Prince admiten que no hay ninguna prueba histórica de la existencia de la sábana santa antes de 1350, cuando aparece en la localidad francesa de Lirey, y que el veredicto del carbono 14 deja claro que la reliquia fue fabricada en la Edad Media. Que Leonardo no naciera hasta 1452 es un problema menor para su tesis porque los tres laboratorios implicados en el análisis del radiocarbono apuntaron que, con un 99,9% de fiabilidad, la sábana fue confeccionada entre 1000 y 1500. Esa ampliación del paraguas temporal cubre la hipótesis Leonardo, aunque de forma insuficiente, ya que se trata sólo de una posibilidad, apunta a un posible cambiazo de la tela no documentado y a un complot vaticano del que tampoco hay ninguna prueba. Así pues, ¿qué tenemos para defender la idea de que Leonardo es el artífice del sudario de Turín? Un montón de pruebas circunstanciales; nada.

La tontería cátara

No quiero acabar sin dedicar atención a otro reciente gran éxito editorial basado en la tergiversación de la figura de Leonardo: La cena secreta, obra del ufólogo -ahora metido a novelista- Javier Sierra. No les voy a reventar la novela. Allá ustedes si quieren leerla. Les voy a demostrar sólo cómo Sierra es tan fiable cuando habla de Leonardo como cuando defiende que en Roswell se estrelló un platillo volante en 1947, cuando da crédito a una fraudulenta autopsia a un extraterrestre y cuando sostiene que el transistor es un invento basado en tecnología alienígena.

'La Última Cena', de Leon ardo da Vinci, capta el momento del Evangelio de Juan en el que Jesús anuncia a sus discípulos que uno de ellos le va a traicionar.Afirma el novelista que nuestro protagonista fue el último cátaro. Los cátaros creían el universo estaba compuesto por dos mundos en conflicto, uno espiritual creado por Dios y otro material obra del Diablo, y no creían en Jesús como la divinidad encarnada. "Los cátaros, por ejemplo, pensaban que Jesús era un hombre, no un Dios y aquí aparece como hombre -dice Sierra refiriéndose a La Última Cena-; los cátaros no comían carne y en el cuadro no aparece el típico cordero; ellos no tenían sacramentos y por eso no aparece el Cáliz; a Leonardo en tres cuartas partes de su vida nunca se le conoció pareja y los cátaros rechazaban las relaciones sexuales; los cátaros, al igual que Da Vinci, siempre vestían de blanco; los cátaros rechazaban la cruz como símbolo del cristianismo y el artista nunca pintó una cruz, una cosa muy rara en la época. Hay muchas pistas de que Leonardo perteneció a esta herejía y de que la obra que pintó en la sede de los dominicos en Milán fue la burla pictórica más gigantesca de todos los tiempos".

Vayamos por partes. Cuando Sierra dice que, en La Última Cena, Jesús aparece como hombre y no como Dios da como principal argumento la carencia de halo, elemento que está ausente en muchas obras de Leonardo. ¡A ver si va a tener razón y va a ser el de Vinci un hereje...! "¿Es sorprendente que en el cuadro no existan los típicos halos de santidad? Pues, si es así, hay un montón de misterios en el mundo de la pintura porque, por ejemplo, en La Última Cena de Lovaina, obra de Bouts -anterior en algunos años a la pintura de Leonardo-, ya no aparecen. Sencillamente, en este momento se asiste a un intento de aproximar las representaciones de escenas religiosas al espectador y Leonardo se suma a esta corriente", explica José Luis Calvo. El historiador palentino indica en un interesantísimo texto que hay halos en la segunda versión de La Virgen de las rocas porque en este cuadro intervino otra mano; pero que, para encontrarlos en Leonardo, "tendríamos que retrotraernos a las obras juveniles".

El famoso San Juan Bautista, de Leonardo, con rasgos andróginos y el cayado en forma de cruz.No es éste el único detalle que pasa por alto Sierra, quien rivaliza en rigor con Dan Brown. Que no aparezca carne en La Última Cena es algo circunstancial; pero que no se vean restos del sacramento de la eucaristía no. No hay cáliz, no hay Santo Grial, porque el cuadro pretende captar no el momento de la instauración de la eucaristía, sino el del Evangelio de Juan en el que Jesús anuncia a los apóstoles que uno de ellos le va a traicionar. En ese evangelio, no hay ninguna referencia a la eucaristía, a diferencia de los otros tres canónicos. Que a Leonardo no se le conociera pareja y vistiera de blanco significa bien poco, y es mentira que nunca en su vida pintó una cruz. Sin ir más lejos, en una de sus últimas obras, el San Juan Bautista, el profeta lleva una cruz.

Cuando son reales, las pruebas de Sierra son tan circunstanciales como las de Picknett y Prince. Si éstos olvidan cuando les conviene que la sábana santa era ya famosa a mediados del siglo XIV, cien años antes del nacimiento de Leonardo, aquél pasa por alto que el último prefecto cátaro, Guillaume Bélibaste, murió a principios del siglo XIV, dos siglos y medio antes del natalicio del autor de La Última Cena. Son detalles que podrían fastidiar un negocio que precisa de montones de pruebas circunstanciales para ocultar que no hay ninguna que realmente merezca ser considerada como tal.

Leonardo fue un genio con sus luces y sus sombras, como todo ser humano. Y su personalidad y obra tuvieron tan poco que ver con lo que venden los traficantes de misterios como Nostradamus con la caída de las Torres Gemelas y con una profetizada victoria de la selección española de fútbol en el Mundial de Alemania.

Intervención en la mesa redonda Recuperando a Da Vinci, una perspectiva escéptica, celebrada el 12 de julio de 2006 dentro de la XIX Semana Negra de Gijón.



56 comentarios | Enlace permanente

19 Jun 2006


Iker Jiménez ha reconocido hoy que el cosmonauta fantasma nunca existió. Ha dicho que se trata de una "leyenda cósmica" y que se enteró gracias al público de Cuarto milenio, que fue el que avisó al equipo del programa. Debe ser un poco triste tener a sueldo un grupo de autocalificados investigadores y que ninguno sea capaz de detectar una broma de hace nueve años que Google -este enlace es una cortesía hacia los investigadores de Cuarto milenio, para que den los primeros pasos en su próxima investigación- revela a la primera. No creo, claro, que Jiménez se enterara de la metedura de pata como dice; pero le ha quedado bien como excusa y así ha eludido dar explicaciones sobre el inexistente rigor de su trabajo y de su equipo. Se ha salido por la tangente con una sonrisa, hasta la próxima, que la habrá. Joan Fontcuberta declaraba hace unos días a El Correo que le alegraba que el episodio del cosmonauta Ivan Istochnikov en Cuatro abriera "un debate sano sobre la deontología periodística". No va a ser así porque no estamos ante algo que tenga que ver con el periodismo, sino -como ha dicho Fernando de Felipe en La Vanguardia- frente a una muestra de "auténtico periodismo de imbestigación (de investigación imbécil, claro)". Y, cuando el periodismo de imbestigación -podía decirse también paranormal-  entra por la puerta, la ética y el rigor salen a por la ventana. Por cierto, yo he echado de menos en la mesa junto a Jimenez a Gerardo Peláez: ¿dónde está, Iker? Algunos esperamos ansiosos su próxima imbestigación.

333 comentarios | Enlace permanente

13 Jun 2006


Iker Jiménez presentó el domingo en Cuarto Milenio el caso de "un hombre que la Unión Soviética quiso apartar de la Historia de un plumazo". "Vamos a hacerle un homenaje merecido", anunció. El misterio lo había investigado Gerardo Peláez -uno de sus colaboradores en el programa de Cuatro- y se ilustró con un retrato del cosmonauta Ivan Istochnikov en traje espacial, una foto con sus colegas ante el Kremlin y otra posterior en la que se le había borrado, entre otras imágenes. (Si usted usa Internet Explorer y no ve el vídeo que hay bajo el título, pulse aquí.)

"La pregunta es por qué (se le borró), qué había hecho ese hombre, por qué molestaba", dijo Jiménez. "Estuvo embarcado en una misión que fue un fracaso estrepitoso para la URSS y, lógicamente, eso no se podía dar a conocer", respondió Peláez. Istochnikov era "muy conocido" en la URSS, según los dos periodistas, y desapareció en 1968 a bordo de la Soyuz 2. Para ocultar el fracaso, fue borrado de la Historia: se le eliminó de las fotos, su familia fue deportada a Siberia, y sus amigos y colegas, silenciados.

El caso, explicaron en Cuarto milenio, salió a la luz en 1993, cuando un periodista compró en una subasta de Sotheby's en Nueva York un lote con material desclasificado procedente de la URSS. "Y ahí descubre este hombre, que creo que se llamaba Mike Arena, una fotografía con el fantasma en carne y hueso, presente", puntualizó Jiménez, quien concluyó: "Lo cierto es que ese hombre (por el cosmonauta) no aparece en las fotografías oficiales y estaba ahí". Impresionante... y falso, porque Ivan Istochnikov es tan real como el Pato Donald.

Joan Fontcuberta, caracterizado como el imaginario cosmonauta Ivan Istochnikov. Foto: Joan Fontcuberta"¡Estoy alucinando! ¡Todo esto me parece muy cómico", declaró ayer a este periódico Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955). Este fotógrafo juega desde hace años en sus creaciones "al equívoco y la ambigüedad", y montó en 1997 para la Fundación Telefónica una instalación -Sputnik- sobre un cosmonauta con recortes de prensa, fotografías, parafernalia espacial, vídeos y la historia contada en Cuarto milenio. Todo parecía real; todo era falso. El artista llegó al extremo de prestar su cara al astronauta y bautizarlo con la traducción de su nombre al ruso: Ivan Istochnikov.

Ayer, Fontcuberta se reía. "Tiendo trampas destinadas a los crédulos. No esperaba que cayeran en una que tiene nueve años unos periodistas profesionales, que se supone que tienen que verificar y contrastar la información". Una simple búsqueda en Google revela que Istochnikov nunca existió. Iker Jiménez, con quien este periódico ha intentado hablar sin éxito, se enteró de ello ayer.

Torpeza y plagio paranormal

No es la primera vez que el fotógrafo catalán ve cómo algunos medios poco rigurosos se toman como algo real uno de sus montajes. Pasó algo parecido, a una escala menor, con algunos medios escritos en el caso de su instalación Karelia: milagros & co., presentado como un reportaje sobre un monasterio milagrero, y y ha vuelto a ocurrir algo parecido en un montaje sobre sirenas fósiles recientemente presentado en Salamanca. "Mis proyectos son como semillas. Los hay que han caído en terreno yermo, y otros que no", y recuerda cómo han llegado a llamarle sacerdotes interesados en estudiar el caso del monasterio de Karelia.

Lo que Fontcuberta no se esperaba, a estas alturas, es que un equipo de periodistas se tragara como real su exposición sobre el cosmonauta. "Creo que demuestra que hay una necesidad de creer. Creer es mucho más cómodo que dudar. La duda implica una actitud crítica activa, mientras que creer es algo pasivo".

"Los medios de comunicación han frivolizado mucho con el misterio, así que nuestra labor ha de darle una vuelta de tuerca a eso. Ése es el reto", decía Iker Jiménez hace una semana en una entrevista publicada en El País. La vuelta de tuerca debe de ser ir más allá de la frivolización, inventarse directamente el misterio. Pero hay que ser muy torpe para montar el cuento chino de turno sobre un caso tan conocido como el del inexistente astronauta ruso de Joan Fontcuberta. Ese tipo de torpeza, sin embargo, no es nuevo para el equipo de Cuarto milenio.

Juan Jesús Haro Vallejo, uno de los compañeros de Jiménez en Cuatro, firmó en la revista Enigmas como reportaje de investigación un relato de ficción copiado a los escritores Fernando Marías y Juan Bas, en el que éstos fabulaban sobre la superviviencia de Federico García Lorca al fusilamiento en el Barranco de Víznar. El periodista esotérico aseguraba hasta haber hablado con testigos, cuando éstos en realidad habían salido de la imaginación de los dos escritores. Haro Vallejo fue condenado por plagio junto a Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, en junio de 2000.

Más recientemente, en su libro 20 grandes conspiraciones de la Historia (2003), Santiago Camacho, otro miembro del equipo de Cuarto milenio, atribuyó a Maria Blyzinsky, del Observatorio de Greenwich, unas declaraciones en apoyo de la idea de que el hombre no llegó a la Luna en 1969. La astrónoma explicó en su momento a Magonia que jamás ha dicho lo que sostiene Camacho y que considera un disparate la teoría de la conspiración.

Basado en un texto publicado originalmente en el diario El Correo.


267 comentarios | Enlace permanente

11 Jun 2006

Acabo de releer la corta entrevista -tiene ocho preguntas- de Juan Cruz a Iker Jiménez y Carmen Porter, publicada por El País el pasado lunes, y sigo sin dar crédito a lo que veo. El interrogatorio es amable hasta el límite y el autor deja aparcado el espíritu crítico del que en otras ocasiones ha hecho gala para jalear a la pareja de misteriólogos hasta el sonrojo y permitir que digan tonterías sin réplica alguna. Los tiempos han cambiado y el diario madrileño -que antes no hacía concesiones a Juan José Benítez, Fernando Jiménez del Oso y compañía- ahora promociona charlatanes. La razón es muy simple: son de su cuadra. Tienen programa en la Cadena SER y en Cuatro -donde también aparecen otros ilustres del gremio como Bruno Cardeñosa y Josep Guijarrro-, y han publicado su último libro en Aguilar, la editorial de la casa.

Cruz no formula a Jiménez y Porter ninguna pregunta incómoda y sí una sucesión de interrogantes a cada cual más tonto: que si cómo se escribe un libro a cuatro manos, que si ayuda que sean pareja, que si cómo viven la experiencia de la feria del libro, que si han sentido alguna vez "algún escalofrío en especial"... Son preguntas más propias de un novato al que el redactor jefe manda a hacer una entrevista con cinco minutos de preparación que de un adjunto a la dirección del principal periódico español. Cruz no molesta a las estrellas de lo paranormal de Prisa pidiéndoles, por ejemplo, las pruebas de todo lo que dicen y que las presenten de una vez a la comunidad científica, porque eso demostraría que lo que Jiménez y Porter divulgan son patrañas.

"Nosotros no somos expertos en lo extraño. Somos periodistas, de sucesos", dice Jiménez. Me vienen a la mente los periodistas de sucesos que conozco, los que trabajan día a día con seriedad, y no veo en esta pareja nada que se les parezca remotamente. Porque no hay un reportero de sucesos que vaya por ahí persiguiendo fantasmas o extraterrestres, intentando grabar voces del Más Allá, atribuyendo ataques al ganado a bichos inexistentes como el chupacabras y metiéndose en cementerios para detectar almas en pena, que es lo que ha hecho el tándem Jiménez-Porter desde que empezó en la profesión. En su papel de convidado de piedra, Cruz no recuerda al matrimonio nada de eso. El segundo momento cumbre llega al final, cuando les pregunta: "¿Son ustedes escépticos?". "No, humildes -responden ellos-. El misterio existe, y como nos decía Iñaki Gabilondo, debemos ser humildes ante el misterio". Y se van de rositas, sin que el otras veces puntilloso periodista les replique que humilde no es antónimo de escéptico, que un buen periodista tiene ante todo que ser escéptico, que preguntarse cosas, que dudar; que una tontería, aunque la diga un profesional como Gabilondo, no deja de ser una tontería; y que lo lógico es intentar explicar los misterios, no humillarse ante ellos. Investigar es lo que hacen los científicos con los enigmas que nos rodean y lo que nunca harán ni Jiménez ni Porter, porque no lo necesitan: su negocio se basa en la ignorancia.

81 comentarios | Enlace permanente

31 May 2006

Adelantaba hace un par de semanas aquí que, a raíz de la confesión de uno de los autores de la falsa película de la autopsia de Roswell, su principal promotor en España, Javier Sierra, seguramente reescribiría de algún modo el pasado para camuflar su papel en el montaje. ¡Ya lo ha hecho! En el editorial del número de junio de Más Allá, que escribe en calidad de consejero editorial de la revista, advierte a los lectores de que "nos quieren distraer" y de que, detrás de la coincidencia temporal entre confesión del fraude de la película de 1996 y las conclusiones del último estudio oficial del Gobierno británico, hay una conspiración.

"Fue la divulgación de una filmación que supuestamente mostraba la autopsia a un extraterrestre accidentado en Roswell en 1947 la que casi enterró el misterio, desacreditándolo mortalmente", argumenta el novelista y ufólogo, quien añade que, "ahora, las viejas excusas militares (se refiere a la conclusión de que nada extraterrestre se oculta tras los ovnis) y la película de las autopsias vuelven. Lo hacen a la vez y en un mismo escenario, el Reino Unido. Y ni qué decir tiene que tan extraña sincronicidad ha desatado ya algunas alarmas". No especifica qué alarmas son las que se han disparado ni entre quiénes, porque lo único que persigue es echar balones fuera.

Javier Sierra defendió en 1995 la autenticidad de la película de la autopsia, que, según él, suponía un reto para los científicos.Que el consejero editorial de Más Allá se lamente del flaco favor que hizo a la ufología la publicidad dada a la película de la autopsia de 1995 demuestra que tiene una cara más dura que la de los moais de la isla de Pascua. Quien hace once años se dedicó en cuerpo y alma a publicitar la falsa filmación fue él. Tanto en los artículos de la revista en la que entonces trabajaba, Año Cero, como en el libro Roswell: secreto de Estado, Sierra defendió que la cinta era auténtica, que los extraterrestres estaban vivos cuando los rescataron de entre los restos del platillo accidentado y que el caso Roswell suponía un auténtico "jaque a la ciencia". Ahora, cuando ha quedado claro lo que algunos decíamos entonces -que todo fue un fraude perpetrado por Ray Santilli con premeditación y alevosía-, el ufólogo alicantino se saca conspiraciones de la manga para desviar la atención de sus lectores sobre la realidad: él fue uno de los promotores del montaje, él fue uno de los beneficiados del engaño, él fue uno de los que vendieron al público gato por liebre.

La ufología no necesita nadie de fuera que la desacredite. Se bastan y se sobran para la tarea ufólogos de feria como Sierra, proclives a convertir en marciano un muñeco y a agarrarse luego a conspiraciones inventadas para esconder lo que está en las hemerotecas. Qué paradoja que el novelista titule su editorial "Nos quieren distraer", que culpe a terceros de lo que él trata de hacer respecto a su verdadero papel en el negocio de la película de la autopsia de Roswell.

21 comentarios | Enlace permanente

24 May 2006

Iker Jiménez y Lorenzo Fernández, Manuel Carballal y Javier Sierra, haciendo de las suyas.Una de las aficiones favoritas de los comerciantes de misterios es sacarse fotos que luego incluyen en sus reportajes y libros. Hubo una época en la que la pose típica consistía en retratarse junto a la indicación de carretera del lugar de turno (solía tratarse de pueblecitos en los que alguien había visto platillos volantes o algo parecido). Tan repetida fue la escenografía que acabó quemada y entonces los periodistas esotéricos empezaron a hacerse visibles junto a los entrevistados o como intrépidos investigadores con mascarilla examinando los cuerpos de unas ovejas víctimas del chupacabras (Iker Jiménez y Lorenzo Fernández), sumergiéndose en aguas de Canarias en busca de la Atlántida (Manuel Carballal) y delante de un hangar en Roswell (Javier Sierra), entre otras escenas memorables. Querían dejar claro que habían estado en el lugar de los hechos y que eso les imbuía de una autoridad especial frente a quien no había hecho el viaje. Sin embargo, a las ovejas de Jiménez y Fernández las habían matado en realidad perros asilvestrados o lobos, las Canarias atlantes de Carballal habían emergido de las aguas y no eran los testigos de un continente hundido, y en el Roswell de Sierra se había estrellado un globo espía, y no una nave de otro mundo.

Ahora, vemos en Cuarto milenio a equipos de televisión que van de noche a rodar a pueblos malditos y cementerios, cuando podían hacerlo de día. Se trata de una puesta en escena similar a la de los forenses de CSI cuando entran con sus linternas en una habitación que ya han inspeccionado antes porque las persianas siguen echadas y las luces apagadas. ¿Por qué no encienden las luces? Porque el misterio no sería el mismo, como no lo sería si se visita el camposanto en un día luminoso. Lo que se persigue con las fotos de los periodistas esotéricos ataviados con el chaleco de fotógrafo y, a veces, hasta el sombrero estilo Indiana Jones es que la credibilidad entre por los ojos irracionalmente y la gente no se pare a pensar en lo absurdo de la pose. Retratarse dentro de la Gran Pirámide, tras haber pagado la correspondiente entrada, no convierte a nadie en egiptólogo, algo que sólo se consigue después de años de estudio y para lo que no es necesario visitar el país de los faraones, aunque siempre sea recomendable. Tampoco es necesario ver en directo la sábana santa para hacerse a la idea de que es tan auténtica como el mantel de Coria -supuestamente, el de la Última Cena-, las gotas de leche de la Virgen y otras reliquias que pueblan las iglesias de la cristiandad.

Ricard Bru se encuentra con una 'teleplastia' en la Gran Pirámide.Ir de turismo es ir de turismo, se vaya a Teotihuacán o a Tassili. Investigar es algo más serio, que nunca ha hecho ninguno de los citados y que exige horas de estudio sin garantía de resultados. Por eso, si alguien dice que hay que ir a Egipto, Pascua, Nazca, Malta, Stonehenge, el lago Ness o donde sea para saber la verdad de los presuntos misterios, desconfíen de él. Visitar cualquiera de esos sitios es una gozada, pero no otorga una sabiduría especial. Si no, que se lo pregunten al parapsicólogo Ricard Bru, que visitó la Gran Pirámide y descubrió en su interior teleplastias, es decir, algo similar a las caras de Bélmez, según nos contó en la revista Más Allá. Y se quedó tan ancho.

74 comentarios | Enlace permanente

Sobre este blog

magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

ver otros blogs »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):